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martes, 21 de febrero de 2017

CARLOS MAZARÍO [19.960]


CARLOS MAZARÍO 

(Alicante, 1977) es Licenciado en Humanidades por la Universidad de Alcalá y profesor de Geografía e Historia en un instituto público. Es autor de los poemarios “Un incendio” (Groenlandia, 2015) y “Mi vida en Camposanto” (Inventa Ed., 2016), así como del blog personal “La poesía etcétera” (etceterapoesia.blogspot.com). 

Carlos Mazarío ha ganado el IV Premio de Poesía Asociación Cultural Fractal, con el libro Movilidad Exterior. El jurado resaltó su coherencia y buena construcción, siendo un libro redondo en todos los aspectos, y por su lúcida crítica a una crisis económica, y a un mundo, el del ladrillo y el de la corrupción política, que ha producido un éxodo de jóvenes hacia otras tierras. Este canto a los jóvenes emigrantes está plagado de referencias literarias y combinado con un lenguaje poético trabajado, con interesantes juegos conceptuales.



“Un incendio” (Groenlandia, 2015)


CUENTOS
CHINOS

HAY DÍAS QUE SON CLAROS
como los ojos
              / del pescado fresco,
en que la verdad luce
en el reflejo en los escaparates
de una cara angustiada. 

Son días en que el aire
se exilia en los rincones de las calles, 
deja un vacío denso
que duele, más que pesa,/ 
                 y sin embargo,
nos cuesta respirar, 
            / porque lo hacemos
casi sin interés, que ya no hay nada
que pueda mantenerlo.




HACIA INCENDIOS FUTUROS
galoparé, no os quepa la menor
duda, que mi vacío necesita
otra paz, otras tierras, 
                    / otra sangre.

Habrá más fuegos que vengan, 
                    / vibrantes,
azules, redentores,
en una ardiente huida que fecunde
hojas de un calendario inexistente,
páginas aún no escritas de un libro 
                  / insospechado.

Serán llamas como enormes palmeras,
una matriz inmensa con puntas 
                  / encendidas
que venga a liberarme de  
                 / estos días oscuros
en los que no hay certezas, 
                no hay ciencia, 
                      no hay palabras,
sólo hay tiniebla, y vago
buscando estrellas, luces
que iluminen la estancia 
                 / en que tropiezo.
Pero no,el muro está en mis ojos tapiados, 
                / y lo veo
desde su vientre, bastos costurones  
                / de yeso
cegando mi mirada.

Ante esto, dónde están 
               / los fuegos sanadores,
los incendios que un día llegarán, 
               / los volcanes
que estallan con bramido 
               / poderoso, 
las llamas
que prenden los recuerdos,
              / lo oscuro, lo maligno,
convirtiendo en cenizas el dolor,
en lluvia de pavesas abstractas
              / el pasado,
lo amado, lo que hiere.

Han de venir, vendrán;
veo su luz, a tientas, al fondo
               / de este túnel.



NUNCANADANADIE

QUÉ VA A SER DE TI,
sombra infeliz,
cuando termine todo,
cuando acabe la lucha,
cuando los ojos turbios 
          de los combatientes
estén secos 
      como lagunas tristes 
            en verano.



Mazarío, Carlos. Movilidad exterior. Albacete; Asociación Cultural Fractal, 2016.


MOVILIDAD EXTERIOR

En la sesión plenaria de los martes
la señora Ministra se encarama
al estrado, con su traje de chaqueta,
dejando en el escaño un portafolios
y un bolso de Chanel. Como es debido
saluda al Presidente y se dirige
en discurso leído a sus colegas,
y con gran desparpajo
acuña en un momento dado el término:
movilidad exterior.

                                   Su puta madre.



REY

Ahora vuelves
a la que nunca dejó de ser tu casa
—la llamabas así, recuérdalo,
voy a comer a casa, me decías—,
pero entonces regresas
y tu cuerpo es extraño en una cama
de noventa, con sábanas que huelen
a adolescencia, con la ventana triste
por la que ves las bragas color carne
de la vecina en el patio de luces
tan oscuro, y hoy todo te molesta,
te molestan los gritos de tu madre
y el ruido de la tele, la cisterna
con su goteo atávico,
el gotelé amarillo y la cenefa
de frutas y pucheros, los ronquidos
en el insomnio negro en que te ensañas,
y te dices me tengo que marchar.

Marchar a dónde, rey.

Qué hueco tan profundo
tener que irse y no saber a dónde.



RADIO

Tal vez no ira, pero algo parecido,
una concentración de odio prehistórico,
la bilis de un dragón, la sangre enferma
de mil generaciones de paganos,
una explosión atómica en el vientre
oyendo las noticias.



DÍAS ROJOS

Qué humillación abrir cada mañana
los ojos, y no hallar
más que el mismo almanaque en la cocina
lleno de días rojos, y tu madre
que ya no te sostiene la mirada.



LOS PERROS

Ahora no tienes más ya
que la sombra del hueco de tu mano,
y tus días son tiempo,
y el pasado no existe,
y el futuro tiene el color exacto
del fondo de los ojos de los muertos.

