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jueves, 3 de noviembre de 2016

CONRADO SANTAMARÍA [19.454]


CONRADO SANTAMARÍA

Conrado Santamaría Bastida (Haro, La Rioja, 1962). Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca. Ha colaborado en revistas digitales y de papel como MLRS, Al margen, Rojo y Negro y Zoozobra Magazine. 

Entre sus publicaciones están Canciones y revuelos de Pillín Pilluelos (poemario infantil inédito) y La noche ardida (también
inédito). Cancionero de escombros con hoguera (Trabuco ediciones, 2014) y De vivos es nuestro juego (Ruleta Rusa Ediciones, 2015).

Es militante de CGT. Ha participado en el libro /CD Voces del extremo:
Poesía y dignidad (Ateneo Riojano, Logroño, 2011) y en el poemario 65 Salvocheas (Editorial Quorum, 2011) y en diversas revistas digitales y de papel (Libre Pensamiento, Caleidoscopio, MLRS, El Perdigón...


La noche ardida
En Revista Viento Sur nº 120


Hoy la luz de la tarde
comunica a las cosas
un palpitar extraño,
un lento escalofrío,
como si el eco inconfundible
de un grito no emitido
persistiera en el aire,
ahondándose y ahondándonos.
Las ramas de los árboles crispadas,
la sombra de las nubes en el valle
como un reptil herido, los jirones
de niebla en la distancia,
el vuelo de los pájaros suspenso…
Y así todo parece
replegarse en sí mismo,
querer ir abreviando
su pulso y nuestro pulso,
la llama de una vela
que ya presiente su último latido.


Y podría haber sido aún más difícil.

La disciplina recta
del cuarto de las ratas siempre a punto
con razonables dientes. O la raya
de luz bajo la puerta a medianoche
con llanto en el pasillo.
O la sangre más cruda
de un padre acribillado en la cuneta
de una guerra perdida para todo.
O el hambre ya sin dioses
y sin sendas, como otro surco abierto
a la nueva semilla que se pudre
lentamente sin germen
en mitad de la ciénaga.
Sin embargo, todo fue más sencillo
y más indescifrable.
Las calles a finales de un septiembre
recién oscurecido y ya sin gente.
Y el doblar de campanas escindiendo
las huellas y filtrando
en todas las paredes humedades
que el tiempo afianzaba.
Y los olores viejos. Y el silencio
que abría cicatrices y cerraba
bajo una llave muerta la despensa.
Y volando por el cielo
la picaraza izquierda inexorable.



Y es un instante todo.

Humo
que en la distancia surge
y se deshace
como ofrenda a la nada.
Y en este altar,
que parecía eterno,
de golpe ya no queda
ni víctima, verdugo, ni testigo,
tan sólo una ceniza
sobre la ausencia de las cosas
y de los nombres muertos.
Liturgia del vacío.
Un humo en la distancia,
que en este instante es todavía y nunca.
Ya de regreso en casa me detengo
junto a la puerta.
Escucho.
Un vacío sin ecos me conforma.



LA CASA CERRADA

Esta casa cerrada tantos años
donde el aire no corre y huele a moho
y a fermento y a estrago,
y es el polvo la flor de la carcoma,
y tan viciado y tan enrarecido
está el eco en tinieblas
de las voces que alguna vez sonaron
que es muy duro, sangriento, el respirar.
Esta casa en derrumbe y habitada
por el rencor sin fraude
en cada cuarto, en cada
hondo rincón, en cada desconchado,
donde supura el agrio
afán de la inocencia y su materia
gastada por el miedo y los despojos
de la vergüenza herida.
Esta casa sin camino ni altar
ni tiempo ni esperanza,
puesta en abismo en medio de este pueblo
donde nada se cría, salvo el dócil
estertor de la piedra y el sudario
de la bruma en suspenso.
¿Qué vendaval, qué noche enfurecida
de qué próximo año,
arrancará de golpe
la herrumbre de los goznes
y abatirá las tablas
antiguas que condenan
las puertas y ventanas? ¿Qué aire vivo
aventará por fin el polvo muerto,
tanta miseria indigna,
y tanto hedor de tanta podredumbre?



