viernes, 2 de diciembre de 2011

5260.- JAVIER DEL GRANADO


Javier del Granado
Francisco Javier del Granado y Granado (27 de febrero de 1913 — 15 de mayo de 1996), fue poeta laureado e hijo predilecto de Bolivia.
Nacido en el seno de una familia aristocrática con notables precedentes literarios, pasó la mayoría de su juventud en la antigua hacienda colonial de la familia, ubicada cerca de la localidad de Arani en el departamento de Cochabamba, Colpa-Ciacu, que en el Siglo XVI fue un convento augustino. El contacto con la naturaleza y la vida campestre tuvieron mucha influencia en sus obras, que combinan la ambientación épica y crónica histórica con los temas rurales e indígenas, y un fuerte uso de idiomas autóctonos, principalmente el quechua (la lengua ancestral de los Incas). A raíz de la preocupación temática por el pueblo y el paisaje del terruño en que había nacido, así como por el cultivo de las formas métricas y la intensidad y brillo de sus sonetos y romances, su producción poética ha sido comparada con la obra del humanista mexicano Alfonso Reyes.
El vate boliviano logró reconocimiento amplio, recibiendo una multitud de premios nacionales e internacionales, a lo largo de una carrera de más de medio siglo. Su fallecimiento fue marcado por tres días de duelo nacionales y su funeral un evento estatal. En su memoria, Bolivia ha dedicado dos avenidas y una plaza y develado un monumento, además de editar un sello conmemorativo en su honor.

Bibliografía
Las obras principales de Javier del Granado son:
Rosas pálidas (1939)
Canciones de la tierra (1945)
Santa Cruz de la Sierra (1947)
Cochabamba (1959)
Romance del valle nuestro (1964)
La parábola del águila (1967)
Antología poética de la flor natural (1970)
Terruño (1971)
Estampas (1975)
Vuelo de Azores (1980)
Canto al paisaje de Bolivia (1982)
Cantares (1992)






(Del CANTO AL PAISAJE DE BOLIVIA, 1982)


LA MONTAÑA

Flagela el rayo la erizada cumbre,
el huracán en sus aristas choca,
y arranca airado con la mano loca
su helada barba de encrespado alumbre.

Rueda irisado de bermeja lumbre
el turbión que en cascada se disloca,
y hunde a combazos la ventruda roca,
para que el oro en su oquedad relumbre.

Bate el cóndor tajantes cimitarras
y arremetiendo al viento de la puna,
estruja al rayo en sus sangrientas garras.

Reverberan de nieve las pucaras,
y soplando el pututo de la luna
se yerguen en la cima los aimaras.



EL LAGO

Sobre el terso cristal de malaquita
que aprisiona el soberbio panorama,
el carcaj de la aurora se derrama
y el bridón de los Andes se encabrita.

Su ala de nieve la leyenda agita,
muerde las islas una roja llama,
y de la ola el sonoro pentagrama
el hachazo del viento decapita.

Sofrena el sol su cuadriga en el Lago,
salpicando de lumbre los neveros,
y en el lomo de fuego del endriago.

Emergen de la bruma del pasado,
la sombra de los Incas y guerreros,
bajo el palio de un cielo constelado.



LA VICUÑA

Esbelta y ágil la gentil vicuña
rauda atraviesa por la hirsuta loma,
y en su nervioso remo de paloma,
las graníticas rocas apezuña.

El sol de gemas, en su disco acuña,
la testa erguida que al abismo asoma,
y en sus pupilas de obsidiana doma
la catarata que el alfanje empuña.

Su grácil cuello como un signo alarga,
interrogando ansiosa a la llanura,
y envuelta en el fragor de una descarga,
huye veloz por el abrupto monte
y se pierde rumiando su amargura,
como un dardo a través del horizonte.



EL VALLE

Embozado en su poncho de alborada,
la lluvia de oro el sembrador apura,
y el cielo escarcha la pupila oscura
del buey que yergue su cerviz lunada.

Bajo el radiante luminar caldeada,
de agua clara, la tierra se satura,
y la mano del viento en la llanura,
riza de sol la glauca marejada.

Cuaja el otoño las espigas de oro,
y las mocitas en alada ronda
vuelcan su risa en manantial sonoro.

Se curva el indio y en su mano acuna
de un haz de mieses la cabeza blonda,
que siega la guadaña de la luna.



LA CASA SOLARIEGA

Mordiendo la granítica quebrada
se yergue la casona solariega,
alba de sol, con la pupila ciega,
y su techumbre de ala ensangrentada.

Con rumores de espuma la cascada
sus vetustas murallas enjalbega,
y en luminoso tornasol despliega
su cola el pavo real de la cañada.

Su arquitectura colonial evoca
la altiva estampa de un hidalgo huraño,
que vivió preso en su cabeza loca.

Un Gran Danés en el portal bravea,
y se desborda el mugidor rebaño,
atropellando la silente aldea.



EL HORNO

Combando el cielo en olorosa tierra
alza su nido el laborioso hornero,
que convierte las pajas en lucero,
y en miel, el barro que su pico aferra.

Por eso el hombre que en su ser encierra
todo el saber del universo entero,
con gran acierto lo imitó al hornero,
y horneó en el horno, el trigo de la sierra.

Bendice Dios, la casa en que se amasa,
y en el hogar hay un calor de nido,
si a cada niño se le da su hogaza.

Y si Natalio brinda a su familia
pascual cordero y pan recién cocido,
¡canta el horno en campanas de vigilia!



EL RÍO

Rastreando emerge del cristal de cromo,
un yacaré con ojos de esmeralda,
y serpentea entre la hierba gualda,
bajo el fogoso luminar de plomo.

Relampaguea en su quebrado lomo
el polvo de oro que la orilla escalda,
y un chiriguano de tostada espalda,
asecha al saurio, con feroz aplomo.

Rasga el ramaje su mirada oscura,
y estrangulando el pomo de su daga
hiere a la bestia con sin par bravura.

Resuella el monstruo y de venganza hambriento,
la hirviente sangre con su lengua halaga,
y con su cola decapita al viento.



LA SELVA

Con salvaje lujuria de pantera
se enardece la selva en el estío,
y el huracán con ímpetu bravío
destrenza su olorosa cabellera.

Blonda cascada de hojas reverbera
sobre el ramaje trémulo y sombrío,
que troncha el rayo en rudo desafío,
incendiando el plumón de su cimera.

Se retuerce la jungla acribillada
por dos pupilas de rubí llameante
que desgarran su carne alucinada.

Viborea un relámpago en las huellas,
el temible jaguar huye jadeante,
y en su lomo chispean las estrellas.



LA LEYENDA DE EL DORADO

Bajo el ardiente luminar del trópico,
como el hidalgo Caballero Andante,
jinete en ilusorio rocinante,
sueña don Ñuflo con un país utópico.

En la pupila azul de un lago hipnótico,
ve una ciudad de mármol relumbrante,
almenas de ónix, fuentes de brillante,
y aves canoras de plumaje exótico.

Ve al augusto Paitití en su palacio,
y a caimanes con ojos de esmeralda,
custodiando sus puertas de topacio.

Turba su mente el colosal tesoro.
y en los oleajes de la fronda gualda,
el sol incendia la Leyenda de Oro.



EL MÉDICO DE LA ALDEA

Como el dulce Rabí de Galilea,
con la sonrisa iluminó la infancia,
y derramó de su alma la fragancia
sobre la humilde gente de la aldea.

Su espíritu en el Héspero aletea,
su corazón palpita en nuestra estancia,
y su mano a través de la distancia
la plata de la luna espolvorea.

San Vicente de Paúl y San Francisco
transmigraron a su alma consagrada
a cosechar espinas en el risco.

Junto a la cuna meditar lo he visto.
Se cuajaba de estrellas su mirada
cuando pedía lo imposible a Cristo.



ROMANCE DEL HÉROE

Oh, General don Esteban
honor y prez de la Historia,
canción de huayño serrano
que en los charangos retoña.

Tu nombre llegó a nosotros
cuajado en sangre de coplas
y floreció en la garganta
silvestre de las palomas.

Fue en esta tierra morena
donde las quenas sollozan
y el sol que dora las mieses
canta en las tiernas mazorcas,
donde tus manos forjaron
aquella hueste gloriosa
que socavó con sus huesos
los Fuertes de la Colonia.

Ríos de sangre brotaron
del corazón de las rocas,
y el fuego del exterminio
redujo a escombros las chozas.

Fue ruda y larga la guerra,
mas, la raigambre criolla,
medró en silencio de cruces
como las jarkas coposas;
y cada rama fue en brazo,
y cada brazo un patriota.

La Virgen de las Mercedes
perdió sus dedos de rosa,
por restañar las heridas
donde los sables se embotan,
y los caudillos del pueblo
fueron izados en la horca,
como banderas de triunfo
que en el arco iris tremolan.

El alba segó las mieses
con su guadaña de alondras,
sembrando polvo de luna
sobre la augusta memoria
de aquellos hombres bravíos
que armados de sus picotas,
cavaron el horizonte
para que alumbre la gloria.

¡Ay! General don Esteban,
flor de charango y paloma,
qué duros vientos soplaron
sobre esta tierra de auroras,
cuando los wauques bizarros
tiñeron en sangre roja,
la copa de los chilijchis
que incendia el sol de Viloma.

Pero jamás tu alma grande
se doblegó en la derrota,
y vencedor o vencido
fuiste el Quijote de Aroma
que acicateando a su potro
que ante el nevado resopla,
contra un molino de viento
trizó su lanza ilusoria.

Porque los hombres del Valle
hechos de arrullo y de roca,
son fieros como el torrente
que se desborda en las lomas,
y altivos como las cumbres
donde los cóndores moran.

Las nubes se disiparon
en un airón de gaviotas,
prendiendo un haz de leyenda
sobre las viejas casonas
de la romántica Villa
que las retinas asoma:
con sus balcones labrados
y sus callejas tortuosas;
donde creciste, Aguilucho
de la insurgencia criolla,
enmadejando horizontes
en tus pupilas indómitas.

Tu espada talló en los riscos
el Himno de la Victoria,
y urgidas de primavera
reflorecieron las lomas,
bajo el resuello del viento
que los capullos deshoja,
para enflorar el sendero
por donde marchan tus tropas.

Porque esta Patria que amamos
hecha de fuego y aurora,
nació a los senos frutales
de las mocitas criollas,
y es hija de esos guerreros
tiznados en sangre y pólvora.

La selva meció tu sueño
con el rumor de su fronda,
y destrenzó de crepúsculos
su cabellera olorosa,
sobre el fanal de luciérnagas
donde tus restos reposan.

