miércoles, 24 de noviembre de 2010

TAMARA KAMENSZAIN [2.086]


Tamara Kamenszain

Nacida en Buenos Aires en 1947, Tamara Kamenszain ha practicado una escritura poética que explora los procesos psicológicos y sociales del mundo actual a través de los acontecimientos de su vida personal y familiar. Su lenguaje, aparentemente claro, avanza lentamente y elude muchos nexos lógicos, tratando de exponer los resultados de su investigación a la vez que el proceso mental y verbal por el que accede a esos resultados, que nunca es un proceso rigurosamente lógico. La familia, los sueños, la intimidad cotidiana de su vida amorosa, la tradición cultural propia y las posibilidades de su idioma son las señas de identidad que la poeta tiene para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo, caótico e inabarcable.

Su obra poética está compuesta por los libros De este lado del Mediterráneo (1973), Los No (1977), La casa grande (1986), Vida de living (1991), Tango bar (1998), El Ghetto (2003) y Solos y solas (2005). Además, es autora de una luminosa obra crítica sobre poesía, en la que figuran libros tan fundamentales como El texto silencioso. Tradición y vanguardia en la poesía sudamericana (1983) o Historias de amor y otros ensayos sobre poesía (2000).



1

Sentada al borde de la memoria de ella
me archivo como puedo en ese olvido que la trabaja
entre nosotras las palabras se acortan
ella no habla yo dejo de decir lo que decía
la dejo que no diga para no avergonzarla
juntas vamos armando un presente que no dura
en ese instante precoz mi madre se queda sola
porque yo como los tontos elijo seguir de largo
creo que a futuro todo me espera
mientras nadie a ella le da esperanzas
así separadas nos vamos juntando
la que oyó mi nacimiento me sienta en el borde
para hacerme escuchar por ella el anticipo de su muerte
vienen y van nuestros pasados compartidos
van y vienen nuestros futuros distanciándose
ella no sabe lo que yo no sé me pregunta ¿yo qué hago?
le contesto comé vestite dormí caminá sentate
el chirrido de su robot le hace caso por hoy
a ese minimalismo que habrá que reprogramar mañana.

"¿Sucederá que vea
extenderse el desierto
hasta que también le falte
la caridad feroz de los recuerdos?"
se pregunta Ungaretti en El cuaderno del viejo
mientras mi vieja se aleja encorvada
hacia el desierto público de su desmemoria
desde la cabecera de la cama doble la interrogan dos retratos
pero ella no encuentra la contraseña
quiero guiarla pero se le suelta la lengua
es tu mamá es tu papá
¿te acordás cómo se llamaban?
Avanza protegida por lo que no dice su amnesia
y me pierde a mí en otro idioma
nos encuentran sueltas nuestras maternidades adoptivas
soy ahora por ella la hija que crece sin remedio
para dejarla decrecer tranquila entre mis brazos
así juntas nos vamos separando
trabajamos hasta el borde un abismo de sonrisas
porque hay otras fotos
y ella bien puede no acordarse de mí pero no importa
entre mi nacimiento y su muerte la de la alegría fotogénica
ésa que me legó generosamente un parecido
todavía está viva y nada le impide
seguir siendo mi madre.




8

Del otro lado del dormitorio familiar
fijo como una roca al espacio inhóspito del desalojo
ahí, más allá de los retratos de abuelos
señalando esa almohada que ya nadie usa
pegado a las valijas que esperan de pie
ahí es donde crece el fantasma del asilo
que espera paciente a mi madre para volverse real.
En puntas de pie entramos a espiarlo
detrás de un olor hay otro olor hay otro olor hay otro olor
y todavía más atrás de un quejido un ruido avanza
son sillas de ruedas que caminan solas
los desnudos y los muertos ponen el freno de sus sondas
a disposición de las enfermeras
alguien tiende la cama con fruición de sepulturero
en la sala de kinesiología inmovilizan a los inválidos en zapatillas
no encuentro la salida aunque las flechas la indican a cada paso que no doy
no la dejemos, no la dejemos acá, decimos a coro con mi hermana
que ella nos cuide, que ella nos proteja de lo que le toca
consolanos mamá de tu propio sufrimiento
porque el gasto de tu vida nos ahuyenta
poniéndonos como locas al borde de la salida
aunque la flecha que la señala ya atravesó tu cuerpo
y ahora todo lo que nos espera es una entrada
marcha atrás por el túnel de tu deterioro
ése que desde el primer parto programado
hasta el punto muerto de la última cesárea
va expulsándote sola suelta de tus propias hijas
afuera más afuera muchísimo más afuera todavía
de nuestro primer hogar.



