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sábado, 3 de septiembre de 2016

HWANG JIN-YI [19.109]


Hwang Jin-yi

Hwang Jin-Yi fue una de las kisaeng más famosas de la dinastía Joseon de Corea. Vivió durante el reinado de Jungjong de Joseon. Debido a su talento en la poesía, la música y la danza ganó una gran reputación. 
Fecha de nacimiento: 1520, Kaesong, Corea del Norte
Fecha de la muerte: 1560
Padres: Hwang Yi, Jin Hyeon-geum

Hwang Jin-Yi

Ser mujer y ser pobre.
Significa ser excluida.
Ser Objeto. Ánfora.
Poema mutilado.
Sol amarrado a la tierra.

No habrá para ellas
Palabra que ilumina
Percepción del mundo
Conquista de ciudades
Lectura
Viaje al interior del espíritu.

Aunque no siempre.
Porque el ingenio náhuatl
les abre palacios en
los monasterios
y Corea las deja crecer
en la seducción- en la danza-
en la alta poesía.

Crecer. Hasta dividir al invierno en dos partes y separar  a los señores de sus metales. Crecer para abrazar gigantes mediante el espíritu y  el cuerpo. Así como antes se hizo con Enkidu.


HWANG JIN-YI 

" El sol enciende la última colina … " 
Yun Seondo

¿ Cuál amiga más fiel tengo que la almohada de seda realzada por flores de oro?

¿ Oh, cuál música más suave a mi oido
que el canto claro de la cascada de diamante 
bajo mi ventana?

¿ Cuál paisaje más grato para mis ojos 
que la luna blanca que juega al escondite 
con los altos bambúes del jardín?

¡ Tarde, es tarde, 
me apresuro!...

¡ Oh mis manos! ¡ Sean rápidas, 
coloreen de rojo pálido mis labios, 
dejen transparente la voluptuosidad!...

¡ Sí, rápidamente,
que unten mi rostro de aceite de almendro 
y de cera de abejas virgen
antes de recubrir 
mi rostro con finos polvos de arroz!

¡ Puro de todo artificio 
dejaré mi torso palpitante, 
mi nuca rosa, mi espalda de ámbar!
¿ No son más seductores
si en ellos reluce la desnudez?

¡ Sí!

¿ Cuál amor más delicioso que
el que me ofrecen las palabras armoniosas, 
los poemas que hacen estremecer mi pecho?

¡ Son ellos qué exaltan el esplendor de las estaciones
que llenan de inmortalidad los cálices de las estrofas!

¿ Palabras esmeralda de las páginas nacaradas, 
ustedes, besos íntimos de los dioses sobre mis labios, 
las compañeras graciosas de los días 
de mi transparente soledad?

¡ Cuando desnuda, 
bajo las sábanas donde brota la blancura, 
ruego y envío 
gavillas de luz azul
a todos los muertos qué me quisieron!

¡ Pero es tarde!

¡ Rápidamente!

¿ Más rápidamente, mis amigas, 
vístanme con mis trajes de fiesta.
No, no ésos.
Éstos, los menos coloridos, 
no soy la flor abierta 
y ellos, las hojas verdes 
que me enlazan con tanto pudor?

Athanase Vantchev de Thracy 

París, el 27 de noviembre de 2009 


Glosa:

Hwang Jin-yi: una de las poetisas más célebres coreanas. Su talento era tal como uno de su sijo ha sido atribuido al rey poeta y erudito Seongjong (1457-1494). El hecho de que el talento literario de Hwang Jin-yi, un gisaeng (la geisha coreana) pueda igualar al del rey muestra que una cortesana podía llegar a la cumbre de la fama. Podía estar a la vez al bando de la sociedad y al más alto según el plan de la consideración. Ni esposa, ni madre, ella era un tipo de "no mujer", una categoría separada entre demonio y dios.

Joven huérfana, de una belleza deslumbrante, viviendo en un templo, jugando a varios instrumentos, era muy dotada para el baile, Hwang fue escogido muy temprano para ser un gisaeng. Un día, supo que había sido abandonada por su madre, ella cortesana, para preservarle de este medio. Jin Yi fue atraído por este universo y reunió el círculo escogido por las damas de consentimiento. Fue la mejor cortesana del reino.