El tiempo pasó descalzo
sin dejar musgo en tu fosa,
y es a través de los siglos
que se agiganta tu sombra,
sobre la América libre
que te bendice y te invoca,
como al más bravo Caudillo
de los que ilustra su Historia.

Oh, General Don Esteban,
espada de los patriotas,
valluno de pura sangre
tallado en fibras de roca,
tu imagen de alto relieve
quedó acuñada en la aurora,
y hoy como ayer, en el alba,
cantan campanas de gloria.



ROMANCE DE LA NIÑA AUSENTE

Fue en esta tierra valluna,
cantar de sol y payhuaro,
que desgrané mis romances
al pie del Ande nevado,
cuando surgió en mi camino,
sobre los surcos preñados,
aquella Niña de ensueños,
¡aurora y flor de mi pago!,
que deslumbró mis pupilas
y puso miel en mis labios,
embelleciendo mi vida
como un paisaje serrano.

Por ella me hice poeta,
y amé en sus ojos sombreados,
la lumbre de las auroras
y el vuelo azul de los astros,
que cantan al Ser Supremo,
bajo el fanal del espacio.

Fue nuestro amor un idilio
de tierra ardiente y riacho,
que floreció en el arrullo
de los hulinchos montanos,
cuando mis manos sedientas
de eternidad, destrenzaron
el oro de los trigales,
sobre sus hombros de nardo.

Sentí en su cuerpo de mieses
calor de predio sembrado,
piar de nido en su boca,
amor de madre, en sus brazos,
y acariciando en las lunas
el fruto recién logrado,
canté a mi valle nativo
con voz de gleba y charango.

Canté la agreste belleza
de los paisajes serranos,
la espuma de los torrentes,
la sierra parda y el llano;
la nieve de las montañas
y el latigazo del rayo
que incendia los horizontes
en fulgurar de topacios.

Canté las fiestas aldeanas
y las faenas del agro,
donde los rudos labriegos
encallecieron sus manos,
agavillando en las eras
la mies cuajada de granos,
que salpicó en las quebradas
el trino de los chihuacos.

Canté a las mozas de Colpa
y a los varones de Ciaco,
que medran en los breñales
como las plantas de cacto,
sorbiendo el cielo en sus ojos
y la poesía en sus labios.

Canté la vida del ayllu,
¡himnos de sol y trabajo!
que arracimó las estrellas
en el clarín de los gallos.

Y hundí mis pies en los surcos
como las raíces de un tacko,
para absorber en su médula
el alma del pueblo indiano,
que floreció en el ramaje
de las cantutas del Lago.

En fin, canté los crepúsculos,
el cielo azul, el regato,
la lumbre de la encañada
y el canto en flor de los pájaros;
porque en mis venas bullía
la sangre de mi terrazgo,
y el madrigal de ternura
que me brindaron los labios
de aquella Niña de ensueños,
¡aurora y flor de mi pago!

Pero no quiso el destino
que continuase cantando,
y vi quebrarse su imagen
en el cristal del remanso.

La vida se me hizo triste,
sentí el vacío en mis brazos,
dolor de ausencia en mis ojos,
sabor de hiel en mis labios.

Y anonadado y doliente
quedó mi ser meditando
en las miserias del hombre,
¡polvo de luz y de átomo!
que hizo inmortal el espíritu,
en el dolor del arcano.

La larva del pensamiento
rasgó el capullo en mi cráneo
y abrió sus alas de angustia
sobre el idílico tálamo,
donde ya nunca la amada
me estrecharía en sus brazos,
acariciando mi frente
donde los sueños nidaron.

¡Ay!, qué recuerdos evoca
la vieja casa del rancho,
donde mi vida fue un sueño
desvanecido en sus manos,
y el canto de las alondras
segó su nombre en mis labios.

Y desde entonces, sin rumbo,
sin fe, ni amor, por los campos,
huyendo voy de mí mismo
como una sombra sin llanto.



LAS HOGUERAS DE SAN JUAN

Murió el crepúsculo de oro
sobre las cumbres violetas,
iluminando de ensueño
la dulce paz de la aldea;
y el cabrilleo chispeante
de las fugaces luciérnagas,
prendió un collar de fogatas
en su garganta morena.

La noche cubrió los campos
en marejadas de niebla;
y desgranando en cantares
la blonda mies de las eras,
inflamó el viento del risco
la ardiente pira de leña,
que deshojó entre sus llamas
el corazón de la sierra.

Junto a las rústicas chozas
de la familia labriega,
donde florecen los cactos
y los pallares se enredan
al viejo molle rugoso
que huele a sol y pimienta;
los niños del rancherío
triscaban cerca a la hoguera,
que crepitante de leños
se retorcía en la senda,
hipnotizando a los astros
como una inmensa culebra.

Sentados junto a la lumbre,
sobre unos poyos de piedra,
parlaban los campesinos
entre sabrosas consejas,
de tiempos que se esfumaron
en haz de ensueño y leyenda;
mientras danzaban las indias
en la cromática rueda,
al son de un huayño nativo
que sollozaba en las quenas.

Pasado el baile, las mozas,
en ruedo con las estrellas,
huyeron de los gañanes
que acechan su primavera;
y salpicando la rosa
de sus mejillas trigueñas,
en claros chorros de plata
cantaba el agua en sus trenzas.

¡Qué imperio ejerce en los hombres
aquella noche serena,
en que las fuerzas del cosmos
ruedan en ronda de esferas,
carbonizando los cielos
al copular con la tierra!

Noche de amor y de sangre
que los pastores celebran
con las zampoñas del risco
y el arpa de la pradera,
mientras el viento preludia
baladas de Noche Buena.

Noche de grandes silencios
y de profundas ternezas,
en que maduran los frutos
y las cabrillas revientan.

Noche de intensos dolores
y jubilosas entregas,
en que la oveja parida
modela sobre la gleba,
con el calor de su aliento,
tiernos vellones de seda,
que tientan entre las ubres
tibiezas de vida plena.

Noche de agua, y de fuego
que purifica la tierra
y cubre el cielo estrellado
con una densa humareda,
para impedir que la luna
celosa de las doncellas,
degüelle al santo Bautista
sobre las ríspidas breñas,
que Salomé ensangrentara
con el rubí de su testa.

Y, en esa noche propicia,
de expiaciones supremas,
en que las sombras nocturnas
dialogan con las estrellas,
San Juan pasó por el Valle
después de un año de ausencia,
en medio del fuego sacro
y el humo de las hogueras,
que ciñen la serranía
con una roja diadema.



LA SIEMBRA

Voló el chihuaco del alba
sobre las quiebras rocosas,
y desgranando en gorjeos
de luz, su voz jubilosa,
clavó una saeta de trinos
al corazón de la aurora.

Celajes de ágata y oro
tiñeron las banderolas,
que en el testuz de los bueyes
gallardamente tremolan;
y descuajando de hierbas
la barbechera lamosa,
rasgó el vigor del arado
la tierra ardiente y pletórica,
que estremecida de polen
se engalanó de gaviotas,
para arrullar en sus vísceras
el germen de las mazorcas.

Polvo de sol que fecunda
la Pachamama gozosa,
y colma su entraña ubérrima
donde la sangre retoña.

Misterio azul del origen,
fuerza perenne y remota
que eternamente renueva
la muerte en vida gloriosa.

Canción de savia y simiente
que el sol madura en las pomas,
para nutrir con su fuego
la vida que al surco asoma.

Bondad de Dios, que las manos
de bendiciones enflora,
y con ternura materna
derraman las sembradoras;
aprisionando paisajes
en sus pupilas absortas,
donde se yerguen las cumbres
con sus penachos de sombra,
y se matiza de ulalas
la serranía fragosa
que al valle extiende sus brazos
en horizonte de auroras.

Floreció el día en el predio
tibio de sol y palomas,
y terminada la siembra
del chaupisuyo y la loma;
mientras pitaban los indios
y acullicaban su coca,
Lucía se fue al villorrio
meciendo un ánfora roja,
entre sus brazos torneados
y sus caderas redondas.

¡Qué olor de tierra fecunda
flota en su carne morocha,
propicia como el barbecho
para la siembra creadora!

Sangran sus labios jugosos,
y bajo el ajsu, sazonan,
sus senos recién combados
como dos frutas pintonas.

Juegan al viento sus trenzas,
el río su cuerpo añora,
y sus caderas repican
para la noche de boda.

Florencio la vio alejarse
por la quebrada de Colpa,
acariciando la brisa
con su garganta de alondra;
y ebrio de amor y deseo
pensó rendirla en la fronda.

Pero, no pudo seguirla,
porque la tierra es celosa
y no permite al labriego
que la abandone por otra,
cuando el misterio del germen
desprende su fuerza cósmica,
para plasmar nuevos seres
en sus entrañas recónditas,
por más que acechen los ojos
de algún rival a la moza,
y las abejas del campo
ronden la flor de su boca.

Pues, nadie rompe el hechizo
de la telúrica diosa
que en la plegaria del alba
los campesinos invocan;

hasta que el óvulo henchido
de germen, cuaje en la cópula,
y el sol proclame en los surcos
su luminosa victoria.



LA TRILLA

En ronda por los peñascos
que el agua talló en cantares,
el viento robó la flauta
de las torcazas del valle,
y perpetuó la promesa
del sol en blondos oleajes.

Madura de espera y trinos
la mies sintió desgajarse
y el oro de los crepúsculos
se derramó en los trigales.

Canción de espigas y estrellas
la noche sembró en el aire,
y destrenzando de sombras
su cabellera ondulante,
cubrió los campos dormidos
bajo el tupido follaje.

Amaneció el rancherío
soleado de palomares,
y los labriegos partieron
para segar madrigales,
aprisionando en sus ponchos
la llijlla de los celajes
y el vellocino de oro
de las majadas solares.

Humedecida de auroras
cayó la mies palpitante,
sobre la tierra olorosa
que la nutrió con su sangre,
y enloquecidas las hoces
por el temblor de su carne,
desmelenaron rastrojos
y agavillaron romances.

Bruñendo de oro la espalda
de los vallunos jadeantes,
rodó en cascada de gemas
el áureo penacho de haces;
y apilonada la torre
de espigas crepusculares,
se enroscó el sol en las eras
estrangulando la tarde.

Por las callejas del pueblo
gimió el charango galante,
y un remolino de coplas
revoloteó en espirales
sobre los túrgidos senos
de las zagalas errantes,
que enfloran de primavera
su estampa de líneas gráciles.

¡Qué olor de huerto llovido
tienen los muslos fugaces,
cuando se rinde la moza
como una flor de romance,
y la era guarda el secreto
lunado de los amantes!

Otoño cuajó en el cielo
la sangre de los rosales,

y salpicando rocío
de trinos sobre el paisaje,
una alborada de pájaros
se desgajó de los sauces.

