miércoles, 25 de agosto de 2010

656.- ROXANA RAJMILCHUCK



Roxana Rajmilchuk: nació en Villa Ocampo (provincia de Santa Fe, Argentina) en 1968. Cursó estudios en la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Fue finalista en la II Antología de Poesía Joven Argentina, editorial Hombre Nuevo, en el año 1987. Asimismo fue finalista distinguida en el VIII Certamen Argenta de Poesía, año 1992. Participó como finalista en la Antología "Latitudes Literarias" Editorial de los Cuatro Vientos, año 2004.

Bibliografía:

Poemas, 1990
La Oscura, 2004
Libro del Frenesí, 2005
Anís, 2006
Lumeida, 2007
Nuez, año 2007
Tuya, Ana. 2008
Filigranas, 2008
Casa ensoñante, 2009
Javiera y yo, 2009
Hipercurio, 2009
El Embajador del País de los Helados, 2009
Hologauto, 2009
Lieder Risueño, 2009
El Poeta Gourmet, 2010
Código Postal, 2010
La mujer estática, 2010


DE LUNEIDA:


-Luna inasible

La luna menguó tanto
que se tornó inasible

con mis manos abovedando el cielo
indago su indiferencia

confundida maratonista
que desvió el camino
corriendo en medio de un campo
mi anhelo vaga
entre vigas y andamios de otro tiempo

terca locomoción lindante
con la sinrazón del miedo
me inclino en la costa
buscando el nácar alucinado que me salve

pero la luna ya no es una puerta
tan sólo el último brillo de una lentejuela

me cobijo en sueños de arpillera
para no desesperar



-La luna verde

La luna verde y jugosa
como esas manzanas distintas
se deja morder mientras vuelca
licor de menta en la noche espaciosa

Viaje inaugural del encanto
juntamos mostacillas
con el hilo invisible de la sed
en la noche extendida como un paño

Luna verde y reptil
la costumbre de espiarla
tiñó de verde mi mirada

deseos de ir a toda hierba en tus ojos

rubor verde bajo la burda manta



-Helados

Tomas helado de sol,
de hierbas y de cielo:
haces un cucurucho gigante
y lo envuelves
con el mundo entero.

Les das de probar los sabores
a las hijas hojas
de los árboles.

Ellas lamen con lentitud
refrescando el paladar del aire.

Luego te tiras al pasto
y eres parte
de un helado innumerable.

Sólo la brisa de la tarde
te saborea.



DE LA MUJER ESTÁTICA:



-Atisbando el sortilegio

Del interior de los puestos de feria
llegan y se abren paso
bocanadas de espera artesanal
- ojos en errancia sedentaria -
atisbando el sortilegio
de la aproximación del curioso
quien gozará de las maderas, telas
velas y manjares
en una alquimia turística
- visitadora y paseandera-

A su vez los artesanos
se entumecen en la espera
del incógnito forastero
y con brújula de intuición
pretenden adivinar
si se realizará o no el intercambio mágico
de paciencia elemental
por adquisición de asombro
en un instante neutro y desapegado
en la alegoría del trueque
de las posibilidades efímeras.




-El Ángel Glotón de esencias

Sobre la ventana empañada del Otoño
asomó sus alas
el Ángel Glotón de Esencias
absorbiendo con su halo de vapor
los encantamientos lúcidos
de la mañana,
dispersando toda congestión
de tumultos opacos
despejando y dejando entrever
un camino iluminado
por luciérnagas.

Hastiado de encantos
el Ángel consumó su vuelo
desvaneciéndose puro
en vapores blandos.




-El Árbol Candelabro

Hay un árbol dorado
atormentado de soles concisos,
su copa una lámpara espléndida
donde relucen mil luces al día.
Otoñante en su esencia,
pueril de hechura,
pintado tal vez por un van gogh enfurecido,
esbozado por algún pintor mártir
en puros amarillos,
destellando opacidad lacerante
emitiendo el humo
de mil hojas a punto de incendio,
Brilla para no agonizar,
para que no se derritan
las mil llamas
del Árbol de las Velas Encendidas



DE LA OSCURA:


-Velerito

Dichoso el velerito
que en la lontananza
echa a andar
su blanco triangulito.