Se me caen de las manos las palabras,
el sentido, la vida,
esta tarde de marzo en que las cosas
se muestran como ajenas,
sin aroma ni flor,
sin poros y sin fondo
ni caridad ni amparo. Yo camino
descabalado y solo
junto a un río que solamente es río,
bajo un cielo que no me corresponde,
entre piedras y álamos
que apenas si son álamos y piedras.
Los signos ¿dónde han ido?
El aire se enrarece y lentamente
se me enturbian los gestos en las aguas
de un mundo enmudecido.



PRIMERA APROXIMACIÓN

Este verso es verdad porque emociona,
porque arrastra a la sombra y al abismo,
si nombra luz y muestra una baraja
con seis ases de espadas que son copas;
este verso es verdad porque es un fuego
que incendia trampantojos y postizos,
mientras la lluvia cae dentro de casa
y tú me lees con tu piel mojada;
este verso es verdad porque es espejo,
porque es semilla, búho, aurora y fiesta;
este verso es verdad porque la muerte
se agazapa también tras cada acento;
este verso es verdad porque me miente.



ME OFRECES SIEMPRE DUDAS

Quizás no quede nadie más allá de la noche,
quizás las vestiduras se rasgan en silencio,
quizás las amapolas han sido siempre sangre.
Me ofreces siempre dudas como quien da un abrazo,
un abrazo tendido en el andén desierto,
el tren en la distancia, la maleta olvidada.
Me ofreces siempre dudas como si fuera un ramo
de flores luminosas en la niebla del puerto,
el barco en la distancia, la sirena sonando.
Me ofreces siempre dudas,
y yo te lo agradezco
y me quedo contigo a construir la casa
e hincar nuestra bandera cuando cubramos aguas,
para que el viento tenga colores donde asirse.
Me ofreces siempre dudas como quien da sustento,
como quien da horizonte al viajero esperado



CON BARRO OTRA ESPERANZA

Cuando el cálculo ha muerto
tras una vida en nada,
y la geometría del amor,
triste conciencia,
se hizo rota veranda donde asoma
el pánico su rostro extraviado
-a lo lejos, un páramo en ceniza,
derribadas estrellas, derrelictos,
duras migas de pan como palabras
olvidadas del tiempo, ya sin uso,
que no llevan a casa-, ¿qué nos queda,
mi amor, salvo este adobe
en ruinas, que ahora toco y se deshace
crujiendo entre mis manos, aventando
la pureza de tantas lluvias idas,
de tantos soles nuestros? ¿Qué nos queda
salvo esta tarde
penúltima de invierno ya sin nieve
y sin fábula?
Alárgame tu mano,
compañera,
y, en silencio y sin queja,
acaricia esta arena con tu arena,
tu agua con mi agua,
hasta formar de nuevo con barro otra esperanza,
antes que el vendaval del olvido nos disperse.





De vivos es nuestro juego. Ed. La Baragaña, 2015


A VECES UNO PIENSA

A veces uno piensa,
                                   y se debate
entre el amor al látigo y el precio
en crudo del pesebre
y el desprecio sangrante
de sí mismo, del yugo y del estigma.

A veces uno piensa,
                                   y se percata
de la carrera atroz trampa adelante,
de la voraz subasta
con muerto en las vitrinas,
del púrpura antifaz de la impostura.

A veces uno piensa,
                                   y se deshace
la carne del temor con su harapienta
mortaja de silencio,
la ceniza sin fe,
el templo de la muerte y sus cimientos.



CARNE DE PROCESIÓN

Fueron tiempos de hechizos y deslocalizaciones,
de estiércol y fuegos artificiales.
No sé si os acordáis.

Nosotros,

encorvados y alegres,

procesionábamos delante de las oficinas del paro vestidos de nazarenos,
procesionábamos por la mañana y por la tarde,
entre el redoble de los tambores y el estruendo de las cornetas,
procesionábamos por las noches también,
cuando las puertas de las oficinas habían sido clausuradas
y en sueños sudorosos nos empeñábamos en procesionar.

Bajo la lluvia, bajo la nieve, bajo los arduos rayos del sol
procesionábamos.

Procesionábamos
con nuestros propios pies, que descalzos arrastraban las cadenas,
procesionábamos
con nuestras propias manos, que ensangrentadas manejaban la disciplina,
procesionábamos
con nuestra propia canción, que silenciada se adhería a la polvareda.

Éramos carne de procesión.
           
