lunes, 22 de noviembre de 2010

CELEDONIO ORJUELA DUARTE [2.045]


CELEDONIO ORJUELA DUARTE


Poeta y ensayista colombiano, nacido en 1956 en la ciudad de Líbano, en Colombia. Estudió literatura en la Universidad Pedagógica Nacional. Es tallerista y conferencista de la Casa de Poesía Silva. Invitado a los festivales de poesía: Medellín, Bogotá, Cajamarca, San Luis de Potosí y Costa Rica. Ha publicado: "Visiones": un inventario de afectos literarios, 1988; “Precario equilibrio”, 1996; “Mujeres y otros cuentos de riesgo”, 1997; “Ofrendas y tentaciones”, 1998; “Presencias”, 2004; “Dónde estará la melodía”, 2005; “La memoria a la orilla de los actos”, 2007, editado con motivo del VI Festival Internacional de Poesía de Costa Rica. Ha publicado en el diario “El Espectador” de Bogotá. Colabora en el periódico “Lecturas críticas” Asesor de la Fundación Editorial Domingo Atrasado. Ha sido el poeta visitante en Guanacaste, Costa Rica. Colabora en el periódico “Lecturas críticas” de Colombia.



LA BAILARINA

La bailarina
De rostro pálido y túnica negra
Danza en lo perpetuo
Podría ser el tiempo de Degas o más allá
Se oye una música antigua y se repite
En la noche de la mujer hija del aire
La telilla se desliza y descubre
Sus formas en la calle del eco
La carne tiembla y el sudor mana
Orestes y Narciso podrían llorar y enloquecer de nuevo

En su piel desnuda la envuelve la noche
No sabe que la miro
Que la sigo
Yo su cimbalero






ELLAS

Por aquí por estos lados donde transita
Mi soledad
No encuentro con quien conjurar la magia
De mi canto
No está Lulú no están Francisca ni Salomé
No están las angustiadas las filisteas
No hay una Dalila que irrumpa en mí
Aposento con sensualidad y sangrienta
Crueldad
Solo golpean a mi puerta Marías
Que sirven de botín a esta gula
Carmen mi gitana







BOMBERO

"No es hermoso ser niños;
es hermoso pensar de viejos
en cuando éramos niños"
Cesare Pavese


Para Hernando Hernández, bombero de mi infancia


Cómo nos gusta el agua cuando niños
Verla a borbotones en las mangueras de las máquinas
Yo quería ser como esos malabaristas
Que la enrollaban en sus piernas en señal de arrojo
Muy tarde vine a ver las crestas de las olas y sus monstruos
Desempeñé el oficio de bombero en mis figuraciones por el fuego

Cuando niño
Quería ser bombero
Un bombero autentico
Y así sobre las calles de mi infancia
Mientras otros hablaban de Roy Rogers
O Santo el Enmascarado de Plata
De las lecciones de historia o geografía
Yo quería ser bombero
Lo repetía en mis sueños
Coloreando con lápices
El garaje de las máquinas
Del bombero Celedonio
Así, me veía entre mangueras y cascos ideales
Destrozando el fuego.
Despertaba con la fiebre de mi heroicidad
Mientras el sudor salía de mi cuerpo

En las tardes me daba cuenta que apenas era un niño
Que retorna de la escuela con la mochila
En la que venía la harina de los panes
Ahí llevaba mis cuadernos
Mientras jugueteaba con el agua en los desagües
Con mis zapatos de caucho
Imaginaba un río caudaloso en mis dominios
Como bombero de mi pueblo

O bien me trepo de pie en la cola de la máquina
Bajo nubes que cubrían el territorio
Distribuía el agua
Con arrojo vencedor
Ante el fuego y el grito
¡Bebo sangre de toro en las mañanas!

O bien sobre el asfalto trepidante
Imaginaba la ciudad en la que sería capitán de bomberos
Y mi poder la manguera más soberbia
La más brava de las serpientes
La que me graduó de capitán
Llevaré a mi rancho noticias jubilosas
Sólo valentía
De esperanza.

La verdad sólo iba
Por los acantilados de mis calles
Creyendo ser bombero.





SOLO COMEN LOS INSECTOS

En las riberas de los ríos
En los campos
Sólo comen los insectos

Anémicas manos
Permanecen encadenadas en camándulas
Mientras se derrite la cera de las lágrimas en los cirios

Tras de mí
Este paisaje de mortajas
Sin risas y sin cantos
Sí acaso un beso a frentes amarillas
Que bajan de los montes

Una araña disfruta de su presa
En un rincón del techo a punto de caerse






VIEJO ALMACÉN

Después del trajín de la ciudad
En la alta noche
Se cantan los dolores suburbanos
En este Viejo Almacén

Los visitantes husmean como en un anticuario
Cantos libertarios que vienen de viejos acetatos

Desde lo oscuro de la calle
Ancianos payadores prueban voces quebradas
En sus guitarras que ofrecen a melifluos visitantes

El fuelle y la típica
Acompaña lejanías y regresos

En la dársena más oculta de mí ser
Me visto de paisano
Bordeo un mar de lejanías
Entro en los burdeles
Que dibujan las canciones

Me paro en las esquinas
De un desconocido puerto

La ciudad duerme más allá de
De este Viejo Almacén






PALABRAS

Las palabras esperan ser tocadas.
Cuerpo de sonidos en las pasiones de los hombres
(Arcabuz o candil o fragua, chips, casi toda la materia para sí.)
Les busco acomodo en las noches
Con sus ornamentos y argumentos.
Las ligeras beben
Suspendidas sensuales.
Me hablan del silencio.

En la mudanza
Se alejan al bosque de abetos y yacen en los libros.

De repente es de nuevo la luz.
Llegan las otras
Las usuales
Con agrio sabor sostienen este cuerpo en el comercio de los hombres.

Me llevan y me traen por las cosas
Enfermas cansadas.





TERMINAL DE AUTOBUSES

Los viajeros de un país oculto trabajan en pueblos y campos fatídicos.
En los terminales de autobuses salen envueltos en un pesado remolino de hollín. En sus maletas el menudeo de los días. Baratijas que ofrecen en los mercados.

Las muchachas de tierra caliente con sus faldas cortas van y vienen cadenciosas. Después el ventanal y el cielo.

El viajero llega, se aloja y se lava; respira el aire caliente con olor a rastrojo. Espera a la mujer por la duración de la noche.

Como beduinos se ennoblecen en tareas por las comarcas. Sus rostros avizoran un porvenir en despachos descoloridos en los que a golpe de pitos y bufidos impregnados en olores en la piel y en los atuendos lavan su cansancio.






MATERIA QUE SE PUDRE

Mortaja detenida en el vacío
Bulto atado
Alguien viene a desollarlo

Materia que se pudre
Huesos insepultos en los caminos

Borrado
En estas calles
De una ciudad que desgasta
Con su hollín y sus urgencias

Recobrado
Busco
Mi pantalón y mi camisa






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