jueves, 26 de agosto de 2010

675.- ZWETELINA DAMJANOVA


ZWETELINA DAMJANOVA nació en Sofía, Bulgaria y desde
1987 vive en Viena, donde se desempeña como escritora,
traductora y pintora. En 2008 terminó sus estudios
de Románicas y Literatura Comparada en la Universidad
de Viena.
Ha dado numerosos recitales de poesía en Austria,
Alemania y Suiza, así como en la Radio Nacional de Sofía,
Radio RFI Sofía y en Radio Rosario, de Argentina.
Ha sido galardonada con el Primer Premio de Poesía
del certamen "Schreiben zwischen den Kulturen '98"
(Escribir entre Culturas), con el Primer Premio del
certamen de literatura juvenil Berlín 2002 „Jugend
Literaturwettbewerbes Berlin“, y con el Tercer Premio de
Poesía del concurso internacional de Poesía y Prosa
"Nuevo Ser“ de Buenos
Aires en 2004. En 2006 el Ministerio de Cultura de
Austria le concedió una beca para la creación literaria.
Sus poemas han aparecido en numerosas antologías
y revistas literarias de Viena, Graz, Ciudad de México
y BuenosAires. Zwetelina Damjanova escribe en las
tres lenguas en las que se ha criado: búlgaro, alemán
y español.






En la boca


II


Mis dedos enloquecidos y líquidos
Descorren en tu piel, ríos condenados
Y liman y chupan tu paisaje, avanzan
En los espacios más íntimos,
Animales feroces, sin saciarse pueblan
Los cuartos de tu cuerpo.
Finalmente cesan sus alaridos, se esfuman antes
De que abras los ojos, sus huellas en tus piernas húmedas,
En tu aliento saltante.





III


Habitas mi alma
como el sol habita
la naturaleza
y también de noche
desprende su calor y su aliento
en la boca de cada ser.





IV

LOS TIEMPOS DEL DÍA

Cada mañana me despierto
con mi cuerpo ardiente
sufriendo la distancia
deseando tus manos,
dos pájaros entre mis piernas,
tus olores, fuente y río en
mi boca,
tu pecho que acumula mi aliento.
La luz del día invita a soñar
con tus frases que caen en las
sábanas y me revelan los senderos
de tu placer.
Viene el mediodía mis deseos son
la fuente encerrada en una
cáscara de nuez.
La noche viene solo para desatar
de nuevo el sufrimiento tan dulce, tan tuyo,
para soñar y desear de nuevo tus manos,
dos pájaros en su nido





V


Tu brazo de sabores
Tu brazo de ritmo
Tu brazo ajeno
enroscándose a mi cintura
en color oscuro
que suelta y recoge al mismo tiempo
La parte tuya en mí
La parte que me acerca
La parte de tu físico que conozco
apartándome un poco
para poder ver mejor
que me fundes en la piel de
Tu brazo en su
corriente escondida
en la continuación de
Tu brazo
que soy yo entera






VI


Tela en los ojos
para vendar la madrugada caída en tu interior
para yo ser no más que
táctil y sonora y no más


Cuerda en las muñecas que ata
y desata secretos, atado el cuerpo
libertando sugestiones
pronunciadas, los suspiros
rodeando y más vueltas y
llenan el lecho del preso,
hasta ahogar las ataduras
en su corriente


Fruto en la
fruta espira las vidas en la
piel impregnándola de carnes
pecho contra pecho





VII

LA CENA

Mi boca cae gota a gota y
abraza en un Mar Negro
Las primeras caídas de mi sangre
en tus dientes que me prometen
que he esperado
que me revelan prieta
Tanto y tanto
chorrea la huella transparente
de tu centro y
gotea en mis vasos desbaratados
En el fondo del pecho inundado
flotan las frases, lenguas incompletas
Tu barco, piel de madera, recibe
mis alteraciones, alzamientos
encuentran su lugar
Las oleadas comen el barco
beben las voces
gota por gota
transparentes y negras





VIII


Te pareces a mi tierra
en tus cuevas profundas
los movimientos del mar
brindan con las rocas de tus huesos
en la orilla la arena sombría
enmarca tus párpados
y desde allí trepan
tus cabellos ondulados
en colinas suaves altas y bajas
hechas del suelo en el que
crece mi ayer
crecen las horas caídas
y retoñan ideas compuestas
de las substancias más mías
tan familiares casi como lo son
tus cabellos tu iris y los surcos
rodeando tus orbitas
acunas en tu rostro el color de mis aguas