Gemía el viento en el bronco
pututo de los menguantes;
izaba el sol en las cumbres
su luminoso estandarte,
y atropellando la pampa
como un tropel de huracanes,
pasó entre nubes de tierra
la caballada piafante.

Ebrios de sol y guarapo
gritaban los caporales,
y hundiendo las roncadoras
en los nerviosos ijares,
alborotaron los jacos
con el rebenque chasqueante.

Salpicó polvo de estrellas
de los lucientes herrajes,
y en una tromba de espuma
giraron los animales,
desmenuzando las parvas
en rutilar de collares.

Rasgó un relámpago de oro
la Pajcha de agua espumante,
y las imillas del ayllu
en danza con los gañanes,
ciñeron la era en sortija
de brazos primaverales.

Trillada la última curva
del ruedo de gavillares,
desnudó el viento la paja
con las horquetas punzantes,
y relumbró entre sus manos
el seno de los trigales.

Cargado por los nativos
sobre un hualucu rampante,
se irguió el Apóstol Santiago
capitaneando los aires,
y desfilaron los indios
bajo los arcos fragantes,
challando la Pachamama
con misteriosos rituales.

Bebió la tierra en el cuenco
de la encañada radiante,
y el jilakata más viejo
clavó una cruz de pallares,
sobre la cúpula de oro
cuajada de trinos de ave.

Y al rudo trueno del bombo
preñado de tempestades,
sangró en las quenas nativas
el corazón de los Andes.



LA COSECHA

La aurora cubre los cerros
bajo un fanal de violetas.
Los indios rasgan charangos
alrededor de la hoguera.

Frescas mocitas se escarchan
como el rocío en la hierba,
y del coral de sus labios
vuela un enjambre de abejas.

José Fernández, al moro
caracoleante, sofrena,
y airosamente desmonta
entre un repique de espuelas.

Juega el chimborno en sus dedos,
sus botas muerden la tierra;
dulces racimos de mozas
pican sus manos hambrientas,
y hunde el puñal de sus ojos
en Flora la molinera,
hija del bravo curaca
y de una hulincha colpeña.

Jugosa fruta del valle
con trenzas de madreselva,
pían sus senos caricias,
sangra su boca doncella.

Gloria de curvas su cuerpo,
su cara dulce y trigueña,
granos de quinua sus dientes,
sus ojos dos uvas negras.

Su carne prieta y fragante
emana embrujos de siembra,
y deslumbrado el mestizo
la elige su Delantera.

El potro oliendo los muslos
lanza un relincho de guerra.

Herida por las tipinas
cruje la panca reseca;
chacmiris y tipidoras
avanzan en larga hilera,
como dos brazos abiertos
para estrechar sementeras.

Palliris y suca-sarus
curvan la espalda en la gleba,
buscando mazorcas de oro
dormidas sobre la tierra.

El huillcaparo desborda
de las timpinas repletas,
hinchando enormes costales
que con sus dientes golpean
los huaraqueris de Arani,
temibles en la pelea.

Por el camino de sauces
los carretones se alejan,
desgarra el viento en chasquidos
el flaco ijar de las bestias,
y los gañanes preludian
una canción de la sierra.

Zumban mosquitos de lumbre,
circula el sol en las venas,
y los pulmones se embriagan
de acres vaharadas de tierra.

La gente sale a la sama,
Flora en la suca se queda
hilando un tierno romance
hecho de amor y de espera.

El jarkasiri murmura
que arde la flor de la aldea,
y cuchichean las indias
que habrá mañaca en la hacienda.

¡Ay! que ruedo de mocitas
en la casa solariega
cuando enlune el nina-pilco
su garganta de luciérnagas,
y se cuaje en los almendros
la plegaria de la tierra.

El campo colma de dones
las esperanzas labriegas;
reboza el maíz los graneros,
relumbra el trigo en las eras.

Una parvada de imillas
retoza por la pradera,
cargando al hombro su paga
dulce regalo de tierra.

Los cerros y los caminos
lucen sus ponchos de fiesta
y la encañada se viste
de campanillas solteras.

El sol incendia en las cumbres
el asta de sus saetas,
y se alborotan las coplas
que en el charango revuelan,
mientras las mozas se cimbran
en remolinos de entrega,
y los mancebos del rancho
barren el ala trovera.

Se enflora el viento de huayñus
y requebrando a la aldea,
sangre de sol y paloma
derrama sobre las quiebras.

El Mayordomo embozado
en poncho de polvareda,
sobre la grupa del potro
rapta a la grácil mozuela,
y el cielo comba su cúpula
en una fragua de estrellas.

jueves, 1 de diciembre de 2011

5259.- REY D' LINARES


Biografía
Rey D’ Linares (Caracas, Venezuela, 1969) Poeta, educador, editor, productor radial, artista plástico y promotor cultural. Cursó estudios de Educación en la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez”. Profesor de Sociales en un instituto privado de educación para adultos. Presidente de la Sociedad de Poetas "Andrés Eloy Blanco", Director de la Revista Literaria Alternativa "Epigramas”, Director de SUReditores para Venezuela, Coordinador de Publicaciones de la Cooperativa Taller Editorial y Literario "Giraluna”, Coordinador de Proyecto Cultural Sur Caracas, Coordinador Editorial del Periódico Cultural Negro Sobre Blanco, Cónsul de Caracas de la Organización Internacional Poetas del Mundo, miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, ha dictado talleres a nivel nacional de cuento oral, promoción a la lectura, poesía, libro artesanal y periódico mural, principalmente dirigido a niños, niñas y adolescentes.
Tiene en su haber cuatro poemarios publicados: Entre los caminos de ausencia y nostalgia (2005); Empuñando la pluma del ángel (2008); Lo que no dicen mis palabras (2008), Silencios y nada más (2009) y Santuario de Cronos (2011).
Su correo es: reydlinares69@hotmail.com

Enlaces
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Poemas

I.-

Cronos jugueteando entre las hojas
el mar con el sol se ha peleado
neonatos vuelan sobre el agua
las agujas del reloj
desfilan en retirada
permitiendo que nazca
el poeta del mañana.








II.-

Vuelvo a encontrarme en la estación del tren
a la que no he regresado
la encuentro sola triste como olvidada
ya el último tren partió sin despedirse
y puedo ver miles de adiós guindado en el techo
cual frutos adormecidos madurando
esperando convertirse en reencuentros.









III.-

Tatúo en la piel de la hoja
una frase incoherente
escucho el sonido del búho
que está fuera de mi ventana
silba el viento
choca contra el cristal
intentan entrar
ambos quieren terminar
este poema
yo no.










IV.-

Las agujas del reloj de la espera
son lentas, torpes y pesadas
siento que estoy muerto
viendo a través de una grieta
a éste mundo absurdo.

Conviviendo con almas en pena
creyentes de extrañas leyendas
sin esperanza de ver la libertad
espero huir pronto con el alba
para no parir más anocheceres.








V.-

Déjame caminar sobre el silencio
con pisadas de olvido
entre las brisas del desamor
y éste otoño de tristeza
con ésta mirada
de exploración geológica
con éste grito de odio
como en cuenta regresiva
para una explosión atómica
que cada paso dado
me acerca ineludiblemente
al instante de mi expiración.









A Alejandra Pizarnik
VI.-

Mi Poesía consiste en mirar las cosas
como miro la rosa
la observo tanto
que termino convirtiéndome
en pétalo, hoja o espina
mirarla tanto hasta ser parte de ella
sentir sus angustias y placeres
el sol que la reseca,
la brisa que la adormece
el rocío que la baña
y la salvia que la nutre.
Si no, ¿De qué vale verla tanto?





VII.-

Este poema lo grabaré en la piel
lo escribiré con un cincel
pariré edades para él
y lo veré crecer como un niño
ya hombre no lo reconoceré
me saludará con cariño
y aunque busque en mi mente
no lo recordaré.









VIII.-

Deseo alcanzar un sueño
que vive guindado en una estrella
que juega en un palacio entre las nubes
pero no deja de mirarme.
Baja algunas noches a mi cuarto
se mete en mi cabeza
y se convierte en pesadilla.









IX.-

Extravío el camino al amanecer
sigo metido en la oscuridad de ésta esquina
con mis ojos guindados en tu ventana
con éste dolor en la garganta atragantado
abrazado a ésta borracha tristeza
que se encarga de repetirme
que te he perdido.








X.-

Descubre lo circular
sobre la delgada arista
el rojizo apenado de la tez
desgana el paso
que por influjo ajeno
a permitido en su vida
el eclecticismo.





5258.- ARTURO MARASSO


Arturo Marasso Rocca (Chilecito (La Rioja, Argentina), 18 de agosto de 1890 - Buenos Aires, 1970) fue un humanista, poeta y profesor argentino.

Nació en Chilecito y se recibió de maestro en Catamarca, en 1910, mostrando gran inclinación por las críticas eruditas. Este escritor impulsó en parte las nuevas forma de escritura. Su vida no fue sencilla puesto que estuvo llena de baches para poder crear sus diversas obras. Este gran escritor argentino subo como exteriorizar todos sus sentidos dentro de sus obras.
Actualmente, la Escuela nacional normal superior del profesorado Mariano Acosta, entrega el premio Arturo Marasso a los escritores de la Rioja destacados.

El profesor
No fueron pocos los que pasaron por sus aulas, el mismo Julio Cortázar lo recordaba como su profesor de literatura griega y española, y sobre todo como quien se dio cuenta de su vocación de escritor, prestándole libros y sumergiéndolo en Sófocles y Homero.1
Ernesto Sabato lo recordaba con cariño, a pesar de tener diferencias con respecto a la educación en Argentina.2
Por otra parte, fue Ángel Mazzei quien ocupó la cátedra de su maestro a la hora del retiro (1944), cuando una dolida Universidad de La Plata le dijo adiós al profesor.

Obras
Juan Bocán
Góngora y el gongorismo
La mirada en el tiempo
Joaquín V. González
[editar]Poesía
Bajo los astros(1911)
La canción olvidada (1915)
Paisajes y elegías (1921)
Tamboriles (1930)
Melampo (1931)
La rama intacta (1949)
Presentimientos
Retorno
Poemas

Estudios literarios
Hesíodo en la literatura castellana (1926)
Píndaro en la literatura castellana (1930)
Rubén Darío y su creación poética (1934)
Cervantes: la invención del Quijote (1954)
Antología didáctica de la poesía lírica española (1953)
Estudios de la literatura castellana (1955)

Premios
Premio de poesía, 1924
Premio Nacional de crítica, 1937









Vuelves, del seto asoman crecidas las granadas,
encuentras los amigos en los huertos natales,
hay un olor de frutas, de hierbas aromadas,
late en el aire cálido con temblor de cristales
la mañana, en las sombras guarda aún la frescura,
tres días tiene el zumo del racimo estrujado
de esta copiosa dulce primera uva madura,
en cántaro de arcilla de la hez se ha serenado;
huye el lagarto ardido de sol; en la colina
brota de hueca piedra con un manar de nieve
el agua, denso el ramo de ciruelas se inclina,
dice el zorzal de cuanto se ha amado, ajena embebe
la memoria; te entrega, viña de verano, el vino
nuevo; incumplidos sueños saben la confidencia
primigenia; anduviste de uno en otro camino
errante; brilla el álamo, atraía en la ausencia.

