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martes, 20 de junio de 2017

AKEEM LASISI [20.214]


AKEEM LASISI

Akeem Lasisi nació en Ibadan, suroeste de Nigeria, en 1967. Es un reconocido poeta, profesor, periodista, editor, compositor, cantante, comediante, performer, y entusiasta exponente de la literatura oral.

Algunos de sus libros de poemas publicados: Iremoje: Poesía ritual para Ken Saro-Wiwa (Premio Cadbury de Poesía de la Asociación de Autores de Nigeria), 2000; El canto de la novia, 2001; Noche de mi vuelo (Premio Cadbury de Poesía de la Asociación de Autores de Nigeria), 2005; y Sobre las alas del viento, 2013.

Ha editado algunos video-poemas, videos musicales y CD’s con su propia obra, entre ellos, Post Mortem, Ori Agbe (Para Wole Soyinka), País de las maravillas, Eleleture, Udeme, Ekun Iyawo y Promesa cumplida.

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/27/News/Lasisi.html



Traducciones de León Blanco


La poesía es

Por el bien de estos pájaros africanos 
Déjennos desmontar el castillo canónico 
Y otorguémosle a nuestra más querida poesía un rostro humano. 
Porque la poesía es y la poesía no es: 
La ironía de la rosa y la rosa en la espina 
La poesía es y la poesía no es: 
La parábola del pájaro y la paradoja de la muerte, 
La poesía es y la poesía no es: 
La locura de Hitler y la sabiduría de Gandhi 
La poesía es y la poesía no es. 
El chirrido de la cama y el parpadeo de los ojos 
La poesía es y la poesía no es: 
Por el bien de estos pájaros africanos 
Déjennos desmontar el castillo canónico 
Y otorguémosle a nuestra más querida poesía un rostro humano.




Soy oriundo de un mito

Soy oriundo de un mito, soy oriundo de la luna, 
Soy oriundo de una raza donde no cantar es un pecado 
Donde no bailar es la muerte 
Donde nos carcajeamos en cantos y reímos en historias 
Hasta nuestras lágrimas fluyen en cascadas serpentinas 
Ah, ellas llevan una marca de rimas terciarias.




Kankia

Empujado contra la pared por la sequía 
De un bloc de notas, Kankia,
Garabatearé un poema
Sobre la palma de tu desierto, 
Aquellos nómadas no nacidos y futuros toros 
Podrán leer la mente interior de un poeta visitante.

Doy testimonio del valor 
Del sol de Kankia  
Que alcanza los campos antes que el rocío.




Agede

Mi espíritu vuelve a ti, arroyo de mi infancia 
Donde tuve mi bautizo de alegría pastoril. 
Donde, un Keats petulante, 
Observé la naturaleza en juego con el ser

Como cuando cobras eructaban, 
Tilapias se arrastraban,
Un martín pescador se posaba sobre la rama de un sauce 
Esperando ansioso su turno para saquear.

Agede:
Confluencia de mi mañana y mi mediodía;
Mi espíritu vuelve a ti, arroyo de mi infancia 
Donde tuve mi bautizo de alegría pastoril.




Lo que le sucede al mar le sucede al pez

                                       (De Iremoje: Ritual Poetry for Ken Saro-Wiwa)

Lo que le sucede al mar le sucede al pez
Lo que le sucede a los ojos le sucede a la nariz
¿Dónde está nuestro propio cielo africano
Que rebosó nuestros graneros en tiempos de cosecha?

Lo que le sucede a la espalda 
Le sucede al pecho
¿Por qué están las alcantarillas tan abiertas
Con aliento tóxico de aceites migrantes?

¿Por qué nuestra tierra cultivable, ahora, tan impotente,
No puede más eyacular vida entre semillas viriles?

Lo que le sucede al mar le sucede al pez
Sabes que somos una raza de emblemas de pesca
Pero envenenaste nuestros ríos con un vertedero continuo
Dile a quien mina nuestra riqueza que piense en nuestra salud

Piensa en clanes enfermos, sin una clínica,
En escuelas silvestres, sin una tiza,
Y el camino tan estrecho y desgarrador, con agujeros laberínticos.

Lo que le sucede al mar le sucede al pez
Lo que le sucede al cielo le sucede al pájaro
Lo que le sucede a nuestras selvas tropicales
Les sucede a las acrobáticas ardillas en los árboles tropicales. 

*




Los poetas y la guerra: El ejemplo nigeriano


Por Akeem Lasisi
Traducción de León Blanco

La relación entre la poesía y elementos de la humanidad tales como el amor, la paz y el desarrollo, es sólida. Como resultado, los poetas a menudo están comprometidos en propagar los valores a nivel personal, comunal, nacional e internacional. Están inclinados a enfrentar cualquier idea, política o desarrollo que puedan afectar a estos ideales. Uno de ellos es la ausencia de paz, o la guerra en sus variadas formas. 