Hwang Jin Yi vivió en una época cuando los letrados neoconfucianistas habían confinado a las mujeres dentro de las casas y les habían impuesto, fuera, el puerto de un velo que escondía su rostro. Las mujeres de las clases superiores fueron forzadas a desplazarse en palanquins, fuera de la mirada del común de los mortales. Pero hubo unas mujeres que supieron servirse de códigos rígidos sublimándoles, pasando así a la posteridad.

La literatura coreana y común hoy en Corea del Norte y en Corea del Sur, ha sido escrita mucho tiempo exclusivamente en carácteres chinos hasta la creación de un alfabeto de la lengua coreana en 1443-1446, el hanguel, por iniciativa de rey Sejong.

Yun Seondo (1587-1671) : uno de los mas grandes poetas coreanos, dueño del sojo.

Sijo (n.m.) : tipo de pequeño poema lírico coreano. El sijo se parece fuertemente al haïku japonés es compuesto por tres hacia 15 sílabas.


El poema de Hwang Jin-Yi, en la versión de Yun Seondo, traducido por Athanase Vantchev de Thracy.  La fotogafía de una gisaeng proviene de Wikipedia.



***


Río de las montañas verdiazules

청산리 벽계수야 수이 감을 자랑 마라
일도 창해하면돌아오기 어려오니
명월이 만공산하니 쉬어 간들 어떠리.


                                                          황진이

Río de las montañas verdiazules

tu andar veloz no alardees,
pues una vez que al amplio mar arribes
no será fácil volver.
La luna anega colinas desiertas,
sosiega el paso una vez.
                                                por  Hwang Jin-yi

Traducido por Zyanya Gil Yáñez


La autora de este poema fue Hwang Jin-yi (1520~1560). Fue una de las kisaeng (mujer educada con el objetivo de acompañar y entretener a aristócratas) más populares durante la dinastía Jeoson. Mujer talentosa, inteligente, culta y bella. Compuso muchos poemas, algunos de los cuales han sobrevivido hasta ahora.   El poema que presento es un sijo (se pronuncia “shi-yo”). El sijo es una forma poética que podemos comparar con el haiku japonés. En Corea tiene una tradición de cientos de años y hasta la fecha es cultivada por poetas contemporáneos. El sijo es un poema breve de 3 versos donde en el primero se expone la idea, historia o emoción, en el segundo se le da un cambio de enfoque y en el tercero se concluye generalmente con la adición de un giro temático o estilístico para enfatizar. Cada verso se compone de 14 a 16 sílabas con una cesura a la mitad. En otros aspectos, como el temático o de recursos estilísticos, es una forma que da mucha libertad creativa, por lo cual la gente la adoptó fácilmente como medio de expresión. Estos poemas breves son intrínsecamente musicales y de tradición oral pues se componían con el objetivo de ser cantados. 

Decidí comenzar este blog traduciendo un sijo por la grata impresión que me causó la conferencia que dictó en la Universidad de Kyung Hee el profesor David R. McCann d, especialista de esta forma poética y profesor de Literatura Coreana en la Universidad de Harvard. Entre los diferentes poemas que presentó en su conferencia dictada en coreano, este que traduje fue el que más me conmovió.

Sobre la traducción

Como es evidente a primera vista, decidí reorganizar el poema en 6 versos por la longitud que alcanzaba la traducción al español. Así, el sijo de 3 versos se convierte en un sexteto donde se combinan octasílabos y endecasílabos. Los endecasílabos los reservé para la primera parte de cada verso pues, en este caso, cada primer hemistiquio está compuesto por palabras de origen chino con mucho contenido conceptual en pocas sílabas. El segundo hemistiquio, con palabras coreanas de menor carga conceptual por sílaba, lo transformé en octasílabos. 

Sin buscarlo en un principio quedó un pequeño asomo de rima. El sijo no tiene un patrón de rima fijo así que este resulta un agregado en español que, me parece, ayuda a darle unidad formal a la traducción que presento.

En este poema se presentan sentimientos humanos por medio del uso de imágenes. Encontramos metáforas comunes como el correr de los ríos significando la vida (como el “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar que es el morir” de Manrique). Y, dentro de la misma naturaleza, la contemplación de instantes que se repiten pero que se pierden debido al rápido paso del tiempo. Siempre hay un momento para descansar, contemplar y seguir. Pues al llegar ya no hay retorno. 

http://literaturacoreana.blogspot.com.es/2013/01/rio-de-las-montanas-verdiazules.html



Esta mujer ha inspirado, en Corea, películas, novelas, obras de teatro, dramas.. Así que os podéis hacer una idea de lo genial que habrá sido su historia.