IX


Bebe el vino cuidadosamente
gózalo
en cada trago estoy
me extiendo en los pliegues húmedos
de tu boca
en tu garganta me deslizo
abriendo el rumbo hacia
las profundidades de tu estomago
soy tan vino como parte de ti
de tus suspiros cuando te relaja
soy tu sentido cuando saboreas su
olor y su cuerpo
Cuidadosamente
gózalo
me bebes a mí







XI


Tan silencioso es el amor que te tengo hoy
La voz en trizas en el primer intento hacia ti
Transparente y reflejando se recuesta el amor que te tengo
En mi cama desconocida
Y un canto agudo aloja mi oreja mi ombligo
Me habita un desconocido
Como el habitante habita su ciudad








POEMAS ESCRITOS DIRECTAMENTE EN ESPAÑOL
POR ZWETELINA DAMJANOVA




Chacarera

¡Bueno, querido!
Con unos gritos, con un bandoneón
y la guitarra me voy acercando a tu lado,
tu brazo marrón, grueso
y sabio, acercando tu mano
gigante, llena de pecas, de tierra
y pasto.
Llegué. ¡Me siento
contigo en la mesa
y vamos a celebrar el choclo, cremoso, caliente
y amarillo como nuestros corazones, celebrando
la carne suave, jugosa entre tus labios
y mis piernas, vamos!
El vaso de vino
lo tenemos en el pecho,
vino con agua, agua con tu sangre,
mi sangre.
Dos costillas, un mordisco,
una cereza,
dos pasos adelante, un paso atrás,
una vuelta, se acaba.
¡Bueno, vamos!



¡Córdoba!

Tus caminos sobreviven
entre ojos y labios.
Tu vino ajeno, dulce, amargo
se cae,
lluvia de una.
¿Cómo hablas
a tu gente,
Córdoba?
Paisaje de mil lenguas
y una boca.
El bolso
de tu traje tradicional
está habitado
por un río, un mordisco de queso
y el olor a cebolla asada.
En una esquina espera
tu mujer, y en su cara
tiene todo un mundo.
¡Córdoba!
Me dejaste tocar
tus palmas de rocas y luna joven
me dejaste tocar tus caminos.

10/XII/2002



Despedida de una ciudad

Te caes
gota con alas
en mi hoja latiendo
y estallas en una bandada
de golondrinas
que se juntan este día
marchitado de mi verano
en la fila del tiempo
para buscar el sueño tranquilo
del sur.

Mis raíces dolorosas
se entierran
en los sonidos ajenos
y en el color
aquel que mis ojos
aprendieron a amar.

Te caes en mi hoja
para remontar tu vuelo
al cielo de mi añoranza.
En una mano tengo
la brújula
en la otra mis labios
y el beso,
un beso de tierra y humo,
aliento y peces.

Buenos Aires, 14/VIII/2002





Día de la primavera

Paseando por la calle
veo a un hombre acercándose,
no tiene cara ni ojos,
pero lleva en una mano
un árbol
en la otra mano
tiene mi corazón.
Sorprendida espero que su cabeza
me dé una palabra,
una señal,
pero escucho solamente
sus pasos en el polvo.
Le pregunto murmurando,
él me responde:
"Voy a poner, hoy, día de la primavera,
este árbol en la ventana
de tu dormitorio,
donde entran los animales,
los niños, las raíces del sol,
donde se caen los gritos
de tu niñez, de las horas
femeninas,
donde botas
los dedos que sangran
y las frases que lloran.
Voy a darle a tu corazón
la bola de cristal, los olores
de los condimentos que tú abandonaste.
Lo voy a regresar a los lugares
donde dejaste atrás una hoja, alguna palabra,
donde acostaste tus ojos.
Para tu corazón haré
un nido de yerba y fruta,
de agua y lengua".
El hombre sigue su camino,
lo miro.
Dónde será mi dormitorio,
dónde el lugar de un nido
para el pedazo de un mundo tan ajeno,
tan liviano,
que se nota que se está ahogando.

21/III/2003





El hombre que yo quiero, II

Hombre de tierra y trigo,
¿dónde te perdí?
¿Entre las fisuras de rocas marinas,
entre las plantas
alzándose de mis ojos ardientes?

Otra vez tu brazo, oscuro,
brillante, noche
sobre el sur doloroso.
Otra vez tus labios,
labios de hombres eternos.

Amante mío, que vive
en el cuadro cerca de mi cama,
en los pastelitos que cocino,
que vive en mis dedos, en mi espalda,
mi melancolía.

Oiga mi llanto, llanto
de mil animales,
de un pajaro que conoció
tu piel, que estira sus alas
para darte casa.