Nuestros capirotes señalaban arrogantes el cielo,
mas la luz les huía,
nuestros cirios encendidos apenas iluminaban,
nuestros sambenitos devolvían su amarillo festivo a los ojos agradecidos de los espectadores,
que deslumbrados apartaban la mirada.

Procesionábamos interminablemente,

delante de las oficinas del paro,
delante de los estadios,
delante de los cuarteles,
delante de las catedrales,
delante de los patíbulos,
delante de las grandes superficies,
delante de los cementerios,
delante de los concesionarios,
delante de los parlamentos,
delante de las fundaciones,
delante de los hospitales,
delante de las cajas de ahorro,
delante de las cárceles,
delante de las administraciones de lotería,
delante de las escuelas,
delante de los parques temáticos,
delante de los manicomios,
delante de las redacciones,
delante de los urinarios,
delante de los zoológicos,
delante de los paraninfos,
delante de las comisarías,
delante de los solares en construcción.

Y procesionábamos delante de nosotros mismos
que nos mirábamos galvanizados y sonrientes por debajo del capirote
sin querer comprender.

Sonámbulos durante el día
y durante la noche sonámbulos.

Procesionábamos y procesionábamos
y a nuestras espaldas
no se derrumbaban edificios en llamas,
ni las nubes descargaban torrentes de sangre,
ni surgían del fondo del mar serpientes emplumadas,
ni las mujeres parían entre gritos niños decapitados.

Éramos carne de procesión.

Aquellos tiempos
de  verbenas y capitulaciones.

No sé si os acordáis.



YO ME CAGO EN BOTÍN TODOS LOS VIERNES

Yo me cago en Botín todos los viernes,
y los lunes también, cuando amanecen
los números en rojo, la quincalla,
los muertos robacueros y chinchetas.

Yo me cago en Botín por las mañanas,
por las noches también y al mediodía,
lluevan hostias, granicen pelotones,
capen a escuadra el rabo de mi boina.

Yo me cago en Botín sin calendario,
en cuclillas, boca arriba, al tresbolillo,
en público, en privado, con soltura,
luego me voy silbando, y ahí queda eso.

Yo me cago en Botín con beneficio,
yo me cago en Botín puerta por puerta,
yo me cago en Botín ciento por ciento,
yo me cago en Botín diente por ojo.


PREGUNTAS DE UNA MUJER QUE LEE
                                                          
Para Bertolt Brecht

¿Quién amasó el pan de los que edificaron Tebas, la de las siete puertas?
En los libros no se menciona el nombre de ninguna.
¿Acaso reyes y canteros madrugaron por leña para encender el fuego?
Y en Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién acarreó el agua para los que la levantaron otras tantas?
Y en Lima, resplandeciente de oro, ¿quién limpió las chabolas donde vivían los albañiles?
¿Quién les hizo la cena a los obreros la noche que terminaron la Muralla china?
La gran Roma está llena de arcos de triunfo.
¿Quién curó las heridas de quienes los erigieron?
¿Quiénes amortajaron a los vencidos por los soldados de los césares?
Bizancio, tan enaltecida,
¿acaso no tenía lavaderos para hacer la colada?
Incluso en la legendaria Atlántida, la noche que fue devorada por el mar,
hasta los esclavos que se ahogaban clamaban llamando a sus mujeres.

El joven Alejandro conquistó la India.
¿Quién amamantó y crio a sus soldados?
César venció a los galos.
¿No llevaba tras sus legiones siquiera unas prostitutas?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota.
¿Nadie más lloró la muerte de los marineros?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años.
¿Por qué siempre la guerra para resolver conflictos?

Cada página una victoria.
¿Quién fregó la vajilla del banquete del triunfo?
Cada diez años un gran hombre entre hombres.
¿Quién pagó los platos rotos?

Tantas historias,
tantas preguntas.



EL PRODIGIO DEL PAN

Y sin que ya esperáramos colores
después de tanto oscuro u otro gusto
distinto a la ceniza,
después de tanta hambruna a las espaldas,
¿quién nos iba a decir que esta mañana,
con palabras corrientes,
con los gestos más simples,
con los mismos pigmentos que antes despreciáramos,
íbamos a alcanzar lo que ahora toco?
¿Os acordáis? Un día
sacamos el mortero
y majamos al fin nuestra ceguera
hasta mudarla en harina de luz,
y la amasamos,
y de nuevo encendimos el horno de la plaza
para cocer alegres este asombro
de pan que ahora
compartimos,
compañeros sin más, al mediodía.



