jueves, 28 de febrero de 2013

DEMETRIO KORSI [9313]



Demetrio Korsi
Demetrio Korsi (Ciudad de Panamá, 13 de enero de 1899 – Murió el 30 de octubre de 1957) fue un poeta panameño, representante del paso de la literatura modernista a la literatura vanguardista en la primera mitad del siglo XX. Sus obras están enfocadas en la realidad nacional y en los hechos históricos, con un toque de humor. Abordó temas como el folklore, los aportes culturales afroindígenas y la cuestión del Canal de Panamá.
De padre griego y madre panameña, inició estudios de medicina y de abogacía que no llegó a terminar. En 1916 algunos de sus poemas fueron incluidos por Octavio Méndez Pereira en la antología Parnaso Panameño, con lo cual tomó impulso su vocación poética.
Residió varios años en París y en Nueva York. Se desempeñó como cónsul en San Francisco (California) y en Kingston (Jamaica) y en El Havre, Burdeos y Marsella.2
En 1926 se casó en El Havre con la francesa Angela Julian, con quien tuvo una hija. Divorciado, se casó en Panamá en 1948 con Eloisa Sandoval, con quien tuvo tres hijos. Falleció el 30 de octubre de 1957 en la ciudad de Panamá, mientras trabajaba en uno de sus poemas.

Obras

Los Poemas Extraños (l920)
Los pájaros de la montaña (1924)
Bajo el sol de California (1924)
El viento de la montaña (1926)
El Palacio del Sol (l927)
Block (1934)
Cumbia! (1935)
El grillo que cantó sobre el canal (1937)
Cumbia y otros poemas panameñistas (1941)
El grillo que cantó bajo las hélices (1942)
Yo cantaba a la falda del Ancón (1943)
Pequeña Antología (1947)
Canciones efímeras (1950)
Nocturno en gris (1952)
Los gringos llegan y la cumbia se va... (1953)
El tiempo se perdía y todo era lo mismo (1955)





Incidente, de Cumbia

Con queja de indio y grito de chombo,
dentro de la cantina de Pancha Manchá,
trazumando ambiente de timba y kilombo,
se oye que la cumbia resonando está...

Baile que legara la abuela africana
con cadena chata y pelo cuscú;
fuerte y bochinchosa danza interiorana
que bailó cual nadie Juana Calambú.

Pancha Manchá tiene la cumbia caliente,
la de Chepigana y la del Chocó,
y cuando borracha se alegra la gente,
llora el tamborero, llora Chimbombó...

Chimbombó es el negro que Meme embrujara,
Chimbombó es el negro de gran corazón;
le raya una vieja cicatriz la cara;
tiene mala juma y alma de león.

Y el tambor trepida! Y la cumbia alegra!
Meme baila... El negro, como un animal,
llora los desprecios que le hace la negra,
y es que quiere a un gringo la zamba fatal!

Como un clavo dicen que saca otro clavo,
aporrea el cuero que su mano hinchó;
mientras más borracho su golpe es más bravo;
¡juma toca cumbia, dice Chimbombó!...

Vengador, celoso, se alza de un respingo
cuando Meme acaba la cumbia, y se va
cogida del brazo de su amante gringo
rumbo al dormitorio de Pancha Manchá.

Del puñal armado los persigue, y ambos
mueren del acero del gran Chimbombó,
y la turbamulta de negros y zambos
siente que, a la Raza, Chimbombó vengó...

Húyese hacia el Cauca el negro bravío
y otra vez la cumbia trepidando está,
pero se dijera que no tiene el brío
de la vieja cumbia de Pancha Manchá...

Es que falta Meme, la ardiente mulata,
y es que falta el negro que al Cauca se huyó;
siempre habrá clientela y siempre habrá plata,
¡pero nunca otro hombre como Chimbombó! 






OTOÑO SOY

Este otoño que en ser galante insiste,
este otoño angustiado de promesas,
quiere alegrarse y sin embargo es triste
y me engaña otra vez cuando me besas.

Este otoño es cruel, verja florida,
por dentro es sombra, vencimiento, nada.
Su última rosa morirá afligida,
si no tiene el calor de tu mirada.

Y pues yo soy otoño, ven y toca
mi frente mustia, mi canción doliente;
tú, primavera y besos en mi boca;
yo, madrigal; yo, rosas en tu frente.

Otoño, ya llegaste, y me venciste
con tus anacreónticas promesas.
Otoño soy también, otoño triste,
pero menos otoño si me besas...







NUNCA MÍA

Soñé que en las instancias de mi ruego
tu amor me prometiste enamorada,
y al brillo de la luz de tu mirada
para siempre quedé tu esclavo ciego.

Al estrecharte entre mis brazos luego
hiciste alarde de la fe jurada,
y con tu boca ardiente y perfumada
me contagiaste tu pasión de fuego.

Mas todo era un engaño torturante,
vana ilusión que vio mi fantasía
en ese paraíso de un instante:

¡Porque lejos de mí, ceñuda y fría,
llenas de hiel mi corazón amante
siendo de todos, pero nunca mía....!







Post umbra

Yo no quiero los mármoles
ni una estatua como esa
que en aquel parque me enseñaste, en tanto
me hablabas de la joya de una tienda.

Yo quiero algo más hondo,
más tuyo, más eterno:
¡yo tan sólo quisiera
vivir en tu recuerdo!





