martes, 3 de enero de 2012

MARÍA MALUSARDI [5.582]




María Malusardi 


Nació en Buenos Aires, en 1966. Es escritora, periodista cultural y docente. Publicó los libros de poesía Payaso Rojo (Ed. La lámpara errante, 1989), El accidente (Ed. Mascaró, 2001), la carta de vermeer (Ed. Alción, 2002), variaciones en la niebla (Ed. Alción, 2005), diálogo con pescadores (Ed. Alción, 2007) y museo de postales (Ed. El Suri Porfiado, 2008). Publicó poemas en diversos medios del país y del exterior. Y su obra poética figura en varias antologías, como la reciente Animales distintos (2008), editada en México.
Ha escrito y publicado cuentos, algunos de ellos premiados y publicados en antologías (Trío Suspendido, Tinta Roja, Bruno) y otros en revistas del país y de Latinoamérica. Otros permanecen inéditos.
Como periodista trabajó y colaboró en varios medios gráficos de su país, como Clarín, Revista Nueva, Revista Lugares, La Gaceta Cultural, El Arca, Suplemento literario del Diario Perfil, Revista Debate, Diario El Siglo de Tucumán, entre otros. Actualmente colabora en las revistas culturales Nómada, La Costurerita, 1300 kilómetros y la revista electrónica Teína.
Como docente, dicta la materia Técnicas de la Información (géneros del periodismo gráfico) en la escuela de periodismo TEA. Y da talleres de lectura y escritura en forma privada.







Selección de “museo de postales”
(Ed. El Suri Porfiado, 2008)

museo de postales
(poemas)



canasta en la tierra


ese cielo me calma la tristeza de la tierra está en los cuerpos nadie llenará la canasta con espejos me dejarán el pan el hijo muerto en la curvatura de la espalda de esa mujer pequeña y campesina



museo de postales

calman rembrandt y alonso klimt y miró goya y picasso chagall y hopper millet y emilia (gutiérrez) la de los ojos templados el hundimiento del ser un rejunte manos y postales dentro de una caja falso museo relicario de absortos y despojados un instante de gozo la desdicha una obra del tamaño de lo efímero souvenir del encierro hay que tomar del dolor el óleo de la historia la temperatura final del desamparo



el descenso de jacqueline du pre

(poemas)


“He llegado a la meta de mi corazón.

No hay ningún rayo que vaya más allá.
Dejo detrás de mí el mundo…”


Else Lasker–Schüler

preludio la ceniza de mi infancia: mi madre arañaba los ojos del incendio y me dormía así los cuentos de la noche encallaban el árbol en su sombra el agua ardía en el devenir de los infiernos allí donde la música esparce sus caballos y me deja

no puedo quejarme de los huesos: la música se ha enfermado en mí he roto la cuerda un acto de confusión y de olvido miles de manos entre sábanas riéndose intentaron elevarme sostenerme en la gloria me he dormido sobre la escena no hubo tiempo para el desarraigo estoy aquí: los dedos tiemblan cuando amanecen sobre la madera intacta del silencio


no puedo pensar que los huesos se remiendan con el agua la música ha tramado mis jerarquías y mis sombras escribo apuntes nunca serán la voz: ni dvorák ni elgar escribo con el límite de mis huesos soy la ruina de los que me escuchan y lloran el sol me olvida recoge sus telares mi violonchelo indaga el azoro en mi cuerpo recoge el ritmo de su condena



Del libro “trilogía de la tristeza”

(Editorial Alción, 2009)


imre kertész

(Selección)


he tenido un hijo: imre kertész: ha escrito en auschwitz novelas indecibles: han llagado mi poesía sus dedos sus desórdenes supo de mí cuando de mí nadie sabía ni siquiera yo el infierno que me amaba supo encontrarme recitándome un kaddish para enfermos de ausencias


nunca me comprendieron como hija como yo no comprendo a imre mío deshojado ni imre a sus hijos suyos despedidos así sucesivamente hablando hijos de hijos se dispersan se extienden susurros y errores en el pájaro queman siglos asumen desvaríos se desconocen entre sí nacen campos de cenizas ciénagas de espuma donde nunca despertar


la tristeza une a los sinnúmero de siempre enumerados con el vicio de la muerte clandestina la luciérnaga una mancha un estigma la escritura el cuerpo de la historia la piel la remembranza la caída


la familia llega a su fin cuando toca en mi cuerpo una fuga enardecida se rompen los violines sobre el labio tiemblo en ese detalle de mi boca la subsistencia es remar sobre la herida la música seca el grito imre cuando me entrega ausencia hijos ahogándome en su mirada su estrella


tantos holocaustos en la mano de imre han roto la música de mis ojos

qué quedará de imre cuando yo envejezca sin sus ojos? reconstruiré de a poco su memoria? esa lluvia de higos fragmentándome el poema?



