lunes, 28 de febrero de 2011

MARÍA MERCEDES CARRANZA [3.196]





María Mercedes Carranza 

Nació el 24 de mayo de 1945 en Bogotá. Hija de Eduardo Carranza Fernández y de Rosita Coronado Mújica. Son sus hermanos Ramiro y Juan Carranza.


En 1951 se traslada a Madrid (España) con su familia, donde cursa sus primeros estudios. En 1958 regresa a Colombia e ingresa al Liceo Francés de Bogotá; sin embargo, debido a una serie de problemas de adaptación, termina sus estudios en el colegio Nuevo Gimnasio. Durante 1965 realiza un viaje de estudios por Europa y conoce Florencia, Londres y Roma. Durante esta época se aficiona a la novela policíaca y de suspenso. Lee a Agatha Christie y a Conan Doyle, y descubre una de sus grandes pasiones literarias: Georges Simenon. En 1966 estudia Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes y en 1967 funda una página cultural en El Siglo, llamada “Vanguardia”, a través de la cual se dan a conocer los jóvenes escritores del país, entre ellos Nicolás Suescún, Ricardo Cano Gaviría, Juan Manuel Roca, David Bonells, Daniel Samper, J. G. Cobo Borda, Óscar Collazos, Roberto Burgos Cantor y Jaime García Maffla, entre otros.

En 1970 se casa con Fernando Garavito por lo civil. En 1972 publica dos antologías, Nueva poesía colombiana y Siete cuentistas jóvenes, con el Instituto Colombiano de Cultura. También publica su primer libro: Vainas y otros poemas, con editorial Ponce de León. La crítica lo recibe de manera muy favorable.

En 1973 empieza a trabajar como bibliotecaria en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, de Bogotá. No es su oficio, por lo cual decide retirarse para colaborar en “Lecturas Dominicales” de El Tiempo y comenzar a escribir su segundo libro. En 1974 se traslada a Cali, donde ejerce como jefe de redacción de “Estravagario”, la revista cultural de El Pueblo, dirigida por Fernando Garavito.

En 1975 nace su hija Melibea y en 1976 se acaba su matrimonio. Ese mismo año entra a trabajar al semanario Nueva Frontera como columnista y correctora. En 1978 es nombrada jefe de redacción de Nueva Frontera. Bajo la dirección de Carlos Lleras Restrepo, trabaja junto a Luis Carlos Galán y Patricia Lara. En 1982 funda, junto con Carmen Barvo, la editorial La Rosa y en 1983 Oveja Negra publica su segundo libro de poemas, Tengo Miedo, obra que se reimprime tres veces.

En 1985 muere su padre Eduardo Carranza y ella publica una antología y análisis crítico de la poesía de su padre titulada Carranza por Carranza (Procultura-La Rosa).

En 1986, con la colaboración de la directora de la Corporación La Candelaria, Genoveva Carrasco de Samper, y del Presidente de la República, Belisario Betancur, funda la Casa de Poesía Silva, una de las primeras instituciones culturales de esta índole en el mundo. Durante los años siguientes recibe invitaciones de varios países que desean crear espacios similares y buscan conocer su experiencia. En 1987 publica su tercer libro de poemas, Hola, soledad, con la editorial Oveja Negra. Bajo su dirección, la Casa de Poesía Silva inicia el evento multitudinario “La poesía tiene la palabra”, en el cual los poetas colombianos de las más distintas regiones leen sus versos a miles de personas. Según ella, se trata de un intento de mostrarles a los colombianos que “las palabras pueden remplazar a las balas”.

En 1991 es elegida miembro de la Asamblea Nacional Constituyente. Aunque forma parte de la lista que el M-19 le presenta al país, deja en claro que no está afiliada a ninguna organización y que, por consiguiente, sus principios y creencias no tienen dueño. Participa en la redacción de la nueva carta constitucional “como ciudadana y como poeta”.

En 1994 publica su libro De amor y desamor, en edición para bibliófilos, de la Galería Garcés Velázquez y Taller Arte Dos Gráfico. En 1998 Arango Editores publica El canto de las moscas (Versión de los acontecimientos) y en 1999 la Cámara de Representantes le otorga la Orden Policarpa Salavarrieta en el grado de Comendador, por “su constancia y dedicación en el campo de la literatura a nivel nacional”.

En el 2001 nacen los ‘Alzados en Almas’, poetas y ciudadanos unidos por la paz en una noche de poesía. Esta cruzada poética se repetirá cada año, pues, en sus palabras, “la poesía ayuda a vivir”. Ante la situación del país, dice ella, es importante que los colombianos reciban grandes dosis de versos. Ese año secuestran a Ramiro Carranza, su hermano, en Quetame, Cundinamarca. En el 2003 pone en marcha un nuevo evento multitudinario que denomina ‘Descanse en paz la guerra’. La primera etapa del mismo consiste en un concurso de poesía, donde los colombianos encuentran un espacio para decir “no a la guerra”. La respuesta es impresionante: a las mesas de los jurados llegan más de treinta mil poemas, provenientes de todos los rincones de Colombia. La premiación se lleva a cabo durante la segunda etapa del certamen, que se celebra el 23 de mayo. Bajo su orientación, en la Plaza de Toros de Bogotá, poetas y músicos se unen en un canto masivo contra la violencia. Diez mil personas oyen, en absoluto silencio, sus palabras.

La noche del 10 de julio de 2003 toma la decisión de quitarse la vida.

Libros de poesía publicados:


Vainas y otros poemas (1972)
Tengo miedo (1983)
Maneras de desamor (1993)
Hola, soledad (1987)
El canto de las moscas (1997).


