miércoles, 4 de agosto de 2010

321.- ALES STEGER


Ales Steger nació en Ptuj, Eslovenia(1973). Estudió Literatura comparada y alemán en la Facultad de artes de la Universidad de Liubliana, ciudad en la que vive actualmente. Escritor y periodista, escribe para diversos periódicos tanto eslovenos como austríacos, italianos y polacos. Además de poeta es escritor de libros de viajes, traductor del alemán (Gottfried Benn). Trabaja como editor en la Editorial Studenska zalozba. Es editor cultural en la revista Tribuna.

Ha ganado dos premios por su obra poética; el Premio de la Feria del Libro de Slovenia, por el mejor primer libro editado en 1996 y el Veronika prize por la mejor colección de poesía eslovena del año, en 1998.

Es el cofundador y director del Festival Internacional de Poesía Días de vino y poesía, que se celebra en Eslovenia desde 1996. Ha traducido a poetas como Pablo Neruda.

Ha publicado tres volúmenes de poesía: Sahovnice ur (Ajedrez de las horas) (MK, 1995), Kasmir (Cachemira)(Nova revija, 1997), Protuberance (Protuberancias) (2002), y un libro en prosa: de un viaje sobre el Perú: Vcasih je januar sredi poletja (A veces enero cae enmedio del verano) (Beletrina, 1999). Sus libros se han publicado y traducido al inglés, italiano, eslovaco, checo, alemán, español, croata y búlgaro.
Colabora para diversas publicaciones europeas, fue editor cultural de la revista Tribuna.

Ha participado en festivales de poesía de Austria, Alemania, Lituania, Argentina, Uruguay, Inglaterra, Italia, Croacia, Bulgaria y en El Salvador en el Segundo Encuentro Internacional de Poetas, El Turno del Ofendido en el 2005, entre otros.




Nuez

Te has quedado con las manos vacías y en las manos tienes una nuez.
Al comienzo la aprisionas y escondes como si fuera algo mágico,
Pero luego todo te aprisiona a ti y sabes que tienes
Que responder y con ello matar al mago para sobrevivir.
En el centro de la nuez está la almendra, pero la almendra no te importa,
Tú necesitas la salvación que está inscrita en el interior de la cáscara.
El agobio es demasiado grande, por eso aprietas el puño vacío y la rompes.
La nuez enmudece, los signos rotos se vuelven ininteligibles
Y la respuesta enigmática, pero a través de las rajaduras te escurres al interior
Y te comes la almendra. Así excavas un espacio para ti. Así te vuelves almendra.
Y la almendra se vuelve Tú. El Tú se pone en cuclillas y espera
Que la cáscara crezca a su alrededor. Como una especie de feto
Espera acurrucado, y en la nuez hay cada vez menos luz
Y menos heridas. Paulatinamente el Tú puede comenzar a leer los signos
Y los signos están cada vez más enteros.
El Tú lee en voz alta, pero cuando llega al final
La cáscara se cierra y la noche se cierne sobre el Tú. Atrapado en la oscuridad, el Tú oye
Cómo salta de la galera un blanco conejo con dientes asesinos,
Se detiene frente a la nuez e inmóvil la observa.





Vintarovci 48

Cómo entender que dentro de diez
O quizás veinte años habrás de estar muerta.
Tú cuerpo ya está rígido,
Pero tus manos tienen aún tanto para dar.
Inclinadas sobre la mala hierba. Danzantes entre las agujas de tejer.
Descansando sobre el delantal. Esas únicas manos.
En el vencido sofá, en el que me cambiabas los pañales cuando todavía era bebé,
Tomaste mi mano y pusiste mi dedos entre las arrugas
De tu palma marchita.
Me dijiste que a partir de la muerte del abuelo te palpabas con frecuencia la arteria,
Cerrabas los ojos y escuchabas la vida que se mecía dentro tuyo.
Dijiste que todo era más débil y mudo,
Y que impulsaba la vida de esas únicas manos hacia quién sabe adónde.
Luego volviste a cruzarlas
Y yo me fui a recoger las flores del arbusto que crece bajo tu ventana.
El implacable resorte de las tijeras de podar me obliga a abrir la palma de la mano.
¿Cómo entender el tiempo, en el que incluso el más fuerte termina cediendo?
Las venas de tus muñecas siempre serán para mí
Un arbusto de rosas que todavía no han florecido en este espeso atardecer de primavera,
Rosas que despiden su fragancia en tus venas tanto, tanto.




Piedra

Nadie oye lo que la piedra guarda dentro de sí.
Insignificante, es sólo de ella, como el dolor,
Atrapado entre el cuero del zapato y la suela.

Cuando te lo descalzas, se arremolinan las hojas en las alamedas desnudas.
Lo que fue, nunca más será;
Y montones de otros signos en descomposición.
El olor a dispensarios cercanos. Mudo prosigues tu paso.

Lo que guardas dentro de ti no lo oye nadie.
Eres el único habitante de tu piedra.
Acabas de tirarla.




