sábado, 21 de agosto de 2010

580.- ÁLVARO MUTIS



Álvaro Mutis

Álvaro Mutis Jaramillo (Bogotá, 25 de agosto de 1923–Ciudad de México, 22 de septiembre de 2013) fue un novelista y poeta colombiano. Considerado uno de los escritores hispanoamericanos contemporáneos más importantes. A lo largo de su carrera literaria recibió, entre otros, el Premio Xavier Villaurrutia en 1988, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1997, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1997, el Premio Cervantes en 2001 y el Premio Internacional Neustadt de Literatura en 2002.

Hijo del diplomático colombiano Santiago Mutis Dávila y de Carolina Jaramillo, nació en Bogotá (Colombia), el 25 de agosto de 1923, día de San Luis IX de Francia, de quien el autor dice: "No descarto la influencia de mi santo patrono en mi devoción por la monarquía". En 1925, a causa de la profesión de su padre, viaja a Bélgica, donde llega a los dos años de edad. Hizo sus primeros estudios en Bruselas. Regresaba a Colombia, primero, durante las vacaciones y después por temporadas más extensas. Vivió en una finca cafetalera y cañera que había fundado su abuelo materno, en el corregimiento de Coello-Cocora, cerca a Ibagué (Tolima), en las estribaciones de la Cordillera Central, de la cual el autor dice: "Todo lo que he escrito está destinado a celebrar, a perpetuar ese rincón de la tierra caliente del que emana la substancia misma de mis sueños, mis nostalgias, mis terrores y mis dichas. No hay una sola línea de mi obra que no esté referida, en forma secreta o explícita, al mundo sin límites que es para mí ese rincón de la región de Tolima, en Colombia".
En Bélgica vivió hasta los nueve, cuando muere su padre repentinamente, a los 33 años. En Bruselas están sus mejores recuerdos de él: "de él heredé, entre otras cosas, el gusto por los buenos vinos y la buena cocina, por la tertulia y los buenos libros, y también su admiración por Napoleón", afirma el narrador colombiano. A la muerte de su padre, su madre decide regresar a Colombia para dedicarse a la hacienda de Coello. Dejar Europa fue para Mutis una gran pérdida: era en aquellos años su mundo, mientras que Colombia era sólo un lugar donde pasar vacaciones y del cual siempre se regresaba. Su fascinación por el mar, los barcos y el viaje tiene origen en esos desplazamientos de Europa a Colombia en pequeños barcos mitad de carga y mitad de pasajeros.
Tras abandonar sus estudios en Bruselas en el colegio jesuita de Saint-Michel, hizo su último intento para lograr el diploma de bachiller y se matriculó en la Universidad del Rosario, en Bogotá. Su profesor de literatura española fue el notable poeta colombiano Eduardo Carranza. Las clases de Carranza, dice el poeta, "son para mí una inolvidable y fervorosa iniciación a la poesía". El billar y la poesía pudieron más y nunca alcanzó el título.
En 1941 contrajo matrimonio con Mireya Durán Solano, con quien tendrá tres hijos: María Cristina, Santiago y Jorge Manuel. En 1942 comenzó a trabajar de periodista en la emisora de radio Nuevo Mundo, donde reemplaza a Eduardo Zalamea Borda.
Después de ser relacionista público de Esso, Standard Oil, Panamerican y Columbia Pictures, entre otras compañías, publica su primer volumen de poesía en 1948. Antes había publicado sus poemas en el periódico El Espectador. En 1953 publica Los elementos del desastre, un poemario donde aparece por primera vez su emblemático personaje Maqroll el Gaviero, uno de los grandes hitos de la literatura en lengua española de este siglo.
Una pieza de hotel ocupada por distracción o prisa, cuán pronto nos revela sus proféticos tesoros. El arrogante granadero, “bersagliere” funambulesco, el rey muerto por los terroristas, cuyo cadáver des-pernancado en el coche, se mancha precipitadamente de sangre, el desnudo tentador de senos argivos y caderas 1900, la libreta de apuntes y los dibujos obscenos que olvidara un agente viajero. Una pieza de hotel en tierras de calor y vegetales de tierno tronco y hojas de plateada pelusa, esconde su cosecha siempre renovada tras el pálido orín de las ventanas.
(Fragmento de Los elementos del desastre)

