domingo, 18 de diciembre de 2011

5442.- LEOPOLDO DÍAZ





Leopoldo Díaz (1862 - 1947)
Chivilcoy, 1862 - Buenos Aires, 1947) Poeta argentino. Abogado y diplomático, pasó buena parte de su vida en el extranjero: Francia, Suiza, Noruega, España. Fundó el diario La Palabra. Enamorado del parnasianismo, experimentó también la influencia de los simbolistas franceses y su gusto francés se reflejó no sólo en la orientación y el tono de su lírica, sino también en su lenguaje, con las naturales consecuencias.


Pese a todo, fue uno de los primeros modernistas de América y vio sus Bajo-relieves (1895) elogiados por Rubén Darío. Su principal modelo fue José María de Heredia, el poeta cubano-francés. En el culto al "estetismo", llega este lírico argentino muy lejos, aunque casi siempre en perjuicio de la emoción; sin embargo, muchos de los que lo llaman "poeta frío" se olvidan de la característica "frialdad" de la mayor parte de los cultivadores de las llamadas "corrientes modernísimas". Escribió también versos en lengua francesa.


Indudablemente, es un maestro del soneto castellano, como puede apreciarse en su libro de Sonetos (1888) y en otras composiciones de esta forma métrica posteriores, algunas de ellas recogidas en la Antología que editó en 1945, como homenaje al "decano de los poetas argentinos", la Academia Argentina de Letras.


Otros libros suyos son: Las sombras de Hellas (1902), Atlántida conquistada (1906), Las ánforas y las urnas (1923), El sueño de una noche de invierno (1928), La colera del bronce y Las galeras de oro.


Leopoldo Díaz es un orfebre lírico cuya brillantez disimula muchos fallos emotivos y de lenguaje.












Nuestro idioma


Claro y limpio raudal
es la lengua que yo adoro,
la lengua de versos de oro
y de vibración marcial.


Es dúctil como el metal
y rica como el tesoro
que dejó Boabdil el moro
allá en su Alhambra oriental.


Como clarines al viento
vibra su broncíneo acento
en la ira o el dolor.


Y son sus cláusulas graves
amorosos trinos de aves
sobre las lilas en flor.
















Vago rumor


Vago rumor se extiende en las riberas
de la ondulante soledad callada,
donde, su sueño prolífero, la nada
incuba la legión de sus quimeras.


Tritones, hepocampos y legeras
náyades, surcan la estensión sagrada,
y, por conjuro mágico evocada,
vibran su voz las sirtes plañideras.


Como en sonante caracol mrino,
se oye del ponto en las entrañas hondas
un misterioso acorde sibilino:


Y en la caricia de sus trenzas blondas,
relampagueante el óvalo divino,
surge Afrodita de las glaucas ondas ...












LEJOS DE TODA POMPA, DE TODO RUIDO VANO…


Lejos de toda pompa, de todo ruido vano,
tallando lentamente los mármoles prosigo;
¡oh, soledad, oh fuente fecunda, te bendigo
aunque la meta es ardua y el triunfo está lejano!


¡No importa! Desterrado del torbellino humano,
la gran visión interna del ideal persigo;
quien niega la divina belleza es mi enemigo;
el que medita y sueña y armoniza, mi hermano.


Todo laurel inclina la hostilidad del viento;
de insomnio y de fatiga se nutre el pensamiento;
alza en la noche su zafir lejana estrella…


Artista, el bloque duro tu genio desafía;
arranca de sus hondas entrañas poesía
y surgirá la estatua deslumbradora y bella.


Bajorrelieves, 1895.

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