miércoles, 17 de agosto de 2011

4434.- ERIC SCHIERLOH


Eric Schierloh (Buenos Aires, Argentina 1981) es autor de las novelas Formas de humo (premio del Fondo Nacional de las Artes, 2004; Beatriz Viterbo Editora, 2006), Kilgore o Todo vuelve a su cauce más pronto o más tarde (finalista del I Premio de Novela Bruguera Editorial, España; Bajo la luna, 2010), Donde termina el desierto (premio del Fondo Nacional de las Artes, 2009; Bajo la luna, 2011) y Maguey o El cuaderno tapatío & de los libros de poemas El Mamut (al que pertenecen estos poemas y que próximamente publicará Bajo la luna), El Hombre-Montaña, La Matanza del Ternero Cebado & la Insurrección de los Lúcidos en la Región del Maíz y Mattawamkeag. Ha traducido la poesía de Herman Melville, Lejos de tierra & otros poemas (Bajo la luna, 2008) y uno de sus diarios, Diario a bordo del Meteor (1860) & otros textos (Bajo la luna, 2011), así como a Henry David Thoreau, Raymond Carver, Dylan Thomas, Theodore Enslin y los escritores de la Generación Beat, entre otros. Vive en City Bell, provincia de Buenos Aires, Argentina.
Todo Eric en:
http://www.juansaenz.de/eric/htdocs/


Eric Schierloh / poemas del libro inédito El Mamut



El Caos (Extended)

Una mujer abre las piernas para dar a luz a un niño ciego:
en el cementerio entierran a un anciano vestido con su mejor traje negro.
Una pareja de leones africanos estériles copula en el zoológico:
unos chicos de escuela cruzan la avenida tomados de la mano.
Alguien enciende lentamente el último cigarrillo de su vida:
un hombre a duras penas logra poner en marcha su viejo automóvil sin frenos.
Seis caranchos revolotean sobre un lagarto muerto en medio de la ruta:
en una partida de ajedrez al aire libre dos peones coronan reinas.
Una madre amamanta a un chico ciego de once meses:
en el desierto una serpiente negra acaba con una rata flaca y sus nueve crías.
Una pérdida de gas invade la casa de una familia tipo:
un jubilado afila las cuchillas de su cortadora mecánica.
Un chico de diez años enciende un Lucky Strike que le robó a su padre:
Meet the Mothers of Prevention gira en un tocadiscos por cuarta vez en el día.
Cinco bombas caseras explotan en cadena en cinco embajadas europeas:
un hombre sale de caza con sus dos hijos durante la veda.
Entierran a un chico ciego y a una viuda que murió de tristeza:
alguien en una vieja máquina de escribir tipea «del caos: el orden».







Por Dios que no te hayas muerto

Hombres de pelo negro con peines en los bolsillos traseros de sus pantalones;
hombres desesperados por desempañar los parabrisas desde adentro;
hombres meando junto a sus autos en marcha mirando el cielo estrellado;
hombres fumando cada treinta y cuatro kilómetros y medio;
hombres buscando pueblos fantasmas en el mapa equivocado;
hombres imaginando a putas de tiempo completo.

Mujeres orinando junto a sus hijas detrás de los árboles;
mujeres maquillándose frente a espejos escupidos;
mujeres hojeando revistas de moda a 100 k/h bajo diminutas lámparas de 12 voltios;
mujeres que por nada del mundo se sentarían en los inodoros de las estaciones de servicio;
mujeres imaginando a solteros bien dotados y algo desquiciados.

Pero esta chica se restriega las manos en su vestido;
esta chica trata de escribir algo en la tierra húmeda
junto a las placas geológicas de asfalto gris y negro;
esta chica con un vestido rojo floreado
y zapatillas blancas deportivas recién robadas
se esfuerza por escribir con un crucifijo
algo junto al camino en el que espera.
«Por Dios que no te hayas muerto» dice.
«Por Dios que no te hayas muerto» escribe con el crucifijo la chica.

Y en el cielo se dibuja una tormenta
que sólo puede ser augurio de malas noticias.










Seventeen bottles of whisky (Extended)

i.m. Dylan Thomas

Diecisiete botellas de whisky
no harán de un pobre borracho enfermo
un hombre mejor o peor de lo que era.

Diecisiete botellas de whisky
no harán que el viejo camarada lisiado
se ponga a saltar de alegría en medio de la fiesta.

Diecisiete botellas de whisky
no harán que nadie baje de un barco
por la sencilla razón de que después de diecisiete botellas ya no hay barco.

Diecisiete botellas de whisky
no son más que una botella de whisky
y dieciséis de pura agua de cloaca destilada.

