lunes, 11 de octubre de 2010

1469.- SILVIA CAMEROTTO


Silvia Camerotto nació en Lomas de Zamora (Argentina) en 1959. Traductora del inglés, docente y escritora, ha publicado el libro de poemas 420 minutos de abstinencia, Ediciones del Dock, Buenos Aires 2008. Participó en Argentarium, poemas breves de Pound traducidos por poetas argentinos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009. Actualmente se encuentra trabajando en su próximo libro de poemas La Grosse Fuge y en un libro de traducciones de los monólogos dramáticos de Robert Browning.
Es editora de los blogs:
De sibilas y pitias
Las arañas de sibila
De sibilas y pitias wordpress




De 420 minutos de abstinencia




dos personas sentadas enfrente

comen y leen el diario

cualquier recurso
es desamparo.


*


cerró por duelo el hospital de cerebros
y vos llorás sentado en la vereda

no me emociona verte así
sos un decálogo
de siete mandamientos sin cumplir.


*

intentaste un movimiento

que te salvara del horror que se construye
cuando no hay diferencia
entre el miedo y el miedo

en medio de la destrucción
eso que aún no tiene nombre
te deja sentada a esta misma mesa
diciendo las palabras que no querés oír.



*

qué querías de mí

mujer de siete vidas
que espera tu caída
con las piernas abiertas
no me gusta tu nombre

tu lengua arrastrando la otra lengua
el roce la partida
el sacrilegio

la nariz olisqueando
la oreja de la niña muerta
el silencio de las putas de saavedra
el convento
qué querías

no me gusta tu voz.


*

ese día de dios te tiene atada

(de rodillas te quiere
malherida te quiere)

es cualquier lluvia la que apaga el fuego
es cualquier mano la que filtra el agua
es cualquier culpa la que tapa el ojo izquierdo

era una cama inútil
donde ayer te revolcabas.


*

recemos por los justos

antes de la despedida
hacete a un lado
no duraré para siempre

efectos del exterminio, dirías.


*

nadie me dijo

que después vendría
a instalarse en mis labios
un muerto.



Inéditos

Nigromante

Hace unos meses vas y venís por el mismo camino
de sur a sur
del desvelo a la jerigonza de los diccionarios
que se ocultan en el ordenador.
El mundo declina cada noche al escurrirte de la cama
de la casa chica.
¿A quién harás venir en el silencio?
La soledad no se junta
y el menudeo no es igual a oportunidad.
Mirás por la ventana.
Un coche se detiene en el conventillo de enfrente
y quisieras que te salve o te condene
o que te lleve a otro destino
lejos de las habitaciones que esconden hechos fortuitos.





Pobre es la hora

Caer sobre el mismo escenario:
algunos libros, un par de discos,
otras iniciales en el juego de gemelos.
Costumbres de derecho y uso.

Afuera, gente que camina hasta el mercado chino.
Nada más, gente que camina.

Después actuar debajo de las sábanas,
quitarse la ropa hasta la irrupción
de la Romania fragmentada.
Único conocimiento de la suprema realidad.





Reincidencia

Subimos por los ascensores
Abrimos la puerta
Ventilamos las sábanas carentes de absolutos
Dejamos levar el pan mientras la ropa humea en una soga
En la mañana congelada
miramos fotos viejas, sustitutas del presente
buscamos libros dedicados
ausencias
Soportamos el beneplácito de una historia sin goce
y repasamos
la bondad del destino:
procrastinar
Guardamos la fruta que se pudre en la respiración de la casa
Subimos el volumen de la música
Cerramos la puerta.





los tiranos olvidan

cerca de la ferretería del barrio
en una calle muerta
reuniste en el balcón tres de los siete axiomas
y la ropa de ella
dormiste en una cama levantada con tacos de madera
compraste flores
pagaste el diezmo
dijiste lo que corresponde según las circunstancias
bajo el arco de una parábola
hábilmente
calculaste el espacio perfecto
reductio ad absurdum te sentaste a escribir algunas líneas
sobre un lugar que fue bello como lo era en otro tiempo
y, también escribiste: enchastre, traición, perseverancia
deliberadamente o no
el punto hacia el cual caen todas las cosas





Música

Why should calamity be full of words?

Shakespeare, Richard III


Tocaste un subdominante en fuga
Mi pelo de mujer descansa sobre tu almohada:
el punto de reposo de la duración de las figuras
en tu espalda
en los artefactos del baño
en la pintura blanca del techo
Después de más de treinta años
la connivencia se convierte en gesto de triunfo
Vinimos de lo que somos
no del pollo que almorzamos esta tarde
no de las flores que enviaste
no de la utopía formal con que me sacás la ropa
sino de la alegoría de la rosa
de la aburrida música de Mozart
de la calamidad de los cuerpos.




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