martes, 3 de enero de 2012

5579.- MARTÍN GAMBAROTTA







Martín Gambarotta nació en Buenos Aires en 1968. Publicó: Punctum (Buenos Aires: Libros de Tierra Firme, 1996), Seudo (Bahía Blanca: Vox, 2000), Relapso+Angola (Bahía Blanca: Vox, 2005) y Refrito (Santiago de Chile: Calabaza del Diablo, 2007). Una vez dijo: “… porque a esta altura no me parece relevante que alguien pueda escribir un «poema». Lo que a mí me resulta más relevante es encontrar un sistema que permita elaborar un discurso para escribir”






[Para un plan primavera]


En el baño están rompiendo vasos
en la cocina están rompiendo huevos
en la calle están rompiendo autos
en el playón de los caídos están hirviendo huesos
se clama por la fritura de los sesos


todos los días son de reyes, todos los miércoles
son de ceniceros, todos los jueves son de margaritas
los viernes, festival maya para carniceros


se rememora la doma del frr-r-rrgrfk


el burgo es un caldo de vegetales
la calle es un caldo de astrolabios
la pieza es un caldo de toro
enero es la eclosión del dinero
febrero es un caldo de enero, prima
la calma a las puertas de marzo


los guardaespaldas del plan primavera lloran al ver llover
los camilleros se hablan todo el día de River Plate
se sacralizan las heladerías del conurbano, suboficiales echan
un matambrito al fuego como si en el juzgado Zárate-Campana
las chiquilinas quisquillosas escupen en la fuente, en las despensas
los contadores discuten de cantores de tango
los tipos sin casa se tiran al sol como leones viejos
las panaderas tocan las panderetas de sus pandilleros
no sin cierto enfado
los taximetreros tartamudos le dicen muchacho
los trotamundos le dicen mmm-uch-mu-chacho
los paralíticos en su ápice le dicen muchacho
los vendedores de lápices le dicen hermano.










79


Los que duermen en el valle de silicio, los que están despiertos
cargándole combustible a su auto en una estación de servicio
en el valle de silicio, los que duermen en el tren eléctrico
adentrándose en el valle de silicio, los que van despiertos
en el tren eléctrico adentrándose en el valle de silicio
los que duermen en el tren eléctrico que sale del valle
de silicio, los que van despiertos tomando una cerveza
en el tren que sale del valle de silicio
y ven pasar volando en la otra dirección una ráfaga
de vagones iluminados en viaje hacia el valle de silicio
los que quieren llegar al valle de silicio a trabajar
en overol naranja para la compañía eléctrica leyendo
los medidores de luz del valle de silicio, los que quieren
irse del valle de silicio con el overol naranja todavía puesto
porque no quieren trabajar más para la compañía eléctrica
leyendo los medidores de luz del valle de silicio.














Los que tienen la sartén, los que fríen, los que la limpian
los que ni fríen, ni limpian y miran como se tiene, se fríe
se limpia, los que lavan platos, los que hornean loza
los que antes horneaban loza y ahora lavan platos
los que hacen pochocho y se sientan a mirar
fotos de Rodríguez en Angola.


(Relapso+Angola, 14)












(Acto I. Escena I. Rodríguez vestido de pionero.
Escenografía a elección.)


RODRÍGUEZ:
Madre, creo que soy un fascista y no temo serlo
pero quiero dejar de serlo o al entenderme fascista
y no sentir temor dejo de serlo, es una pregunta;
no hablo del lugar común de los que son fascistas
y no lo saben, no hay nada más fácil que decirse
no fascista; cuando veo un demócrata por tevé
quiero pegarle un tiro; tengo planes para todos
construcción de hospitales, regulación del alcohol
por parte del estado, una nueva gramática; estoy
del lado de la policía. ¿Conoces ese texto madre
donde P.P.P. se pone del lado de la policía cuando
reprimen a los estudiantes? Y también a veces dudo
hasta de ser fascista y tampoco temo ser otra cosa:
un quinto columnista, triple P portando la antorcha
con la que ha de incendiar babilonias o un cuadro
del partido republicano al que le ponen en su copa
la última aceituna del frasco para que sorba martini
en lo que fue el este.


(Relapso+Angola, 65)














Una vez Rodríguez estuvo una semana tirado con fiebre en la cabina
de un portaaviones. Otra vez Rodríguez nadó toda una noche en la
pileta iluminada. Más de una vez Rodríguez leyó su apellido escrito en
caracteres cirílicos. Alguna vez Rodríguez anduvo por plaza Sintagma
con la mandíbula tiesa. Rara vez Rodríguez trova gratis. (Esta vez
Rodríguez está frito.


(Relapso+Angola, 70)














El mejor disco de Rodríguez se llama Unki Dori.
El mejor disco de Rodríguez se llama Armando un Rifle automático
/en la Oscuridad.
El mejor disco de Rodríguez se llama Desayuno con el Chacal.
El mejor disco de Rodríguez se llama Oh, Piedad.


(Relapso+Angola, 71)














Rodríguez vestido de civil. Come
un ala de pollo con la mano. Brilla
a su lado una taza de aluminio.


