lunes, 28 de febrero de 2011

3204.- JORGE SANTIAGO PEREDNIK


Jorge Santiago Perednik
(Buenos Aires, 1952-2011) Poeta, traductor, ensayista y editor. Publicó Los mil micos (1979), El cuerpo del horror (1981), El shock de los lender (1985), Un pedazo del año (1986), El fin del no (1991) Variaciones pad-in (1996), La desconocida-Circo macedonista sobre Adriana Buenos Aires (1998), El gran derrapador (2002), El todo, la parte (México, 2005) y La querella de los gustos (2006). En los años 80 fundó la revista de poesía “Xul, signo viejo y nuevo” y dio a conocer una relevante antología, Nueva poesía Argentina, durante la dictadura (1976-1983). En la que en la contratapa a su segunda edición destacó: “Este es uno de los libros que mayor revuelo causó en la historia de la poesía argentina, al punto de adquirir una suerte de carácter mítico: muchos eran los que hablaban de él, pero muy pocos lo habían leído y conocido directamente sus tesis.”





LO QUE SE CONOCE NO SE CONOCE

Lo que se conoce como poesía
se asocia a veces con el contenido
Yo lo asocio con la forma
Dicen que el contenido es lo importante
y que está adentro
o detrás de la forma
Sin embargo ningún microscopio lo detecta
es una suerte de vacío
A partir de este vacío la forma nace
no para enfrentarlo
sino para refrendarlo:
el vacío del vacío
es la obra de arte
Puse cuatro poemas sobre la vereda
y puse una piedra sobre cada hoja
Al mirarlos desde el piso 16
las piedras desaparecieron
y las hojas fueron manchas blancas diminutas
¿Qué decían? Decían lo que eran
formaban lo que decían
eran lo que formaban
La poesía es un arte de hacer
con las palabras
una combinatoria de segundo grado
que involucra asociaciones que se cruzan
Llamarla significante es una expresión del deseo
llamarla significable es hablar hombre mediante
A los que dicen "las palabras son el fin"
confirmo que las palabras son un medio
y no hay más que medios
y los fines son su cancelación
Viví durante ocho años
en un piso 16. Desde allí
las personas eran apenas más grandes que hormigas
Decir que una hormiga es un creador
es hablar de los poetas
También las letras son hormigas
y los caminos que forman sobre la página
se llaman versos o poema
Hay otros caminos, ya fuera de la página:
la búsqueda del hormiguero la emprende la metafísica...
de la construcción del hormiguero se ocupa la estética...
la poética es sólo un borde exterior...
Resta decir que está todo por decir
Mediante esto quiero decir esto:
Que lo único diferente es que no todo es igual
La poesía es el arte de no decir diciendo
y de decir no diciendo y viceversa
La atracción de lo que falta
La falta y la tracción que mueven el proyecto:
Que haya un vice
que la ausencia esté presente
y que gobierne lo real






EL TODO, LA PARTE

Uno, bajo un arbusto de números
desnudos, multiplicamos y dividimos
sin poder sumar o restar
en un diluvio persistente
que los árabes llamaban el cero.
Cero es eros
uno es error
dos equivocación.
Bajo ese arbusto estabas vos
y yo no podía acercarme.
Bajo ese arbusto estaba yo
y no me reconocía.
Dos, detrás de un árbol silencioso
a su sombra, desnudos
como aprendices de amantes cartesianos
anotamos la aritmética del mundo
aritmeticae mundi, las medidas de la bola terráquea
y soplamos nuestros alientos
y movemos nuestras caderas
tibi
la tibia gimnasia que tienta
a que el mundo se haga.
Es extraño hablar en plural y en primera persona
y en esa extrañeza de uno mismo está lo siniestro
de un poema de amor, el yo plural.
El sexo no es la verdad
no requiere de velos
sí de artificios, que no requieren ser velados salvo que...
La guerra entre los sexos no existe
sino la guerra entre tal o cual persona
contra este o aquel sexo
tu guerra en contra de algo
que no es yo pero me pertenece.
La guerra entre las personas y los sexos como abstracción
es una fase preliminar
calculada, de la guerra entre el adentro y el afuera o
sociedad perfecta.
Según la ley
de las pequeñas equivalencias nada es igual a su inversión.
Me decís que la parte es igual al todo
sesenta y nueve igual a infinito, o mejor
que sólo existe el todo, lo que sería cierto
si la sociedad fuera una masa mística.
La perspectiva desde una plaza circular
en Buenos Aires
muestra que no lo es
nos hace ver otro tiempo, compartir la charla
con filósofos que sueñan que existimos
desnudos detrás del arbusto
practicando la pequeña muerte sin prisa.
Tres, mirando el cielo arranco al arbusto un número
y tengo un cifra.
¿La atribuiré al cielo? ¿Al arbusto? ¿A lo que sumamos?
Tengo una cifra.
Tengo un sí.
Sólo así puedo decir, en lenguaje cifrado
que odio significa amor
y que si te odio
te amo y no puedo. Que amor no significa odio
como tortuga no significa perro
como techo puede significar piso
y que si te amo no te odio.
Por la ley de las grandes simplificaciones
tu camisa de seda puede quitarse
y lo que sigue se puede callar.
Tengo tu camisa en la mano
y me la pienso poner
operación dudosa
que obedece a una ley distinta.
Las leyes no pueden obedecerse
porque una ley es menor que uno mismo
salvo que la ley sea uno mismo
y uno mismo seas vos, en cuyo caso...
Una ley no es una regla y las reglas te pertenecen.
Entre la ley y la regla está el abismo de tu persona
y a la vera del abismo, desnudo
termino ladeado por una tradición ajena
en la que estoy inmerso, detrás de los matorrales
mirando tu nombre mientras quiero mirar la cosa
y no soporto lo que permitiría
que éste no fuese un poema de amor.
Cuatro, vos y yo nos reconciliamos
en un tercero, porque el todo no puede
existir sin las partes.
Los dos ancianos están dormidos, están durmiendo
y ambas cosas significan lo mismo.
Roncan en su sueño el ruido de la pequeña piedra
que cae por la ladera sin provocar avalanchas.
El milagro del uno que avanza
y no arrastra a muchos.
Esa paz en sus rostros indica que la guerra
llegó a su fin y hubo una victoria:
sentir que no hubo guerra.
Devenimos ellos para alcanzar
eso a raíz de lo cual estamos
desnudos detrás del arbusto
con tus cejas agresivas y tus ojos que calculan
si somos partes en esto
y el todo lo autoriza.
Cada vez que miro tu parte olvido el todo.
Pero recuerdo que sin ese todo no habría partes
no habría número
no existiríamos.





EL GRAN DERRAPADOR

los tres pajaritos subidos sobre un alambre
decían "tu amor, tu amor"
o quizás "tu est mort"
el de la izquierda sosteniendo unas hierbas en el pico
el del centro diciendo éste es el alambre de la verdad
el de la derecha preguntando qué pasa cuando el alambre termina
pensé que eran los tres chiflados
y también la santísima trinidad
el padre y el hijo chiflados y el espíritu chiflado
riéndose a coro del gran derrapador

en el nido la madre es lo único cierto
entonces el hijo no existe,
o el hijo es lo único cierto
entonces la madre se disuelve en
la certeza inalcanzable
la corteza, el barro, las ramitas
se disuelven tras el temporal
el poema se incompleta
si la muerte es femenina y la vida neutra ¿la nada es
Eva, el poema, no tuvo madre ¿la borro
o el nido no es un nido,
o nunca vi los ojos de una madre,
siempre cerré las ventanas a esa comedia de enredos

derrapo
derrapo
derrapo
derrap

nido nivenido
en el lugar no hay nadie
los autos frenan y miran
se deslumbran
la muerte
la mujer desnuda que llama la atención
chocando
maneja la penúltima palabra
distrae y pierde

la poesía es el monólogo
la negación del entredós
o la poesía es el alambre
la exigencia de tránsito
o el monolagambre
un nido vacío
una hembra con
un hombre sin identidad
cuyo movimiento
da la identidad

las banderas flamean al viento decorado
flap flap flap
cualesquiera sean sus colores
llevan como última palabra
en el ángulo superior izquierdo
la cosa del acoso
el verdadero infierno
una hoz y una ruleta

la definición diabólica dice
derrapar es quitar la rapa y la rapa es
el delirio burgués sobre las manzanas podridas del gran derrapador
el infierno es lo contrario del fierno y el fierno es
el sueño de todas las banderas con la eternidad del despertar
la arena es la negación de la rena y la rena es
ese mamífero lumpen que nunca llegará a existir
más acá de los delirios y los sueños

cuando se muere a la evidencia de que no se muere
¡zas! se renace a la condena del instante
el hermano fue herido por mi mano
la mano que corté y es ahora de ella
cortésmente le digo: es el mundo, no nosotros
el que está puesto patas para arriba
¿puede ser de otra manera?
mi hijo me abandonó para mirarme
sentado patas para arriba
de allá lejos
me abandonó porque tuvo miedo
¿significa que yo lo abandoné?
leo
por qué lo abandoné
o
por qué me abandonaste, por qué me abandonaste

derrapo
derrapo
recuerdo la anécdota:
porque me abandonaste
puse un bandoneón sobre la barra
para no tocarlo
un amuleto
para no tacharlo
me hice mula
escuché los murmullos y grité ¡no, no, no!

la pregunta de San Pedro:
¿cómo se le dice a un poro pequeño?
¿y a uno más pequeño todavía?
¿hay algo más pequeño que un poro más pequeño todavía?
y dije que no había, que no,
y sonriendo
debí taparme la boca:
había contraído la deuda
había negado la ínfima infinitud

embisto

reboto

contestando a la pregunta trinitaria:
hace mucho que estoy muerto

salgo

los tres pajaritos sobre el alambre:
fiu: volaron:
no hay eternidad:
hay accidente:
un rezo y una orden:
si nada se cumple todo se cumple
¿cumplimos?
dije no, que no había que, que
la coincidencia
es decir, que no
y dije no, no, no
dije: no






EL RUISEÑOR DE ONITSURA

El ruiseñor del poema de Onitsura
parado en una rama
hace caca en vez de cantar.
Recuerda que la naturaleza y el arte
se persiguen y se cruzan, precisan uno del otro:
las deyecciones buscan el piso para completar su caída
el piso necesita de la caída para poblarse.
La naturaleza no es un arte escondido
es un escenario; su disfraz, no disfrazarse
pasivamente quiere mostrar
que el arte más que realidad es elección:
el vuelo de las aves asumiendo que el poniente
es un lugar de reposo lleva a la máxima actividad
la insistencia del que talla
convencido que sin él el horror se desencadenaría
hace de sus esquirlas piedras preciosas.

