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sábado, 31 de octubre de 2015

JOSÉ MARÍA GARCÍA LINARES [17.313]


José María García Linares

(Melilla, 1977)
Es licenciado en Filología Hispánica y doctor por la Universidad de Granada. Es miembro del consejo de redacción de la revista Entre Ríos. Actualmente imparte clases en un I.E.S. de Tenerife.

Ha publicado en revistas literarias como Letra Clara, Extramuros, Álabe, Tonos, Elvira, CLIJ y Entre Ríos, y parte de su obra está recogida en la antología de poesía melillense Roquedal Azul (Consejería de Cultura, Melilla, 2011) y en +Poetas +Autores (Kitbook, Barcelona, 2010). Desde 2011 forma parte del grupo poético melillense Etcétera, cuyo primer libro se publicó en 2012 por la editorial GEEPP.

Es autor de los poemarios Oposiciones a desencuentros (Dauro, 2007), Neverland (Zumaya, 2010), Muros (UNED-Ciudad Autónoma de Melilla, 2010), accésit del XXXI Premio Internacional Ciudad de Melilla y Novela Negra (Devenir, 2013).

Ha coordinado recientemente en Playa de Ákaba El salón Barney, una antología de poetas en red y acaba de publicar en el mismo sello una nueva edición digital ampliada del poemario Muros, (2014).

Forma parte de la antología Disidentes. Antología de poetas críticos españoles (1990-2014), preparada por Alberto García-Teresa y publicada por Oveja Roja.




Código binario

Bajo todas tus palabras
hay un código secreto.
Cuando escribes, todo el mundo
se reduce a la alternancia
todo/nada, cero/uno.
Cuando dices que me extrañas,
¿suman, restan o dividen
esas letras lo que sientes?
¿Hay espacio para amar
en mitad del algoritmo?

Chabolas

La chabola escribe poesías malditas
con la sangre de las ratas del Parnaso.
Grifos deshidratados, las literas
de cartones viscoelásticos, la boca
del gris de la basura cocinada,
componen las estrofas bajo un cielo
de mierda titilante y hojalata.
El poeta, con un brazo y una aguja,
dialoga con la muerte y con la vida,
y acude a esos congresos de olvidados
en busca de dos gramos de canciones.
Sus ojos se convierten en espejos
cruzados por discursos de gobiernos,
de onegés a lo intervida,
promesas de viviendas
con sus tres habitaciones, trabajos para todos,
para todas (que no discriminamos en España),
colegios digitales, tan modernos,
y un parque con columpios para peques.

El poeta de la peste y de la chapa
falsifica la alegría de otras lenguas,
adopta las palabras del silencio
y toca con violín el desencanto
en las inaccesibles cimas de desechos.
Sus versos fugitivos de la vida,
del espacio, del tiempo, de la noche,
chirrían en los techos cartón piedra,
en las ventanas de un mañana inexistente
y dejan esa baba en los cristales
de las vergüenzas ajenas, perfumadas,
como marcas hiperbólicas del daño,
del dolor espolvoreado de piojos…
Un niño sucio corre
tras una rata negra,
como un dios tras una ninfa,
pisando agujas y condones…

Qué mal queda una metáfora
cuando el hambre aprieta en la garganta.

Es el asco, entonces,
el puro extrañamiento.


URNAS

Para que haga
con tu vida
lo que quiera.

(De Muros; 2010)



LOS INDECIBLES

Esperamos tanto bajo el cielo
que se han ido derritiendo
en el recuerdo las palabras.
No sabemos cómo nos llamamos
porque hace meses
que murieron los pronombres.
Vivimos en los infinitivos,
en los adverbios sin lugar,
en un texto incomprensible.
No nos quedan adjetivos
para calificar el tiempo y sus pesares,
y tememos olvidar esta desgracia,
los colores del dolor,
lo que antes era injusto en el desierto
y empieza a no ser nada.
Somos miles de significantes sin significado,
portadores de mensajes extraviados
sin origen ni puerto de descanso.
Cómo vivir, cómo decirnos
con el alba cuando aprieta el hambre,
cómo decirte que soy yo,
que la boca de tus senos
sigue grabada desde entonces
en lo más profundo de la vida.
Acaso hemos perdido, y son ya tantos,
el derecho a pronunciar nuestro derecho,
a reencarnarnos cada día en las palabras,
a ser hombres y mujeres con historia…

Vuelve a llover.
A lo lejos, el mar, tan deseado,
su grisura, su libertad, su distancia…
Se mojan mis cabellos.
Se humedecen mis palabras.

Creer y esperar han empezado
a emborronarse.

(De Muros; 2010)



VOTA

Vota.
Ejerce tu derecho.

Quisiera ejercer también
mi derecho a una vivienda digna,
a un trabajo estable,
a una educación fiable para el niño,
a una sanidad sin colas,
a una justicia justa.
Quisiera llegar a fin de mes,
cobrar algo más de mil eurillos,
no trabajar más de diez horas
y poder ser libre.