Si así mi corazón
pudiera navegar
sereno el viento
lejos de las costas humanas.



-Y la luna

Y la luna,
única magia
que ha atravesado el día
tiembla de frío
en la alcoba del cielo.

Toda palidez
pide que la vistan
-tan desnuda está-

Túnicas nubes
le cubren el cuerpo
mientras el viento
azota.



-Otoño

Como apostadores al viento
los árboles lanzan
cartas marrones al suelo.

Juegan por el sol,
por llenarse de sol
los bolsillos verdes
que aún tienen.

Y fuman pájaros
que suben como humo
hasta el cielo.



-Turistas

Alúdate
con todos tus escombros.
Úntate
en la ladera más abrupta
y mata
a todos tus turistas:

al que desde el acantilado
contempla el verdor,
al trémulo que asoma
su cabeza al abismo,
al héroe que en zigzags
aborda los caminos asfaltados.

¡Pero a aquella!
a la Risueña
escarbando en la nieve
la carne para su muñeco,

¡amaga,
déjala viva
en el fragor de los veranos!



-Crecen los días

Crecen los días
como piernas de niños
que corren bosques
y saltan aguas interpuestas.

Crecen y se hacen fuertes
y en los mediodías
el sol se está
como una rodilla descubierta.

Sabemos que así es:
siendo sastres de antiguas aldeas
sumidos en el taller
de nuestras almas
descosemos y cosemos
el ruedo que del día
ayer holgaba.

Rústicas máquinas costureras
nuestros corazones dando
sucesivas puntadas.




DE FILIGRANAS:


-Quiosco de mariposas

Hay un quiosco
que sólo vende mariposas.
Aletean sin volar
sobre las góndolas
segundos antes de partir.

Quien lleve una,
ganará en alado dulzor
será alguien
aún más efímero
con colores en las manos
amalgamando
mundos vívidos



-Hoy dormitó conmigo un ángel

Hoy dormitó conmigo
un ángel de alas cálidas
y ligeras.

Su presencia
imantaba mi sueño
en duermevela plácida y austera.

El halo de su cabeza dorada
estaba a escasos centímetros
de mis mejillas,
casi podía respirarlo
inhabitual cercanía
mientras hombros y espaldas
se deshacían en un hilván
de paz consuelo.

Al despertar sentí su aliento
de nube pasajera
en mi boca un beso
de muñeca antigua empapada
en brumosa estela.

El pecho taciturno
apenas latía en un sutil aleteo
de amor que desplegaba
misterioso candil,
serena entrega.




-El primer paso

Puedo imaginar el primer paso
que el hombre dio en suelo lunar
pero no recuerdo cuándo y cómo
dí mi primer paso terrenal.

Tal vez en aquella cocinita
entre la pared y las manos de mi madre
o en la plaza entre sus piernas
y un gran balde.

Qué gesto se apoderó de tu cara
qué tensión de manos
qué mirada temerosa o de despiste
hubo el día que diste el primero de tus pasos.

En ese instante tal vez un gato maulló,
un perro sacó la lengua
o algún pez del jardín oriental
coleteó.

No recuerdas cómo fue tu primer paso:
siempre lo estás dando
y nadie te admira ni te besa.




-Las pantuflas

Esta tarde he observado
mis pantuflas blancas
arqueadas de cierta humanidad
indecible.

No hay elemento
más cotidiano que las pantuflas
con su ir y venir arrastrado
por los ambientes de la casa.

Por la noche
cuando el insomnio te sorprende
te las calzas y ellas
se dejan ir tan dóciles.

Fieles y domésticas
en tiempos buenos o malos
siempre allí para llevarte
cobijar tus pies
en sonámbula andanza.
El vendedor de arco iris

El vendedor de arco iris
parado en la esquina
de la estación de servicio
colorea con mercadería
la siesta invernal.

Arco iris vibrantes
para los árboles crepitantes
de estación oscura,
y para las nucas
que atraviesan la ciudad.

Nadie compra arco iris.
Nadie se detiene
salvo una niña
que lleva en el bolsillo
un peine.


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