El horror se disuelve en la risa
el cansancio de la risa devuelve el horror
Ella la mujer que no puedo amar
pasa bajo la rama leyendo un poema
y recibe el don del ave;
la pequeña mancha blanca cubre una letra;
donde decía "amor" dice "amo";
Señor Ruiz de Onitsura, grita el loro:
alguien pasa, alguien posa
alguien escucha un silbido y mira
es él

ahora
el ave metálica bombardea los huertos
es un ave
riega una lluvia que no moja lo sembrado
el que la ve no la avé
grita que sabe o que es ave
para que el piloto lave lave todo el tiempo
un polvo interminable
tras la risa y el horror está el colaboracionismo
los amantes deciden terminar
tercamente minar
todo posible aterrizaje
y donde se leía "un poblado" se lee "destrucción"
y donde se lee "destrucción" se leerá "limpieza"

[ahora]
el espacio traza el contorno de las aves
permite el vuelo, la lectura
ojos que bombardean manchas blancas que dicen
[ ]
el vacío soñará el sentido del sueño y
el sueño vaciará el sentido del vacío
O los adentros de una
o herida donde las aves picotean
(También las esquirlas tallan la forma del mundo
y donde había desesperación hay desesperación
y donde no se leía ahora se lee:)

la palabra sagrada:
primero no hay luz
después empieza la oscuridad
el gusano asoma la cabeza para cantar al ave
y mira hacia el horizonte:
dame muerte
suuuu, suuuu, ciii
el ave acude al llamado
esto es el arte
transformaciones en el etcétera
lo que vuelve al ave terrestre
al gusano un ave
y a lo que separa
piso de qué, techo de qué

borla, medronio
Las aves negras revolotean en la distancia
señalan
¿con qué?
(ala derecha, ala izquierda)
por aquí los errores del mundo
por allí
el cruce imposible de la naturaleza y la historia
el cruce posible mediado por el arte
esta cruz que perdió la e

un breve papel en la escena:
lo que toca sin ser deseado:
el loro y el ruiseñor abren el telón y desaparecen
Atención atención a los papeles breves
Un bebé que ve el futuro
quiere marchar a su encuentro
Atención atención a las imposibilidades
Se cierra el telón.

Vaticinen vaticanos
desde la platea
ustedes cuya voz es la voz del Autor
observen el vuelo de las aves
descifren sus vísceras
aplaudan
La vida querrá convencer al arte
sobre los beneficios del poema
para que el poema
y no

El telón baja
ellos abandonan el teatro
Onitsura, mi despedida:
tu ruiseñor hace caca y mancha
refuerza con sus arrojos la única ingenuidad, el azar;
su deyección cada vez que roza los ojos los despeja
pone en escena una obra
donde el arte es un detritus de la naturaleza
y la naturaleza una muestra colectiva de arte.
Mmira
el verso es cucha:
desde cierta rama las palabras del loro
son tan azarosas como las del mesías:
mmmira
el verso es criba:
poéticamente ninguna hez de ruiseñor
es más importante que su canto o viceversa:
una conducta guiada por los ojos ingenuos:
el ave que no voló de su rama escribe
que el mamífero que vuela
escribe sometido a su ley






PESCANDO EN EL RÍO

sentados
uno al lado del otro
pensando
quién de los dos es el otro
pescando
pensando
si alguno pescará a alguno
acordamos que pensar es pescar

las olas del río
no hacen espuma
y la mente

pasan nubes
como novios
inscriben formas
cambiantes
las ideas

a ambos lados muchos pescan
cadáveres
pocos piensan
vivazmente
los ahogados preguntan
qué es la vida
acordamos que pescar es pensar

los peces muerden el anzuelo
y mueren
las ideas sueltan la carnada
y mienten
nosotros somos
y nos ahogamos
sólo se pesca a sí mismo
el que está en su propio cielo

sobre el hambre de los peces
y el hambre de los hombres
decidimos hacer las paces
sentados junto al río
uno junto al otro
pescando y pensando y saciando
el ímpetu de la corriente
mientras la mente

nadie pesca
y nadie deja de hacerlo
el agua corre detenida
los ellos de nosotros piensan

al preguntarle sobre el hogo
a los ahogados
al preguntarle a los ahogados
sobre el hogo
en la orilla de este mundo
sentados uno junto al otro
los vivos pescan
ahogados
el ahogo pesca
a los vivos
muchos imaginan
bastantes quieren
pocos intentan
algunos tratan
todos piensan






NO HAY POESÍA

un hombre lleva su casa sobre su cabeza
una mujer lleva su casa sobre el corazón
una niña lleva su casa cuando va de caza
un anciano lleva su casa como el que cesa
yo no llevo nada, no me caso
hay un poema que no pude escribir

una época presupone las demás épocas
las épocas de una novela presuponen otras novelas
yo estoy allí y no aquí
salvo que la hoja se rasgue
y eso hiera mi piel
en cuyo caso yo estaría aquí
y habría un poema que no podría escribir

yo estoy aquí y no es su poema
no tengo casa y eso presupone otras casas
son las 8 de la noche y este lugar
está donde debe estar
en su debido lugar a su debido tiempo
estaba el poema que no pude escribir

los sonidos pueden ser inmorales
yo llamándome a mí mismo
soez, soez, yo llamándote a ti
una voz que no obtiene respuesta
beldad, beldad, una respuesta que no tiene voz
un poema que debió haber sido escrito

si una parte de ti queda allí
cada verso te incompleta
no hay allíes sino aquíes, puros, diversos
si nada es yo nada es tú nada es poesía
cualquier cosa puede serlo;
hay una efímera eternidad
donde el poema pudo haber sido escrito






BALADA DE LA OVEJA FUERA DEL REBAÑO

El final del affair siempre es su muerte
y el principio es.
Decir "sucedió" antes de haber aprendido cuál es el papel
cómo ejecutarlo, ensayo, estreno y despedida
sin quitarse siquiera el sombrero.
¡Hola, irreparable!
Esta es la escuela, ése su ceder.
El ojo descubre que no puede observar lo que mira,
el oído quiere escuchar el aliento de otro
y escucha el del que está. Horror es una palabra
con demasiado pocas letras, que significa broma.
A los que están cerca mío ¡salud! Se los desea el entrehombre.
A los que están tan tan lejos, buen provecho.
(Y ella está al lado. Proceder.)

Dedo a dedo, ahora
la copa de la campana es un tajo
y la mano un proyectil.
Algo repica
tirando de la soga
y el proyectil rasca.
Los dedos quedan húmedos.
Inclinado en el sillón donde tantos y tantos la montaron
el cuerpo pide un desplazamiento hacia la excepción
tomarla prestada por detrás
sobre la manta de flores.
Se respira la música del horror,
su cederá. Se oye una respuesta inquisitiva.
¿Quién suena? ¿Quién sueña a quién? ¿Cuántos?

Comparar a un hombre valiente con un león.
Comparar a una mujer de manto encendido con la aurora.

Desabotonar la blusa, desabotonar la bragueta
permitir que dos paisajes inconexos se entremezclen.
Siempre uno es el cuerpo del horror, el otro
el cuerpo de la broma. Siempre repica la campana
y no se sabe cuál es cuál, quién es qué.

El lenguaje humano tiene 100.000 años
la literatura 10.000
el poema de amor es todavía nonato.


El mapa de las relaciones incluye
a todos los continentes
a ninguno de los contenidos.
Quienes estamos adentro tuyo
sin hermanarnos
estamos afuera del mapa
cuyas formas indican movimientos
sucesiones discontinuas
accidentes
tu cuerpo y mi cuerpo
lo tuyo y lo mío indistinguibles.
Que detrás de la playa está ésta
y detrás de la montaña la otra
cuál, cuál
suena la campana:
la playa y la montaña se hacen una
y el monstruo de la superposición
desintegra los engranajes.
La máquina amorosa, morosa, nunca funcionó
tiene la incertidumre de una letra menos
pero en un esfuerzo final, estruendoso
los cuerpos habitados saludan el alba
con sus particulares modos:
consultando los libros
el uno pasa a estar adjetivado
cerrando los libros
aun los adjetivos más bellos son insultos:
el otro empieza a ser una persona
y bala el amor al desamor.




3203.- LUIS O. TEDESCO


Luis O. Tedesco nació en Buenos Aires en 1941.
Editor de larga trayectoria, es sobre todo una de las voces poéticas más personales de la Argentina.
Ha publicado los siguientes libros de poesía:
Los objetos del miedo (1970), Cuerpo (1975), Paisajes (1980), Reino sentimental (1985), Vida privada (1995), La dama de mi mente (1998), En la maleza (2000), Aquel corazón descamisado (2002), Lomas del Mirador (2006), Hablar mestizo en Lírica indecisa (2009)
En el año 2005, el Fondo Nacional de las Artes publicó su Antología Poética.






Hablar mestizo en lírica indecisa I


De Hablar mestizo en lírica indecisa, Ediciones Activo Puente, 2009.



APIO NUEZ AJO ALMENDRA PEREJIL
huevo aceite morrón carnaza albahaca

lave corte cuele refrite bata
cocine a fuego lento saborice

lo bueno de la vida, Catalina,
es mezclar la materia disuadirla
penetrar su pureza cincelar

el resplandor el aura el belicoso

saber de dios saber de nuestra muerte






LA DEVOCIÓN CEREBRAL, EL IDIOMA
que embiste draga manotea purga,

el idioma sin madrecita buena,
sin padre ni país sin casa propia,

vibrante como el tomate,
compadre como el asado,
suntuoso como el durazno,

tenso como el sabor del mate amargo,

el idioma cabrero del despojo,
el rigor de sus voces amarradas,

livianito inestable dentrecasa

el recluso sin dios, el pensamiento.







DENTREGA ALGUNA VEZ EL MALABAR
en aqueyos recintos de la mente
donde la nada y dios los abundantes
conviven en eterno remolino,

cariñosa en dación la finta leve
su suavidá de línea que alboroza
incierta firme hendida pronunciada
voz que en lo mudo tiéndese palabra,

si entonces eso nuestro la cursiva
del hacer desplegando cualidá
como el puro chiflar de la alegría,

digo es apenas un decir apenas
desenvuelto el idioma de su choza
sólo trino tensar en lo imposible.

A Aquiles Ferrario








DE VEREDA EN VEREDA LA PELOTA
de pie a pie de cabeza a cabeza
con tres dedos de chanfle y sombrerito
o de taco al pie de cabeza al pecho
de taquito decíamos un lujo
la rabona el caño el acariciado
sinfín de la redonda en las alturas
la pausa el toque la visión del otro
el espíritu alerta la destreza
la voltereta el pique siempre más
sin dueño la pared sin dueño l'ansia
lejos más lejos todo era potrero
los pibes en la noche
la gracia gambeteando
el marcador abierto para todos.

A Jorge Jinkis







Es MI REFUGIO CALMA QUE TRASTORNA,
lo leve entre las ramas, lo más leve
silba su altura de arboleda fresca
y caya como lo inasible caya.

Así se me va clásica de barrio
la osadía, tan quedo de universo
es mi decir en derredor instante,
tan de sonso cultivo mi pobreza.