Vota qué.
Ejerce qué.
Derecho a qué.

(De Muros; 2010)




“Muros”, de José María García Linares: alambradas que ocultan la miseria | MundoLiterario (Poesía)
POR ROSA YAGUAS 

 Hoy recibimos el poemario “Muros”, de José María García Linares. Reeditada recientemente por Playa de Ákaba, esta obra se centra en el drama de la emigración de personas africanas a Europa y en las soledades que se encuentran al otro lado de la alambrada. Reseña esta obra nuestra compañera Rosa Yaguas:

Si en su anterior poemario, “Novela negra” (Leer reseña aquí), José María García Linares retrataba la problemática creativa y existencial de los escritores y su múltiple relación con el lector (tomando como punto de partida los recursos de la novela policíaca clásica), en “Muros” el autor se ciñe a una materia mucho más concreta y familiar para todos: el drama de la migración forzada.  Esta radical diferencia temática no puede sino demostrar, una vez más, la capacidad camaleónica de abordar la poesía por parte de este autor. En este poemario, reeditado recientemente por Playa de Ákaba, encontraremos una fantástica recreación de las imposibilidades a las que se enfrentan las personas africanas que tratan de huir de la miseria y la guerra de sus países, pero también de la desolación y el olvido que asolan el primer mundo.cover-muros

La voz poética, que en “Novela negra” era mordaz y tomaba el acto de escritura como eje central de análisis («Sobre la mesa / una hoja en blanco / a la espera de que lluevan / las palabras»), en “Muros” se transforma en negra rabia y denuncia. Para ello, José María García Linares es capaz de ajustar específicamente el ritmo y la potencia gramatical de sus versos, y lograr así que su poesía se amolde con gran humanidad al tema que retrata.  Logra crear de este modo un poemario profundo y extenso en el que seremos testigos del mosaico de necesidades, ilusiones y decepciones que los migrantes sufren en su camino hacia una vida mejor, y que logró el accésit en la trigésimo primera edición del prestigioso Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Melilla”. 

Como reza una de las primeras citas con que se abre el poemario, «Pensadlo: ser poeta no es decirse a sí mismo. / Es asumir “Seremos testigos de un mosaico de las ilusiones y decepciones que los migrantes sufren en su camino hacia una vida mejor”  la pena de todo lo existente». Estos versos de Gabriel Celaya nos recuerdan el compromiso que tiene el poeta de analizar mediante su creación artística todo el inmenso mosaico de las emociones humanas, es decir, no ceñirse sólo a la expresión de sus propias emociones, sino también ser valiente y denunciar las enormes desgracias que el ser humano aún sufre.

En un siglo como en el que vivimos, en que se presume de la máxima evolución tecnológica y social, los países del norte cierran los ojos ante la realidad de que su superioridad está construida sobre la base de la miseria. De espaldas al mundo, su manera de negar la suciedad y el hambre que genera su desarrollo es construir muros impenetrables y convertir en objetos ilegales a las personas. Muros que no solo se encargan de separar a las personas, de recluirlas a sus tristes realidades de sufrimiento; son muros que cercenan manos, que producen heridas terribles. Muros desde los que la desesperación arroja a seres humanos, muros que les rebanan la espina dorsal, que les devuelven al infierno. Muros construidos con alambre, con concertinas afiladas, con agua salada y homicida.  “Muros” no es una obra ingenua, no es un panfleto; es un retrato, un incendio. Es la verdad que llama a la puerta de Europa, para denunciar poéticamente la condena a muerte que sufren las personas africanas que emigran buscando un lugar en que vivir.

La tragedia que habita en “Muros” tiene múltiples caras. La primera de ellas es el hambre. El hambre terrible que mata a los niños. El hambre que agrieta las tierras, que hace retorcerse el inmenso cadáver africano («Este es mi cuerpo, / pan de moscas malnutridas, / amasijo famélico de olvidos. / Tómalo, / cógelo, / pártelo. / Échate a la boca este pedazo / de miseria»). Ante el hambre Europa se encoge de hombros, y asume que África es sólo un trozo podrido de carne del que el inmenso cuerpo de nuestra especie simplemente puede prescindir («Yo soy el hijo del hombre: el que tiene sed; el que tiene hambre»). Como si los miles de africanos que fallecen a diario no tuvieran derecho a vivir con dignidad como el resto de seres humanos.

El segundo rostro que se esconde en “Muros” es la democracia o, mejor dicho, el inmenso espejismo democrático del que saca provecho el mundo desarrollado. Una democracia que consiste simplemente en votar cada cuatro años («Para que haga / con tu vida / lo que quiera»), y que esconde una terrible dictadura económica intercontinental en la que una minoría sanguinaria exprime el sudor y los recursos de la inmensa mayoría de personas. Nuestras vidas están presas en una enorme espiral capitalista en la que las urnas nos regalan un derecho a decidir sobre nada («Vota. / Ejerce tu derecho. / (…) Vota qué. / Ejerce qué. / Derecho a qué»).

