lunes, 14 de marzo de 2011

3402.- ALVARO MARÍN


ÁLVARO MARÍN nació en Manzanares, un pueblo de la zona cafetera de Colombia, en 1958. Año que coincide con la instauración del Frente Nacional en Colombia, una alianza de dos partidos que gobernó el país durante 16 años y eliminó toda forma de oposición política. Como en buena parte de las familias colombianas tuvo un padre liberal y radicalmente anticlerical y una madre conservadora y fervientemente católica, también su familia era un frente nacional. Ese contrapunteo entre dos visiones del mundo tan radicalmente opuestas pronto le liberó de las argumentaciones ideologistas en lo político y de posiciones dogmáticas en lo cultural, la lectura de la historia del país y la reflexión lo llevaron a entender nuestra compleja conformación como cultura, en donde se entreveran componentes culturales de diferentes vertientes. Ese carácter mestizo y barroco de nuestra cultura es uno de los elementos de su permanente reflexión ensayística y que también se expresa en su poesía. Ejerció un espontáneo periodismo escolar en donde publicó sus primeros escritos, luego en la Universidad Nacional de Colombia continuó con el ejercicio informativo en periódicos y revistas universitarias. Hechizado por la poesía de César Vallejo y Miguel Hernández publicó su primer libro de poemas con el Título de Jinete de Sombras en 1992. La publicación fue un reconocimiento que le hizo la Casa de Poesía Fernando Mejía de Manizales, luego fue invitado al Diario El Espectador de Bogotá para colaborar con notas sobre cultura y literatura en el Magazín Dominical dirigido por Marisol Cano y coordinado por Juan Manuel Roca. El Magazín jugó un papel crítico importante en la vida cultural del país en los años noventa. Recibió otro reconocimiento en poesía al ser destacado uno de sus libros: La noche líquida en una convocatoria latinoamericana del Festival de Poesía de Medellín. Publicó en 1997 La brújula no quiere marcar más el norte, un libro de ensayos sobre cultura, política y literatura. Escribe ensayo, poesía, notas periodísticas en diferentes medios, ha colaborado con procesos de comunicación y de reflexión en comunicaciones; en Le Monde Diplomatique y periódicos de iniciativa popular, como desde abajo y Periferia. Ha ejercido un trabajo periodístico en los últimos años, escribe para revistas culturales y políticas; colabora en la revista Cepa de reciente creación por Fals Borda y Libardo Sarmiento.





PROMETEO
Revista Latinoamericana de Poesía
Número 81-82. Julio de 2008.

ÁLVARO MARÍN
(Colombia, 1958)






CANCIÓN PARA ELIANA

Y tú, niña, no te quejas si el cielo oscurece.
Juegas a las lamparillas bajo una manta de sombras
bajo un cielo de alas negras. Y si el día arde,
y si los fogonazos de la guerra incendian el sol
sigues indiferente en el juego, en el no saber que el hombre
es un ser oscuro
que caza aves, que caza hombres.

Es mejor que no lo sepas. Yo quiero ser como tú
Yo quiero ignorar el país de los muertos,
donde un ave que pasa
puede ser el alma de un cuerpo segmentado.
El alma coja
De alguien que abandonó la tierra,
que trabajó la tierra,
que fue hundido
en la tierra.

¿Y por qué digo cosas tan tristes para una niña?
Porque la dureza ha fundado un imperio
Porque el juego de los niños ha sido suspendido
y de la selva huyen garzas con las alas en llamas.

Porque hablo desde el abismo.
Cosa terrible es hablar desde el abismo,
las palabras salen con tierra.

Yo excavo en mi aridez interior
hasta la más profunda de mis soledades,
hasta la soledad de ti.
Y sin embargo
hay una dulce gota
y una luz de azafrán en tus labios durmientes.

Tengo que confesar que estoy muerto,
estoy muerto, y canto. Te canto a ti niña, una dulce canción,
porque duermes, porque no entiendes todavía lo que pasa:

Mejor nos vamos que esta gente aquí no nos quiere,
sube a la bestia silenciosa de este tiempo.
Nos podemos perder entre sus pliegues,
por los escombros de una nave derribada
en cualquier fragmento de hojalata.
Huir por la hendidura del tiempo en el espacio,
entre las llamas del medio día o entre una herida del sol.
Montar a pelo el viento donde arrojamos la semilla,
por esa playa de Santa Marta por donde huyó el que aró en el mar.
Abandonar este abismo donde el sol muere,
huir de estas llamas que se agitan como el látigo
del tiempo perdido.

Colombia es una niña a quien todos atormentamos
el tiempo es el golpeteo de sus manos, y el sol una amenaza.
Hasta la niebla parece venir de abajo,
desde la oscura entraña de los holocaustos,
del fango y las lianas intransitables que nos acogen.

Ayer asesinaron, hoy es la fiesta,
la sangre es el verbo que se consuma.
¿Y acaso no hay otro lugar adónde ir?
No hay lugar.
Sólo existe esta herida: el cuerpo quebrado de la niña
como cáscara, como hueso de ave, como aire de nadie
como pájaro que ha perdido el poder del vuelo.
Y mi niña me pregunta cómo ha sido este día

entonces esquivo la respuesta con un juego de palabras
cualquier juego, todos jugamos a la nada.

Y sin embargo veo un frente de luz.
Y yo le digo que hoy
cuando el sol vetea el día con sus lanzas doradas
miramos el horizonte por infinitésima vez
en el viento cálido que traen los meses claros.

Cantamos para que la luz sea,
también la luz tiene su parentela.
La luz, ya se dijo, es hija de las palabras
pero también es hija del canto, y de la danza.
Cantamos para encender la llama al fondo de la noche.

