martes, 27 de abril de 2010

140.- IVÁN SEGARRA BÁEZ

CAGUAS. PUERTO RICO


Poeta, Declamador, Docente y Escritor de, Puerto Rico. Ha publicado tres poemarios: Candela (1997), Entre tu cuerpo y mi alma (2000) y Hay veces que llora el mar (2001) Actualmente trabaja en la preparación de dos libros inéditos: “A CANTAR DE PUEBLO: protocolo histórico de la realidad puertorriqueña” (Texto en prosa poética) y El huerto de los salmos. Iván Segarra es el Director de la Revista Literaria de Puerto Rico y pertenece al Grupo Embeleco Poético, el cual, se reúne en la Librería Paseo del Libro en Cupey, Puerto Rico.





IDILIO SIDERAL

Como misterios ensortijados de vida,
un eco que se disuelve por el mundo,
un suspiro de polvo y arena,
una transmutación más allá
de todo tiempo corrompido.
Piensa la mente su misma gota de rocío,
un barco que siembra la esperanza renacida,
una paloma destapando calvarios
y misterios luminosos de vida trasnochada,
un evangelio extraviado por la luz.
Amor, seremos ecos que se derrumban,
palmeras sin control abortadas
de sentimientos en fuga.
¡Un adiós en grito de toda elevación!
Cuenta el cuentero que todo pasa,
pasará la luz en viento de ensueño.
¡Una dulce canción, melancolía!
Una vida futura y despoblada.
Atinados de pájaros en la piel del alma.
Una palabra que sonríe a otra palabra muda.
Una antología que conlleva el canto,
un poema, un verso, una palabra en eco de gracia,
deformándose dos aves en el mismo cielo.
Una mirada que otra mirada mira.
Un bien vengas tú, en mí, en ti, en nada.
Una noche anocheciendo otra noche amarga.
Iremos transplantando ilusiones,
confesando abismos, ecos en luz, sueños.
Todas las almas del mundo vivirán
en ti, en mí, en nada.
Somos el principio del hoy,
la loca gruta del mañana.
¡Nada se nos dará sino buscamos el amor.
Todo es concubinato de seres mágicos,
eternos, despoblados corazones y sonrisas.

Alzaremos el sueño, el salmo, la palabra viva;
la vibración del alma nos pertenece a todos!
Nadie se salva sino lo salvamos desde el alma,
todo principio muere y se transforma,
toda creación se crea a sí misma,
todo hombre es el espejo de lo que lleva en el alma.
Nadie engaña a nadie
a menos que nos engañe la vida.
Iré a buscar al mundo mi media unidad
deformada por la lira.
Todo gira, gira, sin sentir el peso de la vida.
Amor, somos eco que se repite
amargamente por esta vida.
Amor, sálvame...
Como yo te salvo
desde la otra vida.





SERÁS

Me contó el rocío
que hoy tú serías mío.
Me dijeron las estrellas
que te buscara para amarte.
Me dijo la luna negra
que se desvistieron nuestros poros;
juntos para amarse.
Me dijo la luna blanca
que entre el eco y el río
yo nací para amarte.

Me contó el rocío
que tú no serías mío.
Me despertó la tristeza al verse
en la otra orilla del río...
me condenó tu mundo
cuando le conté
que yo nací para amarte.
¡Que se vayan todos al infierno,
tú serás para mí,
porque yo nací para amarte!





ME RECORDARÁS...

...Resérvate el amor, Mi Amor,
para cuando el amor llegue.
Tu amor es un barco de espuma,
el mío es corriente de un río.
Resérvate el amor, Mi Amor,
para cuando el amor duela.

Eres un barco de velas,
el mío es barco de escamas.
En cada escama un amor,
en cada escama un recuerdo.

Somos dos pétalos de lluvia
viajando a lo desconocido
del corazón sin verte.

Tu amor me duele, Mi amor,
me duele tanto verte.
¿Qué no sé si despertarme en aguacero
o en lluvia renacida de la muerte?

Resérvate mis besos, mi piel, mi alma,
sólo sé que te amo y este amor duele.

Me dueles tanto mi amor,
como los pájaros en blanco de la nada.
Eres mi sol del mundo,
mi tierna precipitación de un sueño.

Jamás te soñé perdiéndote en la nada,
ahora sé que eres escama,
viento en el mar, de un recuerdo.

Resérvate el amor, Mi Amor,
para cuando el amor llegue.
Serás mi canción desterrada del alma.
¡En cada aguacero me estarás poseyendo,
en cada primavera te estaré congelando!

Resérvate el amor, Mi Amor,
para cuando el amor llegue.
No me busques en las páginas
en blanco de tu vida.
Hazte a la mar, de la vista larga,
y olvida a este corazón que te ama.
Aunque en cada aguacero de tu vida
yo sea esa fría agua del mar
y tú me recuerdes...




COMO ÁNGEL ROJO

¡Cómo ángel rojo!
somos los poetas latinos
de nuestra América latina.
Todos acoplados y juntos
con cara al sol de un dulce mañana.
¡Cómo ángel rojo!
Vamos abiertamente soñando sueños,
somos los hijos del maíz
de la semilla embrionaria
de las hostias sagradas de oro,
de sal y arenas.
¡Cómo ángel rojo!
Ungidos por el Padre Apolo
te cantamos América.
Somos los hijos de la pampa,
del dulce quenepo en la bemba,
los de la Tenochtitlán perdida,
de la guanábana y la yuca,
del pandero y el café puya,
de bemba y el Tombuctú,
de la danza, el tango y el vals,
los de la lengua quechua.
Somos los de guayaco, guayacol y bemba.
Los de guanábanas y flores renacidas.
Los de tierras fértiles,
menú de calabaza, los plátanos partíos,
el fufú americano.

¡Cómo ángel rojo
fundidos por el mismo sol
de lluvia y tabaco, que nos vió crecer!
Te cantamos a ti, Madre redentora,
de las mujeres bellas
del campo y el pueblo
de las ciudades ocultas y legendarias.
Venimos de todo el mundo
para hacer de este canto,
tu canto, mi canto, el canto de todos...
Mi antillana vía
mi cerezo y mis Andes,
mi ruido imborrable,
mi Martín Fierro,
mi Simón Bolívar
y escúchame tú,
Bill Clinton,
que de Vieques
hoy se vaya la Marina.
¡Cómo ángel rojo!
por los heterosexuales,
por los homosexuales, por los "gays",
por todos los muertos, por el Sida,
porque mañana florezca
un nuevo día
en que los gauchos y las llamas
comprendan esta gran poesía.
¡Cómo ángel rojo!
Te cantamos
reina y madre,
diosa y edén,
bella Meseta del Nazca,
paraíso oculto de Colón
que nos dio la lengua milenaria,
este versos lleno de ambrosía.

¡Cómo ángel rojo!
Somos los poetas latinos
de nuestra América latina.
¡Cómo ángel rojo!
Nacimos del sol
en la morena vía
y si alguien se me queda
yo le ruego
que perdone mi poesía
pues somos tantos y tantos y tantos y tantos
los que hoy escriben ésta, mi poesía...



ANTES QUE ANOCHEZCA

To remenber
Reinaldo Arenas
Cuba
(1943-1990)

Reinaldo Arenas, templado corazón de melón.
¡Mándame el libro de las flores,
para volver a verte,
para volver a verte!

Este siglo de las luces se acerca fatal
y otra vez el mar, golpea fuerte
tu Celestino antes del alba.

El mundo alucinante, que escribiste
te seguirá esperando cuando vuelva a verte.
Morir en junio, Con la lengua afuera,
Será un milagro viril
de la humana verdad en ti derramada.

¡Reinaldo Arenas, alguien se acerca!
¿Será Fidel Castro, Trujillo o Batista?
¡No temas más, ya nadie podrá tocarte!

Con los ojos cerrados,
he visto,
el calor del verano,
que golpea afuera;
bello desnudo del alba,
precioso viento del mar asesinado
por un sistema castrista de la muerte viva.
Cuba, Guantánamo y La Habana
se mecen en el pozo del leprosodio cubano
mientras asesinado por el verdugo monarca castrista
Cuba es una niña asustada y violada.
Antes que anochezca
sobre las oscuras golondrinas
he divisado tu hermosura;
hermano de las luces, Reinaldo Arenas.

Con los ojos cerrados, de amor a vivo fuego
surgieron tus palabras de tierno maricón
de mundos olvidados, templados
y cansados principios amariconados.
Todos los polvos son para ti hermosos
polen sagrado de tierno dolor.

¡Inreverente texto descarnado,
fusil y aceite de locuras,
gitano abrumado de la luna,
paraíso, cordón umbilical,
pantomima del mar,
revolucionaria golondrina,
mariposa en tallo lunar,
pétalo marchito, arenal sin fondo,
coqueto paladín de la muerte,
bello mariscal templado de la ira,
alucinante bañista del tejado,
moribundo centinela siempre en fuga
que pareces un falo pintado por Dalí!

Dolor inmenso en tu corazón valiente
sentiste el dolor del leprosodio cubano;
ahora eres libre como la flor del malva.

No habrán soldados enloquecidos,
barricadas humanas ya cansadas,
ni castrismos enfurecidos,
ni tumbas comunistas,
ni alacranes malditos,
ni estalinistas, ni lenistas, ni nazistas,
para ocultar por más tiempo a la Literatura
tu hermoso cuerpo,
hermoso rey de este verano.

Reinaldo Arenas, destellos de luz
en la plegaria callada y sacra de la vida.
Moriste por un deber, por un valor,
por un bello principio amordazado
en el mismo semiciclo de la guerra.
¡Ojalá que tu alcoba
se llene de limones, de naranjas azules y redondas,
de tiernos compañeros que te den la vida
No-dolor, no la muerte,
como todos los humanos.

Reinaldo Arenas, antes que anochezca,
mándame el libro de las flores,
para volver a leerte,
para volver a leerte,
antes que llegue
este azaroso verano de la muerte.

Con fusil en mano
prenderé una vela
por tu alma, por tu costado,
por todo lo que te hicieron los humanos,
porque en el mundo se acabe la guerra
y porque mañana
en el mismo semiciclo
de la guerra cubana
en busca de su libertad
el bello nombre
de Reinaldo Arenas
brille soberano,
antes que anochezca.




IX

"El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos"

Pitágoras

Descubrimos que la vida se va asesinando
entre pétalos descalzos y llantos desnudos,
como símbolos desterrados
de pequeñas muertes desoladas y tristes.

El tiempo
va trasnochando horizontes muertos de frío
y todo se acuesta entre la nota absurda
de la sombra en pena de la risa muerta.

Descubrimos que los cuerpos son el cosmos,
un deseo que se retuerce en el mar de la lujuria.