El tercer personaje de “Muros” es la pena. La inmensa pena de la desesperanza, del éxodo interminable, del pasado borrado por la guerra y el dolor («Llevo la pena / colgada al hombro. / La vida / ni es regalo / ni milagro divino. / Es un “Son muros que no solo se encargan de separar a las personas; son muros que cercenan manos, que producen heridas terribles”.  camino árido, / seco, lleno de vacío»). La pena de la mujer excluida, relegada a ser poco más que un animal, a contemplar cómo se mueren sus hijos de hambre y sed. La pena de la «patera enferma de destino», de la muerte que tiene forma de mar. La pena de tener mala suerte al nacer («la culpa es tuya por nacer / en un lugar que no debías»), de saberse ignorados por el resto del planeta.

El poemario está estructurado en tres partes. En la primera, titulada “Hambre”, se retrata las diversas facetas del sufrimiento africano. El hambre, la pena, la ilegalidad, el genocidio económico… Todo ello producto de un hombre creado a imagen y semejanza de un Dios torpe y chapucero:



GÉNESIS

Que construyas el mundo en siete días
no es tan raro, ni siquiera milagroso.
Solo basta ver el hambre,
la violencia y sus razones
para darse cuenta.
El infierno es un alambre al rojo vivo
en la garganta de los desheredados.

Imagen y semejanza.

Soberbia de todo lo visible
y lo invisible:
soplar solo sopla el viento
y el barro se deshace con el tiempo.



En la segunda parte, “La alambrada”, el poemario se centra con gran agudeza literaria  en el retrato del muro, que por enorme y agresivo que sea, jamás podrá frenar la desesperación de las personas que persiguen su sueño (aunque éste se trate de poco más que la supervivencia). Tomando como punto de partida un artículo del diario español El País sobre un asalto “A este lado del muro hay también otros muros, fabricados de soledad, de rutina, de precariedad”.  masivo a la valla de Melilla («Enganchados en las cuchillas de la concertina que corona la valla, se podían ver ayer prendas desgarradas y ensangrentadas, mochilas, zapatillas y pelotas de goma»).  Un inmenso muro construido con alambre, que como destaca el autor no oculta lo que prohíbe. Un muro que niega la historia y el derecho a tener una vida en paz. Encontraremos citas de autores árabes como Mahmud Darwix, Mehdí Akhrif o Mohammed Achaâri, y la voz poética se volverá grito y rabia («Desde la vergüenza hasta el delito, / la línea romperá cordura y ojos, / imparable, / partiendo la memoria en dos / y en mil corazones») a la par que en otros momentos se vuelve pura lírica llena de memoria («Tú y yo, en carne viva, / llegaremos a tocarnos con la sangre / derramada en los alrededores. / Ni siquiera una alambrada frenará / la naturaleza sabia de querernos»).

En la tercera parte, “La soledad y el olvido”, el poemario se abre a otras temáticas, cercanas al sufrimiento humano, pero convertida en mosaico no solo africano sino total. Encontraremos una vertiente más existencialista y que, de algún modo, retrata lo que ocurre al otro lado del muro de alambre. A este lado del muro hay también otros muros, fabricados de soledad, de rutina, de precariedad, de tiempo transcurrido.



HEMOS CAMBIADO

Hemos cambiado de lugar,
de profesión, de pensamiento.
Hemos cambiado por dolor,
por sufrimiento y desamparo.
Las manos han perdido su rigor,
los versos ya no dicen nada serio
y el mundo es un vagón
inhóspito y extraño
de mares secos y ciudades
escondidas tras los muros.

Hemos cambiado de nombre,
de papeles y permisos.
No somos quieres huimos
y tus ojos y los míos
aguantan como pueden
el embate del olvido
con lágrimas podridas de memoria,
hermanos, madre y padre.
Hemos cambiado y las palabras
escuecen como espinas en la lengua.
Miento si te digo que soy yo,
que eres tú con quien me acuesto.

Todo ha cambiado alrededor
y el frío, sin embargo, permanece.



Es imposible abarcar en una reseña todos los matices sobre el sufrimiento humano y las separaciones que encierra “Muros”. En esta reseña no podríamos más que señalaros algunos de los pilares básicos sobre los que está construido, pero el inmenso trabajo y la enorme expresividad de este libro deben ser disfrutados con tiempo para saborearlos. Es un poemario extenso y lleno de detalles, de miradas múltiples. La madurez como poeta de José María García Linares queda patente, y además logra denunciar realidades sin perder la riqueza de recursos y el uso afilado del verso. Una vez más, nos vuelve a sorprender con un poemario que invita a la reflexión y que demuestra que la convivencia de estética y contenido es posible. José María García Linares, un poeta con mil caras y que sabe crear su poesía con mil voces; “Muros”, un lujo para el alma y un arma contra la pena.