Otros libros:


Nueva poesía colombiana 1972
Siete cuentistas jóvenes (1972)
Estravagario (1976)
Antología de la poesía infantil colombiana´´ (1982)
Carranza por Carranza (sobre su padre Eduardo Carranza) (1985).



EXTRAÑOS EN LA NOCHE

Nadie mira a nadie de frente,
de norte a sur la desconfianza, el recelo
entre sonrisas y cuidadas cortesías.
Turbios el aire y el miedo
en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.
Una lluvia floja cae
como diluvio: ciudad de mundo
que no conocerá la alegría.
Olores blandos que recuerdos parecen
tras tantos años que en el aire están.
Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo
como una muchacha que comienza a menstruar,
precaria, sin belleza alguna.
Patios decimonónicos con geranios
donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;
patios de inquilinato
en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.
En las calles empinadas y siempre crepusculares,
luz opaca como filtrada por sementinas láminas de alabastro,
ocurren escenas tan familiares como la muerte y el amor; estas
calles son el laberinto que he de andar y desandar: todos los
pasos que al final serán mi vida. Grises las paredes, los
árboles y de los habitantes el aire de la frente a los pies. A
lo lejos el verde existe, un verde metálico y sereno, un verde
Patinir de laguna o río, y tras los cerros tal vez puede verse
el sol. La ciudad que amo se parece demasiado a mi vida; nos
unen el cansancio y el tedio de la convivencia pero también la
costumbre irremplazable y el viento.


MALDICIÓN

Te perseguiré por los siglos de los siglos.
No dejaré piedra sin remover
Ni mis ojos horizonte sin mirar.

Dondequiera que mi voz hable
Llegará sin perdón a tu oído
Y mis pasos estarán siempre
Dentro del laberinto que tracen los tuyos.

Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos,
Resucitarán los muertos y volverán a morir
Y allí donde tú estés:
Polvo, luna, nada, te he de encontrar.



POEMA DEL DESAMOR

Ahora en la hora del desamor
Y sin la rosada levedad que da el deseo
Flotan sus pasos y sus gestos.

Las sonrisas sonámbulas, casi sin boca,
Aquellas palabras que no fueron posibles,
Las preguntas que sólo zumbaron como moscas
Y sus ojos, frío pedazo de carne azul.

Días perdidos en oficios de la imaginación,
Como las cartas mentales al amanecer
O el recuerdo preciso y casi cierto
De encuentros en duermevela que fueron con nadie.
Los sueños, siempre los sueños.

¡Qué sucia es la luz de esta hora,
Qué turbia la memoria de lo poco que queda
Y qué mezquino el inminente olvido!.



SOBRAN LAS PALABRAS

Por traidora decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.



Poema de los hados

Soy hija de Benito Mussolini
y de alguna actriz de los años 40
que cantaba la "Giovinezza".
Hiroshima encendió el cielo
el día de mi nacimiento y a mi cuna
llegaron, Hados implacables,
un hombre con muchas páginas acariciadas
donde yacían versos de amor y de muerte;
la voz furiosa de Pablo Neruda;
bajo su corona de ceniza, Wilde
bello y maldito,
habló del esplendor de la Vida
y de la seducción fatal de la Derrota;
alguien grito "muera la inteligencia",
pero en ese mismo instante Albert Camus
decía palabras
que eran de acero y de luz;
la Pasión ardía en la frente de Mishima;
una desconocida sombra o máscara,
puso en mi corazón el Paraíso Perdido
y un verso;
"par delicatesse j'ai perdu ma vie".
Caía la lluvia triste de Vallejo
se apagaba en el viento la llama de Porfirio;
en el aire el furor de las balas
que iban de Cúcuta a Leticia, se cruzaban
con los cañones de "Casablanca"
y las palabras de su canción melancólica:

"El tiempo pasa,
un beso no es más que un beso..."

Así me fue entregado el mundo.
Esas cosas de horror, música y alma
han cifrado mis días y mis sueños.



Sobran las palabras

Por traidora decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.



La patria

Esta casa de espesas paredes coloniales
y un patio de azaleas muy decimonónico
hace varios siglos que se viene abajo.
Como si nada las personas van y vienen
por las habitaciones en ruina,
hacen el amor, bailan, escriben cartas.
A menudo silban balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.
En esta casa los vivos duermen con los muertos,
imitan sus costumbres, repiten sus gestos
y cuando cantan, cantan sus fracasos.
Todo es ruina en esta casa,
están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa son ruina;
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.
En esta casa todos estamos enterrados vivos.
Un buen Martini seco

En esta parte del mundo,
triste y pobre mundo,
es el mediodía de un sábado:
no hay oficina ni corbata ni Dios
ni derrota alguna en la próxima esquina.

Es hora del callado y dulce pensamiento,
que dijera Shakespeare.
Estos sagrados cerros bogotanos
beben el sol lento de la sabana
y del pecho de la ciudad, como un suspiro,
salen los murmullos del amor.

Es el instante
del cristalino Martini seco,
duro como el diamante,
diamante líquido en la copa de hongo
o breve seno de mujer.
Espejea en su fondo lo vano
al golpe en la garganta
de la ginebra aceitunada.



No ir al trabajo

Es un regreso a la infancia
con el gusto de lo prohibido
pero no tanto,
con la inquietud de lo clandestino,
pero no tanto.
Y con todo el tiempo por delante
para no hacer,
para nada.
Un día entero se despliega
con la magia de un mapa
de mago
y muchas tentaciones vagas
se insinúan al azar, atropellan,
se disuelven.
Pueden hacerse mil cosas
o sólo existir en duermevela.
Es como irse del mundo porque sí
porque no,
es un bajarse del amor sin decir
adiós.
Es la pausa que uno se regala
para creerse alguien o algo.
Todo termina en la tarde,
a las 6 en punto,
y así lo anuncian las campanas
que llegan de San Diego.