X

"El mejor placer de la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer"
Walter Bagehot

Y la vida se hace un rostro de tinieblas muertas
donde no hay un "Ave María" que te salve
de la desgracia absoluta de los hombres.
Y el camino se pierde para seguir a los hombres.
Cada noche respeta esta soledad tan amarga,
tan dura, hecha de rosas que tienen espinas.
Donde el pecado caído es el amor
y te lastima
y en sus cenizas tú te enredas con la muerte pequeña
que todos llevamos dentro del alma moribunda
y la palabra se hace misterios de la noche,
un refugio sin sol, un eco sin dicha
y lo banal es el espejo
de todo lo que vivimos
del recuerdo a la sombra de la vida,
de la nostalgia sin vida de la muerte fría
que no acaba jamás
con la palabra
"Melancolía".



COMO ME SIENTO

Me siento como se siente el agua
entre mares de cenizas.
Mi fuerza es un ciclón
que choca contra el viento.
¡Será que soy de espuma,
de silencios muertos!
Sé que no conozco
los gorriones sedientos.

Mi mundo es una playa sin orillas
y mi cuerpo tendido de azucenas
no conoce la desgracia
aunque la viva cerca.
¡Seré un marinero sin puerto,
un abismo suicida
que llorará sobre el tiempo!

¿Cómo me siento vida,
cómo me siento?



DOLOR DE AMOR

¿Cómo me duele Cielo, cómo me duele?
Saber que tu ausencia
no tiene nombre, no tiene alas.
Volarán mil pronombres en la alcoba.
Un río de azucenas, hoy vendrá ha cenar.

¿Cómo me duele Cielo, cómo me duele?
Saber que te he perdido
entre la multitud de casas
de la ciudad aquella.

¿Cómo me duele Cielo, cómo me duele?
Saber que vas de la mano con alguien,
saber que te quise y que me quieres,
saber que te he perdido entre suspiros,
saber que por este amor, yo muero.

¿Cómo me duele Cielo, cómo me duele?
Mirarte en la distancia de los cuerpos,
sentirte naufragio, pesadilla y vida.
Desvelarme en la ausencia
de una playa sin cuerpo
y desmembrarme en tu mirada
como un atardecer sin alma.

domingo, 25 de abril de 2010

139.- MARÍA EUGENIA CASEIRO







María Eugenia Caseiro: La Habana, Cuba. Reside en Estados Unidos. Narradora, poeta, ensayista, prologuista, crítica. Ha sido distinguida con premios literarios en ambos géneros: poesía y narrativa, y obtenido reconocimientos especiales, y diplomas por talento artístico y labor en beneficio de la difusión de la cultura. Ha participado como jurado en certámenes literarios de poesía y narrativa. Es miembro colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y Presidenta del Círculo de Amigos de la Academia de la Historia de Cuba en USA. Integra la Muestra Permanente de Poesía Siglo XXI de la Asociación Prometeo de Poesía. Integra el colectivo editor de La Peregrina Magazín (Miami, USA). Miembro de la Asociación caribeña de de Estudios del Caribe, de la Unión de Escritores y Artistas del Caribe y de la Unión Hispanoamericana de Escritores. Colabora activamente con diversidad de publicaciones digitales, y en papel, actividades y programas de su comunidad. Asimismo participa en la divulgación de eventos culturales y difusión de la obra de sus contemporáneos.



Diabolus

Las horas que hasta aquí
engarzan el poema de mis días
escapan del espejo
como el ojo apagado
de mi otra media cara
tras el perfil insomne
en que la oreja impávida
perennemente escucha
la nota maldita
de la que habló chavarri.




Lágrima

Metáfora inflexible,
la música se abre
en los vuelcos del reloj
y nutre en el destiempo
su lágrima virgen
viajando a la deriva.





Maldición


Me copia interminablemente
el retoño donde prolifero
hasta los retratos.

Si en el fondo
como esa medida en que corro
- sangre vieja -
no estuvieran
las mujeres que me asaltan,
borraría la arcilla del linaje.

Pero abundo sin saber qué hacer
lluevo sinfín como costumbre
lanzada eternamente sobre los espejos.




Poema con alas

Qué importa hoy dedicar
al Seymour de mis sueños el poema
a una crisálida aherrojada en el cafeto
a las langostas del pacífico
al Buscemi de Ghost world
o a las mismísimas ratas
que en tolvanera de dientes
devoraron un trozo de la alfombra
elucubrada zoysia japonesa
en el nirvana de otra primavera
cuando el sol reventaba
en días de reverberos.

Hoy el fogón agita
de nuevo un caldo blanco
por cuenta de una mosca
marioneta mutable
del destierro en que perdió sus alas.




Leftovers

Nos trazamos diferentes;
él con su camisa fría,
yo con mi vestido incierto
escribiendo a la deriva
nuestros cuerpos.

Nos arrancamos los plazos
nos dividimos las fechas
nos destronamos del cielo.

Él con la boca mentida
declaraba otro lugar.
Yo con el rastro perdido mendigaba
a la puerta de sus dedos
el hueso de su corbata muerta
el sudor sobrante de otro tiempo
el diente de sus ojos clavado en mi corteza
la alquimia de su boca arrancando mis botones…

Y un refugio a la intemperie
en que los astros nos mintiesen.




Voces

Esa voz que fractura la sombra
y deja por detrás
un humo tan pesado
como si le crecieran piernas
que nos quieren alcanzar
llega, al parecer, desde la noche.

Un cordón invisible sostiene algo de luz,
pero la carga trazada por el miedo
enfunda en barullos otra voz
y por mucho que intente raspar la telaraña
ese agudo silencio, que es de plomo,
corta intenciones en el aire.




La otra

La otra frente a mí se da la vuelta
y una torre de pájaros colapsa.

En su cabeza la fecha pierde el límite
permitiéndole al fin que sea mañana.

Desde sus manos, mis manos
no cesan de copiar pájaros muertos.





Poema con literatura


Antes de resucitar en la camisa de fuerza
contagiada con terrible mordedura
me confieso sorda de visión y muda de ojos.
Tal vez el bicho de un vocablo me picó
hace apenas una vida
y un desboque de pandemias me ha librado
de peores consecuencias.
He agotado el reuma del zapato,
y el ojo de las manos pide a gritos
espejuelos enguantados para hacer literatura.
el cuerpo, ya cansado de mi enojo,
busca en la mantilla de café,
un lapso para cobijar al sueño:
triste bicho sin hogar
que aprendió a vivir sin mí.
Sólo queda aquello que no soy
descansado el carcañal de la escritura
-a espaldas de todos mis dolores-
sin cabida en el sarcófago de la existencia.




La calle

La calle es un burdel donde las horas
toman cuenta.
El vagabundo gris
a un paso de anotar la despedida
recupera el mortecino
brillar de las farolas.
Se alarga la calle, en su desdén se pierde
la visión hasta tocar el fin del mundo
a estribor, bordea la primera estrella
las grutas sin salida, el precipicio
en que un fantasma envenenado
duele en la mujer que busca
un puente y la razón fracasa.
La calle es un dolor, una punzada
donde confluyen las premoniciones
un corazón cansado que envejece,
su melodía sin voz
se lleva las últimas raigambres…
Sueña la calle su primer bostezo
entre viejas fachadas de edificios.




Cábala para la gallina blanca

La gallina puede
ser tan blanca
como la noche más noche
como la línea tan curva
de mi almohada
(de tu almohada)
en la polaridad
de alguna otra frontera
besada no tan lejos
de los que no entienden.

La gallina puede
morder el horizonte
perderse
morir
resucitar
doblarse
como cualquier otra gallina
no tan blanca
no tan mujer
no tan gigante.

Una gallina puede
ser la honra o la deshonra
un mendrugo de pan
la horca
la falta de razón
el cruce de dos flechas
la eternidad de un nombre
terrible incertidumbre
tiempo
hasta un fragmento
-sabe sólo dios cuál-
de ese libro de Salinger
que nos costó un Lennon
el ocho de diciembre del ochenta.

La gallina puede
ser en el infierno
extraña cábala que ahoga.




Furnia

Esa ciudad con alas,
la que escapa hasta del sueño,
apenas se bosqueja nos transforma
hipotéticos y tácitos cadáveres
retorciéndose en el vientre de la tierra.

No hay parís cercano
ni país
ni sombra, suerte, sino,
ni nosotros…
ni Vallejos sedentes
en este inmenso hueco
con su noche en brazos.




Aquí lloviendo

Estoy aquí, aquí lloviendo
acumulada de cajas de cartón
con dibujos y letreros,
jorobándome la poesía por dentro
con el techo de zinc en la cabeza,
con la lengua enredada
y la canción fuera de tono,
con mis alas de papel
pegándose a esta lluvia...
Y me dan en la nariz hechos un trapo
mis ancestros que ahora son ángeles
con ojos empedrados por la catarata de la lluvia,
condenados a la pena de unos bolsillos rotos.
Estoy aquí, aquí lloviendo
con el luto perpetuo por las cosas perdidas;
mis palomas, mis abejas, y mis playas...
abrazándome al fantasma de la lluvia,
gris humante en el cojín acuchillado
de mi espalda. Un maniquí con la cara tapada
hubiera evitado el llanto del borracho que me vio,
hubiera evitado
que la mujer que peina la calle por las noches
buscando sobre los contenes la humedad
lanzara una moneda a la fuente donde lluevo,
pero soy monólogo de lluvia
y estoy aquí, aquí lloviendo.




Tarde y sin bolero frente al mar

Caminaba sin ti en el pentagrama
con mi perversidad a flote
y el bolero apagado
por la arena revuelta de mis pies.
Vino de pronto el mar
con sus deshoras;
escupió sobre mí
los peces que volvieron con tu olor
a pegarse en las paredes de mis ojos.
Tus hijos y mis hijos con sus perros
aullaron nuestra música,
vomitaron la bruma entre los dos.
Somos desde ayer
los que no estaban.




Down to haven

Dejará de acechar al viento rojo
el búho que mira desde mí
con ojo encandilado
-rainy evening in town after the sun-.

Volverá la luna de chaqueta raída
a taladrar un hueco en el librero
donde muere un apellido
y se amontona el polvo.

Llegaremos muy lejos
con el zapato ebrio de buscar
y el candelabro absorto
en devorar la luz.