Reseña de “Novela negra”, de José María García Linares | #mundoliterario (poesía)
Autor de la reseña: Kike Hernández

El nuevo poemario de José María García Linares se titula «Novela negra», y ha sido publicado recientemente por la editorial Devenir. A partir de las temáticas de la literatura policíaca, el autor construye una gran metáfora sobre el oficio de escribir y la esclavitud existencial que conlleva.

Novela negra«El lenguaje es vida», sostiene Piliph Roth en una de las citas que nos introducen a «Novela negra». Es vida que se crea y se destruye; vida que se transmuta, que es desollada en pos del análisis; vida que es asesinada y que nos asesina. Es así como el escritor crea su propia identidad, con la masa generadora del lenguaje, al mismo tiempo que es destruído por su propia obra, troceado para consumo del lector.

Este es solo uno de los hilos argumentales del nuevo poemario de José María García Linares, que se sumerge en las profundidades de la creación literaria como anticipo de la destrucción. «Novela negra» es una inmensa metáfora sobre la vida como obra escrita (como forzoso crimen literario desde el momento en que la obra es creada para ser publicada), sobre el tiempo homicida, perseguidor sempiterno, estafador de las almas humanas: «el poeta es un condenado a nombrar», decía Juan Ramón Jiménez.

Utilizando como eje vertebrador el lenguaje, las temáticas y los clichés principales de la novela policíaca, José María García Linares construye un poemario verdaderamente misterioso, oscuro, atemporal. El tema de la novela negra, de la literatura del crimen, sirve para retratar con gran lucidez y certeza la realidad del escritor esclavo, de la vida estafada. Como ya hizo Javier Egea en sus «Sonetos del diente de oro» o José María Fonollosa en «Ciudad del hombre», la escenografía misteriosa y el uso de recursos cinematográficos confieren al texto una sensación de oscuridad conocida, de surrealismo contemporáneo. «Un cigarrillo se consume / en un cascado cenicero de Marbella / y las culebras delgadas de los humos / parecen dibujar la secreta ruta / que conduce al pensamiento / (…) ¿Qué razón habrá / para estar tan solo?».

Como decíamos, el escritor es esclavo de la palabra («Porque reanudas el paso, (…) sabiendo que te persigue la última palabra»), y por lo tanto es perseguidor de su obra pero también perseguido por ella («De dónde ese derecho a darme vida. / Por qué con este limo de palabras / me entregas a la vista de los otros»). La constante espera de la inspiración frente a la nada, la interminable lucha contra el silencio («Sobre la mesa / una hoja en blanco / a la espera de que lluevan / las palabras»), se introducirán con frecuencia en los versos de este poemario.

Pero el autor no solo vive en la palabra, sino que también es dañado por el tiempo, por las costuras de la realidad por las que se entrevé la  marcha verdaderamente prosaica del tiempo, como podemos apreciar en el poema «Canas» o en «Allanamiento de morada»: «No quiero hurgar en los cajones, / no busco joyas ni dinero. / Sólo quiero ver tu tiempo, / el libro que no olvida tu mirada, / la desnuda curva de tu sueño.»

Al ser leída su obra, el autor es asesinado por el lector. Es así como el escritor pasa a la posteridad, a través de la muerte que significa la publicación de su obra, a través de los lectores que en su memoria guardarán piezas de lo que un día la identidad del autor pretendió o creyó ser. La palabra es sólo una herramienta homicida, es el escritor el que vacía sus entrañas literarias en la página en blanco para que los lectores lo consuman después, lo conviertan en inmortal. Lo que está claro, en cualquier caso, es que el escritor será recordado como sus lectores quieran que sea, por lo que la palabra una vez más podrá ser promesa de inmortalidad pero también estafa («Violetas de abril en la cocina. Lodo y ceniza triste en los bolsillos»).

DIVERSAS TEORÍAS

El autor yace muerto
en la escena del crimen.
El casquillo deconstruído
De una bala
junto a la pata de la mecedora.
Todavía el olor
a rizoma
en el ambiente.
Hay que precintar
el piso
con cintas posmodernas,
que no entre nadie,
que nadie toque nada,
ni las palabras ni las cosas.
No se descarta ninguna teoría
ni la hipótesis hipertextual.
Dice una vecina feminista
que tras el estruendo multimedia
vio salir corriendo
a un lector enfurecido.
“¿Por qué un lector?” –preguntó el comisario.
“¿Quién se mataría, si no,
y seguiría huyendo”.

Y, al igual que el Javier Egea de «Paseo de los Tristes», hay lugar también para el amor fracasado, para el amor imposible porque imposible es lograr la satisfacción plena en un mundo de promesas no cumplidas, en una derrota convertida en destino: «Mirarnos otra vez, reconocernos. / Dejar que tiemble el labio / y llore el beso. / Sabremos, nuevamente, / convivir en la derrota, / en la página final / de la palabra herida». Un amor que se ve transformado también por el paso del tiempo, porque la propia capacidad de amar se ha convertido en un estertor que sólo se sumerge en la pasión mediante el lenguaje: «Así el poema. / Nombres que vuelven, / que regresan a los versos / para inventar lo que perdimos.»