Ningún escritor vive separado de su sociedad. Bueno, una persona creadora necesita tanta privacidad como pueda alcanzar, pero ella es básicamente parte integral del espacio comunitario. El poeta está, por tanto, entre las primeras víctimas donde la sociedad está afectada por la discordia o la violencia total. Es un hecho que un hecho feo tal como una guerra, podría ser materia prima para la literatura. Después de todo, muchas obras aclamadas son documentación o reflejo de terribles acontecimientos que ocurrieron en la sociedad en el pasado. No obstante, los poetas preferirán ser profetas de la paz: viendo señales de advertencia y llamando a la gente al orden a través de obras que directa o indirectamente hablan a sus almas.

Nigeria ha tenido más que su propia parte de conflicto civil. Siglos atrás, diversas zonas del país experimentaron guerras internas que dejaron amplias cicatrices en la historia. Las guerras dejaron muertes, desarticularon comunidades e individuos, mientras causaron también un daño económico. La llegada de los europeos, que colonizaron al pueblo y establecieron un sistema imperial, trajo sus propias guerras, batalladas física, psicológicamente y de otras maneras, en diferentes partes del país. En todas esas épocas, la poesía estaba allí con la gente, con los poetas tradicionales y con los actuales modernistas letrados, criticando lo incendiario y anhelando la paz en sus composiciones.

En la era tradicional, hay un modo en el que puede decirse que la poesía fue culpable o que involuntariamente avivó la violencia. El poeta oral era afecto a ensalzar a los señores de la guerra y a otros agentes similares de conflicto. Les oraban hasta el punto que quienes querían guerra siempre pedían más sangre, especialmente cuando sus hazañas pasadas eran celebradas, mientras la insolencia y la inferioridad de los oponentes se magnificaban. La culpabilidad de los cantantes puede no obstante no extenderse, porque ellos, de todas maneras, crearon espacio en sus obras para servir de sonidos de advertencia a los señores de la guerra. Ellos recordaban a reyes y soldados por igual, la destrucción que trae la guerra y el hecho de que ambos, ganador y perdedor, podrían ser vencidos a la larga.

Después de que el país logró la independencia del gobierno británico en 1960, la unidad, la esperanza, la paz y los sueños de mutua prosperidad reinaron. Esto fue bruscamente interrumpido entre 1967 y 1970, al estallar una guerra civil. Basándose en la lucha por el poder entre el establecimiento militar, los líderes militares de una sección del país fueron   capaces de venderle al pueblo la necesidad de separarse del resto del país. Esto dio nacimiento a la guerra entre Biafra y Nigeria, que causó caos en la política. Desafortunadamente, las guerras difícilmente terminan. Incluso cuando ellas parecen haberlo hecho en sentido físico, las heridas que desataron en los corazones, los recuerdos y los egos de la gente, permanecen allí. Por eso es que no sorprende que 47 años después de terminada la guerra civil nigeriana, sin ganador alguno, el país aún lucha por llenar los huecos que cavó.

¿Cómo preocupó o afectó esto a los poetas nigerianos y a otros escritores? Cuando algunos de ellos presagiaron lo que venía – los generales discutían, se encontraban, se ponían de acuerdo para disentir en diferentes campos dentro y fuera del país – los poetas empezaron a sonar las notas de advertencia. Uno de los más grandes poetas de referencia en este sentido fue Christopher Okigbo, quien, cuando la tormenta se formaba, surgió con un desahuciado y profético libro de poemas titulado Elegías del trueno. En los poemas previó desenfrenadas matanzas y clamó para que todos los elefantes brincones depusieran sus egos. El resto no puede ser sólo historia porque, irónicamente el propio Okigbo fue atrapado en la red de la guerra. Él cargó fusil y luchó del lado de su pueblo en el sueño de una república de Biafra y fue asesinado en el frente de batalla. Para Okigbo, quien había escrito el tempranamente aclamado Laberintos, era el fin de la poesía. Muchos de quienes habían seguido sus obras, y aún continúan haciéndolo, pueden por tanto no parar de extrañarlo y de imaginar cómo pudo haber producido muchos más volúmenes, si el fusil, como parecía haberlo predicho en “Camino del Trueno”; no le hubiera cerrado su boca.

Incidentalmente, el legendario Chinuah Achebe también se unió a la guerra de Biafra como director de imagen de la causa. Él la sobrevivió, pero fue una experiencia que sería siempre parte de su vida hasta unirse a sus ancestros hace cuatro años. Así, tan amargado quedó que un año antes de morir, en su último libro, Había un país, hizo algunas declaraciones coléricas que casi causan otro tipo de guerra civil.

