lunes, 20 de junio de 2011

WILLY G. BOUILLON [3.952]




Willy G. Bouillon 

(Argentina), es periodista y poeta. Escribió la trilogía  Maelström: “Final de Universo” (1989), “Horizonte de suceso” (1999) y ”La conciencia” (Ediciones Ultimo Reino, 2006). Obtuvo en dos oportunidades los premios Secretaría de Cultura de la Nación y Fondo Nacional de las Artes.






Estragón

A ver quién viene y dice qué son estas cosas y qué se hace con
las torres zozobrantes
Y dónde va aquél y de dónde viene éste y qué decimos y por
qué buscamos y
cómo es por dentro la luz y cómo por dentro la sombra
Y si nos arrojamos igual que una piara de cerdos desde lo alto
Mortuorios en la caída y desdentados ignorando cuál se salva
Si se salva. O quién lo ató a la rueda de eje quebradizo en el que
Sólo intenta, fracasa y se resiente
Entonces se escuchó la trompeta del séptimo ángel
Y luego hubo como un silencio en los cielos y la Tierra
Y los días del hombre fueron 333.333 y nos preguntamos
Quién viene y dice qué son estas cosas y qué hacemos hoy
O mañana o tal vez en la próxima cuaterna parados frente
al mar seco
Qué hacemos con aquellas torres de las que se fue el aire
Sin que nadie sepa cuánto hace que están allí
O si estuvieron o estarán nada más y por siempre
a la intemperie.



Findergan

Una lluvia azul, que cae cada 175.000 años,
es capaz de borrar todos los recuerdos.
Y eso es lo que me ocurrió en el desierto,
O creo que me ocurrió, porque entonces
Sobrevino el olvido. ¿A quién amaba o
había amado? ¿A quién o qué detestaba?
¿Qué había perdido y qué había encontrado?
¿Por qué tenía una cicatriz
en la rodilla izquierda? ¿De quién eran
esas fotografías antiguas, en las que veo
siempre un niño parado frente al mar,
siempre solo?
Pero una vez me pareció
que me asaltaba un fugaz rastro del pasado:
alguien se sentó junto a mí, en una
plaza, saludó tocándose el sombrero
y me preguntó cómo estaba Findergan.
No sabía quién podía llamarse así,
aunque -como hago desde no sé cuándo
para recuperar la memoria- escribí ese nombre
en la pared de mi cuarto. Y después de haberlo leído
todo un día y una noche, creí recordar, vagamente,
que era el nombre de un enano que me cuidaba,
en una playa, mientras yo miraba
el horizonte.

(De "La conciencia", Último Reino, 2006)
Fuente: http://www.tuertorey.com.ar/



Todo y todas las cosas

Camino en una noche
Húmeda y salvaje hacia
Un día húmedo y salvaje.
Pero todo está bien
Si alguien canta
su canción
y si alguien come uvas
bajo la lluvia, y ríe.
Hablaremos de esto.
Y años después
Bastará con recordarlo.



El desierto


Te vi avanzar, desde el horizonte.
Eras un punto oscuro, apenas, porque
entre tú y yo estaba el desierto. Cuando
Vemos que alguien avanza hacia nosotros,
en el desierto, su figura se deforma a cada instante.
Se alarga, se desvanece y su cabeza parece
no estar donde debería estar.
Como era mediodía, no tenías sombra,
Y si la hubieras tenido habría sido sólo
La delgada hoja de un puñal en la arena,
de breves y cegadores relámpagos.
Pero podía imaginar tus cabellos negros,
Agitados por el viento ardoroso
Y tu brazalete, con la serpiente enroscada
en la rama del muérdago.
Quizás llegarías al atardecer, o más tarde,
tal vez en la madrugada, de modo que tuve
mucho tiempo para pensar. ¿Esta era la hora
más peligrosa que había vivido?
¿O fue ayer o hace cien años,
cuando desperté después de apagarse
el fuego, en medio de la mortandad,
y sentí la soledad y el silencio atravesándome
de lado a lado?
Podrías llegar en la madrugada, y así sería
preferible. Valoro ahora más los albores,
en los que ya nada humea y
las torres están rodeadas del silencio propio
de fantasmas que se alejan.
Sabría lo he sabido desde hace mucho- qué
te diría, después de mirarte, callado, un largo momento:
-Nada ha cambiado, te diría. Puedes beber
del cántaro, en el que hay agua de la última lluvia.
Cuéntame una historia.



Caravaggio, julio de 1610

(fragmento)


Dejé atrás Ercole. Poco después,
un pantano feroz y apuñalante
me atravesó de lado a lado. Pero
ni el fangoso cerco ni el lirio pútrido
podían más que el filo del silencio en que
se había ahora convertido el mundo,
como en una batalla sin sobrevivientes.
“Soy el hombre más lejano de sí mismo -pensé-,
pero, a la vez, el más cercano y desposeído, cuya piedad
inmisericorde deshace la luz
de los arcángeles y hace huir
en negra nube a demonios que tal vez
han añorado una plegaria de redenciones”.
Sé que al día le sucederá la noche y a la noche
el día, y que el día y la noche serán sólo
huecos por los que pasa el viento, y que el buitre
me mirará atento, eterno en su voluntad ciega, abrasadora.
Mi hogar original se aleja, hoy, para siempre.

Fuente: http://www.ellitoral.com/



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