miércoles, 23 de noviembre de 2011

SIMÓN VILLALOBOS PARADA [5.223]


SIMÓN VILLALOBOS PARADA


(Santiago de Chile, 1980): Escritor, Magíster (c) en Literatura. Sus poemas figuran en: Desencanto Personal (Editorial Cuarto Propio, Santiago, 2004) y Selección de Poesía 2005 (Fundación Nueva Poesía, Santiago, 2005), esta última publicación es consecuencia de una Mención de Honor en el Concurso de Poesía Carlos Pezoa Véliz, de la Fundación Poesía Nueva. Mantiene inédito -por razones que escapan a su voluntad o que derivan de aspectos negativos de ella- su poemario Voca y los conjuntos de poemas que ha escrito posteriormente. Además, durante los años 2002 y 2003 fue director y editor de la revista de poesía Estrago; desde el año 2008 trabaja como productor, editor del área de poesía y, recientemente, como director de la revista de literatura y cultura actual Contrafuerte. Organiza, desde marzo de 2009, junto a Juan Manuel Silva, el ciclo de poesía Antología en Movimiento.







Voca


En el barro silencio marca las siglas, está prendido, sabe que vendré a buscarlo cuando me acabe o esté desierto; la lengua entre dos posiciones la tierra derecha y además / sonreías con la cara volteada hacia la cámara. Yo no estuve ahí pero puedo sentirlo, como es la relación de todo esto en lo que no estoy y va atrapando las remesas como una cuerda tirante.
Con los dedos marqué la pared las ventanas, una línea de los dedos / arrastré por los vidrios recias cosas sacadas de la flor en su edad, y este olor que desempuñan las manos. Soñaba los jardines desiertos, la radiación las piedras rasgan las uñas al cavar, antes la noche que vino a mojarlo todo, un desaparecido llevando el cuerpo que salió húmedo de su piel / como una lombriz o un animal que es una marca de agua y no las marcas sino la forma blanca que lo encierra y el telón que recibe las zanjas. Ni aunque masque la fosa los andamios después de soldar durante días, ni aún detrás de mí la altura de la voca prendida en las figuras, la planta de un pie y el polvo apelotonado a orillas del relieve; hablé de una silueta pero también algo estuvo adentro, virtual, sostenido por sus conchas







Agarrándonos a la tabla de salvación de la poesía, que es una gran máquina negra, / somos los santos carajos y desocupados de aquella irreligiosidad horrenda que da vergüenza porque desapareció cuando desapareció el último “dios” de la tierra, / y la nacionalidad de la personalidad ilustre, se pudre de eminente y de formidable como divino oro judío;
Pablo de Rokha

La voca será el hogar de los hombres santos, iguálalo en tu color no en la tarima del mercado, no en la feria de los preceptores para los notables de la hora. La voca será quebrada pero será la reina de su terciopelo, de su arrastre con la caballería de los garzones tomándole el pico, con sus cabezas indiferentes amarillean el horizonte. No, yo estoy tras la vida contra la ciudad del lago, tú sabes que vinieron a fundar la ciudad y les di con la puerta porque hay un muro y es mi horizonte cambiando de postura y pobreza. Tú sabes cómo miente, ciudad, que será la única y una tregua larga de abundancia. No a nacer sino en la calzada oscura de lo liviano que hurta a la guerra un papel gastado con que cubrirse el calor. La voca será el reino, la alabanza, la disolución de los cuerpos pequeños fluidos materiales navegarán el mismo surco en un mismo golpe largo, Ave ciudad.






Alguna cosa sobre la que tuve recuerdo y encegueció, algún pedazo de recuerdo que fue hostil, juntó sus ramas y comenzó un fuego por sí solo un aire cerrado al centro, algún marco de la ventana cerró de golpe quedó en los vidrios atrapado / hacia atrás no estaba mi cabeza si comienzo a hablar por los pies, hacia atrás el sesgo de los ojos que es una vena / la sección del cielo raso que es una vena. Alguna cosa sobre la que escuché hablar cuando volcaron las tazas mis manos dentro de las tazas, dije sobre el color oscuro volcado la forma de un continente en la mesa












mis amigos pasan horas y horas frente a la pantalla
tengo ganas de que lleguen los ovnis