El primer nobel africano laurelado, Wole Soyinka, también tuvo un trato injusto durante la guerra. Aunque no trabajó para los biafranos ni para el lado federal, su simpatía estuvo con los primeros, porque creía que los asesinatos en un golpe militar, que suscitaron la agitación separatista, fueron sesgados contra el lado biafrano de Igbo. Soyinka estuvo contra la guerra porque creía mejor dirigirse a la injusticia. Él, que estaba en el proceso de su propia y peculiar búsqueda de la paz, viajando al oriente bélico fue detenido por el gobierno federal, y llevado a prisión. La experiencia produjo un buen número de poemas, tanto en él como en otros poetas.

Otra estrella del equipo entre los poetas de la guerra de Nigeria es J. P. Clark. A diferencia de sus otros tres contemporáneos, es conocido por haberse distanciado de la insurrección y persistentemente haber escrito contra ella. Su poema de post-guerra, “Los dados de baja”, enseña al lector que en el conflicto todos fueron víctimas– incluyendo sus colegas cargando armas y aquellos percutiendo tambores de guerra en el exterior.

El reto de manejar la paz que vino después – incluso si, como Achebe quiso verlo, fuera una Paz Civil– también ha sido una preocupación de los poetas nigerianos, como la de muchos otros cuyos países han tenido una experiencia similar. Ha habido disturbios esporádicos que han mantenido a los escritores atentos. Lo que esto significa entonces es que, como el festival de poesía de Medellín busca hacerlo, es que los poetas tienen un rol fundamental en profundizar la paz, mientras protegen y celebran los factores que elevan a la humanidad.







On the Wings of the Wind: Poems by Akeem Lasisi


INTRO

Let me sing my widow’s mite
Into the immortal thrift
Of earlier brides

Although I may be a thin-handed child,
I have a role to play in my mother’s chores.
No matter how small the organ of the groom
He will not borrow another man’s for the midnight course.

This eve of my flight,
I wish to tour the universe on a bill of words,
Weaving weird and winsome sounds
Into one nuclear family of borderless songs.

I hook my voice
To the server of time,
Strike a bilateral chord
With unassuming angels of seasonless things.

I am in tune with some other realms
Where their nights are brighter than noons
Where autumns are cool,
Winters warmer than interior chamber of a pregnant womb.




AGEDE

My spirit returns to the childhood brook
Where I had my baptism of pastor joy,
Where, a petulant Keats,
I watched nature at play with self

Where when cobras belched,
Tilapias cringed
A kingfisher perched on a willow’s branch
Eagerly waiting for her looting turn.

Agede:
Confluence of my moon and noon;
This night of my flight,
I rinse my fears into your memorial pot,
Claim the promise of nuptial bliss
As I hear memorable rhymes of your mating frogs.




G.R.A.

(For Wale Adeeyo)

I think like never dying
In this opulent garden of living things,

I love to sing when the earth is green
When the sky is blue

When the magician chameleon is trapped
In its endless pranks for mottled forms.

Within my inner self,
Every desert is getting green

The artic is warm, dungeon is cool
The dumb chant, the deaf dance

Lepers laugh at lofty miracles
Of rising nails

The rainbow, philanthropic with bowls and bowls of synthetic dyes,
Spread the glad tidings to ragged birds.




BRITISH COUNCIL GARDEN

Under this mango tree,
Nature sobers my parting nerves
With a million kilohertz of sexy breeze.

Suddenly I shrink into a trance
Only to rise and see on dongoyaro leaves
The fall of my ageless fever
Vividly printed on nature’s palms.

Within a century of a minute’s ease
I forget all the whispers of hunger,
Signals of regimenting pains
From a plenary pest in my resilient flesh.



BADAGRY

Coconut palms too
Play a Christmas host to the musing bride
Their leaves as soft as stone,
They hold in immortal contempt
The fiery deeds of autumn-ous swords.

Sometimes I count myself a family of the palms
For despite the fiery deeds of vagrant climes
My skin is dark and dark across the year
And the source of my mammary gland:
Strange, bemusing
Like the source of water in the coconut fruit.



AROCHUKWU

Sometimes when I die in thought
I wish the garden egg
Spring forth from my pastoral tomb,
Because I ate from Adam the forbidden fruit

My life is never always a honey pot;
Because of random incursion of fair laughter
My tongue is not always a lobe of bile,
Now a vessel of the sweet-and-sour,

Sometimes when I die in thought
I wish the garden egg,
Wish the garden egg
Spring forth from my childhood’s grave.