En 1954 se casa con María Luz Montané. De esta unión nacerá su hija María Teresa.
Debido al manejo caprichoso de unos dineros de la multinacional Esso, en la que era jefe de relaciones públicas, dinero que asignaban a obras de caridad y que Mutis usó como si fuera suyo en quijotadas culturales, no siempre con base en una necesidad real, fue demandado por la compañía. Ante esta situación, su hermano Leopoldo, Casimiro Eiger y Álvaro Castaño Castillo le arreglan un viaje de emergencia a México, que desde entonces es su lugar de residencia.
En 1956 se estableció en la ciudad de México, donde llegó con dos cartas de recomendación, una dirigida a Luis Buñuel y otra a Luis de Llano; gracias a éstas consiguió trabajo como ejecutivo de una empresa de publicidad, y luego fue promotor de producción y vendedor de publicidad para televisión y conoció en el medio intelectual mexicano a los que han sido sus amigos en ese país: Octavio Paz, Carlos Fuentes Emilio García Riera y Luis Buñuel, entre otros.
A los tres años de su llegada a México, Mutis fue detenido por la Interpol e internado durante 15 meses en la cárcel preventiva de Lecumberri, más conocida como "El palacio negro". Su experiencia en la cárcel cambió del todo su visión del dolor y del sufrimiento humano.
Por 1960 inicia un viraje hacia la prosa con su Diario de Lecumberri, escrito en la cárcel. En 1966 contrae matrimonio con Carmen Miracle Feliú.
El primer reconocimiento importante a la obra de Álvaro Mutis fue en 1974 con el Premio Nacional de Letras de Colombia.
Se inició en la novela en 1978, pero sólo sería reconocido popularmente en 1986, con la publicación de la primera novela de Maqroll el Gaviero, La nieve del Almirante. A partir de entonces comenzó a recibir premios importantes. Uno de sus contemporáneos escribió: "La saga novelesca de Maqroll el Gaviero es, sin duda, por su emocionante despliegue narrativo, su profundidad terrible, su construcción de gran artesanado, su poesía constante y su delicadeza, una obra mayor de la escritura en nuestra lengua".
En 1988 cumple el tiempo para el retiro y se dedica completamente a leer y a escribir. Aparece en España su novela Ilona llega con la lluvia, publicada por Mondadori.
En 1989 en México recibe el Premio Xavier Villaurrutia y es condecorado con el Orden del Águila Azteca. Mondadori publica su novela Un bel morir y Arango Editores publica La última escala del Tramp Steamer. Francia le otorga el premio Médicis Étranger por sus novelas La nieve del Almirante e Ilona llega con la lluvia. El Gobierno francés le concede la Orden de las Artes y las Letras en el grado de Caballero.
En 1990 Amirbar es editada en España y Colombia simultáneamente. Italia le otorga el premio Nonino al mejor libro extranjero publicado en ese país. Termina la novela Abdul Bashur, soñador de navíos, que se publicará el año siguiente.
En 1993 la editorial Siruela publica en dos volúmenes y bajo el título Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero las novelas de Maqroll el Gaviero, incluyendo el hasta entonces inédito Tríptico de mar y tierra.
En 1996 la editorial Alfaguara decide reeditar Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero en un único volumen.
En 2001 recibe el Premio Cervantes, el galardón más importante de las letras hispanas.
El 22 de Septiembre del año 2013 murió en Ciudad de México a sus 90 años de edad a causa de un enfermedad respiratoria.