Uno de sus versos:


Respetable Byuk Kye-soo, no presuma de marcharse tan pronto. 
Cuando Vd. se aventure en el mar, será difícil regresar.
La brillante luna llena sobre la montaña vacía, qué tal si se queda aquí para descansar.

- Fuente VisitKorea -





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MONJE GYUNYEO [19.107]


MONJE GYUNYEO

Fecha de nacimiento: 923 d. C., Hwangju County, Corea del Norte
Fecha de la muerte: 19 de julio de 973 d. C.
Libros: Ilseung Beopgye-do Wontong-gi: Master Gyunyeo's Commentary on the Dharma Realm Diagram of the One Vehicle

Monje Gyunyeo (均如; 923-973, Koryo (*), Corea del Norte) propulsó la reconciliación de Hwaeom y Seon, por abarcar lo relacionando con Seon. Los libros de Gyunyeo son los orígenes importantes para identificar la característica de budismo coreano, especialmente de Hwaeom.

(*)Goryeo o Koryo (918-1392) (en hangul: 고려, en hanja: 高麗國; McCune-Reischauer: Koryŏ) fue una dinastía en Corea fundada en 918 por el rey Wang Geon (también conocido como rey Taejo), un general que había servido a un príncipe rebelde de Silla, Gung Ye (궁예). Después de expulsar a Gung Ye, Wang Geon unificó posteriormente los Tres Reinos de Corea en 936. Los descendientes de Wang Geon reinaron en Goryeo hasta 1392 cuando fueron derrocados por el fundador de la dinastía Joseon. Goryeo expandió sus fronteras hasta lo que hoy en día es Wonsan hacia el noreste (936-943), hacia el río Amnok en 993, y finalmente cubrió casi toda la península de Corea.



Alegría por las virtudes ajenas

Hallando el principio de causa y efecto,
tonto y sabio forman un solo cuerpo,
no habrá nadie que no sea yo
si Buda y la humanidad son uno.
Yo mismo haré mi realización.
En la humanidad no hay nadie
que no se alegre
por las virtudes ajenas.
Ah, si vivo así
los celos se alejarán.

Monje Gyunyeo en Gyunyeojeon, incluido a su vez en Manioshu. Colección para diez mil generaciones (Ediciones Hiperión, Madrid, 1980, ed. y trad. de Antonio Cabezas García).




Culto a Buda

Que alcance el reino budista
mi cuerpo que hace venias
ante Buda
pintado con el pincel del corazón.
En cada polvo hay un templo,
en cada templo está Buda.
Veneraré a Buda del reino budista
hasta el fin de los nueve mundos.
Ah, el rito sin odio, sin palabras ni pensamientos.
Siempre diligente lo alcanzaré todo.

Monje Gyunyeo en Gyunyeojeon, incluido a su vez en Manioshu. Colección para diez mil generaciones (Ediciones Hiperión, Madrid, 1980, ed. y trad. de Antonio Cabezas García).








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viernes, 3 de abril de 2015

JANG JIN-SUNG [15.378] Poeta de Corea del Norte


Jang Jin-sung 

(장진성) es el seudónimo de un poeta norcoreano que desertó a Corea del Sur. Había trabajado como oficial de la guerra psicológica dentro del Departamento del Partido de los Trabajadores de Corea del Frente Unido. Jang trabajó específicamente dentro de la Sección del Departamento del Frente Unido 5 (Literatura), la División 19 (Poesía) de Office 101. Oficina 101 propaganda creada para fomentar la simpatía de Corea del Sur por Corea del Norte. Uno de los deberes del trabajo de Jang fue la creación de la poesía bajo un seudónimo surcoreano Kim Kyong-min y en un estilo de Corea del Sur. Su poesía fue destinada a su distribución dentro de Corea del Sur. 

Jang afirma haber sido uno de los fines del líder norcoreano Kim Jong Il poetas propaganda favorecidas. Este favoritismo se produjo después de que Jang escribió el poema épico de primavera se basa en el Gun Barrel del Señor como parte del recurrente escrito poesía competitiva entre diferentes departamentos del Gobierno de Corea del Norte. A Kim Jong I le gusta el poema tanto que fue redistribuido en Corea del Norte en 1999. Favoritismo con el que Kim Jong Il ganó Jang el estatus de la clase de "El Admitido" para que Jang recibiera raciones de comida extra y protecciones políticas. En 2003, Jang escapa de Corea del Norte a China a través del congelado río Tumen con su amigo Young-min. Jang desertó a Corea del Sur en 2004. 