OPEBI

A mile above the city’s towers,
The sky cups her cheeks
On the trestle of her palm;
Canvassed in mournful clouds,
Her countenance a wrinkled tabloid
Of a sophomore’s art.

Far above the ocean view,
Right in front of Chrisland Square
A crowd gathers around a myth;
Hit beyond wailing
Only cursing man, cursing mammoth
Cursing God for watching man carry out his heinous spree.

Just behind the Cedi Towers
Only adjacent to Global Bank – a torso
Her eyes were plucked
Her breasts,
Her vital temple
Gone were all with the ritual axe.



KANO

Ado Bayero,
Like Israel like Kano,
I pose like Holy Moses, trembling in awe,
At the threshold of thy holy land.

Like Kano like Israel,
I dump my bridal shoes
For my feet to kiss the sacredness
Of your earth

For here in the Emir’s galaxy,
There is more to earth than shoes can feel,
Face to face with tradition,
From a diary to clay

I read the testament of a heritage:
A canvass of breathing clay
Decking the palace walls
In canonical grace.




DAURA

The dongaris draped in layers
Of Rose and pine
Each wielding a Moses’ rod and ornate whip,
Fling the gilded palace gate for the birds of flight –
A blaring horn for my gorgeous train,
Daura, I want to tread your earth with my feet unfettered

Let the flower girl take charge
Of my bridal shoes.

The magnitude of the palace universe
Finds its peer in the Volta sphere,
From the outer hall
Of canonical clay,
A lake conducts my train into Tiga Dam
Tiga to a Nile

Until here before my wondering eyes
A seasome hall of precious clay.

Then, tell the gods of Geography
To update the map of the world:
There is a separate planet in Bayagida’s Square.
Here in the Emir’s haven where the past is young
Like a northern star;
Face to face with tradition,
I read the diary of nobility on the lips of clay
Decking the palace wall in canonical grace.

https://www.africanwriter.com/on-the-wings-of-the-wind-poems-by-akeem-lasisi/





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lunes, 29 de mayo de 2017

MICHAEL ECHERUO [20.155]


MICHAEL ECHERUO

Michael Joseph Chukwudalu Echeruo (nacido el 14 de marzo de 1937) es un académico nigeriano, profesor y crítico literario de Umunumo, Ehime-Mbano LGA, estado de Imo. Fue educado en el Colegio Universitario, Ibadan (ahora la Universidad de Ibadan) de 1955 a 1960 y fue contemporáneo de algunos escritores y poetas notables de la universidad, como Christopher Okigbo. Obtuvo su maestría y Ph D grados de la Universidad de Cornell, Ithaca, Nueva York en 1963 y 1965, respectivamente. Uno de los más versátiles de los críticos africanos, ha publicado en inglés Elizabethan and Jacobean Drama, en novela inglesa moderna. Echeruo era notable sobre todo como crítico de escritores occidentales en África, pues él consideraba a sí mismo ya sus contemporáneos como escritores que luchaban para un punto de vista africano en vez de un punto de vista occidental en el continente. Es conocido en poesía por su colección de poemas, Mortality (1968); En la historia cultural para su estudio pionero de Lagos de Victorian y en la lexicografía para su diccionario del lenguaje de Igbo (Yale 1998). Actualmente es William Safire Profesor de Letras Modernas en el Departamento de Inglés de la Universidad de Syracuse, una universidad en Syracuse , Nueva York, Estados Unidos. Actualmente sirve como miembro de la Asociación de la Lengua Moderna de América (MLA) Comité de la Nueva variourum Shakespeare.




La traducción corre a cargo de Gustavo Osorio.
http://circulodepoesia.com/2017/05/poesia-nigeriana-contemporanea/



Forastero

Entre la playa de ostras y la maleza…
Mar y costa estéril.
Entre trenzas de plata oscura y carretes de peligro …
¡Solitaria ave de lo salvaje!
Escupí en el mundo desde entre mis encías,
Grité a la luna desde entre mis pulmones,
Hechizado por la alegre sirena del anochecer …
¡Chico listo de la tribu maldita!
Luego vinieron los vientos, corazones ruborizados,
Las lluvias llegaron, empapando toda su alegría,
Vino el trueno dispersando toda irrelevancia ..
¡Feliz vástago del nuevo testamento!
Hubieron lágrimas, entonces, cuando nací,
Hubieron también dolores, cuando nací
Lágrimas para que cayeran, y corazones que punzaran,
No hubieron cerebros para alzar, ni mentes para intentar
Dónde, cuando nací.
¡Así que toma, llévame lejos!
¡Envíame, envíame lejos!
Deja que el oro que amé, que nunca fue
Delude su glorioso prodigio.
¡Envíame, oh envíame lejos!