CARA OCULTA

En medio de tu propia luna,
como cráteres hirviendo,
te esperan estos ojos míos
cargados de pasión y de metralla.
No importa que tus pasos
me claven los agravios del desprecio,
ni que me mires y me dejes de mirar
como si los olvidos y memorias
no fueran más que despistes afilados,
ingrávidos matices.

Te alejas y te acercas,
me llamas y enmudeces,
me odias y me amas
con el perfume bipolar
de lo posible y lo infinito.
Cara o cruz,
omega o alfa,
infierno o cielo.
No existe todo en el amor,
como tampoco en estos versos sublunares.

Silencio.
Soledad.
Espera.

Con besos he cargado las caricias
y llevo en la lengua los detonadores.
Cuando el sol roce tu cara
conocida y deseada
y la ilumine de rechazo,
de desaire indiferente,
caerá todo mi amor en la que escondes,
suave gesto de violín,
sombra indefensa.

Es un poemario meditado que invita a meditar, a comprobar si las claves de nuestra vida corresponden al nombre que llevan implícitas, a soñar con lo que pudo ser y no fue. Aunque su estructura recupera de forma intermitente los temas principales a los que hemos hecho referencia anteriormente, podríamos resumir que la primera parte del poemario (Introducción) se centra en la búsqueda de la identidad literaria del autor. En la segunda parte (Nudo) el tema amoroso y de pérdida como región indisoluble de la propia personalidad del creador de ficciones o realidades, mientras que la última parte (Desenlace) se centra –mediante poemas cortos y directos- en la aceptación de que no hay más inmortalidad en la tarea del escritor que la que representa la palabra escrita sobre el papel.



SI PUDIERA

Si quemara este poema
o si dejase de escribirlo.
Si cerrara para siempre este cuaderno
y me olvidara de esta cárcel de palabras,
de esta condena agotadora,
de la fatiga.
Se ha vuelto todo letra:
el amor, la tempestad, el cielo,
tú, yo, nuestro futuro.
¿Habrá vida después de las palabras?

Si lo quemara o lo arrancara.
Si no fuera tan cobarde.
Si pudiera.

Finalmente, tenemos una cuarta y última parte, Balas de Fogueo, en la que el autor hace un alarde de vanguardismo y cuyos poemas son más experimentales, funcionando como un pequeño apéndice de despedida al lector.

Novela negraEn fin, «Novela negra» es un poemario realmente recomendable, no solo por su inspiración metaliteraria, sino por el acercamiento tan sincero y elegante que realiza a los sinsabores del tiempo y el amor. Encontraremos como decíamos antes ecos de Juan Ramón Jiménez, Stefan Zweig, Piliph Roth, Gabriela Mistral, Ernesto Sábato, Franz Kafka… Una vez más, José María García Linares nos ha sorprendido con un poemario de personalidad única y con una voz poética fresca pero a la vez extremadamente madura. Esperamos que a vosotr@s también os guste.





domingo, 3 de mayo de 2015

ENRIQUE SÁNCHEZ CAMPOS [15.843]


Enrique Sánchez Campos 

Nace en Melilla. Desde los cuatro años de edad vive en Córdoba. Cursó estudios de primera y segunda enseñanza. Diplomado en enfermería por la Universidad de Córdoba. Es funcionario, actividad que compagina con la atención de una pequeña consulta de enfermería y la docencia, escribe poesía y narrativa desde niño. Cree en la palabra como vehículo de entendimiento entre culturas.

Fundador de la Asociación Nueva Poesía de Córdoba. Ha publicado sus poemas en las revistas San Rafael Arcángel, La Vera Cruz, Escala Romera, Poesía en los Patios, Nueva Poesía de Córdoba; y en los libros 3º Premio Literario 2008 Córdoba Patrimonio de la Humanidad (donde su trabajo quedó entre los finalistas), y Poemas Mundanos a los Vinos de Córoba. Escribe en el suplemento cultural del periódico El Telegrama de Melilla. Coordinador de los ciclos de lectura poética celebrados en el Restaurante Sito, Asociación Cultural Virgen de Linares, El Rincón de los Artistas, de la Taberna de la Fuenseca, Dia del Vecino que organiza la Asociación de Vecinos Noroeste Sagrada Familia; y participante en diversos ciclos de lectura en los Patios de Mayo, el Jardín Motánico, Puente Romano (tras las obras de restauración llevadas a cabo, en su inauguración), Foro Cultural Puente de Encuentro, y otros entre los que cabe destacar los organizados en Córdoba bajo el título de Cosmopoética. Comparte experiencias para hacer una poesía más cercana a todos. Acude a charlas, talleres y otros actos relacionados con el noble arte de las letras. 