Tengo la pared cansada de no hablar
el verso amarillo
el tiempo roto…
…debe ser ya muy tarde
down to haven.-


María Eugenia Caseiro
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PÁGINA WEB MARÍA EUGENIA CASEIRO



viernes, 23 de abril de 2010

138.- MIGUEL FLORIÁN


Ocaña (Toledo). ESPAÑA


Desde muy niño vivió en Madrid. En esta ciudad realizó varios cursos de Medicina, licenciándose finalmente en Filosofía Pura. Actualmente, trabaja como profesor de Filosofía en el I.E.S. «Murillo» de Sevilla. Compagina la crítica literaria con la labor poética, siendo colaborador habitual de revistas especializadas. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía «San Juan de la Cruz», el Premio Internacional de Poesía «Claudio Rodríguez», accésit del Premio Iberoamericano de Poesía «Juan Ramón Jiménez», accésit del Premio «Rosalía de Castro", Premio ‘Ciudad de Cáceres», Premio «Jaime Gil de Biedma», y finalista en varias ediciones del Premio Nacional de Poesía y de la Crítica. Ha publicado los siguientes poemarios: Los mares, las memorias (Madrid, 1992), Anteo (Huelva, 1994), Lluvias (Ávila, 1995), Los días y los pájaros (Zamora, 1996), Memoria común (León, 1998), Mar último (Sevilla, 2000), Cuerpos (Sevilla, 2001), y Habitación 328 y otros poemas (Madrid, 2001), Los mares, las memorias (Madrid, 2002), Reparto de sombras (Madrid, 2005).



( ÁLAMOS )

a Ángeles Dalúa

Una lluvia ancestral cae de los álamos,
convierte en breve espejo cada hoja.

Es un árbol callado que se eleva
de la raíz hasta la línea firme
de la luz, y corren sus hogueras
por la carne profunda. Y si camina
se estremece igual que una muchacha
que se alza también hacia lo incierto.
(En mis pulmones siento cómo alienta
el aire que se interna y vivifica,
la ternura de algún sexo escondido
que aguarda la belleza, el cumplimiento,
su perfecto equilibrio sobre el mundo.)

He tomado su piel, siento en la boca
la savia perfumada de los álamos.



CUERPO NOMBRADO

Quiero nombrar tu cuerpo, tu oscuridad, tu lumbre,
el pecho que se inflama,
tu savia azul, el río de tus astros.

Quiero nombrar tu cuerpo, tus caminos,
el laberinto tibio, las girándulas,
el sexo umbrío, las vísceras ocultas,
esa linfa secreta que va trenzando el tiempo.

Quiero nombrar tu cuerpo, los murmullos,
los labios cuando besan o nombran otros cuerpos,
el fuego de la lengua, la humedad de la piel.
Tu saliva que es áspera y amarga.

Quiero narrar tu espalda añil que delimita
con un dios impreciso, inabarcable.


( DANZA )

Los juncos se movían,
las ramas de los álamos,
la hojarasca,
el agua en el estanque,
las agujas del pino.

Y más acá
la sangre de los hombres
se mecía también,
poseída
de tanto movimiento.

Y más, y aún más acá,
ya en el centro del alma,
temblaban las palabras,
al golpear los labios,
para nombrar, sin más,
los juncos del arroyo,
el rumor de los pinos,
la sangre, la hojarasca.



FILOLOGÍA

He amado las palabras con mi hambre más honda,
sentí su piel de musgo muy cerca de mis labios,
su ceniza y su luz coronando mis dientes,
diluirse en mi lengua, caer hacia el profundo
abismo de mi carne. Muy lenta, y torpemente,
como a aves fugaces, perseguí las palabras.


LA VISITA DEL ÁNGEL

Ángel desnudo, mujer inacabable,
demonio mineral que llevó hasta mis labios
el fruto más sabroso, la delicia
ardiente de su beso.

(Volvería a nacer sólo por apresar
el fulgor encendido de aquel cuerpo).

Como un eco de diosa inmarcesible,
la memoria, como un mar de infatigables gozos,
me ha traído el fantasma de aquel beso.

Beso redondo y blanco, frontera de otro beso,
hasta hacer un anillo de sus labios
que precipite mi boca en el silencio.

Y mi palabra sea su beso redimido,
renovado más allá del límite del beso,
la promesa cumplida en la cadena
sin final de su boca en los espejos.

Que ya no habrá más besos me decía,
que ya no habrá para el amor más tiempo.


LEJOS DE CÓRDOBA, IBN HAZM PREVÉ SU MUERTE

Estas aguas no son aquellas aguas,
ni es esta la ribera. Y mis manos
¿son las mismas que antaño acariciaron
la estela de su cuerpo? Otro fulgor
de acero incendió las pupilas.

Que al fin todo es efímero. En el agua
la muerte me reclama. En sus reflejos
adivino un arrullo de sirenas.

Pasan blancas muchachas, con su aroma
de adelfa, con su piel que hace temblar
el mediodía. Como palomas pasan,
y un instante, arrasan la memoria.
Y este dolor de saberme perdido
pasará. A la tarde, mis palabras
sólo serán cenizas. Afligirme
no debo. Aunque en verdad, imaginé
—más allá de este río— otro destino.



LLUVIA

El agua deslíe la conciencia, una a una
empapa las imágenes, se agitan sus reflejos,
tiemblan sólo un instante sobre la herida. Nunca
acabará la lluvia. En la memoria llueve,
vuelvo a ver los charcos de la infancia, una manta
empapada sobre vagas cabezas, y un rostro
muy fugaz de mujer. Siempre estuvo lloviendo,
los pájaros perdidos buscaban entibiarse
en nuestra sangre. Aquella boca de tibia luna
enmudecida y fría, sobre la yerba húmeda...
¿A dónde lleva el agua esas semillas?, ¿en qué mar
desembocan?, ¿en qué madre germinan?, ¿acaso
el alma es tierra y luego, ya en sazón, fructifican
bajo el temblor de la memoria? Tocar el mundo
con nuestras manos ciegas, y luego, en el recuerdo,
otro mundo renace más intenso. Aquella
mano posada sobre el tiempo, aquella frente
con su gesto de arcilla, y este turbio afán
del hombre por alzar su casa derruida
bajo la tempestad, esta inquietud de abrir
en las ondas de todos los regatos la entraña
encendida del musgo. Sí, ¿en qué océano
en qué lecho se vierten las palabras?, ¿qué muelles
refugian a sus barcos? El cielo es agua quieta,
y el polvo, y los vestigios que espejean y abrasan
en su luz la conciencia. Náufragos todos bajo
idéntico aguacero, peregrinos del sueño,
creciendo sobre el pecho del tiempo, sosteniéndonos
sobre la mano incierta de un dios que nos ignora.


LOS DÍAS Y LOS PÁJAROS

a Diego Granados

Los días se parecen a los pájaros
—vienen y luego van— y siempre dejan
una herida de luz. Huele a musgo
su vuelo, a países de escarcha,
a savia de madroños escondidos...

(Hay una fuente oculta que derrama
blancos ríos de sed, y un campanario
azul, mecido por el viento).

De qué cielo, de qué elevada dicha,
los pájaros descienden. De qué amor.
Los días se parecen a los pájaros,
igual tristeza dejan cuando pasan,
la misma oscuridad, igual silencio.



MADRE

Abrí los párpados en medio de la noche
y tú estabas allí, insomne, aguardando
la lenta aparición, la inminente presencia
de la luz, del alba que no llega (del fuego
que regresa de una estación desierta)
y tú estabas allí, profunda y blanca,
tendida sobre la multitud de los instantes,
apartando la turbiedad confusa de mi sueño,
labrando el tiempo firme, inmóvil, de la muerte
(la edad remota de insectos transparentes
y arroyos escondidos) con su amargura
de mano inalcanzable, de boca detenida
sobre la frente nueva, de beso que separa
el porvenir, y lo devuelve al seno de la tierra,
al estallido ciego de otra edad. Abrí los ojos
y tú estabas allí, mirándome, en medio de la muerte.


MEDIODÍA

Crecen los gorriones en el aire,
y la música infantil de alguna flauta
sostiene el mediodía.

A duras penas
el libro nos retiene.

Algún amor vendrá
al zócalo azul de la ventana
para a un país más bello rescatarnos.

A cada instante
el dedo de algún ángel desmorona
la carne contenida. Tras el cristal
la mirada de un pájaro —la alegría
infantil en los ojos del niño.

Aire por todas partes
revolviendo los pliegues del hastío,
elevando la falda enamorada
de la mujer.

Y tiembla el corazón
en la dicha de la piel que imagina.
Es aire.
Y luz que cierra el libro y adormece los párpados,
es sed de barcos,
de bocas deliciosas.
Es hambre de islas lejanísimas.




( METALES )

Aud materia plîngînd...

(Oigo llorar a la materia...)
GEORGE BACOVIA

Me tiendo gris en los metales
cuando crecen callados en la noche
y se adensan, y recogen los breves
destellos de los astros. Siento
su filo frío que después será mar,
su lamento de hielo y muda carne,
el osario de un dios propicio, enorme
en su tiniebla, un dios que festejamos
en la señal de su venida. Escucha,
estamos en el tiempo del renuevo,
de los juncales cubiertos por rocío,
de la hiedra que escala nuestro lecho,
del animal que nos acecha, inmenso,
detrás de las pupilas, oculto en otra
existencia infranqueable y ciega.
El tiempo lento y turbio de la espora,
de los metales mansos, del mineral
cerrado que sospecha la luz, lava
que persigue la levedad del polvo.
Entonces, desde una estación remota
regresan, entre brumas, las palabras,
narraciones de hadas y de héroes,
de resinas fragantes (el incienso,
la mirra y el benjuí), y de madréporas.
Los insectos describen amplios surcos,
vueltos a lo indecible, y el granito
recupera la voz dura y siniestra
de los astros. Venero en los metales
su permanencia muda, su oscura red
de eternidad, su intacta persistencia
de dureza semejante a la luz,
su fría rigidez cuando en invierno
rozan nuestras mejillas, el triste gris
de su materia inmensa, de su abismo.

Todo se encuentra atento a la llegada
de una voz, de un dios o de un incendio.
Y la sangre del hombre perseguida
en su país de níquel, vigilante
desde dentro del sueño, abandonada
a la quietud, aguardando otro ver,
un despertar distinto, otras pupilas
de facetas omnívoras, un nuevo
respirar... (Los círculos voraces,
la persistencia cerrada de los nombres.)
Esperan mirar de nuevo el mundo.

Comprendo a los metales, comparto su destino
tan parecido al mío, su existencia sin mácula.

(Toco su corazón, su savia detenida
cuando logra la forma del crepúsculo.)
Cristales indefensos que se quiebran
bajo la luz del alba, (tantos siglos
gestándose, poblados de simientes).

Me agrada abandonarme a ellos, acariciarlos
apretando mi mano contra su piel exacta,
en su luz de reflejos, de semillas y aristas.
Metal que es tiempo denso y generoso,
agua limpia para la sed del hombre.