Diecisiete botellas de whisky
no harán de un viejo marinero un hombre más honesto
ni de una bailarina nocturna una mujer capaz de amar.









Balada del hombre solo

A Julia Oceanchild

Mi mujer se ha ido a una de esas reuniones
con amigas de los buenos viejos tiempos;
yo me he preparado unos espagueti
con albóndigas y salsa descongeladas.
Afuera maúllan las bestias mientras desgarran
las bolsas de la basura de dos o tres días.
Después salgo a fumar un cigarrillo bajo las estrellas
con los brazos en jarra, como un buen entrenador atento.
Siempre que miro al cielo no puedo evitar
pensar en cosas como Platón o los ETs,
o en una casa junto a la playa
con ventanas rotas y paredes agujereadas.
Hay rocío sobre el pasto y el techo de la casa brilla
como la espalda de una sirena en la noche.
La luna está amarillenta
probablemente por todas las porquerías que hay en la atmósfera.
Algunos disparos de escopeta y una sirena,
y algunas luces de edificios saturados que se apagan.
Voy a mear, sí señor; voy a mear
mirando la Osa Mayor o lo que fuera.
Antes de entrar en la casa reviso el buzón
y de regreso piso algunos hormigueros diminutos.
Dos gatos me miran desde las sombras;
«Bon apetit» les digo. «¡Bon apetit, bestias!»
Toda la casa a oscuras;
puedo oír el agua corriendo en las cañerías.
Me como las últimas albóndigas frías
mientras miro los recortes pegados en la heladera.
Me acuesto con los pies fuera de la cama,
vestido y con los dientes sucios.
Bendita oscuridad.
«Bendita oscuridad artificial», digo.
—Mi mujer es maravillosa.


[http://www.tuertorey.com.ar/textos/2011-archipielago/Eric-Schierloh.html]





El jardinero (hacedor de lluvia)

Los pasos lentos son los pasos de un hombre viudo
a punto de jubilarse y sin hijos; las suelas negras de unos zapatos
nuevos
color caqui, lustrados esa misma mañana, repelen el polvo; el cuerpo
sudado
y arqueado por las seis horas de trabajo en la oficina
con media hora para el almuerzo pago por la empresa.
Los árboles ahogados en la vereda; los mismos árboles
que el hombre está acostumbrado a ver todas las mañanas
desde hace cuarenta y siete años y seis meses, exactos.
En su casa, aguardan las tijeras y una cubetera llena.
Revisa el buzón, abre el portón de alambre
y camina el pequeño sendero escalonado hasta la casa.
Una vez adentro y desnudo, lee algunas páginas de un libro
metido en la bañera con el agua hasta el cuello mirándose
los dedos de los pies mientras fuma un cigarrillo negro.
Se prepara un ron con Coca y se viste de jardinero
como todas las tardes: jeans gastados color gris,
camisa blanca sin mangas, tiradores negros,
botas, un sombrero de paja y un pañuelo sucio escocés
en uno de los bolsillos traseros del jean.
El cuerpo nuevamente encorvado sobre la tierra seca
de dos semanas de sequía en el fondo de su casa
en una ciudad gris y vaporosa sin atractivos turísticos ni cementerio.
Levanta la vista y ve, en el horizonte, por donde se esconderá el sol,
una hilera perfecta, como una ruina griega, de chimeneas industriales;
después levanta la vista un poco más y se pregunta
cuándo mierda irá a llover de una vez por todas.
Las verduras casi muertas, plásticas; los tubérculos subterráneos
paralizados; las flores cortadas desde hace un tiempo
secándose boca abajo en un alero de la casa junto a la casa de madera
de un perro muerto hace unos años de muerte natural
y enterrado con pomposidad bajo la huerta, donde el espantapájaros.
Viendo la canilla gotear al otro lado, viendo la serpiente verde y negra

de goma enroscada maniáticamente, el hombre se detiene
y mira el cielo y ve el cielo azul marino de las cinco de la tarde;
se arranca el sombrero y comienza a danzar alrededor del espantapájaros
y a cantar cacofónicamente sonidos inarticulados pero placenteros
por espacio de una hora bailoteando y haciendo ademanes
con su viejo sombrero como suelen cantar los nativos en las películas;
siente el cuerpo invadido; después se detiene para limpiar el sudor,
y mira el sol caer y se mete en la casa, revolviendo en cajones
hasta encontrar una sopa instantánea de espárragos con trozos de pollo
que se cocinará mágicamente en diez minutos a fuego lento.
A la mañana siguiente mira desde la ventana de su habitación
y ve una docena de cuervos jugueteando en los despojos de su huerta
pelada por el sol de las dos primeras semanas de la sequía
más larga de toda la historia. Después se viste, lustra los zapatos
busca en el buzón cualquier cosa que de todos modos no está allí y sale.






