jueves, 26 de agosto de 2010

670.- ALFONSO GUMUCIO


Alfonso Gumucio, (Bolivia, 1950).Es narrador, poeta, ensayista, fotógrafo, cineasta y especialista en comunicación para el desarrollo.
Ha trabajado en programas de comunicación para el cambio social en África, Asia, América Latina y el Caribe, con agencias de Naciones Unidas, con fundaciones internacionales y ONGs.
Fue miembro de la redacción del Semanario "Aquí" y ha publicado en un centenar de diarios y revistas de Bolivia, América Latina, Europa, Norteamérica, África y Asia. Dirigió películas documentales en varios países. Es Coordinador del Grupo Temático de Comunicación para el Cambio Social en la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC).
Ha publicado más de veinte libros de poesía, narrativa, testimonio, y estudios sobre literatura, cine y comunicación, entre ellos: Historia del Cine Boliviano (1982); Cine, Censura y Exilio en América Latina (1979); Luis Espinal y el Cine (1986); Las Radios Mineras de Bolivia (1989) en colaboración con Lupe Cajías; Comunicación Alternativa y Cambio Social (1990); La Máscara del Gorila (1982) Premio del Instituto Nacional de Bellas Artes de México; Haciendo Olas: Comunicación Participativa para el Cambio Social (2001), Antología de Comunicación para el Cambio Social (2008).




Del libro “Antología del Asco” (1979)



Antología del asco

este verso saca un recuerdo:
un recién nacido recién muerto
de hambre caballero del subdesarrollo
señora con-olor-a-chanel-five
qué caradólares son ustedes!

pagué un rescate de miedo
rosado horriblemente blando y desgajado
se lo arranqué a un perro de la boca

una caja de zapatos y ese
pobre peso putamente parido por la vida
que lo reciba la tierra que le conceda
dios cinco minutos de su eternidad

enterrarlo lejos de garras y colmillos
me amargó la boca babosa de bilis
en este instante reproduzco mi gesto de asco
pero usted se lo acaba de perder.





Ché

habrá una sombra siempre
allí habrá una sombra una luz cerca
aquí siempre una frente en la maleza
no se la ve se la siente en la humedad
de cada árbol
se descuelga
el latido vivo de la selva viva
desde que la sangre
escogió allí su caparazón verdadero

a despecho de hijos de puta
militarotes de estrella norte y águila
en el pecho
se ha de partir esta tierra
han de morir corbatas y galones
y hasta dará pena hablar en castellano

ya el rumor está corriendo ríos
las hojas hacen eco
la nieve las alturas el mar
tiemblan de esperanza pero el canto es
triste todavía la sombra
se mueve lentamente
multiplicada
llora sonríe putea no olvida ama crece
y no hay quien la detenga
porque ama





Autopsia

A Neruda le abrieron
el vientre a bayoneta
y encontraron:
un grito de la selva
un corazón rojo
que era hígado y cerebro
un poema azul
una cordillera entera
y un Chile
armado del vientre hasta los dientes.





Anotaciones a la media noche

En este jardín de matalorcas
es mentira que de el sol
es falso
que las tinieblas se disipen
que las fronteras esten abiertas
es triste
que sea un medio extranjero medio poeta
el que se duela de los velos y del hielo
yo solo digo que aquí
donde tengo los pies desde hace un año
un vacío se hace cargo
de todas las sonrisas.

Quien ríe
ríe con la piel
con cada arruga pero sin ganas
sin temblores
sin epicentro en testículos u ovarios.

Tengo una carpeta negra
llena de atrocidades.
Pero mi lista es incompleta.
¿Cuándo podré terminar el cómputo maldito?

Añado una nueva página de sombra
cada noche y cada noche
queda el espacio abierto
por bayonetas de miedo
combates de sudor
combatientes
con treinta y cinco ojos cubiertos
y miedo en los pulmones.

Voy estirando mi larga cadena de bilis
Miércoles 17: secuestro de Time
“the finest tradition of Spanish obscurantism”.
Jueves 18: Max Aub me dice que
España
está
mejor que
nunca!

Aquí se puede vivir yo me he llevado
una sorpresa.
México lindo y querido hagan teatro
no tengan miedo y adiós.

No respondo.
Añado sombras.

Viernes 19: españoles agradecidos
ofrecen misa para Hitler.

Luego me duermo
y no sueño
nada.





Correspondencia

Madre:
la Universidad está llena
de mierda de caballo.

Han talado los árboles.
Es triste ver sus médulas vacías
resecas de polvo agonizando
al ras de la tierra.
Están abiertas
las puertas contaminadas de la muerte.