( MUJER MÍA )

Me duele una mujer en todo el cuerpo

JORGE LUIS BORGES

a Teresa

1

Desnuda, blanca, de nieve,
de pan cálido, de mar, te quiero,
mujer mía, en el costado
simiente de la noche.

Ave, estela lunar,
como de dios, como de ángel.
Dánae de oro,
mujer de arcilla tierna,
(Limpia, blanca, crepuscular...)
carne, saliva y sombra.

2

Mujer, desnuda, blanca mía,
reguero lunar de oros
y de insomnios.
(De algas, de espadas que se incendian.)

Hembra nocturna, mujer hambrienta
de raíces,
de los tigres más dulces.
(Piernas, voces, comarcas...)

Densos senos
de materia translúcida,
mujer de días y de abismos,
donde pudiera invocar el secreto,
el solo nombre
con que incendias el mundo.

3

Real mujer que oculta la soñada,
en su vaivén de tierra y luz,
de vegetal y fuego, mujer
de otra mujer más honda.

Mía mujer, en el reverso
vacío de las horas.

Con los párpados heridos por la sombra,
(las raíces, los musgos, los lagartos...)



( PIETÀ )

Retrocedemos por los caminos harapientos
de la sombra, galopamos por los acantilados
de la miseria, ansiamos polvo, áspero polvo,
y dichosos caemos hacia la masa informe
de los gérmenes. Ansiamos raíces, nosotros,
los aéreos. Amamos polvo, oscuro, untoso polvo,
el osario donde se tienden los nombres, lava
gris de la hojarasca redimida, hacia el sueño
retrocedemos con nuestros cabellos enredados
en muérdagos. De nada sirve que la luz
nos envuelva con su manto espectral,
volvemos hacia atrás, buscamos la caída a lo ignorado,
necesitados de lo informe, avarientos de vértigos.
Nada anuncian las flores del almendro, intactas
y rojizas después de la nevada, ni el seno
abierto de la mujer como un ave indefensa.
Añoramos cada estallido de la herrumbre,
cada cicatriz sobre el tronco del roble,
los cascos del caballo sobre el légamo
cuando dispersan el tiempo, el sueño
que es olvido, y esa madre auríspice
que gime desde sus vísceras abiertas
y nos llama a su sangre, a lo innombrable.



SUEÑO ESPECULAR

Amo las gaviotas que se alejan
con una rosa inmóvil en su espacio.

Más allá de todo dios
ansío esta quietud
de líneas paralelas.

Adivino otro mar,
otra arena de azogues
en el hueco del alma.

Como la rosa
que se vierte a sí misma,
siempre así.
Siempre así,
sobre la línea ciega
que se eleva hasta el sol.
Así,
bebiendo en cada agua,
temblando en cada labio.



137.- DINA POSADA


Nació en El Salvador en 1946. Trabajó en el diario La Prensa Gráfica de El Salvador. Estudió periodismo en la Universidad de El Salvador y psicología en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Reside en Guatemala. Participó en el nacimiento de Ayer y Hoy, colección de libros de bolsillo dedicada especialmente para rescatar obras literarias guatemaltecas y dar a conocer voces nuevas. Es cofundadora y directora editorial del portal Palabra Virtual (Antología de poesía hispanoamericana) Libros publicados: Hilos de la noche, Guatemala. Edición privada, 1993.Fuego sobre el madero, Guatemala. Edición privada, 1996.


BESO III

Caótico preludio
quemando voces
opacando voluntades
a la vez que dos lenguas en pacto
remueven hondo combate


_______________________________


CARTA FINAL

Quiero morir
con tu espuma carnal
envolviendo
mi pulso casi de polvo

pulpa y zumo
del íntimo adiós
trazarán la sonrisa
que en tus labios de luto
habrás de repetir

mientras el reloj
te aparte el recuerdo


_____________________________


CINTA ABISMAL

Es tu lengua
acierto de vigilia
dejándose llevar
por el lascivo
inquieto
travieso
viento moreno
de mis muslos

Hebra de agua tibia
descubriendo
mis pechos despiertos
piruetea con la gana
que el espejo refleja
en una marejada
de pulsos agitados

Lápiz de filo diligente
perfilando mi abertura
que se explaya
enardece
y grita
soltando su vena
salpicando los sentidos

Voluntad de labios
sometiendo
labios a su voluntad

Anzuelo que pesca
sujeta
y
vuela
con mi carne

al punto preciso

donde el resuello
dice
que termina
y
la quietud
clama
por nacer


______________________________



CLIMATERIO

Pronto se romperá la cadencia
que sostienen mis días lunares
encanecerán mis venas
mi talle tendrá voz
de verano acabado

cálidos destellos
llevarán el paso a mis horas

—no agobies el gesto
mi universo rebasa
los límites de mi cuerpo—

Despéñate en el tiempo
que me bebe
muerde esta vida
que me corre sin freno
reparte tus dedos
en la plenitud de mi tacto

La lumbre de mi lento atardecer
será faro de recios brazos
en las arrugas de tu aliento


______________________________


CONQUISTADOR

Cuando me tiene vista
como presa segura
avanza tu falo
descubriendo sus virtudes

trae en su médula
néctar de un principio
y palpitar de un fin

Tímido meñique adormecido
al rozarme
gallardo índice certero

Voz erguida articulando callada conquista

Devoto a la vigilia
arrastra
por los pliegues de mi sombra
rumor de un anhelo

Ávido ofidio
buscando en mi selva
la dulce fruta jugosa
raíz de su ardor

Llave que se acopla
a mi cerradura
se a
b
i
s
m
a en mi secreto
y me inunda y dobla mi frente
con su cálido soplo desgajante


______________________________


EXPLORADORAS

Tus manos
siempre encuentran en mi piel
una senda inexplorada
para zarpar con rabiosa gana
a la apetecida boca
del relámpago carnal

tus manos
saben evadir la rutina
cuando las pienso
se humedece mi memoria
e impaciente las aguardo


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FUEGO SOBRE EL MADERO

Después de romper el áspero
castrante
hostil
cerrojo de las ataduras
apuñalé al pecado
cayendo agónicas
mis trabas y mis culpas

Dejé de pedir permiso para vivir

Disponiendo conocerte
abrí tus brazos en cruz
—cristo de mis pasiones—
y hundí el sabor
de mi presencia
en tus pies
en tu cuello
en la blanca playa de tu espalda

Recorriéndote fui creciendo
hoja de tu rama
rama de tu árbol
árbol de tu bosque
hoja loca al vaivén
de tu tronco elocuente

Empinando a la fiebre
mi despertar
caminé y rodé en tus cumbres
y tu sexo brotó
dejando su vasta lluvia
en mi rezumante tierra nueva.



______________________________


LUNAS DE SANGRE

El tiempo crucifica
el callado río de mi infancia

de la herida descienden
azoradas lunas fecundas
que a compás de pausas
devastarán el rosa de mi vientre

lo advierte mi vulva
conjugando leyes fulminantes
en todo mi cuerpo



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ORGASMO I

Nerviosa la hora parpadea
ante el tiempo que se ahorca

me rodea me cava me lame
una dicha sin tamaño ni fondo

mis dedos agonizando
en tus costados
se pierden con el mundo
en un suspiro




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ORGASMO III

Se calla la luz
el sonido se apaga

el aleteo de un grito
deja caer sus plumas
en nuestro lecho

tus ojos desplomándose
sobre mi cuerpo vencido
me están escoltando al delirio



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PLEGARIA AL ORGASMO

Ajeno a mis pensamientos
huiste a un casto silencio

Hoy
que sedienta mi sangre te busca
ni a golpes ni a ruegos
te insinúas

enajenado prosigues
riguroso y oprimido y largamente oscuro
como pasillo de convento desolado


ángel de dura delicia
apático orgasmo rebelde
erizado temblor
pólvora vulnerable

regresa a mí
y aniquílame



______________________________





TESTAMENTO

Porque fuiste reto desmedido
a esta alegría
que no me terminaba de nacer
y no teniendo a la vista
otra vida
sino la que desgastan
mis pasos y mis horas
te designo albacea
de mi último suspiro



_____________________________




LA INCÓGNITA

Sin patrimonio ni domicilio
descifro mi nombre
en el tropiezo de los mapas

El color de mi voz es un riesgo
y una espiral que me lanza
al suburbio de los proscritos

No consigo sanar mis distancias

Y aunque quisiera coger
el timón del olvido
he de seguir

bajo los puentes rotos
rescatando
adioses inservibles

única posesión de los vagamundos




_____________________________





LOS LAZOS

Hay en la calle
olor a vidrios rotos
y en el aire
embriaguez de quemadura

Te hundes
en el vientre de la casa
palpas sus llagadas paredes
-entrañas que sin pudor
te muestra la sala moribunda-

La enferma voz
de las bisagras
te habla
de los nudos ciegos
de las ausencias

y alucinado escarbas
por unas cenizas
enlazadas a tu nombre







miércoles, 21 de abril de 2010

SANTIAGO MONTOBBIO [136]



SANTIAGO MONTOBBIO


BARCELONA. ESPAÑA
Licenciado en Derecho y en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Profesor de ESADE y de la UNED. Publicó por primera vez como poeta en la Revista de Occidente en mayo de 1988. Al recibir Hospital de Inocentes , en 1989, Juan Carlos Onetti escribió: "Muy pocas veces me produce alegría contestar a los autores que me envían sus obras. Este es un caso distinto. Me hace feliz escribirle porque su libroHospital de inocentes es muy bueno y de manera misteriosa siento que coincide con mi estado de ser cuando estoy escribiendo". También mereció el reconocimiento espontáneo de otros ilustres autores, que destacaron la belleza, fuerza y hondura de esta poesía: así, Camilo José Cela encontró "tan hondos y hermosos" los poemas, y esto escribieron Ernesto Sabato ("Son magníficos"), Miguel Delibes ("Envidio la fuerza de su verso") o Carmen Martín Gaite ("salen de un pozo muy oscuro y verdadero"). Ha publicado también Ética confirmada (Madrid, 1990), Tierras (Francia, 1996),Los versos del fantasma (México, 2003) y El anarquista de las bengalas (Barcelona, 2005), finalista del Premio Quijote 2006, que concedía la Asociación Colegial de Escritores de España al mejor libro publicado en el año mediante votación de sus socios. Sus textos en prosa se han editado en El Norte de Castilla por decisión de Miguel Delibes. Ha publicado igualmente un libro de arte junto al pintor Lluís Ribas, Los colores del blanco (2008). Ha colaborado en las primeras revistas de España y América, como El Extramundi y los Papeles de Iria Flavia, La Gaceta del Fondo de Cultura Económica o Casa de las Américas, y ha sido traducido al inglés, francés, alemán, italiano, rumano, danés y portugués. Se han editado versiones de sus poemas en París (Passage d'encres, La voix du regard), Bruselas (Le Journal des Poètes), Roma (Pagine), Londres (The Review,International Pen), Dublín (Carte allineate), Porto (O Primeiro de Janeiro), Nueva York (Terra incognita). Se ha publicado una antología de su poesía en Francia, Le théologien dissident (2008).