Has de marcharte ya. Tienes la puerta
como equis en los mapas,
y tus conversaciones se llenan de maletas.

Has de marcharte ya, pero no lo haces:
huelen los perros tu miedo a partir.



MOEBIUS

Ves circular maletas con los ojos cansados
y temes haber perdido la tuya,
pero no, esa es,
la que desborda títulos, y tiene
el color del fracaso y las noches en vela.



DEUTSCHLAND ÜBER ALLES

Alemania desfila
a ciento treinta y cinco kilómetros por hora
al otro lado de la ventanilla.

Yo conduzco, tú callas a mi lado.

Montículos de nieve endurecida
se van quedando atrás de forma sincopada,
con ritmo subrayado
por el diapasón del limpiaparabrisas.

Al helarse, la nieve se encoge y se comprime.

El corazón se hiela también, también se encoge
en esta carretera tan moderna
que no limita la velocidad
de nuestra huida a lo desconocido.



C.V.

Lo prudente sería
enviar formularios, apuntarse a academias,
tener un cierto colchón económico,
buscar lazos de afecto —conocidos
de amigos de amigos de conocidos—,
una casa con alquiler barato,
un entorno no hostil.

Estamos condenados
a una audacia rayana al despropósito.



DIÓGENES

Dame un libro y un sitio donde huela
a tu sexo. No necesito
más.



LE PARADISE

Extrañeza de sentirse a un tiempo
expulsado y querido.
También tenemos ocasión de reírnos
aquí fuera, aunque el llanto
nos crezca de las manos como dos hormigueros,
corales a la vez fecundos y dañinos,
con su sabor a sangre
y su dulzor.
Esta vez el paraíso son los otros
                                                                 países.



PERSPECTIVA AÉREA

En verano volvemos.  Todavía
están los padres y están los abuelos,
y los amigos nos echan de menos,
reconocemos al llegar olores
y entendemos aún
cada conversación y cada broma,
recuperamos hábitos
que nunca hemos perdido, están bien instalados
en nuestro subconsciente, no se olvidan,
pero al otro verano
nos extrañamos cuando alguien dice algo
arrancado al slogan de un anuncio, o se cita
a una nueva famosa de la tele,
y las zonas de sombra van creciendo,
mueren nuestros abuelos, nuestros padres
se van volviendo ancianos, los amigos
tienen nuevos amigos, nuestros hijos
confunden a sus primos, a los que no ven nunca,
y un verano
no encontramos fecha en la que venir
entre los campamentos y el trabajo,
la invitación a una boda en Bruselas
y otras inmediateces, y ese aire
que nos separa tiñe todo de azul
a lo lejos,
volver ya no es volver,
es sólo ir.



SILENCIO

Se perderán tu sangre y tu apellido,
y tu idioma caerá
como caen en un bosque solitario los árboles,
sin nadie que lo escuche.



EXPORTACIÓN

Compro la fruta en el supermercado
de un suburbio de Lieja. Últimamente
acostumbro a mirar la procedencia
de todo lo que compro. A tres cincuenta
el kilo de naranjas de Valencia. Me llevo
cinco euros de una fruta que nunca me ha gustado
demasiado. Ya en casa
le quito la camisa y, con la precisión de un cirujano,
voy sacando los gajos jugosos, que, en la boca,
con textura de ostra y gusto dulce,
se transforman en algo diferente
a lo que conocía. No es naranja
lo que he comido hasta llegar aquí,
a este supermercado de un suburbio
de Lieja.
                   Qué metáfora.



CAUCHEMAR

Se me viene a la mente en el insomnio
una imagen: una vasta extensión de leche quieta.
De repente
una gota
de petróleo
muy densa.

Así mi corazón en el exilio.



DOS PATRIAS

Tengo en las reuniones
la palabra en la boca y la mirada esquiva,
persigo en los diales Radio 5
y consumo la prensa nacional que me llega
con ansia de tirante en primavera.
En los supermercados
miro las etiquetas como un analfabeto.
Cuando visito al médico
gesticulo con trucos de actor sobreactuado.

El silencio en la noche me da aliento a los días.

En su cuarto, mi hija pequeña duerme
y sueña ya
la mañana siguiente en una lengua extraña.



ALIEN

Sentir como una piel extraña el mundo
que te rodea, ver con ojos vanos
la espesura del bosque, y no encontrar
casa a la que volver.



LISTAS INFINITAS DE VIVOS

                   Lápidas, tumbas con nombres, listas infinitas de muertos.
                                                                       A.M.M.

Pretendéis reducirnos a una cifra,
son veinte, treinta mil,
¿qué proporción es esa
entre cuarenta y cinco millones de personas?
Pero todos tenemos una cara, unos ojos
que lloran, tenemos todos
una vida y el afán de vivirla.
No somos estadísticas. Somos, acaso,
una mujer, un hombre
con la extraña manía de pensar.
También los muertos
son una multitud en términos históricos,
muchos más que vosotros, pero no nos imponen
su visión esquelética del mundo,
la dictadura de su mayoría.
No somos cifras. Yo soy Juan Rodríguez,
arquitecto, poeta, treinta y dos años,
y me echáis al destierro, a mí y a tanto.