Ha publicado los libros "Antes de que el eco se lleve las palabras", 2010, Tratado de la nostalgia y otros estados del ánimo, Córdoba es Poesía y Toro lorquiano.


CHIRÁN, VIENTO DIVINO

¡Chirán!, recorre el samurái las avenidas de cerezos,
viento divino besa linternas de piedra y lámparas votivas,
mil treinta y seis espíritus estoicos que retan a la vida
mientras buscan la paz, rompe sus almas grave peso.

Doscientos cincuenta kilogramos la carga de la muerte,
¡fiel copiloto!; las hélices en marcha…la hora del adiós.
Vendré mañana a verte, amada mía, ¡cómo siempre!
Pase lo que pase, a las siete de la tarde, entona la canción.

Cayó el orgullo antiguo, sin ser vencido aceptaré lo nuevo,
un paraíso kamicaze tiene el destino reservado para mí
desde la perspectiva lumínica que lucen las luciérnagas.

Mil treinta y seis espíritus quieren depositar su luz en ti,
la paz con que la muerte honrosa te entrega en ese beso,
canción de amores imposibles, unidos por la herida de la daga.


MAREA

Bajo la trémula mirada de un olivo,
la tarde, ya rendida y sosegada;
sentado de inquietud en aquel banco
que era el borde de un abismo,
me encontró la mirada de Dios.
Así me hallaba yo, con mis pesares
a cuestas y en brazos de mi soledad;
el escenario idóneo, mi vida expuesta
en lírica poesía, cual obra de teatro.
Atona música es acompañamiento:
ondas suaves, vaivenes mecedores
y murmurar del mar en dulce musitar
que a confesarme a ti, musa del silencio,
Entre breves soplidos la brisa me incita.
veladamente cayó sobre mis espaldas
La sombra amarga de la tarde que se iba,
morfología de una pesada cruz,
dos brazos de la oscura noche aparecían
zahiriendo mi alma de reproches,
prolongación de la noche que asomaba
u oscura plegaria que abrazarme quería;
pesada sombra al abismo abocada.
A mí, ya no me pasaba nada más,
¡que ya es bastante!...
La mirada de Dios me protegía
Y a la vez, me reñía musitando el mar,
Que a brava tempestad ascendía,
Mientras la sombra oscura, cruz colosal,
Se sumergía en el profundo abismo



MADRE MAR

Soy el hijo ido que ahora vuelve;
el hijo pródigo que en la lejanía
aprendió a soñar tus caricias;
¡madre mar!, te he soñado
travesía de un desierto desolado,
espejismo que la imagen devuelve;
duna errante que me pierde,
soledad y arena que me queman.
Mas, cuando tu apareces...
la soledad es playa, fresca arena;
la duna, isla de paz acogedora...
y tú, madre mar, bello abrazo,
brisa fresca que peina las olas,
haces música al soplar caracolas...
me bañas de sal y de rayos solados
que curten mi piel y la doran,
y me besas con ondas marinas,
arrullando mis sueños tus olas
de perlada sal y de blanca espuma,
y en amor y silencio me acunas



HASTA CUÁNDO

Hasta cuándo he de repetirte
que la soledad es mi compañera de toda la vida.
Que desde el día en que nací soy triste.
Que no elegí el canal del  parto ni otra salida.

Que ya que estoy aquí –no sé por qué- quiero vivir.
Que no es fácil estar conmigo o hacerme compañía.
Que el arte de aguantar es saber elegir
y dejar estar, sin dar altibajos, en buena armonía.

Que no quiero imponer ni acepto imposiciones.
Que aunque quiero que estés junto a mí sin condiciones
he dejado las puertas abiertas por si quieres irte.

Hasta cuándo he de repetirte
que la soledad es la compañera que llegó sumisa,
haciendo silencios, a poquito a poco, me quita la vida.

(De Pinceladas con Alma, IX edición de Cosmopoética)



SEPTIEMBRE ES OTOÑO

En los días de septiembre, cuando nos conocimos,
tú eras hoja inmaculada dispuesta para escribir amor.
Porque septiembre es otoño, esa estación en blanco
que espera los sucesos que ni siquiera presentimos.

Había melancolía en las desnudas ramas deshojadas,
porque los árboles mudaban su traje de estaciones,
y en esos giros peligrosos donde la vida acaba,
poco a poco vamos siendo levedad, perdidas ilusiones.

Llegaban noches cada vez más frías y solitarias
y al despertar cada mañana del amoroso sueño,
pájaros emigrados y ensombrecidas luminarias
vagaban tropezando entre dolor y amores ciegos.

Porque septiembre es otoño y tú bien que lo sabes,
están vacíos los nidos, vacías las estancias del amor,
y aquel viejo poemario con que iniciamos el viaje
ya sólo es hoja caduca y fría, volandera al dolor.