“Outsider”

Between the oyster-beach and the greens…
Sea and barren coast.
Between tresses of dark silver and reels of danger…
lonesome bird of the wilds!
I spat on the world from between my gums,
Shouted at the moon from between my lungs,
Hooted at the chirrupy mermaid of the dusk…
clever lad of goddam tribe!
Then came the winds, flushing hearts,
The rains came, drenching all their mirth,
Came thunder scattering all irrelevance..
happy child of the new testament!
There were tears, then, when I was born,
There were aches, too, when I was born
Tears to drop, and hearts to ache,
No brains to pry, no minds to try
Where, when I was born.
So take, take me away!
Send, send me away!
Let the gold I loved which never was
Delude its glory-minded prodigy.
Send, O send me away!





Lullaby 

by Michael Echeruo

Now the sun goes down
Into the valley
Beyond the palms
The broods will be returning 

Soon the last cock will crow,
The last clay pot be stowed
And the fifth finger licked

Sheep and dogs and kinds
Beside the heart
Sleep beyond all reproach

Let fireflies fly
In your eyes
By the play ground sand
Under a quarter of the moon

The sun has died again
In the dark valley
Beyond the high-arched roots
of the demon tree

Then, it was your afternoon
And love was in your eyes
Now the sun has set
The virgin moon is out again
A most maidenly quarter moon.








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J. P. CLARK [20.154]



J. P. CLARK

John Pepper Clark, seudónimo JP Clark-Bekederemo (nacido el 6 de abril de 1935 en Kiagbodo, Nigeria), es el más lírico de los poetas nigerianos, cuya poesía celebra el paisaje físico de África. También fue periodista, dramaturgo y crítico académico que realizó investigaciones sobre los mitos y leyendas tradicionales de Ijo y escribió ensayos sobre la poesía africana.

Mientras se encontraba en la Universidad de Ibadan, Clark fundó The Horn, una revista estudiantil de poesía. Después de graduarse en Inglés en 1960, comenzó su carrera como escritor y periodista trabajando de agente de información estatal en Nigeria. Un estudio de un año en la Universidad de Princeton con una beca dio como fruto la obra America, their America (1964), en la que ataca los valores de la clase media estadounidense desde el capitalismo hasta el estilo de vida de los negros americanos. Tras años de investigación en el Instituto Ibadan de Estudios Africanos, llegó a ser profesor de Inglés en la Universidad de Lagos y coeditor del periódico literario Black Orpheus.

Poems (1962) y A reed in the tide (1965) quizá no alcanzan el nivel literario del trabajo de colegas nigerianos como Christopher Okigbo pero en sus mejores poemas su sensual imaginación muestra con éxito los patrones de la vida tradicional africana. Su temática varía y, por ejemplo, en Casualities: Poems 1966-68 (1970) se ocupa principalmente de la guerra civil de su país. A decade of tongues (1981), State of the union (1985) o Mandela and other poems (1988) son solo algunos de sus otros títulos.

En sus tres primeras obras, publicadas juntas bajo el título Three plays (1964), Clark ahonda en tragedias en las que los individuos son incapaces de escapar de la fatalidad marcada por las leyes  naturales y la propia sociedad. En este sentido, Song of a goat (1961) se plantea como una tragedia familiar que fue muy bien recibida en África y Europa por sus dotes dramáticas y su calidad poética y lingüística. También dramática es The raft (1978), donde el autor narra la situación de cuatro hombres a la deriva en una barca por el río Níger, sugiriendo el dilema de la Nigeria moderna y la condición humana. La obra contiene un rico valor simbólico.

En su trayectoria se encuentran cambios de registro como Ozidi (1966), una versión teatral de una obra ljo que fue su trabajo más experimental. También produjo una película, The ozidi of atazi (1972), y realizó la traducción al inglés de una epopeya ljo.






La traducción corre a cargo de Gustavo Osorio.
http://circulodepoesia.com/2017/05/poesia-nigeriana-contemporanea/




Abiku

Van y vienen estas muchas estaciones,
No te alojes en el árbol de baobab,
Sigue a donde quieras a los espíritus de tu familia
Si dentro de la casa no te place.
Es cierto, se filtra a través de la paja
Cuando las inundaciones bordean los bancos,
Y los murciélagos y los búhos
A menudo entran por la noche a través de los aleros,
Y en el harmattan, las paredes de bambú
Están listas para el fuego
Que seca el pescado fresco sobre el estante.
Sin embargo, ha sido el saludable abastecimiento
Para varios dedos, será para muchos más
Que se extienden hacia el sol.
Ya no permanezcas en el umbral
Mejor entra y quédate
Para siempre. Conocemos las cicatrices del cuchillo
Serrando tu espalda y tu frente
Como el pico de un pez espada,
Y tus dos orejas, melladas
Como un fiador de esta casa,
Son todas reliquias de tus primeras visitas.
Luego entra, entra y quédate
Porque su cuerpo está cansado,
Ella está cansada, su leche se agria
Donde muchas más bocas alegran el corazón.

