Arantxa Romero (Madrid, 1990). Poeta y crítica de arte. Magíster en Historia del arte contemporáneo y Cultura visual por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (España), Universidad Complutense de Madrid (España) y Universidad Autónoma. Desarrolló una tesis sobre el concepto de multiplicidad en el arte contemporáneo, en especial, en la relación entre poesía y pintura caligráfica en el siglo XX. es Máster en Historia del arte contemporáneo y cultura visual por el MNCARS. Ha colaborado con instituciones como el Comité Internacional de Museos (ICOM-España), coordinado actividades dentro de la III semana complutense de las letras y participado en iniciativas como Entreacto. Hoy trabaja como crítica de arte en varias revistas especializadas y siempre en paralelo, ha publicado algunos de sus poemas en lugares como la Gaceta Literaria Complutense Mephisto o la revista de humanidades Periplo, así como en la red (Ciudades Esqueleto, Erosionados, La espada o la metáfora, su campo de entrenamiento). También ha recitado en ciclos de Madrid y Barcelona y participado en antologías como Voces del extremo 2014 (Amargord ediciones).
Ha publicado en ensayo Imágenes poéticas en la fotografía española: las visiones de Chema Madoz y Manuel Vilariño (2015); y en poesía: Plétora (2017).
Lena Carrilero (Cabra, Córdoba, 1994). Estudiante de Filosofía en la Universidad de Sevilla, ha realizado intercambios en la Universidad de Génova (Italia) y en la Universidad Nacional del Litoral (Argentina). De forma paralela a sus estudios, se ha dedicado a la poesía y a la música. Como cantautora lleva en los escenarios desde los quince años. Ha realizado tres giras por España, dos de ellas con otro cantautor bajo el nombre de ‘Los Flacos’, y una por Sudamérica, así como en algunos festivales y actos benéficos.
DICEN
Dicen que tienes que pasar
tu vida besando bocas
hasta que encuentras ‘la boca’
que da el beso que todo lo borra,
que todo lo cura,
que todo lo sabe
y todo lo dice sin hablar.
No sé si cuando leas esto
habrás pensado en la mía,
ni siquiera yo sé si he besado
suficiente o demasiado
como para encontrar respuesta
a estas preguntas,
pero como siempre que hablamos
del futuro es desde el presente,
hoy sé que tu boca
es ‘la boca’ que yo buscaba
en este texto,
y en lo que queda de mi corazón
desde que lo hiciste tuyo,
desde que besaste esta boca
que ahora y
para lo que queda de mi vida,
te pertenece.
La persistencia de lo que recuerdo de ti.
''Supe que seríamos grandes
cuando le pedí la hora y me ofreció el reloj.''
Yo no he dejado de extrañarte,
igual que no he dejado de beber
ni de pensar que hundirse
es otra forma de salir a flote.
Los golpes no consisten
en ser recibidos y apaciguarse,
más bien en observarlos
y sacar conclusiones
que nos rebelen la extraña coincidencia
de coincidir ahí y antes,
como si el mañana
fuera un ente lejano
que nos mira ajeno
a este aquí y ahora,
y que nosotros añoramos
minuto tras minuto.
En algún universo paralelo,
tú y yo nos hemos querido
como si fuese ese aquí y ahora,
y en ese intento de atraparlo
se nos ha derretido
en estas manos
que son fuego y a la vez ceniza,
pero no presente,
ni instante,
ni quizás mañana,
quizás entonces
porque fue antes,
pasado en la memoria
prescrita de ayeres.
Introspección.
A pesar de mi escasa edad
he visto marchar
demasiados trenes
con resignación,
también me he quedado
a la espera de intentar
ser quien era
o aceptar cómo soy.
No he buscado jamás
hacer daño a mis seres queridos,
cercanos o lejanos,
pues la distancia
solo fue un punto de fuga
por donde se escaparon
los sueños,
y a veces los años
en tiempos difíciles.
Resulta asombroso
desgranar cada trozo de cielo
que saboreé cuando no sabía
que el infierno existía,
por eso
me mantengo fiel a la suerte,
si me dicen:
''Eludir decisiones
no es una buena vía.''
Las moralejas de cada historia
no suelen llamar a mi puerta,
pero una lección
he aprendido de ésta:
No abras la puerta
sin querer que entren,
cierra bien las ventanas
si pretendes salir.