Rendijas las palabras

Se nos dice va y viene
el viento desde siempre ay enredando
las nubes los mercados
de su peso que caen
como manzanas
y se alzan se nos dice
los córneos armadillos consejeros
de natural necrófagos y el ciclo
de la lucha se nos dice por la vida
los muertos tan motores de la historia
entre ruinas de un muro de un cortijo
confuso se nos dice la paciencia
y no hay otra baraja
ni más vueltas
se nos dice no hay tutía
                                 y nosotros decimos
el viento desde dentro desde siempre
ay enredando nubes
manzanas y armadillos
muñecos y ventrílocuos decimos
el mismo mandamiento y a la espera
del milagro decimos del esclavo
en el solar en venta insostenible
con miedo en la garganta
y obedientes decimos consumada
la condición humana
tal y como
si no hubiera hendiduras
si no hubiera rendijas las palabras
los hallazgos
si no hubiera un adentro más adentro
con una voz distinta más genuina.



CIE

Con motivo de la reciente muerte de una inmigrante en el CEI de Aluche. Un auténtico crimen legal.

Sé que no abriré esta puerta impunemente,
mis papeles en regla
contra el azul en púas,
mi frente y mi perfil contra las cifras,
contra el plástico atroz,
impunemente,
contra el cristal tatuado de labios como llagas.
Esta puerta que reza
iniquidades
en las lenguas más cultas de la jungla,
que se extiende en el tiempo
como un hilo de sangre
hasta los hornos,
hasta la sucia arena
de playas que recuerdan,
hasta el cerco primero que acotó la vergüenza.
Un oscuro consuelo
supura la costumbre si se mata
sordamente el escrúpulo.
¿Qué le importa al salario
cuánto aprieta el grillete?
¿Qué le importa al testigo la mordaza?
¿Qué le importa al usuario
el color de la sangre?
No hay tristeza o refugio en el pecho del fuerte,
que se lava las manos y pasea
bien limpia su justicia.
Impunemente.
Yo sé que no abriré esta puerta impunemente.



Tardes de circo

Se acabó la fanfarria y de repente,
sostenido en el aire,
un redoble marcial con pantomimas 
organiza el fervor entre las gradas.

Crece y crece el tambor sin memoria o mañana, 
crece a jugos la sombra, 
la entrega de los pulsos, 
el fatal estandarte de la pista.

Bajo la luz del foco 
el domador 
ordena, disfruta, se atusa los bigotes.

Nunca sabrás,
oh, respetable,
oh, público sin tacha,
desde dónde te aprontan el instinto,
desde dónde consientes con el aro y la fusta.


Justo al borde

Justo al borde, 
ahora que hemos llegado justo al borde
Y los hechizos todos

(el nacar de las uñas y el teléfono
móvil y la casa perdida 
en la montaña y el desmayo 
violeta de una nube como espejos 
guiñándonos un ojo)

                               han sido clausurados,
justo al borde,

sentimos en la cara el viento cómo 
azota, cómo el vértigo 
aúlla en nuestro oído,
cómo retuerce el miedo, mientras

justo al borde, 

el pie tantea y se desprende
como un adiós la piedra 
en el vacío y nuestra mano,

justo al borde,

busca otra mano, otra 
en que ampararse, 

justo al borde 


y no hay lugar.




.

martes, 25 de octubre de 2016

JOSÉ RAMO [19.372]


José Ramo

José Ramo Gómez nació el 1 de marzo de 1945 en Bañón (Teruel) - Falleció en Agosto 2014. Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Zaragoza, y afincado en Logroño desde 1977, entre ese año y 1993 trabajó como profesor de Lengua y Literatura españolas en distintos institutos de La Rioja, principalmente en la Universidad Laboral, de la que fue un tiempo director y en la que formó a varias promociones de alumnos, entre los que se cuentan los escritores Bernardo Sánchez y Andrés Pascual, el periodista Pablo García Mancha o el diseñador gráfico Jorge Elías Palacios. Profesor muy querido por quienes pasaron por sus clases, sus antiguos alumnos han evocado siempre con respeto y gratitud su figura y su ejemplo. Entre 1993 y 1999 trabajó en al Cité Scolaire Internationale de Lyon, adscrito a los servicios de Educación Exterior del Ministerio de Educación. Concluyó su carrera profesional en el Instituto Francisco Tomás y Valiente de Fuenmayor (La Rioja).