paul celan

(Selección)


como trizas de un parto se abre la almendra: caballos muertos serán niños sobre la tierra unificada ese modo de aplastarse unos a otros cabezas contra cabezas lo incierto retumba no indaga la pérdida no restaura miente la llaga es una zona de silencio donde tormentos obsesiones han caído paul celan: el agua de la madre espera allí donde el cuervo escribe su poema



el ardor de mis ojos deja entrever la renuncia del mundo paul celan pájaro descascarado amarillo no es ayer la salud azotada es hoy: brazos sin entierro denuncian: cómo nombrar el cuerpo que nos llega de a pedazos al poema



en la pupila rota del mar donde me buscan las especies que el lenguaje ha desdeñado hay una cárcel: me enseña las palabras su secreta celosía sus llaves idiomas envejecen sobre las almas surge entonces una escritura sin reposo donde comprendernos y estallar




franz kafka

(Selección)

hay algo en gregorio que me asombra: no es su aspecto de cáscara ni sus cicatrices hirviéndole antiguo cuerpo quizá su música cuando duerme colgado de la muerte como una escena confusa de botones al viento la familia miraba los pedazos: ellos eran parte del sueño se reían hurgaban en el reproche insistían degradaban sin embargo gregorio embellecía: algo amable y reconfortante había en la humillación en la mirada quizás anhelo del último tren o del pan tibio como acudir al fondo de uno mismo y refregarse los ojos: era el final de la ceremonia

la fatalidad de kafka o de gregorio? quién de los dos muere en simultáneo con el otro? gregorio en su sustancia de vanguardia? kafka en la respiración de su holocausto?

kafka: gregorio: no han comprendido la necesidad oculta de sus desdichas ni la muerte prematura del mundo dentro de sus muertes prematuras



“El orfanato” (2010),


el orfanato
(selección)



mi lugar de arena un orfanato dentro esas niñas tensas que no fui niñas que no soy niñas que no habrá todas sienten lástima de mí cuando me exploran mastico arena en un rincón sin bordes ni horizontes y no me escuchan cuando canto



cuando canto es cuando muero y ya no sabré viajar de mí hacia mí elevándome en la bicicleta azul o en un poema antiguo trozos de niña en el bordado del mantel sus estridencias y el óxido donde bailo añoro música la arena del castillo deshaciéndose el baldecito rojo el mar arrebata la escritura y cuanto más moja más revela la desdicha esa hinchazón de la mañana sobre el labio



prefiero no mirarlos y olfateo su introspección la violencia de sus manos trazo grueso antes de vivir y apretar su serenidad de inciertos: niños cosidos a mi ropa tiritan desprecio mientras un colibrí introduce en la escena la hermosura los hilos del encierro en la luz



no me fortalezco sino en la llaga propia en la impaciencia de los otros en el desamor la lluvia la pérdida: siempre me espera el orfanato un poema cruel sobre mi condición



nunca podré dibujar la voz al final de mi orfandad he perdido el color: no podré pintar como no podré morir sin infierno sin música mis ojos en la arena son mis padres en los barcos cuando duermo se disipan cuando despierto se escapan



la oveja excluída
(segunda parte)

la abracé hija enferma sentí su odio su lana rancia en la cara sé que perderá sus ademanes y sus vísceras ese abrigo fiel nunca usará para sus hijos ha caído horizonte como un parto muerto sobre mí me ha humillado huelo a madeja herida mientras ella bebe esquilándome: lo que le hicieron le hacen le harán reverbera en mí como una culpa antigua quién: ella o yo es la oveja excluida



he matado a una oveja en la escritura y la sangre husmea la caricia exacta me he convertido en ella abrazándola: mi infancia transitó un reino de ojos crispados condenando mi perpetuidad en la manada que acecha



he tejido con su lana mi muerte con mi muerte su infancia con su infancia mi aislamiento



se ha enfermado la palabra en mi cuerpo: cómo salir de este desarreglo de esta exclusión sin cabeza?



cómo buscar en la oveja el sentido de cada invierno doloroso en mi sábana



ha reemplazado el homicidio a mis ausencias? maté a mis hijos en ella? maté la muerte de mis padres muertos matándome? maté el dolor de todos los que amaban mi muerte? qué maté cuando maté a la oveja excluida?





.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada