sábado, 2 de octubre de 2010

1343.- JUANO VILLAFAÑE


JUANO VILLAFAÑE nació en Quito, Ecuador, en 1952. Reside en Buenos Aires, Argentina, desde 1955. Fue cofundador de las revistas de literatura Tientos y Diferencias (1979) y Mascaró (1983). En poesía ha publicado Poemas Anteriores, 1982; Visión Retrospectiva de la Botella, 1987; Una Leona Entra en el Mar, 2000 y 2005. En un aparte de su ensayo Al galope se busca un poema infinito, afirma Jesús David Curbelo refiriéndose a Una Leona Entra en el Mar,: “…Desde los primeros poemas, breves, coloquiales, pero de un coloquialismo lírico, el poeta apunta algunas de las direcciones fundamentales de sus búsquedas: el amor —lo mismo en su variante sentimental que erótica, igual a la hembra que al país, a la familia que a la memoria como forma de salvación, de perpetuidad del individuo— y la preocupación social, política, expresada en todo momento a partir de la vivencia interior, emotiva, en que se fusionan hombre, historia y poesía como una unidad indisoluble. Aparecen, asimismo, ciertas obsesiones simbólicas —los caballos, el mar, la lluvia, el acto de beber, el sueño, la música, el baile— que se irán reiterando a lo largo de los otros cuadernos en una espiral ascendente, en una ampliación de su abanico de significados que hace cada vez más sugerente la polisemia y dota al texto en sí y al libro en general de nuevas resonancias…” Hay en sus poemarios un sabio manejo de lo que Leo Spitzer denominara “enumeración caótica”, presente en las voces de muchos poetas latinoamericanos como Huidobro, Borges, Neruda, Paz, y que en Villafañe cumple el papel de brindarnos a veces insólitas asociaciones metafísicas y simbólicas, enriquecedoras del discurso y de la atmósfera tropológica de los poemas.


ÚLTIMO APRENDIZAJE

Con mi padre aprendí que antes de morir hay que encontrar a la madre.
Con mi madre,
que uno se muere sin padre y sin madre.

En el ramo vive el jardín y en su fondo se fija el otro ramo.
Con la pérdida se acrecientan los ramos y los fondos del ramo.
Pero ya nadie levanta el jardín con las manos, sólo se desea la entrega y se ofrece su fondo.
Nadie levanta un jardín, por eso estamos llenos de fondos y de ramos.
Es imposible levantar un jardín, como exceso nos rodean sus habitantes, su perfume y su fondo.
Uno va solo a la cita con su ramo de espera y uno espera levantarla.
Ella espera el ramo, su primer perfume.

A mi madre la subí con su ropa de teatro.
Es imposible levantar un jardín.






SEGUNDA ESTADÍA

Era como un país en el infierno
Con familiares que te retiraban a una estadía de campo.
En los jardines y en las miradas de luz sobre los ojos.

En los felinos de caza y la casa de felinos.
Una actuación, una marca de mundo y su registro
en espadas cruzadas por el honor perdido, en la puerta entreabierta
en la huida, el vidrio roto por donde penetraba el frío, lo elemental, el nocturno y el aviso: ingresa la visita, los reflejos, la familia.
Será así sobre la vuelta, en la segunda, en la que no ha sido buena y se repite siempre,
por otra vez, en su destino que está sobre la vuelta,
con los felinos paseando por el parque.

Es un destino con un país de infierno
donde se huye sobre un espejo roto, y rota el alma, el frío extendido.
Nadie te despide ahora
ni viajan antes para llegar mañana.
Es la segunda, donde todo se ha roto, donde ya nada es bueno, ni hay partes para luego.
Pero qué pena, si el parque es tan inmenso, la casa hermosa y la familia ha muerto.

Cuando volví a verte, aún los animales paseaban.






Y QUE LA MUJER NO SEA LA PATRIA

Me amabas
¿o golpeabas seca en los bordes de la República?
Dura, perdida
Como quien dice
“hay dolor debajo del tiempo
de un infinito tiempo en el dolor del tiempo”

Dura, perdida
¿Qué dijeron de ti?
Que te has dejado caer
que te has dado como vacía
y vacías a los últimos
a las víctimas que has perdido
a los perdidos:
al tapado, la brisa fresca, la calle y la revuelta.
¿Y no habrás perdido la calle?
O lo que se dice de los paseos infinitos con la tarde en la altura
de las altas y construidas casas de los obreros ferroviarios. ¿Me amas?
O ya has armado el otro que fuma
tanto como lo hice en el aire limpio
aún por dicha perdida y golpe de humo.
Vacío de un límite de luz.
Vaho, tabaco, brisa de mar.
Todo en una ciudad blanca con un parque y una puerta.



