sábado, 12 de marzo de 2011

3346.- LAURA RUIZ


Laura del Carmen Ruiz Montes (Matanzas, Cuba. 1966)
Poetisa y editora. Desarrolla una obra sólida dentro del conjunto de la poesía de su generació. Es una de las voces fundamentales de la poesía matancera.

Nació el 3 de diciembre de 1966 en Matanzas. Actualmente reside en Tirry #10911 entre San Andrés y San Sebastián. P. Nuevo. Actualmente es la Editora Principal de Ediciones Vigía y dirige La Revista del Vigía de esa misma editorial. Ha ofrecido conferencias y lecturas de textos en diversas universidades y centros de arte y literatura de Ciudad México, Barcelona, Madrid, Asturias, Viena, Estocolmo, entre otros.
Premios
Premio Bonifacio Byrne (de la ciudad de Matanzas, 1985) Premio Néstor Ulloa, 1985 Mencion Premio de Amor Varadero, 1986. Mención Premio Trece de Marzo, 1987. Premio Pinos Nuevos, Letras Cubanas, 1996. Mención Premio de Poesía de La Gaceta, 2002.

Publicaciones
Queda escrito. Poesia. Ediciones Matanzas, 1988. La sombra de los otros. Poesía. Editorial Letras Cubanas, 1994. Esperando un príncipe. Poesía. Ediciones Vigía, 1995 Crónicas de la vigilia. Poesía.Ediciones Vigía, 1998. Lo que fue la ciudad de mis sueños. Poesía. Bartleby Editores, Madrid. 2000. El camino sobre las aguas. En proceso editorial en Ediciones Unión. La Habana.
Aparecen textos en las siguientes antologías y publicaciones periódicas
Retrato de grupo. Ediciones Unión.La Habana.1986. Poesía infiel. Editorial Abril. La Habana. 1987. Poetas cubanos. Ateneo de los Teques, Venezuela, 1993. La isla entera. Edit. Betania. Madrid, 1997. Las voces de un fin de siglo. Instituto Oloff Palme. Suecia, 1999. La casa se mueve. Ed. Maremoto. Andalucía. Malaga, 2001. Antología de la Poesía Cubana. Ed. Verbum. Madrid 2002. Antología de Poetas Cubanos. Ed. Puerto del Sol. Universidad de Nuevo México, 2002 Antología de la poesía cubana. Ed. Verbum. Madrid 2002.
Ha publicado en:
El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba, Arte Cubano, Revista de la Biblioteca Nacional, La Isla infinita, Revista del Vigía, Revista Matanzas, etc.
Textos suyos han aparecido traducidos al inglés, alemán, sueco, entre otros idiomas.




La sombra de los otros

Yo he estado sola en el fondo de mi casa
y he sentido tras de mí una sombra cálida.
He tenido miedo de volverme y no hallar nada.
La sombra, lo sé, ha intentado acariciarme el cabello,
suave,
levemente para que no lo note,
para que no sepa cuánto me cuida.
La sombra quisiera acariciarme despacio,
teme que me eche a llorar
porque sé que no merezco la recompensa.
La sombra, lo sé, es quien me dicta,
me examina y me indica en las esquinas
a dónde mirar para no morir atropellada.
Todo lo someto a su juicio
y nadie lo sabe,
creen que no consulto jamás,
que no pido ayuda,
que no me equivoco
Yo he estado sola en el fondo de mi casa
y he sentido tras de mí una sombra cálida.
Sólo yo sé cuántas veces no la merezco,
yo he estado sola y he sentido una sombra cálida.
Yo he sentido miedo de volverme y no hallar nada







LOS FRUTOS ÁCIDOS

Deseo los mangos del árbol de la vecina,
con la fruición con que se quiere lo ajeno.
Pensando qué pasará si mastico la cáscara verde,
Pensando qué pasará si......…o qué pasará si no...

Con la cabeza golpeada por palabras y silencios,
a mitad del pasillo de la casa sin puertas
―porque no voy al bosque a talar madera,
deseo los mangos del árbol de la vecina.

Escucho el grito del tenor pregonando el pan caliente.
Corro, escaleras abajo,
a punto de caer y rodar con el mismo vapor del honor
―perdón―
con el mismo vapor del horno donde estuvo el pan, quise decir.

Envidiando a Yourcenar
cuando se llena el puño para escribir la sangre blanca del amor,
deseo los mangos verdes del árbol de la vecina.

