miércoles, 18 de agosto de 2010

INGEBORG BACHMANN [523] Poeta de Austria


INGEBORG BACHMANN 

(Klagenfurt-Alemania, 1926 - Roma-Italia, 1973). Poeta, ensayista, filósofa y dramaturga. Recibió el Premio Georg Büchner (1964) y, actualmente, se da el Premio que lleva su nombre en Klagenfurt, Alemania. Fue parte del círculo literario Gruppe 47 (junto a Celan, Böll y Grass). Publicó en poesía Die gestundete Zeit (1953), Anrufung des Grossen Bären (1956) y Últimos poemas (1999); y en narrativa Ansia y otros cuentos (1978), Simultan (1972) y Todesarten (proyecto de novelas, inacabado), entre otros.

Poetisa, novelista y narradora de relatos breves austriaca nacida en Klagenfurt (AUSTRIA). Hija de un director de escuela, estudió Filosofía, Psicología, Filología Alemana y Ciencias Políticas en Innsbruck, Graz y Viena. Se dedicó al periodismo antes de escribir su primer libro de poemas El tiempo postergado (1953). A partir de entonces se convierte en un personaje público, no sólo por sus versos, sino por esa inusual combinación de sensualidad e inteligencia que llama la atención en un mundillo literario por entonces únicamente masculino. Mujer inaccesible y misteriosa, de extrema fragilidad, su voz quebrada y casi rota está llena de referencias filosóficas, desde Wittgenstein a Heidegger, pasando por Walter Benjamin o Simone de Beauvoir. Tuvo intensas relaciones con los escritores Paul Celan y Max Frisch, y más tarde atravesó duras crisis personales y de salud, evitando cada vez más las apariciones en público. Después de publicar su primer libro en prosa, A los treinta años (1961), se mantuvo durante diez años sin publicar apenas nada. Su siguiente libro, la novela Malina (1971), pasó directamente a la lista de los best-sellers, siendo considerada por eso la primera autora mediática de la literatura en lengua alemana. Otras obras suyas son, Tres senderos hacia el lago, Últimos poemas e Invocación a la Osa Mayor. Considerada como una de las más importantes poetisas post-bélicas, en los últimos años de su vida, Italia fue su patria adoptiva. 

Ingeborg Bachmann falleció el 17 de octubre de 1973, a consecuencia de la supresión de medicamentos de las que dependía desde hacía años, después de haber sido ingresada en el hospital el 26 de septiembre con graves quemaduras tras haber prendido fuego a su propia cama.

BIBLIOGRAFÍA SELECCIONADA:

Un negocio con los sueños (1952) /obras radiofónicas/
El tiempo postergado (1953)
Berlín, un lugar de azares (1964)
Malina (1971)


DESPEDIDA

La carne, que envejeció muy bien conmigo,
la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía,
ha de quedarse sobre el pálido muslo,
rejuvenecerse la carne, por un instante,
para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
rápido llegan las arrugas, casi sanas,
y todo sobre la rígida musculatura.
No ser amada. El dolor podría ser aún
mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta.
Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche,
el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.
Avejentada en cien años, en un solo día,
El confiado animal fue llevado bajo latigazos
a su armonía preestablecida.


NIÑOS DE JULIO

Por nuestros propios medios nonatos,
mis niños de julio, las monstruosidades
que se mueven con el pie mutilado, no lo sabemos,
que agitan el muñón, no lo sabemos,
y la cabeza perdida.
Por nuestros propios medios,
perdiendo la cabeza,
mis queridos niños
nada les habría podido enseñar
pero bien alimentados les habría hecho
enamorarse de lo otro, del viento en el aire
Unos miles de ellos en Julio
habría sido siempre Julio
monstruos alimentados
desde mi ternura
que es lo que buscáis vosotros, espectros etéreos
Transformadores del mundo, vosotros me
lo habríais cambiado el mundo
y cambiármelo hasta la muerte por cariño
hasta la muerte para algo otro
Viento en el aire el papel jironeado
que se desgarra, antes que alguno pueda
leer lo que ha sucedido
como se os ha arrancado
de mí, se ha desgarrado el jirón de
papel que no puede sin embargo leer aun nadie.