Jorge Teillier


Yo debía proteger lo que soy, aunque todas las cosas
Saben hacerse notar

Rosamel del Valle





I

Ahora que estoy buscando pero quizás en un sitio reducido recuerdo la historia de un amor magnificado por la carencia, la historia de una carencia con una pausa o edad oscura en medio
la oscuridad donde el propio cuerpo se olvida o sintetiza en la materia continua
la oscuridad guarda un destello dentro
la saturación como una esfera flotando o una ventana
hacia el día entero en una sala blanca por donde el cuerpo desfila cortado
y aunque se rompa o se abra hará el signo de su distancia
o una parte suya cruzada por la sombra
un fierro metido en el abdomen


Yo creí en una escritura que saliera de su asignación, que fuera movimiento puro, ejercicio, magnitud
y no un estado en que las cosas ensayen su presencia convencional
no la radiación sobre algún punto haciendo el fantasma que calza despacio la bulla de una canción negra
conforme al panorama regular de una generación que es mentira
no un conjunto de cuerdas que tiran de las palabras como un órgano
ni sus reveses en las manos que comparten los cabestros
no un circuito impaciente que lleve el corazón a las cosas con la miseria que arrastra un recurso,
un medio y un fin
con sus razones y vencimientos


Y ahora el diario escribe sus enmiendas
fija los muros que lo fuerzan
imagina al mar entrando en la sala
imagina el borde que marca con su altura
el cuerpo brillante en el alud sangrando, desvelado
en cada gesto que emerge y se recubre
con la justicia de la inundación encima y encadenando ese brillo a la caída general de la provincia:
un bar resumante de su propio ruido y girando
una casa quinta con los familiares disgregados en la carne que se abre de uno y otro por los rincones
una sonrisa para esta catástrofe te pido: la estuvimos esperando todo el invierno
y esta noche cruza sobre nosotros


Las anotaciones de donde asomara el poema resistían esa caída a nivel personal, señalaban entre la multitud los muros de un cuerpo inandido
derramando su veneno en un cuadrado de asfalto
una y otra vela en las veredas encendidas de Santiago
una calle iluminada que se deja pasar a gran velocidad
la sigo girando el rostro contra el vidrio
esta ciudad con una llama en el hocico
la tronadura que sufre y descansa, a pesar de su belleza
la avenida sola no es buena señal, volvíamos
el viento que azota adentro fue apagándonos casa por casa


Por qué resulta necesario historiar algo puro a esta hora de la pureza de lo indeterminado hay un objeto sumergido, se sabe
están las aguas turbias, no han parado de moverse ni un segundo y hurgarán las manos
una hoja deshaciéndose al tacto
la tierra girando o suspendida en alguna forma
la tierra en un foso de mar como una mano vacía


Los cables hacen cruces con los postes al fondo
pasan personas estableciendo una escala con sus cuerpos
se desdibujan como un marco moviéndose sobre el paisaje
o una botella volteada que avanza

una radio toca a alguien que grita
el viento trae y esconde el sonido
encajonado con el cerro


Una piedra arrastrada por un vidrio
la otra mano sangrante que atraviesa como sentido
una piedra arrastrada por un vidrio
que apenas lo marca en su resistencia
no ven las manos su par que avanza este umbral notorio
pero desenlazan un trayecto:
una cae, la otra la abraza


Las astillas metidas en la carne
los dedos en la arena con el hueco de una cosa adentro, un órgano desecho, una marca de sangre
la tomé por la espalda y fui manchando mis brazos por sacarlos del conjunto
levantándose, teñían la sala como una polvareda volteada en ristre
trazando líneas rojas como si entrase un sol desde el fondo
como si mi cuerpo fuese un carbón abierto, una piedra que estallara sobre una cuerda tensa
hacia atrás


Estoy buscando una intensidad que las cosas han perdido por sus costados
estoy sacrificado en todo
pero las cosas
las cosas, las cosas:
siquiera heridas ni nada sino las cosas por ejemplo
quietas en la perspectiva que la corriente arrasa




II

Suena el mar si se detiene y da la luna en medio del foso
como un eclipse, la figura vista desde el agua
los sesgos que iluminan el fondo
a través del cuerpo vulnerado


El destello de las palmas unidas sobre la carne
las costuras que bordean la piel, soltándose
como una bolsa que recibe la corriente, en otro extremo
se cierran como una red o una mascada


Todas las cosas se han perdido hasta recuperar sus hilos, regaron las ropas al escapar forcejeando, ahora toman el mapa con sus líneas como quebradas que alimentaran pequeños centros, aberturas de agua en el vientre, cuerdas que sostienen sus partes cuando se inundan. Hicieron un mapa donde seguían desapareciendo hacia adentro las cosas, sonando vidrios que chocan, cimientos que ceden las mesas donde debieran permanecer disgregadas


