sábado, 17 de diciembre de 2011

CONRADO NALÉ ROXLO [5.432]


Conrado Nalé Roxlo 

(Buenos Aires, 15 de febrero de 1898 - ibídem, 2 de julio de 1971), fue un escritor, periodista, guionista y humorista argentino. Recibió el premio Nacional de Literatura

Segundo hijo de uruguayos de ascendencia francesa y española, vivió en el barrio porteño de Caballito, frente al Parque Rivadavia. De formación autodidacta, su primer libro de versos, El grillo, fue premiado en 1923. El segundo, Claro desvelo, fue publicado por la editorial Sur en 1937 y reimpreso por Losada en 1942.
Cultivó todos los géneros con un amplio registro que, en su poesía, va desde la ternura y el humor en El grillo hasta la melancolía y la reflexión en Claro desvelo y De otro cielo. Sus dramas recrean poéticamente argumentos de origen legendario como en La cola de la sirena, El pacto de Cristina y Judith y las rosas.
Muchos de sus poemas fueron traducidos al inglés, francés e italiano. De otro cielo, (1952) constituye su tercer acercamiento a la lírica. En 1967 apareció su Poesía completa.
En 1941 representó en Buenos Aires su primera obra teatral, La cola de la sirena, que fue premiada e impresa tres veces. También ganó un premio su farsa Una viuda difícil, estrenada en 1944. El pacto de Cristina, otra pieza teatral, también fue galardonada. Otras piezas fueron El neblí, Reeencuentro y Holofernes y las rosas.
Escribió además un hilarante libro de pastiches literarios en prosa y verso de escritores españoles, americanos y europeos, Antología apócrifa (1943). Con los seudónimos de Chamico y Alguien, publicó en diarios y revistas regularmente cuentos humorísticos por espacio de veinte años, que reunió en colecciones: Cuentos de Chamico (1941), El muerto profesional (1943), Cuentos de cabecera (1946), La medicina vista de reojo, Mi pueblo (1953), Sumarios policiales.
Ha escrito guiones cinematográficos, como Historia de una carta (1957), Loco lindo (1936), Madame Sans Gene (1945) Una novia en apuros (1942) Una viuda difícil (1957) y ¡Delirio! (1941).1
Fue también conferenciante y dirigió el semanario humorístico Don Goyo y el semanario satírico para médicos Esculapión. Las puertas del purgatorio fue Premio Nacional de 1955 y El cuervo del arca fue Premio Nacional de Teatro de 1945. También es autor de la novela Extraño accidente (1960).
Cultivó la literatura infantil, donde logró obras maestras como La escuela de las hadas. También dirigió el suplemento literario del diario Crítica. Junto con M. Mármol escribió las biografías de Amadeo Villar (1963) y Alfonsina Storni (1965).
Perteneció a la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Escritores.
Amigo fraterno de Roberto Arlt, se casó con Teresa de la Fuente en 1925 y tuvieron una hija.
Al cumplirse el centenario de su nacimiento, el 1 de abril de 1998 la escritora María Esther Vázquez escribió en La Nación de Buenos Aires:2 «Su obra poética comprende sólo tres libros: El grillo, Claro desvelo y De otro cielo. Y, sin embargo, hoy que la poesía sufre el vacío de un tiempo aparentemente sin destino, los versos de Nalé Roxlo vuelven a la memoria como un resplandor en el crepúsculo: "Va la sirena muerta por el río / con una flecha al corazón clavada, / y desde la ribera desolada / mis lágrimas la siguen por el río. / Mía no fue, pero fue un sueño mío. / ¿Quién la devuelve al mar asesinada? / ¿Por qué pasa ante mí, muerta y dorada? / ¿Dónde perdió su corazón y el mío? / ¿En qué arrecife de coral distante / irá a encallar su frágil hermosura? / Con ella encallará mi sueño amante. / Y del dardo mortal la pluma oscura / indicará en la tarde al navegante / que allí tiene la mar más amargura"».



Prólogo inútil

Estoy cansado de andar
con los versos bien peinados
y quiero hoy alborotarlos
al viento verlos flotar.