La desesperanza y la historia

"A mayor lucidez mayor desesperanza y a mayor desesperanza mayor posibilidad de ser lúcido" A. Mutis

Uno de los legados más importantes en la obra de Alvaro Mutis a la literatura universal y particularmente a la latinoamericana tiene que ver con su visión de la historia y del devenir humanos. Sin este elemento el autor pasaría por ser un escritor de maravillosas aventuras exóticas. En 1965 Álvaro Mutis dio una conferencia en México, "La desesperanza"  , que resume magistralmente su pensamiento sobre este tema. En ella se sobreentiende que el verdadero poeta vive en el exilio; su soledad, su desarraigo son consecuencias de una forma de entender la historia y el efímero paso del hombre sobre la tierra. El trópico, su naturaleza indomita, la descomposición vegetal y animal que le caracteriza, la corrosión a la que son sometidos los elementos que lo habitan son una metáfora del deterioro con el que el tiempo somete al hombre.4 El único sentido de la poesía y del arte, en su expresión más pura, es el de permitirnos un goce sagrado, por lo efímero, de algunos instantes de plenitud pasada. Es por ello que Mutis es el poeta del deterioro, no para admirar o consolarse ante el espectáculo de lo que fue la grandeza humana sino para poner en evidencia el sin sentido de sus acciones.

Obras

Poesía

La Balanza, Talleres Prag, Bogotá, 1948 (en colaboración con Carlos Patiño Roselli)
Los elementos del desastre, Losada, Buenos Aires, 1953
Reseñas de los hospitales de Ultramar, Separata revista "Mito", Bogotá, 1955
Los trabajos perdidos, Era, Ciudad de México, 1965
Summa de Maqroll el Gaviero, Barral Editores, Barcelona, 1973
Caravansary, FCE, Ciudad de México, 1981
Los emisarios, FCE, Ciudad de México, 1984
Crónica regia y alabanza del reino, Cátedra, Madrid, 1985
Un homenaje y siete nocturnos, El Equilibrista, Ciudad de México, 1986

Narrativa

Diario de Lecumberri, Universidad Veracruzana, 1960
La mansión de Araucaíma, Sudamericana, 1973
La verdadera historia del flautista de Hammelin, Ediciones Penélope, 1982
La nieve del Almirante, 1986
Ilona llega con la lluvia, Oveja Negra, 1988
Un bel morir, Oveja Negra; Mondadori, 1989
La última escala del Tramp Steamer, El Equilibrista, Ciudad de México, 1989
La muerte del estratega, FCE, Ciudad de México, 1990
Amirbar, Norma; Siruela, 1990
Abdul Bashur, soñador de navíos, Norma; Siruela, 1991
Tríptico de mar y tierra, Norma, 1993

Ensayo

Contextos para Maqroll, Igitur-Cilcultura, 1997
De lecturas y algo del mundo, Seix Barral, 1999
Caminos y encuentros de Maqroll el Gaviero, Editorial Áltera, 2001
Antología[editar · editar código]
Poesía y prosa, Instituto colombiano de Cultura, 1982
Antología poética, selección y notas de José Balza, Monte Avíla
Summa de Maqroll el Gaviero. Poesía 1948-1988, Visor, 1992
Poesía completa, Editorial Arango, 1993
Summa de Maqroll el Gaviero. Poesía 1948-1997, Ediciones Universidad de Salamanca-Patrimonio Nacional, 1997
Antología, selección de Enrique Turpin, Plaza y Janés, 2000
Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, Siruela, 1993 (2 volúmenes); Alfaguera, 1996 y 2001 (1 volumen). Incluye las siete novelas: La nieve del almirante (1986); Ilona llega con la lluvia (1988); Un bel morir (1989); La última escala del Tramp Steamer (1989); Amirbar (1990); Abdul Bashur, soñador de navíos (1991); Tríptico de mar y tierra (1993).
La voz de Álvaro Mutis, edición de Diego Valverde Villena, Poesía en la Residencia, Residencia de Estudiantes, Madrid, 2001