Que empiece la revuelta.



NO LUGARES

Nos encontramos bien en aeropuertos,
pues no tenemos patria
y nuestro nombre es Nadie.



ATLAS DEL FUTURO DEL MUNDO

Un barco con bandera de Malasia
llega al puerto de Le Havre una tarde de junio.

Un puzzle de containers de colores
comidos por el salitre y el sol
es desmontado por la garra experta
de las grúas mecánicas.

La carga declarada: ropa cara
de marcas italianas y francesas,
material deportivo hecho por niños,
tecnología punta obsolescente.

La carga clandestina: imitaciones
de marcas italianas y francesas,
material deportivo hecho por niños
y el cadáver de doce polizones.



MANIOBRAS PARA EVITAR LA EXTINCIÓN

El tigre de Siberia se ha asentado
en la zona desmilitarizada
entre las dos Coreas,
la región más inhóspita del mundo
para la vida humana.

Asolado en su tierra,
se desplazó kilómetros en busca
de este refugio de zanjas y alambres
iluminado algunas noches
por fuegos nucleares de artificio.

Le acompañan allí
el leopardo de Amur, y otras especies
inencontrables en el resto del mundo.

El lince ibérico
merodea Melilla.



CEMENTERIO DE COLLIURE

                 ¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
                                                                                                      L.C.

En Colliure reposa
el esqueleto macerado en lágrimas
del poeta que murió de tristeza e ignominia
hace ya tanto tiempo
                    que ahora lo conmemoran
                                             incluso sus verdugos.


MARGEN IZQUIERDA

Te recibe
el humo insano de las chimeneas
que se adentra en tus ojos
a través de las fosas nasales, y te incita
a llorar, a ti que no lloraste
mirando el bulto inmóvil de tu madre
alejándose
bajo el reloj parado en la estación.



MOVILIDAD INTERIOR

Ahora ya no están más, pero hace poco tiempo
—tus padres lo recuerdan—
Madrid sumó al millón y pico de cadáveres
las sombras de varios cientos de miles
más, que no valían nada,
que no tenían nada
más que hambre y la fuerza de sus manos
con las que construir casas insólitas,
desventrar cuevas para guarecerse
—recuerda, fue en Madrid, hace no tantos años,
tus padres lo recuerdan, gente en cuevas,
gente en el barro sucio del Jarama,
la ciudad que crecía como un órgano enfermo,
como la espuma glauca de un océano turbio—
y la burla continua,
y los analfabetos perdidos en los túneles
del metro, y los niños hambrientos
comiendo de un puchero mientras se despiojaban
con sus ojos de niño desterrado,
hace no tanto tiempo,
Madrid, tantos cadáveres
mirando por encima del hombro a sus espectros,
recuérdalo, tus padres lo recuerdan.




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domingo, 8 de enero de 2017

JOSÉ ANTONIO MATEO ALBELDO [19.823]

José Antonio Mateo Albeldo acompañado de Mar Busquets


JOSÉ ANTONIO MATEO ALBELDO

(Valencia, 1966) es miembro del Grup Poètic Argila de l’Aire y del consejo de redacción de la editorial Els llibres de l’argila. Ha sido antologado en: Poesia a contrapèl (1995), En cadena (1995), Ecos (1998), El llibre de l’amor valencià (1999), Antología de poetas valencianos del 90 (2000), Retrato de familia (2003) y Segundo peldaño (2006). Sus poemas han sido traducidos al ruso para la revista internacional Golden Plaza Magazine (2014). 

Ha publicado Alas mágicas (1996), Mundo azul (1999), Instantes de mariposa (2002), La casa donde duermen los relojes (2009) y Poemas que mojó la lluvia (Neopàtria, 2015). 

En 1997 y 1998 es galardonado con la 1ª mención de honor y el primer premio del certamen «Amigos de la poesía» de Valencia. En 2005 recibe en Barcelona el tercer premio del XXIV certamen internacional «Federico García Lorca».



DE: Poemas que mojó la lluvia (Neopàtria, 2015). 

IV

el amor era la curva de los sueños
MAR BUSQUETS MATAIX


Desnúdate.

Muéstrame tu cuerpo de lluvia,
la espuma desolada de tu mar.

Escucha el llanto celoso del viento.

Tengo manos de sal para tu alma.



*


Buscadme a este lado del puente,
donde las montañas pierden su nombre
entre bolsillos rotos,
donde aún se escucha
l rumor del agua sin verla,
donde apetece ser redondo
para sentarse sobre la vida
y contemplar.
Todo acabará muriendo
a vuestro lado del puente.
Aquí,
la brisa nos seguirá buscando.
No somos nada.
Simplemente fluimos…

“Poemas que mojó la lluvia”: José Antonio Mateo Albeldo escribe su particular «canción de la tierra».