Poemas de integración, Bs. As., AAL, 1969, p. 17.










NIEVA

Nieva afuera... las brasas del hogar
Se cubren sutilmente de ceniza
Blanca; el sedoso gato se ha dormido
A calor del rescoldo; vieja Biblia
Yace olvidada en el sillón vacío;
Y me dijo: que dulce es la visita
Del invierno, en la casa en que nacimos,
Cuando congrega el frío a la familia
En torno al hogar, y un vago ensueño
Su suave seda de ilusiones hila
En el sosiego de las mansas horas.
En mí el mundo florece; y yo quería,
Ayer, labrar estrofas que no mueran,
Sin ver que sutilmente la ceniza
Cubre la brasa... Pero seré todo para ti, poesía.




5257.- RAFAEL ALBERTO ARRIETA


Rafael Alberto Arrieta
(ARGENTINA, Rauch, 1889 - Buenos Aires, 1968) Poeta y crítico argentino. Pasó su infancia en Europa y estudió Letras en las universidades de Buenos Aires y de La Plata. Fue profesor de Literatura y rector del Colegio Nacional de la Universidad de La Plata. Su poesía es heredera de la corriente modernista fundada por Rubén Darío. Su obra lírica se inició con Alma y momento (1910), a la que siguieron El espejo de la fuente (1912), Las noches de oro (1917), Fugacidad (1921), Estío serrano (1926) y El tiempo cautivo (1947). Caracteriza su obra una sutil captación de la realidad cotidiana y la preferencia por las formas métricas tradicionales, con un estilo distinguido y elegante que evita los excesos. Una antología de su obra lírica se ha publicado bajo el título genérico Poesías.










Lied

Eramos tres hermanas. Dijo una:
"Vendrá el amor con la primera estrella..."
Vino la muerte y nos dejó sin ella.

Eramos dos hermanas: Me decía:
"Vendrá la muerte y quedarás tú sola..."
Pero el amor llevóla.

Yo clamaba, yo clamo: "Amor o muerte
Amor o muerte quiero!"
Y todavía espero...







LA LIMOSNA DE SOL

Era una desapacible
Mañana obscura de invierno;
Todo parecía viejo.

Apoyada contra un muro
Pide limosna la niña.
El frío puso esas rosas
En las pálidas mejillas.

Cerrados tiene los ojos...
¿Cuáles fueron las estrellas
que al nacer arrebataron
las pupilas a la ciega?

La niña extiende la mano
Con la palma hacia los cielos.
Y las agujas del aire
Le van pinchando los dedos.

-¡Piedad, señores, piedad
para la desventurada!

(Pasó un señor elegante
sacudiendo sus solapas)

-¡Compasión para una pobre
huerfanita, compasión!

(Pasa una pareja hablando)

-¡Una limosna señores
para quien no puede veros!

(Pasaron algunos niños
diciendo horrores del maestro)

-¡Un cobre para la ciega
que no tiene para pan!

(Pasaron varias señoras
murmurando)

Quedó desierta la calle,
Desierta como la mano
De la cieguita, desierta
Como un corazón malvado.

Y entonces, de entre las nubes
Un rayo de oro salió
Que puso en la mano abierta
Una limosna de sol...










LA VISIÓN OPTIMISTA

Mi vecino, al pasar esta mañana,
me dio los buenos días y dejó en mi ventana
tres rosas de su huerto, fragantes, deliciosas,
húmedas de rocío. Desde un cristal, las rosas
cual tres imaginarias, ideales
cabezas fraternales,
sobre mi mesa asisten a mi trabajo. Siento
el solidario apoyo de su aliento
común, en que la idea se perfuma
de bondad y al surgir besa la pluma.

¡Oh, clara, fresca y suave compañía
que me hizo bueno en todos los actos de este día!
Pues fue mi corazón como un a fuente,
pródigo, musical y transparente;
fluyó de mis palabras recóndita dulzura;
ni la violencia ni la crispadura
mancharon el espíritu o la mano
llenos del oro del cariño humano,
y, ¡oh noche!, en esta hora bella y santa
del ensueño, mi amor se aviva y canta.
Vecino: si los hombres supieran obsequiarse
con rosas de su huerto al saludarse;
si al pasar, como usted esta mañana,
nos dejáramos todos la flor en la ventana...
¡Cordialidad sencilla, propósito clemente,
comunidad viril en la belleza!
¡Armonía del músculo, la frente,
y la delicadeza!









5256.- EDUARDO ROMANO


Eduardo Romano
Eduardo Ángel Romano (Avellaneda, 8 de junio de 1938) es un escritor, crítico literario y docente argentino.
Egresó en 1965 de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde ha dictado clases durante muchos años. Fue profesor titular del Seminario de Cultura Popular y Masiva en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, hoy a cargo de Pablo Alabarces.
Como periodista, ha colaborado en La Opinión, Clarín, Crisis, Tiempo Argentino y Página/12, entre otros.
Obra

Ensayo
Análisis de Don Segundo Sombra. Buenos Aires: CEAL, 1967. ISBN 950-581-001-8
El teatro del siglo XX (con Jorge Lafforgue). Buenos Aires: CEAL, 1978.
Sobre poesía popular argentina. Buenos Aires: CEAL, 1983. ISBN 950-25-0672-3
Medios de comunicación y cultura popular (con Jorge B. Rivera y Aníbal Ford. Buenos Aires: Legasa, 1985. ISBN 950-600-040-9
Claves del periodismo argentino actual (con Jorge B. Rivera) Buenos Aires: Tarso, 1987. ISBN 950-957-809-6
Las huellas de la imaginación. Buenos Aires: Punto Sur, 1990.
Voces e imágenes en la ciudad. Aproximaciones a nuestra cultura popular urbana. Buenos Aires: Colihue, 1992. ISBN 950-581-241-8
Revolución en la Lectura. Buenos Aires: El Calafate, 2005. ISBN 950-895-179-6
Haroldo Conti, alias Mascaró, alias la vida. Buenos Aires: Colihue, 2008. ISBN 978-950-563-940-3

Poesía
18 poemas. Buenos Aires: Aguaviva, 1961.
Entrada prohibida. Buenos Aires: Nueva Expresión, 1963.
Mishiadura. Buenos Aires: Colihue, 1978.
Doblando el codo. Buenos Aires: Libros de Tierra Firme, 1986.
Entre sobrevivientes y amores difíciles. Buenos Aires: El Suri Profiado, 2008. ISBN 978-987-23987-2-9









ENTRE SOBREVIVIENTES
Y AMORES DIFÍCILES
Buenos Aires: El Suri Porfiado,2008


Quiero

Quiero un amor alegre
de pollera escocesa, cabello despeinado.
Un amor para amar, cuerpo con cuerpo,
y que las veinticuatro horas
nos resulten escasas.
Quiero un amor completo
capaz de leer conmigo a Shakespeare
y cocinar después buenos fideos.
Un amor animal y sentimiento
que conozca el idioma de la piel,
acepte besarme a la intemperie.
Quiero un amor reir para saldar la deuda
que me cuesta la vida en estos tiempos.
Un amor o jardin
donde plantar lo mío.
No quiero contagiarlo de tristeza
ni visitarlo con pena en la terapia.
Quiero un amor que dure
tan solo lo que sea necesario.











La loca poesia

Mis mejores amigos amantes consejeros
parecen enojarse si les digo
que he puesto de cabeza con rabia ciegamente
la buena poesía en una bolsa
la he tirado también por el balcón, a pedacitos,
le he dado franco el jueves, Plaza Italia,
pegada contra el vidrio empanado de mi vida
la he puesto a secar a sonreir
para que todos los chicos mayores y alguien más
se crean firmemente que triunfamos.
Allí se quedara desnuda, a la intemperie,
y pasará las horas como una perra de agua entre sedientos
o morderá mendrugos sin dientes de la noche
mientras llora por mí, con sentimiento.
Pensar que me quería seducir con sus pechitos,
con su panza de novia analfabeta.
Adiós, la sisebuta palabrera,
esa hipocrita vieja que suena obscenidades.
Nadie te extrañará moriremos igual será lo mismo.
No sufran, sin embargo, mis amigos,
ella no muere toda, renacen del silencio sus manías,
se cuela por el odio, el vicio, las ausencias,
se mete por el hueco que abrieron los amores,
por los resortes flojos de la vida en común.









EL RESCATE
(Algunas vidas, ciertos amores)

Quiero que arrojes ese cansancio
y vuelvas al mar, o por lo menos, a las costas.
Allí te regalaremos el sol que perdiste
largas noches desbocada
entre canciones sucias, amores baratos.
Quiero que seas nuevamente madera
como en los tiempos apenas calculables
de nuestros primeros encuentros:
tus vestidos color de carcajada, tu pelo
taciturno, tus manías, los paseos
al centro del placer y del olvido.
Quiero llevarte en mi cabeza viajera
los pocos años sólidos que restan.
A mi manera tendrás buenos paisajes,
el jardín necesita ternura
yo necesito, bajo mi cuerpo, tu jardín.
Vamos,prepara las valijas,una sonrisa
y un abrigo de lana para asomarnos, por las noches,
al cielo fragante de nuestro mismo pueblo
que pasa, mansamente, sin mirar hacia atrás












SEVACABAR

I

Todas las noticias dan equivocado.
Y bueno... será cuestión de asomarse
al paisaje burlón donde ella siempre estuvo;
preguntar al sauce a la avispa al pasajero solitario.
Nadie la ha visto últimamente, sus huellas
se ablandaron en el barro, pedazos de su sombra
flotan hacia el atardecer, deshilachados.
Usted la conoció, tuvo su identidad entre los dedos
revolvió su cartera la vació sobre el pasto.
¿No recuerda sus gestos personales su cicatriz
de un parto que vino complicado?
¿No recuerda sus gritos de inocencia
la voz que se fue despacito haciendo grieta
y la pared del fondo rayada por sus manos?
Tal vez sea mejor que no recuerde nada,
usted se limitó al servicio a cumplir órdenes.
Juegue nomás con sus hijitos y cuénteles la historia
de los malos que quisieron pintarrajear el orden
con crayones violentos con lápices extraños.
Cuénteles que papá les dio su merecido
ráfagas eléctricas, bisturíes mellados,
calabozos sin aire y un gran tacho de mierda.
Papá es buen argentino y buen soldado.
Gracias a él crecerán libres democráticos
y mascarán interminables chiclets norteamericanos.
Crecerán sobre tierra sembrada de cadáveres
en un jardín blindado y subterráneo
donde yace una flor que brotó de sus últimos ojos,
ésos que lo persiguen, de noche, sin descanso.