Reconocimientos

Premio Nacional de Letras de Colombia, 1974
Premio Nacional de Poesía de Colombia, 1983
Premio de la Crítica Los Abriles, 1985
Comendador de la Orden del Águila Azteca México, 1988
Premio Xavier Villaurrutia México, 1988 por Ilona llega con la lluvia.6
Doctor Honoris Causa por la Universidad del Valle en Colombia, 1988
Premio Juchimán de Plata en México, 1988
Orden de las Artes y las Letras, del Gobierno de Francia, en el grado de Caballero, 1989
Premio Médicis Étranger de Francia, 1989
Premio Nonino de Italia, 1990
X Premio del Instituto Italo-Latinoamericano de Roma, 1992
Orden al Mérito de Francia, 1993
Premio Roger Caillois de Francia, 1993
Gran Cruz de la Orden de Boyacá de Colombia, 1993
Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio de España, 1996
Premio Grinzane-Cavour de Italia, 1997
Premio Príncipe de Asturias de las Letras de España, 1997.7
Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de España, 1997
Premio Rossone d'Oro de Italia, 1997
Premio Ciudad de Trieste de Poesía de Italia, 2000
Premio Cervantes de España, 2001.8
desde 2005 la biblioteca del Instituto Cervantes de Estambul lleva su nombre.

Hechos y curiosidades

Influencias y amistades

Recibió la influencia de Octavio Paz, Pablo Neruda, Saint-John Perse y Walt Whitman. Es gran amigo de Octavio Paz y de Gabriel García Márquez; de este último es el primer lector de sus borradores. Además publicó su primer libro de poemas con Jorge Gaitan Durán.
El cine
Muy ligado a la industria del cine, Mutis ha sido agente en Latinoamérica de varias productoras. Es poco conocida su participación en la industria de doblaje en México pero en el libro sobre la historia del doblaje ¿De Quién es la Voz que Escuchas? del escritor y director Rubén Arvizu, el primer actor Ignacio López Tarso nos cuenta en el prólogo que él escribe, que Mutis prestó su voz como el narrador de la famosa serie Los Intocables e hizo muchísimas traducciones-adaptaciones de libretos para doblaje. Dos novelas suyas fueron adaptadas como películas por directores de cine colombianos: La mansión de Araucaima (1986) de Carlos Mayolo, e Ilona llega con la lluvia (1996) de Sergio Cabrera.


La política

Nunca ha participado en política, no ha votado jamás y el último hecho que en verdad le preocupa en el campo de la política y que le concierne y atañe en forma plena y sincera, es la caída de Constantinopla en manos de los turcos el 29 de mayo de 1453. Sin dejar de reconocer que no se repone todavía del viaje a Canossa del emperador sálico Enrique IV, en enero del año 1077, para rendir pleitesía al soberbio pontífice Gregorio VII. Viaje de tan funestas consecuencias para el Occidente Cristiano. Por ende dice ser "gibelino, monárquico y legitimista".

Un antepasado ilustre

Álvaro Mutis desciende de una familia gaditana, y uno de sus antepasados, José Celestino Mutis, fue un famoso botánico que en 1783 encabezó una expedición botánica al Virreinato de Nueva Granada y consiguió clasificar, con la ayuda de los indígenas, miles de plantas de la zona ecuatorial. Su hermano Manuel es el padre del tatarabuelo del escritor, que curiosamente ha dejado para la literatura latinoamericana algunas de las mejores páginas sobre la selva.

La publicidad

Entre los múltiples oficios con los que Mutis se ganó la vida (locutor de radio, jefe de relaciones públicas y distribuidor de películas de la 20th Century Fox en América Latina, empleado de una compañía de seguros, de Columbia Pictures y de Esso) el más curioso es sin duda su colaboración para una agencia de publicidad. Nadie sabe muy bien cuál fue la impronta que dejó Mutis en el mundo de los anuncios publicitarios. Algunos dicen que Coca-Cola le debe uno de sus mejores slogans; otros juran que dedicó un bello poema al vino, recitado con atuendo de Baco desde un paisaje de vides.

El regalo para "Gabo"