Extraídos de la Revista de Poesía PROMETEO, nos. 81-82, 2008.

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Poemas de: DECONSTRUCCIÓN DE LA MAÑANA
Juano Villafañe
Buenos Aires, Atuel, 2006




SIEMPRE HABRA UN LUGAR PARA UNA CHICA TRAVIESA COMO TU

Siempre habrá un lugar para una chica traviesa como tú.
Un lugar que me golpee sobre la nuca,
rodeada de manzanas
de amantes y de flores.
Siempre habrá un rodeo que atraviese como tú la otra perspectiva: el tiempo y el mundo.
Con tu ropa de viaje, la belleza y los golpes en el sillón rojo.
Siempre se atraviesa como tú y das cuenta del error y los espantos del parque nocturno o la calle, del día sin tráfico, sin una travesía para la otra semana, en los hábiles,
o en el juego de una retrospectiva que proyecta el espejo.
(Es un ida y vuelta lo que envuelve el reflejo que se da sobre sí para vernos sin habernos ido.)
Por eso siempre habrá un lugar para una chica traviesa como tú.
Siempre habrá un ocultamiento de la luz en el día, para que no se note la trampa ni el espejo.
Siempre habrá un sitio para ti, un invento, un resumen, un animal en el campo con un viaje que atraviesa el hogar.
Siempre recibirás la fruta con su estancia de muerte. Es el alcohol y el viaje lo que nos demora, no es el día que viste, ni mi cuerpo, lo que te preocupa ahora con el juego.

(Siempre habrá una chica que atreviese como tú las marcas que habíamos acordado.)

Hay otra perspectiva, hay otra edad con otro laberinto.
Ya no es tu perfume, ni la naturaleza la que ha caído de nuevo sobre el sillón rojo,
ni es tu vestido
ni las manzanas rodeadas por amantes.
Hay otro juego, hay otra edad con otros laberintos.

Siempre, habrá un lugar para una chica traviesa como tú.





LA ESCENA CONTEMPORANEA

En un inmenso mar de fuego se ha perdido la dicha.
En tu calendario arden sólo días de conquista y se muere de frente.
Eran todos los árboles en la tormenta.
Todo caía desde un cielo de vapor y humedad de mundo.
No eran el tumulto ni la gloria, ni una piedra dormida luego de correr el agua.
No eran así, ni la felicidad ni el olvido.
Rodeada de hojas te dejabas ver en la ventana que ilumina el parque profundo,
la noche sin mar
el invierno sin fuego.
Otro calendario vive sin quemarse.
Viven los días que se esparcen en la arena,
con infinitos caballos que regresan del frente.





CONTIGO BAILARIA UNA PIEZA LENTA

Contigo bailaría una pieza lenta
Daría un paso
Una habilidad de mundo con recortes y alientos que se noten.
Daría la vuelta, la visita al frío de un ventanal donde se huye otra vez de aquella música que me colocaste a la mañana.
Con la pieza lenta que recorta el espacio, la edad de uno y el tiempo perdido.
Y bailaría lo lento con su forma: al giro dado, al paso de dos, la vida corta.
Bailaría lento contigo la pieza que se oblicua, que se inclina hacia el paso, al pasadizo, a los hoteles, los pasillos, los pasados.
No iría con mis pasos hacia ninguna parte, iría hacia la ida que provoca la vuelta.
Ya no hay tiempo para olvidar pasillos sobre los pasos cortos que van hacia la pieza.
Bailaría lento como decir: se escucha la música de calle, la visita y el humo que florece.
Entraría como se dice juntos sobre la misma pieza, en el mismo piso que se baila,
en la misma sala, en la misma madera que se pisa.
Lo contigo, lo lento es un decir.
Se canta con el cuerpo
Se ama con la ronda baja.





CON LAS PATRIAS DE ADENTRO

Como esos últimos caballos de un ejército
mal cansado
sobre el vendaval y su gesta
regreso nuevamente
sobre la mañana y la República
con los justos y los fuertes
cabalgando en los desiertos de una pampa
con salvajes adorados por el silbo de los pájaros sobre las alambradas
y el resplandor de esqueletos esperando en la oscuridad.
“Volveremos otra vez a la llanura
a los nuestros
a los que vigilan los montes, rodean las ciudades y las autopistas”.
Se sienten en los ruidos y en la calma,
en la vuelta del devorado
en los siglos.
Todo es una modernidad inconclusa, una alambrada sobre rutas finales.
Montamos otra vez,
para volver al cuchillo
a los malones.



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