jueves, 8 de diciembre de 2011

5304.- MELVYN AGUILAR


Melvyn Aguilar Delgado, poeta y escritor costarricense (n. 2 de noviembre de 1966, San José)

El poeta y escritor costarricense, Melvyn Aguilar Delgado, nace en San José de Costa Rica el 2 de noviembre de 1966. En 1987 ingresa a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica donde cursa la carrera de sociología.
En 1988 funda junto a los poetas Sergio Barbosa y Claudio Sánchez el Anti-Taller-Anti . En 1992 participa junto a David Maradiaga, Alejandra Castro, Patrick Cotter, Meritxel Serrano, Mauricio Molina Delgado, Claudio Sánchez, Diego Montero, Juan Carlos Murillo e Isaac Rojas en la fundación del Colectivo Octubre Alfil 4. En 1994 participa del Colectivo Voz Urbana.
Además de su actividad literaria, Melvyn Aguilar se ha dedicado a trabajar con organizaciones ecologistas y con comunidades campesinas e indígenas. Entre 1991 y 1995 trabajó con la Asociación Ecologista Costarricense(AECO)y con la Asociación Ecologista de Cogestión Comunitaria (AECCO)entre 1995 y 1996.
Fue miembro del equipo técnico de la Mesa Nacional Campesina (1998-2003) y Consultor para el Convenio -PDR-COOPEORTEGA en el marco del Programa de Turismo Rural Comunitario de la Cooperativa Autogestionaria de Ortega (2005- 2006).
Actualmente se desempeña como consultor independiente en gestión de proyectos de desarrollo rural comunitario y es colaborador de la Editorial Arboleda.

Obra
El trabajo poético de Melvyn Aguilar se inscribe dentro de la denominada "Generación del Desencanto" caracterizada por un alejamiento del "realismo" y la aparición de nuevas formas de escritura dentro de la literatura costarricense.
Ha publicado el libro Territorios Habituales (Editorial Arboleda, 2006); una colección de 33 poemas entre los que se encuentran "Postulación", "El pincelero, la arena y el toro"y "Anticanto".
A inicios de la década del 90 publicó en el Anuario de Arte Costarricense, junto al poeta peruano Leo Zelada, "4 Sofismas para un Cangrejo", un trabajo experimental a dos voces.
Algunos de sus trabajos han sido publicados en distintas revistas nacionales e internacionales. Poemas de su autoría aparecen en la revista Los Amigos de lo Ajeno, en la antología de poesía contemporánea costarricense Sostener la Palabra (Editorial Arboleda,), y en la antología Noches de poesía en El Farolito (Editorial Perro Azul).




SAKURA

Ha caído la última flor del cerezo
desciende lenta,
suavemente
como los párpados
de los amantes
cuando se besan.

Va rayando la noche
como un meteoro lastimado

y su apacible vuelo
recuerda

a aquél que mora cerca de los sepulcros
con un sol pendiendo de su cuello.

Ha caído la última flor del cerezo.










VARIACIONES EN TORNO AL POEMA
“LA NAVAJA DE OKHAM” 0 UN BREVE POEMA TITULADO


Fobos y Deimos
juegan en rededor del torreón.

En el torreón
hay una rosa necesaria
una rosa sin nombre
y una rosa sin nombre
apenas subsiste,
una rosa sin nombre
no se puede nombrar
y si la rosa no se nombra
no existe la rosa.

Y sin embargo, yo percibo su olor.

Non in commotione, non in commotione Dominus

¿Cómo nombrarte, entonces?

Tú serás Cecilia, la dama del armiño,
en tanto las entrañas del caballo del duque Sforza
no conozcan la caricia de los metales fundidos.

Tú serás Virginia tras la ventana,
mientras alguien en Padua
mire la luna.

Sor María Celeste serás
escribirás una carta
y yo hurtaré una lámpara para la mayor gloria del señor
y velaré por el adarve en busca de tu nombre
y con tu nombre desentrañaré el secreto de la luz
y con la luz alcanzaré los pétalos que mercurio, el mensajero
le dibujó al sol.

En el torreón
hay una rosa necesaria
una rosa sin nombre
y una rosa sin nombre
no se puede nombrar
y si la rosa no se nombra
no existe la rosa.

Hay demasiada confusión aquí.











ENTRE ÁNGELES Y GERIFALTES

Así son estos callejones
Alfredo.

Irreductibles como los ojos de ella,

contundentes como los ojos
de muchas iguales a ella,

profundos , mono estelares
como el universo de los tuertos

en ocasiones chispeantes,
pero casi siempre con un dejo
de la más rabiosa nostalgia,

decididamente luminosos frente a las vitrinas,
pero velados por las sombras milenarias
de los mandriles sagrados de Gebel.

Pentagonales en las urbes,
como los bosquejos policromos de las tortugas de Arraikú

y náuticos
Alfredo
ante la escasa ternura de estos días,
ante esta forma ungulada de sobrellevar
–la árida-cotidiana–

Tal vez por eso es que somos pocos
en el callejón del gato,
tal vez por eso, sea don Latino de Híspalis,
quien guía nuestros pasos
y no el clan de los iluminados.

“Vinimos” a mirar Alfredo
y no nos dejaron más que sombra,
abolladura de espejo y esperpento.

A decir “vinimos”
y no atendieron la mala traza de lo divino,
la notable fealdad de este aire que tragamos.

Hay aquí de todo, Alfredo
plintos, orlos, capiteles, fustes, contrafuertes,
remates, antepechos y parapetos.

No falta nada en el callejón.

Buitres y ángeles
inhalando nuestro mismo cielo
el mismo polvo que nos constituye, establece y conforma.

Ángeles y buitres, Alfredo
arcángeles de rapiña merodeando nuestra sombra

–que es como decir nuestra suerte–

Un callejón
en su estupenda pequeñez
resulta siempre una aventura,
un evento donde la noche sin falta toca a la puerta
con sus manos frías.

Un callejón, Alfredo,
es el triste camino a ninguna parte
–y pese a todo–
acaso nuestro callejón,
nuestro teatro de sombra y fantoche
nuestro aire de pelele y marioneta
–el aire nuestro de todos los días–











REPASOS DE UN NIÑO ERUDITO

Pensando en D.M. C.

“La soledad es una piedra atravesada en la garganta”
“El exilio es una larga avenida por donde solo transita la tristeza”
Fernando Ugarte

Se me antoja
el niño color de horchata,
sus danzas de Cocibolca, sus licores,
su diaria porción de odio
–que con brutal eficacia–
encaminaba al vacío

–hacia nosotros, sus falsos semejantes–
Ah
la ojeriza
afablemente amamantada
en arrias madrugadas de luminoso oprobio,
sin inquietud nutrida a la sombra
del aparente encantamiento
de sus fraternos pasmados.

Ah
el puñal y la serpiente
el verso y sus miserias.

El niño de otras urbes, en otra urbe
evocando a la mujer del lago.
–Él, sus repasos–
Managua “desboronándose”
en sus legendarias pupilas sabedoras de infierno.

El niño erudito
afilando la despatriada alegría
de su vieja ciudad de crucigramas
mercando pescado fresco en San Miguel Central,
y amores en la Conga Roja.

El ilustre niño
visitador del Pez que Fuma
rechiflando bajito sus pesares
en la esquina de los coyotes,
o mediándose una media en el Foker
para charlar con los poetas del Cachecho
sobre el voceo de las fieras
y los trueques de la Caimana.

Ah
el puñal y la serpiente
el verso, sus miserias
–la memoria y sus venenos–








LOS MUERTOS DE ESTA HISTORIA

Los muertos de esta historia, no saben que están muertos.

No saben y salen de madrugada
–cada día–
con su pan bajo el sombrero
sonriéndole sin prejuicio a las muchachas
por antiguos callizos
sentándose complacidos en mesas hartas de flores,
mientras comen mandarinas.

Ellos, sin apuro, desvirgan pacientes petunias y azahares
frente al cambio-luz de los semáforos.


Arrean sus versos como ovejas
–por los mercados–

visitan hospitales y sarcófagos
en busca de juglares infectos
y apagan manzanilla por las tardes
en los primeros días del verano.

