martes, 15 de marzo de 2011

3420.- FERNANDO AÍNSA



Fernando Aínsa, escritor y ensayista uruguayo de origen aragonés. Fue
director literario de Ediciones Unesco. En la actualidad, reside entre Zaragoza y Oliete (Teruel) consagrado a la escritura y actividades editoriales y docentes.

Autor, entre otros, de los ensayos Los buscadores de la utopía (1977); Identidad cultural de Iberoamérica en su narrativa (1986); Necesidad de la utopía (1990); La reconstrucción de la utopía (1998); Del espacio vivido al espacio del texto (2003); Reescribir el pasado. Historia y ficción en América Latina (2003); Del topos al logos. Propuestas de geopoética (2006). Autor de varios libros de ficción entre los que se destacan las novelas El paraíso de la Reina Maria Julia (2005) y Los que han vuelto (2009) y los relatos breves Travesías (2000) y Prosas entreveradas (2009).
En 2007 publicó su primer libro de poesía, Aprendizajes tardíos en Renacimiento (Sevilla) y en El Otro, El mismo (Mérida, Venezuela) con prólogo del poeta cubano Virgilio López Lemus. Actualmente tiene en prensa Bodas de Oro (Ediciones El Copista, Córdoba).
Es Miembro del Real Patronato de la Biblioteca Nacional de España, Académico Correspondiente de las Academias de Letras del Uruguay y de Venezuela. Ha recibido premios en Uruguay, España, Argentina y México. Ha sido jurado del Premio Rómulo Gallegos (Caracas), Juan Rulfo (París), Casa de las Américas (La Habana), José Donoso (Chile) y Premio Nacional de Ensayo (España). Recientemente ha sido objeto de un homenaje internacional. Los trabajos han sido reunidos en El intelectual y el escritor entre dos mundos, Lugares y figuras del deslazamiento (Madrid, Iberoamericana, 2010).





BUENAS NOCHES
—¡Buenas noches, tú!
—Si, es hora de dormir (Erik Knudsen)

Es más tarde de lo que crees.

Me dices “Buenas noches, tú!
—Sí, es hora de dormir”
y soñar con el país hundido en aquella visión lejana.

Lo sabemos:
cada día menos posibilidades,
menos aplazamientos,
algún resto de promesa,
astillas de aquellas ilusiones.

Por eso no puedo dormir.

OLISQUEANDO
Yo sé que cuando no estoy a tu lado
hueles la almohada
donde descansan mis recuerdos
y resucitan sueños olvidados.

Mohín del rechazo con que los interpretas
creo respirar luego al recuperarlos.

Así,
como los perros,
olisqueando,
nos reconocemos
en la distancia que compartimos
noche a noche.

SOBREVIVIR AL OTRO
¿Dónde he leído
“No quisiera despertar suavemente la viuda que llevas dentro”?

Si me despierto en la noche
soñando lo indebido
espío tu respiración
escudriño como oscila tu pecho en la sombra.
Entonces me quedo más tranquilo
Puedo reanudar mi pesadilla.

Si no sintiera tu palpitar
estaría tentado de acariciar tu mano,
pero temo despertarte
o encontrarla inmóvil y fría.

No me gustaría tener que sobrevivir con tu recuerdo
No quiero asistir a tu incineración
No quiero recibir un frasco con tus cenizas
Sospecho que tú tampoco.

AQUEL A LO MEJOR UN DÍA
A lo mejor un día intentaré vivir tu vida
cuando tú ya no puedas hacerlo.

Abriré los libros que dejaste en lectura interrumpida
me disfrazaré con tu ropa y pintaré mis labios ante el espejo
con el carmín con que me sedujiste,
cubriré de falso rubor las mejillas y su aire demacrado
con tus potingues ya rancios,
disimulando ojeras
(si puedo)
para seguir sin ti en el corso de la vida.

Hurgaré en los cajones de tu cómoda
(intruso como nunca antes lo fuera)
escarbando en tu pasado
y te soñaré
para intentar
—¡por fin!—
comprender el secreto
¿por qué una noche tiré todo por la borda
para seguir por treinta y tantos años tus pasos?

CUANDO LA OIGO HABLAR…
Cuando la oigo hablar con los perros me conforto:
sé que sigue ahí
—en la cocina, el porche o el jardín,
no importa dónde—
su presencia me asegura de muchas otras cosas,
imponderables que mantienen la tela de araña donde me balanceo
sobre el vacío que me rodea.
Una tela que tejió con sutil sabiduría
en treinta y cuatro años de vida compartida.

Los llama,
dialoga con ellos,
porque de sus miradas obtiene la respuesta que yo,
avaro, por no decir egoísta,
eludo darle, cuando debería susurrarle:
“Todavía te quiero”.


“POST TENEBRAS LUX”
ese resto de hotel en tu sonrisa
Erik Knudsen

De Ginebra tengo el vértigo de ese cuarto del hotel descalabrado.
Fue una noche de hace muchos años.
Desde el ángulo de la cama revuelta
sentada en la penumbra con las piernas abiertas
me invitas en silencio a perderme en la parte más sombría de tu cuerpo.

Un mareo,
una foto sin negativo para el recuerdo,
eso me queda,
un modo de compensar el escalofrío de haber mirado aquella tarde
en el parque de los Bastiones
los ojos de mármol de Calvino.

De Bodas de oro, que próximamente publicará ediciones El Copista Córdoba, Argentina.




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