Sin el mediodía el infinito no es,
Sin la altura el espacio naufraga.
Recuerda Eliana la luz del sol
Es el reflejo de la luz de tus días

No hay muerte
Esas aves que surcan el cielo
Revuelan liberadas de tu risa.

Eres música y silencio
de la oscura tierra el color de las flores
del profundo misterio la claridad.
Dime si te gusta este ramo de girasoles
bajo el claro de luna.

También tu sombra es una niña
Que juega a ocultarse más allá del mar.
No hay muerte
Hay la llama que enciende los días
Las olas trazadas en la hoja
en donde te dibujas niña que ya no estás.

Regresas al silencio por un arco de estrellas
Aprendes, como querías,
El arte de danzar y volar al mismo tiempo.
Vuelves
Al sitio de donde venías con un ramo de luz
A espantar la luna de la muerte.

Eres la flor de una planta que en la tierra no crece
Cantas tus días en el lugar sin nombre.
Eliana, salva estos abismos
Huye de este frío que quiebra las alas
de las mariposas.

Los callados árboles te observan
Cómo pasas veloz en la danza del amanecer.
Navegas en el barco de vela que dibujas
Y lanzas una rosa de bengalas
Sobre esta noche oscura.

No hay muerte
Hay nube y árbol y pájaro en silencio
Hay la niña y la madre ocultadas,
no para siempre.
Sólo por esta noche.

Hay mariposa y sol
Cubiertos por la sombra
que será a su vez ocultada.
Ahora entiendo lo que es la luz
Que rompe en silencio la oscura dureza
Eres el árbol contra la niebla,
El ave contra la noche.

¿En dónde abres ahora tus alas de niña?
En dónde cantas y ríes ahora
Que forman cirios las nubes y
Se toman el aire crueles pájaros rojos.

Los cometas, y los peces de tinta
vienen preguntando por ti.
Dime, ahora qué les digo,
dime ahora dónde voy a encontrarte.


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Poema de amor

Oscuras alas nos rozan, anoche
cayó un lamparón de sangre sobre la tierra
y la luz de las bombas
iluminó nuestros cuerpos dormidos.

Después de la guerra levantaremos la casa
y la sangre derramada
arrastrará los pájaros grises de la tormenta.

La historia es un país de estaciones,
después del oscuro invierno
pintaremos la casa; cuando en el cielo rojo
se oculten las máquinas de la sombra
enterraremos a nuestros muertos.

Pintaremos la casa,
y el olvido resanará las grietas,
en la noche volverán los amigos
a encender la hoguera de sus voces;
tu voz será una lámpara sobre las ruinas
y tus manos lavarán la sangre de la tierra.





Deseo

Podría decir cielo de plata o luna azul,
pero esa no es mi voz
y si dibujo una estrella
es solamente para ahuyentar mi sombra.
Adivina de la noche, descifra estas aguas:
soy el mar solo acercándose a tus orillas solas.
Y hoy quisiera hacer de mi voz
un mar de luz para la sed de tu noche;
que mis pasos tengan
la resonancia del alba cuando busco tu huella
y no el abandono del sol suicidándose al final de la tarde.

Que mis palabras sean un rumor de alas,
y en el momento de escribir la palabra amor
surja una bandada de pájaros
que silencie el ruido de los huesos del aire.
Y si es por la danza de mis aguas
en la noche de tu cuerpo,
que el deseo nos devuelva
la dulce y dolorosa memoria del paraíso perdido.

(De "Noche líquida")





Jamás bálsamo

Noche: sexo de la tierra
negra negrísima noche.
Arribamos al silencio
a su caída de hoja al vacío
descendemos a una profunda
y silenciosa herida
en el socavón de la noche
buscándonos, acariciantes
como si fueran luz nuestros cuerpos.
Ocultos bajo la piel entre las aguas
de un negro océano.
Continuamente caemos
como las hojas del viejo árbol
continuidad de los cuerpos
siempre herida y fulgor jamás bálsamo.

Nos herimos con nuestra sed
amor dices aún en la herida
¿ cuánta guerra por un poco de luz
cuántos días huyendo?

Escuchamos nuestras voces
¿ pero cuáles son nuestros nombres
en el vacío?
Ven dice ella entra de nuevo al musgo
y humedece el polvo de mis huesos
yo también tengo sed.

(De "Noche líquida")





Canción para Juan Rulfo

En la orfandad
se acuna el silencio de las ruinas futuras
en este lugar que se llama tierra
por no tener un nombre todavía
sus habitantes
llevan en un ojo la luna de la muerte
en el otro un sol quemante
La voz
no nace de los labios
es la huella profunda del silencio
Silencio es el nombre de este paraje
fulano es el nombre de todos
y piedra o ceniza
los nombres que tendremos en la nada

hay una geografía con huellas de ausentes
los árboles talados se deshojan
en algún recodo de la eternidad
y cubren de hojarascas las calles del siglo
El viento pasa sordo sin decir nada
todo es un rumor imponente como la medianoche
más no todo comienza aquí ni termina
en esta geografía.

(De "Noche líquida")





La ceniza de los venados

El planeta azul...
¿Y quién atiza el fuego de sus volcanes?
El planeta de agua...
mas nuestra sed no es saciada
y la muerte es un jaguar que acecha estas aguas.
La luz es el holocausto de los venados,
quema esta luz
y en vano pretendes esconder la ceniza,
o pintar una flor
en la página en donde está la foto del hongo de Hiroshima.

El planeta azul...
¿pero qué muerte nos devuelve su lava?
Tal vez nos arroja el veneno inhalado, tal vez
nos devuelve nuestras ofrendas.


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