“Poemas que mojó la lluvia”: 
José Antonio Mateo Albeldo escribe su particular «canción de la tierra».


Poemas que mojó la lluvia
Neopàtria, 2015

Por José Antonio Olmedo


Poemas que mojó la lluvia es el quinto poemario de José Antonio Mateo Albeldo, poeta convicto, fundador del grupo poético Argila de l`Aire y un habitual en la escena lírica valenciana. Desde sus inicios, hace ya veinte años, con la publicación de Alas mágicas, pasando por Mundo azul (1999), hasta el libro que nos ocupa, ha publicado dos obras por década y en todas y cada una de ellas ha manifestado una particular habilidad para aunar reflexión y sensibilidad en sus poemas.

Su generación es la de Gallego y Marzal, no así su adscripción a la mal llamada «poesía de la experiencia», su singular destreza a la hora de transitar géneros y ponderar densidades lo convierte en un creador de difícil etiquetado. Su poesía es realista, pero también mágica, quizá en este libro sea más experiencial que en otros, más sensorial, pero se advierte en ella una maceración temporal, un trabajo de poda y buen gusto frente al que el buen lector podrá encontrar a un autor verdadero al tiempo que a sí mismo.
A través de los cuatro bloques —sí titulados— en que se divide la obra, encontramos tres constantes: brevedad, aumento exponencial del número de poemas y ausencia de títulos. Esta obra progresa geométricamente en muchos sentidos: en longitud (7, 8, 13, 18 poemas por bloque), en textura (se desplaza desde la tiniebla a la luz), en espacio (del paisaje interior se dirige hacia el paisaje exterior); y además desvela en su primera pieza —a modo de poética— toda su creatividad (neologismo), y a su vez toda la polisemia al servicio de un tema troncal que vertebra este peregrinar en cuatro actos, el amor.


La poeta Mar Busquets-Mataix firma unas palabras liminares como prosaica antesala a lo sinfónico, y en ellas dilucida —además del amor— otras cuestiones vertebrales y argumentales de la obra. Por ejemplo, su morfología de camino, la fusión entre el ser y la naturaleza a través de la contemplación o su honda metafísica expresada a través de signos telúricos, son solo algunas cualidades latentes de este poemario, rasgos que encuentran la argamasa que los une en lo sentimental.

 Armado de un lenguaje sencillo y diáfano, de verso blanco y libre, el poeta comienza su andadura mencionando a una niebla como metáfora total: Reconozco tus pasos / envueltos de niebla / entre las hojas que cayeron… Una niebla que no menciona, pero sí se revela y regresa en el último poema del libro: […] donde aún se escucha / el rumor del agua sin verla. Esa condensación de humedad en el aire, esa agua suspensa, esa garúa que invita a la opacidad, estará presente a lo largo del libro incluso en diferentes estados: […] caminar contigo, / atravesar senderos de espuma… // Lágrimas antiguas / amenazan la serenidad / de un paseante que vaga dormido. Su rol, tan magnificente como desasosegante, significa por entero el título del primer bloque “El desequilibrio que me habita”. En este apartado, el poeta expresa en un tono memorístico y trágico —exceptuando el poema en el que su hijo es el paisaje— un memorial de heridas —pasadas y futuras— que lo consternan y aleccionan en el fluir de la vida: 

De la luz que fuiste, 
apenas quedan 
unos zapatos sin pasos… 
No hay nada más, 
una sombra, 
una muerte que se acerca despacio.

En el segundo bloque, titulado “Lo que no es soledad”, los poemas oscilan entre tres y seis versos. Si en su sección anterior todo era influenciado por la contingencia de la muerte, ahora el poeta se dirige a la persona amada, y con mayor optimismo y esperanza lea ella se confiesa, la homenajea e incita, le agradece y canta: 

Siempre queda un paisaje 
en la memoria, 
un hilo de ausencia 
sobre la sombra de tus manos.
Bésame. Dibuja sobre mi piel
olas que nunca regresen.
Lloramos versos de tierra.

Esas olas que nunca regresan; como metáfora de los buenos recuerdos en eterna fuga; pasajeros irrecuperables de un tren hecho de tiempo, son las responsables de titular el tercer bloque. En este vagón de la estructura el poeta regresa a la elegía, aunque no absoluta, y anticipa con ella ese anhelo del vuelo que será el último epígrafe de su espina dorsal. Aquí la reflexión es más existencial, las imágenes más pictóricas y el dolor más mecánico: Tras cada puerta que se cierra / hay un pasado que renace. // El vértigo acecha / en el olvido de la noche. De repente, la palabra poética adquiere visos aforísticos, un tono sentencioso demuestra que el ser abatido recobró su entereza: 

Ser poeta es morir siempre buscando. 
La poesía es una condena 
que encadena al mar. 

Y da comienzo una deconstrucción de la conciencia que busca ahormarse a la hendidura de lo permanente: 

La soledad es una mirada atrás 
entre una niebla de farolas.