Un temblor claro retrocede el cuerpo antiguo
lo he estado esperando, como debiera decir:
la persistencia del pedal bajo una línea creciendo de nada
su estela encuentra el espacio que envuelve


Golpeé mis hombros a su vez contra el vértice y se abrió la sangre
bajo el revestimiento otro muro concreto
el vacío entremedio con su aire tibio me fue secando, partiendo las manos
quitando las pieles una a una cortadas de pronto
como un vidrio puesto fuego


El ruido disperso por los extremos de la cuerda, sus puntas
ondean tomadas por la corriente
las hebras abiertas como llamas
que se dejan caer, se ovillan retrocediendo


Un estanque que el viento rodea
hace nudos blancos, abajo
apaga el aire, quiebra sus bordes y otra vez se detiene

como la boca acomodaticia
pace con sus labios en torno


Las vetas de la carne
en las manos por ejemplo
en los dedos, los cantos que ceden con las uñas
la piel girando por contenerse


Un reflejo golpeándose contra una pared opaca no desaparece ni se destruye
se vuelve un órgano que el cuerpo lastra
pequeños túmulos que desgarran su peso al levantarse
la trizadura que avanza al contacto de la piel
va derramando al cuerpo fuera como una bolsa rota


Una gota y otra gota y otra sobrepuesta
sobrepuestas las gotas, ennegrecidas en sus junturas girando
como un cartón sobre las llamas
dobla su altura al quebrarse
las cabezas encajadas
las cervicales extendidas y el rostro
descansan en el suelo
la cruz de las piernas distintas, cavadas, plegándose


Que es no ver nada y prometer que uno está presente en ese recinto conmovedor
y que estarán las personas con uno, como marcas se arrastran por la carne
un amor reunido donde la ceguera lo revele y logre persistir como centro
la quebrazón en que un tallo anida cortado
su igualación: la inversión de una herida sanando
los gestos indescriptibles de estas maneras
salvo por lo voluptuoso de sus esfuerzos
vibrando sobre una misma sofocación
una misma abertura o pasadizo




III

Se rindiese y arrodillara, volteándose
mostrara las manos quemadas por residuos
las comisuras llagadas por el muro, diera el rostro
todavía con el fusil en la sien, con un collar de sangre diera el rostro
parecida a nuestros reflejos o lo que ellos pudieran ser incompletos
parecida a una figura de pesebre con las saltaduras blancas por los sitios que ha ocupado
parecida a la grasa en las ventanas
se rindiese y volteara
como una triza desencajándose en las frentes de la multitud


Me quede viendo como salían con sus ropas en llamas
comenzaron a juntarse en medio como un gran incendio todo lo que duro el saqueo
hacían el interior que el fuego alberga
volvieron luego a sus casas con paladas de carbones ardiendo
puestas en las esquinas de los cuartos alumbraron varias noches
tiznaron las paredes como la sombra de un cuerpo tendido que hubiésemos estado velando

una hilera de muros
con rondas de gente entremedio
como jardines bordean la calle

Una alarma suena suspendida en la luz eléctrica
mi cuerpo avisa su desorden
los rasguños que consume mientras vuelve enceguecido
no la historia pasando sobre él ni el testimonio de nada
sino esta bulla que desborda y anega
como una venda o una mordaza las amarras en pies y manos

ahora suena flotando y está vacío
como una línea en el suelo mientras la cruzo
y voy quedando atrás cada vez

Los números borrados de tus murallas, ciudad
una negativa constante, un llenado de trizas en cada ventana
un movimiento constante de separación hacia adentro
se agolpa en los monitores, la imagen de esa misma calle cubierta por la sospecha
siempre saber quién es, quién es, qué pasa


Camina la ciudad abandonada
con sus ojos y sus manos y sus ropas que son eslabones bellísimos del cuerpo
bestias resplandeciendo en una caja de cadenas
satura las calles, va tomando las casas y crece el rumor

las cortinas cerradas sin embargo
se agitan y a ratos dejan entrever, defensores
y ofendidos corren por los cuartos buscando salidas




IV

Este razonado desajuste de lo real
que intenta establecerlo mientras embiste
esta desilusión
una bolsa llena de sopa que estalla
se derrama por los cantos
por los muebles y se empoza
con el reflejo de un rostro que se asoma a beber