Mis palabras no encuentran
sus nidos en tu pecho,
mis versos eluden tu calle.
Soy una niña frente a tu puerta,
sin voz, pero con un veneno,
dulce como el pan tierno.

Entrégate, te amaré en el color amarillo,
te mataré con la luz
de un día de invierno,
te sepultaré en el mar mío
con un canto búlgaro.

24/IX/2003





¡Entra!

Mis ojos son la puerta
abierta,
mi casa será tu tarima,
mi pelo tu cielo.
¡Entra, no me dejes
sufrir más al canto
que se repite como un salto
en mi corazón!
Mi abrazo es el mar
de la distancia.
Hoy, por primera vez,
te voy a llevar
al jardín del duende.
Las sombras toman asiento.
Tú apareces
entre mis rincones.

Simeonovo, 11/XII/2002






Entre mis piernas
está el vaso lleno
de pétalos,
con color de fruta
y piel
con sabor de soledad
y llamadas.
Amado mío,
junta tus palabras
en la imagen
de madre, de hija,
de nena dulce,
de puta hermosa.

Imagen con gotas de ron,
con fragancia de palta
y choclo.
Quiero hervir los pétalos
en tu boca
y tragar
el verde, el amarillo, el marrón,
y ardiente contenido
de tus cuentos.

7/V/2002



Iguazú y Paraná

En tu pecho desemboca un río
misterioso
con corazón de infierno y sol
con aguas de una tierra negra,
de palabras coloradas.

Los dedos de tus manos,
manos de niño bien,
de gitano, de amante blanco,
tus dedos tienen los nombres
de colegiales en una clase,
me llaman, me miran
los quiero proteger
del próximo día, de aquel momento.
Tienes manos de mariposa,
no soportarán mis lágrimas
y las salvo hasta de las miradas
con sabor de marmelada.

Tomo el barco
tengo mis alas en la valija.
No conozco este paso, esta figura
mis alas crujen bajo la tela,
suave, suenan a la canción
de seda y las aguas de tu río
mis alas cantan con la voz
de tu palpitación.

30/VIII/2002





El hombre que yo quiero

No tiene que ser un hombre perfecto.
Sus piernas son velas
que se apagan y prenden
con el viento del oeste.
En la oscuridad
me parecen alas de animales temibles.

Su altura es una idea profunda
o dos versos demasiado líricos
o a veces, es cuando más me gusta,
el jugo de un dulce árabe.

Su pecho es un prado
donde mis caricias se acuestan
a dormir sus sueños
de ilusión y verdad
donde el mundo encuentra un exilio
y donde ni el océano ni el cielo
nos podrían descubrir.

Su voz me lleva con él
dondequiera que sea.
Me muestra el lugar del cumplimiento.
Me suena a candela
de una canción, o a tambores extraños,
o a alaridos.

Me gusta cuando me suena familiar,
o cuando me suena ajena,
como si la escuchara por primera vez.

Su acercamiento es un plato
lleno de trocitos picantes,
y de manzana caramelizada,
de chocolate líquido
de granos de café.
Los granos de café
sobrepasan mis ojos,
son lágrimas fragantes.

Mi hombre no tiene que ser perfecto.
Él me gusta
como me gusta el vino
con un mordisco de alba
o el aire fresco que me trae
recuerdos.
Lo beso, lo extraño
en las calles de mi ciudad
está a mi lado
como un pensamiento, paseándose.

8/III/2002




Tango baile

Donde el chocolate suspira
en leche bendita
como un niño parado
entre luz y música,
encontré una sábana
con tu nombre,
un bosque de nieve y frutillas negras.

Caigo, una niña muda y perdida
en la pista de tus cien reinas
de mi sueño. Apareces oscuro
con ojos que caminan y una boca
formando las calles de Hamburgo y Nápoles,
formando las calles
de mi mano derecha.

En mi boca nace una gaviota
perfumadita. La madrugada tiene sabor
a cintura y media luna.
La luz, compañera a tu lado,
se escondió con el aire frío.
Te levantas con ramas de lluvia
de mi abrazo.

Buenos Aires, 1/VIII/2002





Tu voz es rubia

Tus palabras son
hojas de pluma
buscando
alrededor
de una ciudad en mi pecho.

Tus caminos son
sangre femenina
estirándose como
cabello de choclo
hasta la boca de un zapallo.
Tu nombre es soledad.

Los días chorrean
ojos de paloma
y sus deseos.
Las llamadas siempre
cuentan lo mismo.

Canto de gotas.
Cuentos
que suenan a páginas
dándoles vuelta.
Pies del olvido
y de la cocina,
en zapatos de harina.
Apellido de ida sin vuelta.•

Foz do Iguazú, 23/VII/2002


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