Vanidades banales.
Soy un arlequín, un trapecista saltando al vacío,
la lluvia de abril huyendo de amores y mares baldíos.
Soy la mitad de las mitades que llevan tu nombre,
la escasa piedad que guardan los tristes
cuando recuerdan tiempos mejores.
Tú el pentagrama borrando las líneas,
en Clave de Sol provocando mi arritmia,
si hubiera tenido las luces de haber aprendido solfeo,
Morfeo estaría aturdiendo a otro reo en la noche.
Pero qué hacer ahora si esconden tus mangas
pinceles cual ases, pintando bocetos
de mi caricatura en lienzos feroces,
no toda luna nace sabiendo
cómo atraer en silencio a las fieras.
Tengo ganas de llorar espinas,
a ver si así crecen flores,
crucificar en mis labios tu iris,
descifrar los enigmas que invento en tus sueños.
Quizás ha llegado la hora
de enterrar el cadáver que habita estas páginas,
y hacerle justicia a cada palabra de odio o de amor
que pisó por nosotros los suburbios del infierno.
A veces me pregunto cómo pude resumirte en un poema,
el secreto está en utilizar metáforas
comparándote con la soledad, la muerte y la vida,
que vienen a ser lo mismo que tus ojos.
Penitencia bajo llave.
El beso de Judas,
el puñal que clavó Caín
en la piel muerta de un Abel herido
por su propio orgullo,
la piedra de David a un Goliat
que demuestra cómo la debilidad
puede ganar terreno a la fortaleza,
la sangre de un cáliz
vertida en la boca que roza el pecado,
las semanas no santas
que pagué a tu lado ante tanta desdicha,
los mordiscos de amores que dejan cicatriz,
el aire que falta y cubre
espacios vacíos que reclama el viento,
la sed insaciable que bebe mi sed
y escupe silencio.
Me sobran miradas que rompen cristales,
impaciencias que alcanzan
la quietud de la noche,
me faltan motivos,
me mecen las nubes,
me invade el recuerdo.
Hoy sopla la arena
sobre un mar de caídos,
la tierra de nadie es tierra de todos,
habitada por lobos que se nos parecen.
'Quiéreme', fue lo último que dije,
después las palabras
quedaron reducidas a suspiros
que decían sin decir
todo lo citado anteriormente,
que por delito o delirio te concierne,
aunque no te pertenezca.
Aunque poco te importe,
el dolor no lo cura
la sal del olvido,
con franqueza te advierto
de lo que aprendí
en este tiempo de abstinencia
hacia un pasado
que en realidad
era solo alpiste
para pájaros sin alas
que no soñaban con volar
ni si quiera dormidos.
Pequeña criatura.
Habita otra criatura
dentro de mi pecho
y yo lo sé;
a veces me ahoga,
a veces me llama
pidiéndome auxilio,
y a veces me llora.
Habita otra criatura
dentro de mi pecho,
y yo lo sé;
me habla con tu acento
echando sal sobre la herida,
que bien sabemos ella y yo
que sigue abierta,
a flor de piel.
Es esa criatura
la que escribe el testamento
de mis sueños cada noche,
me mira ajena,
y se duerme
en los párpados del miedo,
dudando de si las cosas bellas
suceden sólo por primer vez.
Yo la escucho,
la riego con canciones
que le hacen renacer,
y nunca muere,
llevándome a su lecho
de despojos y ocasiones
que mienten por los codos
y me hablan de volver,
¿Volver a dónde?
¿Volver a qué?
Después de amargos tragos
e ingentes decepciones,
encuentro la manera
de calmarle aunque nos duela;
y en esta habitación
le abro la jaula de mi pecho,
dejando que respire,
curándola con rostros
que a oscuras,
se parecen a ella.
Inestabilidad emocional de domingo.
Podría hablar de ti
pero es más conveniente
que lo haga del otoño;
me ha pillado un domingo lluvioso
tirada en el sofá
con una resaca del quince
y una de tus fotografías
compañera de almohada;
ha sido un poco cruel,
lo admito,
creo que no aún no tuve ocasión
de hacerle ninguna jugarreta
para que al mirar al cielo
te lloviera sobre mí
con esa rabia precipitada.
Sí, así es,
el otoño me ha declarado la guerra
mientras yo te firmaba la paz,
será que no entiende
que prometiese pasar mi vida contigo
y aquí esté,
tirada en el sofá hablando
de que ha sido un cabrón
lloviéndote en domingo.