EN EL ORDEN QUE PREFIERA

A veces empiezan bien mis sueños, y entonces
pueden llegar a ser playas de África
o improbable pasajes de avión hacia el deseo.
A veces empiezan bien mis sueños, a veces me recuerdan
lugares que no he visto y en los que fuimos tan felices,
lugares anónimos, antiguas cartas, aventuradas huidas
y si hay suerte pueden llegar a ser incluso
unas cuerdas vocales que afinan su voz
entre unas piernas.
Porque a veces empiezan bien mis sueños.
Pero otras se despistan, por lo común se cansan y así
suelen acabar teniendo el mismo rostro
que la casa Batlló, pues ociosos y torpes se recuestan
en demasiados bares, en demasiadas tardes,
estúpidamente llenos de Rambla Cataluña y Paseo de Gracia,
hasta batiendo palmas los benditos
mientras ni pueden evitar que de las gabardinas
del fracaso y del alcohol les crezcan
abatidos pájaros
que vagamente me recuerdan
a la hirsuta soledad
de la que no he conseguido salir nunca.

Quizá en esta tierra el hombre sólo puede amarse y detestarse,
amarse y detestarse, sucesivamente, en el orden que prefiera.
Pero esta materia da apenas para un cuento,
y además creo que ya Borges —un fastidio—
escribió mejor de todo esto.



EL MENDIGO

Al pie de una cuesta olvidada o llovida,
al pie de una ajena infancia acaso, detrás de la tierra
y muchísimos años después de que tuviera nombre todo
olvidado o llovido sólo pide en su entierro el mendigo
que en monedas le sean dadas las limosnas, pocas o muchas.
En monedas. De cobre o de espanto y, a veces, con el sonido
de los abrazos perdidos, en monedas siempre, en monedas raídas.

Pues si alguien se olvidó de los relojes
y otra noche aquí aún llega
se las pondrá en los ojos, para no ver,
una por una. Para no ver —noche vacía—,
para no ver o para recordar saberse
tan muerto como su sonido.


Historia verdadera

Bajé del sueño, del sol y el miedo.
Bajé y seguí bajando. No había nada.
Deseé volver. Pero en el descenso
había olvidado cómo a la infancia
del primer verso trepar de nuevo.
Y así (niños y niñas) me quedé solo,
de ninguna parte rey y en mi noche
por nadie abandonado. Y esta sola
historia verdadera es el poeta.


¿FÁBULA Y SIGNO?

Como jamás habíamos pensado que Dios podía ser tan pequeño
como para dudar de su propia existencia
nos sorprendió encontrarlo con los dientes desnudos
en las orillas del frío.

Dichosos por saber que lo teníamos dentro,
lo tendimos al sol, como si fuera una fiesta.




COMO TÚ BIEN DICES

Como las antes tan respetadas plañideras
han sido prohibidas en los días y en los cuadros
—pues cada vez se hizo más persistente el rumor
de que su oficio hacía cosquillas a los muertos—
quizá sí podría asegurarles que nunca como ahora
estuvo tan en suspenso el mundo. Y como acaso
también es verdad que ya hemos pasado todo
el miedo que nos dijeron
que tendríamos que pasar
y como puede que también sea cierto
que por las rendijas de una tarde
por fin llueva ya otro tiempo
como llueve un duelo o llueve un beso
tímidamente ahora se me ocurre
que tú y yo podríamos jugar
a parchís con el silencio
obligando a nuestro amor
a que hiciera de tablero.
Pero no. Es verdad: no estoy seguro,
no me atrevo. ¿Qué quieres? Como tú
bien dices, alguien puede
estar mirando.


CONFESIÓN ÚLTIMA

De entre la mentiras una de las que prefiero
es la luna. Antigua o perdida, ni los locos
la creen, y con sus torpes palabras pueden
fabricársele torpes vestiduras. Porque
el poeta —gata falsa— a veces no está
para cielos o pájaros es por los que os hago
una confesión última. De la noche
no hablo. Porque sin engaño o niño
cómo osar decirte
que la noche es mentira.



DETRÁS DEL CRISTAL

Pero se ve, pero se mira e, incluso,
aunque sólo sea sombra, se respira.
Lo sé al compás del silencio y con madre lluvia.
Lo sé y lo sé dormido. Detrás del cristal, de nuevo alcohol
los astillados ojos y siendo otro en un bar gris
o absurdo: ahora es otro nombre de nunca,
ahora te lo regalo, ahora es mentira,
acaso para mí ya no tú sino nadie abraza
y aunque ceniza es cada amor, cada palabra,
aún se ve o se mira, se ve, mira, se mira
y acaso mañana descubra similares castigos
en la infamia de una vida
que incansablemente
me atardece.



EL ANARQUISTA DE LAS BENGALAS

Yo soy el anarquista de las bengalas,
el anarquista único, el que permanece y pasa:
he tenido nombres en los que dormían las frutas
de los corazones raros. A todas horas trabajo,
y en especial cuando la gente afirma
que no hago nada. Sé lavarme el alma
sobre papel y nada, colocar bombas de relojería
en las ciudades que siento en las espaldas,
buscarle y con olvido las cosquillas a un amor
que prefiguro con distancia y a través de todo eso
seguir estando en todas partes habiéndome
marchado.
Porque yo soy
el anarquista de las bengalas. Cada vez
que enciendo una tu corazón
y mi corazón se apagan.


EL DÍA MENOS PENSADO

Sabes que no soy amigo de juramentos ni promesas
pero sí me has oído decir con insistencia
que el día menos pensado voy a procurar
olvidarme la inocencia y la ternura
sobre el mostrador de cualquier casa de empeño.
Pero jamás conseguí inquietarte, o así lo sospecho.
Porque sabes que soy terco y mucho más
en lo que concierne a mis defectos.
Entre esos dos aún sigo viviendo.




EL TEÓLOGO DISIDENTE

No existe la muerte, no ha existido nunca.
Aunque bajo su amenaza haya vivido el hombre,
en su mentira, no existe la muerte, no existe,
y si adivináis tras la luna el exacto rostro
de la ausencia, si con olvido miráis
la pupila oscura de la espera
entenderéis que no existe, que de verdad no existe
y que cómo iba a existir ella y qué nombre
hubiéramos podido darle entonces a esta tierra.


ESCENA

Nosotros esperábamos jinetes, jinetes no sabíamos de quién,
jinetes quizá de nadie. Alguien tenía que enviar jinetes,
eso nos dijeron, por eso los esperábamos. En calmar llagas
con vendas de silencio
matábamos el tiempo. Así
esperábamos jinetes. Pero
ya no esperamos. Porque en esto
se nos fue la vida, pueden
reírse, en esta escena.
Todo
era un engaño.



EX-LIBRIS

No es bueno apretar el alma, por ver si sale tinta.
El papel sigue siendo el asesino —el asesino de ti—
y quizá es mejor que la sombra y que sus dagas
por antiguas voces descalzas vayan. Por antiguas voces,
muy lejos del número y sus cárceles, entre nieblas
olvidadas. Pero también pienso que con todo esto
tal vez puedas hacer algún día un cuadernillo;
que con todo esto —rojos, nieblas y niños
que se dicen adiós por las esquinas— quizá sí puedas
reunir unos ilegibles pedazos de diario
para con paciencia zurcirlos, tarde adentro,
hasta que torpemente formen un libro hecho de frío.
Y quizá sobre sus grises tapas de lluvia
puedas tú poner también mi nombre antiguo
y, justo debajo, las sabidas fechas
de mi nacimiento y muerte. Y entonces
mi nombre pequeño allí, mi nombre —pobre—
que no sé ya si da pena o si da risa
así grabado en unas tapas
ante las que puedas abrazar las evaporadas siluetas
de unos tristes fantasmas sentimentales que no soy
pero que los viejos papeles tercamente dicen que sí fui.



HIRIENTE Y ABSOLUTA

En la soledad hiriente y absoluta a la que no he conseguido
nunca darle nombres y entre
sus sábanas que tantas veces
recuerdo son del miedo hay
todavía una arrolladora, inexplicable, casi
vergonzosa ternura que creo
que me asalta los ojos y quizá
en ellos me devora. Pero me es difícil su sonido,
por profundo. Nació acaso en mi luz primera
y sé que estará también en mi noche última:
luz y noche, esos polos simples del rincón
estúpido que es mi vida, luz, noche y torsos
sin cuerpo y con ternura
que es quizá recuerdo
de la que por ella tuve y de la que por mí
quizá ella tuvo, este quedo alambre sobre el tono
de una roñosa canción de radio o a través
de los silencios que en los versos se respiran
luz y noche y la enfermedad extraña
que en mis ojos nacen telares sin sonido
y por la que jamás me bastó el mundo
y por la que siempre estuve
como suspenso en vida.



HISTORIA GRIEGA

Noche ni con más noche se consuela. Después
que un árbol arrancado probó a con sus
sombras congraciarse ofreciendo a las pequeñas,
diarias muertes caramelos exilio
de nadie se ha hecho el verso:
hasta el estúpido oficio de leerle al tiempo
las líneas crueles de su mano se ha perdido.



LA INDUSTRIA DEL CORAZÓN

¿Un hombre decente qué legión
de exilios no puede llegar
a ser capaz de padecer
sin salir jamás de casa?



LA CALIGRAFÍA DEL AMOR

La caligrafía del amor está hecha de mariposas y de sangre,
mientras se redondea una o masculla un lobo, en el palito de la «t» un tonto jazmín suspira,
y asimismo hay que decir que la caligrafía del amor se parece a la de la vida
porque es bastante más que extraña, que la caligrafía y el amor
son peores que la tristeza y que la lluvia, mucho peores, sí,
y que ningún destino es tan horrible y tan hermoso
como el de quienes se envían sueños de pechos y cinturas
aprisionados bajo sellos de diecisiete o sesenta y pico pesetas
—eso depende de la urgencia, también del sitio—
y que en los abortados celofanes del adiós y sus distancias
con gran terquedad fingen creer que para cosas como éstas
aún resulta mínimamente útil el correo.