(De Pinceladas con Alma, IX edición de Cosmopoética)



YO NO SÉ SI ES FINGIDO

¿Qué será lo que tienen tus ojos airados
que miran a otro lado cuando yo los miro?
…Y ¿por qué cuando busco ponerme a tu lado,
tú, con andar sigiloso, cambias de camino?

Yo no sé si es fingido o me lo parece,
y quisiera que hablaras conmigo como hablas con otros;
sin dejar de reír, sin dejar sobre mí tus silencios angostos;
leyendo en mis labios las frases  que  callé tantas  veces.

Ahora te aproximas, cuando me has quitado
las ganas de ti, de hacerte más que amiga;
de que veas en mí esa soledad que tú me has dejado.

Me sería y es  indiferente que ahora vengas y digas
que pasan los días, hay malentendidos, tiempos olvidados…
Porque los olvidos, las indiferencias, nos quiebran la vida.

(De Álbum de otoño, inédito)







jueves, 6 de febrero de 2014

NIEVES MURIEL [10.898]



Nieves Muriel 

(Melilla, 1977) es filóloga y DEA en Estudios de las mujeres y de género. En el año 2003 realiza un Máster en Estudios de la diferencia sexual (Universidad de Barcelona). Ha publicado artículos de crítica y teoría en diferentes revistas de literatura y pensamiento. Su trabajo “La luz de las palabras. Estudio sobre poesía española contemporánea” ha sido premiado con la Beca de investigación Miguel Fernández. Ha traducido del francés textos de Tiqqun para la editorial Melusina y algunos de sus poemas han sido publicados en antologías y en ediciones de amigas no venales. Desde el año 2006, vive entre un lado y otro lado del mar del Alborán y, en la actualidad, trabaja en el guion de un documental sobre la vida en la kabila bereber de Boccoia, en el Rif.
En el año 2010 recibió la beca de investigación Miguel Fernández por su trabajo La luz de las palabras. Estudio sobre poesía contemporánea española escrita por mujeres desde el pensamiento de la diferencia sexual. 'La pequeña llama' (Centro de Estudios Bilbilitanos, Calatayud, 2013) es su primer libro de poemas, con el que ha obtenido el IV Premio Internacional de Poesía Jośe Verón.




Poemas de Nieves Muriel


PAISAJE SONORO MIENTRAS LEO A ETTY HILLESUM EN UNA TARDE DE PRIMAVERA O LA HORA DEL TÉ CON HUPFELD Y MI HERMANA

Mientras mi hermana toca el piano, leo en la cama turca el libro de las horas de una joven muchacha judía de casi nuestra edad en el Amsterdan del 41. 

El tiempo pasa. 
Mi hermana ajena a estas cuestiones se inclina en la lectura de papeles escritos en la lengua que aprendió de nuestra abuela. A contraluz, su gesto leve –los labios apretados– me han sacado de golpe de Westerbork y el campo de altramuces; del brezal como un mar de fondo vallado con espinos; de la vida sin bicicletas y sin árboles. 

Mi hermana no toca a Listz ni a Beethoven. Tampoco sabe de la existencia de Misha, pero golpea durante horas las teclas del piano proyectando en la punta de las yemas algo muy parecido en peso al aire que levanta el vuelo de una alondra. Entre nota y nota, el sonido se alarga hasta el vacío. 

(De fondo, motores de automóvil; lavadoras; gorrionas en el balcón pidiendo el pan de cada día.) 

Yo nunca tocaré el piano, aunque mi hermana también escribe poemas y de joven leyó a Galdós y a Baroja. De joven, ya más tarde, a Ravira y a Basabe; a Champourcín y a Szymborska; a Södergran; a Escudero y a Fedora Aberastury. 

Algunas tardes mi hermana canta en nana los versos de su poeta favorita y yo la escucho quedándome dormida al borde de las horas sin sueño, de las tardes de té junto a mi hermana y ese alemán, tan guapo, que ha ocupado la habitación pequeña de la casa. 

Él. Se deja acariciar durante horas. 
Ella. Ella estudia obstinada cada tarde. 

El tiempo pasa. La lluvia fina no cesa, mientras finjo que leo. 






[DE LA SERIE ESCUCHADOS].

Escuchado a una muchacha que a otra le contaba distraída en el zoco de Dar el Rouadi. Era el domingo previo a la fiesta del Aid el Kebir. Era el otoño del año de la hégira de 1429, 2960 en el calendario tmazight y 2010 en mi vida. 


¡Ay! Si Hassan me besara
de nuevo como anoche
yo no sé
yo no sé lo que hago.

Escuchado en los llanos del cortijo de Alcántara o lo que sabe el viento. Era septiembre de un año cualquiera en Dílar. Eran los duros días de la cosecha.


¡Ay! Si yo pudiera hacer
que como entonces
corrieses tras de mí
por entre los almendros.