Rodríguez vestido de civil. Mostrando
el cajón de su cocina. Lleno
de cuchillos tramontana.


Rodríguez vestido de civil. Mira
a los cazabombarderos en vuelo. Rasante
sobre el estadio nacional.


(Relapso+Angola, 79)


















1


Una pieza


donde el espacio del techo es igual
al del piso que a su vez es igual
al de cada una de las cuatro paredes
que delimitan un lugar sobre la calle.
La bruma se traslada a su mente
vacía, no sabe quién es y el primer
pensamiento "un perro que se da cuenta que es perro
deja de serlo'' vuelve a formar parte
del sueño pero aparece, difusa,
la maceta: una pava abollada con plantas
en el centro de la mesa: dos caballetes
sosteniendo una tabla de madera
--entonces está despierto.
Las manchas de óxido en el cielo--
el color de la luz sobre las cosas, el cielo
que se retrae y es óxido borroneado
entre sus ojos y cae dormido de nuevo, pero aparece
un orden en la materia despierta.
La ubicación lúcida
del lugar en el día, el ruido,
el cuerpo latiendo,
la ruina de una idea que corre
por una red de nervios,
palabras de acero
contenidas en un soplo:
un orificio cabeza de alfiler
en una cavidad del corazón.


2


En el 2do. estante,
un tenedor torcido entre el alcohol puro
y las gillettes usadas.
Sobre la heladera tiembla
una estatuita: es un tenista banado en oro falso
en el acto de sacar el primer servicio.
Cada minuto un trofeo de plástico.
Y en qué momento un hombre pierde
noción y su mente queda en blanco:
cuando no puede dormir y no aguanta
el hecho de estar despierto.
Cómo se llama eso que cuelga de la pared,
cómo se llama eso que cubre la lámpara.
Rodeado de cosas sin nombre a mí también
me hubiera gustado empezar esto
con: de noche junto al fuego
pero acá
no hay, salvo en potencia, fuego
y eso que se divisa, una oscuridad
baldía sobre nosotros, a duras penas
puede ser llamada noche, nada
hace suponer el final de la transmisión nocturna
que ahora termina y deja
la pantalla nevada
trasladando a la penumbra del pasillo
la oscilación de un aire gris que no provoca
ninguna emoción salvo en las cosas.
Antes del corte de la programación estuvo
el vuelo de una polilla en la pantalla
a contrapunto de la banda de sonido del Gran Chaparral,
una japonesa que se tiraba a la pileta,
los subtítulos en verde decían:
"acaso no eres tú la de los ojos azules",
en otro canal, el documental sobre cáncer de piel
y en otro un delfín saltando aros de fuego
y de nuevo la japonesa secándose la nuca
con la toalla, mirando la cámara
cambia y otro dice "solo se escribe
acerca de la muerte por dinero."


Cadáver, esto ya no es rock
algunos roban estéreos, otos roban esposas
pero todos robamos.
Discriminando entre el dolor y la apertura siciliana
va hasta la pieza y en una hoja escribe
la jugada de una partida por correspondencia
que va a reproducir un tablero en Concordia
en otra noche. Alguien lee
la nota: Jaque,
torre negra toma peón alfil uno
mate
y sabe que todas sus piezas están perdidas.
No hay color, únicamente
queda la variación en los tonos
de gris que, en el pasillo,
se funden con el destello aguado de un aviso de yogur
que viene de la calle:
PORQUE LO MAS IMPORTANTE dice ES UNO MISMO.




3


En la cocina
la llama de la hornalla
oscila detrás del Guasuncho, que
se cree el héroe del Barrio Pepsi
pero que nunca salió de estas cuadras
a no ser para cobrar una renta.
Guasuncho, de visita en la cocina
él, que hace unos años fundó
una pseudo célula clandestina y después se puso
a vender biblias para el Ministerio de Ondas de Amor y Paz.
Ahora rehabilitado, con restos de chicle en el labio inferior
de su sonrisita parapolicíaca dice
hesitante
loco
loco, yo era amigo de Luca.
Guasuncho cuenta de una minita
que, siguiendo los pasos de su hermana mayor,
usa una remera donde un águila sostiene
el bate de beisbol en una garra y laureles en la otra.
En dos semanas cambió menos que en la media hora donde
hablamos del futuro en tiempo pasado.
El parlante roto, dice Guasuncho
hacía que la canción,
Blondie, se escuchara de a ráfagas, arrastrada
hasta la pieza desde otro lugar
menos pensado; después de la escena
de celos en el comedor coreano algo
quebró la sucesión de los hechos
y entonces, todo indicaba que era él,
no era yo, dice Guasuncho, con un envase
en la mano, ni ella, una mujer
sacando un jean del bolso
los personajes que a la otra mañana se movían detrás
de la vidriera mal enjabonada
en el San Cristobal Laverap.
Nadie comenta salvo Confuncio
que comparando de reojo al Guasuncho
con una diapositiva de cuando tenía 17
le dice, nunca debiste confiar tanto
en alguien que le pone Heráclito a su gato.





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