Desde luego: la caligrafía del amor está hecha de mariposas y de sangre,
mientras se redondea una o sí que más de una vez masculla un lobo, etcétera.
Pero no me habléis de eso, de eso no me digáis nada, por favor,
nada de nada. Porque en tiempos como ése yo llegué a estar muerto
varias veces en un día, y por otra parte muy bien sé
que no existe mayor ruina
que la de saberse condenado al extrañísimo oficio
del ir sin ningún eco levantando
innumerables actas de cómo
tu propia vida te fracasa.



LO DIJO EL POLICÍA

Las memorias se venden bien, pero su precio oscila.
Depende de si guardan árboles, lagos, travesuras de infancia,
columpios o lunas, algo que se llamó ideales
y también amores, abuelas tiernas, huesos, frutas.
Sí: los sueños ya suben mucho, y sobre todo algunos.
Y para poco gasto tenemos las de algunos que sólo cuentan
tiempos perdidos y que a los sumo fingen
llagas de sombra con rostros de tarde o de tortuga.
Nada es. Pero alcanza a cualquier bolsillo.
Yo ya siempre lo había dicho: las memorias
de los poetas castrados
nunca valdrán un duro.


MANIFIESTO INICIAL DEL HUMANISTA

La causa de las palabras, que para nada sirven,
o para vivir tan sólo, es una causa pequeña.
Pero si cada día sabes con mayor certeza
que no sólo repudias las coronas
sino que cada vez te dan más asco;
si en verdad no quieres hacer de tu ya arruinada inteligencia
una prostituta mercenaria que venda sus pechos o su alma
a cualquier hijastro del dinero o si, sencillamente,
poco necesitas y tan sólo te importa soportar
con dignidad la vida y sus tristezas
mejor será que asumas desde ahora
la inevitable condena de la soledad y del fracaso
y que como luminoso o ciego abandono de estrellas
a esa pequeña, muy ridícula causa ya te abraces,
que del todo lo hagas y que en tu habitación vacía
las palabras del fuego sean ceniza, que se asalten
y persigan, que tengan frío, en su noche
a solas, por decir tu nombre.


PARA SUPLIR UN ENVÍO

Pero si yo fuera aún más torpe
y un torpe poema te enviara
quizá sí conseguiría explicarte
por qué sólo creo en quien fracasa,
en el hombre pequeño que no sabe,
en el triste hombre que es el miedo
y también frío, en aquel que no halla
sino nada y que si su nombre dice —un sol barrido—
se ríe en su vacío. Y es que si yo fuera ún más torpe
y realizara un envío sí que te hablaría del que no odia
y del que teme y también del que cuando repasa
las inútiles sombras de su vida sabe
que la soledad es una mordaza única, que en ella
nunca fue mucho más que despedida y que a pesar
de haber olvidado las ventanas
a través de papeles y otros atentados diminutos
aún recobra y muerde el rostro
de aquel antiguo amor ridículo.



PARA UNA TEOLOGÍA DEL INSOMNIO

Minuciosamente sueño a Dios durante el día
para por la noche poder creer que me perdona.

Desde la culpa de no ser feliz, de no haberlo sido,
desencuaderno mis ojos huecos y de sobras sé
que no dormir es un rastro del infierno.


PÓSTUMO

De todos mis amigos
yo tuve la muerte más extraña:

con el alma dislocada
fui silencio por la página.



PRAGA

Yo nunca he estado en Praga, pero le sueño jardines,
escaparates llenos de temblorosos misterios y también
que los tranvías se alejan justo con la extraña forma
que cursi como soy siempre me ha hecho
llorar por los falsos recuerdos.
Si llega la noche populoso soy y la atravieso
o me pierdo en una fiesta y no entiendo
por qué estoy ante las ventanas
que se esconden en las anónimas piernas
preguntándome con insistencia cómo fue
que le crecieron a nuestro amor tantos nenúfares
y a la vez dándome por fin perfecta cuenta
de que la soledad siempre ha sido una flor seca
que alguien se dejó olvidada en un ojal.
Y es que aunque yo nunca he estado en Praga
le sueño —ya lo ves— jardindes, tranvías,
baile y despedida y cosas parecidas;
y sueño también que con tan frágil materia
un día hago un poema, que tú lo lees
y que con cualquier motivo me traes —sorpresa—
dos billetes de tren para el sitio
que me ha dado por llamar de esta manera
y que entonces yo tengo que aúnar
afecto y paciencia para decirte aquello
de no despertéis al amor con vuestros pasos,
aquello que no sé ahora quién lo ha escrito
pero sí que dice distinto según el ánimo o el día
y que quizá simplemente es —¿lo entiendes
ya, estúpida mía?— aquello mismo.


SÓLO UN NOMBRE PODRÍA LLEVAR LA DEDICATORIA

Supongo que por ser casi lo único que estaba abierto los domingos
en el acuario municipal que están estos días derribando
habíamos pasado no sé qué desmesurado número de tardes,
y recuerdo cómo sólo llegar nos dirigíamos
a saludar a tío Alfonso convertido en un besugo,
aquel besugo afable, exacto a él y que creíamos
que a la fuerza tenía ya que conocernos.

El tiempo del que hablo era entonces tan extraño
que aún no se habían inventado
esas modernas variantes de los parkings
que creo que se llaman guarderías, y si me esforzara
podría de mañanas y tardes trazar un prolija geografía
—la catedral y los paseos, la feria de belenes y de libros,
jardines cerca de las autopistas o autos de choque
o museos infinitos: calles, rosas y cuadros
probablemente más hermosos pero también
un poquitín más aburridos que el besugo—.
Pero no me interesa y entonces no me esfuerzo.
Porque más que eso son los pequeños y diarios infiernos
que salpican lo que se dice una vida de familia,
ese modo de estar siempre un cazador oculto y fiero en casa
y los insoportables ritos de la estupidez y de la histeria
de los que muy pronto tuve que aprender
a huir íntimamente, para seguir viviendo,
lo que siempre recuerdo y lo que me hace pensar siempre
que puede no haber modo más titánico de ganarse a pulso el cielo
ni oficio más gravoso que el buen oficio de ser madre
y pensar también que cuando pienso eso mejor es que me calle
sino quiero acabar enhebrando una con otra las cursilerías
y más que nada estar convencido de que si algún día consiguiera
cifrar en un cuadri, en media página o en cualquier otra
imposible forma del tiempo o de la música
alguna sombra de mi despedazada vida
sólo un nombre podría llevar la dedicatoria.


SOMBRA

Tras los llantos o el último gesto del sol
nada queda. Nada tras los llantos, los versos,
los retratos. Y una sombra dice que fue ella.
(Las sombras, ya se sabe, no quieren tener la culpa
de ser sombras y por eso buscan amantes, asesinas).
Una sombra dice que fue ella, sin cesar lo dice.
Al mismo sol, al papel mismo, a quien lo escuche.
Pero quizá no fue nadie y quizá fue nada.
Tras los llantos, versos y retratos quizá
fue sólo eso. Un nombre triste que se hizo pequeño.
Un nombre sin padres a quien extravió la vida.
Un nombre solo, no vaya a preocuparse nadie,
si fue la sombra de un nombre, la pobrecita,
la sombra de la nada aquella. Mas si nada fue,
y lugar no tuvo, dice que no quiere últimas patrias,
hechas con epitafios de yeso, la sombra ésta.
La sombra que en cada espejo con mi rostro aún veo,
la pobre y ésta que aborrece los epitafios y el yeso,
la que nada fue y la que nada pide. Nada.
Sólo nada. ¿No lo oís? Dejadla quieta.



ÚNICA EDAD

Porque alguien fue un instante hermoso
y de antiguos, nunca escritos libros rescató
palabras parecidas a piedad —o casi tan extrañas—
ante la impasibilidad estéril de los muros
como en un final cualquiera comprendimos
que la única edad del hombre es la que calla.



URBE

Me han dicho que por aquí vive un poeta
que a fuer de humano ha llegado a celestial, dije.
Y añadí: si cree que es broma, ahora viene lo bueno:
lo digo totalmente en serio. En antiguas hojas
crepitaba el silencio. Completé rompiéndolo:
nombre no tiene, porque vive
precisamente en su busca. ¡Ah, ese!,
contestó el mesonero. Dicen que se hizo unos andamios
con sonetos celestes, pero la verdad es que nadie
sabe bien dónde para. Probaré si hay suerte, dije.
Y así vi sujetos, telarañas trenzadas por ellos
con sus misterios y cómo entre todos reunían
la leña de los verbos para irse juntos
al fuego del Gran Verbo. Pero no. No
he podido verlo: está ya muy lejos,
y ha llegado a ciudad extraña, una ciudad
fundada por él o sus sueños y donde
yo me pierdo porque en ella las calles
trazan su cara. Algunos sí que tienen
buenas artes poéticas, pensé al saberlo,
y al pensarlo sentí al momento
que a mí me quedaban derrotadas
las noches, sus imbéciles desiertos.



VIDA SENTIMENTAL

Demasiados modos de interpretar la lluvia
ofrecen las películas; demasiados modos, demasiados ojos
y del todo excesiva esa facilidad como de postal ridícula
con que a medias entre copa y cigarrillo
los maquillados gestos de una imagen
sopesan, trituran, absorben y administran
distancia de muchacha; excesiva y también ridícula, eso,
más o menos eso es lo que me digo
cuando repaso el manual de adioses de mi vida
y desde él comprendo que es del todo cierto aquello
de que no suicidarme es algo que siempre me dio mucho trabajo,
que no suicidarme —ausencia, clínica y demás patéticos
retratos desbocados— en verdad ha sido para mí
la diaria gran tarea
y que por causa del afónico equipaje
que ha tenido a bien irme imponiendo el tiempo
a estas alturas ya sólo podría doctorarme
con una absurda colección de vaguedades que intentara hacer ver
a qué ruinosos extremos puede llevarnos la torpeza
si desde siempre ha dominado
la expresión de los afectos.


VUELTA

Crepusculaba amenazas y con fingidos jazmines
carne daba a miserias o batallas
por conseguir ponerse nombre
a través de papeles o misterios sepultados:
cinturas con livianas mordeduras de hambre,
martillos, rojos, clavados adioses y ojos
con demasiadas tortugas como para ser fotografiados:
crepusculaba, del cielo precisamente huérfano
nostalgias de sí o de nada
crepusculaba.








Santiago Montobbio.
Hasta el final camina el canto.
El Bardo. Barcelona, 2015.

Tras veinte años de silencio, Santiago Montobbio escribió en 2009 una asombrosa cantidad de poemas: cerca de mil textos acumulados compulsivamente como un poseído por la palabra y el ímpetu creativo, en un proceso de escritura febril que había empezado en primavera y se repitió en el verano y el otoño hasta casi completar ese millar de poemas del que este tercer volumen recoge una cuarta parte, la que se compuso entre el 31 de julio y el 17 de agosto. 