Unos meses después de llegar a Corea del Sur, en enero de 2005, Jang se convirtió en un analista senior para el Instituto Nacional de Investigación sobre Seguridad en Seúl, Corea del Sur. El Instituto Nacional de Investigaciones de Seguridad es parte del Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur. En 2010, dejó el Instituto de Investigaciones de Seguridad Nacional. 




Poeta coreano es un éxito en el exilio

Escribió por años para dictador norcoreano Kim Jong II, pero decidió cambiar su lujosa vida entre la élite de Pyongyang por la expatriación en Corea del Sur, donde ahora sus poemas son famosos por la sensibilidad y crudeza con que retrata la realidad de su país

Por Sookyung Lee 


Un ex poeta de la corte del líder Kim Jong II de Corea del Norte, se ha convertido en éxito de ventas y la sensación de los medios de Corea del Sur, luego de la publicación de sus poemas sobre la brutalidad de la vida cotidiana en Corea del Norte.
Jang Jin-sung usa un pseudónimo para evitar poner en peligro a sus parientes quienes quedaron atrás en la aislada y quebrada Corea del Norte. Licenciado de la Universidad Kim Il Sung, se convirtió en un favorito del gobierno de Pyongyang y fue invitado dos veces a reunirse con el líder Kim Jong II.

“La primera vez que conocí a Kim Sung II, me sobrecogí de emociones”, dijo Jang en una entrevista. “Pero cuando me di cuenta que era el rey más rico del mundo, reinando al país más pobre sobre la Tierra, ese fue un punto de inflexión”.

“Para mí él ya no era un ídolo, y llegué a pensar que ya no podía vivir bajo ese sistema. Es abominable mantener ese régimen mientras el pueblo de Corea del Norte se muere de hambre”, comentó Jang.

En la estrictamente cerrada Corea del Norte, la literatura, como todas las artes, se mantiene bajo un severo control gubernamental. Toda literatura y publicación son impuestas por el Departamento de Agitación y Propaganda del Partido de los Trabajadores, por la Federación General de Literatura Coreana, y por el Departamento de Arte y Cultura del Comité Central del Partido. Jang era miembro de los últimos dos y disfrutó de la vida privilegiada de la élite de Corea del Norte.

Pero él abandonó esa vida y su relativa comodidad para cruzar el río Tumen hacia China, y eventualmente, establecerse en Corea del Sur, donde acaba de publicar un volumen de poesías titulado “En 100 Won a mi hija vendo”.

El poema relata la verdadera historia de una moribunda madre quien vende su propia hija a un extraño por 100 won, en una acción que espera permita la supervivencia de su niña; después usa la pequeña suma de dinero para comprar un pan de molde para esa misma hija.

De acuerdo con la librería Interpark de internet, la poesía de Jang, publicada por primera vez por la organización de noticias www.Chogabje.com y transmitida por el servicio coreano de Radio Free Asia, llegó a la cumbre en la lista de ventas de la semana pasada en Corea del Sur y en el tema principal de los medios de comunicación de Corea del Sur.

Su trabajo evoca la dolorosa pobreza y devastadora hambruna que ha matado a tantos en Corea del Norte desde 1990, y que ha obligado a otros a arriesgar sus vidas al huir de su país nativo. A continuación el poema:



En 100 Won a mi hija vendo

Agotada, de pie en medio del mercado

“En 100 won a mi hija vendo”
Aplastante medallón de pena
Alrededor de su cuello se colgó un cartón
Al lado de su pequeña hija
Exhausta, de pie en medio del mercado
La madre una sorda muda
Ignorando miraba hacia el suelo
Las maldiciones por la gente lanzadas
Deslumbrada
Ante la madre que vendió
Su maternidad, sus propias carne y sangre
Sus lágrimas se secaron
Aunque su hija, al saber
Su madre fallecerá de una mortífera enfermedad
Había enterrado su cara en las largas faldas maternas
Y rugiendo, y llorando
Pero la madre se mantuvo inmóvil
Sólo sus labios temblaron
Incapaz de agradecerle al soldado
Quien deslizó en su mano cien won
Mientras mencionaba
“Es tu maternidad,
y no a tu hija, lo que estoy comprando”
Ella cogió el dinero y corrió
Ella era una madre,
Y los 100 won que tomó
En un pan de molde blanco los gastó
Hacia su hija corrió
Tan rápido como pudo
El pan contra los labios de la niña presionó
“Perdóname, hija mía”
Parada en medio del mercado
Gimió