Podría hablar del otoño,
pero es más conveniente
que empiece a hablar de ti,
porque eres lo único
que podría salvarme
de este domingo
que llueve
y te echo de menos,
sintiéndome inútil
por no colgarme del primer avión
que huye lejos de este sillón
en el que me encuentro
pensándote
sin mover el culo
para ir a buscarte
y hacerte feliz.
Un domingo de otoño
lluvioso, que llueves,
y las gotas de lluvia
que me atraviesan la piel
como si fueran tus lágrimas
me dicen que no estás,
y que es otoño,
domingo,
lluvioso,
y empapas
al igual que calas.
y dueles
al igual que llueves.
Canto a la vida para darle las gracias.
Aprendí a mojarme bajo la lluvia
con apenas dieciséis,
a mirar el mundo cada vez que salía a la calle
como si fuera la primera vez
que estaba en él,
y así me hice quien soy,
a veces cobarde,
a veces valiente,
lo importante es que soy
como quiero,
y si no,
no tengo reparo en empezar de nuevo
a repararme.
Ahora con diecisiete
puedo ver la lluvia caer
como si las nubes desencadenaran
huracanes de nostalgia,
pero cuando sale el sol
en él te veo a ti,
y tengo la osadía
de decirte que estoy afónica
de cantarle a la vida
para darle las gracias
por dejarme estar viva.
No sé dónde andaré
cuando cumpla dieciocho,
diecinueve,
y me venga la crisis
de los veinte o los treinta,
pero ojalá que ojalá
sea viviendo,
y con eso me basta y me sobra.
¿Acaso no tengo el poder
de levantarme del suelo
cada vez que me caiga?
Vuelve.
No estaba preparada para encontrarte y con las mismas perderte;
decirle adiós a todas las promesas
que ya nunca podré prometerte
y mucho menos cumplirte.
¡Vuelve!,
lo grité día tras día desde que te conocí
pero tú nunca volviste
y los hoteles me miran desahuciándome
con sus camas que miden más kilómetros
que los que ahora nos separan.
¡Quédate!,
grité cada noche que lloré tu ausencia,
y no bastó para que entonces te quedaras.
Supongo que todas las almas libres
que hoy están aquí y mañana allí,
como yo,
tienen una Maga clavada en el alma,
Cortázar, tú entiendes de lo que hablo,
que puede haber muchas como ella
pero ninguna serán ella
y siempre quedará su espacio en la cama,
que ni un mate bien cargado rehabilitará un corazón herido
por una mujer que te curó el alma,
y abrió más heridas de las que cerró.
Allá donde estés,
allá donde dispares palabras cargadas de futuro,
sé que inundarás de vicio y de rosas más bocas que la mía.
vuelve,
quédate,
despiértame con flores en la ventana
y deja que las ciudades sigan su curso,
mientras tú y yo nos quedamos en la cama,
olvidándonos a la vez que nos amamos.
Creo que no hay más vida que ésta,
que la que me hubiera gustado regalarte,
ni más tiempos verbales que el ‘ahora’
que te espera en presente continuo.
85. Amores cronofóbicos
Amores cronofóbicos es el debut literario de Lena Carrilero. La tensión del sujeto con el recuerdo atraviesa este libro de amor, lleno de delicadeza y hondura. La autora nos advierte de que la memoria del amor no depende de un objeto externo. Por sus poemas pasa el tiempo y nos muestra la transformación de una relación, al principio cercana y verídica, después, conforme el recuerdo se va alejando, convirtiéndose en angustia. Al final, lo que nos queda es un recuerdo producto de nuestra invención, con el que seguir sustentando un amor que ya no nos pertenece.
Adrián A. Astorgano (León, España 1990). Es ilustrador y diseñador gráfico, Licenciado en Bellas Artes y Máster en Educación por la Universidad de Salamanca. Colabora activamente con publicaciones independientes como Revista Pangea, Sie7e, Revista El Humo, Mordistritus, La Fanzine, Obituario… o escribe reseñas literarias para Notodo.com. Bueno, también dibuja o se aburre a la par que desempeña labores varias: como el ensamblaje de hamburguesas e impresor multicopista.