Han puesto barrotes en las (j)aulas
es imposible saber
si hace sol o si sigue todo
tan gris y tan nublado.

Nos vigilan madre.
Una luciérnaga de plomo
nos amenaza hasta en los sueños.

Nos han prohibido los parques,
ahora, que queremos correr, ahora
que nos da la gana
de zapatear charcos
premonitores de agua clara.

No es fácil, madre
guardar el pecho encogido
en una mano. Quiero
respirar hondo.
No me lo permiten los anfibios
heridos en el orgullo.

Escucha:
BRILLANTE ACCIÓN POLICIAL
“Con un perfecto doble cerco
(triple traición nocturna)
las fuerzas del orden establecido
(con su aparición agresiva de espuelas)
registraron la residencia de estudiantes.”

“La operación estuvo apoyada desde el aire
(un zumbido de avispas de acero
temblando en los cristales)
por helicópteros y en tierra
(mil escarabajos comiéndose las puertas)
contó con modernos transmisores.”
(antenas animales, pesadilla
indignante invasión de púas
en la noche-noche del país).

“En el registro fueron incautados:
un tratado sobre la educación sexual
(que no viertan en la sangre
los canales sucios de esperma
dolorosamente reprimido
podrido ya)
impreso en Alemania y numerosos
afiches del guerrillero cubano-argentino
Ché Guevara
(calando hondo con su asma
con su dolor de piernas y su mochila
llena de libros)
dispuestos en las paredes
de casi todas las piezas.”

Lo dice la prensa, madre
esa infame tinta, esa
liviana sangre putrefacta
cubriendo la nueva hazaña con aplausos.

Mamá
Estamos casi en guerra.
Besos a mis hermanos.
Escriban.

Madrid, primavera del 1972




Del libro “Razones Técnicas” (1980)



Gestos que nos enseñamos

Te quité el gesto del humo
y me diste tus manos
tu charla en al aire
tus palabras In terminables
música siempre tu sonrisa.

Te endurecí, desaté
tu volcán encrespado, tu lamento
más animal y más profundo.
Te desgarré cada noche
para que probaras tu sangre
y me la dieras, y me diste,
estas ganas de amar
rabiosamente.

Te pasé dístraídarnente un espejo
en octubre y frío
para que descubrieras tus senos y tus sueños.
Me devolviste tu cuello insaciable
me llenaste los ojos de ti
y yo aprendí a cerrarlos
para que no te me fueras
en medio de esta lluvia copiosa.

Pero te fuiste
en el último gesto de amor
palabra desprestigiada
y me diste
el tuyo total y doloroso.





Todos los caminos

Todos los caminos conducen
a su piel
a sus pechos de manzana pálida
a sus palmas menudas
anudadas a mi espalda, a sus uñas
partiéndome en la boca
un amago de sonrisa.

Inevitablemente todos
conducen a su sangre,
a la cáscara blanca
de mis labios secos en el viento.





Extrañamientos

En el hueco de mi mano te tengo
en un rincón acurrucada
junto a la línea de la vida.
Al acercar mi palma
cada noche te respiro te creo
allí
mucho.

Apagado el libro alas dos y quince
penetran los duendecillos de plata
se acomodan puntualmente
sobre tus fotos azules
enormes fantasmas
en la ventana fría de azúcares.

La luna mira todo esto,
la desgraciada,
por los poros del cristal se cuela,
por mi silencio, por mi sombra
se cuela tan campante
campanante y sonora, fresca
me muestra el inventario de mis días
mis horarios verdes
mi máquina de escupir.

Y así te extraño, con luna.
No comprendo el vacío de tu idioma,
no se acostumbra a rincones de luto
mi herida encogida.

Si las paredes necesitan
el color tibio de tu espalda,
mi cama también, sinceramente;
el jugo de tus cabellos,
mi espacio
la arquitectura de tu mirada,
y mi memoria, la ventricular,
necesita el diástole
de nuestro pecado compartido,
siempre que pecar sea
naufragar en la entrega
dar voces y gritos en la noche
crear espuma, miel roja, marfil líquido
si, eso

Te extraño. No me preguntes
Te extraño: No me persigas.
Te extraño. Abre los ojos
Recorre como yo los espacios pelados,
tócate el sexo, los seños dos a uno
el pétalo chaposo
las yemas espirales
el pulgar más lejano del corazón
la raíz de la frente, el labio bajo
ese tobillo desnudo, ahora, tócatelo
las axilas, cada diente, cada vello
perdido en el horizonte de tus muslos
haz como yo, tócatelo
y extráñame
tú también.





