lunes, 14 de marzo de 2011

3415.- VERÓNICA VIOLA FISHER



VERÓNICA VIOLA FISHER

Nació en Buenos Aires, en 1974. Ha publicado Hacer sapito (Nusud, Buenos Aires, 1995. Reedición Gog y Magog, Buenos Aires, 2005); A boca de jarro (Edición a secas, Buenos Aires, 2002); Arveja negra (Vox, Bahía Blanca, 2005); Notas para un agitador (La calabaza del Diablo, Santiago de Chile, 2008).





En otro idioma mi primer apellido es un color
pero en mi país se utiliza como verbo
Cuando me pusieron mi primer apellido
cuando me lo pusieron
con fuerza era yo muy chiquitita y no podía
hablar
para explicarles que se olvidaban, para mí
la última sílaba
que haría ese apellido definitivamente mío
perteneciente a mí
La sílaba agregada en otro en idioma
no es un color, significa que el sujeto u objeto
es de ese color pero en mi país
se utiliza con otro contenido Es diferente
mi primer apellido a mí
porque carece de un final apropiado
de una terminación correcta
En otro idioma mi primer apellido quiere
decir violeta Estoy incompleta
Me falta la sílaba "da", al último
doy por sentado que se entiende
aunque estuviera completa en mi apellido
no sería yo entera, algo me han quitado
Cuando nací
y hasta cuando fui concebida, en mi país
en mi lengua

(de hacer sapito, 1995)







California creo

Hubo una época en el país del norte,
California creo, llegó una plaga
de sapos que tenían cierta sustancia en el lomo.
Yo solo conozco las sábanas con huecos
donde probar tijeras y probar
mi inocencia. Lamer un sapo y ver
cualquier cosa, decían
personas de mi edad y generosas. Sumerjo
en mí una pinza por curiosidad
arremeto entre las sábanas manchadas
hasta el fondo mi barriga
tiene un sapo. Cerrar veloz el tajo
así no muero fue un arduo trabajo pero siempre
resulta: mi condena. Lamer su lomo
cerrar los ojos probar
mi inocencia frente al otro
país del sur donde mis hijos
lamen mi boca para recordar el agua, hijitos,
que nunca tuve pero estaban
siempre cantando: el que come y no
convida tiene un sapo en la barriga
Recuerdo a mi madre, anoréxica y no dejo
de comer
de lamer mi propia espalda
para ver cualquier cosa, generosa, inocente
que no sea, yo, pura
casualidad entre dos seres de aquella época que no
sea yo que no
quiero verla la sangre del futuro en esta arena
de circo. Quién paga y quién
con vida pagará mi sufrimiento
¡Seré yo! -gritó el sapo en mi barriga
Entre las sábanas hay solo un hueco
por él se ven
desafiladas mis tijeras.

(de Arveja negra, 2005)









Notas para un agitador

cuando era pequeño se le cayó un piano
en la nuca, desde ese día sus vértebras
suenan cada vez que baila
sobre la silla eléctrica: no muestra arrepentimiento
con palabras, no entona
baladas de protesta

Se dedicó a grabar sonatas
de guerra, percusión ósea contra
tiritar de dientes. La electricidad es buena
compañera dice ahora
encerrado a perpetua

De la música del cuerpo proviene
una verdad indisoluble pero si hubiera
caído una hoja
filosa sobre su nuca, ¿qué palabras
escribiría nunca?

un niño pregunta a otro
cuando el mar se agita, habla?
shh... le contesta su amiguito
al igual que las olas
y callan

(de Notas para un agitador, 2008)








Señal

Mi nariz bajo tu axila, muerdo en la articulación
la extremidad que llega más lejos
la lengua de otra boca –vas a dejarme
sin hombro, el brazo saliendo directamente
del corazón– como un dibujo infantil o una vena
ramificada en dedos que al tocar
mis ojos los vuelven rojos en señal de stop:
no naciste para mí,
mi nariz reconoce sin embargo
el olor a pan bajo tu brazo






Ex - profesa

Sin que otros lo sepan ya he profanado todo
lo que dictaminamos sagrado en nuestro amor
y sin que vos lo escuches digo que sí, yo fui
quien escupió todo reflejo
que apareciera en la noche para ayudar
a vernos. Quemé mis manos perdí la sensibilidad
con tal de aplastar cualquier flama que osase interponerse,
me gusta no verte, no verme,
que te sumerjas todavía en mí
pensando que el líquido es solo flujo
sudor o lágrimas y no descubras
que orino con sangre alrededor
de mi cuerpo para proteger
eso que llamo mi terreno,
mil veces, he humedecido tus labios
con el sabor de esta guerra.







Dialéctica

No hay voluntad de persistir sobre este asunto
No quiero hablar
sobre posibles razones respecto
de mi comportamiento: te acaricié
como si estuviera repasando con el dorso de una mano
las miguitas de la mesa
hasta la palma de la mano contraria y no tengo
más que amor para darte







Brindis

hagamos derroche
en esta dimensión
águila o buey sobre la boca
me arrastran por el cielo
de modo brutal
si digo que soy feliz
¿sonará el tambor,
del arma que oculto tras la sien?






No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada