domingo, 29 de abril de 2012

6593.- JESÚS JAVIER LÁZARO PUEBLA


Jesús Javier Lázaro Puebla.
Nacido en La Puebla de Montalbán –Toledo-. 16 de abril 1965.
-Premio Adonais 1991.
1997 .-Licenciado en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. (RESAD)
- Actualmente dirige la Sala cultural Trovador en Madrid.
En cuentos tiene obra publicada junto a otros autores:
-Obras casi completas-
-Cuentos del corazón y otras vísceras
En teatro.
-Amaré tu muerte-
-Los campos Eliseos-
Autor de las obras dramáticas, representadas:
-Los campos Eliseos- . Escuela de teatro Zaragoza. 1995
-Enredaderas- En la RESAD. Madrid. 1997
- Otra Celestina. En el Centro cultural Fernando de Rojas. 1999.
-Morir en la Iliada. Lectura dramatizada en el Ateneo de Madrid. 2008.
Poesía.
.Canción para una Amazona dormida. RIALP Madrid 1992
.Las puertas del Tiempo. Ed Vitruvio 2005.
.El Verano de los flamencos. Ed Polibea. 2011
Tiene varios libros de poema en proyecto de publicación
y la obra de teatro Morir en la Iliada.
Además de tener poemas en varias revistas, y antologías.
.Revista Alemana PARK
.Ha dado recitales de poesía entre otros:
Biblioteca de Madrid. 2004
Ateneo de Madrid. 2005.
Casa de Canarias. 2008









El verano de los flamencos


Esta es la tierra quieta, la que no tiene dueño.
Os voy a mostrar las verídicas manos
que moldean el corazón del hombre,
las lejanas termitas cortan las flores para todos los muertos
y abren las lluvias con sus veleros de arena.
Efímeros árboles crecen en la garganta como cristales de sal.
Alguien tira de la soledad, caen los caballs del horizonte,
su ceniza circular lleva el estrepito de los abandonados.
Los niños salen del invierno con sus herraduras de espinas;
el canto del guerrero desnudó la noche
y la sangre era una compacta cuerda
que arrastraba la densa cornamenta de la muerte.


Ahora tú puedes mirarme como si estuviera vivo,
mis arterias y este río se entrelazan
como un animal que lamiera la inmensidad del vacío.
Ven, tiende las manos a la lluvia, oye aquello que aclama sin cesar,
entra luego en la espesura donde los ojos resplandecen,
nos asustan como los gritos de la desolación
al despertarnos ante los negros muros de la tierra.



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