miércoles, 17 de agosto de 2011

4440.- ARBEY RIVERA


ARBEY RIVERA. (México)
Originario de Nueva Independencia, Mpio. de Ángel A. Corzo, Chiapas; Egresado de la Lic. en Historia por la Facultad de Ciencias Sociales de la UNACH. Fue coordinador del Taller Literario "Bertolt Brecht" donde fundó la revista Letras de Maíz y compiló la antología poética La fuerza de la tierra. Escribe poesía, cuento y es artista plástico. Ha publicado en revistas de circulación nacional, en suplementos culturales y en antologías como: La fuerza de la tierra, Letras de la memoria, Antología Arbitraria de poetas jóvenes de Chiapas, Voces desde la altura, entre otros. Autor del libro de cuentos De los mil y un engaños. Ganador del concurso de poesía "Acequia" 2006, convocado por el taller literario "La literatura es un arma cargada de futuro" y la revista Va de Nuez de Nogales, Sonora. Fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico para jóvenes creadores 2007 del CONECULTA–Chiapas en el área de letras (poesía).


[poética]

La poesía es un árbol que suelta sus hojas al viento. Cae y se levanta el telón de los ojos tartamudos y es la perplejidad de los instantes, el prodigio que hace la luz de la poesía. Es el aleteo de las hojas suspendidas en el aire, es ese golpe profundo cuando choca en la tierra como una palabra, como un elefante triste o como un mundo. Si la hoja se desploma carcomida de gusanos o si no cae, es poesía. Si llega hasta la corriente de un río, la poesía surge del agua como peces hambrientos de sosiego; fluye como un gemido desde el fondo del agua. La poesía es la que se queda en el árbol danzando la verde fronda en el follaje, pintando los ojos de pájaros y larvas. La poesía está en el trayecto del vuelo. La poesía también está ahí, abajo, cuando todas las hojas que caen van formando montoncitos de limo y una nueva semilla brota. Nace el poema de la poesía que es la vida.


[selección de textos]


Poema

Chilla en mis manos.
No quiere recostarse sobre la blanca sábana,
patea la sonaja, se encapricha, llora
y en vez de darle un beso lo apuñalo
con esta aguda voz llena de asombro.

Es un recién nacido entre mis manos.








Ante una fotografía de Eduard Curtis

Un hombre a la orilla del agua
mira su corazón en la onda clara.
En sus ojos refleja
la sutil apariencia de la entrega
hasta dejar de ser, la soledad,
una corriente amarga.

Un hombre a la orilla del agua no está solo.
Es una onda azul el alma,
mientras una libélula abre sus alas
y reposa al borde del agua,
en los ojos del hombre que se entrega
a la orilla del tiempo.









(De Sombra Cardosaura)

I

Cardosauro echado en la pupila.
Su larga y espinosa cola hiere a la niña
que dormita en su cuna de venas y sombras.
Terrorífico animal espanta
no solamente el sueño sino hasta el mismo insomnio…
Por eso uno lo piensa al cerrar los párpados,
para que el miedo que traemos dentro,
ese que se medita siempre y nunca se resuelve,
no asuste al animal que yace echado ahí en el ojo,
y se levante hiriendo con sus patas enormes
el valle circundado por los párpados.
Es mejor que siga mirando el profundo cielo del insomnio
para evitar que un meteoro provoque su extinción
y nos acerque al sueño de la muerte
o nos espante el sueño para siempre.






(De Sirenarios cánticos)



Sed inasible de marea
abre la voz su líquida corriente,
su lento paso de caracol y tiempo,
su vuelo azul y ágil sobre el mar
donde una sirena guarda en silenciosa calma
su ancestral barcased de cánticos marinos.





Ningún mar ensaya su anchurosa distancia ante mis ojos.
Pero todo es distancia,
la soledad queda en el puño vacío.

¿A dónde dirigir esta rabia de amor que se desborda,
este éxtasis hiriente del dolor o la furia?

Todo es distancia… Estamos solos en el mundo.
Sólo una mujer espera en el gran puente
y un día bajaremos a beber del río subterráneo
y no retoñarán las hojas del gran árbol.


[http://poetica-arbitraria.blogspot.com/2008/05/arbey-rivera.html]





Cantos de mar para evitar naufragios. Arbey Rivera. Producciones editoriales Jex.




A Elizabeth Morales Álvarez

Por la luz que ha dejado en el vuelo de los pájaros,
por el barcorazón que boga y boga en la esperanza,
por los días trece y la poesía.



1

El viento gime un naufragio. Adolorido barco de peces y gaviotas surca un abismal clamor de mar abierto. En la punta del mástil canta una bandera su antigua elocuencia de libertad.
Es un monstruo marino ese huracán que se vislumbra más allá del punto transparente de una lágrima que llueve su lenta y lúgubre ternura en la proa del barco, al borde del naufragio.


5

Lento trajinar de la piedra que no oculta su silenciosa hazaña de paciencia, su silenciosa lumbre, su silenciosa sombra, su lenta y silenciosa forma de abrirse o de cerrarse a la intemperie y al tiempo que le golpea el rostro y el costado con legajos de musgo, de viento, de agua, de huellas invisibles, con silencioso y largo trajinar del polvo inalterable de la vida.


7

Hay quien le llora a un barco que se aleja con su cauda de olvido, hay quien le llora a un barco que regresa con su carga de amor. Hay galeones hundidos en el fondo del agua y ni siquiera la lumbre de la ansiosa verdad es capaz de sacarlos a la luz. Hay barcos en la sombra abisal cuyas historias cantarán las sirenas con su silencio eterno.


8

¿Podrías venir a recostarte al lado del crepúsculo? Oirás la canción del mar, del blues azul que me mantiene aquí despierto. Gira la tómbola infinita del deseo. Perpetuidad salobre hay en la playa; voces, vicios y vacíos siderales en el pecho que transmuta su viscoso dolor, su nauseabunda espera, su desgarrada sombra de palmera vencida por el viento.

Gira la luz, duerme la sombra.


13

Aquí no debe morirnos la esperanza. Una leyenda de agua nos conmueve pero la batalla continúa en el aire. Aquí no debe arrebatarnos este viento el grito que ya somos, la palabra que forjamos y habremos de crear en cada encuentro, ni siquiera hemos de deshacernos de las hojas que cuelgan del follaje de los árboles del aire. Aquí vendrán los pájaros para mostrarnos el día a pesar de la muerte de los dulces relámpagos.

Sí, aquí nadie debe morirse sin haber encontrado la ternura del mar en el grano más fino de la arena, sin haber descubierto en el amor la casa azul donde los barcos llenan sus redes de peces luminosos, y las aves picotean el alba desde el mástil, para que todo náufrago recuerde que hay faros encendidos en los veleros rotos.



[http://www.vozquemadura.com.mx/cantos-de-mar/]




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