Otro izran amoroso (Escuchado a las muchachas de Taounil a su regreso del bosque)

¡Ay!, mi amor se va en el barco
cruza el mar sin pasaporte.
¡Quién sabe si volveré a verle!









TE PROPONGO ESTE JUEGO


Dejaré mis sandalias 
al pie de la vereda 
que separa los campos 
de mi padre y su hermano. 

Haré que voy al pozo y 
justo en la bajada de la loma 
me inclinaré despacio 
me sentaré en el suelo 
me quitaré la falda y 
esperaré desnuda 
que regreses de Badis. 

Tu dices en tu casa que vas 
donde Abd-lkader 
y caminas ligero. 
Y buscas mis sandalias 
mi sombrero de palma hecho en Adouz 
igual que cuando niños 
corriendo por el bosque de algarrobos. 

A estas fechas de marzo 
la cebada es tan alta 
que ya alcanza mis hombros 
y me roza los pechos de hace días. 

Si me encuentras primero, 
tendrás que darme un beso.
Si te encuentro primera, 
te tocaré despacio.

Di que sí, di que sí, 
que jugarás conmigo 
hasta que el sol se vaya.






LA PEQUEÑA LLAMA


SER DOS

(O HACIENDO COLA EN LA PESCADERÍA CON LUCE IRIGARAY,
CUANDO LA MENTE CHARLATANA SE DESCUIDA
Y EL PENSAMIENTO DICE MUY BAJITO)

No podemos cambiar al otro.

Sólo jugar al intento arriesgado
-siempre arriesgado-
de amar-nos
tal
como
somos.








Para Baoyu y Daiyu, juntos en mi memoria,
niño y niña en el Pabellón rojo. También para
Mayi, la de las cejas fruncidas.

BOTELLA AZUL CIAN A MODO DE JARRÓN CON FLORES AMARILLAS
DE MIMOSA Y UNA RAMA DE ALMENDRO FLORECIDA
SOBRE MESA VESTIDA CON FALDÓN ROJO SANGRE

Escrito está en los libros más antiguos.

Todo lo que florece en el invierno
impone con descaro su belleza.









DE NUEVO LUNA ROJA

de golpe
ya
de nuevo

La vieja lentitud de la marea
debajo
de
mi
vientre








TE PROPONGO ESTE JUEGO

Dejaré mis sandalias
al pie de la vereda
que separa los campos
de mi padre y su hermano.
Haré que voy al pozo y
justo en la bajada de la loma
me inclinaré despacio
me sentaré en el suelo
me quitaré la falda y
esperaré desnuda
que regreses de Badis.
Tu dices en tu casa que vas
donde Abd-Ikader
y caminas ligero.
Y buscas mis sandalias
mi sombrero de palma hecho de Adouz
igual que cuando niños
corriendo por el bosque de algarrobos.
A estas fechas de marzo
la cebada es tan alta
que ya alcanza mis hombros
y me roza los pechos de hace días.
Si me encuentras primero,
tendrás que darme un beso.
Si te encuentro primera,
te tocaré despacio.
Di que sí, di que sí,
que jugarás conmigo
hasta que el sol se vaya.







Para Sidi Yallich, morabito en Cala Iris

LO IRREPARABLE

Ata a un tronco de cedro
-a la viga más gruesa
que sostiene el adobe
del techo del morabo-
tu cuerda y hazle un nudo.
Ofrece caracolas y una vela,
descansa y duerme un rato
tras pedir en voz baja tu deseo,
tras repetir tres veces con voz clara
el nombre del amado.
Cuida que el elegido
albergue el corazón detrás del pecho
o tendrás que volver
a desatar el nudo
y el regreso,  me temo,
no será nada fácil.







DE NUEVO ES MAYO

Mira lo que hace el aire
con mi cuerpo.
El vendaval se aleja y
pronto acaba mayo.
Los pájaros esperan en sus nidos
y yo camino sola,
conmigo de la mano,
los hombros y la frente descubierta.






DESEO FUGAZ PARA UNA ESTRELLA EN BADIS

Que me quede yo en calma
junto al mar y conmigo








POEMA (OTRA AMIGA ME HA PEDIDO QUE ESCRIBA UN POEMA SOBRE LA ESPERA. NO SÉ SI ELLA PENSABA EN ESTE TIPO DE ESPERA, PERP ESTO ES LO QUE ANOTO SENTADA EN LA VENTANA)

Cada mañana le arranco al bollo de pan recién hecho, añun caliente en
mis dedos dormidos, la molla tierna y oscura de centeno.
La deshago despacio preparando un festín de pequeñas migajas que
arrojo con cuidado al tejado de enfrente.
Durante meses he esparado sentada en la ventana -el cuaderno
amarillo en el regazo, el pelo simulando las ramas de los fresnos, la
taza hospitalaria del té verde. El cuerpo, todavía, oscuro y tierno por
el sueño.
Una mañana, casi sin darme cuenta -lo que más se desea sucede
siempre de este modo- los pájaros llegaron.