11

A ver, a ver, a ver, repetía antes de morirse
como si algo le tapara la visión del otro camino
ése que ella ya tenía delante de las narices
pero que la dirección de su cuerpo aún se negaba a tomar.
A ver, a ver, a ver, siguió insistiendo hasta el cansancio
mientras los que rodeábamos su cama queríamos ver también
si es que realmente algo visible,
un ángel o cualquier otra aparición, 
metida de lleno en la asepsia de ese cuarto
podía darnos la clave médica de que algo estaba por pasar.
Después de que murió me sentí culpable
de haberla confrontado con sus fantasmas
a ver qué, mamá, a ver qué, a ver qué.
Y aunque nada había para ver, eso es seguro,
ella encontró, parece, el objeto que buscaba
porque de un minuto para otro se quedó muda
mientras yo con la pregunta en la boca
me fui rumiando las razones de todos los asuntos del mundo
que en la cadencia insoportable de su repetición
no tienen, no tienen y no tienen
ninguna respuesta. 




Tango Bar


Decime quién sos vos.
No me falle mascarita
este espacio reservado
dedico, lo dejo en blanco
para que alumbre todo
pobrecita su identidad.
Decime adónde vas.
De sus siete moradas
cuál es la que desocupa
mi casa grande
con su celda adentro.
Vacia.
Teresa, Tamara,
qué haces, me conocés
no me juegues en el espejo
esta mala pasada
que no patine su nombre
que no rime, por favor,
(aquí no hay hombres)
véamelo el alma
fantasma mujeriego
que en los rincones llora
pobrecita su necesidad.
Celdas, casas, moradas
mujeres hay:
me acuerdo de tus consejos
querida amiga 
en tu mesa de luz el libro
de Santa Teresa
alumbra la verdad de tu vida
el lleno sorprendente
de tu nombre colmado
como un vaso en la metáfora vacía
de reconocerse nosotras dos
idénticas.




Cuando te vea por primera vez 

Entre el dolor y la alegría
de estar viva
escribir poesía para mí
es dar y recibir una promesa
de supervivencia

(Tamara Kamenszain)

I

Cuando te vea por primera vez
no vas a coincidir con tu foto carnet
indocumentado en la fila de los que no conozco
en las afueras ni siquiera inicialado
voy a saber que te llamás cuando te llame
dos ojos me irán a contestar en castellano
idioma en el que sueño a un hombre
para identificarte


II

Cuando te vea por primera vez
voy a saber que sos el que sos
ni bien levante de tu foto la cara que veo
desafectados de nuestra edad
vamos a chocar con la luz en seco de nuestros rasgos
te guste o no me guste me guste o no te guste
vamos a salir a desconocernos
atentos a una misma pasión inútil
cuando lo común del idioma por lo menos
o algo de lo que me vengan a decir tus ojos
me acompañe


III

Cuando te vea por primera vez
me voy a hacer la que no te conozco
como una nena acalorada
cuando me digas tu nombre y yo descerraje en mío
en un amago de presentación que nos acerque
me voy a correr hasta que aparezca un título
para nuestras vidas vividas por otros
vos contás yo cuento y juntos
a cuatro manos convocamos fantasmas
nuestros ex se presentan solos
y nos dejan fabular tranquilos
en lo que dura la charla.


IV

Cuando te vea por primera vez
pienso estar atenta
al santo y seña de tus manos
pero sobre todo al timbre de tu voz
un ruido sordo que me deje saber
si lo que decís lo dice tu organismo
o es otro y otro y otro y otro también
el eco que tengo que transitar
cuando lo que quiero es ir derecho viejo
por el camino más corto
hasta lo que vos digas.


V

Cuando te vea por primera vez
si te pongo guión de diálogo
va a ser porque leí novelas
y algo de ese tiempo perdido
me socorre ahora que estamos curtiendo
el largo de un silencio embarazoso
una línea lejos te pierde la mirada
pero yo me hago ver al filo de esta servilleta
se me ocurre en el papel lo que quiero que digas
por sobre la bandeja erecta del mozo
me escucho preguntándote por mí. Digo:
¿te conozco?

(Tamara Kamenszain. Solos y solas. Barcelona, Lumen, 2005. Libro incluido en La novela de la poesía. Poesía reunida. Edición al cuidado de Violeta Kesselman. Prólogo de Enrique Foffani. Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2012)

¿de qué si no estoy hablando de mí?
¿de qué si cuando escribo no te hablo?
(Tamara Kamenszain)






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