En Cumbia (1935) Korsi presenta, por un lado poemas marcados por el ritmo de la música y los bailes de mayor acento africano de nuestro folkore, como lo son: "Cumbia", "Pirulí", ¨Cumbia Chamera". "El Triunfo de Juan Patiño". etc., y, por otro, poemas que encierran quejas de la presencia norteamericana en el Istmo. El aporte más significativo de este libro a la poesía panameña es la incorporación de términos del habla popular de los panameños y escenario urbano popular de Panamá.
Lo nacional y antiimperialista, pues, son los distintivos en este libro, cuyos pormas mantienen el clima de la nueva estética. es más, en 1953, Korsi reedita este libro bajo un nuevo título, Los gringos llegan y la cumbia se va, con algunos poemas nuevos.
Los libros que siguen a Cumbia, El grillo que cantó sobre el Canal, Panamá, 1937;Cumbia y otros poemas panameñistas, Panamá, 1941; El grillo que cantó sobre las hélices, Panamá, 1942; Yo cantaba a la falda de Ancón, Panamá 1943; Pequeña antología, Panamá, 1947; Canciones efímeras, Panamá, 1950; Nocturno en gris, Panamá 1952; El tiempo se perdía y todo era lo mismo, Panamá 1956; son en general reediciones de poemas ya publicados en los que incluye poemas de sus primeras épocas, no publicados, y uno que otro poema nuevo.
Se pueden distinguir cinco tipos de poemas en la obra poética de Korsi. Los poemas que están dentro de la modalidad modernista y mundonovista o posmodernista. Segundo, los poemas creados bajo la influencia de las escuelas de vanguardia. Tercero, los poemas creados a "la manera negra" que popularizan en América Guillén, Ballagas, y otros. Cuarto, los poemas que podríamos llamar de afirmación nacional y de protesta, que mantienen "un clima nuevo". Y un quinto grupo que lo constituyen poemas en los que reflexiona sobre los temas eternos, el amor, la muerte, el tiempo, el recuerdo, escritos en un lenguaje conversacional en donde a veces usa el viejo artificio de la rima.
Vale subrayar que Korsi para ciertos temas escogió formas tradicionales para expresarse, evidentemente, porque se sentía más profundo y comunicativo.



Gringos, gringos, gringos
Negros, negros, negros
Tiendas y almacenes, cien razas al sol.
Cholitas cuadradas y zafias mulatas.
llenan los zaguanes de prostitución.
Un coche decrépito pasa con turistas.
Soldados, marinos, que vienen y van,
y, empantalonadas, las cabaretistas
que aquí han descubierto la tierra de Adán.
Panamá la fácil, Panamá la abierta,
Panamá la de esa Avenida Central
que es encrucijada, puente, puerto y puerta
por donde debiera entrarse al Canal.
Movimiento. Tráfico. Todas las cantinas,
todos los borrachos, todos los fox-trots,
y todas las rumbas y todos los grajos
y todos los gringos que nos manda  Dios.
Diez mil extranjeros y mil billeteras…
Aguardiente, música…La guerra es fatal!
Danzan los millones su danza macabra.
Gringos, negros, negros, gringos…
¡Panamá!

("Yo cantaba a la falda del Ancón")







Los gris se vuelve lluvia por la noche,
y esos muertos quisieran un gabán
para arropar sus sueños bajo tierra.
Al otro lado de la calle, un muro
con su verja de hierro, hecha ex profeso
no para que contemplen el mutismo
de tanta cruz anónima sin flores, 
sino el parque de mármoles que encierra.
Las dos de la mañana. Insomnio errante,
me empuja a un téte-a-téte con esta esquina
donde como una pústula del vicio
sórdidamente se abre una cantina.
Nueva generación de bebedores,
está de pie…Los otros. ¿dónde están?
Todo igual. Sólo yo no soy el mismo.
Una vez me embriagué en esta cantina.
Cantaba una mujer, bella en su tiempo,
que aún era como un bello anacronismo.
Descuartizaba un tipo en la guitarra
un valse como un clásico jigote.
Los dos ansiaban un pequeño lote,
ambos creyendo que la vida es buena.
Trabajaban los dos, sólo por eso.
Se embriagaban después de la faena;
y ella escupía si él le daba un beso.
Tanta lucha por un pequeño lote
y tanta tierra que hay para los muertos.
Tanto afán de cantar con la guitarra
y nadie al fin se llevará ni un ruido.
Ya nadie canta ¿Para qué, si hay discos?
Son baratos: se tocan por un real.
Toquen, toquen, que pronto habrá silencio.
Lo gris se vuelve lluvia por la noche.
El silencio es de un gris casi mental.
Una vez me embriagué en esta cantina,
hace ya un poco más de de treinta años.
Todo, igual. Sólo yo no soy el mismo.
Cantaba la mujer y se reía.
Triste, fatal, como una rosa trunca.
La noche no se iba, enamorada
también de la mujer. Entre las copas,
aquella noche no acababa nunca,
distante y cerca, como una lejanía…
Triste, fatal mujer, ni tan siquiera
quedan ningún hombre que la nombre.
A veces, la recuerdo, cual si fuera
de juventud. Ni yo me atrevería
a tocarla otra vez, pues me hace falta
el real de juventud de aquella noche.
Entre el silencio de lo gris, está ella.
En lo más gris de su silencio, es barro;
ese barro común, con que a los muertos
cubren con reiterado despilfarro.
No tan alto, sombrío, se alza el muro
con su verja de hierro, hecha exprofeso
no para que contemplen el mutismo
de tanta cruz anónima sin flores,
sino el parque de mármoles que encierra.
Todo igual. Sólo yo no soy el mismo.
Nueva generación de bebedores,
está de pie…Los otros…¿Dónde están?
Lo gris se vuelve lluvia por la noche,
y esos muertos quisieran un gabán
para arropar sus sueños bajo tierra.

(Nocturno en Gris)





El negrito Chimbimbembe
y la negra Cumbimbamba
bailan la cumbia al son
de sus caderas mulatas…
Sudor fuerte y carnaval,
con aguardiente y con ron
en el patio de los congos
y el barrio del Marañón.
¡Cumbia!, con tambor y vela,
que es alma del arrabal,
canción de sangre, que moja
las esclusas del Canal.
¡¿A dónde voló el cuchillo
con que mataron al gringo
¡Y nadie supo quién fue…!
(La noche borracha es cómplice
y no sabe hablar inglés!)
¡Cumbia!, música que alegra
con aguardiente y con plata;
tu alma es dura, triste y negra,
y tu noche siempre mata.
¡La cumbia se baila al son
de unas caderas mulatas!

(El grillo que cantó bajo las hélices)



FREDDY GATÓN ARCE [9312]



Freddy Gatón Arce  (1920-1994)
Freddy Gatón Arce, nació en San Pedro de Macorís, REPÚBLICA DOMINICANA el 27 de marzo de 1920. En 1943 formó parte de los Fundadores y Directores de la revista y ediciones 'La Poesía Sorprendida', cuya colección ha tenido dos reimpresiones a iniciativa suya, en 1974 y 1988. Ha publicado 'Vlía', Antologá poética de Franklin Mieses Burgos, 'La Leyenda de la Muchacha', 'Poblana', 'Magino Quezada', 'Retiro hacia la luz'. 'Son guerras y amores', 'Y con auer tanto tiempo', 'El poniente', 'Cantos comunes', 'Estos días de tíbar', 'De paso y otros poemas', 'Mirando el lagarto verde', 'Los ríos hacen voca', 'Celebraciones de Cuatro Vientos', 'Era como entonces', 'Andanzas y Memorias', 'La Guerrilla Sila Cuásar' y 'La canción de la hetera'. Tiene inédita 'La Moneda del príncipe'. En 1962 fue escogido para dirigir y reorganizar la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y en 1966 elegido Vicedecano de la Facultad de Humanidades de la misma. Dirigió el vespertino El Nacional desde su gestión y aparición en septiembre de 1966 hasta julio de 1974. Desde entoncees se ha dedicado a labores literarias y colabora en el suplemento sabatino de 'El Caribe' con su sección 'A suerte y Verdad', así como forma parte de la 'Comisión Editorial de la Universidad Central del Este, que en 1984 le otrogó el título de 'Catedrático Honorario de la Facultad de Ciencias Jurídicas'. En 1990, con motivo de cumplir 70 años, varias instituciones le hicieron reconocimientos, entre ellas las Universidad Autónoma de Santo Domingo, Universidad Iberoamericana y Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña; ésta última también le otorgó, en 1991, el título de 'Profesor Honorífico' de la Facultad de Humanidades y Educación. Ha participado en reuniones culturales y periodísticas celebradas en Colombia, Costa Rica, Ecuador, México y Venezuela; y es también miembro fundador de la 'Comunidad Latinoamericana de Escritores', con sede en Ciudad de México. Ha sido miembro de los jurados de los principales concursos literarios y periodísticos del país, y en 1980 obtuvo el 'Premio Nacional de Poesía', siendo ésta la única vez que ha competido en un certamen. Su obra poética ha sido comentada en el país y en el extranjero; la crítica argentina María del Carmen Prosdocimi de Rivera publicó un extenso estudio sobre su poesía, así como la cubana Mercedes Santos Moray. De Gatón Arce se ha dicho que enriquece la prosa periodística dominicana. En 1991 recibió una placa de reconocimiento de la 'Asociación de Periodistas Profesionales', y en 1992 le otorgaron el 'Premio Caonabo de Oro' de la 'Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores'.






POEMAS


Vlía

Poema para la quinta hoja de un trébol cualquiera



1. Oído inescuchado

Los espacios aquietados, azules de enclavados astros, dan su violeta a la torre invertida del cielo. La torre, extática, muda, salta nerviosa en sus risas y gemidos, como mama tallado de virginidad. Cantar de los gallos espada la vigilia y el mundo noche de todos los donceles.

La vida ha perdido un inconsciente de por qué la vida. El traje color rubor de timidez quedó destrozado en el valladar de los ojos. Clavada torre en el mar de los sueños remolino de sangre de la sensitiva, blancor de olas altas llagadas como la incertidumbre, o dos pavores y cinco pétalos caídos traéis a Vlía.

Las cintas grises de la ciudad interior crúzanse desiertas. A trechos regulares espigados señores negros asoman su cabeza de ojo macilento. Y el gato negro acecha...

Vlía anda como el viento ¡es el viento! que sopla hacia el mar. Vlía: mar de angustia. Se azulan sus pasos. Anochecen sus cabellos de tanto ser la noche. ¡Y el gato negro acecha! (Vlía, todo un gato de Noche).

El almendro se desprende de sus pupilas. Los ojos rodantes de la playa buscan su órbita amarga.

La arena: rastro de vientos; fatiga de pupilas; sudario del mar; espaldas de Vlía: Vlía.

La dama blonda Vlía de amarillez de verde es indiscreta: su lengua de plata cuenta cosas al oído inescuchado párpado de toda quimera: Vlía.





2. Rocío subrosa

Nosotros. Ya no sucede nada. La mar no tiene remordimientos y la brisa no la despeina. Un saludo queda suspenso en las miradas, en las búsquedas íntimas, y no hay más que nosotros. Nosotros: Vlia, tú y yo, que nada sabemos, ni siquiera sonreimos de una vida a otra, y pensamos como si fuéramos uno, uno solo que se desvive en el cielo, de todos los días nublados por azules. Nosotros ya no queremos ni siquiera mirarnos a través de las pupilas azules. Estamos como si fuéramos dos ojos, cuatro y cien corazones desplegados. Ya no podemos más, y Vlía y tú lo comprenden perfectamente. No nos encontramos ni en el cáliz de la redoma de la bruja cargada de lavandas. Creo que nuestros ojos están fatigados de las distancias recorridas, y que no podemos vindicamos en los sueños cargados de rocío febril. Iremos navegando en el mar de todos los sinsabores cuajados de dulzuras y de todas las sagrados mentiras. La vela que asoma a lo lejos Vlía y tú y yo, gaviota de horizonte se ha engrandecido de

vientos para adentrarse en la ría de canalados sentires. Nosotros, ¿qué esperamos de nosotros? ¿Y de ti? ¿Y deVlía? Estamos situados en la infinita distancia de la cercanía y ni siquiera sollozas. Las lágrimas se hicieron para la fuerza. Tendremos que inventar una nueva telepatía de las almas para encontrarnos extraterrenos, o subrosa como quieran los hados de todos nuestros deseos, de los deseos tuyos, de los deseos de Vlía. Ya no podemos cargarnos más de mentiras inclinadas de ojos y dedos de frentes cuidados de cabelleras invisibles. Debemos irnos viendo en ese mapa que carece de posición fisiológica: corazon. Quiero queremos tú y yo y Vlía lo sabemos bien: siempre lo hemos querido en todos los anhelos borrados de sueños que nos vayamos adonde tengamos lo que nadie sabe, lo que todos hemos sabido desde antes de conocernos. Porque ni tus ojos, ni los ojos de Vlía, ni los míos, están espejando nada, ni siquiera a nosotros, Vila. Yo quiero que lo sepas que lo sepamos ya nada acelera mi corazón.





3. Desgarrados cristales

Que se detengan todos: Pájaros anclados en el aliento; espejos con empaños de vidas húmedas. Que se detengan todos: Universo, Sol y luna; los astros y la imagen gota de rocío de arcoiris en la siniestra flor de cinco pétalos; los ojos que brotan de las órbitas infinitas para eternizarse en la visión del jardín, la fuente muda, los perfumes definidos,Vlía y tú, y las margaritas que caen sobre el almohadón desesperado mano crispada que se detengan. Que se detengan todos. Y la jaula que vuela en la pupila encarcelada y la rosa amarilla cesen en su Vaivén de congojas. Que se detengan todos, porque el demonio quiere soñar y yo, Vlía, lo poseo persiguiéndolo por la pradera de verdeante púrpura apagada. Ahora él sueña ¡como si fueras tú, Vlía!, sueña en mí: ritmo interior de todas las mariposas;

Aquella niña del pájaro clavado en todos las emociones de la vida perdida de quebrantos verdaderos olvidados de perfumes idos en la belleza de las palabras, en el oleaje de las penumbras quebradas de rocas llovidas, como de la mano de una paloma o de un almendro partido por los rayos del sol relámpago de luz en los desgarrados cristales; aquella niña: recuerdo sacudido en mis oídos vueltos vientos armoniosos de campanas; aquella niña que llena el alma de todos los cipreses mejores y largamente encumbrados copa abajo; ésa que nos transfigura,Vlía, cual si estuviésemos en el fondo de la mar sentados: cabelleras sueltas a todas las corrientes; a ésa que yo pienso en mi locura, como a ti, endemoniadamente colérica: sonrisa desguindada de la forma del lacayo eterno guardián durmiente; a ésa que juega en la mesa de horizontes como cabelleras de rosas, el triángulo diverso de la feminidad: verde aridez de primavera dormida en las conciencias ausentadas del poema luz de las miradas, los lentes equívocos de vigilias ahumados; la del respirar de yodos níveo-azules; a esa asomada hacia la silla coja de mil pestañas dispersas; a ésa que yo poseo

como al demonio, como a ti, urgido por todas las locuras, pasajeramente...

A ésa la sueño despertando cuando el paisaje de las miserias des-ciende para angustiarse en los músicos: peldaños de árboles nacidos en las noches de todos los hombres que no caminan como las piedras, bajo las aguas...





4. Inefables rutas

Un silencio estrangula la garganta de luz inventada: el patio interior amanece una sonrisa de primavera; las pestañas marco alado trajean de verde su rojo de ojos cerrados; la mano de fuego ennegrece los párpados transparencias recién nacidas de inquietos pájaros umbrosos. Vlía: Alucinacion.

Lo he intentado muchas veces, demasiadas, ¡tantas que ya los sueños protestan! Jamás quise pedir nada; sólo un recuerdo en nombre del amor, un recuerdo. Que tuviera un desmayo la resistencia, que dejara su cabeza degollada sobre un tronco lánguidamente, y que la brisa se hiciera fría, más fría bajo el árbol de la incomprensión, porque los desesperos hielan la tarde. No he pedido a los pechos un sube y baja de hipocresía, ni a las gasas manchas de sangre, como un dolor a dos negaciones. Sólo pedí la presencia de un pasado: un otoño sin hojas secas, preparativos matrimoniales, ni corduras que se sustituyen. No puedo aguardar el retorno de un alma rota sobre la almohada de dos huecos, uno que no es mío, para entonces devolverla ungido por mi ardor. ¡No aguardo nada! El labio de la luna no miente en la quimera: de noche sus llantos, Señor de sus vigilias, y es tuya cuando está dormida. ¡No quiero aguardar nada! La cita, renovación de la imagen, la he entregado al aire para enseñar los astros, porque por sobre el amor resultó pura. ¡No quiero aguardar nada! Ni la reconstrucción. Sobre el dedo de las ruinas sólo el recuerdo debe levantarse: presentimientos vagos de reconciliación: ignorar de seres encontrados en inefables rutas. ¡No quiero aguardar nada! Ni la llegada del agua que no tiene los campanarios de los floreros, ni la sublime emanación de los colores. ¡No quiero aguardar nada! Sólo las grandes horas que se olvidan por soñadas.





5. Sueño eclosivo

Para el amor todo se hace breve lentitud. La inconstancia no mira en la habitación obscura, ni se explaya en la furia. Luceros sin almendros perjudican la profesión de adorar. No mueven al odio salvador del hastío. La realidad precisa un natural encantamiento inferior, emocionado, al reverso de los ojos, intensamente. La madrugada pertenece al gato negro viejo habitante de lo apacible se queda en la azotea húmeda órbita de la noche raptada al cielo. Danza y otros pies habitan su frenesí. La pena no sonríe, ni ciena. Ni melancólica quietud n albor de ruiseñores, suenan tres perdones en la ventana quebrantamiento de la cita lunar y las cortinas.

Ojos de imágenes sagradas quedan sepultados en las conquistas sin copas que calman los grises de aire hasta la aurora. ¡Todo quedará distinto! Lejana reconstrucción del mundo, sucinta arista de la mudez, y tú, intachable en la propaga. ción del vicio. Para nacer escogeremos la perla del campanario nadando en la alborada suave admiración de la caída. Floreciendo todo, n< nos distinguiremos, será preferible fabricarnos una manzana inicial en un camino siempre inhollado. El brotar de las cavernas precisa rar encantamiento y uno que otro movimiento pulmonar en la quimera Consumirse mueve al desorden. No diviniza la serpiente que está en turno, hay que dejarla lomizando los troncos del insomnio. Latiremos una vez, y el eco nos lo repetirá al infinito oído interior petrificado ex la disolución de los pétalos, burda mecánica en los orillas. Para nuestra primera divinización, volvamos a la intemperie, rechacemos los pies después del nacimiento, la perduración del amor necesita intensa embriaguez de entrañas.

La amargura jamás debe mostrar sus dientes; escapar por la: manos marchitando la sal que provoca, es el destino de la sonrisa.

La fantasía no debe guiñarnos si estamos cogidos de las manos Para continuar en la resurrección basta una fiebre y muchos dedo estrujados. Esencial es irse con labios de burla a todo lo demás, que no otra cosa se agita en nosotros, sino la creación de algo inadecuado. Un baño de espiritualidad conforta, mas, margina el goce. Para no perde la serenidad, un salto es necesario. En la acompasada tristeza de lo otros, buscaremos regocijo perenne subterfugio para deshogarnos in sensiblemente, las palabras no deben preocuparnos, sólo nosotros da mos sentido a las estrellas. Imaginar un cielo siempre igual, acontece: los despreocupados. Agrandar los ojos por una jugarreta de la natura leza, sucede a las personas que carecen de una interioridad liberada Ya que nacimos, el parecernos a muchas extravagancias que usan dos pies en vez de sus cuatro naturales, nos privaría del ridículo que tanto acerca a lo patético. Un perfume y otros nominados no forman una rosa, hay que arrancarla al aire, soberbiamente. Para hacerte no he tenido que viajar a las minas, una idea satisfizo a lo increado. Para no olvidar nada, te he dado poesía, indigestión de poltronas y guantes. Así, seremos semejantes: alargar el tiempo abstrayéndolo de nuestras incursiones, es la sabiduría que nos separa de lo cotidiano. Para salvarnos del regreso el dormir nos interroga. Hay que dormir un desvelamiento de los oídos, y algunos crujidos más en el corazón. Quedarse como un desmayo de la Muerte, es retrógrado. Arrojemos los párpados sobre los yerbajos del camino, ya que continuar en el polvo nos da la sensación de innacidos. De todos maneras, ahí finaliza el proceso natural de ellos grosera comedia sin acto determinado- y nuestro telón cobra alas infatigables. Nuestra respiración nos trae otras respiraciones; contagiarse de ellas propiciaría la impureza de nuestra verdadera misión, quedarnos como nubes sin lluvias, y tú quisiste un presagio de rocío en el aliento de la mañana. Para la contemplación es requerido arrojar los ojos al sol. Si hemos de continuar, el sufrimiento se impone, el gozo se anticipa en los cobardes.

Vayamos por partes: que los tentáculos palpen el aire de invisibles cabezas degolladas, donde prima el diamante del azul. Antes de lanzarnos al mar no importa su marea ni su sangre contemplemos el cráter que nos sube a las gargantas. La virginidad hay que poseerla como un seminarista, por to-dos los corredores. Si la falda está rígida hay que brindarle la ligereza de una ventana abierta, es propicio al conocimiento del sexo. De todos modos, una indiscreción debe insinuarse, como un niño. La travesura es necesaria a los dibujos de un cristal quebrado. Para no desmayar una obsesión de niñez nos invade y aparta los actos sangrientos anteriores a la concepción. Giramos el sol, mudamos el bosque y nos encontramos perdidos. El escapar no requiere sistema señalado. Algo negro debe ser el principio, reacción de la sangre coagulada. Otra belleza jamás emerge esplendorosa. La espontaneidad, o desgraciamos la experiencia. Sólo los ojos de la neurastenia -cuerdo extravío- iluminan. Para mayores precauciones, empecemos por no haber comido; pensar separados del estómago, o quedarnos a un brazo de la cruz. Depilamos es conveniente al total brote de los nervios. Hay que agarrar sus puntos fuertemente y tirar con la rudeza, destinada a zafark las entrañas a un hermano. De esta manera estaremos accesibles a una neurastenia mejor, salvadora. En las manos diez puñales deben cornearse para el degúello. Ahora nos asimos fuertemente por los pies, y dejamos las cabezas sobre el almohadón breve silueta del universo. Nuestros troncos pueden nadar ahora o confundirse con los hombres. Para un pasar intachable, volemos al Polo, con nuestras médulas enlazadas.





6. Raro infierno

Aquí, sobre las rocas, o allá, donde el horizonte florece velas, un crimen es necesario. Para el color de la imagen, un crimen. Nos acer-caremos una y otra vez a esa delicia -dios nectario de la sofocación y fiel a mi constante tristeza te dejaré intocada. Fuente de caracol en la ruta, nos acerca irremediablemente, como un amago de soledad que viste comprensión de colores. Sonrisa no frecuenta las almas sin fe, ni el desvelo. Las campanas tendrán que no caerse más a los pies desangrados del atardecer, de cordura embriagadas. Tendremos dos, tres, y algunos más imaginados horizontes para ilusionamos. En la locura un presagio de religión es conveniente. Mas, por sobre todo lo disgregario de la brisa, la obsesión del crimen debe persistir, intensamente arraizada en la piel -corcel con pasos de caracol donde las almas jamás se vuelven temerosas. Un crimen blanco, un crimen de frenesí que nos separe de la vulgaridad. Una sangre que nos lleve sin caer en el hastio hasta él, en cada emoción que se pierde por conocida. Nosotros recorreremos el arcoiris. Un arcoiris nuevo a cada explosión. Irse de las olas al sol, brizna quebrada de reflejos en las rocas sin movedizas ilusiones, alas en los corazones que saben crearse un amor. Nosotros no debemos satisfacernos, una contemplación basta a las sangres

que dislocan en las calles como naranjas heridas de pudor en el jardín tapiado. Pero estamos muy cerca o muy lejos de la realidad que nos conmueve: el crimen, y hay que decidirse a ser locos o todas las sábanas protestarán de sed. Pintemos el sol como si fuera el ojo de la montaña o decrecer de los almendros cobijados en el estío. Pero no, tú estás sin sobresaltos vivo coral a flor de tierra y otras tantas tonterías en las estrellas invisibles.

Para que el sueño se realice faltan todas las cosas incompatibles con la angustia, y ella está ausentada de este o de aquel cielo que me frecuenta. Si estamos junto al demonio, no hay que jumar nada a la noche ni a las almas vacías. Para que los perros no roben nuestra atención, los ahorcaremos en cualquier rama de las manos intangibles, y el insomnio de la víctima tendrá sabor de hiena. Lo más adecuado es trajearse de algas. ¡Cuántas cosas hacen un crimen! Ahora la molestia de distraer mis ojos en la tienda del mar, mis inmersiones no requieren fondo preciso, ni clima antiguo. Te contentarás con desnudarte, porque la indecisión turba los sentidos. Pero, ¡el crimen! ¿Dónde está el crimen? Otra pasión ya no conmueve. Las personas, ¿por qué nos dejan solos? Una protesta, por que la soledad siempre acompaña al crimen y nosotros debemos ser distintos. Excluiremos la soledad de nuestros cálculos. Así estaremos mejor, un poco más solos. Entonces el crimen no llega. Para mí, el crimen, de lo contrario nos quedaremos sobre el césped. Ilusionarse con el cielo acontece todos los días. Olvidar es cruel en tu presencia. Olvidar una rosa por marchita ocurre a todos los floreros, y yo sólo luzco una flor que nace de cualquier im-pertinencia de los ojos: el crimen botona en las pupilas. Un instante sin precisión de calendario duda y queda a los pies pasaj ería sin destino- y el crimen se acepta o tortura. Hay que ofrecerse en una quietud callada, un beso haría perder la realidad ambiente. Debemos sentirnos como un vals. ¿Oyes? ¡Qué bien se escucha el silencio de las olas! La actitud hay que mantenerla: un beso nos haría seres abandonados en una habitación estrecha; nosotros tenemos otros recursos. Aguardemos, el crimen requiere ser catado, lo contrario seria desbordamiento de sirvientes y los arrecifes se extienden en tu cabellera. Toda la augusta exquisitez del alcohol hay que recibirla con la irreverencia de un sentimiento cualquiera sin la ridiculez de los días señalados en Agosto, Abril o Mayo. Las flores precisan luceros titilantes de emociones decepcionadas sufrir de mariposas somnolientas en la tarde cuajada de pintores, almendros sin luz de alcobas dormidas. Para la perpetración del crimen estamos aquí, sin ti y sin mí. Incubar huesos y hacerlos pulular por los aires como mensajeros del Señor, es nuestro desti-no. Esta es tu comunión con lo irremediable. Yo he tenido muchos crímenes. Dejar que el nuestro se realice prontamente sería darle la razón a los pájaros enfebrecidos de la luna. Ellos dan Diciembre a cada amor, y no debemos fatigar sus labios. Hay que dar a los párpados la natural posición del sueño; así todo brillará mejor, casi interiormente. Las sirenas no tienen por qué angustiarse; nos urgen y la impaciencia puede agostar nuestro deleite. La psicología del crimen nos tiene atrapados, y es cruel una amargura en el áire. No es posible irse en las algas alrededor del mundo; en las gaviotas del horizonte las penas se internan todas las quejas tienen una preñez de angustia. Nunca procuro situaciones futuras a mi corazón, su latido podría desmayarse en una mentira. Por eso, sí, hay una, otra y otra y muchas más. Ella, ellas, no intervienen ahora. Sería un proceso lento sumar tantas estaciones para crearte una primavera. Hagamos un amor como nosotros mismos, que se detenga a dos pasos del pecado. ¿El crimen? El crimen sólo preocupa a los hombres, y nosotros no los vemos. Estamos con el único Juez verdadero, el nuestro. ¡No hay por qué llamar! Has asomado Mujer en mi. ¡Calla! Mañana no hay que hablar del pasado. Toda ridiculez de hoy quedará cal en las grutas -copas de alzadas ilusiones en las esferas. Por otra parte, la almohada debe abandonarnos; sólo las piedras se convierten en pesadillas de filos rosados agradable intención de los demonios. Después del crimen, un delirio mayor propician las abejas. Apóyate en mi hombro para darle descanso a tu corazón bajo la sombra de una chimenea. La incongruencia es notable: los sueños jamás lloran humo hebra del aire tejedor de árboles. Ahora, presenciemos un desfile de guijarros y pies heridos bajo el agua del cielo, recuperemos los ojos, recojamos los párpados: las tinieblas deben reinar con todo su atavío. Para ser los ebrios eternos, cultivemos vid en un juego de campanas pequeñas y grandes aridez en el día de muertes. Procurémonos un momento puesto que la detención del reloj es necesaria en el despilfarro de la adolescencia. Por sobre todas las torpezas, un presentimiento de Reina de Saba y Príncipe Azul, debe protegernos. La humildad de la cuna no se opone a la exploración de otros campos. Para una mayor exaltación, vistete de sueño, así la brisa no tendrá reparo en desnudarte. Evitar una jugarreta del discernimiento requiere un manotazo al sol, la luna y las estrellas se prestan más a un encantamiento. Un riachuelo nos haría música adecuada a la entrega. Para que tu languidez cobre expresión de ángel, reclinate en una palma cualquiera, sus hojas te darán la insensatez de su vaivén. Una vez retornada la cabeza, piérdela de nuevo en un cruzar de campos siempre cubiertos de verde invisible sentido del locuaz candor que no redime.

Despójate de todas las vestiduras que son los padres y un hogar honorable, para la vehemencia. Ya estás pura, para el amor. Un volar de ciudades y paisajes, y el tren no se detiene. Un sueño más, y otro sueño. Todo en una sucesión sobresaltada. Nada va a la tierra. Danza, pies, divinización. Médula, cabezas sin troncos, crimen. Pesadilla, borrachera, adolescencia. Lo vertiginoso intenso interior se impone. Todo corre, vuela, se transforma; los árboles se detienen para un roce en el rostro acompasado. Algo quiere amanecer, una confusión terrible lo revuelve todo, y por sobre todo, el galope, el galope, el galope. Lo indecible, a ratos tiene un visaje y el dormir tiene una ligera transformación de miembros. La sábana una y otra vez se convierte en alas de la ventana abierta y el galope se fatiga, calma. Ciudades, paisajes, árboles, toman la placidez de una definición. El sueño toma un ritmo infinito de aroma en la amarga sonrisa insatisfecha. Y todo es suavidad de esperanzada confianza en el durmiente.





7. -Nada emocionada

Lo quieren saber los demonios que se cobijan en mí. Extienden sus alas a cada golpe del corazón. Las quimeras rotas como cuerdas de guitarra sin ebriedad interminables copas de luceros árboles sedientos dcl viento de infinitos labios. Ya nadie te recuerda en la indecisa hora en que te haces prolongadamente mía. Todos ignoran que los sueños son yerbas florecidas de hielos despiertos en la encontrada realidad, obscura sombra que se refugia bajo el pez de aguas cristalinas. Ya ni siquiera respiras por inconsciente, ni te únes a las vigilias de suenos de dos. Ellos se escurren por una luz retrocedida. Esto no es todo puesto que cada mañana te vuelcas tras la montaña. Entonces te contemplo bajo olas que se estrellan en el firmamento de aguas enloquecidas por el viento, rompiente que carece de sentido de sed agudizada. Los olivos nos dejan sin perfume de sacrificios llevados como espantapájaros al mundo porque los mañanas aún no me tienen logrado hasta la perfección de la irrealidad, porque tú no te ahogas en el pecado de Cristo, y todo se pone azul como palabras de veneración. Te conduciré a procesiones que no te avergúencen en las noches que son como blasfemias al transporte de la realidad; a los pájaros nocturnos como vigilia de ruiseñores bajo ventana de colores. Ya no te escurres de mis brazos invisibles porque te han llegado demasiado lejos y no me dejas en la pesadez que sacia. Tu flor no tiene ese color que te hace indefinible bajo el árbol de ramas febriles, como el mar de corales sangrantes sobre la yerba, extendida. Nos iremos alejando como palmeras bajo un mismo sol de Mayo desflorado en la noche de los sepultureros sin vidas que cultivar, pero debes sustraerte a esa realidad que te hace tan negativa o la pesadumbre que me deja como un niño sin voz. Te alejas de todas las cosas que antes te hacían visión desordenada de pequeñas satisfacciones humanas, con unos lentes y una viudez inventada. Te dejaré sin vida en mis noches que te hacen en verdad ángel de alas cuadradas, la tierra está volcada en mí como en un cubo. Nos quedaremos así a dos pasos de la muerte natural que proporcionan los sueños y muy lejanos para guiñarnos un ojo. El mundo se desboca hacia ti, como si no estuviera regenerado por el bautismo como tres lirios bajo la sombra de cosas irrealizables. Ni siquiera suspiras de suficiencia descontrolada y eres un devenir de música sobre los papeles. De tanto respirar ni siquiera te vuelves humedad de sueños que no te transformen en sometida. Te veré .en todos los corredores que desembocan en el vacio, más allá de las cosas que nos aguardan siempre por eternidades dormidas en los muelles sobre la desesperación. Te esperaré nos esperaremos bajo las aguas que el demonio no estrangula por diurnos y nos iremos juntos tomando pétalos incompatibles para conocernos mejor bajo bombillas que se sustituyen en calles cuajadas de perros. Tú convendrás en que nos odiamos porque somos orgullosos de las tonterías que nos hacen humanos, siendo dioses destronados del cielo. Debes comprender que las muertes se suceden como presagios que no se colman nunca en penas ni lágrimas, ni rocíos del viento; debes comprender que las palabras se han vuelto una verdad humana dificil de compensar como un alero de palomas enamoradas. Tú ni me miras con tus ojos de muerta que camina hacia la gloria de mis vigilias, porque estamos distantes a dos primaveras y mucha realidad duerme aún en el pesebre de la Anunciación. Deberías irte de rodillas hasta mi infierno de luciérnagas y desposarte con una flor cualquiera que no trasnoche como las llaves en el jardín rodeado de espejos. Entonces vendrías a mí salvada de tantos obstáculos que te hacen bella. Deberías dejar de recorrer mis intrincadas esencias porque me estoy fatigando de tantos pasos bajo pupilas de angustia, porque no podemos irnos en el espacio tras las campanadas, ni quedarnos en el bronce de los fieles. Tenemos que procurarnos un ambiente distinto bajo el regocijo de saberte desconocida e inlíegada. Jamás tornarás frente a mis ojos que se quiebran como el vidrio en el niño emocionado. Tu deberías volver a angus-tiarte como antes bajo el penar de las almas felices, cuando un purgatorio sin fuegos quemaba las angelicales sonrisas de los condenados. Si perseveras nos hallaremos a vuelta de esto o de lo otro que no tiene cambio. Me está urgiendo parecerme a lámparas alucinadas quereflejan las yerbas amarillas bajo el estío. Ven para no quererte más inalcanzable en la flor celestial en una tarde florida de hundidos cementerios. Ya todos ríen con esa frialdad que dan los mármoles bajo las bóvedas, sacrilegios de gusanos como hombres de mil pies gastados y muchas genuflexiones; estaremos viéndonos en el espejo que son las mariposas del sol y no podremos irnos como los pájaros.

No podemos más. La vida pesa demasiado. Es una tristeza doblada en las cavernas que avanzan. La noche no se puede detener en una esquina cualquiera. Debe ser que a nosotros nada nos une, ni siquiera los pensamientos. Debiera irme como perro a la sombra de los casas, hurgando en los zafacones. Es imposible quedarse bajo lo azul y tenerte presente o estar triste. Trataré de darte otra silueta para imaginarte mejor. Todo quedará como árboles ardidos hacia los venas frías. Ya que estamos en el cementerio, un coloquio con los muertos confortaría. Aquí todo es igual, la tradición fría desconoce el sol de las transformaciones. Si miras a la derecha, nadie ultraja la humanidad del algodón, ni a la izquierda un chaqué crea odios. Aquí debimos haber nacido: la música siempre es escuchada, un viraje al Norte o al Sur para agradar con otra melodía, y no hacen falta oídos ni manos para templar cuerdas, ni aliento para estridentes sopíos. Todo es nuestro, un ritmo muy tuyo, muy de aquel, muy mio, y todo descansa en una igualdad serena. Pero ya estamos bajo el árbol elegido; nuestra primera incursión aquí termina.



GÉRARD LEGRAND [9311]




Gérard Legrand (1927-1999) nació en París. Poeta, filósofo, ensayista y crítico de cine, conoció a Breton en 1948 y durante más de quince años fue uno de sus colaboradores más cercanos. Ha prologado varios de los libros del autor del "Manifeste du Surréalisme" (Manifiesto surrealista) y participó en todas las actividades del grupo entre los años '50 y fines de los '60. Fiel testimonio de este múltiple aporte lo constituye su obra poética compuesta por "Marche du lierre" (La marca de la hiedra) y "Le retour du printemps" (El retorno de la primavera), entre otros. También son destacables sus obras filosóficas "Pour connaître la pensée des présocratiques" (Para conocer el pensamiento de los presocráticos), "Préface au système de l'éternité" (Prefacio al sistema de la eternidad) y "Dictionnaire de philosophie" (Diccionario de filosofía); y sus ensayos "André Breton en son temps" (André Bretón y su tiempo), "Cinémanie" (Cinemanía) y "L'art romantique" (El arte romántico). Ha dirigido y colaborado en distintas revistas culturales como "Coupure", "Maintenant", "Bief" y "Positif". En la edición de 1980 del "Dictionnaire du Surréalisme el de ses environs" (Diccionario del Surrealismo y sus alrededores), Legrand presentó a Gilbert Lély de la siguiente manera:

En tanto que poeta, dedica sus conmovedores cuidados de cartógrafo en registrar impresiones vividas o imaginadas donde la erotomanía ocupa un lugar especial, pero no exclusivo. Así sucede en "L'heure du sommeil au Saint-Laurent de Maroní" (La hora del sueño en San Lorenzo de Maroní), "Paris. L'aube" (París. El alba) y "Le ciel de l'empereur Julien" (El cielo del emperador Juliano). Pero el lugar que tiene en los confines del territorio surrealista se lo debe, sobre todo, a sus trabajos sobre Sade en "Vie du marquis de Sade" (Vida del marqués de Sade).

Publicaciones:

Des pierres de mouvance, poèmes, Éditions surréalistes, 1953
Poésies de Lautréamont, première édition présentée avec Georges Goldfayn, Le Terrain Vague, 1960
Gauguin, Bordas, 1966
Marche du lierre, Éric Losfeld, 1969
Pour connaître la pensée des présocratiques, Bordas, 1970
Préface au système de l'éternité, essai philosophique, Éric Losfeld, 1971
Le Retour du printemps, poèmes, 1951-19723
Sur Oedipe (anatomie de la mythologie), Le Terrain Vague, 1972
Dictionnaire de philosophie, Bordas, 1973
Siècles ciselés, Éditions Maintenant, 1973
Le Retour du printemps, Le Soleil Noir, 1974
Giorgio de Chirico, Filipacchi, 1975
Chacun pour soi et le diable pour quelques-uns, Éditions Maintenant, 1975
André Breton en son temps, Le Soleil Noir, 1976
Dossier André Breton, Belfond, 1977
La Redoute aux oiseaux, poèmes, 19773
Cinémanie, Stock, 1979
M le Maudit, Calmann-Lévy, 1990
Paolo et Vittorio Taviani, Cahiers du cinéma, 1990
Vocabulaire Bordas de la philosophie, Bordas, 1993
L’Âge de Varech, 1994
Lung' Arno, 1999
L'Art romantique, Larousse, 1999
L'Art de la Renaissance, avec Dominique Wahiche, Françoise Maître et Valérie Vidal, Larousse, 1999










Los pensamientos estelares se deslizan por el río
En el más completo abandono
Uno con cabeza de mujer entre las manos de un hombre
Otro con las manos de un hombre a lo largo de muslos de mujer
El aquietarse nevado del aleteo de un búho
Se incorpora al temblor de las faldas oscuras que se escurren por las ondas de las piedras
El caramillo de los senderos desarrolla su cinta alternada de granza y de luna
Como los nombres de antiquísimos distritos
Los blancos manteles los niños rojos
Donde las damas de yeso que sonríen en la penumbra
Llevan en el cuello un corazón de madera patinada
Más pesado que si hubiera estado latiendo por siglos
Al unísono con el mar

El rumor de las cañas se volverá un día más persistente que nunca
Nunca retendrá la vida en un guante de silencio
Y la fuga del agua que mide el beso de una golondrina
No tendrá más soles que tus ojos
Pero qué quedará de tus ojos
Llena de lágrima llena de gracia
Quedará mi vida sumergida para siempre
Entre el manto de pirata de las selvas
Que tanto quisimos
Y la solemnidad de las arenas donde el rayo
No es sino su reflejo de nácar en mi cerebro
Cómo no tomaré de la mano sino la sombra más clara
Siempre aquella única que vendrá

En esta estación en que las libélulas van en parejas como saetas de luz
Una es el relámpago (toda una vida) de la razón
Finalmente ocupada en los verdaderos problemas
La otra su contrapeso totalmente rubio el amor
Desembocaré en la playa esencial
Conoceré el espacio cedido por el viento al esplendor de las anémonas
Que envuelve mi corazón
Como espuma que rodea los despojos muy lejos en el mar
Un río con el que sueño
Los pensamientos estelares flotan en ese río
Entre mil jaulas de hierba en las que el fuego canta y gira sobre sí mismo
De arena color de humo
A arena color de medias de mujer a arena color de carne
Mi sombra poseerá en conjunto una eternidad roja como el topo de la tempestad
La eternidad
Y esta brisa entre los sauces color de víbora y de espera
Donde la cólera de mis sienes descubrió su nombre

De Des pierres de mouvance








HOSANNAH

Dentro de seiscientos mil años
El venablo como una fiera el caduceo deslumbrado
Por el torbellino de las dos serpientes satinadas que surgen de la caverna de espuma de una enagua con volados
No habrá reconocido la tumba materna
Ni encontrado al Dios que no existe

Dentro de seiscientos mil años cuando esta carne
Que es la mía y que desposa la tuya en este instante
Sólo sea un poco de arena en una playa desierta
Y cuando la playa sólo sea un leve hundimiento
En el Océano confuso de un planeta sin luz
Y cuando el planeta se disperse al soplo de un cometa nunca calculado
Para renacer tal vez
En átomos de un cielo que ya no tendrá nombre

Hosannah por este desastre que no puedo pensar,
Hosannah por esta estrella azul como un cráneo
Por los témpanos y los basaltos que se hundirán
Y por la playa donde ese poco de arena habrá rodado
Hosannah de antemano por esta arena
Que cambia nuestros dos cuerpos por su peso en oro

En el solo reloj de arena de sol desesperación
Hossannah
Por este enceguecedor minuto que ya se devora
Hosannah por la página que está desmoronándose en donde nuestros nombres forman sólo arabescos
Mi amor por tu carne y la nuestra
Hosannah en seiscientos mil años
Nada quedará de esta gloria y de ninguna otra

(Versión: Susana Murguía)

Traducción: Alianza Francesa.

Los arcanos mayores de la poesía surrealista. Buenos Aires. Alianza Francesa, Editorial Argonauta. 1992. Págs. 69-71.