Entre la doble vía
el bandejón donde la gente descansa viendo pasar los autos
un manto de granos quietos al borde del pulso
en cada esquina las casetas lucen un guardia tras el mostrador, las nuevas franquicias
asolando estos salones de comensales hambreados, encaramados unos sobre otros
cubren la mesa como un lienzo hundido en el fango
fuerzan sus posturas, se mezclan e impacientan, se rechazan zafándose
y comienzan a rodar
como laderas desovan los estancos
se abren por el valle cuesta abajo


va a retroceder con el misma impulso de sus ocupaciones
el mecanismo entero juntará
todo lo que haga fuego, moneda y munición
su cuerpo a la deriva
va transar todos sus fueros
se va a quebrar como un adicto




V

El animal quebrando las cenizas en torno
como si fuese el fuego quien lo despierta
el tizne en su cara la piel formada en la quemadura
la voz que da vuelta por los claros como una aguja retrocediendo
una aguja que hundida desaparece
sobre estas brazas que desvestimos


Una ventana roja erecta entre las luces flota en el manto del cerro
una boca un aura una boca
trasega la noche y la enciende
el filo de la hoja que enfría los contornos
y los va sangrando adormecidos


Una jaula se agita en la madrugada
entre los barrotes sus alas se queman al tocarse cantando


La noche entra
pasa áspera de par en par
rasga mis facciones, escurre por las vetas
los rincones del cuarto y mi rostro
es esta herida abierta que restriego contra ti


Este sueño que lleva tu nombre
este duelo por vencerse en la agonía y seguir siendo con el lastre de pobrezas que nos siguen
el lastre de vanaglorias por todas estas derrotas yo me condeno, yo me sigo más allá
mientras insisten las miradas que lo seguro es ahora
hay que cazar la recompensa, las migajas de sintaxis y beneficios
las palabras puestas en la bocas como un alcohol liviano sanando la piel nueva
afinadas en el tono impotente de la renuncia, de la protesta y el descontento
las palabras hieren las orillas de la lengua
pero la dejan llena de un sabor empalagoso que nos va aquietando




VI

Esta sala blanca por donde resbalo
y debo salir de golpe
o debo entrar
reuniendo cosas que saco de mis bolsillos


Esta insatisfacción que muerde la postura cuando descansa
el cuerpo sobrando en lesiones precisas por el día
como un tallo se engrosa y oblicua contra una piedra
el listón que erosiona el arco al moverse y al fin lo traspasa de lado a lado
el cielo entonces se desliza por el umbral y afuera
se diluye como un pesado bulto de espigas
enlazadas las manos pero al separarse
el paisaje quebrado, una calle o las gentes trizadas al cinto
desencajadas levemente sus piernas y el torso, esta idea
de quedarse fijo siguiendo sus partes por los labios de los cortes hasta desprenderse, esta quietud
llena de ruido y movimiento al interior, esta idea
de consumirse en la sima de un espejo golpeado

las paredes adentro se multiplican
como una red atascada entre las puntas




VII

Una aureola de luz eléctrica
un cilindro que arrastra el sonido rodando sus orillas
si me recuesto en su interior y quedo atento
como una piedra que el agua gasta o como la piedra
que rompe la superficie y perdemos de vista en el cauce
si espero oculto de pronto
suena como si gritasen todos a un mismo tiempo


La noche detenida
bajando del cerro mueve los árboles
como una vena cortada en mi puerta, un cubo de sangre
suena como si todos gritasen


Las ropas enredadas entre las piedras y el desnivel
el acorde de las aguas, el golpeteo obstinado, la línea que escapa tensa
desde un destello impreciso, este día enceguecido, este trayecto
un reflejo se abre y golpea contra los bordes
aparecen luces a lo lejos -las sigo girando el rostro contra el vidrio-
tal vez duren otra hora antes de perderse al fondo
como rasguños que se envuelven y dejan llevar
bajo este ruido que la corriente esparce


Ahora que recorro su vacío por las vías que cruzan el descampado
recuerdo la historia de una amor magnificado por la carencia
la historia de una carencia con una pausa o edad oscura en medio
la oscuridad tejía una misma piel sobre las cosas
un cuerpo que atado a mi cuerpo lo iba salvando

recuerdo su contacto rodeándome
desbordaba los muros
abarcaba las calles
y la noche entera

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