En la dedicatoria de su novela El general en su laberinto, Gabriel García Márquez desliza una frase que ha dado lugar a numerosas especulaciones: "Para Álvaro Mutis, que me regaló la idea de escribir este libro". Luego, en sus "gratitudes", el Nobel colombiano llama la atención sobre un relato de su amigo, "El último rostro", que cuenta un episodio de los últimos meses de la vida de Simón Bolívar, a partir del hallazgo de unos manuscritos perdidos, escritos por un coronel polaco de apellido Napierski, quien, en Cartagena, conoce a Simón Bolívar y pasa algunos días a su lado. La figura de Napierski, puro invento de Mutis, la objetiva García Márquez al utilizarla -irónicamente y muy a su manera- como fuente histórica en su novela.
Mutis mismo ha declarado que "El último rostro" es lo que quedó de una obra mucho mayor, quemada porque le pareció demasiado "de tesis". Al contárselo a su amigo, éste le sugirió intentar escribirla. "Y yo le contesté, me parece muy bien, nadie lo hará mejor. Aquí está toda la documentación, y le di los libros que yo había leído, la correspondencia de Simón Bolívar, en fin, una serie de documentos históricos esenciales, y se lo llevó todo, y se marchó de mi casa diciendo "Ya sabrás de mí". Cuando terminó la novela me la dio, porque siempre me muestra sus originales antes que a nadie y me dijo, "A ver, ¿va a quemar esta también? Y allí estaba el Simón Bolívar que debía haber escrito yo. Pero lo escribió él. Perfecto."

La visita a Hernán Cortés

No es un secreto la devoción de Mutis por la Monarquía Española. Por ejemplo, piensa que la humanidad sufrió un tremendo retroceso cuando terminó la autoridad de los reyes para ser reemplazada por la voluntad popular. Pero tal vez sea menos conocido el hecho de que durante la visita del Príncipe de Asturias a México, el escritor colombiano tuvo la oportunidad de servirle de guía en una visita a la tumba de Hernán Cortés, que está escondida detrás del altar mayor de la pequeña Iglesia que el conquistador fundó junto con el Hospital de Jesús. Aunque el equipo de seguridad y algunos funcionarios se opusieron, el Príncipe insistió en ir a pie desde el Zócalo de la Catedral mexicana, que está a dos o tres calles. Cuentan que al llegar un despistado sacerdote de cierta edad les dijo: "Aquí no pueden entrar turistas". Con la mayor de sus sonrisas, Mutis soltó una frase que todavía lo divierte: "Es que no se trata de turistas, dijo. Es S.A.R. el Príncipe de Asturias".




I

Escucha Escucha Escucha

la voz de los hoteles,
de los cuartos aún sin arreglar,
los diálogos en los oscuros pasillos que adorna una raída alfombra escarlata,
por donde se apresuran los sirvientes que salen al amanecer como espantados murciélagos



Escucha Escucha Escucha
los murmullos en la escalera; las voces que vienen de la cocina,
donde se fragua un agrio olor a comida, que muy pronto estará en todas partes,
el ronroneo de los ascensores

Escucha Escucha Escucha

a la hermosa inquilina del "204" que despereza sus miembros
y se queja y extiende su viuda desnudez sobre la cama. De su cuerpo
sale un vaho tibio de campo recién llovido.

¡Ay qué tránsito el de sus noches trem0lantes como las banderas en los estadios!

Escucha Escucha Escucha

el agua que gotea en los lavatorios, en las gradas que invade un resbaloso y maloliente verdín.
Nada hay sino una sombra, una tibia y espesa sombra que todo lo cubre.

Sobre esas losas -cuando el mediodía siembre de monedas el mugriento piso-
su cuerpo inmenso y blanco sabrá moverse dócil para las lides del tálamo y conocedor
de los más variados caminos. El agua lavará la impureza y renovará las fuentes del deseo.

Escucha Escucha Escucha

la incansable viajera, ella abre las ventanas y aspira el aire queviene de la calle. Un desocupado
la silba desde la acera del frente y ella estremece sus flancos en respuesta al incógnito llamado.


II

De la ortiga al granizo
del granizo al terciopelo
del terciopelo a los orinales
de los orinales al río
del río a las amargas algas
de las algas amargas a la ortiga
de la ortiga al granizo,
del granizo al terciopelo
del terciopelo al hotel

Escucha Escucha Escucha

la oración matinal de la inquilina
su grito que recorre los pasillos
y despierta despavoridos a los durmientes,
el grito del "204"
¡Señor, Señor, por qué me has abandonado!