Tengo patio, maleza y la petaca,
tabaco rubio, café negro, pan
y el queso duro que Victoria compra.

Mi mujer es un ángel, me desarma,
de noche me alborota, me despliega,
luego ríe cuando la nada estaya.








A LA RASTRA YEVO
los fracasos de mi viejo,

su desorden, su hipoteca,
su fuerza de trabajo, su torpe
generosidá, su colon irritable,

murió a los 72,
perdedor en todas sus fatigas,

menos en mí, donde sueña despojado.

A Cristina Piña









JUGAMOS CON MAMÁ, COMO NUNCA ANTES
jugamos con mamá a las palabras
en árabe, en tano, en argentino,

yo digo chabón, ella dice sharmut,
yo digo stronso y ella se ríe
como debió reírse de chiquita,
como muchas veces se rió de grande
ante el sonido cómico, metafórico,
de lo real profanado de espesor,

mamá es muy anciana, muy dependiente,
eso de jugar y reír con las palabras
es bueno, es como si aun maniatados
algo de nosotros piruetase espiritual,

como si fuéramos, de pronto, un poco más
que piel ajada, que la liviana corteza
del corazón, del cerebro, del mucho dolor,

del cuerpo en el mandato que da muerte.








LA MANO DE MAMA TIEMBLA
cuando toma la cuchara,

la boca de mamá vacila
cuando oprime su bocado,

está rico, me dice,
suave, tierno, tibiecito,

lástima que mi cuerpo ya no pide.








VENGO EMBALAO, TUYIDO DE SOFRENO,
el bizcocho está riente y pa' mojarse
do quiera lo demande una tulipa.
Es viernes, madam, vengo a remediarme,
la plata sólo sirve en el quilombo.
Véala por ahí, en los divanes,
apenas de tanguita mi sanguanga
me envara hasta las muelas que no tengo.
Deme un turno, no más, es suficiente,
me la relamo toda y su perfume
se hará manjar de boca en la semana.
Si de veras compongo el monedero
un día se la compro, che madam,
será el Colón su culo en mi piecita.








ACERCA DE LA FINTA, LA CUALIDÁ,
EL CORPULENTO EMPUJE DEL ABRAZO

necesito olvidar, necesito
desligarme, desencarnar
el chapoteo de mí mismo,

desencontrarme, desenpoyarme

del pibe que fui,
del muchacho que se fue,
del tipo que aún persiste,

así, pegado como estoy
a la minuciosidá de mi rastro,
a la lógica madre de los hechos,

mecido por tanta cosa
visible, documental, verificable,
por tanta pedrería espiritual,

mi traza, véala, eso que aparezco:
atleta sombrío, puro nervio, perejil
mi ser enser metido en su campera,
mi ser en ser de garra dependiente,

necesito olvidar,
desarraparme, descorazonarme,

así como estoy, cubierto
de vastedá, de pliegues, transiciones,
de quietas tesituras amigables,
como bola metasíquico reboto
sin manija la mente correctora,

el ojo insomne, la mirada
apichonando el ansia,

yo contra mi yo que maniatado
narbola su lírica semblanza,
tan escasa de brechas insurgentes,

necesito olvidar,
trote largo, caña fuerte
necesita el anca de mi sueño,

desparramarme, desconocerme,

dar con el floreo,
con la finta, todo cualidá
la línea corpulenta del abrazo,

el ansia que avizora su materia.








CRITERIOS PA' FRENTEAR
CON LA EXTRAÑEZA

rajale a la cordura, al juicio nato,
rajale al peluquín del pensamiento,

lanceate tayador sin mazo propio,
lanceate pa'l crujir de lo que venga,

metele dedeté a la nostalgia,
que ruja su albañal el inconsciente,

tu morir vendrá solo, no le amagues,
no te extrañes cubil de las esencias,

sos al hablar tu propio aparecido,
ese que ves, el mismo que te ve,

rajale a l'hinchazón de tu alcancía,
no usurés la medida de tus fuerzas,
dale a lo más, a su fragancia dale,
sin pezuñas el fife tiene gracia,

comé con ganas, simple, un solo plato,
no yenés con gordura tu esqueleto,

comé siempre con eya, sonrisala,
dejá tu aliento en su sabor, cuidala
si su voz enferma,
si su sangre es mala,

el metejón urdilo, dale cuerda,
metele frenesí a la materia,

tus estroles jugalos aunque suerte
chupe de vos tonsure desengaño,

aunque ardan taloneando los dispares
y hojarasca, maleza tus versitos
se te junten jadeando en la tragata,
tu yumba meditala con gardeles,
metele al do re mi aunque la flema
torniye raspe sones pa' desgracia,

ah frituras del habla, disonancias,
crudele camposanto del idioma,

pa' frentear con rigor a la extrañeza
buscate en el idioma asesinado,

no transés con la purga del silencio.








Lomas del Mirador

(inédito)



NATURALEZA MUERTA

Hay un horizonte básico, hay explanadas de cielo y líneas radiantes, inconclusas, márgenes dentados sobre los techos del caserío, hay árboles lejanos y árboles cercanos, unos y otros rígidamente doblegados por el volumen perpendicular de las alturas, hay parvas, molinos, hay moderadas lagunas ramificadas en zanjones, coágulos de barro blando en los terrenos bajos, blanco barro sepulcral en los cauces atormentados por la seca, hay alambrados, púas, vértices trenzados de la demarcación diabólica, hay caballos, hay jinetes jactanciosos, hay jinetes postrados sobre el anca partida del destierro, hay gente violada, gente simplemente asesinada, hay vacas gordas como nubes, como quietísimas nubes vaporosas, hay perros, perros de dientes deslumbrantes, hay carne de perro ya negra, carne abombada, hay también carne irreconocible, carne de cualquier cosa, carne incluso no carne de seres fabulosos, hay neblinas, la neblina frenética de algún dios, hay basura, hay ceniza de basura, gasas, vendas encaramadas en el humo que asciende hacia el sol del mediodía, hay maleza quemada, hay maleza briosa sobre el paredón momificado de la fábrica, hay aves, cientos de aves, aves en promiscuidad libertaria, acoples feroces de masa voladora, hay el ruido inmenso de la copulación natural, hay aves cautivas, aves martirizadas por el orden, aves cuyo único canto estalla en el único silencio del patio que fue mío.



ALEGRÍA

Voy desde Ella hacia mí, es Ella la que viene, voy desde mí hacia Ella, es Ella la que está, regresada de mí, que sigo en Ella, recorrida en el cuerpo de ambos, en esmerada propagación que viene y va, que recorre en Ella lo que en mí retiene su cavidad que llega, soy Ella en el cuerpo que la toma, soy yo en su estremecimiento, en la alegría que nos lleva a ser cada uno el cuerpo del otro, más y más sumergidos, más y más penetrados por la gran cavidad que nos alaba, somos continuamente llamados, continuamente incluidos, somos un único recorrido y su alabanza, la tensa expansión de los gerundios, no hay empeño, no hay comienzo ni fin, no hay ninguna posibilidad para lo imposible, hay la unidad amante, yo sobre mí en Ella sobre mí, Ella sobre sí en lo mismo de mí que la contiene, no hay recuerdo, no hay postrimerías, no hay presente ni pasado, nada se aleja en pose de descanso, no hay combate, es el único suceso en la actualidad de su único suceder, vos en mí, yo en vos, cada uno en pos de sí en el otro que posee, sólo apariencia, interior de la apariencia , profundidad de la apariencia, vos y yo en nuestro único suceder de límite apetente, más y más demorado a medida que su celeridad avanza, más y más denodado a medida que nuestra apariencia crece.



CERCOS

La posesión real de un terreno, su trazado en la extensión que lo contiene, exige de usted una firme escisión entre vida propia y vida circundante. No se mira el terreno propio como se mira el de los demás. Hay zozobra, recelo, y una alegría nerviosa que ante la menor contrariedad se convierte en angustiosa introspección. No se preocupe, a todos nos ocurre algo parecido. En los días calmos y felices, cuando la veleidad amorosa hace pie en las zanjas de Libido, la superficie irá hacia usted, prodigará sobre sus ojos la imagen cautiva que necesita para proyectar muros cariñosos de robusta certidumbre. Ya no tendrá paz: si antes de ser propietario no tenía donde caerse muerto, ahora, en su pequeño predio bonaerense, conocerá el vacío emboscado en el pastito neurológico. Sea cauto, su terreno acumula milenios de murmullo intraducible, y es, también, recinto poseído por el rugir de animales fabulosos y el temporal que desvanece la materia en ráfagas de aire feneciente. Tomar posesión, ser voz de mando, activar en usted la presencia del demonio patronal es hoy su activo prometeico. Hay varias opciones, ninguna desdeñable. Está el cerco tradicional: tres tiras de alambre común sostenidas por postes erguidos metro y medio sobre la demarcación asignada. Hay quienes prefieren el alambre de púa; en este caso suelen achicar la distancia entre los postes, elevándolos según la postración del vértigo prisionero. Está el ligustrino, el cerco de tilos, y toda la variedad vegetal que sugiere el encanto progresista para proteger los latidos del entierro. La solución más efectiva, sin embargo, es la ominosa: cuatro paredes altas, algo así como un cajón de muerto con vidrios amurados sobre el perímetro silente de la subjetividad. De este modo, cualquier intromisión de vida circundante, antes de posarse en su dominios, dejará rastros de la herida en los ángulos filosos de la demarcación. No se asuste si en los días de lluvia la sangre lavada se desliza sobre el revoque de los muros, si un cuerpo cae y otro lo persigue, si la estructura del acontecer lo fastidia con sus quistes desolados. Usted es el dueño y la ley lo protege, la Máscara, tan violenta como su miedo, tan astuta como su deseo de ser alguien.