Testigo de la trágica escena

Jang comenta que fue testigo del incidente que describe en el poema. “Sucedió en un mercado en el distrito Tongdaemun de Pyongyang. Mucha gente vio la trágica escena ese día”.

“Cuando todas la miraban”, ella intentaba mantenerse inmutable al comienzo, pero después a esa hija le dio un último regalo de despedida, un último pan de molde, y cuando ella gimió, los espectadores irrumpieron en llanto. Incluso ahora, mis ojos aún lagrimean cuando pienso en ese instante”.

La colección incluye “Nuestro alimento” representando la imagen de una cocina donde se muele con un martillo una gruesa corteza de árbol, y luego es mezclada con soda cáustica y hervida.

Otro poema, “La cosa más sabrosa del mundo”, fue escrito en recuerdo del hermano menor del poeta, quien antes de morir de inanición comentó que el alimento más delicado que él había comido fue el de sus sueños.

Jang Jin-sung cree que la única esperanza de Corea del Norte es su pueblo:



Minúscula es,
Mas una mota de esperanza
Trasciende
La suma oscuridad
A través del poder de la vida
Luciérnaga de mi alma
La luz tenue es una luciérnaga




Los pocos que logran huir de Corea del Norte guardan silencio sobre lo que ocurre en su país. Lo hacen para proteger la vida de los ...

Jang Jin-sung: "Cómo escapé de Corea del Norte"

Los pocos que logran huir de Corea del Norte guardan silencio sobre lo que ocurre en su país. Lo hacen para proteger la vida de los familiares que quedan allí. El hombre de este reportaje, el poeta Jang Jin-sung, ha decidido cambiar las cosas. Este es su testimonio del horror.

Un camión se detiene en un solitario tramo de la carretera que une la ciudad china de Yanji con la frontera norcoreana. Un preso fuertemente custodiado desciende del vehículo: le han autorizado a hacer sus necesidades en un saliente rocoso, junto a un barranco. Nunca se sabrá qué dijo en ese momento, si es que dijo alguna cosa. Lo que se sabe es que, en lugar de orinar, el preso se tiró por el barranco. La escena tuvo lugar hace diez años. El detenido era Hwang Young-min, un joven y brillante músico de Corea del Norte que había actuado en la corte de Kim Jong-il, el dictador más temido del mundo. Dos semanas antes de precipitarse al vacío había huido de su país, corriendo por encima de la helada superficie del río Tumen en dirección a China, junto con su mejor amigo, un poeta llamado Jang Jin-sung. 

Pero las cosas no salieron bien. Hwang fue detenido por la Policía secreta china y puesto en manos del servicio de inteligencia de Corea del Norte. Y acabó en el fondo de un barranco. «Yo hubiera hecho lo mismo dice Jang hoy, sin un atisbo de expresión en el rostro. Todo el que huye de Corea del Norte lleva consigo algo para suicidarse: un cuchillo o un frasco con matarratas. Todos lo tenemos clarísimo: si van a atraparte, te matas». 

Unos 2000 norcoreanos intentan huir del país cada año. No todos los que son detenidos se suicidan. Algunos acaban en un campo de concentración. Los fugitivos de importancia, en cambio, son fusilados, y sus familias acaban entre rejas o ejecutadas. En estas circunstancias, el suicidio puede parecer una opción. Han pasado diez años, y Jang es libre para viajar, escribir y contarle al mundo cómo es el infierno que dejó a sus espaldas: un país que es un macrocosmos del gulag, que mata de hambre y tortura a sus gentes al tiempo que sus dirigentes se arman con bombas atómicas. Un reciente informe de la ONU comparaba sus campos de concentración con los de los nazis. 

En Seúl, cuatro guardaespaldas lo protegen en todo momento.