LA NOCHE DE LOS PERDIDOS.

El final del amor
Una luna, un cielo
y el mar obscuro.
Tan sólo eso, y todo obscuro.
Tan sólo eso, porque es de noche.
Y nada humano
entreteje además esa acción efectiva,
Que me reprochas también tú
y semejante amargura
No lo hagas.
Nada mejor hay que yo pudiera conocer
sino amarte, nunca
pensé,
que a través del sudor de la piel
se me haría presente
el […] mundo.

(Sin título)

Observad, amigos ¡acaso no lo veis!
que no lo he sobrevivido ni menos resistido, no lo veis,
que voy hacia adentro, que
para aquél de ahí yo voy hablando por dentro, que
me repliego y desdeño
mi cabello, que embolso mis manos
retiro mi palabra, no lo veis,
observad,
que me marcho, que voy
cayendo, que me entrego,
y grito, porque los locos
buscan tanteando a sus protectores, como
yo a mi guarda.


TEMPRANO AL MEDIODÍA

Silenciosamente reverdece el tilo en el incipiente verano,
apartada lejos de las ciudades, centellea
la luna pálida y diurna. Ya es mediodía,
ya renace el chorro en la fuente,
ya se alza entre los añicos
el ala torturada del ave de los cuentos,
y la mano mutilada por el golpe de la piedra
duerme en el trigo que despierta.

Dondequiera que el cielo de Alemania ennegrece la tierra,
busca su ángel decapitado una tumba para el odio
y te ofrece el cáliz del corazón.

Un puñado de dolor se pierde sobre la colina.

Siete años más tarde
lo recuerdas nuevamente,
en el pozo ante las puertas de la ciudad,
no fijes demasiado la mirada,
se te fatigan los ojos.

Siete años más tarde,
en una casa de muertos,
apuran los verdugos de ayer
la copa dorada.
Tendrías que esquivar la mirada.

Ya es mediodía, en el rescoldo
se dobla el hierro, en la espina
se izó la bandera, y sobre la roca
del sueño vetusto queda, de hoy en adelante,
forjada el águila.

Únicamente la esperanza, encogida y ciega, en la luz.

¡Desata su cadena, llévala
ladera abajo, protege
sus ojos con tu mano, para que
la sombra no la queme!

Dondequiera que la tierra de Alemania ennegrece el cielo,
busca palabras la nube y llena el cráter con silencio,
antes de que el verano la oiga, en la llovizna.

Lo indecible recorre el campo con un murmullo:
ya es mediodía.


(Sin título)

Qué difícil es perdonar,
un trabajo muy lento y muy arduo,
del que sola me he ocupado
durante ya muchos años.
El odio me ha enfermado,
me siento deformada, estos abscesos
me prohíben incluso mostrarme
junto a los hombres.
Sólo sé que yo
no puedo odiar más de este modo
ni desear tu muerte,
la cual tampoco deseo,
ni cumpliría yo por mi mano,
He aprendido que la mía
ha de amar a sus enemigos, y
esto es tan simple, pues si no cómo
podrían luego mis enemigos
hacerme más de un mal.
Si se extravía una bala,
si alguien me escupe en a cara,
como ayer, no me guardo pensamientos
contra el amor que me ha sido dado.
Tengo miedo ante el amor
que me has infundido tú,
con la intención más cruel.
Totalmente ajada de cortantes ácidos,
venenos de todo tipo, por el opio,
aturdida por completo en mi destrucción.
Puesto que ya no vivo más en ti,
y muerta me encuentro ya, donde estoy.
Lo que cuentan y persisten son las cúpulas
comen dos veces al día, satisfacen
luego sus necesidades, e
imploran por los medicamentos,
que me han de sumir en un largo sueño.