DEUDA

A tu viejo le pasó lo que al mío: la deuda lo estragó, le partió el mate, le demacró su única sonrisa, esa de andar en casa, entre las nimiedades cariñosas de su casa, como soberano del aire construido. Nunca se perdonaron. Para ellos, si uno debe, uno no es, uno es una lacra, un pedazo de carne invadido por la plata que no tiene, tomado por la voz que dice y dice, por el síncope, por el terror de despertar. Tu viejo no fue un malhechor, tu viejo, como el mío, no se patinaban el sueldo en farras de champán. Tuvieron sus quimeras —la parra, la tranquilidad del patio, el fondito, la parrilla, sembrar unas verduras—, todo se lo llevó el pagaré, la hipoteca, la parca grúa de la deuda. Miralos, se les torció la boca, se les agusanó el idioma, el pronunciado nombre de las cosas. La deuda es así, te da lo que no tenés pero te mella el paladar, te quita el aliento, la masticación, el sosiego natal del alimento. Miralos, tan adentro del silencio, apocados, encorvados, trizados por el torno de la vida, tan adentro de la rabia, y sus piernas, que alguna vez driblearon en el potrero de los goles majestuosos, sus piernas escalantes, bienhechoras, fuertes en el azul de los andamios, tan compradres, tan proclives a la altura, miralos, si es para no creer, para no decir, para callar y callar, para nunca más dejar en las palabras el revuelo de los hechos. A tu viejo le pasó lo que al mío, a vos te pasa lo que a mí: cada cual vive en una casa cercada por la deuda, cada cual ocupa un cuerpo tironeado por la zarpa del trabajo. No hay sentido para esto, no hay significado que nos llame, todo es escozor y grieta, lastimadura, infinito desdén de lo posible. Nos prestan, somos prestados, no importa para qué, ellos nos prestan, ellos están para eso, para tomarnos con el peso de la deuda, para dejar en nosotros el monto enajenado de la que ya no somos. A vos te pasa lo que a mí, tenés ganas de matar, matar, sí ¿pero a quién? No tienen cara ni voz reconocibles, tienen papeles, edificios, constancias del Imposible Lacerado. No hay modo de escabullirse, no hay modo de atacar, nuestra fuerza se agota en el merodeo de su propia corpulencia, nos adecuamos, nuestra deformación no cesa, nos carcome la celeridad de los días, el anuncio fatal del vencimiento. A vos te pasa lo que a mí: el manoseo del orden nos da risa, nos tiramos a reír en la cama del espanto.



LUZ

Es domingo, las seis de la tarde de un domingo de invierno. Las cosas se añaden entre sí, vagamente tumultuosas, luego se apagan. No les debo trazo de imagen, pero nada hago para salir del letargo de la casa. Veo sobre la sombra lo que la sombra ve. Muchísimo tabaco y muchísimo café se agregan al grave licor concedido a la quietud de mi cuerpo. Todo está donde debe estar, todo cayó en el lugar dispuesto por la hegemonía del Maniatar Sucesivo. Esa es la norma: preservar lo constante, restañar lo desasido de su forma. Es domingo, es una fría tardecita de invierno y anochece. Crezco y decrezco en claroscuro silencio, sin extensión, sin vorágine de lucha la encarnación que soy, esfumado contorno de alguna consistencia. Me prefiero así: impreciso, postergado, desprovisto de lámpara, lejos, por ahora, el simulacro de luz que retiene lo constante.





3202.- HÉCTOR YÁNOVER


Héctor Yánover fue un escritor, librero y funcionario público argentino, nacido en Alta Gracia (Córdoba, Argentina) el 3 de diciembre de 1929 y fallecido el 8 de octubre de 2003.
Fue autor de los libros de poesía "Hacia principios del hombre" (1951), "Elegía y gloria" (1958, con el que obtuvo la Faja de Honor de la SADE), "Arras para otra boda", "Las iniciales del amor", "Sigo andando" y "Otros poemas". Publicó también una novela de carácter autobiográfico: "Las estaciones de Antonio" y el libro "Raúl González Tuñón". Su obra más popular fue "Memorias de un librero".

Desde la porteña librería "Norte" fue un faro para sus clientes ya que poseía una asombrosa memoria bibliográfica. El local ubicado en la Av. Las Heras y Azcuénaga (desde 1967 a la actualidad) siempre fue un punto de encuentro para lectores y escritores.

En 1967, junto a Jorge Aráoz Badi y Samuel Grabois, creó el sello discográfico AMB que editó una importante colección de discos de vinilo con lecturas de escritores (entre ellos Borges y Cortázar, leyendo sus textos). En el año 2002 algunas de estas grabaciones fueron reeditadas.

Se desempeñó como director de Bibliotecas Municipales (desde 1989 a 1990), del Fondo Nacional de las Artes y de la Biblioteca Nacional (1994 a 1997).

En 1999 creó y condujo un programa de televisión por cable, llamado "La librería en casa".

Falleció en Buenos Aires, en octubre de 2003 y fue velado en la Biblioteca Nacional.







Poemas con gato /

Para Horacio Salas

Todos los gatos estarán muertos
y yo seré el único gato vivo.


Volveré por la medianoche
arrasando los cultivos.


Vendrás a verme bajo la tierra
hecho un finísimo maullido.


Sólo tu mano me extrañará.
Todos los gatos estarán muertos,
será la paz.


II


Gato del cuento, gato del cuento,
gato que sólo vivió un momento
y se quedó en la eternidad.


Gato sin botas y sin sombrero,
de ti, gato que quiero, ¿qué será?


¿Andarás por el aire verde
y te enredarás de setiembre
y volverás y volarás?


Gato aniñado del poeta
salúdalo desde su carpeta
y ayúdalo a soñar.


III


Ayúdalo gato al poeta,
dale el sueño de comerse el gallo de la veleta,
dale caminos a sus pies.


Y siete vidas llenas de hoces y probetas,
para que sufra las proezas del vivir y del conocer.


Oh gato sin botas, no le abandones,
maúllale desde los rincones, córrelo otra vez.


Quiero verle atareado yendo de uno a otro lado
impaciente y fantástico como le vi ayer.


Gato, te pido, si eres un sueño del camino
vuelve a aparecer.


Dale maullidos, resoplidos, erízale sus sentidos
y hazle creer.


IV


Gato que maúllas, gato que eres bueno
gato que no tienes pluma en el sombrero
gato que me sigues por el mundo entero
qué quieres de mí?


Me sigues de cerca como a una rata,
no llevas espada, ni vaina, ni lata,
mas todo lo que hago lo pruebas, lo catas,
Por qué eres así?


Hay en tu mirada reproche y consuelo,
lo que hago y te gusta lo cazas al vuelo,
lo demás me cuesta cientos de pañuelos,
¿no te irás de aquí?
Gato te prometo que seré muy bueno,
ondeará la risa siempre en tu sombrero,
andaremos juntos por el mundo entero,
quién eres ya sé.


Cazaremos juntos millones de ratas,
llevaremos verbos, creencias, patatas,
haremos un mundo dichoso y si tratas
verás que es así.
Al que se traicione daremos consuelo,
al que tenga sueños le daremos vuelo,
cuando nos vayamos miles de pañuelos
nos despedirán.


Adiós nos dirán.
Adiós sin adiós.
Adiós que es amor.


V


Adiós que es amor para el gato y su acompañante
para el molino distante y para el ver y el creer.


Adiós para los lagrimones que arrancan las emociones
de sentirse solo y querer ser.


Adiós para los templos con ventanas de otros tiempos
donde se siegan los trigos y brilla el sol.


Adiós para los senderos donde anduvieron los guerreros
el buen Sancho y su señor.


Adiós para los cementerios donde descansan los salterios
y los ruegos del corazón.


Adiós para los mortales transitorios y fatales
que creyeron ser eternos y lo son.


Adiós a todos les dicen el gato y su acompañante,
adiós molinos distantes, adiós ver y conocer.





UN TIEMPO FRATERNAL, HUMANAMENTE

Un tiempo fraternal, humanamente,
sin hongo, sin jaquet y sin cadena,
vendrá tras estos llantos y estas penas.
Y un aire conocido y hermanado
a otro aire que presienten estas venas,
del aire le hablará.
Mondo y lirondo, acicalado espíritu,
imperturbable el ceño.
Silbando llegará despreocupado,
raído el pantalón en desaliño,
el saco sin botones
cubriendo un corazón de armiño,
el tiempo que yo aguardo en mi escollera
cansado de espera,
ronco de pena,
pero firme, apostólico y seguro.






ESTOY LEJOS DE MÍ. CAE LA LLUVIA

Estoy lejos de mí. Cae la lluvia.
El rayo enciende un paisaje de tibieza
y arrulla la tormenta.

Crece sordo el rumor
y sobre el techo de mi pieza
tres mil tambores baten
fantasmas, en mi ausencia.

Pienso en la lluvia
en mi padre que no creía en ella
y se burlaba en su presencia,
en el día que llegue cuando muera
y sin mí, como ahora, llueva y llueva.






QUIERO LLORAR

Por los poetas que nadie ha conocido,
por los que derramaron sus canciones al azar,
por los que un día zarparon para el nunca jamás.

Por quienes bajo los cuatro soles
esperaron lo que espero,
por aquellos que mañana esperarán,
por los que ahuyentaron sus cuerpos del combate,
y por los que aún luchan, quiero llorar.

Por mi estatura de hombre a todo trance,
por el desdoblamiento de mi dolor,
por mi rostro llorando,
por la injusticia de haber nacido antes
del siglo sin dolor;
hoy,
y en este tamaño de mi poema:
quiero llorar.








PARA VINCENT VAN GOGH

I
¿Qué puede Vincent contra nosotros la vida,
y qué puede la muerte que burlamos
hasta desconsolarla?
Mas cuando ella llora,
y por no verla llorar,
nos pegamos un tiro ese momento.
Tan sólo que luego tu dormitorio en Arles, Vincent,
que es mi coraza,
quedará solo como un cuadro,
como una foto,
como un recuerdo.
Yo lo amo más que a la noche estrellada
y aún más que a las barquitas de Saintes-Maries.
En esta pieza se inventa el sueño de la noche
y se enlaza la huida de las barcas por los cuernos
hasta que derraman estrellas como tizones
y flores como heridas.
La manta roja y la almohada de plumas.
¿Oyes, Vincent, cómo trabajo tu nombre
lentamente en este insomnio
cuando aún mis 23 años
no tienen ni una noche?
Yo, tú sabes, pondría mis libros bajo la mesa
y usaría tu valija que está bajo la cama;
en la pared del árbol colgaría el retrato de mi padre,
y a su izquierda, tu dormitorio en Arles.
Pintaría tu nombre en las esquinas
y un poema escrito a lápiz.
Yo te diría cosas,
y tú pondrías en la tela lo que el pudor me calla.
Asomados a la ventana nos veníamos hacia mí
en este cuarto que comparto en Buenos Aires,
y soñábamos con Córdoba,
con el poema como un soplo de mundo que alimento,
y con el dormitorio de Vincent Van Gogh en Arles.

II
A la boca del jardín público alguien lee el diario.
Los que caminan por los paseos nos aman sin saberlo.
El parroquiano del café nos ignora porque no lo miramos.
Luego vuelvo a la pieza.
A veces me canso de mirarme y pienso en Théo.
Pero vuelvo a la pieza.
A la izquierda pondría el dormitorio de Vincent Van Gogh
en Arles,
y en él, a la izquierda,
el dormitorio de Vincent Van Gogh en Arles;
correría el espejo a la derecha,
y tendría otra vez el dormitorio de Vincen Van Gogh en Arles.
A ti te contaría cuentos,
impúdicamente te hablaría de caperucita roja,
de la cenicienta,
y de los siete enanos que bailan en mis ojos.
Te diría mis versos minuto a minuto y sangre a sangre.
Te diría: ¿entiendes?
y tomaríamos un café con leche.
Allí te daría este poema,
y tú me regalarías
el dormitorio de Vincent Van Gogh en Arles.
Luego, del brazo,
visitaríamos la tumba donde descanso yo
y tú leerías:

ICI REPOSE
VINCENT VAN GOGH
1853-1890

Pondrías un cielo azul sobre la lápida
y nos iríamos a fotografiar juntos
a la cascada del zoológico.
Yo te pedía mi retrato
y tú pintabas “el poeta”,
y cuando aún mis 23 años
no tenían ni una noche,
de puro triste,
te hacía este poema.