Reencontrarse en la cama

Como llegar a la casa
al final de un día despiadado
y sumergirse en ese sillón
que ya es cuerpo de mi cuerpo,
entre los olores conocidos
y nuestros libros: así
después de años, tú y yo.
Las caricias de siempre
y las respuestas tan repetidas.
Decimos los mismos murmullos
y nos movemos plácidos
casi aún con placer:
el amor, parásito del deseo.
Costumbre de los dos
hecha a pulso de encuentros
en esta tibia cama,
donde yacen los sueños
las lágrimas y todas las mentiras
de nuestra larga historia.



Las sobras de arroz frío

Amo la tierna berenjena
de carne amarga y suave
y color de las grandes penas.
El curry me llevó a esos mundos
populosos, de gentes, de olores y de dioses.
La alcachofa, mi flor preferida,
se desviste, hoja a hoja,
sobre el plato y me ofrece su
corazón
que es dulce y se derrite.

Deliro con el cordero,
el recién nacido y cocinado en sus jugos,
aromas y sustancias del campo
de Castilla.
Un sushi de mariscos misteriosos
me reveló los sofisticados ritos
de un pueblo que suspira con
las flores del almendro.

Mas es en mi ciudad, en mi casa,
en mi cocina y sin platos ni manteles
donde he conocido el placer verdadero.
Ya de noche y en silencio el mundo,
tomé de la nevera arroz blanco,
sobras de otros días,
apenas hervido con agua y aceite:
ahora perlas deslucidas, duras y secas,
heladas.
Y así pasaron de mi mano a la boca.
Y así gocé del simple,
vergonzante y oculto placer
que todas las cocinas guardan





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CLEMENCIA TARIFFA [3.195]




Clemencia Tariffa 



(Codazzi, Colombia, 1959. Santa Marta, 2009) A sus ocho años fue llevada por su madre a vivir al puerto de Santa Marta. Juan Carlos Vives Menotti le publicó en 1987 su libro El ojo de la noche, libro de precioso corte erótico difícilmente superable en nuestro país. Obtuvo en 1994 el Premio Latinoamericano de Poesía Koeyú (Caracas) y el Premio de Poesía del Instituto de Cultura del Cesar.

Cuartel (Ediciones, Exilio, 2006) es su segundo y último libro ya que su deteriorada salud psíquica y física no le permite escribir más. Desde hace siete años vive recluida en una clínica mental de Santa Marta.

Actualización:

"Hemos descansado quienes la sabíamos sufriendo. Ya una parte de los dolores de mi vida se ha ido con ella. Nos ha dejado la belleza de sus poemas. Muerte de Clemencia: 23 de septiembre de 2009, en la clínica mental donde residía en Santa Marta.



Hernán Vargascarreño



Vacío

En las noches
de mis días,
maullando,
mendigo
un trocito de luna.

¿Y qué he conseguido?




Carta de la ansiedad

Señora:
Cómo haría para decirle
que cuando usted está a mi lado
yo quisiera gritarle
que de su marido estoy enamorada
y los instintos me van devorando.

Señora:
Por su marido me detuve en dulce sueño
para convertirme por momento en fiera.
Mas no se preocupe señora:
él ni siquiera lo sabe.
Y yo soy incapaz de insinuarle,
fue la musa de Shakespeare
la que amablemente estuvo enamorada.

¡Ay señora de canción común!
Cómo le diría sin ofenderla
que usted ya no me inspira respeto
ni cuando la miro besando a… su marido;
yo solo aspiro a ser ladrona
en ese rico trigal del que usted es dueña
-y desde hace rato compró-
Pero si deja de cuidarlo
robaré limpiamente su más dorado grano.
En mí el resentimiento se va hinchando.

Eso sí.
No se asuste mi señora
si las campanas cambiaron de tono,
que no es mi corazón el que está repicando,
solamente las agujas que ya no soportan el silencio
y por eso quieren salir del pecho.

Disculpe usted, señora.



Misiva

Todos los soles han de ser iguales tanto en las cartas como en las fábulas, ante todo, si quien escribe niebla en un país de maravillas tempranas. Tal vez un malecón de algas conserve en mi cerebro verde como han vivido las letras en las mismas cartas leídas, pues si en realidad existe un dios, él más que nadie sabe que soy feliz de ser lo que soy, que desde que empecé a hacer arte jamás quise otra cosa diferente.

Por supuesto, me siento más húmeda que una manzana rosada, después de leerte. Reconociendo ser más tímida, pero no por eso he olvidado las cigarras, ni mucho menos escribir poemas, por supuesto, cuando le escribo al poeta.



Señoras

Señoras con rostro plegable
que ayer oísteis mis poemas
y esta mañana
nos tropezamos en la calle.

Me miráis de reojo
como a un raro animal,
como a buitre verde,
y volteáis la cara
meneando el caderaje,
musitando sandeces
…!vaya!...
siento un placer casi morboso
manteniendo esposas en ascuas.
Parece mentira, pero,
en mis poemas
no figuran sus maridos.



Trotando por el más verde y mullido de los pastos

Anoche salí al patio, me sentí observada; recosté las caderas sobre el húmedo césped y la cabeza reposó en la malva; el patio está lleno de malvas, sucede cada vez que llueve. Miré al cielo. Había un gran retazo de pana y en una esquina pendía la cacerola de aluminio más grande que jamás haya visto caribeño alguno; brillaba tanto como acero caliente. Esa luna me miraba y me veía diminuta, ¡qué simpática debí parecerle!