CUANDO RETUMBAN LOS CASCOS DE LA NOCHE

Cuando retumban frente a mi portal los cascos de la noche,
caballo negro,
tiembla, como antaño, mi corazón, y me ofrece en el vuelo
la montura,
roja como el cabestro que Diomedes me prestó.
Dominante me precede el viento en la calle oscura
partiendo la negra melena de árboles dormidos
y los frutos, húmedos de luz de luna,
saltan asustados sobre hombro y espada,
entonces arrojo
el látigo sobre una estrella apagada.
Una sola vez detengo la carrera, para besar tus labios
infieles;
ya se enreda tu cabello en las riendas,
y tu zapato deja surcos en el polvo.

Y aún escucho tu aliento
y la palabra con que me golpeaste.


VOSOTRAS, PALABRAS

Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en veneración

¡Vosotras, palabras, levantaos, seguidme!
y aunque ya estemos lejos,
demasiado lejos, nos alejaremos una vez
más, hacia ningún final.

No aclara.

La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras frases.
El mundo así quiere,
definitivamente,
imponerse,
quiere estar dicho ya.
No la digáis.

Palabras, seguidme,
¡que no se vuelva definitiva
–esta ansia del verbo
y dicho y contradicho!

Dejad ahora un rato
que ninguno de los sentimientos hable,
que el músculo corazón
se ejercite de manera diferente.

Dejad, digo, dejad.

Nada, digo yo, susurrado
al oído supremo,
que sobre la muerte no se te ocurra nada,
deja y sígueme, ni dulce
ni amargo,
ni consolador,
no significativamente
sin consuelo
tampoco sin signos–

Y sobre todo, no eso: la imagen
en el tejido de polvo, el retumbar vacío
de sílabas, palabras de agonía.

¡Sin decir nada,
vosotras, palabras!


UNA ESPECIE DE PERDIDA

Usados en común: estaciones del año, libros y una música
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados, gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y siempre alargada la mano.

De invierno, de un septeto vienés y de veranos me he enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto promesas he declarado irrevocables,
he adorado un algo y he sido devota delante de una nada.

(—de un periódico doblado, de las cenizas frías, del papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.

De la vida de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis vecinos.

Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.
No te he perdido a ti,
sino al mundo.


CADA DÍA

Ya no se declara la guerra,
se prosigue. Lo inaudito
se ha vuelto cotidiano. El héroe
permanece lejos
del campo de batalla. El débil
se adentró en la línea de fuego.
El uniforme del día es la paciencia,
la condecoración, la estrella miserable
de la esperanza sobre el corazón.

Se concede
cuando ya no sucede nada más,
cuando se calla el fragor del combate,
cuando el enemigo se ha vuelto invisible
y la sombra eterna de las armas
cubre el cielo.

Se concede
por la huida ante las banderas,
por el valor ante el amigo,
por la delación de secretos indignos
y el desacato
de toda orden.


A LA CENTRAL DE TELECOMUNICACIONES 
DE BERLÍN

Me alegro de que ayer fuera más duro
que lo es hoy. Entrada prohibida.
Siguen poniendo en la puerta y nadie
viene, también llueve mucho, vuelve
a ser invierno como ayer, es decir, como hace un año.
Entonces fue duro, en la vecindad
nadie. Es que nadie viene.

Ayer, me asfixié,
no podía gritar más,
hoy sí que podría gritar,
pero es mejor hoy.
arriba juegan a los bolos, abajo
trabajan la madera y asierran
estos bricoleros inocuos.

En la grieta del muro, en un
segundo de susto, un bicho negro
que se hacía el muerto. Hecho el muerto.
Y aprendo de él,
me hago la muerta,
sin hijo, sin amante,
sin radio, sin teléfono,
en esta grieta, perdida
en este planeta, en
este Berlín.

mirada por nadie más que
un muro cortafuegos.
en un segundo de susto,
me siento mirada por
la locura. Sé que
me miro a mí misma.
Un muro cortafuegos al otro.
Sin cara.
De un incendio en extinción.
Un incendio no extinguible.



HERMANDAD

Todo es abrir heridas,
nadie y perdonó a nadie.
Herido como tú e hiriendo,
encaminado hacia ti vivía yo.

El puro, el contacto espiritual,
Por cada tacto incrementado,
lo experimentamos Envejeciendo,
más al frío silencio retirados.


TARDE EBRIA

Tarde ebria, llena de azulada luz
se tambalea en la ventana y desea cantar.
Con miedo, los cristales se aprietan
donde sus sombras se enredaron.

Vacila, llevando la oscuridad hacia el mar de casas,
encuentra a un niño. Lo ahuyenta con gritos,
y jadea detrás de todo y de todos
susurrando cosas temibles.

En el patio húmedo circundado por opacos muros
retoza con ratas en los rincones.
Una mujer, vestida de un gris deslucido,
retrocede ante ella, escondiéndose en la penumbra.

Aún fluye, en la fuente, un hilo delgado,
una gota cae persiguiendo a la otra;
ahora la tarde bebe un líquido viscoso de la corroída cañería
y ayuda a lavar las negras cloacas.

Tarde ebria, llena de azulada luz,
se tambalea en la ventana y empieza a cantar.
Los cristales se rompen. Ensangrentado el rostro,
irrumpe y lucha contra mi terror


ESTAR PERMANENTEMENTE EN LAS PALABRAS

Estar permanentemente en las palabras, quieras o no,
Estar siempre vivo, lleno de palabras por la vida,
como si las palabras estuviesen vivas, como si la vida fuera
palabra.

Tan distinto es, creedme.
Entre una palabra y un objeto
sólo te entremetes tú mismo,
como con un enfermo yaces con los dos
ya que ninguno se arrima jamás al otro
degustas un sonido y un cuerpo,
y te gustan los dos.

Sabe a muerte.

Pero vida y muerte, si existen las dos,
quién sabe,
como hay tanto muerto lejano en mí,
como ya me ha afectado
tanto fallecido
y también los muertos.

una amiga que antes me conocía,
un jarro del que brindé por ti

(Traducción de Jan Pohl)


En la penumbra

De nuevo metemos los dos las manos en el fuego,
tú, para el vino de la noche largamente embodegada,
yo, para la fuente de la mañana, que desconoce los lagares.
Aguarda el fuelle del maestro, en quien confiamos.

Al sentir el calor de la preocupación, el soplador se acerca.
Se va antes de que amanezca, viene antes de que llames, es viejo
como la penumbra en nuestras tenues cejas.

De nuevo, él prepara el plomo en caldera de lágrimas,
a ti, para un vaso -se trata de celebrar lo desaprovechado-,
a mí, para el pedazo lleno de humo -este se vacía sobre el fuego.
Así avanzo hasta ti y hago sonar las sombras.

Descubierto está quien ahora vacile,
descubierto, quien haya olvidado el dicho.
¡Tú no puedes ni quieres saberlo,
tú bebes del borde, donde está fresco,
y como antaño, bebes y permaneces sobrio,
a ti aún te crecen cejas, a ti aún te contemplan!

Pero yo ya aguardo el momento
en amor, a mí se me cae el pedazo
en el fuego, a mí se me convierte en el plomo
que era. Y detrás de la bala
estoy yo, tuerta, segura del blanco, delgada,
enviándola al encuentro de la mañana.

De El tiempo postergado
Traducción de Arturo Parada


3 poemas de Ingeborg Bachmann

Suhrkamp Verlag
De las traducciones y las notas: ©José Aníbal Campos

Sobre antología personal de poesía en lengua alemana


Estudiar Germánicas en un país regido por la ceguera no tiene, ciertamente, demasiadas ventajas. Pero, una vez recuperada cierta capacidad para ver, visto ahora todo desde la distancia, sí que tuvo, al menos, una: el recelo que causaba lo ideológicamente prescrito por los oftalmólogos oficiales nos hacía sacudir la cabeza de un lado a otro, con desesperación, en busca de modelos de gafas distintos, de visiones no decretadas. El programa de literatura según el cual estudié era un libro abierto y con letras grandes, sí, pero nos lo encasquetaban en la cara cada vez que girábamos el cuello, nos lo ponían a tan solo dos milímetros de los ojos, dejándonos ciegos. Un buen día uno descubre que un manotazo basta para recuperar la mirada hacia el entorno, hacia lo diverso. Esta antología personal es el resultado de ese manotazo. Cualquier disgusto que pueda causar, cualquier nombre echado de menos es culpa solo mía, de aquel gesto desesperado. Su presentación no sigue un orden cronológico, más bien responde al carácter azaroso en que fueron cayendo en mis manos estos poemas, en un espacio donde patrullaban los afables matones disfrazados de guardabosques, capaces de hacer pulpa de papel con bosques enteros de retoños, con tal de preservar el verdor (el verde-olivo) de un solo árbol ya marchito, donde reinaban la censura de los visionarios, los dogmas de los letrados de gafas oscuras y mandíbulas cuadradas o, simplemente, el fláccido olvido de los colirios no prescritos.


Sobre la poeta

Ingeborg Bachmann es, a juicio del traductor, la voz más poderosa de la poesía en lengua alemana en la segunda mitad del siglo XX, por encima, incluso, de la de Paul Celan. Una de las tantas problemáticas que se planteó el afamado Grupo 47, al que también perteneció la Bachmann, era despojar al lenguaje poético de un discurso establecido y dominado por voces masculinas. Mujeres poetas como Ingeborg Bachmann o Ilse Aichinger (ambas austriacas), ponían en evidencia, entre otras cosas, que aquellos distingos maniqueos eran ridículos, que la pretendida renovación del lenguaje literario en alemán habría de llegar desde los territorios periféricos, que el tradicional idealismo de la literatura en esa lengua quedaría obsoleto ante la fuerza carnal, impura, desgarrada y visceral de esas nuevas voces.

La figura de Margarita (la de ese Fausto concebido por el machista Goethe), comenzaba a sacudirse de encima el papel de eterna joven ingenua, se sacaba sus vestidos de doncella inmaculada, se descalzaba y empezaba a revolver con el pie la tierra podrida bajo el áureo follaje de otoños demasiado largos e impostados, dejando al descubierto el compost pululante de sabandijas que daría alimento a las nuevas manzanas (agrias) de la poesía. De pronto aquellas voces femeninas hacían recordar una simple verdad, al parecer, frecuentemente olvidada: que lo nuevo, que la vida nace entre babas y vetas de sangre. Los poemas aquí escogidos fueron publicados en: Detrás de la pared (de Frühe Gedichte 1948-1953); Temprano mediodía y Salmo  (de Die gestundete Zeit). Versiones ligeramente distintas de estos poemas se publicaron en el año 1998 en un número especial de la revista literaria cubana Unión, dedicado a la literatura austríaca contemporánea y, poco después, en la revista Diario de Poesía (Buenos Aires), dirigida por el poeta Daniel Samoilovich.




La poeta Ingeborg Bachmann jugando ajedrez


Detrás de la pared

Pendo como nieve de las ramas
hacia la primavera del valle;
cual frío manantial, derivo al viento,
húmeda caigo sobre las flores
como una gota
en torno a la cual ellas se pudren,
como en torno a un pantano.
Soy el pensar siempre en morir.

Vuelo, de no poder andar tranquila,
por seguros edificios de todos los cielos,
y derribo en derredor columnas y muros huecos.
Prevengo, de no poder dormir de noche,
a los otros con el remoto rumor del mar.
Trepo a la boca de las cascadas
y desde las cumbres desprendo estrepitosos cantos.

Hija soy del gran miedo universal,
que se cierne sobre la paz, sobre la dicha,
como campanadas en el avanzar del día,
como la guadaña en el campo maduro.

Soy el pensar siempre en morir.




Temprano mediodía

Callado verdece el tilo en el verano naciente,
muy lejos de las ciudades, rutila
la lúgubre luna del día. Es ya mediodía,
ya se agita el destello en la fuente,
ya se alza bajo astillas de vidrio
el ala ultrajada del ave de los cuentos,
y la mano deforme de lanzar la piedra
nos hunde la simiente que despierta.