Yo siempre tan sereno

Siempre tan sereno
recogiendo las plumitas de tu vuelo
extrañándote sin lágrimas
sin dramáticos primeros planos
risas nerviosas tampoco
tranquilo, tranquilo
transparente y claro, sencillamente
recogiendo pedazos del muro
que destrocé con la frente
tan sereno, tan callando entre escombro
vencida ya la furia primeriza
pobre primitivo primer impulso
ahora y siempre tan sereno
al desarrollar este poema también
tan lúcido, tan estupendo, tan
tan que me duele, tan
tan que no soporto este silencio
tan tan tan
campana de bronce viejo
y de dolor.



Año nuevo vida

Te escribiré una carta
con mi garrapata loca que se tiende
y se despliega, que se agacha
que se esconde, que salta
y se transforma.

Tal vez tan sólo una tarjeta.
Cuatro frases locas y un moderado
signo de exclamación para que rime
con próspero, con feliz
que son palabras en boca de cualquiera
cuestan poco, están en el mercado
no se agotan, no pasan de moda
no se cansan de mentir.

Escribiré despreocupadamente, una tarjeta
no es más que una tarjeta, formalidades
entre tu y yo, quién lo diría

Lameré el sobre con lengua de turrón
y que seas feliz, que un día
en el futuro, quiera el tiempo
el otoño, los barcos grandes y el azul
del maratún que nos separa,
que un día, digo, de cuyo nombre
no quiero ya acordarme
nos juntemos.







Polvo negro

Camino con un agujero
en el pecho y en el bolsillo
más grave, siento mi piel quemada
una carta desgarrada, una llave fría
una estampilla burbujeante.

Recorro un pasillo de hambre
una penumbra que inventa
con fría lógica
siete puertas blancas condenadas.

Medianoche en las uñas
y en los ojos hollín
pelusas de carbón, polvo negro
que mi puño apretado advierte
que mi cuello áspero, que mi camisa
que mi nariz cerrada advierte.

Advierte el polvo negro
que burla el aire espeso
el verano fugitivo
en tumbos de campana
círculos de relojero
espirales de agua pesada
desde una torre blanca aún
se me cae encima sin remedio
el polvo negro que mi pecho advierte.




Trizas

No queda mucho, apenas
romper el último poema, éste
cadáver de caimán lleno de humo
a las cuatro de la mañana no revive, hay
que dejarlo caer en pedacitos
en el baño, tirón de cadena y de gatillo
que se lo trague
el vientre podrido de la tierra
que escriban esta vez las cloacas
su fétido poema.

Pero no es fácil
andar trizándose los dedos
en púas, relámpagos y versos.

Lo sé desde mi asombro infinito
desde mi dolor ancestral
no se puede rasgar dos veces
la misma cuerda al rojo vivo
acallar el mismo convulsionado latido
seamos sinceros, poetas, es falso
que nos rompamos desde adentro
que en medio de la noche
rasguemos pap[i]eles dolorosos.




Test

¿Qué es Bolivia?
¿Un conglomerado de cadáveres?
¿Un colectivo lleno de militares?
¿Una masa enorme de tierra silenciosa?
¿Una planicie de rostros terrosos?
(Impasibles miradas cansadas de esperar)
¿Una altitud de cartón-piedra?
¿Una caída vertical de la pobreza a la nada?
¿Un grupo de niños pijes de anchas corbatas?
¿Una cadena de resentimientos y mentiras?
¿Un puñado de crímenes detrás de la basura?
¿Un niño muerto en una caja de zapatos?
¿Un libro de poemas que arde porque sí?
(Porque invade la sangre de quien lo lee)
¿Un escritorio, dos escritorios, tres escritorios?
¿Una tienda de campaña?
¿Una lluvia pasajera?
¿Un costal de títeres quemados?
¿Un periodista que siempre cae parado?
(Como trípode con un rollo de dólares
que le alegra el ano)
¿Una página menos, siempre tan lejos
de la historia?
¿Un grupo de universitarios confundidos?
¿Un poema, dos poemas, este poema?
Escoja solamente diecinueve respuestas.
Ni una menos.