Deseando estoy,
dentro del tambor, como todos,
siendo caja de resonancia del país.
Reina de la calle oscura,
de la vela a medias,
del agua sin hervir,
y hasta del agua sin correr...

Enceguecida por el brillo de algunas monedas.
Dentro del tambor que es el país estoy,
deseando peligrosos mangos verdes

Mirando árboles que no son míos.
Soñando ácidos mangos verdes, estoy.
Pensando qué pasará si...
O en cambio qué pasará si no...









QUÉ NOCHE LA DE AQUEL AÑO

a Sigfredo Ariel


No era así la vida en la provincia
sino más alegre.
No era así la vida en la provincia
sino más triste.
El regreso no fue lo que esperabas.

Dijiste que aquí habías sido feliz.
Yo sabía que era cierto.
Pero la provincia ya no se deja atrapar.
No le vale que entornes los ojos
ni enciendas un cigarro tras otro.
A la provincia nada le vale, nada le sirve,
ningún halago le hace bien.

Aquella noche fue inocente y patética.
Un poeta clásico explicó al clásico Chaikowski
sin saber que tú y yo también lo éramos:

tú llorabas sobre tu camisa negra
y yo lloraba sobre mi blusa blanca,

como correspondía, llorábamos.

Fue patética la noche y había ruido.
Teníamos los mismos ministros
y leíamos los mismos libros,
Éramos iguales pero no.
Tú ya habías estado en el café Berlín
y te habías despedido de algo que llaman los
ochenta.

Yo aún quería ir a Pompeya
y fingía haberme olvidado
de los ochenta,
de los noventa,
de Berlín,
y del café, pero no.

Volviste para después escribirlo.
Mirabas como quien está a gusto
pero a ratos decías qué raro es todo.
Raro en ti quería decir ven con los que se fueron
sin remedio.

No fue lo que esperabas.
No tuve vergüenza ni rubor.
No me sentí apedreada contra un muro
ni tan grotesca como la bailarina llena
de maquillaje
que tropezó con el pie del músico.

Fue la noche perfecta.
No tuve que hablar.
Una noche en la provincia te hizo entender:
el silencio
la anacrónica dignidad
la asfixia húmeda
la siesta en la orilla
―porque la tortuga nunca llegará al final
de la carrera―
el vicio de haberme quedado aquí
la enfermedad mortal de seguir quedándome.







DADME UN NÚMERO*

Mi número, el número que yo pudiera ser
en la chapilla de plata
.......................que cuelga de la cadena
.................que cuelga del cuello
.......................que cuelga de la cabeza.
Dadme mi número.
El número que me corresponde en la espera
...............................de los hospitales,
..............................................en la fila de los autobuses,
............................en el pasaporte
y en todos los registros de firmas.

Dadme mi número,
el número que seré en el panteón de la familia.
Quiero saber cuántos muertos descansan debajo
...................................................................... de mí.

Dadme mi número,
el número despedazado que podría ser
si me lanzo al mar en pos de...

Dadme mi número,
mi verdadero número de identidad,
el número del teléfono que suena después
..................................................................... de medianoche
para que el número de la cuenta a pagar sea
.................................................................menor.

Dadme mi número.
O al menos que alguien me diga la cantidad
............................................................................ de cifras que soy,
los ceros que tendré cuando llegue el momento
en que los nombres no signifiquen ya ninguna
............................................................ cosa.

* Julia de Burgos





METAMORFOSIS, OTRA VEZ

Mi hija, a veces, es un perro con dueño y comida.
Al nacer, encontró libros y ciudades ya levantadas,
No conforme, intenta experimentos.
Como en los laboratorios, consigue su propia
.............................................................................lluvia ácida.
En un descuido se duerme.
El amanecer está lleno del polvo de su joven
...........................................................................................madera carcomida

No es posible saber si alguna vez podrá regresar a
.................................................................................. la piel de perro,
a su hermoso cuerpo de perro con dueño y comida,
...................................con techo,
que ladra, con entusiasmo a las sombras
que van pasando.








MERCADO NEGRO

En ese pasillo oscuro y sucio vive la vendedora.
Me pregunto cómo es posible
que todos sepan dónde vive,
que señalen el portón derruido
y expliquen en alta voz el sitio exacto.

Traigo entre mis manos
muchas noches de lecturas,
de apuntes tachados y vueltos a limpiar.
Traigo entre las manos las palabras que dije
para anunciar el libro de alguna celebridad.