Donde el cielo de Alemania ennegrece la tierra,
busca su ángel decapitado un sepulcro para el odio
y te sirve el corazón en un cuenco…

Un puñado de dolor se pierde en la colina.

Siete años después
te acuerdas de nuevo
en la fuente ante el portón;
no mires tan al fondo,
se te derramarían los ojos.

Siete años después
en una casa de muertos,
beben los verdugos de ayer
la jarra dorada hasta el fin.
Te hundirías con los ojos.

Es ya mediodía, en la ceniza
se doblega el hierro, en la espina
han izado la bandera, en la roca
de un sueño inmemorial sigue
forjado el águila.

Sólo la esperanza mastica cegada por la luz.

¡Záfale las ataduras,
tráela cuesta abajo, cúbrele
con la mano el ojo, que ninguna
sombra la chamusque!

Donde la tierra de Alemania ennegrece el cielo,
busca una nube palabras y colma el cráter
con silencio,
antes de que el verano la escuche en la llovizna.

Se va lo indecible, dicho en voz baja, sobre la tierra:
es ya mediodía.



Salmo

1

¡Calla conmigo, como callan las campanas!
En la placenta de los pavores
buscan nuevo sustento las sabandijas.
Visible pende, cada viernes santo, una mano
en el firmamento, dos dedos le faltan,
no puede jurar que todo,
todo no ha sido y que nada,
nada será. Se sumerge en un rojo de nubes,
aleja a los nuevos homicidas
y se marcha, libre.

De noche, en esta tierra,
asir la ventana, apartar las telas
y revelar el secreto de los enfermos,
una úlcera colmada de alimento, de dolores infinitos,
para todos los gustos.

Los carniceros, enguantados,
contienen el aliento a los expuestos,
la luna, en la puerta, cae al suelo,
deja las astillas ahí, el asa…

Todo estaba dispuesto para la extremaunción.
(No puede consumarse el sacramento.)


2

Cuán vano es todo.
Trae rodando una ciudad,
levántate del polvo de esta urbe,
asume un puesto
y disimula,
evita quedar al descubierto.

Desembarga las promesas
ante un espejo ciego en el aire,
ante una puerta cerrada en el viento.

Intransitados los caminos en el despeñadero del cielo.


3

Ojos quemados en este granero del sol, la tierra,
agobiados con la lluvia de todos los ojos,
y ahora enmarañados, tejidos
por las trágicas arañas
del presente…


4

En la artesa de mi mudez,
deposita una palabra
y cría bosques a ambos lados
para que mi boca
yazca bien a la sombra.


(poemas en el idioma original, alemán)




3 gedichte aus Ingeborg Bachmann


Hinter der Wand

Ich hänge als Schnee von den Zweigen  
in den Frühling des Tals, 
als kalte Quelle treibe ich im Wind, 
feucht fall ich in die Blüten 
als ein Tropfen, 
um den sie faulen 
wie um einen Sumpf. 
Ich bin das Immerzu-ans-Sterben-Denken.  

Ich fliege, denn ich kann nicht ruhig gehen, 
durch aller Himmel sichere Gebäude 
und stürze Pfeiler um und höhle Mauern.  
Ich warne, denn ich kann des Nachts nicht schlafen,  
die andern mit des Meeres fernem Rauschen.  
Ich steige in den Mund der Wasserfälle,  
und von den Bergen lös ich polterndes Geröll.  

Ich bin der großen Weltangst Kind,  
die in den Frieden und die Freude hängt  
wie Glockenschläge in des Tages Schreiten  
und wie die Sense in den reifen Acker.  

Ich bin das Immerzu-ans-Sterben—Denken.


Früher Mittag

Still grünt die Linde im eröffneten Sommer, 
weit aus den Städten gerückt, flirrt 
der mattglänzende Tagmond. Schon ist Mittag, 
schon regt sich im Brunnen der Strahl, 
schon hebt sich unter den Scherben 
des Märchenvogels geschundener Flügel, 
und die vom Steinwurf entstellte Hand  
sinkt uns erwachende Korn. 

