miércoles, 18 de enero de 2012

5656.- EDELMIS ANOCETO



Edelmis Anoceto Vega nació en Santa Clara (Cuba) el 23 de mayo de 1968. Es poeta, traductor literario y editor. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa por la Universidad de La Habana en 1994. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Su obra se caracteriza por la alternancia de las estrofas clásicas (soneto y décima) y el verso libre, con apropiaciones muy particulares de los temas clásicos latinos, usados como pretextos para abordar asuntos de actualidad de forma alegórica. En sus poemas también son frecuentes los cuestionamientos existenciales del hombre, así como la propia creación poética, la religión y la relación nostálgica del ser con el pasado.

Obra

Cantos del bajo delta (poesía) Editorial Sed de Belleza, Santa Clara, 1998
Mortgana (poesía), Editora Abril, La Habana, 2002, Premio Calendario, 2000.
Imago Mundi (poesía), Editorial Mecenas, Cienfuegos, 2002, Premio Girasol Sediento 2001.
La cólera de Aquiles, (décima), Editorial Capiro, Santa Clara, 2005
La cosecha y el incendio (poesía), Ediciones Orto, Granma, 2006, Premio Manuel Navarro Luna”, 2005.
Desertor del cielo (poesía), Ediciones Loynaz, Pinar del Río, Premio 2007, Premio Hermanos Loynaz 20062
El sueño eterno décima, Ediciones Holguín, Holguín, 2008, Premio Ciudad de Holguín, 2007

Antologías

Los parques, poemas, Editorial Mecenas y Editorial Reina del mar, 2001.
Yo he visto un cangrejo arando, poema, Editorial Capiro, Santa Clara 2004.
Antología de la poesía cósmica cubana, poema, Editorial del Frente Hispanista, México, 2003.
Rapsodia para el Che, poema, Editorial Capiro, Santa Clara, 2005.
El poeta eres tú, poema, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2007

Traducciones

«Dos poetas norteamericanos», traducción y nota, suplemento cultural Huella del periódico Vanguardia,Santa Clara, 1998.
De todas las almas creadas, de Emily Dickinson, Editorial Sed de Belleza, Santa Clara, 1998.
«Nuevos poetas norteamericanos», poemas, Revista Umbral, Santa Clara, 2002.
A una alondra y otros poemas, de Percy B. Shelley, Editorial Sed de Belleza, Santa Clara, 2002.
—Poemas agrestes, de Robert Frost, selección de poemas y prólogo. Editorial Sed de Belleza, 2008.


El sacro bosque de los monstruos

…y dime luego si tantas
maravillas
fueron hechas para el engaño
o para el arte.
Manuel Mujica Lainez
Bomarzo

Sapiens

El sueño de la razón produce monstruos

tú que viste arder mi casa lo adivinas
como adivinas los bailes y dejas caer una moneda
en las alcancías rotas
porque te sobra valor ante cualquier cobarde
en corredores parecidos a los del tormento
que no llegan a serlo en esta falsa cadena evolutiva
el rastro en el desierto
no salvará la especie del látigo homo
sapiens maldecido cómo saber lo que es una ventana
si cuando miramos la ciudad
encontramos el rostro del enemigo

un rayo de luz es lo que queda
aquí entre unas vidas y otras muertes
por donde se filtra la demencia como un aullido
tú que viste construir la hoguera
acarrear leña como una mera urdimbre
cuántas veces se han reunido los hombres junto al fuego
y en él buscado sus rostros para reconocerse

el sueño de la razón produce monstruos

la soledad que en ti es principio en mí termina
tú que has sido poeta ven a ver
carpintero ven a ver
el remolino en las aguas de estos días
por mí atesorados
no son más que joyas
horas que se avistan en las tendederas
porque han sido rescatadas del diluvio

así es como llegamos a saciar las apetencias
recogiendo las ofrendas en las fuente
para después decirnos bajo la noche sigilosa
hemos tenido la suerte de los otros
y el oro no ha brillado en nuestras manos