XIII

Venga a mí el poder de decir lo que siento
Venga a mí el poder de atrapar la palabra
—dilecta hija de la magia y de los sufrimientos—
la que anduvo por mesas de borrachos
y se demoró de noche junto a los barcos del puerto.
Cuando callan los perros y se oculta la luna,
cuando mueren los hombres en los sueños profundos,
cuando huyen las ciudades y los árboles, todo,
la palabra se arrastra sobre el mundo
y persigue sus ecos silenciosos,
sus lamentos fatales.

Es la palabra todo lo que existe en la tierra,
más allá está el silencio, la locura, la muerte.

Yo soy pura palabra,
cruel amor con que espero
defenderá mi carne cuando sueñe en la nada.








POR MÁS QUE TRATE

Por más que trate de dar a mi verso otras resonancias
siempre caeré en él con mi torpeza de pensar, intacta.
Me propongo rimar alguna idea que en la cabeza baila,
pero el poema es pobre, ¡sólo mi corazón canta!
Y cuando él dice su palabra, se expresa la total verdad del alma.
Y es como si licuaran todo el cuerpo para obtener esa cosecha magra.
El hombre es su poesía. Desde el profundo abismo donde cala,
fingir es imposible. La palabra termina y lo delata.







SIGO ANDANDO

Sigo andando,
pasan carros, plazuelas,
niños de tez ligera
y yo atravieso vientos,
ramas contra el cielo nublado,
faroles contra la luna llena.
Tengo el rostro en espera
como si a cada instante
me fueran a dar la buena nueva.
Tengo el cuerpo dispuesto para todo trabajo
y pronto estoy para partir y regresar
hacer y deshacer, morir y continuar.
Pasan días iguales, alegrías de a peso
y de pronto me paro frente a mí en el espejo,
me contemplo un instante y trato de olvidar.








ESTOY SOLO EN UN CAFÉ

Estoy solo en un café,
en un planeta desierto.

De mi corazón salen dos brazos,
pero regresan a mi cuerpo.

Estoy metido dentro de mí,
como el enano dentro del cuento.

La gente pasa, mira y sigue,
nadie me encuentra tan adentro.

Nadie me busca por otra parte,
y yo me siento muy enfermo.

¿Curaré o vendrá la muerte
para marcharse con mi cuerpo?

¿Quién sabe qué pasará?

Pero esta apatía mía,
estoy seguro me perderá


1977

La noche es larga y yo camino.
Soy un hombre entre los tantos.
Pero en mi pecho,
sobre mi cuerpo allá en lo alto,
el viento mece sombras de ahorcados.
Trae gritos desde el río.
Pesan muertos oscuros,
niños claros quemados.
¿Soy un poeta si en esta hora callo?
¿Soy un hombre si me escapo?
¿Pero a quién decir salve?
¿Acaso a Dios?
¿Al congreso de sabios?
¿Al poeta que vive masticando su premio literario?
En silencio camino,
los relojes golpean su milagro.
Somos islas,
las palabras tendrían que ser garfios.




3201.- JORGE ACCAME


Jorge Accame
Nació en Buenos Aires en 1956 y vive en San Salvador del Jujuy desde 1982. Es profesor en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy.

Ha publicado, entre otras obras, Golja y Cuatro Poetas (poesía); Diario de un explorador, El jaguar y El dueño de los animales (cuentos); El mejor tema de los 70 (novela breve); Chingoil Compani, Suriman ataca y Venecia (teatro); su última novela. Tiene escritas varias obras de teatro: en 1986 estrenó en Jujuy Pajaritos en el balero; en 1988, Casa de Piedra y en 1990, Chingoil Compani, todas ellas con el Grupo Jujeño de Teatro que dirigió Damián Guerra. En 1998 estrenó Venecia en el Teatro del Pueblo, en Buenos Aires, con la dirección de Helena Tritek, obra que continúa representándose en su tercera temporada en el teatro Payró.

En 1997 obtuvo una beca de la Fundación Antorchas y participó del Programa Internacional de Escritores en la Universidad de Iowa, USA.





GOLJA

Y quizá yo solo
sé todavía
que vivió.
Giuseppe Ungaretti


Lo conocí
en una pensión de Italia.
Ocupaba la pieza contigua.

Me pidió fósforos una noche
y yo temí por su piel de petróleo

Un café y dijo que se llamaba Samad
venía de los rascacielos que brotaron hace poco
en la antigua Persia

Otro día me presentó a la mujer
que habitaba en silencio tras un velo
y bajaba los suaves párpados
hacia la tierra

Compartí en su cuarto
una comida con aroma a limón y a muerte

Y sólo conservo de los turbios susurros
de su lengua
una palabra: Golja, que significa flores

Golja golja repetía y señalaba
el verano derramado sobre los campos de Urbino
y yo decía golja golja golja
y reíamos los dos como idiotas
creyendo que por fin hablábamos de lo mismo

Ese otoño su ayatolah lo llamó para la guerra
y regresó al Irán

Le escribí
de derecha a izquierda
de abajo hacia arriba
a la dirección que me había dejado
pero no respondió

Todos los años
cuando llega el verano
y los campos resplandecen
presiento que nunca existió un lugar
donde pudiéramos encontrarnos.








EL CRIMINAL

¿Por qué no he sido por ejemplo
un cafisho
rodeado por los escotes gritones de mis mujeres
aspirando el perfume de luces rojas?
¿Soy tan diferente
a lo que no he sido?
Podría perfectamente estar
pudriéndome en cualquier cárcel turca
por haber matado a algún idiota en una pelea.

Mis hijos duermen en la habitación contigua
y mi legítima esposa mañana
me despertará con un beso y me dirá te quiero
amor es un hermoso día. Y yo
pienso en el otro que soy mirándome
tras los barrotes del calabozo
que jadea atestado de asesinos o
desde una esquina, apoyado contra la pared
mientras decenas de tacos altos escurren sus ecos
por las calles de la noche. Un hermoso día amor y yo
que nunca podré saciar los lugares
que claman por mí como pozos hambrientos.








CIERVOS

Desde el octavo piso
donde he vivido por tres meses
contemplo el parque y el río
la nieve ha caído durante dos noches
y todo está blanco.

Nunca vi nada asombroso en este parque
pero hoy a la madrugada algo me despertó
y me asomé a la ventana:
una cierva y su pequeño hijo vinieron
desde el bosque tranquilamente
y se detuvieron frente a la carretera
Sus cuerpos parecían dos pedazos de fuego
ondulando en la oscuridad

Tomé el teléfono
y marqué un número cualquiera del edificio
Al otro lado oí una voz de mujer
“hay dos ciervos en el parque”
le dije emocionado
“¿Qué? “
“Dos ciervos”, repetí
y escuché cómo apoyaba el tubo sobre la mesa
Se hizo un silencio
y al cabo de unos segundos
la mujer tomó el tubo otra vez
“Gracias”, dijo y colgó

Volví a la ventana
Los ciervos observaron con curiosidad
los automóviles que pasaban
mientras sus alientos humeaban en el aire helado
y partieron otra vez rumbo al bosque

Con quién me habré encontrado
por algunos segundos
sobre sus cuerpos calientes
SOY una serpiente
que se desplaza por el desierto
como un papel
al que alguien ha prendido fuego.
No dejo huellas.
Sólo cenizas.








IMAGINO a mis padres
en sus primeros bailes
mirándose a los ojos
y la música de la orquesta
que le daba otro significado a sus vidas.
Él le diría alguna palabra hermosa
y ella se sonrojaría agradeciendo
o no:
no hablarían
en sus cuerpos tan jóvenes
girando en el salón salpicado por las luces

Dios mientras se miraran
siempre sería verano
siempre bailarían
y el mundo se parecería mucho al paraíso

siempre sería siempre

Después ocurrieron cosas
suelen ocurrir y acaso esté bien que así sea

pero aún algunas noches
sostienen miradas
que me permiten oír la música
en aquellos salones
y el murmullo del vestido de mi madre
radiante de felicidad
al girar sobre sí misma

(Cuatro Poetas)





3200.- SUSANA SZWARC


Susana Szwarc nació en Quitilipi, provincia del Chaco, Argentina, en 1954.

Publicó: El artista del sueño y otros cuentos (Tres tiempos, 1981); En lo separado (Poesía, Último Reino, 1988); Trenzas (Novela, Legasa, 1991); Bailen las estepas (Poesía, De la Flor, 1999), con algunos poemas traducidos recientemente al mandarín por el profesor Chen Kaikian, quien formó parte del grupo de hispanistas chinos que contribuyó a la traducción de las obras completas de Borges; Bárbara dice: (Poesía, Alción editora, 2004). En literatura infantil: Había una vez una gota (1996); Había una vez un circo (1996); Salirse del camino y otros cuentos (1997), editados por Libros del Quirquincho. En teatro: Paisaje después de los trenes fue representada en el Teatro Olimpia de Buenos Aires en 1985, bajo la dirección de Guillermo Asencio; Trenzas, el secreto robado, en el teatro de Liberarte, con dirección de Irma Paso, en 1994; Justo en lo perdido, en El camarín de las Musas y el Centro Cultural de la Cooperación, con dirección de Irene Rotemberg, en 2003.

Ha realizado varias antologías. Entre ellas Mujeres 3, Visiones en el siglo (IMFC, 1998), y cuentos y poemas suyos han sido incluidos en antologías.

Ha colaborado, con artículos, reseñas literarias, poemas y cuentos, en publicaciones del país y del exterior: La Nación (Buenos Aires), Clarín (Buenos Aires), El Tribuno (Jujuy), Zihender Stern (Salzburgo), revista Cultura de Veracruz (México).

Entre sus distinciones figuran: Primer Premio Nacional —Iniciación— de Poesía, Premio Unesco, Premio Antorchas a la Creación Artística, Beca del Fondo Nacional de las Artes, Premio único de poesía inédita de la Municipalidad de la Ciudad de Bs. As., premio concurso internacional de cuentos Julio Cortázar.

Coordinadora del Plan de Lectura, fundado por la profesora Hebe Clementi, coordina actualmente talleres literarios en forma privada y en diversas instituciones.




EQUIPAJES

ruedan
cabezas por el camino
de tal forma

¿cómo podrían
desde esas voces expuestas
las bocas trasladar su equipaje?

y lo grave no está
en que salten sueltas
sino en su improbable
pena






K

Dicen menos uno
como si otro pudiera
aplastar
su vértigo de cucaracha
antes de hincarse
en letra
o segar el vislumbre
de la mano que cae.