II

Han venido en defensa de la propiedad privada.
Destruyen la puerta a puntapiés
rompen los vidrios y ventanas violan
todas las cerraduras cajones alacenas
horadan las paredes acuchillan la cama.
Uno se guarda un cenicero otro desliza
suavemente un reloj pulsera a su bolsillo
los más apresurados buscan plata.
Alguien señala un crucifijo
que presencia la escena amedrentado,
lo bajan lo sopesan discuten si se trata
de puro bronce o tiene por encima
un baño de oro ¿a cómo se cotiza hoy en plaza?
Han venido en defensa pero atacan
las letras agolpadas por tantos anaqueles
el mensaje cifrado sobre una hoja blanca
ese dibujo niño en el vidrio empañado
que les saca la lengua medio palmo.
Estos hombres trabajan destruyendo
son la cuadrilla de demolición uniformada
putean en vez de conversar gruñen sonrientes
olfatean rincones y se orinan.
Han venido en defensa de la paz
con cachiporras metralletas granadas
trepanadoras máquinas de excavar morteros
un tanque en cada esquina.
Han venido pero no había nadie
y tienen que robar sólo robar,
queda para otra vez la fiesta de la sangre.






III

Cuando oyó la primera sirena se apartó
un poco del alféizar y cerró las persianas.
Era una lástima renunciar a esa luna
tenue y meliflua, ingenuamente pálida,
pero los gases tóxicos enturbiaban
tanta dulzura y al parecer la noche ardía ya
por los cuatro costados.
A los primeros tiros dio un paso atrás
y entornó la puerta –casi recién pintada–
de su habitación interior.
En las tinieblas se oía el crepitar
lujurioso de la violencia desnuda, desatada.
Ahora forzaban una entrada gritos roncos
puteadas subrepticias órdenes silbatos
estallaban quién sabe desde dónde desde cuántos.
Empujado por los primeros sollozos ahogados
se metió en el baño, echó la doble llave,
se acurrucó en un rincón los brazos
sobre la cabeza los ojos hacia adentro.
Tras una breve pausa en que creyó –lo principal
es la fe, Dios te sonríe– haberse aislado
sintió un liquido espeso que goteaba
justo encima justo arriba justo no soy
se dijo en un susurro, casi tartamudo.
Entonces se encendió la luz potente luz de la crueldad
y al suave al apartado al buen muchacho
al nunca te metás en esas cosas al hijo de mamá
al siga siempre así felicitado
también lo desaparecieron brutalmente.



5255.- HORACIO PILAR


Horacio Pilar (ARGENTINA 1935-1999). Poeta y autor de canciones. Militante del campo popular, fue fundador de la JUP (Juventud Universitaria Peronista). Perseguido por sus actividades políticas, en 1963 y detenido y encarcelado. Posteriormente liberado, en los años 70 debió exiliarse. Escribió Raúl Santana: "Una obra poética llena de sobresaltos como su propia vida pero tal como creo que él hubiera querido, abierta y trabajando hacia el porvenir". Es autor entre otros libros de poesías de: "Poemas", "Amor y conocimiento", "Igual atacaría por 3”.









EXILIO I

El fuego junto al muro
por dentro de estas ruinas
con sus manos calientes va levantando el humo
que se derrama afuera como lana carpida.
El resplandor sonámbulo convoca la mirada,
su perfume dorado baja por mi garganta,
y cristales sonoros con inquietud de chispas
encienden los espejos del recuerdo.
Abajo, madre brasa en frágil cáscara
contra el aire desgaja su naranja
en boca del vacío. Con su incesante giro lo alimentan,
y aplacando el pensar del pensamiento
borran la distancia sobre el tiempo con sus
nadas ardientes.

La casa abandonada,
mi hambrienta soledad.
y estas ramas heladas que gané a la tormenta,
son razones de hogar que las llamas consumen.

Afuera, en los patios del cielo,
recrudecen los truenos traídos por el viento,
látigos y relámpagos ruedan entreverados,
lentas tropas de nubes cierran el horizonte.
En busca de madera
retorno hacia la noche.

1976













EXILIO II

La cuerda de mi voz lanza su red y arrastra
el cardumen del aire al reiniciar su ronda
por la casa cerrada en el fluir del tiempo.
Así pesco a mi viejo entregado al jardín
yermo de chicos.
Al romper los terrones se entretiene el ingrávido
con la enorme distancia del cultivo.
Así lo pierdo, entre el hilo delgado del pensar
y la imagen que arrastra la mirada
es fácil distraerse.
Esa es mi condición,
abrir la herida de la ausencia
con estos comentarios
que son su peor remedio.
—Mi condición es el exilio,
vivir entre las sombras bajo un sol de espejismo.
La delgada nostalgia
destilando sus siempres pasajeros,
sus fugaces jamases, sus presentes ligeros.
Y la quimera de tocar con las manos
lo que vuela lejano.
Si la memoria confunde los espacios,
no es olvido la ausencia,
es presente el olvido.
El ajuar del exilio
es puro sentimiento.
Ante el recuerdo mudo
el aliento golpea con sus puños brumosos
y la letra se apoya sobre la puerta
y entra.

1979
















EXILIO III

En la casa PROHIBIDA,
dentro de la memoria,
cerrada por el íntimo candado del olvido.
Las cuerdas de mi voz lanzan su red y arrastran
el cardumen del aire por pasillos de polvo,
así llego al jardín donde pesco a mi padre:
Se distrae el ingrávido
rompiendo los terrones de la noche,
cosecha el abandono que en su nombre cultivo.
Así lo pierdo,
entre el murmullo amargo
que enturbia los recuerdos
y el espejo quebrado que ocupa la mirada
es fácil deslizarse.

Esa es mi condición.
Volar hacia mi casa
con pasos infantiles
es el pueril intento.
Mi condición es el exilio,
de habitante en la sombra
que yace a ras del mundo,
y que por gravedad en lo que ronda
gasta, a tientas, sus pasos.
Mi paso repetido es la cadena
que rompo con la fuerza de mi lengua
aun después de este tiempo y su intemperie.
La libertad que nace en el poema,
y que cubre de rosas mi ventana
mezcladas con las ondas calientes del jazmín,
deja a papá, lluvioso, recorrer la mañana.

1979


















EXILIO IV

Entre palabras la tierra del silencio
entre personas el hambriento sonido.
En mi casa, entre harapos de voz,
el piano que mamá vendió
para pagar la fiesta,
resuena sordamente con música roñosa.

En el canto mi padre, cuidando su jardín,
ya sin chicos ni juegos,
se distrae en las resacas del recuerdo.
Así lo pierdo,
en el espejo oscuro que hace la soledad
brilla el reflejo roto
que divide mi nombre.

Esta es mi condición
ser red liviana para peso alguno,
sin patria, sin retorno, sin pasado,
con una piedra oscura ante mis ojos,
que el corazón golpea con su puño mojado,
con una piedra madre
que sostiene mis labios con la luz que me ahoga.

1979









AMOR Y CONOCIMIENTO

La calle llega hasta tu puerta,
entro
cae bajo la lluvia
me desahogo
la sombra dentro tuyo se enfurece
y aparecen tus ojos como lágrimas.

Aquí estoy
no me eches
no me bajes la boca
mis pies sobre tu vida se fueron demasiado
y se volvieron locas mis manos sobre ti.

Aquí estoy
no me eches
que esas horas de viaje rendido, apretujado
no quedan más ajenos que peces en la red
como pedazos de hambre puesto a lamer tus manos.

No es la primera flor
este amor continúa creciendo como el brazo
de un ahogado en tus lágrimas.











VENTANA

Miraba oro
naranjas de música
grandes igualdades de amor;
alrededor de la luz
el arroyo del verano
con la boca en paz.















AMOR Y CONOCIMIENTO

No los recuerdos
que aventan sin descanso sobre tus sienes,
ni la resonancia de los libros amados.
La obstinación hace la miel
que se amasa en la boca;
no es el zángano ruidoso de la voracidad,
ni la mariposa inspirada;
tus verdaderos pensamientos llegan tras tu olfato
al néctar de la realidad.

Lo complejo abre su corola
y lo simple tus ojos,
el néctar, la meta de los conquistadores
colma tu cuerpo.

Ahora vuelves con el crepúsculo
y dejas estremecida la miel aún tibia en la casa vacía,
al despertar
ya no podrás reconocer tu obra de la obra ajena
tu cuerpo y tu alma
solos ante el mundo
volverán con lo que hagas a compartir nuestra historia.












PARÁBOLA

El perro dormido
mastica sin fin,
en un baldío hecho un ovillo.
Tú en tu casa sonríes dormida
en tu cuarto, en tu cama
a un paso del invierno que quema el pasto.

El perro dormido se lame una pata;
una hormiga roja arrastra una miga
un sapo rondón se come una araña.
Y un hombre que tiene el rostro que te ama
el cuerpo que te ama,
el sueño que te ama,
a un paso del invierno está despierto,
pensando que mañana:
verás un perro flaco y le darás comida
en un plato tibio a la puerta de tu alma
que una vez satisfecho te lamerá las manos
y se irá para siempre
aunque lo llames por mi nombre,
pues sus propios sueños
no dejarán que te escuche,
pues su propia alma es agradecida y mortal.












MADRUGADA

Los gallos gritan como puertas que se abren
empujados por la luz impaciente,
y los zarcillos lúcidos extremando su tacto
crecen agudamente sobre un silencio de hojas.

Veo temblar por dentro a los capullos
que el aire tierno apenas mueve;
los pájaros vuelven al cielo, al árbol más vivo,
una nube morada los torna prudentes,
de nada le valió a la noche parecer interminable.













CONOCIMIENTO DE LA MUERTE

Eras rico ya cuando crecías
desde adentro de tus huesos
o mejor, como tus huesos;
y lo fuiste más aún
cuando al levantarte
viste tu huella entera sobre la hierba
y hoy, que ya has tocado miles de veces tu cuerpo
y otros cuerpos,
y has yacido con amor y con odio,
alguien te habla de la muerte
hasta corromper el aire que bebes,
los frutos del aire fermentan en tu corazón
y ahora te embriagan, cuando al despertar
recuerdas cómo se bambolea la cabeza del gorrión
que un día encontraste pequeño de tan quieto
con las alas llenas de tierra
empecinadamente inmóvil
aún en medio del cielo al que lo arrojaste en vano.