Con los ojos cerrados

Cuando cierras los ojos, ves el poema.
Vaciado de la firmeza de todas las cosas que a escondidas deseas.
Te recuerda a una habitación recién blanqueada
Que el verano olvidó cerrarle la puerta y las ventanas.
Pero también eso es sólo una alusión insuficiente a las imágenes del mundo físico.
No existen entradas y salidas de ese poema.
Ese poema es material sólo en estado gaseoso.
Una corriente galáctica puede dispersar
A las personas que flotan en él, las metáforas
Que cuelgan de las paredes y convertirlas en algo distinto.
Dos nubes desnudas que estaban a punto de amarse
Son succionadas por las estrellas y expulsadas en nube
De jabalí degollado que está rodeado por una nube gris
De mi padre que fuma y todo lo observa
Escondido en un rincón oscuro del poema. Casi seguro que es él
Quien en verdad escribe cada poema. En la oscuridad
No lo ves hasta que él mismo no llega,
Sin hacer ruido, por detrás, te tapa, travieso, los ojos con las manos
Y pregunta: ¿Quién soy? ¿Me vas a matar? ¿Eres mío?




Regreso a casa

En la escalera de caracol,
Alrededor de las macetas con flores marchitas,
Florece la herrumbre.

Las maletas, llenas de ropa sucia
Y antiguas preguntas, me hacen tambalear.
Como si de umbral a umbral estuviera mudando desasosiego.

Los últimos cuatrocientos kilómetros estuvimos callados.
Ambos ignoramos si también podremos callar
En el silencio de la llegada.

La mirada en el espejo del baño,
De la que había huido tan lejos,
Ni por un instante me ha perdido de vista.




Muro

No pasa un día sin que pienses
Que también a ti te han amurrallado fuera del mundo.
Te han quitado perspectivas. Expulsado.

No pasa una mañana sin que te jures
Que hoy destruirás ese muro, ni una noche
Sin que vuelvas destruido. Tú rebelión no tiene sentido.

No hay nadie que te brinde la seguridad de la oposición.
Los ladrillos se abren solos, suavemente como las horas.
Te dejan pasar aun antes de que los toque tu mano.

Aunque no hay ningún otro lado, ningún otro lugar.
No llegas a ninguna parte y nada te retiene.
No tienes un muro donde todo eso tenga fin.

Y tu muro es nunca nadie en ningún lugar


Traducción al español: Pablo J. Fajdiga




ZAPATOS

Te protegen
Para que el camino en ti se estampe suavemente.Los heraldos murmuran entre tú
y el mundo de las huellas borradoras.
De piel y de costuras.
Los tuyos zurcidos de palabras de piel y de costuras.
Cuídalos.
Puedes estar desnudo y sin nada,
pero con los zapatos en los pies nunca serás pobre.
Que por eso nunca queden escondidos,
volcados bajo la cama,
desechados en el armario,
olvidados en el desván.
Duerme con ellos.
Báñate con los zapatos puestos.
Haz el amor calzado.
Que siempre te adviertan
que estás aquí en una breve visita
y pronto tendrás que seguir adelante.
No los descalces nunca.
Cuando los descalces, el viaje habrá terminado.
Igual que a un gitano te entierran,
descalzo y sin nombre.



CANCIÓN DE CUNA


Sólo te quedan cinco minutos
Antes de que apague la luz.
Ya que el poema que has estado esperando todo el día
No llegó, enumera simplemente lo que hay.
Pues bien, en la mesa descansan los fatigados libros.
Las plantas ya han plegado sus hojas y duermen,
El televisor está susurrando y sobre la mesa aletea una mariposa nocturna
Enamorada a muerte de la luz.
Sólo te queda un minuto. Treinta segundos.
Ahora estoy desnudo en la cama. Te oigo:
Diez, nueve, pero ¿no me habré olvidado de algo?,
Seis, sí, cinco, me olvidé del cuatro,
Tres, pero ahora viene el dos y ya es tarde
También para eso. Ya sólo me queda cerrar firmemente mis alas
Y esperar que al llegar a cero me despiertes.



(de: "Regreso a casa"
Ed. Beletrina)



GRAVEDAD CERO


Cuando era todavía un niño
Estuve leyendo acerca de las dos maneras en que mueren las estrellas.
En el primer caso la estrella empieza a enfriarse.
A través de millones de años va perdiendo lentamente calor y luminosidad.
Todo lo que pueda haber de vivo en ella se extingue,
Hasta que finalmente se convierte en un frío infinito, muertos horizontes de un gigante.


En el segundo caso la estrella empieza a contraerse.
A través de millones de años cada uno de sus átomos, cada gota de luz,
Cada deseo, cada pensamiento, cada esperanza tiende a un centro inexistente.
La agonía termina cuando toda la estrella, con su atmósfera inclusive,
Se condensa hasta alcanzar el tamaño de una pelota de tenis.
Todo se convierte en centro, en masa y gravedad infinitas.


Cuando era todavía un niño
Estuve leyendo acerca de las dos maneras en que mueren las estrellas.
Cuando el niño desapareció, todo nacimiento pasó a ser una simple copia
De una de estas dos maneras de morir.
El surgimiento de una civilización. El nacimiento de la poesía.
Dos veces he nacido y dos veces perdió mi padre las esperanzas que había puesto en mí.
Estás demasiado enfrascado en tus libros, me dijo, eso no es bueno para la
salud.
Mejor aprende de una vez por todas cómo se agarra correctamente la raqueta
Y a lanzar la pelota más allá de la red.




(de: "Regreso a casa"
Ed. Beletrina)



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