A mediados de los años ochenta dirigió en Logroño la revista Calle Mayor (1985-1989) y participó, junto a Manuel de las Rivas, Pedro Santana y otros, en la creación de la Biblioteca Riojana, dos de las más destacadas iniciativas de la cultura riojana de esos años. Como poeta y como traductor colaboró también en la mayoría de las revistas literarias riojanas (L´Anguilla, Fábula, Mangolele) y en jornadas y congresos literarios como el Primer Congreso de Escritores de las Autonomías, que tuvo lugar en Hervás (Cáceres) en mayo de 1987. Publicó un estudio sobre la pintura de Enrique Blanco Lac y traducciones de poetas como Tristan Corbière y Jules Supervielle. Fue colaborador de la revista bonaerense Hablar de poesía, dirigida por su amigo Ricardo Herrera y mantuvo una estrecha amistad con dos generaciones de poetas riojanos, que lo hemos tenido por maestro y hermano mayor.

Cinco libros –Estrategias (La Torre de los Panoramas, 1981), Aparte (AMG Editor, 1991), Arte de cámara (AMG Editor, 1995), El oro de la edad (AMG Editor, 1997) y Para cantar a solas (Ángeles Sancha Libros / Fulgencio Pimentel, 2015)–, tercamente organizados a la manera algo “ingenieril” del autor, es decir con secciones, subsecciones, series numeradas, lemas y epígrafes, son la obra toda de José Ramo, que ronda los doscientos poemas. No es improbable que entre sus papeles puedan hallarse todavía esas notas volanderas de uno, dos, cuatro o cinco versos, escritas con trazo elegante y resuelto sobre fichas blancas, que solían derivar al cabo del tiempo en sus bien perfilados textos. Puede decirse, además, que, si hacemos excepción del póstumo Para cantar a solas, José Ramo editó sus libros cuando y como quiso editarlos, materializando en cada ocasión proyectos que lo acompañaban durante un tiempo, para aparecérsenos a los amigos, una vez superado el largo proceso de maduración, con ese aire rotundo de cosa pensada y repensada que tienen sus libros.

Más allá de sus episódicas inquietudes de “hombre de letras”, José Ramo fue un poeta: intenso, riguroso, enigmático a veces. He antologado su poesía en dos ocasiones antes de ahora, y en cada caso he sentido la poderosa atracción de algunos textos que, desgajados de la estructura del libro que les da cobijo, adquieren condición de “artefactos perfectos”: poemas inolvidables donde con solemnidad casi siempre irónica el personaje poético reflexiona, invoca, se mira escribir o disecciona una figuración, con muy raras concesiones al sentimentalismo o a la melopea de los buenos propósitos y las bellas palabras. 

Texto de Alfonso Martínez Galilea


Bibliografía. Obras de José Ramo Gómez

Libros de poesía:

Estrategias. La Torre de los Panoramas. Logroño, 1981.
Aparte. AMG Editor. Cuadernos de la Selva Profunda, 4.Logroño, 1991.
Arte de cámara. Gobierno de La Rioja. Chapiteles, 5. Logroño, 1995.
El oro de la edad. AMG Editor. Cuadernos de la Selva Profunda, 17. Logroño, 1997.
Para cantar a solas (En preparación). Ángeles Sancha Libros. Logroño, 2015.

Relato:

Hasta dejarlo todo atrás. V Premio De Buena Fuente de Relato. Ayuntamiento de Logroño. Colección De Buena Fuente, 5. Logroño, 1990.
Centauro. En Relatos riojanos. 1995. La Rioja. Logroño, 1995.