Pero la noche se fue poniendo helada. Me fui a acostar. En el techo de mi cuarto hay cuatro goteras; me gusta dormir libre de ropa; sobre la piel, mis vellos. Las gotas resbalan en fila india; justo encima del vientre cae una; es grande y fría; pero me enrosco, parezco un erizo marino, redondo, crispado.

Amaneció y volví al patio. Ahora voy hasta el ciruelo macho; cómo me agrada masticar sus hojas. Entre los huequitos del milimetrado follaje he metido mis largas uñas, y un montón de florecillas que del guácimo se desprenden, caen precisas en la taza que mi otra mano ha formado.

El sereno empieza ahora en octubre, pero sus tardes son tan calientes que aumentaron mi deseo de amar. Decido entrar, desnudarme y regar aceite para niños en mis ojos pintarrajeados. Luego recuesto mi delgado cuerpo en el blando sofá, casi no lo siento; a veces creo que mi poroso cuerpo se confunde con la espuma. ¡Vaya si es delgado! Pero entras tú por el portón trasero como un caballo en corral ajeno. Y yo, que siempre, siempre estoy seca, voy humedeciéndome; aguadas columnillas destila mi frente; procuro evitar tanto gemido, pero me confundo. Ya no sé si eres un potro, o simplemente vas trotando por el más verde y mullido de mis pastos.



Velada

¡Hermosa luna de volcanes!
Esta noche no tiene luna
sin embargo
escribo y hablo
a la sombra
que ocupa su lugar.
¡Dulce luna de azúcar!
cubre tu rostro
con un velo seguro
porque de noche
salen los niños
sobre hormigas doradas
y creerán tener derecho
sobre ti.
¡Cóncava luna de agua!
yo estoy aquí
en una patria infiel
en la mira de tus ojos
en un mecedor azul
triste y desnuda
cantando
frente al espejo.



Chantaje

Que se alboroten lindas mariposas
sobre nuestros cerebros cálidos
mientras van los pensamientos
que tanto amo
chantajeando un país entero,
y por los corredores oscuros
se incendien siempre
un par de senos pequeños
entre sus manos jugosas.



Junio

Nosotros no fuimos artistas de cafetería
Necesitábamos más espacio
para crear nuestra poesía,
de cuarto barato y sin velas
o de cuerpos untuosos en la arena.
Hace tanto ahora
y junio palabreando continúa.



Senos

Suaves, pequeños y tiernos
siempre erguidos, siempre firmes.
Senos de carne blanda
grácil figura y vaivén excitante,
que invitan a probar
las delicias de la tez canela.
Tallados sin aguja ni cincel
sobre musgo secreto
son montes cubiertos de azúcar
para una boca insaciable.

* El poeta Hernán Vargascarreño ha tenido el noble gesto de enviar el material correspondiente a Clemencia Tariffa, poeta de sus afectos y quien vivió sus últimos años recluida en una clínica de salud mental en Santa Marta.






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RICARDO PASEYRO [3.194]


Ricardo Paseyro

Poeta y escritor franco-uruguayo murió en París el 5 de febrero de 2009. Nacido en 1925 en la ciudad de Mercedes, Uruguay, Paseyro fue Cónsul en la ciudades Francesas de Havre y Rouen entre 1960 y 1973, y fue destituido luego del golpe de estado de Juan María Bordaberry. Obtiene entonces la nacionalidad francesa. Fue enseguida redactor de Contrepoint, revista político literaria trimestrial de circulación confidencial (1970-1976), propiedad de Patrick Devedjian, actual Ministro y presidente del Consejo General de Hauts-de-Seine. Paseyro fue igualmente hasta hace poco colaborador del diario Minute y de Radio Courtoisie.

Paseyro adhiere en su juventud al Partido Comunista de Uruguay y participa con la delegación uruguaya en el "Congreso mundial de partidarios de la Paz", que tuvo lugar en París en 1949. Durante ese congreso conoció a Pablo Neruda y fue durante un periodo su factotum.

Tras de su fugaz militancia de izquierda y su proximidad con Neruda durante el Congreso de 1949 de París, Paseyro giró al otro extremo del tablero político, convirtiéndose en anticomunista activo y militante, polemista infatigable, ligado a los grupos más radicales de la derecha de España y Francia.

En 1951 contrae matrimonio con Anne-Marie Supervielle, hija menor del poeta francés Jules Supervielle, y se instala entonces en París, aunque su actividad literaria y de traductor se desarrolla sobre todo ligada a España, adonde viaja a menudo.

Paseyro publicó en España un breve opúsculo, "La palabra muerta de Pablo Neruda" (H.E. Munuesa Madrid, 1958), verdadero panfleto en el que realiza un ataque político y "literario" de la obra y del personaje Neruda. En aquel momento Pablo Neruda gozaba ya de un gran prestigio internacional por su obra poétique y por sus tomas de posición humanistas y pacifistas. Este panfleto será traducido más tarde al francés y publicado dos ocasiones, en 1965 y 1972, bajo el título Le mythe Neruda (L’Herne, 1965, 57 pp.).

La campaña personal de Paseyro contra Pablo Neruda se prolongó largo tiempo y hay entre sus motivaciones aparentes hay una compleja y curiosa mezcla de ojeriza política y encono personal.

Parodiando a Jorge Luis Borges -que alguna vez definió a García Lorca como "andaluz profesional"-, se puede decir que Ricardo Paseyro fue un “anti-Neruda profesional”.
Durante los años 60 del siglo pasado, Paseyro animó una campaña de prensa para intentar impedir que le otorgaran el Nobel de literatura a Neruda. Esto implicó virulentos artículos de prensa en diarios como Le Figaro, o intervenciones en la radio criticando a Neruda su mala poesía y su compromiso político.

[…] Neruda y el nerudismo son la negación de la poesía. La palabra es la patria primera del hombre, la patria por excelencia del poeta. El nerudismo es una expatriación, un fenómeno agudo de la corrupción de las palabras. […]
Ya se sabe cómo Neruda se ha servido de las palabras que su lengua le había prestado. No las respeta, las corrompe.
Su palabra muerta no es sino una acumulación de hojas secas. […]

De estos ataques Neruda da cuenta en sus memorias (Confieso que he vivido, Barcelona, Seix Barral, 1974), en el capítulo de los Enemigos literarios, en el que identifica a dos principales. El primero es un chileno a quien denomina “Perico de los palotes”, que significa en español un sujeto indeterminado, un cualquiera. Se trata del poeta Pablo de Rokha, con quien Neruda tuvo un prolongado conflicto.

Al segundo enemigo lo describe como un “ambiguo uruguayo de apellido gallego, algo así como Ribeyro”, sin nombrar deliberadamente a Paseyro. No es esa la única referencia que Neruda hace del uruguayo en su obra. En los Cien sonetos de amor (Santiago, Editorial Universitaria, 1959), dedicados a Matilde Urrutia, inserta una revancha en el primer terceto del soneto:


XCVI

Pienso, esta época en que tú me amaste

Se irán los crueles dioses con anteojos,
los peludos carnívoros con libro,
los pulgones y los pipipasseyros

Pablo Neruda, Cien sonetos de amor,
Editorial Universitaria, Santiago, 1959.

La obra de Ricardo Paseyro fue escrita en español y traducida al francés. Como traductor fue premiado en 1990 del “Prix du Rayonnement de la Langue Française”. Es éste uno de los diecinueve premios anuales de literatura entregados por l'Académie française, creado en 1960 en recompensa por la difusión de obras francesas traducidas a otros idiomas.

Sus libros de poesía: Plegaria por las cosas




CENESTESIA

Para Juan José y Dolores Amézaga.

Adivino, sin ver, rostros, paisajes.
Escucho lo indecible; mi memoria
guarda el sabor de viajes y otros mundos.
Y siento, sin tocar la piedra viva,
la quemadura del volcán primero.
No hace falta morir para estar lejos.



LOWER GEYSER BASIN

Aguas, en el infierno ahumadas, brotan
echando sobre el circo el ocre, el blanco,
el amarillo, el amaranto, el gris.
La espelunca sombría
deja correr un flujo de esmeralda.
Mientras las ondas del vapor crepitan
monstruos que fueron pinos amenazan
con sus patas de palo y sus muñones.
Todo parece cruel y todo es bello:
¡milagro sin pincel de esta caverna!



SECOYAS

Los gigantes más altos y sensibles
son montañas de nervios; antes fueron
piedras ensimismadas. En sus vetas
los ciclones marinos derramaron
sales, granos, aromas; los volcanes
le dieron fuego a sus raíces, savia
verde a las ramas, oro viejo al tronco.
¡Vivos están los reyes de la Tierra!


LAS CHISPAS

En mis ojos, ocultas
guardé chispas de sol
por ver en la nocturna
profundidad de Dios.

Al mirar los arcanos
reconocí los míos:
los pozos más cerrados
son mis propios abismos.

Retraído en mis sombras
apunto mas no acierto
al blanco donde todas
se cambian en luceros.


DANZARINAS

Consuelo de los ojos, estas luces
–coro de estrellas, soles, universos–
giran cual danzarinas silenciosas.
Y mientras pasan cada vez más lejos
y van abriendo al tiempo lo infinito
anda ciega la Tierra tenebrosa.



VOTO

Huérfano en el jardín de los tormentos
lloro por nada, abrigo la locura,
abrazo los caballos y los robles.
Los instantes disfrazan lo infinito:
¡niebla el pasado y niebla ante los ojos!
Bestia no soy, mas quiero cuando vuelva
no tener corazón ni gastar lágrimas.



ANANKÉ

No conozco las cartas ni el oriente,
ni las puertas del mar, ni los cobijos
donde los trashumantes se guarecen.
Y no me descamino: en cada sitio
está mi traza inscrita antes que llegue.
Como si cuanto emprendo y cuanto vivo
no pudiera salvarme ni perderme.



EL JARDIN DE CRATHES

El cielo azul hasta la medianoche
tiene el color del mar y de las flores
que llevan su estandarte añil o pálido:
heliotropos y lirios, rodondedros,
campánulas, verónicas, hortensias,
fucsias, miosotis, matalobos, salvias.
Al subir las tinieblas, el jardín
donde fulgían rosas, alhelíes
y amapolas de negro corazón
se repliega y se aduerme: sus perfumes
abrigarán el sueño de los árboles.

10.VII.96



AJEDREZ

Adelanto el trabajo. La casilla
blanca, vacía, libre de rivales,
fuerza mi voluntad, mientras la mente
adivina el engaño, sin salvarlo:
planteado el desafío, la derrota
representa la ley, si mal se juega.
Y es ilusión la suerte. La partida
acaso estaba ya dicha y resuelta
antes de comenzarla. ¿Pierde o gana
quien ignora por qué vino al tablero? 

20.VII.96



MOVES

Coreografía de Jerome Robbins

Es movimiento puro. El cuerpo baila,
corre, se pliega, vuela en el silencio.
La gravedad vencida por el salto
deja las manos y los brazos libres
arrebatarle al aire sus dominios.
Las cuadrillas se acercan o se afrontan,
relampaguean, forman rosas verdes,
estatuas negras, árboles que tiemblan:
cada línea se quiebra y reconstruye
la perfección del ademán fugaz.



Selección de poemas del libro inédito Arcos y flechas


Algas

¿Cobrizos, negros, blancos, amarillos
venimos de las algas primordiales?
¿Y las algas, de quién? ¿De Dios? ¿Del caos?
¿Y volvemos a dónde? ¿A Dios? ¿Al caos?
Para dormir, nos presta fuego el sol,
para velar nos presta, el cielo, sombra.
Temo, a la vez, el despertar y el sueño.  



Impasible

...impasible a fuer de espiritual 
IRENEO 

Ser impasible a fuer de espiritual
es propio sólo a Dios, pues cuanto vive
tiene sentidos, nervios, energías.
¿Serán dioses las piedras, o será
de piedra, Dios, a fuer de ser espíritu?



Dualidad 

Espirituales y hartos de materia
somos ambiguos, somos nada y todo.
En el manejo de la extraña máquina
la carne viva ofrenda la substancia
y el ánimo sutil cuida la Idea.



Trinidad 

Indiferentes dioses diferentes
dieron al fin en sólo un Dios. Los griegos
con lo profuso hicieron lo más simple
y más audaz: la Trinidad del único.
De los antiguos mitos quedó el Logos
y el pagano sabor de sus leyendas
se diluyó en la sangre de los santos.
Así alternan los siglos: cada vez
forja, la nueva fe, nuevos eones.  



Astucia 

El sueño me protege
de morirme dormido
porque mi Parca entiende
capturarme despierto.
¿Y si quiere y no puede
aplicarme su amaño?
En mí todo se duerme
desde que pienso en ella.
Y pienso en ella, siempre…  



Estrella 

En paz sigo las huellas
perdidas en los cielos
y escucho la carrera
silenciosa del mar.
El vértigo del aire
reconoce la estrella
que me lleva consigo
para la eternidad.



R.   

Trasto inútil propuesto al desamparo
Ricardo ha muerto y yo con él me fui.
En su violín trajo perdidas músicas:
de vez en cuando un árbol en la Tierra
oye sonar el arco. Entre las ramas
las hojas pensativas lo acompañan.



Universo 

Algo ha sido creado con la Nada:
de Dios, sólo es visible el Universo.
Y cuando llega el tiempo del olvido
no se olvida el olvido, mas el tiempo.



Rumor 

Los rumores alegran la mañana.
Envueltos en la luz vibran los árboles
cautivos de las ramas y los pájaros;
las serpientes resbalan, los insectos
saltan, zumban, se arrastran en sordina;
los rapaces proceden sigilosos.
Sólo el género humano inventa estruendos
y se deleita con la barahúnda.  



Flechas 

Saltan las flechas, saltan las agujas,
del carcaj, del reloj, de las campanas.
Buscan el mismo blanco: lo pasado,
trillan, por el espacio, lo futuro.
El caníbal Saturno las conduce
y las recoge Sísifo, el voraz.



Silencio

Un silencio de vida nos rodea.
Calla la brisa, callan los vergeles.
Callan los meteoritos y el océano.
Callan los cuervos, callan los volcanes.
Pierde la voz el antropopiteco,
enmudecen los truenos y los rayos.
¡Un minuto sin ruido: Paraíso!  



Cuadrante 

Hice un reloj de sol para medir
cuantos pasos mi sombra se adelanta
mientras mi cuerpo duerme o queda oculto.
Añadí nubes, nieblas y penumbras
mas no supo el cuadrante ser veraz:
al calcular la suma de mis años
no comprendió ni el antes ni el después.  



Cabos sueltos 

Al juntar cabos sueltos
resbalan de la mano
tantos hilos resecos
que no forman puñado.
Son propiedad del Tiempo
mis poderes de antaño:
aunque tienda los dedos
ya no puedo anudarlos.


Ricardo Paseyro



Homenaje a Ricardo Paseyro para la misa en su memoria

Yves Roullière

Sin duda no soy la persona más autorizada para hablar de Ricardo, yo que solo he compartido su amistad durante ocho años. A petición de Anne-Marie, su esposa, hablaré de él en calidad de comentador y traductor de su obra, y recordando dos largas entrevistas que me concedió sobre poesía y sobre política, o lo que es lo mismo, sobre su propia vida.

Quisiera evocar simplemente, con unas pocas palabras, en esta capilla, lo que fue, a mi parecer, el recorrido espiritual de Ricardo.

Ricardo había nacido en 1925, en Mercedes (Uruguay). Hijo único de un padre descreído, masón, y de una madre ferviente católica. Ricardo, no obstante, no siguió ni la vía paterna ni la vía materna. A raíz de la muerte prematura de su padre (Ricardo tenía 12 años), rechazó la iniciación masónica a la que le invitaban los amigos de su padre; y tampoco recibió una educación católica, no siendo siquiera bautizado. No sorprende, pues, que desde la adolescencia, haya entrado en poesía lo mismo que otros entran en religión, y ello bajo el influjo del mayor poeta de Hispanoamérica, Rubén Darío, del que admiraba la “gran elevación espiritual”. Algo más tarde, Ricardo verá confirmada su vocación de poeta metafísico con la lectura de Juan Ramón Jiménez, poeta espiritualista, y de Miguel de Unamuno, “hombre espiritual, hombre del espíritu por excelencia”, como le definía él mismo.