Fuerte viento impresionista
que en la torre del poeta
ha clavado la veleta
en dirección imprevista.

Viento que sopló este día
y tal vez no sople más;
vuelo alocado y fugaz
hacia la barroquería.

El alma la dejo en casa
y vengo a hacer el payaso
con mi vestido de raso
y mis volados de gasa.

Bajo mi sombrilla roja,
entre luces y oropeles,
al son de mis cascabeles
danzaré en la cuerda floja.



El árbol de la ciencia

Yo vivía en el vago
país de la leyenda,
entre dorados héroes
y diáfanas doncellas.

De una verdad celeste
mi alma estaba llena,
como un prado de aromas
cuando es la primavera.

Pero una mala noche
traspuse las fronteras,
buscando las oscuras
verdades de la tierra.

Al ángel de la guarda
que me siguió en la senda,
lo ahuyenté con mis dudas
como a un perro con piedras.

Las ramas sin aromas
del árbol de la ciencia
hoy en mi frente triste
ponen su sombra negra.

Y fatigo mis manos
Partiendo nueces huecas.



Del otro cielo

Ésta es mi copa y la rompo.
Éste mi caballo y lo suelto.

Decid a mis amigos que he muerto.

Que el vino derramado de mi copa
lo beban mi enemigo y mi perro,
y sobre las cenizas de mi casa
dancen ebrios.

Yo con mi propia sed quiero embriagarme
hasta ser una estatua de fuego

Decid a mis amigos que he muerto.

Que mi caballo pase
bajo el arco de rosas y laureles
con otro caballero.

Decid a mis amigos que he muerto,
que he muerto y soy dichoso
de otra dicha que baja de otro cielo.



Yo quisiera una sombra

Yo quisiera una sombra que no fuera la mía,
la de una antigua espada, la de un fino cristal,
la del pájaro en vuelo o la nube borrosa.
Una sombra, otra sombra, para verla pasar.

Otra voz que no fuera esta voz que traduce
hace más de treinta años el rumor de mi mar,
una voz de campanas o de ríos llorosos…
Otra voz de otro acento para oírla cantar.

Y quisiera los sueños que no soñaré nunca,
la angustia que mi alma no sentirá jamás,
el terror de las fieras en la selva sombría,
la alegría radiosa de la alondra solar.

De ese desconocido que ha cruzado la plaza
los recuerdos más tristes quisiera recordar.
Llenarme de otras vidas, otra luz, otras muertes…
¡No ser este hombre solo frente a la eternidad!



Epitafio para un poeta

No le faltaron excusas
para ser pobre y valiente.
Supo vivir claramente.
Amó a su amor y a la Musas.

Yace aquí como ha vivido,
en soledad decorosa.
Su gloria cabe en la rosa
que ninguno le ha traído.



Búsqueda

Aquí perdió el caballo la herradura.
Aquí el camino de la muerte empieza.
Pocos árboles grises. Y la hondura
de la tarde, y el viento, y la tristeza.

Después hallaron el puñal caído
en el polvo amarillo, el cabo roto.
Después leguas sin nada. Y el remoto
viento moviendo el pajonal sin ruido.

Por fin el cuerpo helado
- pobre relieve gris en verde suelo -,
el renegrido pelo
a la frente pegado.

Y sobre el campo la quietud del cielo.
Y el viento que pasaba… y el pasado.



Estela

No pongáis en mi estela funeraria
mi nombre ni las fechas de mi vida,
ni la piadosa frase dirigida
a salvar mi memoria literaria.

Que en la palabra ajena no se agrave
la confusión creada por la mía,
que el mundo incierto que en mi voz vivía
el tiempo borre y el silencio lave.

Si hay un Dios que me quiere como espero,
yo que por no saber tanto he mentido
quiero aguardar mi eternidad dormido
bajo un mármol por mudo verdadero.



El Grillo 

Música porque sí, música vana
como la vana música del grillo,
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.
¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta mañana?
¡Qué bien suena la flauta de la rana!
Pero no es son de flauta: en un platillo
de vibrante cristal de a dos desgrana
gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quien tiene el corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!