Esa mirada atrás constata la procrastinación de la inteligencia reflexiva a favor de la serena y profunda contemplación. Aprender el mensaje cifrado en el paisaje —antes lontananza— conlleva a fundirse con él y emprender el vuelo hacia el cuarto y último bloque.
“Intuición de vuelo” es su título. Aquí, a modo de apuntes paisajísticos, el poeta aborda en cada poema una localización concreta, un punto en la geografía y en el tiempo para modalizar el cauce de su nueva mirada. Los versos en esta ronda final perpetran luz y agradecimiento, el paisaje recobra —como un todo— su trono en primer plano y propone una enfática clausura de conocimiento y celebración: 

No soy nada. 

Lo soy todo, 
un río de melancolía 
que olvidó arrastrar el agua, 
un animal pequeño y torpe, 
una ínfima porción de eternidad.

Desconocemos una vida / que la poesía solo intuye…
Sin duda, resulta apasionante y revelador el itinerario que este libro propone. En palabras de Busquets-Mataix: El poeta no escribe, / abre su alma a la tierra. Como ya hiciesen —entre otros— poetas como Félix Grande, Mateo Albeldo abre su alma a la tierra y es la tierra misma, así nos lo transmite, y su canto, sin asomo de alarde u ornamento, transfiere en ocasiones su verdad y naturalidad a la manera de la poesía pura.
Citando a José Luis Zúñiga, a quien el propio autor invoca para empezar este viaje, cierro este comentario e invito a los futuros lectores de este libro a abordarlo con la misma inocencia que el 
verdadero haijín es sorprendido por la iluminación de un haiku:

Mojó la lluvia 
mi cuaderno de versos. 
Se emborronaron todas las palabras: 
solo quedó poesía.




Instantes de mariposa
Instituto de Estudios Modernistas, Valencia, 2002

José Antonio Mateo es desde finales de los años noventa un poeta frecuente en los círculos literarios de Valencia, además es socio fundador del grupo poético “Argila de l´Aire”, con sede en el centro cultural de Almussafes. José Antonio publicó su primer libro de poemas, Mundo azul (Colección Senia), en 1999, antes, en 1997, fue galardonado con la primera mención de honor del certamen poético “Fiesta de la Primavera”, organizado por “Amigos de la Poesía” de Valencia. Desde entonces ha publicado el libro que nos ocupa, Alas de mariposa, en 2002, La casa donde duermen los relojes (Els llibres de l´Argila) en 2009, y recientemente Poemas que mojó la lluvia (Editorial Neopàtria).

Publicado por Editorial Instituto de Estudios Modernistas, que dirige Ricardo Llopesa, en el número 63 de su colección “La Torre de Papel”, y con un  prólogo de Ricardo Bellveser donde éste hace un elogio a la brevedad y contención de un poeta guiado “por una cuestión de temperamento”, que le emparenta al alicantino universal Juan Gil-Albert,  Instantes de mariposa certifica la capacidad de condensación de la palabra en una poesía que se encuentra próxima a géneros como el epigrama o el aforismo y donde su contenido bordea con el silencio pues esos instantes de mariposa, con sus alas mojadas, no son otra cosa que tiempo huidizo, como los recuerdos que la memoria sesga. Una memoria que deja una pátina de melancolía donde apenas los ojos/ me sirven ya para llorar y la muerte/ estira más y más/ la sombra poderosa de sus dedos.

Los cuarenta y dos poemas, por lo general breves, que integran este poemario se encuentran divididos en cuatro partes, en la primera el peso de los sueños le cierra los párpados mutilando el azul, y la esperanza, de un mundo imperfecto, donde el silencio es veneno, pero también antídoto contra la imprecisión de las palabras. Sólo en la cara oculta de su luna el poeta, desnudo, puede soñar primaveras en días grises de otoño.
En la segunda parte, los brazos de la noche se adueñan de los versos y los sueños del poeta, sobre el cual gravita la sombra de un silencio pesaroso, y la memoria se materializa en recuerdos de una infancia donde la inocencia acaba superada por la miseria y la soledad.

La tercera parte es la más extensa y en ella el ayer, cubierto de nostalgia, y el miedo a la muerte, pero también a la vida, le hacen seguir soñando para hallar toda la poesía oculta/ en los caminos del silencio. Al amparo de la noche las sombras danzan ante la mirada del poeta, que se refugia en el asidero de los sueños para evadirse de una realidad que truncó demasiado temprano un ayer que se presenta como enigma. Una profunda tristeza invade los poemas, de nuevo la soledad acompaña el devenir del poeta, que se derrumba ante la impotencia de poder darle voz al silencio de las lágrimas vertidas sobre la herida de tu ausencia, donde los recuerdos agonizan, como la esperanza, en el páramo barrido por el viento de la noche. Se habla de adiós, de despedida de la vida, y aunque la negrura de la noche lo envuelva todo, el poeta se resiste a arrancar de su alma un sueño de amor pues siempre hay un eco más allá, donde la tibia sonrisa de tu luz/ será por siempre de mi sueño. Sólo el sueño es capaz de conjurar el silencio, aunque finalmente sólo éste perviva.

Los cuatro poemas que integran la cuarta y última parte rezuman un halo de romanticismo, con el mar como telón de fondo se hilvanan con sosiego recuerdos tan frágiles como el cristal, ahora el silencio es de hiedra y aunque la noche avanza, con los ojos cerrados la ausencia se aleja.






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viernes, 25 de noviembre de 2016

NEREA DELGADO [19.638]


NEREA DELGADO

Nerea Delgado nace en Valencia en 1993 pero se declara de dos pueblos de Teruel. Historiadora del Arte. Vive lo que escribe porque no sabe cantarlo. Recita de aquí para allá, y viceversa. Miope, le gusta la montaña y el arroz al horno de su madre. Nerea Delgado se topó con la poesía sin buscarlo y nunca imaginó que ella llegaría a ser la propia poesía. Con el calor del sol valenciano escribe desde hace años y desde hace algún tiempo decidió dar el paso y “mostrarse al mundo”. Así comenzó su andadura por las redes sociales dando a conocer sus versos hasta que quiso hacerlos libro. 

Libros publicados:

Tanto en ti. (Editorial Origami, marzo de 2015).
La barba de Peter Pan. (Frida Ediciones, septiembre 2016). 


Confesión mecanografiada

Nuevo Documento de Word, nº87.
Octogésimo séptimo intento de fingir que me das igual,
que te he olvidado,
que me importa una mierda no ser la reina de tu baile.

No soy nada convincente.
Mi perro no me cree,
es que no me creo ni yo.

Te atropellaría
ahora mismo
con un vagón lleno de pasajeros
y les encendería el típico letrerito de aplausos
de los programas de humor malo
para que vitorearan tu pérdida.

Llevo los brazos en cruz
para no perder el equilibrio
pero siempre acabas apareciendo tú
cambiando el sol por un vinilo de mi cantante favorito,
entonces miro hacia arriba y me tropiezo.

No sé dónde caigo
pero estoy segura de que muy lejos de ti.
Lejos de los bares
lejos de las chaquetas vaqueras
lejos de los pañuelos que me protegen la garganta.
Demasiado cerca de las canciones de blues.

Soy carne de melodía triste de armónica
en la celda más oscura de la cárcel.

Escondo con vergüenza mi traje de abandonada
pero tengo que aprender a lucirlo.
Tengo que volver a caminar haciendo ruido,
ya sea por los tacones
o por los espejos rotos que llevo dentro.

Me he disparado en la lengua
y en vez de sangre han salido cartas.
Todo mi cuerpo está lleno de folios escritos que nunca te envié,
fechados y firmados
donde me confieso suicidamente tuya.

Ahora ya lo sabes.



Besos y cerillas

No te besé
porque sabía que sería como comprobar
con la lengua
que la plancha está suficientemente caliente
como para quitarle las arrugas a mi camisa
y agujerearla por completo.

Soy un Ave Fénix
con la asignatura de resurgir suspendida
y no quiero que me recojan
como a un cenicero que un perro ha tirado a la alfombra.

Un beso se convierte fácilmente
en una antorcha.
Un beso y una cerilla son gemelos,
adivina cuál es el hermano malo.

Tus labios son el asa de una taza de café
recién servida.
El asa no quema,
decían.
El vaso tampoco,
aseguraban tranquilos.
Mentían.

Estuve a punto de convertirme en leña
cuando te pusiste delante
pidiéndome que completara tu chimenea.
Me invitaste a pasar
pero me tropecé con el felpudo,
y cuando aprendí a saltarlo
se me olvidó cómo se mira hacia delante.

Me asustaron tus llamas,
pero ahora sé que el verdadero villano de esta novela
es la ausencia de ellas.

Es mejor vivir calcinado
que dormidos y arrepentidos.
Pero eso lo pensé después
cuando ya no había tiempo,
que es cuando se piensa todo lo bueno.


Una protagonista que se muere por besar

Hora punta en el metro.
Y yo he quedado contigo
para ir al teatro.

Andenes asfixiados y escaleras mecánicas
sucumbiendo al desenfreno de maletines negros
y zapatos de tacón.

La lluvia hace de este escenario
una película de bajo presupuesto
con una protagonista que se muere por besar.

Falda empapada,
medias llenas de barro,
zapatillas donde bailan mis dedos
sin saber con certeza si llegarán a tiempo.

La gente se grita escupiendo verdades
a caras de falsedad sin opción de cruz.
El azar siempre me puso cachonda.
Y en esta vida hasta la muerte juega
a los dados.
Y a los dardos.
Envenenados.

Con el rimmel corrido
me siento guapísima
sólo porque eres tú quien me mira
y me dice "ojalá fuera lluvia
para calarte hasta la ropa interior".

Ya lo haces.

La ropa interior no es nada
sin alguien que la admire
y prefiera arrancártela que plancharla.
Sin alguien que tenga curiosidad
por ver lo que hay debajo.
Sin alguien que vista a sus musas
con tus sujetadores.

Llegar a tiempo
es ver de rodillas
cómo empieza la función.



