jueves, 26 de agosto de 2010

660.- LILIANA MARÍA CELIZ


Liliana María Celiz. Argentina

Premios recibidos:

• Premio de la Casa de la Amistad Argentino Cubana, año 1987.
• Tercer premio en el Concurso Nacional de Poesía organizado por la Emisora Lobos, año 1988.
• Finalista en el Concurso organizado por la editorial “Argenta Sarlep”, año 1988.
• Primera mención en el Concurso Nacional de Poesía organizado por la Emisora Lobos, año 1989.
• Mención especial en el concurso organizado por la Emisora Lobos, año 1989.

Formación:
• “Escritura de la novela”, curso dictado por el escritor Antonio Dal Masetto en la Biblioteca Nacional.. Año 2006.
• “Literatura Argentina y Latinoamericana”, curso dictado por el profesor Carlos Dámaso Martinez en la Biblioteca Nacional. Año 2005.
• Curso de análisis de textos, dictado en forma privada por el profesor Roberto Ferro. Desde 1995 y continúa.
• Ha cursado materias específicas en el Departamento de Castellano, Literatura y Latín del Instituto Superior del Profesorado “Joaquin V. González”. Años 1995 a 2000.
• Curso de Teoría Literaria dictado en forma privada por la profesora Isabel Vassallo. Años 1989 a 1991.
• Curso para coordinadores de Talleres Literarios dictado por la profesora Ana Auslender. Desde 1987 a 1990.

Libros publicados:
- O elevación de vos o pensamiento” Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2007.
• ¿De dónde vienes de mirar tus ojos padre?. Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2000.
• Del traje de Eva y su manzana (poemas). Buenos Aires, Último Reino, editado con el apoyo económico de Fondo Nacional de las Artes. 1997.
• Desembocadura, Buenos Aires, Tierra Firme, 1990. Compilación de poemas en conjunto con los poetas Gustavo Baz, Gabriel Rizzola, Carlos González y Chantal Damon. Se editó con el apoyo económico del fondo Nacional de las Artes
En prensa:
A los que fueron pájaros. Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2008.

Algunos de sus poemas fueron traducidos al italiano, portuguès, catalàn y gallego




De : “Nadie ha vuelto”




nada en el campo de la luz ni el sueño
(ha vuelto carne
aquello que se dice y en lo más crece a desmesura /
a adormecido los instintos) y en la mano lleva el ave
que dará el otoño de las hojas justo al lado de la imagen
última de ella (ella plantada en el siguiente orden:) y en
la retornación de otoño mientras cae canta apenas en el
aire para que ella oiga su discurso (vela su palabra
pobre en la hendidura del aliento) ella se marcha al paso
de otros hombres en la ausencia para que ella nombre
en la vertiente/









ni escuchará mi canto detenido en el espacio de la ola
en pleno viento (en la desdoblación de ola con el viento)
en el espacio de la sal (lo líquido en la sal) a la armonía
de la voz cantando: él no vuelve ni ha venido a entonar la
noche con el pulso / nada ni en el aire el vuelco (ya no está)
no era su visión lo que veía (entre tanto ayer supo ser noche)








de las palabras caídas en la arena como múltiples pisadas
de patos hacia el agua no/ tal vez la dicha sea un punto
interrogado hacia la zona del criterio otro criterio (la voz
caía desde entonces hacia el alba en plena entonación
que da la noche en el rebrote de los peces y las cosas
que no vuelven –danzan hacia el fondo-) la luz era el espacio
de los otros cantando su declive por el viento: patos por el
viento ahora flotando en el espacio lacustre de la luz
flotando –él caminaba hacia la orilla entonando su canción
de viaje- nunca llegará a algún puerto porque todo lo que
parte olvida en algún punto su criterio- sólo la nube de las cosas
que no caen marchan siempre por el aire hacia otra voz,
cantan de la voz que hizo posible la otra sombra en el oleaje
que no cae ya no cae ya no hay viento-