Publicados ya dos tomos bajo el título La poesía es un fondo de agua marina y Los soles por las noches esparcidos, esta tercera entrega -Hasta el final camina el canto-  recoge casi doscientos cincuenta textos de esa escritura torrencial y volcánica, unidos con los anteriores no sólo porque responden a un mismo momento creativo y a idéntico ímpetu, sino porque insisten en la exploración de temas y actitudes que Santiago Montobbio había mostrado en ellos.

Por ejemplo el equilibrio entre la mirada exterior y la interior, que se anuncia como resumen y obertura en los primeros versos del libro:

No hay casi biografía. Todo
sucede por dentro.

Y  a partir de ahí, una serie de líneas de fuerza que vertebran temáticamente el libro: la perplejidad de la mirada ante la irrupción del misterio, el destello de la revelación en el paisaje, la evocación del pasado y el constante discurrir de lo exterior a lo interior, de la reflexión personal al diálogo con los otros, de las playas y los pinares a la conciencia de la temporalidad o al sentido revelador del lenguaje y la reivindicación de la poesía como forma de consuelo y de conocimiento, como actitud interrogativa ante el mundo en textos como este:

¿ADÓNDE LLEGO? ¿ADÓNDE VUELO? 
¿Adónde soy? Adónde, a nada, 
a nadie, al todo hecho astillas 
en que canto y en que me vivo. 
Llego, vuelo y soy. Arribo, alcanzo. 
Hiero. Tiemblo. Y pueblo el mundo 
de adioses y miradas 
y enredaderas que trepan por la nada 
adonde me cifro y llego, en donde 
soy respiro y aliento íntimo 
de una herida última 
en la que la palabra germina. 
Su desierto me nombra y me calcina. 
Por él yo avanzo. Y mientras ando 
o canto me deshago. Así 
te llegan mis huesos, o así 
te los entrego. Un firmamento 
de misterios. 

Tiempo y verso como ejes que se anuncian desde el mismo título con el final y el canto. Lo resume así el poeta en su nota introductoria:

“Porque está el final con esta conciencia y de este modo, como ha de estar en la poesía: como horizonte y anhelo, como búsqueda infinita y que no termina y que por eso mismo hasta allí va y camina, hasta el final, la raíz o la fuente, que es también el fondo de agua marina que dice que es la poesía el primer libro y los soles por las noches esparcidos de los poemas el segundo, y tras ellos y para completarlos y continuarlos solo decir y añadir con ello una verdad: Hasta el final camina el canto.”

Así el canto de camino hasta los versos que cierran el libro:

No vuelven las sombras. Con los días y los poemas 
se van, y vienen otras. Son también sombras, 
pero otras. La música de las palabras 
las retrata, y se suceden como un río 
cuya agua es una soledad en la que canta.

Santos Domínguez









martes, 20 de abril de 2010

135.- ALEJANDRO DUQUE AMUSCO


Alejandro Duque Amusco (Sevilla, 2 de noviembre de 1949) Poeta y escritor sevillano.
Actualmente, reside en Barcelona, donde ejerce como profesor de Literatura Española en el Instituto Lluís Vives. Es uno de los mayores especialistas en la obra de Vicente Aleixandre, de quien ha preparado varias ediciones y estudios de sus obras.

Libros
Esencias de los días (1976).
El sol en Sagitario (1978).
Del agua, del fuego y otras purificaciones (1983).
Sueño en el fuego (1989).
Donde rompe la noche (1994). Ganador del Premio Internacional Loewe 1994.
Briznas (2004).
En el olvido del mundo (2004).
Lírica solar. Antología personal [1983-2008] (2008).
A la ilusión final (2008).
Sueño en el fuego (2009; 2ª ed. ampliada y definitiva)

Ediciones
Vicente Aleixandre, "Álbum. Versos de juventud" (con Dámaso Alonso y otros), B., Tusquets, 1993 (Edic. de Alejandro Duque Amusco y María-Jesús Velo).
Vicente Aleixandre, "Mundo a solas", acompañado en la misma edición del estudio de Alejandro Duque Amusco, "Destino del hombre". Ayuntamiento de Madrid, 1998
Vicente Aleixandre, "Poesías completas", M., Visor/Comunidad de Madrid/Ayuntamiento de Málaga, (2001, 2005).
Vicente Aleixandre, "Prosas completas", M., Visor/Comunidad de Madrid/Ayuntamiento de Málaga, (2002).
"Cómo se hace un poema", Pre-Textos/El Ciervo, Madrid, 2002.
Vicente Aleixandre, "Nombre escondido: Antología esencial, 1928-1984", Renacimiento, Sevilla (2009)







Análisis de la luz

Desde las márgenes del negro al blanco,
desde el aire a la tierra,
con qué vestidura sigilosa, con qué dureza
ruedas por un manto de porosidades,
azar, entretejida estrella, dardo solar,
lengua de luz huidiza
hacia las letras claras del vacío.

En la hodierna de la necesidad
tu nombre cede al ser,
y eres la piedra ardiente,
la cosmogonía de la llama,
el balbuceo del origen,
pulsión y anulación,
la flor que suma todos los colores,
la palabra que no tiene sílabas,
la liturgia profunda de la carne,
la serpiente de la anamorfosis.

Azar, azar, rosa vital,
espectro fugitivo.

De "Del agua, del fuego y otras purificaciones"
Ed. El Bardo, 1983, Barcelona







Aridez

Si la aridez es la caída, la belleza está en ella.
Habita entre tinieblas un lugar escondido
y en lo profundo duerme
como el oro en la ciénaga.
Si la aridez engendra, monstruo de mil cabezas,
la herida de lo hermoso,
danzando sobre esta luz de pesadilla
las palabras se ceban de despojos.
Violetas empapadas del ayer.
Residuos. Farsa quemante.
Sé que aquí
hay un rostro, en el agua estancada,
está herido y me escucha, le toco
y desaparece.

Flotan leños podridos en la charca.

De "Donde rompe la noche"
Visor, 1994, Madrid







Aristas

Como una extraña rosa
del desierto

árida y fría,
los años ya vividos.

Más fluida y ligera
la muerte cada vez

-graciosa perla
al fondo del estanque,

... y alargamos la mano.

De "A la ilusión final"
Renacimiento, 2008, Sevilla







Criaturas de la luz

Brot und Wein
F. Hölderlin

Mientras fue seguro el sol
por lo más alto, en mis días de niño,
lo fuisteis todo para mí, serenas potestades,
resplandor y creencia, los mensajeros
de la divinidad invadiendo mis juegos.
Después, tras la alborada viva
de la espera,
desperté
y ya no estabais,
fluyó la luz
y solamente vi, en la tiniebla roja,
vuestras sagradas alas alejándose.

De "Donde rompe la noche"
Visor, 1994, Madrid







Despoblado

Crece
la marejada negra
del olvido. Sus aguas
llevan del ayer
al nunca.

El nunca
es el lugar
más habitado.

De "Donde rompe la noche"
Visor, 1994, Madrid







El puente

(Arroyo del Rey, 1952)

Ella vino hasta aquí, a este puente tendido
entre las márgenes de un río sin caudal, sobre un lecho de rocas,
buscando los brazos fieles, ellos sí, de la tierra.
En el borde dejó sus zapatos cansados
y unos renglones torpes en un triste papel:
palabras puras, evidencia sombría
de que el amor es flecha
feliz y luminosa, mientras dura en el aire,
suspensa por el soplo ligero del deseo.
Pero roedor tormento cuando, muerto su impulso,
acaba por clavarse en el centro más vivo.

Cual memoria de piedra
el puente sigue erguido,
pero algo más que las rocosas márgenes
de un río sin caudal separa y une.
Una orilla de vida, otra de muerte
se entrelazan en él; al fondo rocas,
duro lecho de rocas, olvido a un desengaño,
contra el que una mujer cae, invisible,
desde lo alto
del amor.

De "Donde rompe la noche"
Visor, 1994, Madrid







En el último día

¿Cuántas veces morimos? ¿Cuántas veces,
desde que caímos
del precipicio de la eternidad,
hemos muerto? Muerte tierna y florida
fue nacer, ser engendrados
por el tiempo. Como una exhalación
entramos a otra muerte, dulce y punzante,
con el primer amor, nunca olvidado.
Y el valle de la juventud pronto marchito
por borbotones de deseos y sombras,
y el exterminio tibio de los días:
un río que se cumple al no cumplirse
por todas las edades, arrasando y menguando,
añadiendo más muertes a la muerte.
No, no es verdad: en el último día
no morimos. La muerte encuentra sólo
los brazos del vacío, la sombra de una ausencia.

De "Donde rompe la noche"
Visor, 1994, Madrid







En la ribera verde

La madrugada llega como una barca de luz
a la deriva. Emerge la ciudad
de entre los restos negros de la noche.
El rostro fatigado por la vigilia, la lectura, el pálido insomnio.
Los ojos, que han hurgado dentro del vacío y las palabras,
vagan sobre la mesa, la lámpara, los estantes borrados por la débil penumbra,
el ventanal -sus cristales empañados
por la respiración y la noche...
La calle empieza a ser
un inquietante laberinto móvil,
como lenta serpiente se retuerce bajo el brillo metálico
de las farolas.
Hace frío.
Se oye el viento latir por las rendijas.
Sobre los tejados, finas columnas de humo.
Nubarrones. La claridad mate del día.
En el papel
(el libro yace abierto, abandonado) escribo:
"La aurora atraca en la ribera verde".

Todo lo que el corazón calla, ¿cómo lo diremos?

Huyó otra noche. Huyó otra noche más con su negro silencio,
con sus estrellas invisibles.

De "Del agua, del fuego y otras purificaciones"
Ed. El Bardo, 1983, Barcelona







Escritura

He visto la luz,
su aullido blanco en la mañana,

la ternura de la noche revestida
de fatuos centelleos,

he visto
el mar con su rizada lengua

y la boscosa tarde a punto de enmudecer
en un invierno embravecido.

He visto un jardín
abriéndose
a un desierto-
el desierto era sólo
la soledad del hombre.
Y más.
He visto la obra limpia:
la llama y la belleza
-refulgían las dos como un único fuego.

Fuego verbal
para mi noche
escrita.