HORAS

Esa niña flaca, decimal con su flor
roja al ladito del borde: mira claramente al que
levanta la pala
un pie va a hundirse —con la pala— en el montón de barro.
Es la hora del entierro y la flor
por arte de magia será libro.
La niña —que no sabe—
lee sobre el dolor inmensurable
los nietos no nacidos.

Nos distraemos por el sonido de un saxo
que comienza a trepar —metálico—
hacia atrás y salen más niñitas de los ranchos.
Es la hora del pedido:
ejendú, ché, omé é ché un pedacito de pan
—golpean, esos niños, sin padres
—otra vez, piden pan
—¿no les dan?

Ordenemos la historia ¿Evita había muerto?
¿Perón había caído? ¿Su estatua destruida en
la placita Sarmiento? ¿Yo tenía sarampión?
¿Cantaba Ramona Galarza? ¿Tu perro
aquella noche, era? Lame la sal del cuerpo y
las estrellas caen, por mí.
El lobizón desvanece de cercanía. Apenas
alcanzamos los breteles. Maldito gallo, que se
calle. Y que nadie sepa nunca.

Otra hora: tu siesta, los mosquiteros hacen
marchas hexagonales sobre mi morena
piel más vieja que el sulki
verás la polvareda y en ella el surco
¿dónde aún me harías caer?
(la longitud del muro hace a la partida
de los perros)
Recordemos: la niñita —la de la flor roja—
detenida como en un recital infinito y el saxo:
único movimiento acompañado por el taburete
donde una madre oye:
—¿quién no ha leído a Nietzsche a los 17 años?
dirá él, ágil sus dedos arman cigarrillos
sus ojos alucinan patios y potras.
Dirá, es la hora de jugar: serás Yocasta
y juegan al día más perfecto de la historia.
Guardan azúcares aceites en el jarrón de lo indecible
juegan a encontrar los fierros para disparar: a los gatos
las alarmas al hueco del jarrón y a sacar al muerto
de su torpeza: su obstinación de muerto.
Arrancan flores hasta la niña decimal
jadean:
ningún patio es completo
ni siquiera el de la madre.

Recordemos: el saxo, las horas,
la niña que dice es la hora
y vuelve a leer.






AZULES PROVINCIAS

Sucedió entre nosotros
lo más terrible:
adjetivos crueles, atroces,
se instalaron en su lengua
torciéndola.
Y justo donde se decía lo amable
se atravesó —como una doble espina—
la palabra grosera del amo.

Entonces, las mujeres bellísimas
—en la vergüenza de lo que por su voz
se pronunciaba—
nos quitamos los cuellos, las cabezas,
hasta los brazos nos quitamos,
para caminar orgullosas como himnos
bajo los cielos (azules, azules)
de provincias.
Así, sin ojos, sin oídos, evitábamos
el peligro de tropezar
con los gestos del desprecio.

Pero demasiado pronto comenzamos a apiadarnos.
Las mujeres bellísimas atentas
nos pusimos tres cuellos, tres cabezas
y besamos con tres bocas
a ésos,
creyendo todavía que algo del aliento
habría de calmar el uso de tristes
(por soeces) adjetivos.
Cuenten: ¿quién cuenta nuestros méritos?

Ahora, estos hermanitos (éstos, descalzos
por supuesto), se acurrucan a mí.
Porque los amos les traen pesados zapatos,
llenos de agravios.
Ya estamos, otra vez, las hermosas,
fecundas,
sin cuellos, sin cabezas, sin manos
y ellos, soltándose de mi cintura,
corren a lo libre. Más descalzos,
más felices.






ESTACIONES

Uno se despierta. Los sauces inclinados
entre vientos como un cuerpo de fatiga
delatan por su temblor amarillo
otra estación. En las ventanas del país
junto con los árboles, los asesinos.

¡Ah! El cielo es celeste
pero las nubes que se arman,
lentas,
tienen la forma terrible del pan.







DICE VERDAD LA BOCA

Decía sed
y una palabra
de agua comenzó a hacer causa.

Hasta la misma nube
cedió
del ojo como un río
hacia otro ojo sabiendo
de su vaso (la montaña
de fiesta).

Demora la palabra —dijo
mientras bebíamos.







EL PAÑO ROJO. CABARET

Te he acompañado nuevamente
al lugar donde se guardan las pequeñas,
hermosas prostitutas.
Allí caminan suaves
o se acomodan en las sillas, quietas
como novias desnudas. Algunas bailan
sólo para el baile.
Todas —menos una—, se quitan la sed
mojando su lengua con el hielo y porque temen
la ausencia de la luz.

Decía te acompañaba. Y he mirado
por tus ojos. Así, vi la forma de las manos,
su moverse sobre las pieles sedosas, fuertes,
de aves. Y vi las palabras
por el cuerpo cercano, avisabas hacia dónde,
hacia dónde.
Pero dos nuevas palabras: mi amor,
cayeron en el rostro desamparado de la joven.
Ella, anónima, abrió los ojos hasta mí.
¿Cómo dejar de contemplarla, ahora por mis ojos?
Su fragilidad de hija retornó mi caricia a esa geografía,
casi tiempo, donde los panfletos de la historia anuncian,
a gritos de relámpagos, el sin sentido, los saqueos.

Próximos, por fin, en la completa oscuridad, fuimos,
entre sonidos leves y felices.
¿Nos habíamos dormido? ¿O eso no importa?
En el silencio, en el estirarse mismo de la mañana,
se anotó: Apaciguamos.







BÁRBARA

Ese cuerpo excesivo
aún después del strip-stease
es tan leve como el mejor
afiche ante mis ojos.
La estética del poster
me hace sonreír
y mecerme en la silla de mi casa
(al compás del ritmo ajeno).
¡Ah! es exactamente igual
que ofrezca Bárbara su carne
—de verdad, de mentira—
para mí.

Su nombre acerca a mi memoria
el poema de Prevert
aunque ella insista: mirá, también me llamo Sonia
y no hay en mis manos ni crimen ni castigo.

Pero ninguno de estos recuerdos
sirve esta noche,
ella está allí, quitándose siempre
su ropa dorada, justamente para llevarnos al olvido
y su cuerpo es un mapa perfecto,
un territorio para abrazar,
arrojar monedas,
atrasar relojes.

De pronto ya no sé qué sucede.
No hay ruido de pulseras en la habitación de al lado
y la música que sale de la radio,
que despierta a los vecinos,
me afecta el sentido del gusto, la clarividencia.

Un hombre, otro hombre,
abraza a Bárbara.
Bárbara tristeza la del hombre
que la abraza y no apaga así
sus lágrimas de carne.
Pero el llanto es de los dos
y valen nuestras monedas.







QUISIERA ENTERARME

Quisiera enterarme de que nada
tiene forma, decías. Y acepté,
hasta el fondo de la copa del árbol,
de la copa del río.

Ninguna de las otras (creía)
se ahogaba como yo. (Me hundí.)

No hay placer, dijiste
mientras vaciabas al padre
en la botella y mi cuerpo te servía.

¿Te habías ido? ¿Y las otras?
Tuve vértigos
como si alguno más
se cayera del mundo.

Dormida, en la noche de fiesta,
alcancé a oír: ¿qué hay después?

Al despertar
había panes
en mi cama.

3199.- HUGO DIZ


Poeta, prosista, periodista, de múltiple personalidad, Hugo Diz nació en Rosario (Argentina), en 1942 en cuya ciudad reside. Diez libros que muestran una de las voces más líricas en la poesía argentina de los últimos años amalgamando ciudad y río, guitarra y bandoneón, país y soledad, amor y noche, con la belleza de las palabras, las precisas y justas. Originalísimo inventor de "collages" que ilustran sus libros y expuso en octubre de 1992. Ha ejercido el periodismo en distintos medios de nuestra ciudad y el exterior, es artista plástico y escribió letras para los músicos Litto Nebbia, Virgilio Expósito y Néstor Marconi. Su extenso y rico aporte a la poesía está siendo publicado por Editorial Ciudad Gótica de Rosario, en sucesivas entregas que abarcan su producción edita e inédita desde 1969 a la actualidad. Parte de su obra poética ha sido traducida al portugués, ruso, búlgaro, francés, italiano y recientemente al alemán.En poesía ha publicado: El autor dejado en las esquinas (1969); Poemas insurrectos (1971); Algunas críticas y otros homenajes (1972); Contradicciones (1973); Historias veras historias (1974); Manual de utilidades (1976); Canciones del jardín de Robinson (1983) y Las alas y las ráfagas (1985). Andrea Ocampo dice: “A lo largo de la obra, el detalle resuena, mostrando una misma escena contada una y otra vez a partir de sus elementos mínimos. Diz economiza recursos pero no evita el humor ni la crítica. Y hace aparecer, siempre, la pregunta acerca del poeta y su lugar en la sociedad”. Es Coordinador General del “Festival Internacional de Poesía” de Rosario.






DILEMA DE LA NIÑA

Empañaba el espejo
con su aliento

y así
podía verse

como todos le decían
que había sido

cuando joven









COMO UNA BELLA MUJER

Irrumpe
una botella
en una mesa

como si fuera
una bella mujer

y altera
-como una bella mujer-,
todo lo que fluye,

y como una bella mujer
quizás lo deje fluir

otra vez.








EN LAS PUERTAS

En las puertas
de esa casa olvidada, señora,
yo juré por mí, por todos los santos,
que no dañaré cigarras,
que no partiré semillas,
que no cavaré fosas,
y lo hice por amor, señora,
porque usted cree,
porque usted cree de verdad
que cielo, tierra y agua
son una misma cosa.









CON SUS LOCAS VIRTUDES

Con sus locas virtudes
llena mi vacío terrenal

con sus escritos
en las puertas
en los pantalones
en las medias,

toda una mensajería que,
a veces, me desborda;

ella quiere en su ausencia,
que haga cantar al bosque
que llene todos los guijarros
y que todos, danzando
pidan por su presencia.









SABIDURIA CONSTELADA

Sabiduría constelada,
mujer de diapasón,
cuerda tensa;
si cantas
no me huyas.

Yo soldaré los vidrios
que rompió la tormenta

tu, cantando
mis heridas










UNIONES

Nos unieron los follajes,
tu piel que no reconocía la caricia,
y esa música que se fue creando
más allá de los músicos
y de los mercaderes.

Caminatas en el día, besos en la noche
y mis dedos, siempre en la cortesía,
enredaban tus cabellos, trenzaban flores,
y te dejaban partir por las calles
entre dichosa y despreocupada,
entre esbelta y eterna,
entre bella y puntual, relámpago mío,
atardecer discreto, diurna y nocturna,
campana y laberinto,
Ya no hay tinieblas, hemos combatido
blasfemias, infamias y nostalgias.
Así ganamos las playas azules y el mar.
Los negros sueños fueron olvidados.
Estamos aquí, bajo jazmines y estrellas,
mojándonos, sumergidos en la lluvia,
con las puertas cerradas

y un manojo

de vida o de llaves

en las manos.









