lunes, 13 de febrero de 2012

5863.- ANA BECCIÚ


Ana Becciú
Ana María Becciú ( 20 de julio de 1948 , Buenos Aires - ) es una poeta, profesora, y traductora argentina.
Estudió Letras en la Universidad Católica Argentina, donde obtuvo el título de profesora en letras en 1972. En 1976 dejó Argentina y vivió en Barcelona primero y más tarde París, donde prosiguió sus estudios en la Universidad Central de Barcelona y en la Sorbona (Paris VII).1 Trabajó como traductora supernumeraria en algunos organismos del sistema de las Naciones Unidas. Además, Becciú es traductora literaria. Ha traducido a autores como Djuna Barnes, Allen Ginsberg ,Tennessee Williams.2
Desde 2002 reside en Francia. Pertenece a la Asociación internacional de escritores (PEN).3
Se ha encargado de la compilación de la obra de la poeta argentina Alejandra Pizarnik4 5 que ha sido publicada por la Editorial Lumen (Random House Mondadori) de Barcelona en tres volúmenes, Poesía, Prosa y Diarios, entre 2000 y 2002.

Obra

como autora
Como quien acecha. Editorial de la Flor, Buenos Aires 1973
Por ocuparse de ausencias. Último Reino, Buenos Aires 1982, ISBN 950-9418-02-1 (El sonido y la furia; 9)
Ronda de noche. Neuaufl. Plaza & Janés, Barcelona 1999, ISBN 84-01-59031-0 (Colección Poesía; 29)
La visita y otros libros. Buguera, Barcelona 2007, ISBN 978-84-02-04033-6 (colección de sus poemas)
como editora e investigadora
Jorge Manrique: Poesías completas. Kapelusz, Buenos Aires 1974
Julio Cortázar: Algunos pameos y otros prosemas. Plaza & Janés Editore, Barcelona 2000, ISBN 84-01-59014-0.
Alejandra Pizarnik: In einem Anfang war die Liebe Gewalt. Tagebücher („Diarios“). Ammann Verlag, Zúrich 2007, ISBN 978-3-250-10484-1

como traductora
Djuna Barnes, Allen Ginsberg, Mary McCarthy, Valerie Solanas, Tennessee Williams,
Nadia Fusini, Alberto Manguel, Pascal Quignard, Patricia Runfola, Nathalie Sarraute







COMO QUIEN ACECHA


Como quien acecha
los descampados instantes
agazapado
en cada entraña del aire,
así yo,
fibra minúscula
donde la nada
se inventa,
recorro
la muralla de los nombres.
Como quien acecha
en el límite
de los bordes tanteándolos
para un salto
mortal,
así yo,
invocando la sombra
de los cuerpos
soy en vilo
un abismo
expectante.










Quien reconozca
la noche
que aún no a presentido
en su voz la locura;
quien reconozca,
al promediar la fiebre,
la angostura del aire;
el nacimiento
de todo lo que es miedo
y a solas late,
sabrá
qué es lo que se adueña
de los bordes.










Aguarda detrás de los vidrios.
Crece sin miedo.
Apela a los más fríos crepúsculos.


Es tu oscura cicatriz
iniciando la danza
profanadora de tu mente.












Dirá que fue la noche
la noche la vida la noche
la atroz locura de amar el sueño
la palabra
la ardua labor de imaginar los signos












Consiento en dar
a esta blanca superficie
la frágil disposición
de la memoria
fraguando
largos
insomnios
cotidianos,
y consiento
en abrir los bordes
de la palabra
hasta intentar
una imagen
de su sombra.
Sin embargo,
sé que en vano
me invisto de silencio
porque finas transparencias
rasgan augurales
mi diario perfil
de tiempo.












Anoche, aquí, con dos
de tus palabras
herías, herías, dos
de tus palabras,
te amo, decías,
experto, mortal.














Ah, rostro mío,
cómo te amaba el tiempo
cuando eras
antes del gesto
un niño breve,
ungido
en la rara melodía
de los ecos.
Y ahora,
después del gesto,
el esfuerzo
de ser
la voz
de un largo silencio
para alcanzar,
vacío,
tu forma
de miedo.















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