ESTACIÓN

El vino añejo toma el cuerpo del alma
así recita su largo encierro,
no te apresures con el brindis
no aprietes entre tus labios la uva verde.

En este andén
rodeado de viejos que hablan de la mañana,
no sé si va a llover como aseguran,
pasa un rápido que no se detiene
guardamos silencio bajo la ola de hierro furioso.
Con las primeras gotas sale un tren local
los viejos se ríen como muchachos
el vino corre por mi corazón
cuando el tren horada la lluvia.












EL OTRO YO

Mientes con la razón de la estrecha aventura
que se concluye de rodillas y cerrando los ojos.
Rodeado entre gemidos por la conciencia brava
la realidad te abruma y no te da albergue,
los delirios te consuelan y el sol te fatiga,
tu trabajo más penoso es el de encontrar las palabras
que en otras bocas crees ver convertidas en piedras.
Al hablar sientes que por tus labios pasa
un torrente de plumas,
y al escucharte no confías en tus oídos
más que cuando callas,
si no siembras, tu recogimiento es torpe
la duda te marea con la forma del mar
tu muerte labra un acta de asedio
su horario caprichoso que deseas vencer,
tu vida es más desordenada que tus sueños
en la ley de los cuerpos hallas ofensa
al caos imaginario te lanzas sin cesar
cuando comes o fornicas rondas tus sentidos.
¿Por quién habrías de preguntar si todavía no te has hallado?
Si te hablo así es porque compartes mi mesa
y bebes con mi garganta invitado por la locura.
Te apago sobre mi cara cuando tu máscara arde
y tiembla mi corazón, bajo la ducha amarga;
te arranco de mi alma y bajo mis ojos te retuerces
como algo sin nombre que es diferente a todo
hasta que alguien me convide a dialogar
para que el acecho que sostienes no alcance la victoria.









JORNADA

Antes que la sed el agua ya está pronta
antes que el hambre, junto al sabroso fuego del amanecer,
el carnicero en su barraca clasifica las partes
y el trabajo todo lo saborea y fortifica
llena de sentido a la paciencia que es agua de estanque
junto al sembrado.
Lo desconocido huye en vano
y lo conocido en vano permanece
mientras un pie se aventura el restante imprime su huella.
Cuando arrancas un fruto
tus pies se llenan de gravedad como raíces
y es la tierra la verdadera raíz.
Cuando arrancas un fruto el universo es sin duda tu tierra
y sobre la tierra aparentas ser semejante al fruto
sin embargo te basta morderlo para darle su sentido
te basta con arrojar las semillas al surco para que
parezcas un árbol
una rama sobre la tierra
o el verdadero universo.












LA HORMIGA

Bajo la luna,
en medio del sopor,
sube negra como naipe de un juego
a tomar con su boca
la flor servida por el rosal al sueño.
Por un ojo de tierra
sale temblando de hambre
la hormiga negra: junto al zapato
atraviesa sin temor
la almohada de veneno
el suave polvillo la viste
con destellos sulfúricos.








5254.- MARIO JORGE DE LELLIS


Mario Jorge De Lellis (barrio de Almagro, Buenos Aires, Argentina, 14 de mayo de 1922 - ídem, 1967) fue un poeta argentino.
Su poesía ha marcado a gran parte de la generación literaria argentina de los sesenta, tales los poetas reunidos en el grupo de "El pan duro", pero también puntuó la cotidianidad de los habitantes de Almagro para quienes es un referente. Poeta popular de alto vuelo, influenció a escritores de la talla de Juan Gelman, Juana Bignozzi o Humberto Costantini. Hoy es casi imposible encontrar sus libros, falta de reediciones.

Libros
Flores del silencio. Bs. As. 1941
Cantos de la tecla negra, Bs. As. 1942
Siglo Rojo. Veinte Poemas para el siglo XX. Bs. As. 1943
Tiempo Aparte, sonetos. Bs. As. 1946
Calles de Marzo, Bs. As. 1947
Litoral de Angustia, Bs. As. 1949
Mediodía por dentro Bs. As. 1951
Ciudad sin tregua, Ba. As. 1953
Cantos Humanos, Bs. As. 1956
El buque de la calle da la amargura Bs. As. 1959
Cesar Vallejo Bs. As. 1960
Hombres del vino, del álbum y del corazón, Bs. As. 1962
Hortigueral de Almagro, Bs. As. 1965










VALENTÍN GÓMEZ 3887 - 2° E

Cuántas veces yendo y viniendo en torno a lo que amamos,
más libres que este raro olor a lino,
más próximos, más justos o acaso
más injustos
por pretender bajar la luna a nuestras manos
más comunes a todo
sin festejos de sábados
sin elegantes formas, sin pañuelos
diciendo adioses falsos
acá estamos, acá
yendo y viniendo, entre un café y un trago,
muy simples, muy amigos,
dolidos y sonrientes, afectuosos, conversando
de largas cosas vivas.
La puerta siempre abierta para Almagro










CANTO A LOS HOMBRES DEL PAPEL SELLADO

Uno los ve fundamentales, tristes,
palideciendo al puro contacto con las rosas
con larga urbanidad prolijamente seca,
ojo de gancho duro, talonarios,
y aroma de calas siguiéndoles las muertes,
y un impecable estar adentro de la ley
como al fondo de un sótano marino.

Uno los ve con cosbatas y gominas,
electores correctos,
fanatizados cuerpos bajos el saco,
inmóviles, de negro, cerrando abriendo puertas,
decreciendo en constante pulso inútil.

Uno los ve al margen de las cosas vivas,
hazmerreíres serios,
impermeabilizados.

Uno quisiera alzarlos hasta las lentas noches
donde duele la acacia y las lunas varían
de acuerdo al pensamiento;
uno quisiera alzarlos hasta el salado sitio de los mares
donde navega en busca de occidentes
el leve calamar o la gaviota;
uno quisiera despertarlos, acaudillarlos,
llevarlos al jilguero, a la harina,
al quiróptero hundido entre las sombras
de las malditas casas,
a la dulce majada renovada en el muy blanco sur,
al taller con muchachas que se asoman al día
sonriendo sus cansancios,
al gangoso impedido en una esquina,
al tañido violín, a la metáfora,
al viento y al cereal y al perejil
y a las más altas cumbres y a la niebla.

Uno quisiera incluso concederles un poco de horizonte,
un dorso de sus días, un quiosco entre las nubes,
un extraño país con calabazas,
con altos cuellos de ocas investigando lluvias.

Puesto que no verán este fanal del mundo, de los hombres,
de las tallas auténticas,
de la lana abrigándonos las carnes del invierno,
del mar impenetrable penetrando
en un ritmo de ojos y palomas.
No sentirán ciprés, abeja , río,
no sentirán amor tendido como un tierno animal
buscándose en los dedos,
ni una impalpable vida funcionando en los latidos mínimos.

Uno quisiera incluso que supieran,
que se fueran con vientos por el mapa
como nos fuimos todos los raros mensajeros
del aire y de las cosas.

Pero siguen allí, fundalmente, tristes,
cumpliendo sus deberes,
oxidando sus caras poco a poco,
con acalambramiento amargo entre los dedos,
sin saber por qué son, sin comprender tampoco
que inevitablemente terminarán nutridos de materia.
Duros. Solos.

del libro: CANTOS HUMANOS, Colección
"Ventana de Buenos Aires", Bs. As., 1956.










Uno sabe el color bandera sueca(1),
desarrancado gol grito del hincha,
vocación de este Boca boca llena,
tictac de historia de tablones(2)
chuenga a chuenga(3).
Uno siente la sangre de azul-oro
metiéndose en las venas
por un punto de más, por una nada.
Y ocurre que ni almuerzo ni merienda
tienen algo que ver,
ocurre que la novia zaguanera(4)
o el padre encabezando los domingos
miran pasar la tarde bizcochada(5)
y esperan como espera,
pasivamente el lunes.
Uno se va volado, está de loco al paso,
refuerza el corazón, grita sin grieta,
aplaude el gol sellado en la gambeta,
siente su afán,
lo sigue hasta en la sexta(6).
Y siempre, cuando ese sol domingo color pájaro
le pega en la cabeza,
cuando tiene en capilla la memoria
o en blanco la leyenda,
suelta nombres con nombres a medida
que los nombres lo sueltan:
tesoriere(7) capando los penales,
bidoglio(8) con refrán en cada pierna,
lazzatti(9) semafórico a las puntas,
cherro(10) firmando la pelota para una ida y vuelta,
arico(11) llevándola al desprecio,
varela(12) en boina suelta,
sarlanga(13) como dulce golosina,
angelillo(14) maestro, filósofo poeta.
Así, de Boca en boca,
lo inconsolable tiene
consuelo de domingo por la siesta:
léxico libre, loco levantado, potrerío(15) de fiesta.

Hacer la flor(16) de bocajuniors,
hacerlo con belleza,
hablar del pueblo pobre
que sin pedir permiso
se vuelca hacia la izquierda(17)
es una primavera de cosas hipotéticas:
¿qué pensarán los clásicos,
qué pensará la golondrina bécquer(18),
qué espronceda(19)?

No sé.
Pero ese pueblo vivo que empuja y desempuja,
que parla y parlamenta
es el único eco de estas voces
y el único que cuenta.

Viéndolo andar de Boca al hombro,
de corazón con quince estrellas(20),
de pasión sin corbata,
le digo este poema.



