viernes, 15 de febrero de 2013

JOSÉ RAFAEL FRANCO [9227]


José Rafael Franco (Gran Canaria 1961-1993).


Necesitamos referencias. Referencias desde las cuales poder abordar la realidad, el pasado y ese futuro que, por definición, no existe. Para el hoy de la literatura canaria, me parece fundamental recuperar la obra de aquellos poetas que escribieron en los 90 y que, por diversos motivos, no ha llegado a nosotros con intensidad, o como debería. Y es que, al igual que el recién parido enfrenta una barranquera frenética de estímulos sensitivos, los jóvenes lectores de hoy quedan ciegos ante tanta “oferta lectora”, aunque no sea más que ocio vacío. Y si, además, recordamos que los planes de estudio perpetúan la enseñanza de la Literatura con lecturas ajenas a la lengua que vive el lector, la literatura canaria sigue como siempre, atrapada entre el desconocimiento de la mayoría y la connivencia vanidosa de muchos autores, su casi congénita despreocupación por el “después” de la obra. Sin embargo, en los años 90 hubo un grupo de poetas denominados “última generación del milenio”, “grupo poético de 1992” o “del redescubrimiento” de “rabiosa actualidad” en fondo y forma, entre los cuales José Rafael Franco (Gran Canaria 1961-1993) aparece, a pesar de su fallecimiento prematuro  y del silencio que se vertió sobre sus poemas, como el actualizador de la poesía canaria para el siglo 20.  El muestrario de poemas que compartimos a continuación, se lo debemos al estudioso (ya fallecido) Antonio García Ysábal, que dio a conocer la obra del poeta en “La Nueva Poesía Canaria” (Verbum, 2001) y “Matemorfosis” (Colección San Borondón ISLA DE SOMBRAS, 2003); obra, esta última, cuidadísima hasta el más mínimo detalle y publicada tal cual la había preparado el autor. En ambos libros, leemos una expresión nueva en Canarias y que, al mismo tiempo, seguirían y desarrollarían individualmente otros poetas como Federico J. Silva, Pedro Flores y Tina Suárez Rojas, entre otros. Se trata de una poesía actual, capaz de aflorar y decir, de provocar y conmover lejos de rimas y palabros retorcidos, de hacer amor y filosofía universal desde un terruño innombrado porque ya se había asumido, seguramente, que la Ysla es inabarcable.

[Javier Hernández, poeta y crítico literario]







No implores mi perdón
No me es dado contigo el poder de vivir
Pues la vida es corta
Y mi arte no espera
Y todas mis balas son estos papeles translúcidos
Ahora abro las cortinas de mi ser
para entenderte
Ese crimen por tanto prolongado
Y tenderte la mano del diálogo
Que imploras desde hace tanto
Comprende al fin que la ley es esta
Nos hemos demorado en la estancia del mal







En la arena

TENDIDO al frente
Así se apalanca un cuerpo

ESTOCADO
Y dos orejas








El amor es el lugar del excremento
Y habéis cambiado
Usureros
El sitio
por el producto







Tierra de la mar infinita, bosque de lapas, éste, tu pueblo, quinientas mil caras repetidas que se vuelven a ver, que no pueden ver otro pueblo, cuya mirada es ajena y su mito repetido y prestado como las quinientas mil caras de memoria estampada; donde todo nada… la mar, golfo de tanta agua tragaste, nostalgia de piedra cuya agua se hizo nudo en la garganta, mirada de otro ajena a ti, cabo que te quiero cabo, ; oasis al revés, donde todo nada… la mar: tiempo es de dar al continente lo que es suyo, el mito arcádico, el sueño y la aventura de tantos robinsones con pasaje de vuelta, que no pudimos tragar sin devolverlos.






Parecer la noche

Esta paz monótona y comercial,
este avanzar de días sin más sentido
que el parecer a la noche,
dormir a tumba abierta
los sueños que van y vienen
y nos dejan.

¿A qué se parecen?
Esta certeza casi absoluta
de morir a orillas de la playa
sin afán de sorpresas
con dudas castradas
en aras del orden atlántico.
¿A qué se parecen?

[Cita de naufragio, 1983]




Y sólo queda…

Y sólo queda este paisaje constante.
En cualquier ladera veo el flujo
y el reflejo de las olas.
Vuelto de vaguada a orilla.
¿He de ser siempre el pincel del verbo?
El marco no es el mismo.
Los callaos se desgastan ante el agua
y hay arenas que le dan por comer espumas de sal.
Vuelto otra vez de orilla a vaguada.
Siempre el flujo y el reflejo
en un mismo paisaje.
Esos poetas que ansiaban el mar,
la muerte,
no debían ser isleños
alas sajadas en el abismo de un oceano
imposible

[Cita de naufragio, 1983]





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