Su primer encuentro personal con un autor importante tuvo lugar, a fi-nales de los años cuarenta (Ricardo tenía veinte años), con el gran ensayis-ta español José Bergamín, exiliado en Uruguay en aquel momento. Ber-gamín, como dice Ricardo, “era católico, cercano a los comunistas y gran aficionado a las corridas de toros, todo ello muy mal visto en Montevi-deo”. Pero Bergamín fue ante todo su verdadero iniciador en los grandes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro, a los que presentaba como autores vivos. Él fue también el primero en ponderar el mérito del primer libro de poemas de Ricardo, Plegaria por las cosas, titulo a todas luces revelador de su deseo de unificación entre panteísmo y espiritualismo. Ese deseo de unificación ya no le abandonará nunca.

Paso deprisa por su adhesión al Partido Comunista (duró alrededor de cuatro años), que, en el caso de Ricardo, no debe ser entendida como la adhesión a un sucedáneo de la religión, sino como reacción a la mentalidad ultraconservadora, peronista, incluso pro-nazi, que reinaba entonces por el Río de la Plata. Esa adhesión le sirvió, no obstante, para viajar a Europa, al Congreso de la Paz, en 1949, lo que tuvo al menos dos consecuencias importantes para él: un anticomunismo visceral y una irreductible europeofilia.

Tras su matrimonio, en 1953, con Anne-Marie Supervielle, católica practicante, y su instalación definitiva en París, Ricardo conoció un corto periodo de intenso interés por la cultura budista, particularmente bajo la influencia de Santayana (que acabó de capellán en Roma). En El costado del fuego describe incluso un “éxtasis” que tuvo lugar en Roma: fue el único que conoció, decía, y lo tradujo su amigo poeta y anarco-católico, Armand Robin, con el título de “La colline” [“Colina callada”]. Después, simultáneamente con su descubrimiento de España, se impregnó de la poesía mística de santa Teresa, fray Luis de León, pero sobre todo de Juan de la Cruz: esa mística negativa, y no menos sensual, convenía bien a este “animal nocturno” que fue toda su vida Ricardo. Música para búhos, escrito ente 1956 y 1959, es un buen testimonio de esa impregnación.

A este periodo le sucedió una poesía marcada por una espiritualidad, in-cluso una mística panteísta escrita aprovechando las travesías por mar. Pienso, por supuesto, en En la alta mar del aire y Mortal amor de la batalla. Curiosamente, es exaltando los elementos (mar, aire, viento, luz...) como Ricardo comenzó a interpelar al que él llamaba Dios. Hasta esos últimos poemas, esa interpelación será siempre ya respetuosa, temerosa, ya por naturaleza burlona, como para mantenerse a distancia de todo acto de fe.

Paralelamente, preparó un libro de ensayos titulado Poesía, poetas y anti-poetas, el cual, ironías del destino, aparece hoy mismo en España.  Su en-sayo más célebre es sin duda alguna, “La palabra muerta de Pablo Neru-da”, donde ataca al autor chileno, no tanto a causa de su mediocridad de versificador sino a causa de su espíritu mediocre, del que, además, Neruda alardeaba. Porque Ricardo era lo contrario de un versificador profesional, y esa es la razón por la que dejó de escribir poesía entre 1965 y alrededor de 1978: la inspiración, en efecto, ya no le llegaba, y hubiese sido sacrílego forzarla (mido palabras).

A partir de esa época, a partir del momento en que se mantuvo más apartado de su pasión voraz por la política, se consagró de nuevo a la de-fensa de la poesía, tomando partido por Solzhenitsin, ese hombre que vivía en poeta y que, en 1976, fue tan mal recibido en Francia como en España (me estoy refiriendo aquí a España en la cuerda floja); en su admirable Jules Supervielle, le forçat volontaire, publicado en 1987, no solo hace la biografía de su suegro, sino el elogio de un hombre que vivió también íntegramente en poeta, y que en eso fue un modelo para Ricardo; en el Éloge de l’analphabétisme à l’usage des faux lettrés, en 1989, defendió de alguna manera el Espíritu contra la Letra, Letra representada según él por los conocimientos vagos y los discursos uniformizados de la UNESCO y de los estructuralistas franceses, todopoderosos en aquel momento.

Sin embargo, es a la poesía misma a la que se consagró, sobre todo hasta 2007, fecha de sus últimos poemas. Los títulos de sus poemarios dicen mucho del alcance espiritual, metafísico, de su poesía: El alma dividida, Para enfrentar al ángel, Ajedrez, El mar, Nubes, y el último, todavía inédito: Arcos y flechas. En este sentido, muchas veces hice rabiar a Ricardo a cuenta de que, en estos últimos años, su obra había sido publicada en Francia, en España e incluso en Argentina, por editores que sin ocultar en modo alguno su fe cristiana (católica, ortodoxa e incluso protestante), se reconocían en su obra. 
Pero –y con esto termino– hay una palabra que Ricardo utilizaba con un extremo pudor, o con matices irónicos, como si fuera inaccesible para él: la palabra amor. Sin embargo, es la que nos viene a la mente cuando leemos uno de sus más bellos poemas. Lleva por título el nombre de su esposa.

Mírame en el instante en que me muera
y mírame sin llanto: que tus ojos
–nacidos en las fuentes de los cielos–
protejan con su luz el alma mía
para darme la gracia que no tuve.
Muerto, seré la imagen que tú quieras:
tú me cobijarás en tus pupilas
y así podré ganar el paraíso.
         