Insomnio de un cadáver

Anoche volví a tomar pastillas para dormir.
Eres más fuerte que el sueño
sólo la droga y el alcohol te debilitan y apartan de mí
pero reapareces
como las flores del jardín que un muchacho roba creyendo que así conseguirá follar
como el dolor de garganta
como el hijo sin dinero.

Escribo ahora
por la mañana
a la luz de este octubre carcelero
porque la rabia
me tenía ocupada anoche rompiendo y quemando cosas.

Anoche volví a odiar los aviones
las motos
los contestadores
y las canciones que hablan de números de portal.

Volví a escupir por la ventana
a arañarme las piernas
a romper papeles importantes.

Volví a fumar
me tragué el humo igual que me tragaba tus mentiras.

Volví a dejarme caer
¿me lees?
me dejé caer
yo, que ya me había olvidado de tus infiernos
y vivía cómoda en el piso de arriba con los pies calientes.
Ahora mi cuerpo es un volcán
y mi sangre es magma
y si tuviera cerca un revólver provocaría un fenómeno natural
digno de portada de la National Geographic.

Anoche volví a quedarme sin reloj y sin hambre.

Anoche me pinté los ojos
lloré
y con el rimmel corrido me corté el pelo.

Se me quitaron las ganas de saltar.

Me quedé helada
pero no quise abrigarme.

No quiero más luz,
sé un sol con ella.

Anoche volví a desaprender a vivir sin ti.

Anoche volví a tener miedo
salí corriendo
y me perdí.

Pero vuelve a su ombligo
al mes de su calendario
que te domestique,
vete con ella
yo ya estoy muerta.


Se avecina tristeza

Esta mañana me he lavado la cara
con agua helada
agua que parecía emanar del corazón de una viuda.

Con las manos mojadas he extendido el brazo
para coger la toalla
pero no estabas acercándomela.

Joder, ¿dónde estás?
¿Quién va a pasarme ahora la toalla?
Estoy condenada a gotear por casa:
principalmente lágrimas
principalmente de pena
desintegrándome por ti.

Qué tortura este ruido
de grifo incompleto
de cañería agujereada
de puta satisfecha.

Sin ti está tan vacía esta casa
que el sonido de mi mandíbula
masticando los escasos cereales que me llevo a la boca
hacen eco por todo el pasillo.

He vuelto a asomarme por la mirilla
(sí, poniéndome de puntillas,
como te gustaba que caminara desde mi habitación a la tuya
por la noche
los fines de semana en casa de tus padres).
La puerta del ascensor sigue cerrada
la luz de emergencia está encendida,
¿sabrán mis vecinos que me has dejado colgando del precipicio
y que te has llevado el helicóptero de salvamento?
Qué van a saber,
ellos que ni siquiera saben cómo se recogen las mierdas de perro
en el portal.

Sigo goteando,
a este paso erosionaré el suelo
y caeré al piso de abajo
matando a la señora Rebeca y a sus dos nietos
cuyos llantos a la hora de la siesta no superan a los míos.

La tristeza es un arma
con buenísima puntería
que se dispara por los ojos;
acabo de mirarme en el espejo:
menudo tiroteo.

Ven a secarme la cara, aunque sea con un delantal.
Ven a pintarme los ojos.
Ven a vaciarme la sal del corazón.

Si fueras tú el que gotea
si fueras tú el de las cascadas en las mejillas
si fueras tú el que llora
pondría mi boca debajo de tu barbilla
como una niña con un tarro de mermelada vacío
en un día de lluvia.



Destino francotirador

El destino me ha disparado en el estómago.
Un balazo sucio que me ha manchado el ombligo.

El destino me ha puesto
por toda la autopista
clavos en forma de labios;
mi cuerpo ha pinchado
y sin parar de acelerar ha caído en la cuneta.

Mi cuerpo huesudo
ha caído en tu cuneta;
has venido a olisquear comprobando que no me he roto nada.

El impacto ha sido de película,
sigo viva como si esto fuera cine de acción.

Me veo capaz
de caerme por todas las escaleras del mundo
sin hacerme ningún rasguño.
Esta noche he rodado por la de Led Zeppelin,
quién quiere cielo si las partes de abajo siempre fueron las mejores.

He llegado hasta ti con el vaso intacto y vacío;
lo he llenado en la barra libre de tu desastre,
voy borracha de causas perdidas.

El destino es un pintor
y acaba de cubrir el primer plano del lienzo
con tu pelo moreno
porque ha pensado que esta noche
no me gustaría bailar sola dentro de mi cuadro.

El destino ha clavado sus dientes
en mi ingle
como una víbora hambrienta que se defiende,
el veneno ha llegado hasta el fondo
y quiero que lo chupes.

El destino me ha disparado en el estómago
y tú te has colado por el agujero de bala
como si mi cuerpo fuera el único bar abierto.

Que el destino nos siga acorralando.
Que sigamos hiriéndonos juntos
hasta que con la última gota de nuestra sangre
escriban la palabra fin.




La barba de Peter Pan. Frida Ediciones, septiembre 2016. 