No saben que están muertos, los muertos de esta historia.

No lo saben y hacen amigos entre bandidos
citan a Kant en las iglesias
y ensayan sus muecas de angustia
-frente a señoras y señores-

Visten púrpura en recitales y banquetes
fuman opio importado tras bambalinas
y dan puntualmente
su diezmo de imprenta , al “imprentero”
–dan apretones de mano y abrazos–
sonríen y se endeudan los muertos de esta historia
que no saben que están muertos.













METANODIA
(O rondó de la transmigración)

A Felipe G.

“Bienaventurada la muerte de los dioses
que impasibles, altivos,
fueron creados por nuestros deseos
y se convirtieron en ocios deslumbrantes”.
Cardona Peña

Yo que siempre me despido y siempre me quedo

aquí te dejo a los arpones del capitán Ahab,
la danza macabra de Cazaliz y Saint Saëns
los fragmentos de un mundo con gallos y violines
que nunca más será.

El sepulcro y sus imanes,
su taciturno centro de atracción
donde se honra con moneda
y se agitan soberbios pañuelos
por última vez

Aquí te dejo
hoy, ahora,
el mecanismo secular de la ruleta
y sus pájaros sin corazón,
el ojo trasegador de los aeroplanos
y sus guiños.

Nada más, tan solo eso; mapas, señales,
émbolos y otros mecanismos para el viaje.

La ganzúa de yodo y el pasadizo
por donde los hombres rana de Cardona
descienden a las raíces del abismo.*

Y hoy por hoy,
cuando ya nada queda en pie dentro del cáliz
bueno sería embriagarnos a grados de almirantazgo
exprimir pulpas baratas y beber de su dulcificada anestesia
Junto a pastores sin suerte y capitanes de alas cortas.

(*) Referencia al poema “Monólogo de la Muerte”, de Alfredo Cardona Peña.






CARTA A ISABEL RIMBAUD

Felix qui potuit rerum cognoscere causas
Virgilio

Abigarrado sortilegio el tuyo
Isabel,
esconder la vergüenza ajena, póstuma
con la sinuosa perversidad de las fogaradas
- fatuidad, fatuidad -
Habría sido mejor renunciar al apellido
que corretear la historia apagando incendios en los palacios
de la moral.

Pues no será culpable quien sedujo al mismísimo amor con la
anuencia de las pocilgas.

Mas, sí quien
perpetuamente enlute,
con un rosario entre las manos y un sátiro, un demonio entre
las piernas.

Yo sé de tu pecado,
Isabel,
tu vergüenza tenía un nombre.

Y besaba un labio, una mano, un muslo
con la misma sensualidad con que besa una daga
y luego huía y se llevaba consigo todo:
el brillo de la miseria,
los cadáveres anónimos de los juegos imperiales,
el ajenjo verde con el que se embriagan los amantes,
los crucifijos, el marfil, la presunción de los poetas
y aquel ávido mirar de niña
que ahora se esconde tras el encaje fúnebre de la pena












NO DUERME ESTE CORAZÓN

A Osvaldo Sauma

“...Tú que, como una cuchillada,
has entrado en mi corazón quejumbroso...”
Charles B.

Este es mi corazón,
está donde siempre,
tañendo,
ladrándole a la Makkah,
alerta, como un San Jorge,
atento a la abeja y al reptil.

He aquí a este mi corazón arándano
dispuesto a la noche de las careyes,
al néctar de Melisa y a vos.

Es viejo este corazón
y sabe por diablo
del molino y sus virtudes,
de púas y paraísos.

no cree en la muerte de los que aman ni en la vida de los
que no aman,

más bien, va rezando su rogativa derviche

la que se ha ido no ha muerto, tan solo está ausente.

No duerme este corazón
de tanta multitud,
no está solo, en su soledad
colma su jarrón Ankara
con una sangre devota
y apuesta a la vigilia,
a la espera de los nudillos que agitan la noche,
presto al alarde
de las Fuensantas que vienen del ayer.

(NOTA: Las cursivas son autoría de los siguientes poetas: Macedonio Fernández, Ramón López Velarde, Osvaldo Sauma y Ramón López Velarde, respectivamente.)



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