 

 

Abiku

Coming and going these several seasons,
Do stay out on the baobab tree,
Follow where you please your kindred spirits
If indoors is not enough for you.
True, it leaks through the thatch
When floods brim the banks,
And the bats and the owls
Often tear in at night through the eaves,
And at harmattan, the bamboo walls
Are ready tinder for the fire
That dries the fresh fish up on the rack.
Still, it’s been the healthy stock
To several fingers, to many more will be
Who reach to the sun.
No longer then bestride the threshold
But step in and stay
For good. We know the knife scars
Serrating down your back and front
Like beak of the sword-fish,
And both your ears, notched
As a bondsman to this house,
Are all relics of your first comings.
Then step in, step in and stay
For her body is tired,
Tired, her milk going sour
Where many more mouths gladden the heart.
 
 


Review

The title of J.P. Clark’s poem is a store of meaning for the poem itself since it gives us understanding of many of the sentences we will encounter in the poem. The word Abiku is Yoruba for ‘spirit child. It refers to a child who must die and repeatedly be reborn again and again. So, Clark is talking to one of these Abiku.

The poem opens by Clark sounding a denouncement to this Abiku who probably has just been reborn, for ‘coming and going these several seasons’ (line 1) to mean that he gets born, and when the family thinks that he is here to stay, he dies. And he does it several times so that Clark seems so fed up as to tell him to ‘stay out on the baobab tree’ (line 2). In Ghanaian cultural tradition and I should suppose same for Nigerian too, the baobab tree is suspected to be the meeting place of all manner of spirits, witches and wizards who work at night. This is because the tree is usually huge, grows tall and has thick shrubbery that gives it a mystical look especially at night. By asking Abiku to stay out on the baobab tree, Clark is asking him to stay in the spirit world and not be reborn. In the third line, Clark emphasises this by asking Abiku to ‘follow’ where he pleases his ‘kindred spirits’, which gives a sense that Abiku keeps coming and going from a community of like-minded spirits. This should be so, as Clark says, if ‘indoors is not enough’ for Abiku (line 4). Indoors refers to normal life among men when Abiku brings joy at birth, only to bring sorrow at death soon after.

Clark goes on to explain the modest conditions in which they live, if perhaps that is what keeps Abiku going away. He confesses that it ‘leaks through the thatch’ (line 5), a roof of grass and straw used as matting for a poor home built usually of clay, when it rains till ‘floods brim the banks’ (line 6). At night also, bats and owls tear through the eaves (lines 7-8), making sleep difficult. Then when the dry harmattan of the West African dry season comes, the bamboo support of the house is torn down to make fires on which the poor fish caught for the household is dried up on the rack (line 9-11). Maybe Abiku keeps going because he is born into a poor home. Clark makes this excuse and still insists that Abiku should stay out nevertheless because regardless of how poor they are, the house is the ‘healthy stock’ (line 12) to many more people who are born and stay, and others more who ‘reach to the sun’ (line 13). I will translate this reaching to the sun to mean that they grow up, each growing taller bringing them vertically closer to the sun. Abiku never stays long enough to grow up.

Clark continues that Abiku should make up his mind, no longer should he ‘bestride the threshold’ (line 14), meaning he should no longer stay with one foot indoors and the other out on the baobab tree; an indecision between life and death, this world and the other, ‘but step in and stay. For good’ (line 15-16). Henceforth, Clark mentions a few things we will need to understand by understanding the culture of Yoruba.

When an Abiku comes and goes a couple of times, a frustrated family gives the Abiku scars at birth so that being now made ugly, it will displease the gods and spirits to have him return to the spirit world. This makes the child stay alive and end the sorrow of the family that is burdened to bear that child over and over. Clark says that they can see and ‘know the knife scars’ (line 16) running ‘down [his] back and front’ (line 17), ‘like beak of the sword-fish’ (line 18). They have made their mark on him so that when he has now been reincarnated with those scars, they recognize him ‘as a bondsman to [their] house’ (line 20), having also ‘both [his] ears, notched’ (line 19). In pastoral communities, cattle owners use ear brands and notches to indicate which cattle belong to them. These notches look like huge, coloured earrings on which specific alphabets or even the colour, serve to identify one man’s cattle from his neighbour’s. Clark says that these very evident marks are ‘relics of [Abiku’s] first comings’ (line 21). They are not mistaken; they know him as the one.