(1) Los colores de Boca se tomaron de la bandera de Suecia.
(2) Los antiguos estadios eran de graderíos de tablas.
(3) Chuenga era una golosina (castellanización del inglés "chewing gum": chicle o goma de mascar) y su vendedor en los estadios, que gritaba el nombre del producto, acabó apodándose también así.
(4) El zaguán (la entrada de la casa) era el sitio preferido de los novios para las despedidas más íntimas.
(5) Juego de ideas: miran pasar la tarde comiendo bizcochos o miran pasar la tarde color bizcocho.
(6) Se refiere a la sexta edición de los diarios, que salía por la tarde-noche y los domingos traía ya los resultados de fútbol.
(7) Américo Tesoriere o Tesorieri: arquero de Boca de 1916 hasta 1927. Apodado "La Gloria", ganó cinco torneos en Boca. Jugó en la selección y mantuvo su valla invicta en los sudamericanos de 1921 y 1924.
(8) Ludovico "Vico" Bidoglio: Defensor de gran clase que jugó en Boca entre 1922 y 1931. Ganó nueve torneos.
(9) Ernesto "el Pibe de Oro" Lazzatti: centromedio de juego fino y atildado, que debutó en Boca con 18 años en 1934 y jugó hasta 1947, ganando cinco campeonatos de la era profesional.
(10) Roberto "Cabecita de Oro" Cherro: mediocampista de endiablada habilidad y gran llegada, goleador histórico de Boca con 221 goles (106 en la era profesional) cuyos equipos integró de 1926 a 1938.
(11) Pedro "Arico" Suárez: defensor español que jugó en Boca de 1929 a 1942. De gran calidad en la salida del balón.
(12) Severino "la Boina Fantasma" Varela: Delantero uruguayo, jugó en Boca sólo tres torneos y ganó dos. En 67 partidos que jugó marcó 43 goles, 5 a River. Usaba una boina blanca por un convenio publicitario, muy adelantado a su éspoca.
(13) Jaime "Piraña" Sarlanga: centrodelantero muy efectivo (193 partidos, 115 goles) que jugó en Boca de 1940 a 1948.
(14) Angelillo: Delantero de Boca en 1956 y 1957, de gran habilidad, luego transferido al Inter de Milán, realizando en Italia una dilatada carrera.
(15) Alude a los "potreros", como se llamaba a los terrenos baldíos donde los niños y jóvenes juegan al fútbol de manera informal.
(16) La flor se dice, en poesía, de la misma poeasí. O sea que está diciendo: "hacer poesía de Boca Juniors..."
(17) Se entiende: la izquierda política.
(18) Referido a Gustavo Adolfo Bécquer, poeta español del período romántico, autor de una famosa rima "Volverán las oscuras golondrinas / de tu balcón sus nidos a colgar..."
(19) Referido a José de Espronceda, otro poeta español del período romántico.
(20) Las que Boca, según la tradición de estrella por campeonato en el escudo, tenía en el momento del poema.





5253.- MARÍA DEL CARMEN SUÁREZ


MARÍA DEL CARMEN SUÁREZ Nació en Buenos Aires. Libros publicados: "Desde Buenos Aires", 1964; "La noche y los maleficios", 1967; "Los dientes del lobo", 1972; "El bosque de fuego", 1970; "Voracidad del sonido", 1976; "Entendimiento de los cuerpos", 1982 (Cuarta edición publicada en 1986); "Posesión natural", 1988.
Ensayos
"Potencia del símbolo en la obra de Luisa Mercedes Levinson", 1988
Antologías
En octubre de 1993 parte de su novela inédita "Eva en el Espejo" fue publicada en Austria por la Editorial Wiener Frauenverlag en una antología de mujeres latinoamericanas seleccionadas por la profesora Erna Pfeiffer.
Premios y distinciones
Premio del Fondo Nacional de las Artes, 1967 por "La noche y los maleficios"
Mención de Honor en el Concurso Internacional de Poesía "José Martí" de Perú (1971)
Premio Poeta América Latina, 1983, compartido con el poeta chileno Enrique Lihn, Lima, Perú.
Como periodista obtuvo el Premio de la Fundación Rizzutto en 1980 por su trabajo sobre la ciudad de Buenos Aires en homenaje a los 400 años de su fundación.
Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, Buenos Aires por "Posesión natural"










Revelaciones

En la caparazón de la tortuga
están las señales del cielo
en el brote el consuelo y el pavor
en el llanto de la palmera
el fragor de la tierra enardecida
en el vuelo fugaz del colibrí
el mensaje de ser
nadie vislumbra el huracán de la tarde
el bullicio debajo de la piedra
el balbuceo de las brujas
danzando en las oscuridad
salinas
desiertos
mares abiertos al ocaso
reflejan
un viaje hacia la pradera infinita.











Paisaje de oración

Paraíso de lagos donde la luna
come las últimas lianas que atan la tierra
se inunda la solitaria comarca
se quema el bosque de abedules
y huyen las fieras doradas
por las altas montañas donde la luz
despliega la furia
bañando matorrales y ciénagas
planicies del desterrado
el silencio es el pliegue entre dos mundos
contorsiones del cuerpo
lamentaciones de náufragos
la guerra abre orificios de muerte
alrededor de selvas inhallables
espanto en las ciudades
y una flor abriéndose en el centro
de la noche
fulgor de otro mundo en el territorio
de la piedad
celebración de ángeles en el desierto
encuentro de hermanos con las palmas vibrando
en un rito de ocaso
alba de constelaciones en la boca de un santo
señalando otro sitio..














Mesa familiar

Corredores oscuros
mujeres desnudas en los cuartos
olorosos de salvia y azufre
medianoche de ritual
los manteles blancos bordados
en la oscuridad de la espera
de un escondite de guerra
flores secas en la alcantarillas
el hedor del río en el ancho patio
los gatos en el enigma de la luna llena
la mesa familiar
una carta antigua en el ácido del tiempo..













Parajes del Iberá

La iguana habita la luna azul
el líquido ceremonial
recorre el camino de su sombra
en esos parajes la amistad
es un hilo quebradizo
un grano de mostaza
en la antesala del infierno
sinsabores crueles y vanos
santos y frágiles
son estrías del sueño
en el aire de las hechicerías
en la luminosidad de las lagunas
pequeños insectos se abren como un capullo
antes de morir
ardores de vida
grandeza del río en el cielo del solitario
jauría
penar
colmena
en el ocaso abrasador del Iberá..















Pasaje a otra orilla

Era la pureza del ave en pleno vuelo
el enigmático exorcismo del amor cumplido
una incierta quietud de ojos velados
por la vejez y el desconcierto
era una hoja de albahaca
el grito del árbol creciendo sin reparo
era mi sangre esclava
el estampido del pudor
y la resistencia del placer
se fue agotando plenilunios
los huesos rotos
desgastados
me hablaban de cansancios
y señales en el cielo
se queda en mis días
me convoca a viajes y destellos
me encierra en cavernas olorosas de hierbas
sujeta mi furia
se entretiene en golpear mi hombro
es un reloj con signos de otros mundos
el pergamino de sus mapas
se convierte en ritual
un sueño atravesado de jardines ocultos
se avecina vestida de colores ardientes
su destierro es mi revelación
su amor mi confianzas en el porvenir..








Exorcismo

Cayó la gota en el plato
sal
agua y aceite para la ceremonia
bruja blanca
con pechos de paloma aterida
ahondando la verdad
campo de pruebas
luz de estrella
en la espera del infortunio.

Cuerpo imaginario (2002)









Inquietante

Me persigue Mozart
por los pasillos de la memoria
donde encuentro tus manos
abiertas al ocaso
y tu amor ferviente
como el crecimiento de la magnolia.

Cuerpo imaginario (2002)










Señales en el cielo

A María Bernarda Hermida

La poesía cubre de hielo
el corazón de los culpables
acompaña al sediento en el páramo
agita los mares de la razón
aquietando el sueño
de los desheredados
hace del colibrí un dibujo de cielo
de la muerte un viaje hacia la fragancia
abre la semilla de la desolación
y estalla en este final de ciclo
en las alas del Padre.

Cuerpo imaginario (2002)





5252.- EDNA POZZI

Edna Pozzi y Gustavo Tisocco



Edna Pozzi 



Poeta y prosista nacida en Pergamino (Buenos Aires, Argentina) en 1926. Su obra abarca, entre otros títulos, "Tiempo para decir llorando", "Señales para Gustavo", "La razón más impura", "Ella dijo algo fantástico", "De mala muerte", "Palabras que me salven se la muerte", "Ferocidad de la memoria", "Cantata a Alejandro", "La madre", "Ana de fin de año", "La última palabra no la tiene la muerte", "Alabanza del triste de furor", "El libro de Javier", "Cercanías de Adolfo De Ferrari", "Balada de fin de siglo" (en colaboración), "Mas no estorbes la música" y "La canción de Fidela" (Summa poética) todos de poesía. En novela ha publicado "Las ruinas de la infancia", "El lento rostro de la inocencia" y "El ruido del viento". Antología crítica: Alejandro González Gattone y Escrito en la arena, reunión de artículos periodísticos, notas y comentarios bibliográficos. Su obra poética completa (1969-2000) fue publicada en el año 2000, como Tomo I de su obra completa que incluye además de poesía, narrativa y ensayo. Sus obras han sido reiteradamente galardonadas en el país y en el extranjero. Sus novelas han sido distinguidas con el Primer Premio del Certamen Bienal de Novela de la Unión Carbide Argentina, el Premio Emece, el Primer Premio de Novela del Fondo Nacional de las Artes y sus cuentos con el Premio Eduardo Mallea de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires y el Primer Premio Avon con al mujer en las Letras, 1995. Periodista, conferencista, ha desarrollado una intensa actividad como difusora de cultura y en los movimientos feministas. En 1986 se le otorgó el Premio Alicia Moreau de Justo a las cien mujeres más destacadas del país.En 1996, recibe el gran Premio de Honor de Poesía de la Provincia de Buenos Aires. En 1997, la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, la elige como la mujer mas destacada en el año de cultura en territorio provincial. En 1998, el Honorable Congreso de la Nación declara de interés cultural y parlamentario su obra completa y el rinde homenaje por su aporte al pensamiento y por su producción literaria en poesía y narrativa. En el año 2001, recibe del Congreso de la Nación la distinción como “mejor notable argentina”. Le otorgan el Gran Premio de honor de la Fundación Argentina para la Poesía 2004 y el mismo años resulta finalista con Los Maderos de San Juan del Premio Clarín Novela con un Jurado constituido por Ángeles Mastretta, Antonio Skármeta y Andrés Rivera. Con Ana D`Anna como interprete y compositora, edito el disco Cuando cantamos, y en el año 2003, la actriz Norma Aleandro leyó sus poemas en un CD, Ofrenda. En la colección Summa poética de ediciones Vinciguerra, un disco compacto recoge su voz junto a la de otros autores.


No me enamoro de la nada, me enamoro de ti que eres el acontecimiento fundamental de mi vida.

De una vez y para siempre me enamoro de tu permanente resurrección; no me tapo los ojos ni pongo mis manos sobre el vientre. Lluvias de mil siglos descienden en calientes cenizas sobre mi boca. No me enamoro de la nada, me enamoro de tu sombra clavada una vez y otra vez junto a los anchos ríos de los bulevares grises, al misterio de los trenes. No me enamoro de la esperanza y del hastío, del amor o de las plantas, ni de las soluciones definitivas, ni del porvenir, ni me enamoro del beso que colocas todos los días en mis pies ensangrentados. No me enamoro del mito, ni de la cueva vertiginosa de las palabras ni la seguridad fecunda de las piedras; no me enamoro del ritmo de los insectos, ni del punto de partida o el punto de llegada.
De una vez y para siempre, me enamoro de ti. No me enamoro del rayo de luz en el cerro acorralado, de lo innegable o lo inconfundible. No me enamoro de la espera, de las estaciones, de los ritos, de los trajes bordados. No me enamoro de la muerte, ni del silencio me enamoro. Me enamoro de ti. No me enamoro de la procesión de amapolas, ni del calor accidental y tierno de la noche, no me enamoro de la libertad ni de la clausura, no me enamoro del drama permanente de las hojas caídas, ni del resplandor de tu cara sobre la mía. No me enamoro de la nada.

