domingo, 1 de enero de 2012

5570.- JOSÉ ANTONIO TABOADA DEL TORO



JOSÉ ANTONIO TABOADA DEL TORO (Nueva Gerona, CUBA 1968). Ha publicado los poemarios: De cómo le robo al tiempo su derecho de amanecer (1994), Espirales del alma (1996), Isla perdida en el tiempo (2001) e Infield hit (2003), así como Hart Crane, el poeta perdido en Isla de Pinos (ensayo-biográfico, 2001). Es autor y coautor, respectivamente, de las antologías Donde el horizonte prohíbe lejanías (1996) y Sueños deformados (1996). Tiene en proceso de impresión el libro Mujerluz definida. Miembro de la AHS.





Stadium

Son cientos las muchachas que van desnudas
a los stadium
y es que el stadium es eso
un hervidero donde brotan muchachas
que sueñan vivir un posible encuentro de pelota.
Ellas son las que cantan y bailan
echan raíces en espera de la noche
para prolongar otro stadium en las profundidades
de su cuerpo
mientras los ojos públicos se sumergen
ante un diluvio de batazos.
Las muchachas desnudas juegan al duro
y no le temen al dead ball
buscan más bien pifiar con el guante de revés
repartirse las posiciones
y entrar en cualquier line up
así volverían loco al manager
al público.
Ellas batean por encima de 300
pero poco les importa
sueñan jugar en un team grande
experimentar la sensación de encontrar
el bote lleno y los parciales
-con sus cornetas- gritando:
se va-se va-se va.
Las muchachas que van a los stadium
encuentran el deseo
la libertad
el enorme pretexto de su desnudez
para que yo
nunca vaya a los terrenos
a jugar.



Probabilidad estadística

Estaba tirado en la línea de cal
sin fuerzas para sostenerse
las gradas estaban repletas de aficionados
que veían al jugador lleno de tierra
como el hombre que ha venido de tan lejos a morir
a recoger el polvo
porque la guerra era una mujer difícil
con mucho miedo enterrado en los ojos.
Estaba tirado el jugador
-casi muerto-
y los niños asustados prefirieron no hablar:
el silencio lo decía todo.



El manager nunca me miró

a Carlos Esquivel

No supe por qué el manager nunca me miró
cuando aquella jugada era tocar la bola.
Prefirió mejor un batazo largo
para llevarse la cerca del center
y anotar todas las carreras posibles.
Pero el imposible de él no era más que su propio juego:
distorsionando jugadas
fallando cada pensamiento.
El manager aquí es un presidente
que apuesta todo a la carta más confiable.
Tres y dos
el conteo más absurdo para el bateador
que no sabe a qué bola tirarle
y conectar su roletazo
y forzar al que avanza en busca del sueño
o irse a la banca después de beberse
aquel slider que nunca vio
y las gradas abucheando en torno a él.
¡Pobre del que llegue a tres y dos con las bases llenas!
¡Pobres los del banco que no verán la luz
y gritaran desde la lejanía su mensaje imposible!
Yo era el indicado
tal vez lo supo el manager
pero no apostó por mí.
Estaba preparado
no me importaban las gradas
ni el pitcher con su slider
ni las reservaciones
ni la fama
solo quería conectar un infield hit
para sorprenderlos a todos
para sorprenderme yo mismo.
El coach de tercera me guiña un ojo
pestañea hasta más no poder
quizás advierte al manager mirarme
pero no lo hace
nunca lo hace.
Estaba preparado para colocarme
en el home plate como un slugger
y engañar a las multitudes
escoger el bate con el que batearon
Sammy Sosa o Mark McGware
Orestes Kindelán o Romelio Martínez
para que me temieran con uno de esos batazos
que vuelan por encima del left o del center.
Pero el manager nunca me miró.
Yo solo quería conectar un infield hit
y saldar mi deuda con el cuadro.



Noveno bate

Si tocas y no llegas
te anotarán sacrificio
la muchacha del colegio se reirá de ti
dirá que no estás preparado
para jugar al duro
y habrá que sacarla del terreno
para que no te devore.
Ella no puede entender por qué Guillén
Maiakovski
y Dario
son inmortales
por eso se escapa al stadium
por eso fuma a escondidas
y no le importa la mediocridad del aula.
Se hace un compromiso el encuentro
con la multitud:
ella se enaltece
es una belleza que le da feminidad a las gradas.
En el juego los protagonistas somos nosotros
no el que tocó para un sacrificio
y se quedará sin acariciar
los muslos-velludos
los labios-fuegos
las tetas marciales de la muchacha
que salta el muro de la cerca
para maldecir a su hombre
y demostrarle como se rompe el slump
con un batazo.



Line up

Siempre quise estar en la lista de los nueve
y ser el hombre proa
descubrir la simpleza del silencio
al manager
o a la vigilia del coach por su miedo
ante la muerte.
Quise ser el short stop
el golpe mortal del gesto y la bravura
la ilustración y la sombra
la foto de portada.
Hace veinte años descubrí la ondulación
en los terrenos
las alfombras cuando llueve
las almohadillas pisadas por los héroes
que disfrutábamos
cuando el un-dos ponía música selecta.
Sueño con la moneda que nos apuestan
con la mentira
con el perdón
con las historias de las muchachas
con la fiebre de coger un rolling por la derecha.
Sueño con la noche
con el juego diario
con la injusticia del manager
con la locura de ser el hombre proa
con la tormenta y la fiebre.
Hace veinte años quise estar
en la lista de los nueve
pero el line up era tan estrecho
que mis sueños se hicieron invisibles
y eché a rodar mi suerte
a una espera interminable.
Tanto tiempo perdido de hambre y de dolor
y manos atadas que impiden el impulso
para anhelar cumbres y gozar de orgías.
He sofocado la soberbia
el insomnio a las manos temblorosas
y a la angustia
que beben mis frutos desde el banco.



