martes, 5 de octubre de 2010

1395.- FERNANDO LINERO


Nació en Santa Marta (Colombia), en 1957. Estudió música en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia; es pianista. Como poeta, entre sus obras sobresalen: Sonata del sonámbulo (1980); La risa del saxo (1985); Guijarros (1990); Aparte de amor (1993); Palabras para el hombre (1999) y Lecciones de fagot (2005).


APUNTES PARA UNA AUTOBIOGRAFÍA

Nací en Santa Marta el 4 de octubre de 1957.
Tengo mujer, dos hijos que veo crecer y un perro.
No estoy atado a nada en particular.
De los 510.101.000 kilómetros cuadrados
que tiene la tierra de extensión
ni un sólo metro es mío.
Mi única preocupación
es acaso la de amar verdaderamente.
Acaso la de arder con aquello que amo.
Creo en el diálogo con la luz,
el diálogo con la tierra,
para exaltación de los sentidos.
Desde los 15 años escribo poesía.
Creo que ella cura de cierto desencanto
de cierta melancolía,
permite así sea fugazmente
recuperar cosas perdidas.
Ayuda a comprender en algo
el sentido de lo humano.
Me gustan el mar, los libros,
la marihuana, las bebidas fuertes.
Me gusta recordar a los amigos.
Me gustan la música, la noche, los caminos.
He cruzado los dedos y respirado hondo.
He compartido con el ocaso
la gloria de no ser nada.
A mis cuarenta años
en esta lucha por llegar yo no sé adonde
nunca he sentido envidia de nadie.
Sólo el aire sabe del final de la ruta.
En lo profundo de mí guardo la esperanza
de que la muerte no sea más que un espejismo.





La casa sin ti

Sin tu presencia la casa apenas vive.
Y en ese modo de ser agua y noche
sin embargo se mueve con su parafernalia
de frascos, agua caliente, libros prestados;
con ese estilo que tienen los amigos
al tocar la puerta.

Si no estás en la casa - rey o zángano -
no se cómo amarrarme los zapatos.
Incapaz de un dos más dos,
en el balance diario sólo relaciono
ceniceros sucios, maticas tristes
y esa sensación de polvo cayendo sobre el corazón.

Sin tu presencia la casa apenas vive.
Y en ese modo de ser fuego y aire
sin embargo se mueve en un marco
donde soy el comandante
- yo que he odiado ser jefe de algo o de alguien -
de una turbamulta de objetos lamentables.

Sin tu presencia la casa apenas vive.
El mar

I
El mar es todas las cosas:
las mujeres riendo
entre las flores amarillas de los trupillos;
o lanzando voces a los niños.

II
Las olas arremeten en tumulto contra el malecón.
Un niño camina a lo largo de la arena mojada,
observa el perfil agreste de la costa.
Su mente compite con el viento,
ondula contra la línea del horizonte.

III
El mediodía se abre sobre la ciudad
ardiente como el latigazo de la medusa.

IV
Un barco abandonado en la bahía.
En su interior ese olor de cosa oscura
que hace pensar en la muerte.
Ese ávido olor arrojándose insolente
sobre los ojos, la boca, la nariz...

V
Al atardecer las hicoteas
se deslizan en la tibieza de la rada
y oleadas de cangrejos
con sus crujientes armaduras
suben a los árboles.

VI
El mar somos nosotros con sus islas verdes y grises,
con sus inalcanzables puertos.
Acaso por eso, a veces, ese crujido seco de vela en la tormenta,
ese estremecimiento de pez rápido y sinuoso que se aleja.
El mar somos nosotros con sus áridos vientos y sus furiosos naufragios.
También en el fondo de nosotros
se pudren negras ramas como en las ensenadas.





Desde la ventana

Todo el día el sol revoloteó
en los cabellos grasos de los albañiles.
Ahora en los andamios las sombras juguetean
el firmamento resuena
con el cantar de las constelaciones.
Como un general derrotado que a travésde la noche
reúne las huestes dispersas
desde la ventana observo la lumbre de las barcas
veo el fondo de una vida que parece arder en vano.






EL SILENCIO DEL PEZ

La canción se marchita
Atrapada entre el amor y el olvido.
Sólo la mueve el escenario inerme
Lo que no merece lágrimas:
El cadáver de una mosca,
Un bostezo.
Cada vez es mayor mi envidia
Por el silencio del pez.





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