Wo Deutschlands Himmel die Erde schwärzt,  
sucht sein enthaupteter Engel ein Grab für den Haß  
und reicht dir die Schüssel des Herzens.  

Eine Handvoll Schmerz verliert sich über den Hügel.  

Sieben Jahre später 
fällt es dir wieder ein, 
am Brunnen vor dem Tore, 
blick nicht zu tief hinein,  
die Augen gehen dir über.  

Sieben Jahre später, 
in einem Totenhaus, 
trinken die Henker von gestern  
den goldenen Becher aus. 
Die Augen täten dir sinken.  

Schon ist Mittag in der Asche / 
krümmt sich das Eisen, auf den Dorn 
ist die Fahne gehißt, und auf den Felsen  
uralten Traums bleibt fortan 
der Adler geschmiedet. 

Nur die Hoffnung kauert erblindet im Licht.  

Lös ihr Fessel, führ sie 
die Halde herab, leg ihr 
die Hand auf das Aug, daß sie 
kein Schatten versengt! 

Wo Deutschlands Erde den Himmel schwärzt, 
sucht die Wolke nach Worten und füllt den Krater mit Schweigen,  
eh sie der Sommer im schütteren Regen vernimmt. 

Das Unsägliche geht, leise gesagt, übers Land: 
schon ist Mittag.


Psalm


1

Schweigt mit mir, wie alle Glocken schweigen!  

In der Nachgeburt der Schrecken 
sucht das Geschmeiß nach neuer Nahrung. 
Zur Ansicht hängt karfreitags eine Hand 
am Firmament, zwei Finger fehlen ihr, 
sie kann nicht schwören, daß alles, 
alles nicht gewesen sei und nichts 
sein wird. Sie taucht ins Wolkenrot, 
entrückt die neuen Mörder 
und geht frei. 

Nachts auf dieser Erde 
in Fenster greifen, die Linnen zurückschlagen, 
daß der Kranken Heimlichkeit bloßliegt, 
ein Geschwür voll Nahrung, unendliche Schmerzen 
für jeden Geschmack. 

Die Metzger halten, behandschuht,  
den Atem der Entblößten an, 
der Mond in der Tür fällt zu Boden,  
laß die Scherben liegen, den Henkel…  

Alles war gerichtet für die letzte Ölung.  

(Das Sakrament kann nicht vollzogen werden.)


2

Wie eitel alles ist. 
Wälze eine Stadt heran,  
erhebe dich aus dem Staub dieser Stadt, 
übernimm ein Amt 
und verstelle dich, 
um der Bloßstellung zu entgehen. 

Löse die Versprechen ein 
vor einem blinden Spiegel in der Luft,  
vor einer verschlossenen Tür im Wind. 

Unbegangen sind die Wege auf der Steilwand des Himmels.


3

O Augen, an dem Sonnenspeicher Erde verbrannt, 
mit der Regenlast aller Augen beladen,  
und jetzt versponnen, verwebt 
von den tragischen Spinnen 
der Gegenwart …


4

In die Mulde meiner Stummheit 
leg ein Wort 
und zieh Wälder groß zu beiden Seiten,  
daß mein Mund 
ganz im Schatten liegt.




http://www.vallejoandcompany.com/3-poemas-de-ingeborg-bachmann/



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Pero adónde vamos
no te preocupes no te preocupes 
cuando oscurece y cuando viene el frío
no te preocupes pero
con música 
qué debemos hacer
alegre y con música 
y pensar
alegre cara a un final
con música 
y adónde llevamos
mejor nuestras preguntas y el escalofrío de todos los años
a la lavandería de sueños no te preocupes no te preocupes 
pero qué ocurre
mejor 
cuando sobreviene

un silencio de muerte.