De "Los elementos del desastre"







Ciudad

Un llanto
un llanto de mujer
interminable,
sosegado,
casi tranquilo.
En la noche, un llanto de mujer me ha despertado.
Primero un ruido de cerradura,
después unos pies que vacilan
y luego, de pronto, el llanto.
Suspiros intermitentes
como caídos de un agua interior,
densa,
imperiosa,
inagotable,
como esclusa que acumula y libera sus aguas
o como hélice secreta
que detiene y reanuda su trabajo
trasegando el blanco tiempo de la noche.
Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto,
hasta los solares donde se amontonan las basuras,
bajo las cúpulas de los hospitales,
sobre las terrazas del verano,
en las discretas celdas de la prostitución,
en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,
con el tibio vaho de ciertas cocinas militares,
en las medallas que reposan en joyeros de teca,
un llanto de mujer que ha llorado largamente
en el cuarto vecino,
por todos los que cavan su tumba en el sueño,
por los que vigilan la mina del tiempo,
por mí que lo escucho
sin conocer otra cosa
que su frágil rodar por la intemperie
persiguiendo las calladas arenas del alba.

De "Los trabajos perdidos"







Diez Lieder

V. Desciendes por el río...

Desciendes por el río.
La barca se abre paso
entre los juncos.
El golpe en la orilla
anuncia el término del viaje.
Bien es que recuerdes
que allí esperé,
vanamente,
sin pausa ni sueño.
Allí esperé,
tiempo suspendido
gastando su abolida materia.
Inútil la espera,
inútiles el viaje
y el navío.
Sólo existieron
el áspero vacío,
en la improbable vida
que se nutre
de la estéril materia
de otros años.

* * * * *

VI. En alguna corte perdida...

En alguna corte perdida,
tu nombre,
tu cuerpo vasto y blanco
entre dormidos guerreros.
En alguna corte perdida,
la red de tus sueños
meciendo palmeras,
barriendo terrazas,
limpiando el cielo.
En alguna corte perdida,
el silencio
de tu rostro antiguo.
¡Ay, dónde la corte!
En cuál de las esquinas del tiempo,
del precario tiempo
que se me va dando
inútil y ajeno.
En alguna corte perdida
tus palabras
decidiendo,
asombrando,
cerniendo
el destino de los mejores.
En la noche de los bosques
los zorros buscan
tu rostro. En el cristal
de las ventanas
el vaho de su anhelo.
Así mis sueños
contra un presente
más que imposible
innecesario.

* * * * *

VII. Giran, giran...

Giran, giran,
los halcones
y en el vasto cielo
al aire de sus alas dan altura.
Alzas el rostro,
sigues su vuelo
y en tu cuello
nace un azul delta sin salida.
¡Ay, lejana!
Ausente siempre.
Gira, halcón, gira;
lo que dure tu vuelo
durará este sueño en otra vida.

* * * * *

VIII. Lied de la noche

La nuit vient sur un char conduit par le silence.
La Fontaine

Y, de repente,
llega la noche
como un aceite
de silencio y pena.
A su corriente me rindo
armado apenas
con la precaria red
de truncados recuerdos y nostalgias
que siguen insistiendo
en recobrar el perdido
territorio de su reino.
Como ebrios anzuelos
giran en la noche
nombres, quintas,
ciertas esquinas y plazas,
alcobas de la infancia,
rostros del colegio,
potreros, ríos
y muchachas
giran en vano
en el fresco silencio de la noche
y nadie acude a su reclamo.
Quebrantado y vencido
me rescatan los primeros
ruidos del alba,
cotidianos e insípidos
como la rutina de los días
que no serán ya
la febril primavera
que un día nos prometimos.


* * * * *

IX. Lied marino

Vine a llamarte
a los acantilados.
Lancé tu nombre
y sólo el mar me respondió
desde la leche instantánea
y voraz de sus espumas.
Por el desorden recurrente
de las aguas cruza tu nombre
como un pez que se debate y huye
hacia la vasta lejanía.
Hacia un horizonte
de menta y sombra,
viaja tu nombre
rodando por el mar del verano.
Con la noche que llega
regresan la soledad y su cortejo
de sueños funerales.