Finally, Clark tries to convince Abiku to ‘step in, step in and stay’ (line 22), for the woman who bears him is now ‘tired’ (line 22) of his many reincarnations and so tired that her milk now is ‘going sour’ (line 23). This souring only happens to milk that has grown old and we will assume this to mean that the woman is now growing too old to keep up with Abiku’s treachery and may no longer have a strong body to bear him. Clark tries to make it not sound so bad, by saying that it is with this same milk that ‘many more mouths’ (line 23), presumably of those other people who stay and ‘reach to the sun’, have ‘gladden[ed] the heart (line 23). Which heart? The hearts of the family which have not hurt because these other people lived on and also the hearts of these ones who lived on to gladden themselves with the milk of this woman’s breast!

This is a great poem by all standards and there is no doubt why it is one of Clark’s most studied.






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miércoles, 29 de julio de 2015

CHRISTOPHER OKIGBO [16.655] Poeta de Nigeria


Christopher Okigbo

Poeta
Fecha de nacimiento: 16 de agosto de 1932, Anambra, Nigeria
Fecha de la muerte: septiembre de 1967, Nsukka, Nigeria

Poeta nigeriano, está considerado como el poeta africano en lengua inglesa más influyente del periodo postcolonial.



Los poemas pertenecen a "Puerta del cielo" publicado en 1962.
La versión es la de David Fernández.


Aparte de amor

La luna ha ascendido entre nosotros
entre dos pinos

que se inclinan uno al otro,
el amor ha ascendido con la luna,
se ha nutrido de nuestros tallos solitarios
y ahora somos sombras
que se adhieren una a otra
pero besan sólo el aire.




Obertura

Ante ti, madre Idoto,
desnudo estoy,
ante tu presencia acuática,
un pródigo,
apoyado en un ajonjolí,
perdido en tu leyenda...

Bajo tu poder espero
descalzo,
guardián del santo y seña
a la puerta del cielo;
desde las profundidades mi grito
se hace oír y escucha.






Christopher Okigbo

Patrimonio documental propuesto por África y recomendado para su inclusión en el Registro de la Memoria del Mundo en 2007.
Okigbo Will Return

La categoría incontestable de Christopher Okigbo (1932-1967) como el mayor poeta africano anglófono del siglo XX poscolonial y moderno está atestiguada no sólo por dos importantes estudios de su obra, sino también por una colección de homenajes póstumos (Don’t Let Him Die: An Anthology of Memorial Poems for Christopher Okigbo) codirigida por el más eminente novelista de África, Chinua Achebe (1978). La principal recopilación de poemas de Okigbo ha sido catalogada como una de las cien obras literarias africanas más influyentes del siglo XX.

Christopher Okigbo nasceu na pequena vila de Ojoto, nos arredores de Onitsha no sudeste da Nigéria, em 1932. Seu pai era professor de uma escola católica, no auge do domínio britânico da região. O jovem poeta cresceria sob a influência de seu pai, católico fervoroso, e a de seu avô, um sacerdote da deusa das águas Idoto, personificada no rio de mesmo nome que corre na região de sua infância. Idoto seria a deusa invocada naquele que é o mais famoso poema de Christopher Okigbo, "The passage", aqui traduzido como "A passagem", mas também conhecido como "Heavensgate". Este sincretismo religioso pode ser sentido com força em seu poema, que inicia com a invocação a Idoto, para logo em seguido invocar Ana, que em comentários críticos sobre o poema tem sido identificada como a santa do catolicismo. Christopher Okigbo viria a se formar na mesma universidade em que estudaram o conhecido romancista nigeriano Chinua Achebe (n. 1930) e o poeta Wole Soyinka (n. 1934), ganhador do Prêmio Nobel de 1986, de quem Okigbo foi amigo.

Começou a publicar poemas na revista Black Orpheus, dedicada ao trabalho de poetas africanos e afro-americanos. Seus poemas seriam reunidos postumamente no volume Labyrinths (1971). Christopher Okigbo morreu em 1967, com apenas 35 anos, lutando na guerra pela independência da República de Biafra (1967 - 1970), região separatista que permaneceria parte do território nigeriano.

A poesia de Okigbo é hoje considerada uma das mais importantes obras da poesia africana pós-colonial. Ainda que críticos nacionalistas o tenham criticado por adotar a língua inglesa, o poeta parece apropriar-se da língua do colonizador para implantar uma consciência mítica que só pode ser totalmente compreendida através da poética mística e vocal dos poetas africanos. Para nossa sensibilidade cristã, algo da poesia de Okigbo pode parecer alinhar-se a poetas como o W.B. Yeats do volume The Tower (1932) ou o T.S. Eliot de Choruses from "The Rock" (1934), mas a mim me parece que um dos poetas de língua inglesa com quem poderíamos traçar paralelos interessantes, passando pela poética de Christopher Okigbo, é o norte-americano Robert Duncan (1919 - 1988), de livros como The Opening of the Field (1960) e Bending the Bow (1964).