tú que observaste el sueño de tus hijos
y diste al perro un hueso por usanza
con mano zurda y sin sentirte dios
mirando en las vidrieras cómo se oxida todo
los cristales reflejan tu propio desencanto
vienes a hablarme desde las tumbas
pero no puedes morir porque el deber te pesa
y en la garganta sientes la carestía del agua
cuando una nube de polvo se interpone
y ya no te das cuenta de los gestos
el vino transitando las venas en los amaneceres

ese es el morir
un ardid por ti no descubierto
es la llamita recién apagada en el ultimo plano de una foto
trama en la que ya no cuentas
ni siquiera como simple posibilidad
eres solo ese acto de fe que me destruye
con el mismo ímpetu con que la flecha penetra la manzana
y la convierte en carcasa prescindible

imaginad el viento en los andenes
espacios reducidos a la espera
a la añoranza del semblante desvirtuado por las armas del tiempo
promisorias lluvias que nada fertilizan
ese es el morir.






El animal y la palabra en el principio dos rostros frente a frente, dos casas, 
templos marmóreos sumidos en la niebla.

Entre ellos la noche significa una ascensión, el débil trazo de un lápiz 
que debió borrarse como se borran las quimeras.

Uno junto al otro andan esta pradera desolada, sin hallar un reducto que
 no sea su propio ser, y miran al cielo en el principio.




OVEJA NEGRA que en mí se inscribe te he visto en el espejo en los regresos y en las despedidas, cada tarde creciendo triunfal dentro del cuerpo. Entre nosotros esa sombra se expande, nos hermana cada tarde.

Masa de sombra negra liquida extasiada en los ojos y en el espejo, allí donde dejas tu escritura tu palabra, donde pastas y tienes refugio me iluminas, levemente viéndome caer hacia tu presencia.






CAÍDO SOBRE LA GRAMA o la piedra, presto a marchitarse, bajo el sol está el rebaño. Gotas de luz menguada tras el viaje, fragmentos por nadie comprendidos, en espera del hombre que destila los jugos de la carne y teme dormir.
Pace el rebaño sin estado de gracia, ausente de los sueños voraces y de la podredumbre en los mercados citadinos, donde no se canta más que una oración contra el silencio y el filo de los dientes.







MI PADRE ES EL LOBO, añora la lluvia que cae sobre el hombre, sobre una Santa Clara dormida.
Quién va a entender su paso tristemente diurno, quién va a entender algún derrumbe.

La carne penetra en la guarida, desaparece en mis fauces, es algo que solía ocurrir en la lejanía, en otro tiempo menos húmedo, y en Santa Clara.







BUEY QUE VI EN mi niñez, derramando sangre un día, en la felicidad manchada y corrompida, viste tú en mí la absolución, acaso un vestigio de piedad?
Un suspiro nos basta para entrar en la nada, cabizbajos, con la doliente cicatriz del cuello, y en la pobreza.

El tránsito es el hilo rojo que baja hasta la tierra.

Pero esta tarde no he tenido paciencia para buscar un techo.






EXTRAÑA CACERÍA, BÚSQUEDA ABSURDA del vellocino por los surcos del mar que llevan hacia las islas.
Ningún lugar se hace tan ajeno a mis palabras.

Así de angostas son las sendas recorridas, su oscuridad se cierne como sobre las naves después de la cruzada y luego regresa, me regresa a esta ciudad a través de un puente tembloroso.

Nada en la alforja traigo para mis hijos, ellos han visto en mí su salvación.





EL CONEJILLO DE INDIAS padece el grito. Qué va a ser de él cuando nadie pregunte por su suerte?

Con los guantes puestos hacemos las operaciones para ser alabados por los antepasados.

En ese instante yo soy parte de las huestes que marchan hacia un futuro prescindible.

En el otro instante regreso de todos mis miedos.

Esa es la condecoración.

Yo tengo sed.






ES EL KRAKEN LO que surge ante mi puerta después
del desayuno.

Sé ser esa demencia la construyo le lavo los pies.

Nadie me convoca a mirar las estrellas, nadie sabe del monstruo diminuto y subterráneo.

Ciudad subterránea.

Debo, hallar, alguna, manera, de, pedir, perdón, por, mis,
palabras debo justificarme simplemente pero es el Kraken.












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