El deseo

Hay que inventar una nueva soledad para el deseo. Una vasta soledad de delgadas orillas
en donde se extienda a sus anchas el ronco sonido del deseo. Abramos de nuevo todas las
venas del placer. Que salten los altos surtidores no importa hacia dónde.
Nada se ha hecho aún. Cuando teníamos algo andado, alguien se detuvo en el camino para ordenar sus vestiduras y todos se detuvieron tras él. Sigamos la marcha. Hay cauces secos
en donde pueden viajar aún aguas magníficas.
Recordad las bestias de que hablábamos. Ellas pueden ayudarnos antes de que sea tarde
y torne la charanga a enturbiar el cielo con su música estridente.

De "Primeros poemas" 1948-1952







La orquesta
1
La primera luz se enciende en el segundo piso de un café. Un
sirviente sube a cambiarse de ropas. Su voz gasta los tejados y en
su grasiento delantal trae la noche fría y estrellada.

2
Aparte en un tarro de especias vacío, guarda un mechón de pelo.
Un espeso y oscuro cadejo de color indefinido como el humo de los trenes
cuando se pierde entre los eucaliptos.

3
Vestido de amianto y terciopelo, recorrió la ciudad. Era el pavor disfrazado
de tendero suburbano. Cuántas historias se tejieron alrededor de sus palabras
con un sabor de antaño como las nieves del poeta.

4
Así a primera vista, no ofrecía belleza alguna. Pero detrás de un cuerpo
temblaba una llama azul que arrastraba el deseo, como arrastran ciertos ríos
metales imaginarios.

5
Otra luz vino a sumarse a la primera. Una voz agria la apagó como se mata
un insecto. A dos pasos de allí, el viento golpeaba ciegas hojas contra ciegas estatuas.
Paz del estanque. ..luz opalina de los gimnasios.

6
Sordo peso del corazón. Tenue gemido de un árbol. Ojos llorosos limpiados furtivamente
en el lavaplatos, mientras el patrón atiende a los clientes con la sonrisa sucia de todos los días.
Penas de mujer.

7
En las aceras, el musgo dócil y las piernas con manchas aceitosas de barro milenario.
En las aceras, la fe perdida como una moneda o como una colilla. Mercancías.
Cáscara débil del hollín.

8
Polvo suave en la oreja donde brilla una argolla de pirata. Sed y miel de las telas.
Los maniquíes calculan la edad de los viandantes y un hondo, innominado deseo surge
de sus pechos de cartón. Mugido clangoroso de una calle vacía. Rocío.

9
Como un loco planeta de liquen, anhela la firme baranda del colegio con su campana
y el fresco olor de los laboratorios. Ruido de las duchas contra las espaldas dormidas.
Una mujer pasa y deja su perfume de cebra y poleo. Los jefes de la tribu se congregaron después de la última clase
y celebran el sacrificio.

10
Una vida perdida en vanos intentos por hallar un olor o una casa. Un vendedor ambulante
que insiste hasta cuando oye el último tranvía. Un cuerpo ofrecido en gesto furtivo y ansioso.
Y el fin, después, cuando comienza a edificarse la morada o se entibia el lecho de ásperas cobijas.

De "Los elementos del desastre"







Letanía

Esta era la letanía recitada por el gaviero mientras se bañaba
las torrenteras del delta:

Agonía de los oscuros
recoge tus frutos.
Miedo de los mayores
disuelve la esperanza.
Ansia de los débiles
mitiga tus ramas.
Agua de los muertos
mide tu cauce.
Campana de las minas
modera tus voces.
Orgullo del deseo
olvida tus dones.
Herencia de los fuertes
rinde tus armas.
Llanto de las olvidadas
rescata tus frutos.
Y así seguía indefinidamente mientras el ruido de las aguas
ahogaba su voz y la tarde refrescaba sus carnes laceradas por
los oficios más variados y oscuros.

Extraído de ciertas visiones memorables de Maqroll El Gaviero
de la Obra poética.






Nocturno

La fiebre atrae el canto de un pájaro andrógino
y abre caminos a un placer insaciable
que se ramifica y cruza el cuerpo de la tierra.
¡Oh el infructuoso navegar alrededor de las islas
f donde las mujeres ofrecen al viajero
la fresca balanza de sus senos
y una extensión de terror en las caderas!
La piel pálida y tersa del día
cae como la cáscara de un fruto infame.
La fiebre atrae el canto de los resumideros
donde el agua atropella los desperdicios.