Christopher Okigbo nasceu em 1932, o que o faz contemporâneo de brasileiros como Ferreira Gullar (n. 1930) e Augusto de Campos (n. 1931). Sua poética, porém, visionária e mística, talvez o ligue mais a um brasileiro como Roberto Piva (n. 1937). A experiência da leitura de seus poemas, contudo, parece-me de uma beleza bastante singular.
--- Ricardo Domeneck



POEMAS DE CHRISTOPHER OKIGBO

A Passagem

Diante de ti, mãe Idoto,
eu me posto nu;
Diante de tua presença aquosa,
Um pródigo
Encostado na acácia,
Absorto em tua lenda.
Sob teu domínio eu aguardo
Descalço,
Sentinela para a senha
No portão celeste;
Das profundezas meu grito:
Dá ouvidos e atenta...

Água escura dos primórdios.
Raios, violáceos e curtos, perfurando a tristeza,
Sugerem o fogo que é sonhado.
Arco-íris na distância, arqueado como cobra em bote à presa,
Sugere a chuva que é sonhada.
À estufa
A solidão me convida,
Uma alvéloa, para contar
O conto da mata-em-cipós;
Nectarinia, em luto
Por uma mãe entre galhos.
Sol e chuva num combate único;
Sobre uma só perna,
Em silêncio na passagem,
O jovem pássaro na passagem.

Rostos silenciosos nas encruzilhadas:
Festividade em negro...
Rostos em negro como longas negras
Colunas de formigas,
Detrás da torre do sino,
Entrando no ardente jardim
Onde todas as estradas se encontram:
Festividade em negro...
Oh Ana às maçanetas do painel alongado,
Ouve-nos às encruzilhadas nas grandes dobradiças
Onde os tocadores de orgão nas galerias
Ensaiam o doce velho fragmento, a sós -
Marcas de folhas de laranjeira impressas nas páginas,
Desbotar da luz de anos entrelaçados no couro:
Pois estamos à escuta nos campos de milho,
Entre os instrumentos de sopro,
Escutando o vento debruçar-se sobre
O seu mais doce fragmento...

(tradução de Ricardo Domeneck)




§



The Passage

BEFORE YOU, mother Idoto,
Naked I stand;
Before your watery presence,
A prodigal
Leaning on an oilbean,
Lost in your legend.
Under your power wait I
On barefoot,
Watchman for the watchword
At Heavensgate;
Out of the depths my cry:
Give ear and hearken…

DARK WATERS of the beginning.
Rays, violet and short, piercing the gloom,
Foreshadow the fire that is dreamed of.
Rainbow on far side, arched like a boa bent to kill,
foreshadows the rain that is dreamed of.
Me to the orangery
Solitude invites,
A wagtail, to tell
The tangled-wood-tale;
A sunbird, to mourn
A mother on a spray.
Rain and sun in single combat;
On one leg standing,
In silence at the passage,
The young bird at the passage.

SILENT FACES at crossroads:
Festivity in black…
Faces of black like long black
Column of ants,
Behind the bell tower,
Into the hot garden
Where all roads meet:
Festivity in black…
O Anna at the knobs of the panel oblong,
Hear us at crossroads at the great hinges
Where the players of loft pipe organs
Rehearse old lovely fragments, alone-
Strains of pressed orange leaves on pages,
Bleach of the light of years held in leather:
For we are listening in cornfields
Among the wind players,
Listening to the wind leaning over
Its loveliest fragment…




Amor à distância

A lua
Ergueu-se entre nós,
Entre dois pinhos
Que se inclinam um ao outro;

O amor ergueu-se com a lua,
Alimentou-se de nossos caules solitários;

E agora nós somos sombras
Que se prendem uma à outra,
Mas beijam apenas ar.

(tradução de Ricardo Domeneck)





Love apart

The moon has
ascended between us,
Between two pines
That bow to each other;

Love with the moon has ascended,
Has fed on our solitary stems;

And we are now shadows
That cling to each other,
But kiss the air only.




A árvore

A raiz atingiu
Um veio de pedra.

A seiva seca no caule
Em ascensão:
O sangue seca na veia
Como seiva.

(tradução de Ricardo Domeneck)




The Tree

THE ROOT has struck
A layer of rock;

The sap dries out in the stem
Upwards:
The blood dries out in the vein
Like sap.