Antologías:

-Poetas en La Rioja. Manuel de las Rivas, Ramón Irigoyen, Roberto Iglesias Hevia, José Ramo, Francisco Ibernia, Alfonso Martínez Galilea, Pedro Santana. Fundación Pablo Iglesias. Logroño, 1984.
-Antología de Poesía en La Rioja (1960-1986). Manuel de las Rivas, Emilio Sagasti, Ramón Irigoyen, Roberto Iglesias Hevia, José Ramo Gómez, Ángel Compairé, Luis Martínez de Mingo, Javier Pérez-Escohotado, Francisco Ibernia, Raúl Eguizábal, Miguel Fernández Cid, José Ángel Escuín, Alfonso Martínez Galilea, Pedro Santana, Juan Manuel González Zapatero, Fco. José Quintana. Gobierno de La Rioja. Logroño, 1986.
-Un día en la vida de Logroño. Edición de Alfonso Martínez Galilea. Manuel de las Rivas, Emilio Sagasti, Roberto Iglesias, José Ramo, Francisco Ibernia. Pedro Santana, José Ignacio Foronda, Juan Manuel González Zapatero, Paulino Lorenzo. Ayuntamiento de Logroño. Logroño, 1995.
-14 poetas riojanos en las Jornadas de Poesía en Español. Edición de Alfonso Martínez Galilea. Manuel de las Rivas, Roberto Iglesias, José Ramo, Luis Martínez de Mingo, Javier Pérez Escohotado, Francisco Ibernia, Raúl Eguizábal, Desiderio C. Morga, Pedro Santana, Juan Manuel González Zapatero, José Ignacio Foronda, Ángel María Fernández, Rafael Pérez Foncea, Paulino Lorenzo. Cultural Rioja. Logroño, 2008.

Ensayo:

“El escritor en las autonomías: La Rioja”. Ponencia presentada al Congreso de Escritores de las Autonomías. Hervás (Cáceres), Mayo de 1987. “Blanco Lac: la pintura como invención”. Cultural Rioja. Logroño, 1992. 2ª edición: Museo Camón Aznar. Zaragoza, 1994.
“El origen de Logroño”. En Logroño, en miles de colores. Ayuntamiento de Logroño. Logroño, 2001.

Traducción: 

“Dos versiones de Tristan Corbière”. Traducción de José Ramo. AMG Editor. Sueltos de la Selva Profunda, 6. Logroño, 1997.
“5 Poemas de Alfonso Martínez Galilea” (Traducidos al francés). En Dibujos de Tito Inchaurralde. Creator Book. Barcelona, 2004.
“Tristan Corbière: Diez poemas”. Nota y traducción de José Ramo. Hablar de Poesía. Nº 16. Buenos Aires, 2006.
El forzado inocente, de Jules Supervielle. Traducción, introducción y notas de José Ramo. Pre-Textos. La Cruz del Sur. Valencia, 2014.
Brassens, la libertad, de Joan Sfar. Traducción de José Ramo. Fulgencio Pimentel. Logroño, 2014




“Si en campos de Teruel,
en altas sierras
veis mi cuerpo tendido
bajo el sol,
quebrado
y solitario,
no lo cubráis de tierra.
Tened misericordia
de los buitres
y las hienas”.




José Ramo diez poemas
Selección de Alfonso Martínez Galilea


De Estrategias



FINAL DEL CERCO

No importa que la música
se levante desde las murallas
anunciando el final del asedio.
Cuestiones de estrategia.
Un día espadas, muros, hombres
cederán al óxido y al cardo,
definitivamente la memoria
se inclinará por las laderas
y lo que quede aquí será
un asunto de nombres
bajo el rigor de notas eruditas
y monedas.



DE LAS MÁXIMAS

De aquellos apotegmas que hicieron mi fervor
iluminando por un instante día o carne
he aprendido precarias nociones
de manual y verdades exiguas.
Cae el amor, el éxtasis altísimo.
Ni siquiera su luz fue suficiente.
El mar se fatiga en los acantilados.
Elegir algún modo de vida improcedente.





De Arte de cámara


PENSEMOS EN ULISES QUE VUELVE

Pensemos en Ulises que vuelve:
entraba con la oscuridad
quien no podrá ser conocido,
no por años
o la ausencia abolida en las telas,
sino porque hay muchas vidas en el rostro del héroe,
una múltiple concurrencia de ulises en Ulises
y un silencio que se aproxima a la verdad.



IMAGO MUNDI, IX

Fueron ciertos algunos atardeceres en campos de Teruel,
ciertas las voces que perdí,
cierto el furor de los machos en el aguadero,
y la Rambla, y la Umbría de las Acederas.
Acerco la carrera a Cosa
por la que subo y me declino
y no espero que los dioses se apiaden de mí.
En blancas tierras se confunden los huesos de las gentes que amé.
Suma de cuerpos, sombras y palabras son
los días que regresan.
No regresan.