como zona de catástrofes había vuelto atrás en la medida
de los ojos de los otros, de los cuerpos de los otros y no estaba
en el último vaivén de nuestras aguas ha medrado (tan sólo
nitidez en la palabra para que ella baile como tantas, a la punta
de sus pies como catástrofe) yo era niña y no mirabas el viaje
ser como el viraje de los nombres, siendo otros,
a través de los pañuelos








el movimiento hizo cruzar la cumbre exorcizar la cumbre
de venganza “el lago brillará junto a la cara de algún hombre
que se mire” (el lago habrá brillado de nosotros) y en lo
enjuto de los cuerpos al caer, de reposar sus nombres
en el agua ella abrirá la fiesta para verse en la estación
de otoño como viaje – la próxima canción la cantará mi madre
entre los juncos.








en el lugar de la pregunta, inmóvil: techo puesto ante la muerte
que vendrá/ luego él no vuelve (se ha consagrado la distancia
como instinto: la pregunta) ¿es que él vendrá a la vuelta cuando
vuelve? Iré al partir el viaje por la vida y todo el tiempo siendo
yo en la pregunta ¿la pregunta? Y todo tiempo siendo/ noche
infinita en una estrella que no muere: se transforma/ noche
conmigo es a la calma de pirueta: él vendrá en la hojarasca
que no pisan nuestros pasos cuando vuelven: él sólo en la noche
en el espacio a pleno del espacio/ el universo el ave que voló
a lo lejos e hizo sombra








la voz en una grieta en la pregunta (la calle es imposible
hoy día) y hará de fe que la ocasión es triste, tristísima
en la calma, siempre (una canción a la deriva , un muerto)
la calle daba al lago en el reflejo (la nube que en lo quieto
se escondía) diría detrás la mano ya no cuenta pétalos
(él cae a la derecha en pos del nombre)








entre las nubes que dan agua por debajo de nosotros
como presos, patos de estar presos en la sal de entre
los ojos que caían tantas noches
a lo último en el umbral: no canta ya ni canta entre
las flores ha saltado por debajo de las olas persiguiendo
la escena de la muerte ella se ha ido y él no estaba
(nunca estuvo) era sólo la tracción de su reflejo
o la luna desde el fondo








“que el alma es un reflejo del alma” en otro viaje, en mero
territorio de tormenta páramos de mí (el padre ha dado
vuelta por la hora en el motor del tiempo diminuto
de su sangre a cuestas) dicen que vendrá una tarde
con un buzo a cuadros y la lente la lente entre las cañas
a los peces y el arroyo que estaciona en la cañada siempre
verde y las piedras en las manos (ras del agua y en saltitos)
¿no era a mí? ¿mi padre no era a mí? en la canción que nace
una mañana a ras del sol la piedra en la caída








otro aire en el retorno (es a la vuelta) cantada la canción de cuna
alguna flor se expande, brilla por sí misma en cuanto a él bebe
de su sangre a borbotones y en lo enjuto brilla tras el agua brilla
(mera noción del universo desde el fondo –el campo de la luz
teñido en cintas, el agua es clara en el retorno-)








bifurcaciones del ala del recuerdo y a su sombra (luz en la pupila
pero no al entorno de los hombres /luz/ bifurcación de luz
en los esteros cuando él lavaba al fondo de sus manos -las líneas
de la esencia- y yo mi caminar debajo de las aguas como ida
por el tiempo en el plano del retorno: volviendo a no mirarlo y
sólo verlo entre las frutas –los colores de las frutas- los planos
del color junto a mi cuerpo en la estación que laten los retoños
-pero que el tiempo apremia- sólo en la voz de él he oído el eco,
de la pronunciación cayeron gotas- flores de agua en lo tupido
de la arena-) me ha confundido con su sombra, en la bifurcación/








las plumas en el patio en pleno estado de verdor de aquella
sangre que volvía (lavando el fuego cada tanto la fogata
que quemaba a los muñecos derretidos y la sal –el agua
de los ojos como sal en el momento inmenso de caída- ella
trazaba líneas en su espalda y en la mano, pliegues en la mano
de él por recordar su nombre en las esquinas,
ella lavaba líneas con su sangre en el momento previo
a la caída)