No sé callar de otra forma que no sea habiéndolo dicho todo.


*


Quiero no acabar de conocerte, para descubrirte siempre: y besarte cada día por primera vez.


*


Tienes pinta de tormenta. Y aunque siempre me gustó ver llover, la cosa cambia cuando soy yo el blanco fácil de los rayos.


*


Algo ha hecho que me acordase de ti esta mañana. 
A lo mejor la luz todavía encendida del parque. 
A lo mejor el olor de la primera barra de pan. 
O tal vez este agujero en la garganta, 
por donde se me empiezan a colar las ardillas y el invierno.



*


Cuidaré tu voz como los niños cuidan las semillas que sus profesores les dan para que crezcan
en un recipiente de yogur.

Adoraré tu risa como si fuera la melodía que inicia el carnaval,
como si fuera el pistoletazo de salida de una carrera solidaria.

Acariciaré tus manos, únicas mantas que necesito en mis próximos inviernos.
Protegeré tus huesos como cimientos que son del edificio que habito.
Caminaré tu piel con el mismo cuidado con el que el lince camina la montaña.
Apostaré siempre por ti, caballo ganador.
Y nunca dejaré que mis sombras te den miedo.

Créeme, ahora sí, los buenos ganan.



INFIERNO

Habla bien de mí cuando vayas al infierno.

Diles que yo tampoco supe atreverme,
que en mi mirada también había algo extraño con forma de cobardía.
Cuéntles que nunda dejé que me acompañaras a la parada del autobús,
que siempre quise bailar contigo pero nunca te lo pedí.

Muéstrales la fotografía en la que salgo dormida
con el cuerpo cansado de quien se ha pasado la tarde mirando el reloj
pensando cómo hacer algo que finalmente no hizo.

Habla bien de mí cuando vayas al infierno,
diles que fui exactamente igual que tú.



Vagabundo desorientado

Caminas tambaleándote en dirección a la puerta del próximo supermercado.
Traicionas la entrada de éste en el que estás; aunque te cuide, aunque te dé la mermelada sin caducar, aunque te seque la ropa mojada, aunque te regale calzoncillos y cigarrillos.
Quieres más. Siempre quieres más.
Teniendo la boca llena buscas otro plato
y no te importa si está frío
o si se maquilla demasiado para tu gusto.
Restaurante de una sola noche,
plato que abandonas con restos antes de que llegue la hora del desayuno.
Y vuelves,
siempre vuelves.
A mí.
Intentando disimular las migas de la barba.
Pero sé que no soy la única que te alimenta;
tu menú no es de plato único,
otras camareras te rellenan el bebedero
como si fueras un pajarillo huérfano.
Mendigo caradura
con los bolsillos perfectamente cosidos
donde guardas huesos de pollo con números de teléfono.
Estoy deseando que llegue el día en que te atragantes por querer abarcar tanto,
el día que muerdas el pan duro que te destroce los dientes,
el día que seas alérgico
a tu propio latido.
Y que te envenenes con tu conciencia.



Tanto en ti. (Editorial Origami, marzo de 2015).

Somos un escaparate en una gran avenida, somos la avenida, somos quien mira el escaparate y la piedra que lo atraviesa.
Somos posibilidades. 
Somos miedos.

Tarros de mermelada en manos de niños hambrientos y curiosos.
Cajas de galletas al fondo de las estanterías de excombatientes de la guerra.

Somos piñatas.

Tanto en ti recoge todos los trocitos que componen a varias personas y los une para ti 

¿y tú, de que te compones?


MI TINTA

Mi tinta es para ti.

No quiero que mi tinta le escriba a otros modos de sonreír.
Mi tinta es para tu modo de sonreír.

Quiero que mi tinta sólo llene tus vasos.
Que se derrame por papeles en blanco que irán a parar al cajón
que tienes debajo de la tele.

Mi tinta es para decirte que no voy a dejar nunca de escribirte.

Es para ti.
Hasta la última gota del bolígrafo con el que escribo poemas
y apuntes de historia romana.



CON TUS PROPIAS MANOS

Las cortinas se mueven con ritmo de blues
si me haces el amor-odio en la cocina.

Tardes oscuras en el sofá
se vuelven autocine de verano en el que nosotros ponemos
la parte erótica de la película:
los besos, el sexo
y las hamburguesas dobles.

Brinda conmigo, deja el champán
y llena tus copas de mí.

Eres un trago largo de café recién hecho
en un invierno a medias.
Y es que el café recién hecho, como el amor,
es de fácil y rápida adicción.

Sabes tan bien
como una toalla caliente
después de una ducha en enero. Qué digo; sabes mejor
porque tú tienes camisetas de los Rolling y una vieja Telecaster.

Vamos a bailar por la mañana, sin desayunar.
Miraré hacia arriba para verte, paraíso.

Nariz con nariz, piel con piel, tatuaje con tatuaje
resurrección con resurrección.

Todos los libros de mis estanterías hablarán de ti.

De cómo me salvaste la vida
con tus propias manos
retirándome el pelo detrás de las orejas.





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