Me enamoro de las olvidadas, oscuras planicies, de los secos y yertos pájaros, de las profundas fuentes. Me enamoro de ti.


de Obra poética (1969-2000)
Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 2000



"Si, puede ser que todo perezca, pero no es posible ni seguro"
de El libro de Juan

Han clavado las puertas de su casa - le han dicho a los vientos
/que se ha ido.
Han vendido su anillo de diamantes y el periódico viejo con su
/nombre esmaltado en una esquina.
Han juntado sus óleos, sus vestidos y en una caja de cartón,
/doblada, también se olvida la tristeza.
Pero ni tú ni yo creemos que está muerto.

Han dicho que en ceniza y oscura greda se convierte.
Que han visto las raíces que lo cubren. Que ya nadie lo escucha.
Nadie, dicen.

Pero ni tú ni yo creemos que está muerto.

Han cubierto con paños los espejos. Arrancado el jazmín.
Con una vara dibujan en la arena el círculo de fuego.
Soplan sobre la hoguera.

Pero ni tú ni yo creemos que está muerto.

Han vendido su rastro. El delicado amor a la materia. Los objetos
feroces.

La tarde en que lloró de bruces, desolado por la falta de Dios.
Y dicen en las plazas que descansa de sueños y fatigas. Esa piedra
lavada.
Ese volcán de ágata fundida.

Pero ni tú ni yo creemos que está muerto.
Mejor dicho, creemos que está vivo y cercano.







Razones



Poema XIII

Soy como la que fui, como el pasado soy Teresa
En la calle me bendicen y besan el borde de mi falda
Mi abuela corta panes de salvia para alimentarme
En los pasillos de los claustros camino lentamente
dejando gotas de sangre
Soy como la que fui, santificada en fortaleza y alegría
Uso un idioma delicado reservado a los ángeles
que en tropel me acosan y a veces me iluminan
Soy la riqueza y el esplendor de Dios
La mujer de las moradas profundas, del encuentro y el goce
Soy como la que fui, la inaccesible roca

la resucitada

Soy la que te ha engendrado para que vivas un instante
y me hables del amor pequeñísimo y frágil
que no puede entrar en mi casa
y grita inútilmente en las calles con estridente voz
Soy la vigilia y la perfección del consuelo
quien cerrará tus ojos y cubrirá con mantas
tu cuerpo desnudo
Soy como la que fui, el laberinto, la extraña
que en el pasado dijo amarte
soy apenas Teresa, la puerta de la clausura
el amor terrenal más valiente y gozoso
Soy lo que resta de la pérdida atroz
lo que no acaba nunca

Soy este triste tibio triste corazón desolado












Después de Octubre

La calidad de este amor es como un saxo a las dos de la mañana
cuando uno regresa del hospital de ver a un amigo enfermo
ya no hay esquinas ni lluvia ni música donde descansar del espanto
La plenitud de este amor
es como esa persistencia del saxo quejándose entre las ruinas
un lamento completo
donde la belleza huye con pies ensangrentados
Lo sombrío de este amor
es que alguien lo recogió del rostro de mujeres antiguas
mujeres amadas y perdidas
porque necesitaba todos los niveles del deseo para que el saxo sonara
en los cuerpos
cosiera con agujas de plata la dimensión de la tristeza
Lo horrible de este amor
es que no conoce la muerte
ni suplica por sus penas
y uno se mira las uñas y se pregunta de dónde este amor
si en el tiempo de una saxo doliente
o apenas en la fugaz y oscura melodía
Lo ceniciento de este amor
es que no se pinta los labios con pétalos de rosa
ni se viste con colores brillantes
es como un perro abandonado en los rincones
gimiendo de puro desamparo
y un siente que debe acariciarlo
antes que huya atravesando las paredes
llevándose la música y la gloria del día
y el día de mañana
tan seguramente amanecido con su sol y sus gladiolos rojos
Lo extraño de este amor es que ayer nomás
peleaba en Octubre con las feroces lilas y los lagartos
y hoy mira como pidiendo perdón
un sonido agudo, maltrecho
pero finísimo, algo entre cristales
como quien deja un cántaro de agua en un jardín desolado
como quien no sabe nombrarlo
pero sí sabe que había un nombre antiguo
los pies descalzos sobre la tierra muerta
y ese nombre es como un arco de plata, un hilo delgado y frío
y entonces uno se deja caer en ese amor
se lo lleva hasta los labios
lo esconde entre sus ropas
y abre los ojos para que ese amor huyente
se quede un instante más
como la última nota de un saxo a las dos de la mañana.














La tierra

Si mamá viniera a bailar conmigo
ahora que tocan la canción de las lilas
entonces sentiría otra vez su rostro joven
rozando mis mejillas
y no pensaría en la tos ni en el jadeo arduo
de los pulmones
pero hay demasiados mares y piedras en la noche
para estas rosas de octubre
y es preferible dejarla quieta en su tumba
allí donde el baile está vedado
y yo soy sólo un trozo de hielo
la vieja niña vieja
agitando pañuelos de lino
para limpiar el polvo y la madera
el piso de roble cepillado
donde tal vez le hubiera gustado bailar
tocando apenas con zapatos de raso
la verde oscura infame tierra
que la contiene

Detrás de los finales







VII

El poema séptimo viene de combatir entre los lobos
y los oscuros habitantes del desastre
El poema séptimo encontró una casa fragmentada
en miles de astillas, como si alguien hubiera vivido allí demasiado
tiempo
El poema séptimo caminó las tumbas de los pequeños seres
que nos amaron, de a ratos, entre panes dorados y sábanas limpias
Con esos trémulos visitantes del recuerdo
el poema séptimo trató de aferrarse a lo insignificante
a lo que no puede ser disputado, enrarecido por el aire
de las flores secas abandonadas en un jarrón azul
El poema séptimo tiene las piernas rotas
De rodillas y aun herido, se mueve hasta el portón herrumbrado
de la casa mayor. De las montañas de basura
recoge el cadáver de un pájaro y una carta quemada
Desde esa tristeza el poema séptimo te nombra
como si fuera la enjoyada palabra de un alquimista
un juglar infante y perverso hablando del amor
y de otras atrocidades













Amor del triste

Te amo como se aman ciertas cosas oscuras.
Neruda

En los nidos de los buitres están mis manos
He cruzado los mares, las tardes cenicientas de tango y vaso ásperos
aquí en el Sur
He cruzado el amor, lo he dejado detrás
desnudo y vulnerable, con sus pétalos de cenizas y de labios rojos
He caminado el pan, la fiebre, la sonrisa del hijo
los claros navegantes que se esfuman en el atardecer
como si tuvieran un contorno celeste, de lápiz infantil
He cruzado la fealdad y los muertos terribles
de antiguos poemas respirando por lástima y desprecio
He ido y venido de mi cuerpo, extendido mi piel
y cerrado mis ojos para el golpe y la caricia
-y siempre la costumbre de estar de más
ocupando una casa que estaba reservada para los impuros-
He cruzado palabras como plumas o violetas mojadas
como reinas o putas tristes las palabras
con su cuello de encaje y el labio tenso por el esfuerzo
de dejarme caer, morir de a ratos sobre jabones o noticias del canto
He cruzado estaciones con sus trenes de ácido
y madera
me he ido como un paria con los zapatos rotos
y el atadito de boas y muñecas de plástico
He cruzado el amor de un hombre inmenso
que se inclinaba para mirarme
cuando tenía cinco años
y me hablaba de un país de castillos azulverdes
donde tendría vestiduras de satén
y una coronita de jazmines.

Vengo de mariposas negras, de lutos, de festines
de llorar en las lágrimas ajenas
de ser el otro, el descastado, el miserable
el sin palabras
Vengo de amores como baratijas
ofrecidos por una moneda, un pequeño reparo en la tarde
un plato de comida
Vengo de ser violada, de sorberme la sangre de las piernas
de subir escaleras de la cárcel
de ser cuerpo y razón inteligencia y mísera esperanza
Vengo de argumentar con la gente del mal
de hacer revoluciones, panfletos, discursos de mandioca
para dar aliento y sostén de los huesos
Vengo de ser desconocida entre los bellos y los puros
poetas de las lágrimas celestes
Vengo de ser vendida cabello por cabello
palabra tras palabra como una hoja seca
o un otoño de ruindad y silencio
Vengo de todos los suicidios, de la traición, de la torpe mentira
y también del pistilo de una azucena, del esplendor dorado
de la pobre azucena
Vengo de la palabra muerte y de la palabra Juan
y de la palabra “tampoco volverás esta noche”
Vengo de octubre, de respirar octubre, de ser octubre
Engendrando lilas de hierro sobre el pecho cansado
Por eso en los nidos de los buitres están mis manos
Hasta allí he llegado, tristísimo amor
amor de lápida y de sombra, de rosa innecesaria
amor de silencio y de fatiga, despidiéndose
anudando mi cuello con sogas de jacintos
el pobre amor trepando la alta montaña
para encontrar mis manos en los nidos del buitre

Oscuro amor, cerrada tarde de la agonía
Miserable señor, pedacito de lumbre
con su cintura rota en la noche que llega
cruzando donde nadie cruzó
donde fuimos más anchos que la anchura
del mar

Oscuro amor, pequeño de pies cansados
entre hierbajos y latas vacías
pequeño amor subiendo cerros del color de la sangre
y las inmensas alas de una pájaro
dobladas sobre el pecho
allí donde termina el viaje

Allí donde opresión y nostalgia
para el infante de raso gris
que nunca nacerá
Nunca nombrando la palabra nunca
Nunca diciendo
Mi corazón de plumas era el que te arrullaba.










La niña en el columpio

En cada atardecer
el hombre baja las escaleras de su casa
y se sienta en el parque a esperar las estrellas
En el parque hay una niña columpiándose
y en cada movimiento su cuerpo de cinco años
cubierto con un vestido blanco
traza rayas de luz en el crepúsculo
El hombre ve el resplandor
la finura exacta de la luz
pero sus ojos detenidos en la estrella más lejana
vislumbran la otra niña
la que en Oxipur o Calibán
está balanceándose en un columpio
con un vestido blanco bordado de flores amarillas
Las niñas no se conocen
pero el hombre sabe que el universo
es así de preciso y bello e inútil
Quisiera quedarse en el parque
escuchando el ruido del columpio
pero trepa las escaleras de su casa
donde lo esperan dioses oscuros y pequeños
dioses con olor a pena y a rocío
y a pan recién horneado
y a corazones rotos