El desencanto
(torres de humo)
al igual que el bautizado
(con mucha gracia)
como efecto 2000
no ocurrió nada después
de cada premonición azteca
de cada best seller del montón
y seguimos esperando por Nostradamus
planes de fomento de lectura
y de natalidad
se llenan los campos
de agua anegada (de agencias de modelos)
y huele a algo que nos se percibe
desde el autocar, tras el cristal
ponen una película de principios de los 90
una de esas
en las que los perros hablan
cosa que de sobra sabemos, no ocurre
y sin embargo
hay un amplio catálogo
en materiales y modelos
de ropa para mascotas
de cualquier reino animal, a preservar
(medidas contra la extinción)
una vez vi preservativos para langostas
(el amor, aún por definir)
Eterno retorno
una canción
ahora, cuando
conozco ciertos lugares
de extrema sordidez
y luces amables
no diré nombres
paseos de césped artificial,
presbicia desde los jueves,
al cambio de turno
oír demasiado cerca coches, derrapar
no conozco sus matrículas
para el apartado musical
ubicar los acordes de cualquier hit nocturno
que mas dará
de todos modos, siempre
se trata de vender tiempo
con frecuencia, uniformes;
no diré colores corporativos
ni mi nombre de pila
tan sólo un número de teléfono
y una cuenta bancaria,
mientras tanto
digo adiós
a lo que queda de mis uñas
y a su función,
-entre otras cosas-
de abrir ciertos envases prensados
que no volveré a usar.
Serenata
y el circo sigue aún encendido
tras la verja
hay una boca de riego aplastada
por el emplazamiento improvisado
de una autocaravana
y corre el agua
pavimento abajo
renacuajos sombríos
e imagino y recorro
las tripas de la ciudad
el intestino compartido
las tripas de la ciudad y su erosión
por cada uno de sus poros, se escapa
para ser comida y cagada
una y otra vez mientras llovizna
como azúcar sobre violencia
de este modo el sudor
adquiere su visado internacional
mientras cada farola
ilumina la escena del crimen
como una película (muda)
de banda sonora predecible
Sucedáneo
En la infancia vivimos,
y después sobrevivimos
-Leopoldo María Panero
Nuestros padres fueron astronautas
(aquellos que han visto el polo y desiertos a la vez)
nuestras tardes tan largas como una salchicha
(fosa séptica y común, cuerpos en estrecho abrazo)
A fuego lento, todo descampado donde solíamos jugar
ha terminado por hervir, hacia calles más inseguras
(precisamente a falta de infancia)
ante el posible pronóstico de una plaga de pedófilos
nos dió por crecer, entre tanto, (sólo de palabra)
huérfanos, objetos sin catalogar sobre el pavimento
esculpiendo silueta para la trampa
hablando y hablando hasta vomitar en abundancia
del valor del silencio, infravalorado en cada mutación
(el correo postal, el ruido blanco de un electrodoméstico abandonado)
en nuestro galope, tan nocturno, desesperado y fugaz
(esta torpe manía por amanecer en espiral)
Ha sido quizá nuestro lustro más confuso,
(fin de la carrera espacial y ampliación del campo de batalla)
quién iba a decir que llegaríamos hasta aquí para vivirlo
(la realidad siempre supera a la ficción).
Amigos imaginarios
No existen, lo sé.
Sé perfectamente que no existen.
Mis poemas
de amor
a la naturaleza
no están hechos de papel;
porque vuelco todo ese cariño
en una botella
hasta llenarla
y enviar el mensaje al mar.
Así que tiro de la cisterna
una vez de cada tres, entonces
doy al planeta (y a mi bolsillo)
un breve respiro de 2000 mililitros,
gracias a que quizá, el baño
está ocupado
por unos compañeros de piso, a los que
no acabo de poner cara
porque hacen voto de silencio
según una religión, que desconozco
y sólo reservan sus palabras
para hablar siempre de cosas
que no existen, pero
que nunca son poemas.
Nunca son poemas.
Poemas, (por ejemplo)
sobre ahorrar voz
o derrochar líquidos.
Nunca son algo más allá que siluetas.
A pesar del lúgubre pasillo vacío
no aparentan maldad, mas allá de esa
que veo en sus huellas sobre la porcelana.
Sé perfectamente que no existen, pero
están en mayoría y quizá
quien no exista sea yo,
o peor aún este amago de poema.
Fosa común
Hipnotizado, miré como iban apareciendo luces en las casas.