De "Los elementos del desastre"







Nocturno 2

Respira la noche,
bate sus claros espacios,
sus criaturas en menudos ruidos,
en el crujido leve de las maderas,
se traicionan.
Renueva la noche
cierta semilla oculta
en la mina feroz que nos sostiene.
Con su leche letal
nos alimenta
una vida que se prolonga
más allá de todo matinal despertar
en las orillas del mundo.
La noche que respira
nuestro pausado aliento de vencidos
nos preserva y protege
"para más altos destinos".

De "Los trabajos perdidos"







Nocturno 3

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el zinc de los tejados
canta su presencia y me aleja del sueño
hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
en la noche fresquísima que chorrea
por entre la bóveda de los cafetos
y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.

De "Los trabajos perdidos"







Dos poemas

1. Si oyes correr el agua

Si oyes correr el agua en las acequias,
su manso sueño pasar entre penumbras y musgos,
con el apagado sonido de algo
que tiende a demorarse en la sombra vegetal.
Si tienes suerte y preservas ese instante
con el temblor de los helechos que no cesa,
con el atónito limo que se debate
en el cauce inmutable y siempre en viaje.
Si tienes la paciencia del guijarro,
su voz callada, su gris acento sin aristas,
y aguardas hasta que la luz haga su entrada,
es bueno que sepas que allí van a llamarte
con un nombre nunca antes pronunciado.
Toda la ardua armonía del mundo
es probable que entonces te sea revelada,
pero sólo por esta vez.
¿Sabrás, acaso, descifrarla en el rumor del agua
que se evade sin remedio y para siempre?

2. Como espadas en desorden

Mínimo Homenaje a Stéphane Mallarmé

Como espadas en desorden
la luz recorre los campos.
Islas de sombra se desvanecen
e intentan, en vano, sobrevivir más lejos.
Allí, de nuevo, las alcanza el fulgor
del mediodía que ordena sus huestes
y establece sus dominios.
El hombre nada sabe de estos callados combates.
Su vocación de penumbra, su costumbre de olvido,
sus hábitos, en fin, y sus lacerías,
le niegan el goce de esa fiesta imprevista
que sucede por caprichoso designio
de quienes, en lo alto, lanzan los mudos dados
cuya cifra jamás conoceremos.
Los sabios, entretanto, predican la conformidad.
Sólo los dioses saben que esta virtud incierta
es otro vano intento de abolir el azar.

De "Poemas dispersos"







Sonata

Otra vez el tiempo te ha traído
al cerco de mis sueños funerales.
Tu piel, cierta humedad salina,
tus ojos asombrados de otros días,
con tu voz han venido, con tu pelo.
El tiempo, muchacha, que trabaja
como loba que entierra a sus cachorros
como óxido en las armas de caza,
como alga en la quilla del navío,
como lengua que lame la sal de los dormidos,
como el aire que sube de las minas,
cono tren en la noche de las páramos.
De su opaco trabajo nos nutrimos
como pan de cristiano o rancia carne
que enjuta la fiebre de los ghettos
a la sombra del tiempo, amiga mía,
un agua mansa de acequia me devuelve
lo que guardo de ti para ayudarme
a llegar hasta el fin de cada día.

De "Los trabajos perdidos"







Sonata 2

Por los árboles quemados después de la tormenta.
Por las lodosas aguas del delta.
Por lo que hay de persistente en cada día.
Por el alba de las oraciones.
Por lo que tienen ciertas hojas
en sus venas color de agua
profunda y en sombra.
Por el recuerdo de esa breve felicidad
ya olvidada
y que fuera alimento de tantos años sin nombre.
Por tu voz de ronca madreperla.
Por tus noches por las que pasa la vida
en un galope de sangre y sueño
Por lo que eres ahora para mí.
Por lo que serás en el desorden de la muerte.
Por eso te guardo a mi lado
como la sombra de una ilusoria esperanza.

De "Los trabajos perdidos"

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