Y. R.
(Capilla del Père-Lachaise, 10 de febrero de 2009)
Traducción: Luis Valdesueiro
















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3193.- MATEO MORRISON



MATEO MORRISON
Nació en Santo Domingo (República Dominicana) el 14 de abril 1946, hijo de Egbert Morrison, jamaiquino, y Efigenia Fortunato, dominicana. Dentro de la historia literaria dominicana, corresponde a la Generación de Postguerra. Es el primer dominicano egresado en Administración cultural. Estudió en el Centro Latinoamericano y del Caribe para el Desarrollo Cultural de Venezuela.

Es Licenciado en Derecho Magna Cum Laude, con un Diplomado en Derecho de Autor y Propiedad Intelectual, y otro en Negocios Jurídicos Internacionales. Ha sido profesor en los niveles secundario y universitario. Ha recibido la distinción Salomé Ureña de Henríquez que otorga la Secretaría de Estado de Educación y la distinción de la Cámara de Diputados por su labor cultural. Es Presidente Fundador de Espacios Culturales y fundador de la Unión de Escritores Dominicanos donde ostentó la Secretaría General. Fue fundador del taller literario César Vallejo recibiendo una distinción de manos del Presidente de la República al cumplirse los 20 años en 1997. También fue fundador de la revista Extensión de la UASD. Es miembro del Colegio Dominicano de Periodistas, del Colegio de Abogados de la República Dominicana y de la Unión de Escritores Dominicanos.

Dirigió el Departamento de Cultura de la UASD, recibiendo por esta labor cinco reconocimientos durante diversas gestiones, entre ellos, el Premio al Trabajador Universitario. Fue Director de Cultura de la UASD por 22 años, además ha sido Director de Formación y Cooperación Técnica del Consejo Presidencial de Cultura y Presidente de esta entidad, Director General de Formación y Capacitación de la Secretaría de Cultura, Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Cultura, cargo que ejerce en la actualidad, Consultor Cultural del Secretario de Estado de Cultura, Consultor en Animación Sociocultural de las Naciones Unidas para el Plan Decenal de Educación de la Secretaría de Educación y Asesor de siete rectorías de la UASD. Fue miembro del Consejo Universitario de la UASD y Presidente de los Organismos Académicos Comunes de esa institución.

Dirigió durante 20 años el suplemento cultural Aquí. Su obra literaria ha sido traducida al inglés, francés, chino, coreano, hebreo y rumano. Fundador del Taller Literario César Vallejo, coordinador general del Encuentro Internacional de Escritores Pablo Neruda y del Encuentro Nacional de Organizaciones Culturales Populares. Conferencias y recitales, Encuentros Mundiales de Cultura y Poesía, Encuentros de Escritores y Literatura, Festivales Culturales, Reuniones de Ministros y Altas Autoridades de Cultura y otros eventos en México, Panamá, Cuba, Venezuela, Jamaica, New York, Puerto Rico, Estocolmo, Barcelona, Pekín, Shangai, París, Haití, Corea, Trinidad y Tobago, Colombia, Chile, Perú, Martinica, Guadalupe, Ecuador, Benin (Africa), Rumanía, Canadá, entre otros.





Espasmos en la noche

La almohada que me cuida
el lado izquierdo de la cabeza
no sabe de mis sueños
delgados ellos, se van construyendo
junto a ella y la almohada no lo sabe.

Sueños terribles, sueños tontos,
sueños tenues, sueños de amores
que se evaporan si despierto.

A mi lado qué soñará la
mujer que hace tantos años
usa la otra almohada
que de seguro tampoco sabe
de sus sueños, aunque sienta
sudores en una madrugada
donde colapsa la energía.
Pero el sudor no tiene nada
que ver con los sueños
porque éstos no transpiran
no generan nada material visible.





2

A lo mejor infinitamente delgados
se van a otra dimensión
donde ni siquiera los sueños
de la mujer que se supone que
me ama, se conectan con los
sueños míos
que estoy seguro que la amo.
Son sueños particulares, incomunicables,
dispersos en sus fragmentos de sombra,
vidas en los escenarios de muerte.
La sábana que sabe aún menos
de los sueños,
trata de comunicarse con
la almohada, que como dijimos
no sabe nada de sueños
o por lo menos da a entender eso
por la indiferencia que exhibe cuando
la sacudimos y no reacciona
como si el privilegio de resguardar
nuestras cabezas
no le importaba nada.






3

La sabana sabe de otras cosas
pero eso es más fácil porque uno
ya está despierto
y por eso la sabana sabe de cuerpos
que se mueven
de sexos diluidos,
de movimientos tenues
y movimientos bruscos
de humedades que hacen temblar
y ella no duerme,
hasta que no se
sacie la pasión
en caída vertiginosa hacia el silencio.









La cámara me observa

La precisa, digital, neutral,
sofisticada inhumana, pero no
Indiferente cámara
enciende sus lentes
y me observa.
Lo sé por el silencio de su luz
porque parece adivinar
mis deseos infinitos de tomar
un paquete de avellanas que
quiero asir para ir degustando
en todos los espacios del supermercado
y llegar con las manos vacías a la puerta de salida.

La cámara de todos modos
me captará aunque no tome
ninguna avellana de las góndolas
repletas de frutas.
Lo que quizás
no pueda la cámara saber
son mis deseos









Mateo

Mi nombre esta inserto
en tu presencia
como juguete nuevo
te exhibo en plazas
que llenas de sonrisa.
Ha llegado el enviado
a mis brazos de abuelo renacido.
Saldremos a caminar
por las calles ruidosas
y las llanuras vacías
emprenderemos los sueños
que fui dejando en los caminos.
Te entrego la antorcha
atleta de la vida
que comienza.



http://www.arquitrave.com/archivo_revista/Arquitrave43.pdf