De "Donde rompe la noche"
Visor, 1994, Madrid







Exitus letalis

Todo lo que el corazón calla nos conduce a la muerte.
Todo lo que la vida calla, con sus lumbres despiertas,
es asombro y silencio
para la muerte. ¿Pues qué es la muerte
sino la gran perplejidad, la insólita
extrañeza, al filo mismo de lo real?
No el sonoro joyel, no la espirituosa pulpa: el hueso,
sólo el hueso con su seco silencio
al que ninguna pregunta sucede o inquieta.
Perplejidad y silencio.
Vacío
de un vacío fluyente por debajo del tiempo,
granada abierta, hermosa fuga, lebrel de ardor-
eso es la muerte. Lo que rodea a la vida como una llama pavorosa,
y la acalla por siempre.
Lo que esperamos siempre.

Óseo silencio de perplejidad.

De "Sueño en el fuego"
Renacimiento, 1989, Sevilla







Exvoto

(Tumba de Il tuffatore, Paestum)

Una tumba, una lápida fúnebre
y en ella, como perro guardián cerca del amo,

el dibujo de un joven lanzándose
al vacío ?finas
hebras del aire.
Espirales.
Columnas.

Un mar lo acoge.
¿Un mar o un cielo adormecido?

El joven cae con lentitud ingrave
igual que una promesa que no termina nunca

de cumplirse: nadador que levita
en una zambullida hacia la luz.

Ay, tuffatore, estás y siempre vuelves,
rebrotas con el Árbol Cenital de inmarchitables ramas

que regalan sus frutos prodigiosos
para salvar los dones de la tierra,

el nudo de las noches y los días,
la espiral del azar,

el amor y la música ?dos formas
diferentes de llamar a lo mismo,

el latido del sol
entre el cielo y el mar, la caída y el éxtasis.

Con tu salto la muerte has traspasado.

Todo el espacio abre
ante tu vuelo inmóvil.

Profunda tumba azul.

De "A la ilusión final"
Renacimiento, 2008, Sevilla







Génesis

En el principio Dios creó el infierno.
Y dijo luego
hágase la luz y apuntaron los primeros
rayos del sufrimiento.
Separó en días sucesivos los cielos
de la tierra, la tierra del océano,
los cimientos
que amorosamente prietos
estaban en uno, y multiplicó la vida en los reinos
del aire y sobre la tierra y bajo el crespo
manto del océano
en torturantes e infinitos cuerpos.
Y viendo Dios aquel perfecto infierno
sonrió y dijo: "Hagamos ahora un ser noble y bueno
capaz de expresar el horror de este averno".
Y tomando en sus manos de supremo
Arquitecto
la arcilla más pura, hizo al hombre y sus sueños.
Desde el odio de Dios crecía el universo.

De "Sueño en el fuego"
Renacimiento, 1989, Sevilla







Habitaciones "Holofernes"

A estas alcobas de velada luz y lechos clandestinos,
de la mañana hasta la demacrada madrugada
las parejas acuden.
Imantados de su desnudo hermoso
los cuerpos ruedan, se suceden
entre rojos muarés y tabiques de espejos que regalan miradas, roces, formas.
Suben las escaleras
con un silencio de complicidad y alborozo,
la húmeda hoguera del deseo en los ojos
y aún la llama peor: la del remordimiento.
Saben, tácitamente lo consaben,
que aquellas escaleras de discreta penumbra conducen a la gloria,
pero que luego bajan
al infierno. Siempre la vida tasa
con severa medida, y al goce sigue
el lento sufrimiento, al triunfo la aridez,
y las lágrimas matan la luciérnaga blanca de una boca que ríe.
Nada está escrito,
pero todo se cumple:
el precio de la felicidad
es la desdicha.
Ellos se juran, se prometen
ante el sagrado libro de sus cuerpos,
y en el estrecho nudo que los desengendra para siempre
se dan una guirnalda de placer fugitivo.
Una noche de amor
y otra larga, insondable, de olvido.

De "Sueño en el fuego"
Renacimiento, 1989, Sevilla







La extraña realidad

Aquello que llamamos realidad
es simplemente el edificio gótico

de una Idea caída
sobre la piel delgada del espacio.

Una ilusión
que nunca será nuestra,

por ella nos perdemos
entre alamedas de fértiles engaños

o celajes que trazan al azar
el mundo real, el mundo imaginario:

nombres, rostros, figuras,
fechas, ciudades, años y paisajes

de sombra.
¿Existieron?
¿O fueron el destino del vacío
y las informes máscaras del tiempo?

Extraño torreón de negra luz,
la realidad, como una llamarada

que es superior a todo, más fuerte que el olvido,
ilumina la tierra de la ilusión final.

Y su verdad o su mentira abrasa
como rayo de sol mirado a cielo abierto

por la ventana azul de un día de verano.

Un resplandor que ciega.
Una impasible
llama.

Espera de un mediodía absoluto
que nunca será nuestro.

De "A la ilusión final"
Renacimiento, 2008, Sevilla







Lejanas estelas de junio

Desciende de la mañana abierta
un ala gritadora.

Los manzanos
maduran
los zumos ácidos del sol.

Al mediodía, los animales
corren inquietos.
Rumores y latidos.
Oíd la profunda respiración
de la tierra.
Viene de más allá,
del otro lado de la luz,
como oleaje
entre sueños.

Mirad las lumbres vivas.

Libélulas llameantes,
rayos rizados de color.

Nupcial derramamiento en el atrio del verano.

De "Del agua, del fuego y otras purificaciones"
Ed. El Bardo, 1983, Barcelona







Leyendo en la biblioteca

A esta líquida luz de las vidrieras
la sala de lectura, evanescente, va ensanchando el vacío,
crujen los anaqueles con los grandes tomos
donde otros, antes que tú, dieron a la penumbra
el oro quebradizo de sus sueños.
Gira el vacío y corre un viento ácido
por entre los pupitres -ataúdes dormidos- y los rostros borrosos
de quienes leen, olvidados de todo, en el borde del mundo.
La vida se repliega. En la tarde oferente del conocimiento
con su terco porqué cunde la nada.
La sabia catedral desaparece.

Un susurro de hojas en el libro del Tiempo.

De "Sueño en el fuego"
Renacimiento, 1989, Sevilla







Leyendo "La Commedia"

Selvas oscuras, fieras alimañas.
Dante, con firme compañía, siguió un camino
que es ascensión y meta de amor y sufrimiento,
hasta el vergel de verdores agudos
donde es suave el mirar, la luz no engaña,
y una Rosa
es el Ojo inmortal del universo.

Pero hoy que las sombras protectoras
se alejaron, zarparon en la noche, y bogan
entre la nada y el recuerdo de nunca,
cuando despiertes de tu largo sueño
¿encontrarás
en la otra orilla del río irrebogable
la mano del poeta
que acompaña, los ojos
de Beatriz, la sabia y suave lumbre de Matelda?
El círculo a otro abismo de negror se abre.

Bajo una inmensa ausencia, sólo estrellas.

De "Sueño en el fuego"
Renacimiento, 1989, Sevilla







Noche de San Lorenzo

Luna, llamada violenta
de la luz, sima del cielo,

desde esta quietud de noche plena
la vida reposa en lejanías.

¿Quién no se siente fuente estremecida
por la pleamar helada de los astros?

Arrebatados, en silencio, oímos
fluir esta bullente geometría:

la noche boga
por los ríos de luz,

y aún aceptamos otras leyes
que son las floraciones de la muerte.

El alma se abandona?
y por los ojos grandes del espacio
vaga, sobrecogida y sola,

a la deriva
de la inmensa patria.

De "A la ilusión final"
Renacimiento, 2008, Sevilla







Nostalgia de los sueños

Sueños de la niñez. Los brazos del gigante de la barba de plata
me llevaban al país de la innombrable noche
donde las banderolas de sueño se agitaban sobre los ojos extasiados,
y pasaban los pájaros del color de la luna.
Los días se tejían con fábulas de sueños.
Sueños de placidez que el mar suave acunaba
con su canción azul, entre islas de encanto,
o sueños otras veces traspasados por el pavor de una lanza sangrienta
(Tristán era alcanzado en la luz venenosa),
pero sueños, sueños siempre, larvas de la alucinación
que daban a la mente fulgores misteriosos,
colores y latidos.
Alfileres de oro.
Y al despertar, qué extraña y dulce turbación deslumbrada.
De la ladera oscura
la mañana surgía, tintineante de sol,
y el niño escapaba a los pinares a esconder sus riquezas.

Oh sueño, oh cofre de la noche, entonces lleno de monedas vivas.

De "Sueño en el fuego"
Renacimiento, 1989, Sevilla







Ofelia

Desconsuelo es
mi nombre.

No me llaméis,
dejadme.

(Barre el vacío
un lecho
de hojarasca.)

Siento
alejarse los jardines
colgantes
del amor.

De "Donde rompe la noche"
Visor, 1994, Madrid







Palabra

Celada hermosa,
detrás de cuya estela
se me fueron
los ojos deslumbrados;
viví para ahuyentar
la muerte y su cara empolvada
con tu gracia
de frágil danzarina.

Para esperarte
bajo la luna negra del deseo,
como sumiso amante,
por si acaso venías.
Pero tal vez
no eres más que eso: una espera
en la noche,
la espera que se cumple
en otra espera,
la promesa
por siempre demorada.
La cita de una ausencia.
¿Cómo tenerte, hechizo delicado,
si sé que las palabras
más amadas son esas
que nadie oye,
las más ansiadas son
las que nos cuestan
al final
la vida?

De "Donde rompe la noche"
Visor, 1994, Madrid







Promaquia

Ángel de hielo, obelisco mortal,
Azrael de los lienzos de bruma,
de los ojos voraces en la tiniebla ardiendo,
del tacto glacial sobre la carne,
y del suave licor del silencio, sobre todo del silencio,
con el que nos condenas, día a día,
a la tortura blanca del vacío.
Ángel cruel de mármol, dura muerte sin fin,
proseguirá la lucha, inevitable,
mientras la vida no se rinda e interponga su escudo
ante tu golpe fiero. Cuerpo a cuerpo, en la noche,
en la prolongada noche de nuestro singular combate,
tu soledad hambrienta, aterida de sombra,
grande y hueca como los ojos de los muertos,
va anudando a mi alma
la amoratada sábana postrera.

De "Del agua, del fuego y otras purificaciones"
Ed. El Bardo, 1983, Barcelona







Reloj de agua

En la gota de agua
parpadea
la aguja inmutable
del tiempo
y del no tiempo.

Como el hueso en la carne,
el sol está dentro de la gota suspensa.

Interior insolación del tiempo.

De "Del agua, del fuego y otras purificaciones"
Ed. El Bardo, 1983, Barcelona







Rubaiyat

Haya cielo
o infierno, nadie
elige. Duerme tranquilo
el día
indiferente.
También
la puerta a la otra vida
te la abrirá el azar.

De "Donde rompe la noche"
Visor, 1994, Madrid