Lista de Cosas que No Entiendo
Una golondrina rayando el cielo.
Tanta música en los bosques.
La humedad de un látigo de sauce.
Sus lágrimas, su aspecto acongojado.
Una hilera de palomas idénticas
sosteniendo el alero de un tejado.
Una estatua más hermosa mutilada.
Un balcón que se descuelga quejumbroso.
El rocío, los charcos, las ranas.
Las estampillas que van y vuelven
cargadas de promesas.
Un callejón vacío y en el fondo
no tanto, en último plano
la primera estrella de la noche.
El frío de un limón que me desgarra.
La arena que llena tu busto dormido.
La imperfecta pieza de cuarzo salvaje
en que te miro. Tus sonrisas varias.
No entiendo, no entiendo nada.
Vamos a ver. ¿Para qué
tantas cosas inútiles?
¿Cómo justifican su existencia?
No entiendo esta infinita
variedad de sutilezas.
La piel blanca de la nieve
que acabo de herir, la sangre que brota
de mi labio partido, partidos
tus muslos, tu humedad, partida
tu
y lejos.




Albañil

Al que madruga
no lo ayuda nadie. Solo,
con su pan bajo el brazo
con su manzana brillante en el bolsillo
con las rodillas que le suenan
llena la calle vacía,
a las seis de la mañana
ladrillo sobre ladrillo asegura
con las manos partidas cementosas
la manzana madura de mañana.




Refrán

El que a hierro mata
tiene cien años de perdón.
Al menos, tiempo de sobra
para gozar estafas millonarias,
malversar la memoria,
limpiar la sangre seca
en el libro arrugado de la historia,
recibir incluso algún honor,
un cóndor desplumado,
homenajes póstumos, varios.




Máquina de Escupir

Voy a echarle leña negra a este papel
que tan blanco se cree.
Voy a marcarle la cara
con fierro y con carbón
para que el gesto se imprima rabioso
y la palabra no se caiga,
exhiba su pose extravagante,
atrapada entre resortes vencidos
crea que vive todavía
cadáver rígido de tinta seca.




Horizonte

He cambiado de piel tres veces
Me ha costado darle la vuelta al mundo
Para llegar al punto de partida
Mis piernas me sostienen mejor
Tengo una cicatriz en el pecho
Más bien una costura, un bolsillo roto
Acceso directo al corazón
Estoy de regreso de mí mismo
Noches enteras buscando una estrella fugaz
Que me conceda un deseo
Nada extravagante
Tan sólo la habilidad de reconocer
La verdad de la mentira
Es otoño aún y los días son largos
La luz se recuesta cálida sobre la montaña
Quiero decir que el horizonte se distingue
¿El horizonte es una línea firme?
¿Es una pintura mural que cambia cada día
Movida por tempestades de color?
¿Hay un atajo para llegar al horizonte?
Quizás sirva de algo haber adquirido
Una cicatriz en el pecho
Una costura de piel y nervio
Una entrada directa al corazón




Ocaso

Después de la lluvia se instala la noche
nube negra que desgrana su tinta
en el fondo de la ciudad, mientras
las cimas se rozan aún con el día.

En la montaña una luz fresca recobra
la nostalgia anticipada
de lo que en este instante miro,
el paisaje que conservaré desde hoy
con el sabor agrio de la pérdida.

Aquí estoy de pie en la terraza proa
cerrando los ojos para ver mejor
registrando memoriosamente el paisaje
para entregárselo al pasado.



Creación

El hombre es una creación de Dios,
un animal que sufre
que recuerda en un parque,
alimenta palomas huecas,
lleva la mano al bolsillo pelusa
confirma con las yemas
una mancha de cera
una carta amarga y el frío oscuro
del metal con el que desafiará a Dios
creación del hombre.



Este Hombre

Este hombre quisiera
romper el cascarón que lo aprisiona
despojarse de su piel gastada
rasgar jirones de escamas resecas
sacar a la luz un cuerpo limpio.

Este hombre está harto
de que le pesen los hombros
le suenen los huesos del cuello
y su pecho comprima aire prestado.

Este hombre no soporta la ceguera
las telarañas adheridas sobre los párpados,
quiere ejercitar el músculo noble
que encierra el brillo de un cuarzo enamorado.

Este hombre quiere dar a luz
el sentimiento, el placer, la complicidad
perderle el miedo a su propia piel.

Este hombre no quiere caminar muerto.



Lista De Cosas Que No Entiendo

Una golondrina rayando el cielo.
Tanta música en los bosques.
La humedad de un látigo de sauce.
Sus lágrimas, su aspecto acongojado.

Una hilera de palomas idénticas
sosteniendo el alero de un tejado.
Una estatua más hermosa mutilada.
Un balcón que se descuelga quejumbroso.

