Ramón Dachs (Barcelona, 1959). Ejerce actualmente como actualmente bibliotecario documentalista especializado en Humanidades en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona ha publicado entre otros: Obagues ( 1985), Fosca endis- (1993), Vacant ( 1995), Llibre d´amiga ( 1998), Cima branca ( 1995), Quadern rimbaldià o La intertextualitat generativa ( 1996) y Blanc ( 1998). Además ha traducido Cent un juejus de Xina Tang ( 1997) en colaboración con la sinóloga y traductora Anne-Hélêne Suárez. Poemes mínims apareció en 1995, y fue posteriormente traducido al castellano.
Te presentamos ahora una selección de Poemas mínimos de Ramón Dachs, el poeta que revolucionó la red con la creación de Interminims de navegación poética, un conjunto de poemas muy breves en línea, que siguen el principio básico del hipertexto, basado en la capacidad de asociación de ideas a través de los hiperenlaces que permiten una tercera dimensión a la escritura. El lector puede completar las composiciones con múltiples variables a las que puede acceder a través de la navegación. De este modo esa “música callada”, que es la poesía, se adentra en cada lector, permitiéndole imprimir una voz personal e íntima. Dachs consigue ese poema infinito del que hablaba Borges, puesto que los poemas se vinculan con otros, desplegando interconexiones e invitando al lector a completar sus sentidos. El éxito de su apuesta fue tal, que Dahs no se quedó ahí y ha conseguido que se impliquen asociaciones, medios, publicaciones, universidades hasta conformar en “esa aldea global” que es Internet, un hipertexto integral donde se simultanean diversas lenguas: el francés, el inglés, el castellano, el gallego y el castellano.
Se trata pues de toda una revolución sin precedentes en la historia de la poesía, aunque no haya sido la única, otras innovaciones como la escritura geométrica y fractal, inventada también por él; la poesía holográfica del brasileño Eduardo Kac o las creaciones intermedia del artista gallego Antón Reixa, han mostrado el apogeo de la poesía, ese género literario que en otros tiempos parecía la pariente pobre de la literatura. Ante todas estas innovaciones el lector de poesía y el poeta se siente pletórico, porque ya nadie dice aquello de “malos tiempos para la lírica”. Todas estas innovaciones muestran que la poesía no se amilana ante las nuevas tecnologías, ella siempre indaga nuevos medios de expresión; al fin y al cabo y pese a que hayan habido momentos de mayor o menor auge, el poeta, el buen poeta, siempre ha mantenido la aljibe de respuestas lleno, y ha hallado las preguntas.
Los textos que figuran a continuación pertenecen a la edición en castellano de esos Poemas mínimos. En ellos, el poeta percibe la luminosidad de las palabras, porque el poema emerge con energía en busca de su esencia. Según su propia autor, el poeta, el mismo, siente el fogonazo de algunas de las imágenes que aparecen en el poema con más intensidad que otras, y ese fogonazo multiplica un haz de resonancias inmediata, haciendo que olvide el resto de la composición. Gracias a estos versos (en ocasiones sólo tres versos y a veces incluso únicamente tres palabras) el autor filtra su emoción más íntima y plena. Los eternos temas (el amor, la naturaleza, la búsqueda de plenitud) se condensan, invitándonos a completar su significado, con todo un haz de resonancias que permanece oculto.
Aunque se ha hablado de la resonancia oriental de estos poemas ( Matsuo Bashô y la tradición japonesa), estos poemas son un ejemplo viviente de cómo pueden forjarse las palabras de todos esos maestros, pero no sólo los orientales, también Pound, Guiuseppe Ungaretti, Eugenio de Andrade, Juan Ramón Jiménez, Mallarmé; todos los que han buscado la esencia de la palabra poética resuenan aquí, todos y cada uno de ellos han forjado hitos, han abierto camino; sus voces no se han apagado, siguen ahí, siguen presentes en los nuevos maestros, en los nuevos poetas, y qué duda cabe que en Dachs, se asoman de puntillas y nos abrazan.
Aquí, una muestra de sus Poemes mínims (Plaza & Janés Editores, 1998), traducidos por Anne-Héléne Suárez.
a flor de agua y de luz
el arquero del alba
tensa un hilo de luna
alba perlada
tarde sedosa
noche labial
bajo los astros
lucen humildes
luciernaguitas
baten gotas
besos
hojas caen
breves
blanquecinos
despeinados
curvos tallos
enredados
con la escarcha
cielo y mar se funden por la tarde
en turquesa tenue evanescente
cual neblina acuosa de mañana
cuerpo con cuerpo
frágil
pacto desnudo
deambular de extraños
a la deriva y solos
hasta agotar sus días
gorrión
de piedra a teja
a rama
vuelo
desnudez expuesta
como flor abierta
a los cuatro vientos
distendida calma
que nutre un disturbio
de efluvios carnales
periplo rojo
el sol se apea
del horizonte
sin barandilla
hileras de cipreses
atisban el final
pestañas de la muerte
horror de seguir vivo
los ojos escrutando
perplejos por doquier
la muerte, noche inmensa
apaga alguna vez
minúsculas luciérnagas
la tierra atrae al cielo
trenzándose las aguas
con los pezones blancos
deseo
mil alas locas dislocadas
arco iris
oficio cristalino
solemne
liturgia de la luz
curso fluvial
presentimiento
itinerante
de la sal
se exhibe el alba
ardiente y seductora
cortesana del oriente
cabalgando sin reposo
la erección solar
a rienda suelta
inerte orilla
sobre la arena
el mar respira
porosamente
escarcha
sollozo
de sauce
en el césped
vacío
purpúreo
la noche
cascada
de luz
el alba
adagio
vive hoy
el día
fugitivo
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