Huellas casa sombra

Entre las campanadas de la iglesia
nadie advierte la presencia de una casa
resplandor de un sueño que despide columnas
para dejar vacío el azul que derramó
las páginas de un libro.
No me detengo en las esquinas
no justifico un golpe de asombro
cuando extraviado estaban tus discursos
y la arena repetía indefinidas pisadas.
Inútiles sitios se vistan de amanecer
la casa acorralada desde el fondo
prepara con jubilosos aplausos el mañana
donde animales soñarán el polvo de un fantasma.

La casa queda hueca entre la soledad de cada campanada
y no quiero simular que sus senos danzan
que revienta caracol en los cristales.
He dictado sentencia al rostro
y el impuso intentará advertirme
que nadie acudirá a la cita
a la casa orgullo del espejo.

Más allá cerca de la costa
quedarán grabados pasos en la arena
como único misterio de justificar las huellas
la casa
y la sombra.



Sorprendió el muro la cicatriz del parque

Sorprendió el muro la cicatriz del parque
espejo que dibujo sombra
la calle del triste con su melancólico mito.
Entre los muros
la iglesia ha elegido esperar el regreso de Jesús
y así abrirle pupilas a la calle.

Una muchacha quiebra el sonido
y esconde sus ojos cual loba enjaulada.

Sorprendió todo el día la palabra espera
y el parque derramó sangre por la cicatriz de horizonte
su murmullo hizo asombro
percibió la victoria.
El muro y la espera del regreso de Jesús se disfrazaron
hicieron un poema
lo predicaron el 7mo día recibiendo ofrendas
un cálculo escrito en el libro sagrado.

Ahora el parque está vacío
sorprende la presencia de sus bancos
que salen de la soledad
y como murciélagos abandonan la cueva
y descubren que la ciudad
el parque
el muro
y la espera del regreso de Jesús
puedan contemplarse en esta historia
cuando ya no quedan fuerzas para decir
que la última batalla
ha terminado.



Gracias al viento supimos de la vieja que dejó su casa

La vieja que abandona el mar de la tierra chica
descubre su identidad
en la permanente pequeñez de lo real maravilloso
y es un cambio al solo movimiento
de apagar la iluminada fuente del hombre que la creyó feliz.
La isla ofrece un mediodía que prolonga el goce de los pechos
no olvide el brillo o el fúnebre recuerdo de ídolos .

La vieja dice adiós
y sus manos me dejan como un mendigo
que necesita el pan para alimentar la vida.
Una tormenta se extiende escucha el discurso
advierte un aguacero de palabras
y la tarde cae sobre los que arrecian su voluntad
de ser fieles al poniente.

La vieja que abandona el mar de la tierra chica
se rasura el cabello silbando el coro de los tristes
llega a otra orilla
queda sola oyendo campanadas.

La vieja gime sin saber que el viento existió para ella
sin saber que le trajo un suspiro:
su árida promesa de ser visible
en la oscuridad absoluta de la noche.



Apocalipsis

Se me está llenando la frente de huecos
y una larga angustia cuelga de los párpados
los párpados que pesan la noche
y lamen patitas dulces de ovejas.

Me estoy comiendo la mitad del desaliento
mientras me sale la barba con grito borracho
y las persianas en su empeño paralelo
fragmentan el poco verde que tengo enemigo de las palabrotas.

Tengo un hueco enorme detrás de las orejas
donde me oigo rasgando la piel de petróleo de un pez
y otro debajo de la nariz
donde llega cortado por vidrios cercanos
el intento de algunas soluciones.

Estoy casi transparente
persistiendo
buscando en la carne vulnerable del poderoso juicio ajeno
las cosas que me faltan.



Caleidoscopio

Rompió el caleidoscopio sus danzantes figuras
espejos de impaciencias
de no ver arreboles marinos ni piezas esmaltadas de teatro.
Estancada la ola en últimos suicidios
en los mismos maderos de hace siglos
y nada sale de la impaciencia
y no retengo los barcos ni las bailarinas
los girasoles son extraños y el polvo me aparta
porque choco con mil ínsulas baratarias.

Siempre hay un pedacito de cristal
que forma una escena multicolor
fuera de la burbuja que implica estar en el hombre.
Entonces amas las figuras que vistes en la infancia
quieres gritar que te gusta el verde solo
y te das cuenta que los colores que estalla el caleidoscopio
son líneas rectas que en nada se asemejan a una hoja.

Ah triste de río y musgo que anda mi corazón
utopía total
se imponen dos tres seis caleidoscopio
y olvídate del verde
que eres un chico que no sabes hacer tus deseos
apaciguas la vida con animales internos
aunque te abofeteen mariposas y mares
y rómpete en salidas para este tiempo.

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