DESAYUNO

Debes recostarte.

Has trabajado
y has parido
más de la cuenta.

La soledad que a veces
se incorpora a tu espalda
no es solo tuya,
es de todos.

Recuerda, todo pasa.

Mañana diremos; ¿recuerdas?
y habrá que rendir cuentas
por almas conocidas y perdidas.

Descansa, duerme.

Yo estaré a la espera
con mi amor imperfecto

y la mesa servida






EL SILENCIO DE JULIO NO ES AZUL

El silencio de julio no es azul,
los duraznos no son azules,
la mañanas, las peras
el olmo,
los olivares, las piedras
las encrucijadas
no son azules.
Sólo al caer la noche
Los azules de julio parecen cubrir
todas las frutas,
todos los árboles,
y todas
las luces.







LA ROSA BLANCA

Tirada sobre el lecho
fresca, suntuosa,
y en su color
toda la pureza
la rosa blanca
duerme
mientras
llega
su dueña.






LA MECÍA LA BRISA

¿Nos hacía señas
o la mecía
la brisa?
Quizás sólo buscaba
que la reconocieran.
Quizás sabía
que en horas
estaría
marchita.





3198.- AMADEU BAPTISTA


Amadeu Baptista (Oporto, Portugal, 1953), ha publicado, entre otros libros de poesía, As Passagens Secretas, (1982); Maçã, (1986); Kefiah, (1988); O Sossego da Luz, (1989); Desenho de Luzes (1997); As Tentações, (1999); y A Noite Ismaelita, (2000).







La noche de Pavese

Raras veces me franquearon la puerta
y me dejaron entrar. La fiebre
me asedia el alma y quien me ve
se asusta del aspecto de mi rostro,
esta barba por hacer donde un ruiseñor
se esconde. Y aún más asusta
mi altura, este lugar de vértigo
y palabras poderosas, la presencia
de ilimitados secretos que nadie quiere conocer,
el estremecimiento que corre por mis hombros.
Aunque nada pida, saben que soy un pidiente.
Y cuando entro en las casas mis gestos
atraen alguna cosa enigmática
que contorna el pavor y lo entrega
por no saberse que especie de vida o de muerte
me acompaña. Obviamente, yo bendigo
a quien me deja entrar, doy a entender
que alguna cosa brilla en mis manos
y puedo matar el hambre con una o otra palabra
próxima del amor, un dedo en los cabellos
de quien me recibe. Subí las escaleras de esta casa
en silencio y en silencio acepté que me aguardasen
con las inefables sombras que veo en los otros
e intento descifrar para mi contentamiento.
Me mandaron sentar y me dieron de beber.
Ese alcohol me reconfortó el alma.
Y mi gratitud se expresa de este modo, limpio
y nítido, observando a la mujer en ese infinito
de las cosas, donde todos los misterios avanzan
para una explicación que en cualquier momento
puede irrumpir del espíritu como una explosión.
Te miro a los ojos y recibo las dos monedas
que me ofreces, tu rostro me es familiar
si regreso a la infancia y súbitamente percibo
que también pertenecí al ejercicio de este árbol
que en esta sala se levanta. Enfrente,
en la fotografía que mi mirada alcanza
porque me alcanza la mirada que de ella se desprende,
se inscribe el enigma que aquí me hizo llegar,
más que un rumor o un hilo ténue
con el nombre de todas las cosas inesperadas
que me acontecieron en la vida, siempre
que me franquearon la puerta y me dejaron entrar.
Ahora, con la memoria de haber estado en tu casa
y haber recibido la gracia de alguna atención,
yo, que soy pidiente aunque nada pida,
te entrego este surco de desorden
sobre la página en blanco y te agradezco
con el conocimiento de algún otro mundo
aún mas inexplicable.
No habiendo despedida, has de saber que permanezco
y en la encrucijada de los dolores que me cupiera vivir
no olvidaré tu nombre el día en que también haya partido
y ninguna otra luz habrá más allá de aquella
que ilumina tu rostro en la soledad de la noche.
Los ángeles me esperan. No me es posible demorar.
Que me sea el alba tu tolerancia.

El poema fue traducido por Ángeles Dálua.








Caravaggio

Una actitud plástica indomable
y un arrebato rítmico en las figuras,
he aquí lo que me interesa transmitir:

soy panteísta
y sé que en los colores hay un lujo físico
que vuelve lo palpable
inmaterial

- de que modo lo que hago
viene de la calle,
para que se transfigure en don de inmanencia
y el alma y el espíritu se cumplan en los pigmentos
para que todo sea obra compasiva,
como un enigma de arrebato.

Mi vida es el color
- y el recorte que el relieve de la luz
le introduce
sirve para que el universo vibre
y una tensión grandilocuente se establezca,
entre la detonación de la tela
y el espectador,
en un reto total,
aplastante.

Oso convocar la fascinación,
pero, más que a la fascinación,
aspiro al corazón
de los que ven la tela interiormente,
cuando los ojos
acumulan un sortilegio
para que el entendimiento desmorone
la falsedad que nos cerca y mata.

He aquí el encargo:
un cuadro de grandes dimensiones
que haga patente
las siete obras de misericordia corporales,
dando relevancia a los justos, obviamente,
pero también a los pecadores,
ya que cada uno de ellos es cada uno de nosotros,
si nuestra prudencia alcanza a decirlo
sin que ardamos en la hoguera.

Fue trabajoso, el esbozo:
la caridad existe,
pero es tan raro verla
que un pintor no sabe donde encontrar
modelo adecuado,
aunque vaya de iglesia en iglesia
atento al encuentro, repentino,
de un ejemplo para su misión
cuidando a los enfermos,
vistiendo a los desnudos,
dando de beber a quien tiene sed,
dando posada a los peregrinos.

Mirando el cuadro, ahora listo,
expuesto en la iglesia del Pio Monde della Misericordia,
en Nápoles,
entiendo que es debido al arrojo
mi acierto
– y me impresiona
mi tratamiento de los temas,
y cómo mis impulsos artísticos dan lugar
a explosiones categóricas de beatitud
de las cuales yo mismo me asombro.

Toda la belleza es trascendencia,
afirmo, yo ante mí mismo.
En mi época habrá pocos
que entiendan esto, embotados
como están por dogmas y preceptos
a los que se relega el mundo
y nada vive la vida como es.

Martín se saca la capa y se la da a un pobre.
Una mujer ofrece su seno
a un viejo preso de su miserable condición
matándole el hambre y aliviándole
el desgaste del castigo.

Un diácono clemente
manda que los sepultureros
abran la tierra y supulten los cadáveres.
Un joven, con el pecho desnudo, ampara a los enfermos.
Un Sansón, sediento, mata la sed con agua
que alguien puso en la quijada de un asno.
Y Santiago aloja a los peregrinos
con la ayuda de un arriero adolescente.

He aquí mi cuadro, en el que incluí,
sobre la multitud,
a unos ángeles
para que se sepa
que no son de los ángeles las tareas de los hombres,
y que lo que es posible hasta puede tocarse
si tendemos la mano a nuestro semejante
– aunque nadie lo vea,
aunque se guarde en el secreto de los ángeles nuestra acción,
aunque la entrega sea, únicamente, nuestra
y que nada, ni nadie, nos agradezca
el gesto,
el acto.

Me llamo Michelangelo Merisi Caravaggio
e ignoro
si soy cristiano, o no.

En cualquier caso, importa poco quien soy.
Sólo sé que dejo en esta tierra
una pequeña herencia
de luz
y movimiento
y color
que me hará feliz
si los hombres me recuerdan
pues peor que el olvido es la ingratitud,
y que ser ingrato en esta tierra es no estar al lado
de quien en la vida va a nuestro lado
y es nuestro hermano

http://www.arquitrave.com/archivo_revista/Revista37/Arquitrave37.pdf

3197.- EDGAR LEE MASTERS


Edgar Lee Masters (Garnett, Kansas, 23 de agosto de 1868 - Melrose Park, Pennsylvania, 5 de marzo de 1950), poeta, biógrafo y dramaturgo estadounidense.
Hijo de un abogado y abogado él mismo, pronto pasó a Lewistown, Illinois, en una zona del Medio Oeste que reaparecería constantemente en su poesía. Primero trabajó como cobrador de energía eléctrica, y luego viajó a Chicago, donde ingresó en el bufete de Kickham Scanlan en 1893. Se casó dos veces; en 1898 con Helen M. Jenkins, hija de un abogado, de la que tuvo tres hijos. En 1911 abrió su propio bufete, tras tres años agitados (1908-1911) a causa de una relación extraconyugal y una disputa con el abogado Clarence Darrow, del que era socio. Dos de sus hijos siguieron sus huellas; su hija Marcia se dedicó a la poesía, y su hijo Hilary Masters se hizo novelista. Incluso su hermanastro Hardin escribió una biografía del padre. Conoció un éxito enorme su Antología de Spoon River (1915) y tras el escaso éxito de su poemario The New Spoon River (1924), abandonó definitivamente la profesión de abogado para dedicarse a la escritura, se divorció y se volvió a casar con una profesora, Ellen Coyne; se mudó a Nueva York y vivió una existencia huraña, sin volver a conocer más la fama literaria, aunque en su obra posterior hay títulos tan apreciables como la novela Vuelo nupcial y su autobiografía Across Spoon River (1936). En sus últimos años, amargado, renunció a trabajar recluso en el Hotel Chelsea de Nueva York, viviendo sólo de los préstamos de unos pocos amigos, entre ellos el escritor social Theodore Dreiser.
Lee Masters participó en el movimiento literario "Renacimiento de Chicago", combatió el belicismo imperial de Norteamérica -fue un crítico implacable, a finales del siglo XIX, de la guerra contra España en sus últimas colonias- y dio testimonio de una sociedad despiadadamente clasista; pero es sobre todo el célebre autor de Antología de Spoon River (1915), conjunto de 250 epitafios en forma del monólogo dramático, que ubica en un cementerio imaginario de un pueblo de su Illinois natal, escritos en verso libre y donde traza con lenguaje sencillo una radiografía de la América profunda, atacando sobre todo su aldeanismo, su estrechez de miras y su puritana hipocresía moral; también hay espacio en esos epitafios para los dramas íntimos y el fracaso del sueño americano, en medio de un pesimismo desolador; algunos de los personajes son reales, conocidos en su infancia, otros no; los monólogos se aluden a veces entre ellos, descubriendo otras historias enterradas; el libro empezó a componerse en 1913, inspirado por la lectura de la Antología Palatina. Vendió 19 ediciones en 1915 y en 1940 contaba ya con 70; fue, algo inaudito para un libro de poesía, un auténtico éxito de ventas y actualmente se considera un clásico de la poesía anglosajona, que incluso fue dramatizado y llevado a la escena en Broadway. En su época fue un toque de realismo frente a las experiencias vanguardistas. Otras obras suyas son The New Star Chamber and Other Essays, Songs and Satires, The Great Valley, The Spleen e Illinois Poems. En total, Masters ha publicado doce piezas teatrales, veintiún poemarios, seis novelas y seis biografías, entre ellas las de Abraham Lincoln, Mark Twain, Vachel Lindsay y Walt Whitman.