los ojos vieron los espacios de la sombra entre los cuerpos
venida a mal por tantas noches de deseo (el hombre iba
a morir al lago en el lugar de lo hilvanado del silencio,
el negativo del negro en el silencio, no había ya palabra
en la voz que circundaba los recuerdos
-sólo el hombre como fruto allá a lo lejos-) y ella miraba
el ramo derretido de la noche en la frecuencia de las aguas
en el estado primordial que da el otoño como rojo
en las pupilas de los árboles movidos siempre por el viento-
es el olor de los estambres
en el reverso de la noche entre las aguas en rompimiento
del canal que daba al sexo- los trazos se invertían en el agua








la hoja caída al lado inverso de la mano (el punto de inversión
en el recuerdo) en el momento en que la gota no caía (flotaba
en el espacio de las alas, al fondo del deseo) en plena elevación
del cuerpo de ella en el espacio de los ojos que no miran
(es algún grado en el retorno) lo tibio desasido de la arena,
en el momento en que la arena se hizo parte de algún todo,
es a algún todo








el cuerpo de él en el desastre de la noche (tirado de los
carros de la noche) en complexión de fuerzas que adolecen
de ser forma ya ni el pasaje de los patos sobre el agua
ni el pie en cabalgación del pie en juntura de la fuente,
ya ni siquiera el agua de la fuente,
los espejos aplacados en la hondura de la noche en armas
de la noche justo asl pie de los cangrejos al pasar por las
esquinas de los muelles (ellos no irán a detenerse nunca?
deformaciones de algún juicio de belleza (la piel dando
la forma de sentencia: estrados de sentencia en el punto
condolido de lo móvil –ellos no van, han puesto piedras
en el viaje, sólo la voz de ella navegando la simiente
entre las copas de los árboles que beben de los ríos,
la voz cayendo a la manera de otros ciclos cuando
el estado en inversión ya se doblega, los números
al margen y ha caído el agua de estas lluvias)








“lo que se oxida es el recuerdo” por debajo de la lente allá
en el agua en el lado marrón que da a las piedras con figuras
de los otros, lo distante junto al lodo por debajo (el agua
por debajo de las aguas y él no está) ya ni siquiera verlo
entre estas gotas –piezas de sí alicaídas de la muerte- tal vez
algún lugar en las esquinas de los cuerpos de los otros
(el lado antiguo de su sombra en la creciente) ¿se irá con
tantos nombres en el mero rozar de la pregunta bajo el agua
la piedra bajo el agua? la cara como dándome a los ojos
al punto del reflejo entre las formas









en lo absoluto de su alma es noche brinda siempre junto al lago
en el jardín del hombre y de su hembra la mujer es joven canta
siempre la canción de cuna hacia sus niños que se han ido
(en la distancia canta porque él vuelve a conmoverse del aliento
de las flores que prosperan en el frente de la casa es noche)








noche en lo absoluto de su alma/ en desazón él cae
de cuclillas cuando ríe calla allá en lo manso y dobla
en su estadía el viaje/ canta su canción a solas en el
coágulo de luz lo diminuto/ sangre revertida en sangre
entre la luz él cae de cuclillas cuando vuelve: el vino
sin razón justo a la cúspide del ala su cuchillo / sale
al inferir el hombre que no vuelve ¿padre? ¿declinarás
a solas con la voz el padre de sí mismo?
ríe en su interior, él ríe








en la abstracción del sí la luz solar en la pupila
diurna entre las aves muertas, los escombros, la luz
palideciendo apenas en los campos de prisión del hombre
ha muerto lado a lado en .la montaña de la carne/ lágrimas
del sí disminuyendo entre la mano y el pañuelo/ madre
en el decir del ser en lo acodado de otro viaje o el disturbio/
la palabra como cara que aniquila el plano de costumbre/
nunca dicha










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