El rocío, los charcos, las ranas.
Las estampillas que van y vuelven
cargadas de promesas.
Un callejón vacío y en el fondo
no tanto, en último plano
la primera estrella de la noche.

El frío de un limón que me desgarra.
La arena que llena tu busto dormido.
La imperfecta pieza de cuarzo salvaje
en que te miro. Tus sonrisas varias.
No entiendo, no entiendo nada.

Vamos a ver. ¿Para qué
tantas cosas inútiles?
¿Cómo justifican su existencia?
No entiendo esta infinita
variedad de sutilezas.

La piel blanca de la nieve
que acabo de herir, la sangre que brota
de mi labio partido, partidos
tus muslos, tu humedad, partida

y lejos.




Del libro “Sentímetros” (1990)


Corazón

Caliente digitígrado desobediente
a galope tendido por la vida
viajero submarino sin aliento
nervio de su propio pensamiento
rebelde según la circunstancia
ajeno a la razón
sordo a veces
y a veces
ligero trote acuático
hipocampo sorprendido.





Tarot

En el horizonte invertido
nubes secas anuncian desamores.
Las cartas lo contienen todo,
la claridad de los signos
el presagio de los gestos.
Frente al antiguo espejo imperturbable
conviene guardar respeto, asomarse
discretamente sobre estanque de agua firme
con la inquietante sospecha de encontrar
el propio rostro.





Quimera

La quimera nos persigue
vomitando fuego
bestia torpe y fabulosa
nos quema la nuca con su sola de dragón
agita su melena provocadora
digitígrada nocturna camina
en los plumones instala felina su horizonte
y nos gobierna. Además
según el diccionario y el latín
Tiene vientre de cabra estéril





Ombligo

A Gutierre Tibón

Cuarto creciente
pez entre dos aguas
clave trascendente en la playa astral
nudo desnudo que se anula
orilla ciega, sutura sorprendida
donde la vida termina
para comenzar,
marea pálida y nocturna
al más leve tacto se capturan
todos sus temblores.





Zoo fantástico

Ni el unicornio ni el dragón
ni el hipocampo estan en la naturaleza.
Uno es creación francesa,
otro le pone fuego a mi apellido,
el último lo invento yo al alba
tendido sobre la arena,
de la baba del mar
armo su arquitectura interrogante
para beneplácito de mis amigos.





Del libro “Memoria de caracoles” (2000)



Jardín para colgar un poema

Me toca vivir en lo alto
de una cascada de balcones
y jardines colgantes sin memoria
terrazas proyectadas sobre la espesura verde
donde nace un hilo de rumor de agua
un eco fresco y matinal de mujeres invisibles.

Arquitectura suspendida
suspenso del amor que aquí transita
en medio de la soledad de los amantes.

Un chispazo esmeralda, aquella lagartija
cruza el ángulo blanco del tumbado
una luciérnaga eléctrica recorre mi columna.

La tentación de entregarse al vacío
dejarse rodar por la cascada de terrazas
caer en el infinito rumor de la naturaleza
en la fuente de agua, escorpión
a los pies de mujeres invisibles.

El sentimiento es demasiado grande
para llevarlo solo
las noches aquí son largas
se estiran penosamente hasta el amanecer
y en la vigilia me envuelven sombras densas
a las que mi cuerpo no se acostumbra todavía.





Atardecer

Por el cielo de la tarde cruza un avión
entre cúmulos rosáceos
como una espina reluciente.

Allá se aleja rayando
la distancia más cercana entre dos puntos
un sendero encima del océano.

Y aunque por breve tiempo,
de todos modos deja al silencio sin luz
a la noche sin brisa
al espejo vacío
sin mirada.





A través de la noche

A la una la montaña se llenó de gritos
de mujeres distantes, gritos
que bañaron las laderas
con un timbre acre.

A las dos, quince perros aullaron al unísono
creí que iba a temblar la tierra
cuestión de decibeles.

A la tres se encendieron las luces de la casa
pero no era brujería
simplemente volvió la electricidad
tan austera en estas alturas.

A las cuatro volví a despertar
o volví a soñar, no estoy seguro
porque tenía un agujero negro en el pecho.

De cinco a seis te tuve muy presente
hasta que el alba
me devolvió la paz.





Memoria de caracoles

Con la memoria fresca del mar
adherida al cuerpo
empapado de sal, agua y arena
me arrastro con la casa a cuestas
con todo lo que me es propio.

Yo caracol todo conmigo
yo caracol todo consigo
mi manera espiral de recorrer la vida.

A cada cual que lo entierren
con el peso de todos sus papeles.






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