Sutra de la lexicón cansada

1
La entropía es la brisa suave y caliente que a todos nos quema lento y
parejo como a bañistas en un playa de veraneo.
2
El Dharma no es otra cosa que comprender de una vez por todas y para
siempre que un hombre –el viejo loco bikhu Japhy o el pobre loco bikhu
Ray, por caso– no puede caerse de la cima de una montaña & que lo único
que se puede hacer, en todo caso, es Seguir subiendo.
3
El hombre proyecta las cosas con los ojos cerrados mientras la rueda
gira al son de Samsara! Samsara! Samsarará! y cuando el hombre se vuelve
lo suficientemente sabio como para poder abrir los ojos y por fin mirar
su propia sombra encuentra que a su sombra le ha crecido una estupenda
guadaña descomunal.
4
Abrir los misterios más hoscos & antiguos como se abre la heladera un
domingo por la tarde. Entrar en ellos como se entra en la cama propia. Y
salir como se sale de la ducha.
5
Pequeña Teoría Anti-Antropológica: el hombre y la hermosa, bella mujer
pertenecen a especies diferentes y cuando procrean procrean especies
diferentes: hombrecitos y hermosas, bellas mujercitas.
6
Cuando tu reloj te diga que es tarde sentite bendecido: budeizado.
7
Y cerrar el Libro de Las Mentiras como se cierra la heladera un domingo
por la noche después de haber estado mirando anonadado durante
aproximadamente tres minutos dos tomates viejos y arrugados de piel
amarilla & una lata vencida de sardinas del Pacífico en aceite.
8
Abre la tapa: ilumina las sombras: desbarata los planes de la Realidad &
la Probabilidad & la Estadística con las cosas que tienes almacenadas en
el Granero de las (Simples-Descabelladas-Todopoderosas) Ideas.
9
Y vive como si tu dulce & tibia cama estuviera al borde de un precipicio.
10
Y contempla al niño detenidamente y siéntete estúpido y avergonzado.
11
Llueve. Gris plomizo. Acá las hojas de los árboles bailan como si fuera
el Comienzo de los Tiempos. Y estoy seguro de que el asfalto de una ruta
abandonada se quiebra y les enseña a las estrellas frías su alma noble
de Camino.
12
Practica las cosas sin tener en mente idea alguna acerca de lo que son
las cosas, porque, después de todo, las cosas son sólo palabras.
13
Sé una cabra montañesa saltando o un topo cavando o un coyote
prehistórico cantando o un viejo monje zen espantándose los demonios con
un ato de ramas.
14
Mantente alejado de los tipos que representan Auténticos Valores y
llevan colgados Absolutos de la misma forma que los monos aulladores se
esconden de los cazadores en la selva.
15
Y escucha como rumian los árboles.
16
¿Tendrá el pobre bikhu que escribe para entonces una mujer que por amor
le zurza las medias?
17
Cuando abras la heladera y tu gato te mire como a una deidad: dale de
comer. (Sentirás en ese momento cómo el Universo conspiraba para que lo
hicieras.)
18
Sigue lo que creas que es aunque no veas la salida.
19
Las cosas: o son cadenas con anclas en aguas claras o son aire de
tormenta en donde volar.
20
Lo más parecido a un protector solar anti-rayos-entrópicos del que
disponga el ser humano (como sabiamente dijo Papá Burroughs el miércoles
30 de julio de 1997, dos días antes de morir): AMOR. (Aunque en realidad
es sólo una especie de tónico, un calmante para el dolor, el amor es a
la entropía lo que la morfina a un soldado con seis balas en el
abdomen.) El resto es conflicto, Apocalypsis.





Ro y solo

Raro y solo;
y en algún barco
alguien escucha al capitán
tocar su mandolina mientras piensa en tirarse al agua.

Raro y solo;
alguien está escuchando a los Mothers
en algún lugar del mundo antes de hacer lo que sea,
en las tripas de hierro y de sangre negra, en la Ciudad.

Raro y solo;
los pájaros en el campo
nada tienen que ver con las estatuas en los museos,
pero eso no les quita las plumas.

Caminar sin sentido
o escuchar los consejos de algún idiota,
son cosas que uno tiene que hacer
una noche cualquiera.

El universo está en un dado
y el dado está en sus manos;
Raro y solo, así lo llaman,
se levanta y vuelve a la calle.





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