FUNDAMOS NUESTRAS ESPERANZAS…

Fundamos nuestras esperanzas
en los días
arrebatados a la eternidad.
De un expolio arrancamos
oficios y saberes.
Pero no hemos sabido olvidar a los dioses.




De El oro de la edad


DISCURSO

Durante muchos años las estaciones fueron
semejantes a la eternidad, discurrían
inmunes al acoso del viento y la nieve
sin tregua hasta final de abril,
o al estallido de la primavera, a la luz
más terrible de agosto, al caer de la mies.

De un puro sucederse, a veces, ya en las altas horas,
la palabra que insiste incendia todavía
los antiguos pasajes que inventó la memoria.

En el orden vagamente dichoso
que requiere un sentido a la vida y las cosas
he buscado que todo terminase
con algún episodio feliz o sagaz.
Finalmente,
he aceptado una verdad más simple
y dolorosa: el tiempo
acabó con el Tiempo.




OBRA DEL TIEMPO

Desde la galería abierta al sur
avanzo por el largo pasillo
hasta los altos ventanales
que buscan la Redonda
y la costumbre de los soportales.
Palomas y cigüeñas cortan
la leve luz ecuánime
y las torres de piedra.

Alguien repetirá estos pasos
en apariencia igual que yo.

Quizá un invierno largo
haya sido su herencia
y la distancia y otra latitud.

O una suma de versos postergados,
el olor imperioso de un libro
que se ofrece y se cierra igual que una mujer.

Las armas oxidadas para aquel que regresa
y escucha, ya vencido,
los pasos que deben sucederle
desde la galería abierta al sur
hasta la luz inhóspita del norte
por el mismo pasillo.




De Para cantar a solas


EN UN OSCURO VIAJE

Una mano ominosa ciega las salidas,
rompe el Tiempo en el tiempo, y la vida
es sombra ya de un sueño que no termina nunca,
es una vasta eternidad desasistida en que las furias
nos azotan insomnes sin piedad y sin tregua
como la luz a Edipo en su ceguera.




CORTINA

Niebla densa y silente
habrá cubierto la fotografía
que te acompañó.
La que marcó las páginas de un libro y te sostuvo
en las noches de insomnio, entrado ya el invierno,
cuando todo iba de mal en peor.
Con ansiedad la seguirás buscando
entre los libros de tu biblioteca.
Tal vez algún contorno leve,
un poco más oscuro,
te permita recordar la instantánea:
el rostro en primer plano
y la luz azulenca, en el fondo,
que venía del mar o era el mar.
El tiempo habrá borrado
la fiebre que animaba una boca precisa
y esa melancolía de los ojos
que siempre parecían estar diciendo adiós.
Este es, amiga mía, el viaje a los infiernos:
la memoria abolida,
un silencio sin luz
por el que avanzas solitaria y ciega
y el regreso imposible a la carne que amaste,
al cuerpo que te amó.




VOCES CONSENTIDAS

¿Qué hicimos de las voces que una vez florecieron
-nombre y boca ofrecidos al temblor de la espera,
canto abierto incansable en el mar del oído?
¿En qué pliegue del cuerpo nos hemos refugiado
-sombras de otras hogueras-,
en la costumbre diurna de qué ciego redil?

Para que nuestras palabras se acordasen
en el plácido reino al que se entra con fe,
una cháchara fútil dispersó nuestras voces
y la risa cobarde nos alimentó.
Fuimos menos que nada en la puja final de los deseos
y dóciles nos dimos al primer impostor.

Conocimos la noche y en la carne humillada
el estigma del fuego: marca oscura del Padre
desvaneciendo un sueño de altas velas henchidas
y vientos favorables abriéndonos al mar.

¿Muere aquí lo vivido? ¿Estamos escribiendo
el final de una historia antes del fin?

Háblame todavía del común abandono
en las desvanecidas tardes de la adolescencia.
Recuérdame que entonces las voces confundidas
se abrían hacia campos de soles o azafrán,
que en las blandas arcillas de una balsa en la sierra
modelamos los labios sin culpa en un juego consentido y veraz.

Dime que aún hubo noches en que la luz temprana nos reconoció
-viajeros que han amado para siempre la boca y la semilla.

Dímelo una vez y otra vez para que en adelante no seamos
el eco de unos nombres que se desvanecen.







.