Canción de guía 

Hay que andar por el mundo como si no importara.
Sin preguntar el nombre del pájaro y la planta,
ni al capitán del buque a dónde lleva agua.
Mirar al otro lado del que todos señalan,
que es allí, donde crece la rosa inesperada.
Hablar con el herrero del caballo y la fragua,
Pero mirando al fuego con atenta mirada;
Puede que en un silencio veas la salamandra.
Crear el nombre hermoso de alguna imaginaria mujer,
 y luego a todos preguntarles con ansia
si no la han visto. Acaso te lleven a su casa.
En la copa vacía beber con esperanza,
Tal vez una divina locura, el cristal guarda.
Sacar siempre a los ojos el aire azul del alma
para ver lo que nunca alcanza la mirada.




Curiosidades

Y como si por fin Argentina respetara la voluntad de sus genios, yace en la oscura galería de nichos 19, del Cementerio de la Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires; a pesar que unas ventanas que dan a la calle Azcuénaga dejan colar un poco de luz natural. No hay placa que lo recuerde.



Pórtico

Este libro es la sombra de mi vida,
fantasma de mi alma y de mi hora,
luz de jazmín en la pared derruida,
lágrima pura que la tarde dora.

Yacente estatua de la luz perdida
de la alta noche en la inquietante flora,
que en abismos de sombra sumergida
crea bajo los párpados la aurora.

En cuerda de violín, llamas y bruma.
Ala del ángel que me da la pluma
para que exprese mi temblor divino,

esto que apenas es y ya se pierde.
Fugaz grandeza de la rama verde,
brazo de flor y pedestal de trino.



Altiva rama

Por altas galerías de verdura
el selvático sol su luz derrama.
Goza la claridad la altiva rama
y a pie del tronco está la noche oscura.

Así mi corazón cuando la altura
cobra de un noble amor de luz se inflama,
y del pecho de Dios baja la llama
que fugitivos cielos inaugura.

Y soy como la rama que en asiento
de gigantesco tronco suspendida
se baña en pura luz breve momento,

pero más pronto caerá abatida
cuando el hacha maléfica del viento
mueva la tempestad embravecida.


Lo imprevisto

Señor ,nunca me des lo que te pida.
Me encanta lo imprevisto, lo que baja
de tus rubias estrellas, que la vida
me presente de golpe la baraja
contra la que he de jugar.

Quiero el asombro
de ir silencioso por mi calle oscura,
sentir que me golpean en el hombro,
volverme, y ver la faz de la aventura.

Quiero ignorar en dónde y de qué modo
encontraré la muerte. Sorprendida,
sepa el alma, a la vuelta de un recodo,
que un paso atrás se le quedo la vida.



HAY QUE ANDAR POR EL MUNDO...

Hay que andar por el mundo como si no importara.
Sin preguntar el nombre del pájaro y la planta,
Ni al capitán del buque, a dónde lleva agua.

Mirar al otro lado del que todos señalan,
Que es allí, dónde crece la rosa inesperada.
Hablar con el herrero, del caballo y la fragua,
Pero mirando al fuego, con atenta mirada;
Puede que en un silencio, veas la salamandra.

Crear el nombre hermoso de alguna imaginaria mujer,
Y luego a todos preguntarles con ansia:
Si no la han visto, acaso te lleven a su casa...

En la copa vacía beber con esperanza,
Tal vez una divina locura, de cristal guarda.
Sacar siempre a los ojos, el aire azul del alma,
Ver lo que nunca alcanza la mirada




SE NOS HA MUERTO UN SUEÑO

¡Carpintero! Haz un féretro pequeño
de madera olorosa,
se nos ha muerto un sueño,
algo que era entre el pájaro y la rosa.

Fue su vida exterior tan imprecisa
que sólo se lo vio cuando asomaba
al trémulo perfil de una sonrisa
o al tono de la voz que lo nombraba...

Mas qué te importa el nombre, carpintero,
era un sueño de amor. Tu mano clave
pronto las tablas olorosas, quiero
enterrar hondo el sueño flor y ave.

¡Al compás del martillo suena un canto!
"No vayas al campo santo,
porque los sueños de amor
No mueren. Se muda en llanto
su forma de ave y de flor"







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