miércoles, 30 de noviembre de 2011

5246.- EDUARDO ÁLVAREZ TUÑÓN


Eduardo Álvarez Tuñón
Nació en Buenos Aires (Argentina), y publicó diversos libros de poesía, entre los que se destacan El amor, la muerte y lo que llega a las ciudades (1980), La secreta mirada de las estaciones (1987) y Antología poética (1976-1991). Es autor, asimismo, de una obra de teatro: La memoria y el viento (1983). En el ámbito de la novela, publicó El diablo en los ojos (1994) y El desencuentro (Editorial: Libros del zorzal. Buenos Aires. 2010). Tiene, además, un libro de cuentos: Reyes y mendigos (2005). Ha colaborado con numerosas revistas y suplementos literarios y ha sido jurado del Premio de Poesía La Nación.








LA FUGA

a Alberto Laiseca

No pretendas invadir los barcos que el tiempo ha destruido,
ni revivir objetos besados por los días:
La memoria que buscas ha partido con ellos.
Algo ha muerto con la mesa quebrada,
algo ha huido de las vencidas puertas
y es inútil hablarles de los pasos ya dados,
o de como bebías el agua por las noches :
Las calles,los ropajes y las casa no guardan lo vivido
y tu triste pregunta acerca de una tarde
es un humilde lago en el que te reflejas.
Mira nadie podrá decir "bajo este puente envejeció un hombre"
porque la muerte ha huido de la fruta que cae
y en lugar de esparcidos recuerdos,
verás la sombra de las ramas que su peso transforma
y creerás,con los muertos,que es tiempo de amor entre los árboles.
Nadie podrá decir "ha caído una fruta",
porque cuando la puedes besar ya está en el suelo,
y las adolescentes ocultan la caída,
esconden las estaciones en el cuerpo
y así la vejez de un hombre bajo un puente se pierde
en un húmedo ser que esperas en la tarde.
Como los viejos prisioneros descubro
que lo único que nos fue dado a imagen y semejanza de Dios
es su profunda soledad,
que lo que ilumina la tierra es una fuga,
que más allá del muro de los días,
lo anhelado y la muerte son una misma lluvia.
Acepta,como el viento,que el universo sólo es infinito
porque de todas las cosas parte lo que buscas.












EL CANTO DE LOS DÍAS

Hay en la tierra maestros de la espera :
oxidadas campanas,abandonadas casas,cíclicos perfumes,
que enseñan a percibir el canto de los días,
a descubrir que el tiempo,como el llanto,
une y besa en las tardes los universos rotos.
Perdónale el no retornar a la ciudad donde todo era fruto,
el no saber,como la lluvia,que solo se trataba de caer,
de llegar a la tierra para perder el lugar de la partida.
Perdónale el no volver de las barcas de las adolescentes,
y su irrepetible danza en el húmedo fuego del verano y la muerte.
La caída de un sola hoja llena de espanto al mudo corazón del bosque.
Pero el canto de los días dulcifica la ausencia entre las ramas
y compone del caos la memoria de un árbol,
al que salva el recuerdo de los vientos finales.
mira,lo repiten los viejos que pretenden guardarlo
en cuerpos como barcos de maderas vencidas :
El tiempo nació para separar la niñez de la muerte,
acostumbra en su música a todo lo perdido
y ya puedes vivir en sus secretas calles,
aunque no vuelvan nunca las primitivas puertas de la tarde.
Perdónale el cuerpo fugitivo de las estaciones,
la tristeza de llevar en su ciclo
fragmentos de un amor inesperado y bello.
Perdónale sus ojos que destiñen colores
y siéntate a escuchar el canto de los días.
Comprende : Ni el hombre puede ser distinto
al extraño y callado lugar donde termina:
Con los cementerios descubrimos
que numerosas muertes crearon nuestras vidas.

de Antología Poética (1976-1991),Editorial Fraterna,Buenos Aires,1991





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