Las lecturas, los apuntes, las palabras, la celebridad,
quedaron en un papel rectangular
donde estaba anotado mi nombre debajo
.......................................... de un número:
Sucursal 3271.
Traigo entre mis manos el lujo,
el salvoconducto para llegar a casa de la
.................................................vendedora.

Dos libras, le digo.
Y ella, displicente,
me entrega el jamón fresco, rojo, prohibido.
Miro de reojo el nylon que lo cubre
y leo “Unión de la Carne”.
La vendedora no sabe por qué me sonrojo
ni en qué piel, cuerpo, celebridad, estoy pensando.






ILUSTRACIÓN

.................................................... Abusé. Fui abusado.
...............................................................[José Kozer]

Contemplo
.................. ―por turnos―
como soy
.................. ―por turnos―
mártir o brutal.
Así, aprendo, por turnos.

Paso los dedos por la cara antes de mirarme al espejo.
Recorro las marcas
para saber quién ha amanecido.

Se amanece mártir
o se amanece animal.

Se despierta saco de arena
―donde los otros golpean.
Dolor abdominal intenso,
ojos de perro triste, aliento que se corta.

Al clareo, se rompen los puños contra el fardo.
No le creas al saco de arena si gime.
No te creas si te parece que al saco le han salido ojos.

Se despiertan los sentidos en la mañana
y las secreciones vuelven la mirada salvaje.
Tela de araña en los ojos de la bestia.
Tela de araña,
tejido de atrapar y cazar.
Hocico reseco que planea la caída de otros.

Abusé, dijo quien cose delicadamente las costuras del país.
Si el sastre abusó
¿por qué no habría de abusar yo?

La diferencia entre el sastre y yo es mínima.
Él hace dobladillos al país.
A mí me penetra la aguja en los huesos.
Soy mártir cuando el sastre cose,
sacrificada, como él, soy,
por el deseo de zurcir la ropa-Isla,
la tela-piel,
la frente-ala de sombrero.

Fui abusado, dice el sastre
mientras dedica horas enteras
al aprendizaje de las patas de gallina.
Piel de gallina oscurecida se les pone a los otros
cuando despunto bestia,
animal sin cuna ni remedio.

Racimo de pesadillas envuelve a los sacos de arena
antes del amanecer.
Manojo de miedo sólo de pensar en mí.
No quiero creerles cuando veo que le asoman ojos.
Como no quiero, no les creo.
Ah! potencia de los verbos.
Ah! desteñido manual del español correcto.

Pero cuando descubro los sacos empapados de sudor,
doblados sobre su panza sílice, desinflados,
y miro la arenisca saliendo
igual que fluye el orine de los cuerpos que van a morir,
cuando empiezo a conocer la idea de la culpa,
ya deshice las costuras,
rompí las agujas y sólo dejé a mis espaldas
costales agujereados e inservibles
que nadie, ni el sastre mayor,
podrá recomponer jamás.

Ya es tarde, ya abusé,
y eso, como la muerte, el vómito o la lluvia,
no regresa, no vuelve atrás, es irreversible.

Sólo queda ser abusada,
sentarse a esperar el turno de ser mártir.








TODOS SOMOS GITANOS

Ingenua marcho
hacia lugares donde dejamos
la huella desconocida de nuestro olor a buenaventura.
Todos los recodos del camino abandonan su sitio
para enredarse hasta llegar al próximo alto.
Nadie comentó el andar detrás de los sombras
como si fuéramos, todos, animales buenos
que pretenden amigarse
con los perros que no tienen casa en el pueblo.
Nadie comentó el andarnos
y no es que no nos vieran.
Ninguna mariposa
nos acusó de robar hierbas
para colgar detrás de las puertas
y no es que no nos vieran.

Qué bailes habrán de celebrarse
a los que yo no asista
esperando perder un zapato
justo cuando suenen las doce campanadas.

Cansada estoy de oír:
“la vida es un tango”.
Ojalá nadie sospeche de mí cuando suene el bandoneón.
No estoy de vuelta.
“all the best”
es esta cama.
No estoy sin alas,
aquí puedo parir hijos y barcos.

Qué sucederá cuando todo se nuble.
y no hayan vigías a la entrada de mi tienda.
Ofreceré mi infierno
a los pecadores menos peligrosos
para que se conviertan en dioses.

Es necesario saber con exactitud
de dónde sopla el viento.
No soy mala.
Busco un sitio poco concurrido
donde el flautista
escuche mis aplausos.
Todos somos gitanos.




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