De Invocación a la Osa Mayor
Traducción de Cecilia Dreymüller y Concha García


Every Day

War is no longer declared,
it is continued. The unheard of
has become everyday. The hero
is absent from the battle. The feeble one
has moved into the firing range.
The uniform of day is patience,
the order of merit is the sorry star
of hope over the heart.

It is awarded
when nothing comes to pass,
when the bombardment is hushed,
when the enemy has become invisible
and the shadow of eternal armament
covers the sky.

It is awarded
for the flight from flag,
for the boasting before a friend,
for the betrayal of shameful secrets
and the contempt
of every command.

By Ingeborg Bachmann, translated from the German by Monika Zobel, guest-edited by Ilya Kaminsky



Stay

Now the journey is ending,
the wind is losing heart.
Into your hands it's falling,
a rickety house of cards.

The cards are backed with pictures
displaying all the world.
You've stacked up all the images
and shuffled them with words.

And how profound the playing
that once again begins!
Stay, the card you're drawing
is the only world you'll win. 


Menschenlos

Verwunschnes Wolkenschloß, in dem wir treiben...
Wer weiß, ob wir nicht schon durch viele Himmel
so ziehen mit verglasten Augen?
Wir, in die Zeit verbannt
und aus dem Raum gestoßen,
wir, Flieger durch die Nacht und Bodenlose.

Wer weiß, ob wir nicht schon um Gott geflogen,
und, weil wir pfeilschnell schäumten ohne ihn zu sehen
und unsre Samen weiterschleuderten,
um in noch dunkleren Geschlechtern fortzuleben,
jetzt schuldhaft treiben?

Wer weiß, ob wir nicht lange, lang schon sterben?
Der Wolkenball mit uns strebt immer höher.
Die dünne Luft lähmt heute schon die Hände,
und wenn die Stimme bricht und unser Atem steht...?
Bleibt Verwunschenheit für letzte Augenblicke?


To The Sun

More beatiful than the remarkable moon and her noble light,
More beautiful than the stars, the famous medals of the night,
More beautiful than the fiery entrance a comet makes,
And called to a part far more splendid than any other planet's
Because daily your life and my life depend on it, is the sun.

Beautifu sun that rises, his work not forgotten,
And completes it, most beautifully in summer, when a day
Evaporates on the coast, and effortlessly mirrored the sails
Pass through your sight, till you tire and cut short the last.

Without the sun even art takes the veil again,
You cease to appear to me, and the sea and the sand,
Lashed by shadows, take refuge under my eyelids.

Beautiful light, that keeps us warm, preserves us, marvellously makes sure
That I see again and that I see you again!

Nothing more beautiful under the sun than to be under the sun . . .

Nothing more beautiful than to see the stick in water and the bird above,
Pondering his flight, and, below, the fishes in shoals,

Coloured, moulded, brought into the world with a mission of light,
And to see the radius, the square of a field, my landscape's thousand angles

and the dress you have put on. And yourdress, bell-shaped and blue!
Beautiful blue, in which peacocks walk and bow,

Blue of far places, the zones of joy with weathers that suit my mood,
Blue chance on the horizon! and my enchanted eyes
Dilate again and blink and burn themselves sore.

Beautiful sun, to whom dust owes great admiration yet,
Not for the moon, therefore, and not for the stars, and not
Because night shows off with comets, trying to fool me,
But for your sake, and endlessly soon, and for you above all

I shall lament the inevitable loss of my sight. 


By the Hoof of the Wild Goat

By the Hoof of the Wild Goat uptossed
From the cliff where she lay in the Sun
Fell the Stone
To the Tarn where the daylight is lost,
So she fell from the light of the Sun
And alone!

Now the fall was ordained from the first
With the Goat and the Cliff and the Tarn,
But the Stone
Knows only her life is accursed
As she sinks from the light of the Sun
And alone!

Oh Thou Who hast builded the World,
Oh Thou Who hast lighted the Sun,
Oh Thou Who hast darkened the Tarn,
Judge Thou
The sin of the Stone that was hurled
By the goat from the light of the Sun,
As she sinks in the mire of the Tarn,
Even now--even now--even now! 





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