Lírica
A Book of Verses (1898)
Songs and Sonnets (1910)
Spoon River Anthology (1915; única traducción íntegra al español,
Antología de Spoon River, Madrid: Editorial Cátedra, 2004)
Songs and Satires (1916)
Fiddler Jones (1916)
The Great Valley (1916)
The Open Sea (1921)
The New Spoon River (1924)
Selected Poems (1925)
Lee: A Dramatic Poem (1926)
Jack Kelso: A Dramatic Poem (1928)
Lichee Nuts (1930)
Gettysburg, Manila, Acoma: A Dramatic Poem (1930)
Godbey: A Dramatic Poem, sequel to Jack Kelso (1931)
The Serpent in the Wilderness (1933)
Richmond: A Dramatic Poem (1934)
Invisible Landscapes (1935)
Poems of People (1936)
The Golden Fleece of California (1936)
The New World (1937)
More People (1939)
Illinois Poems (1941)
Along the Illinois (1942)
Silence
George Gray

Teatro
Althea: A Play (1907, drama)
Eileen: A Play (1910, drama)
The Bread of Idleness: A Play (1910, drama)
Dramatic Dialogues: Four Short Plays (1934, drama)

Biografías
Lincoln: The Man (1931)
Vachel Lindsay: A Poet in America (1935)
Across Spoon River: An Autobiography (1936, memoir)
Whitman (1937)
Mark Twain: A Portrait (1938)

Libros
The New Star Chamber and Other Essays (1904, ensayos)
The Blood of the Prophets (1905)
The Great Valley (1916)
Toward the Gulf (1918)
Starved Rock (1919)
Mitch Miller (1920, novela)
Domesday Book (1920)
The Open Sea (1921)
Children of the Market Place (1922)
Skeeters Kirby (1923, novela)
The Nuptial Flight (1923, novela)
Kit O'Brien (1927, novela)
Levy Mayer and the New Industrial Era (1927)
The Fate of the Jury: An Epilogue to Domesday Book (1929)
Gettysburg, Manila, Acoma (1930)
Godbey: A Dramatic Poem (1931)
The Tale of Chicago (1933, historia)
The Golden Fleece of California (1936)
The Tide of Time (1937, novela)
The Sangamon (1942, no ficción)
Lucinda Matlock
Greg Smith


DIEZ POEMAS DE EDGAR LEE MASTERS
SELECCIONADOS DE “SPOON RIVER ANTHOLOGY”

Selección, traducción y notas: Wilfredo Carrizales





LA COLINA

¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
El débil de voluntad, el fuerte de brazo, el payaso, el borrachín, el luchador?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.

Uno murió de una fiebre,
Uno murió quemado en una mina,
Uno fue muerto en una pendencia,
Uno murió en una cárcel,
Uno cayó de un puente trabajando asiduamente para sus niños y esposa-
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.

¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Lizzie y Edith,
El tierno corazón, el alma simple, la ruidosa, la orgullosa, la feliz?
Todas, todas están durmiendo sobre la colina.

Una murió en un vergonzoso nacimiento de un niño,
Una de un frustrado amor,
Una a manos de un bruto en un burdel,
Una de un orgullo roto, en la búsqueda del deseo del corazón;
Una después de vivir lejos en Londres y París
Había llevado a su pequeño espacio a Ella y Kate y Mag-
Todas, todas están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.

¿Dónde están el Tío Isaac y Tía Emily,
Y el viejo Towny Kincaid y Sevigne Houghton,
Y Major Walker quien había conversado
Con venerables hombres de la revolución?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.

Ellos les llevaron hijos muertos de la guerra,
E hijas cuyas vidas estaban aplastadas,
Y sus niños sin padres, llorando-
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.
¿Dónde está el viejo Fiddler Jones
Quien jugó con la vida todos sus noventa años,
Arrostrando la cellisca con pecho desnudo,
Bebiendo, alborotando, no pensando en la esposa ni en los parientes,
Ni en el oro, ni en el amor, ni en el cielo?
¡He aquí! Él parlotea sobre pescados fritos por largo tiempo,
Sobre las carreras de caballos por largo tiempo en Clary Grove,
De lo que Abe Lincoln (1) dijo
Una vez en Springfield.

1.- Abraham Lincoln.








ROBERT FULTON TANNER

Si un hombre pudo morder la mano gigante
Que lo atrapó y destruyó a él,
Como si yo estuviese mordido por una rata
Mientras demostraba mi potente trampa,
En mi quincalla aquel día.
Pero un hombre nunca puede vengarse él mismo
Del monstruo ogro vida.
Tú entras al cuarto en que está naciendo:
Y entonces tú debes vivir a fuerza de trabajo de tu alma,
A contracorriente en la vida
La cual Acarrea honor al muerto, quien vivió en la vergüenza.









SEREPTA MASON

La flor de mi vida puede haber florecido por todos los lados
Librada de un amargo viento que pasma mis pétalos
En el lado de mí que tú puedes ver en el pueblo.
Del polvo yo elevo una voz de protesta:
¡Mi lado florecido tú nunca lo viste!
Los que viven, son los tontos verdaderamente
Quienes no conocen las maneras del viento
Y las fuerzas invisibles
Que gobiernan el proceso de la vida.









CHASE HENRY

EN vida yo era el borrachín del pueblo;
Cuando morí el sacerdote rehusó enterrarme
En suelo sagrado.
Lo cual redundó en mi buena fortuna.
Para los Protestantes vendieron este lote,
Y enterraron mi cuerpo aquí,
Cerca de la tumba del banquero Nicholas,
Y de su esposa Priscila.
Tomen nota, prudentes y pías almas,
De la contracorriente en la vida
Que brinda honor al muerto, quien vivió en la vergüenza.









JUDGE SOMERS

¿Cómo sucede, dime,
Que yo quien era el más erudito de los abogados,
Quien conocía Blackstone y Coke
Casi por corazón, quien hizo el más grande discurso
Que en el tribunal alguna vez se oyó, y escribió
Un compendio que ganó el premio Justice Breese
Cómo sucede, dime,
Que yo yazga aquí sin marca, olvidado,
Mientras Chase Henry, el borrachín del pueblo,
Tiene un bloque de mármol, coronado por una urna
En donde la Naturaleza, de un modo irónico,
Ha sembrado un floreciente hierbajo?











TRAINOR, EL BOTICARIO

Solamente el químico puede decir, y no siempre el químico,
¿Qué resultará de la mezcla
De fluidos o sólidos,
Y quién puede decir
Cómo los hombres y las mujeres interactuarán
Recíprocamente, o qué niños resultarán?
Hubo Benjamin Pantier y su esposa,
Buenos en sí mismos, pero malos hacia el otro;
Él oxígeno; ella, hidrógeno,
Su hijo, un devastador fuego.
Yo, Trainor, el boticario, un avaro de los productos químicos,
Asesinado mientras hacía un experimento,
Vivía soltero.










MINERVA JONES

YO SOY Minerva, la poetisa del pueblo,
Grito, me burlo de las Personas Dominadas por las Pasiones Bestiales de la calle
Por mi pesado cuerpo, ojos de gallo, y caminar balanceado,
Y tanto más cuando “Butch” Weldy
Me capturó después de una brutal persecución.
Él me dejó a mi suerte con el Doctor Meyers;
Y yo me hundí en la muerte, creciendo entumecida desde los pies,
Como uno que caminara profundo y más profundo dentro de un torrente de hielo.
¿Alguno irá al periódico del pueblo,
Y reunirá en un libro los versos que yo escribí?-
¡Yo anhelé tanto el amor
Yo ansié tanto la vida!








“INDIGNACIÓN” JONES

Debería usted no creer, ¿debería usted creer
Que yo provengo de buena estirpe de Gales?
¿Que yo soy de más pura sangre que los blancos pobres de aquí?
¿Y del más directo linaje que los
Nuevos Ingleses y Virginianos de Spoon River?
Debiera usted no creer que yo he estado en la escuela
Y leí algunos libros.
Tú me ves sólo como un hombre quebrantado
Con el pelo acabado y deprimido
Y la ropa rasgada.
Algunas veces la vida de un hombre se convierte en un cáncer
Desde que es magullado y continuamente magullado,
Y se hincha en una masa purpurina
Como el crecimiento de los tallos del maíz.
Aquí era yo, un carpintero, atascado en el fango de la vida
Dentro de la cual yo caminaba, pensando que era una pradera,
Con una mujer desaliñada por esposa, y la pobre Minerva, mi hija,
A quien tú atormentaste y condujiste a la muerte.
Así, yo me arrastré, me arrastré, como un caracol de tierra a través de los días
De mi vida.
Tú no escuchaste más mis pasos en la mañana.
Resonando en la vacía acera
Al ir a la abacería por un poco de harina de maíz
Y cinco centavos (1) de tocino.

1.- Nickel: moneda de níquel de cinco centavos.










“BUTCH” WELDY

DESPUÉS que yo me metí en la religión y me estabilicé
Ellos me dieron un empleo en los trabajos de conservas alimenticias;
Y cada mañana yo tenía que llenar
El tanque en el patio con gasolina,
Que alimentaba los hornos en los sotechados
Para calentar los soldadores.
Y yo me montaba a una desvencijada escalera de mano a hacerlo,
Cargando cubos llenos del material.
Una mañana, mientras yo estaba parado allí vertiendo,
El aire creció sin cesar y parecía alzarse,
Y yo fui disparado como si el tanque hubiese explotado,
Y caí y salí con ambas piernas quebradas.
Y mis ojos se quemaron como un par de huevos.
Por alguien salí del fuego,
Y algo chupó la llamarada en el tanque.
El Juez de Circuito dijo que cualquiera que lo hubiese hecho
Era un compañero sirviente mío, y así
El hijo del viejo Rhodes no debía pagarme.
Y yo me senté en el estrado de los testigos tan ciego
Como necesita el violinista, diciendo una y otra vez,
“Yo no lo conozco a él de ningún modo”.









LYDIA PUCKETT

KNOWLT HOHEIMER huyó a la guerra
El día antes que Curl Trenary
Incoara una orden de arresto a través de Justicia Arnett
Por el hurto de puercos.
Pero esa no es la razón que lo convirtió en soldado.
Él me atrapó corriendo con Lucius Atherton.
Nosotros peleamos y yo le dije que nunca de nuevo
Cruzara mi senda.
Entonces él hurtó los puercos y se fue a la guerra-
Detrás de cada soldado está una mujer.



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