Jang tiene la suerte de haberse librado de todo esto. No obstante, la suya es una libertad peculiar. Cuando viaja, solo lo acompaña su intérprete. Confía en que el servicio de inteligencia norcoreano no realice una ejecución sumaria en las calles de Europa. Las cosas son distintas en Seúl, donde reside. En la ciudad impera la Guerra Fría. Para Jang, eso se traduce en cuatro guardaespaldas pagados por el Gobierno surcoreano que lo acompañan día y noche. Y es que Jang no es un fugitivo normal. Cuando solo tenía 33 años, ya era conocido por la inteligencia surcoreana como el poeta preferido de Kim Jong-il. 

Jang atrajo la atención de Kim gracias a una grotesca elegía centrada en la luz del sol y en las lágrimas. Grotesca, sí, pero muy adecuada para sobrevivir en el régimen. Fue llamado a comparecer dos veces ante el general, quien lo recompensó por su obra lírica. La primera vez con un Rolex. Cuando tuvieron noticia de que Jang se había fugado, todos los servicios asiáticos de inteligencia emprendieron una carrera contrarreloj para ser los primeros en dar con él. Jang decidió huir del régimen de Pyongyang por un despiste. Su empleo le facilitaba el raro privilegio de acceder a libros de Corea del Sur. Un buen día le prestó uno de esos volúmenes a su amigo Hwang Young-min, con quien posteriormente decidió escapar. La causa: Hwang perdió el libro y ambos sabían que eso se pagaba con la ejecución. La única salida para ellos era fugarse del país. 
Una mañana de enero de 2004, Jang salió de casa de sus padres como si se dirigiera al trabajo. No podía despedirse, y menos revelarles su plan. «Me destrozaba pensar en la infinita tristeza en que se sumirían mis padres al enterarse de la súbita desaparición de su único hijo», escribe en Dear leader ('Querido líder'), su autobiografía. Y, sin embargo, «era mucho mejor que siguieran ignorándolo todo, para que pudieran enfrentarse a la Policía como absolutos inocentes. No, no iba a decirles adiós». Jang no ha vuelto a verlos desde entonces. 

Durante 35 días huyó de sus perseguidores

Estuvo a punto de morir de frío varias veces. Cuando finalmente llegó a China, lo fio todo a una llamada telefónica a un periódico surcoreano con corresponsalía en Pekín. El corresponsal del diario lo puso en contacto con el servicio surcoreano de inteligencia. Pero Jang ni siquiera entonces podía estar seguro de no haber caído en una trampa de los norcoreanos. Aún hoy se niega a revelar con detalle su paso de Pekín a Seúl. Le pregunto por qué no. «Porque pondría en peligro a quienes hoy tratan de salir del país». El proceso para que un fugitivo de Corea del Norte pueda asentarse en la vecina del sur siempre es complicado. El trato nunca es muy amistoso, hasta que los surcoreanos deciden claramente de qué bando es realmente el recién llegado. 

En el caso de Jang, el interrogatorio duró seis meses. Sus revelaciones sobre la composición del círculo íntimo de Kim y la estructura de poder del régimen los dejó atónitos. Sobre todo, cuando explicó que el verdadero centro de poder tras la dinastía Kim no es el ejército, como mantienen la mayoría de los especialistas, sino un ignoto organismo tentacular llamado Departamento de Organización y Guía, que controla a Kim Jong-il en lugar de ser controlado por este. Jang está considerado como uno de los diez refugiados más valiosos de los 26.000 que oficialmente han llegado al Sur desde el armisticio que puso fin a la guerra de Corea en 1953. Desde su huida, Jang ha trabajado como analista de inteligencia, ha establecido su propia agencia informativa sobre Corea del Norte y ha transmitido al mundo en primicia la noticia del asesinato de Chang Sung-taek, el tío del líder. Con sus padres no ha mantenido ningún contacto desde aquella mañana de hace diez años. Y teme que «terminen por morir en un campo de prisioneros». 

En la excéntrica burbuja de la dinastía Kim

Jang no cree que Kim Jong-un tenga un contacto directo con el lado más sangriento del sistema. Da la impresión de que el déspota vive en una burbuja de horteradas y delirios grotescos. Lo vio claro cuando tenía 28 años y recibió una llamada a medianoche en su piso en Pyongyang, la capital del país. La razón del telefonazo era que su poema sobre un arma de fuego había sido del agrado del Líder Bien Amado. Su interlocutor le ordenó presentarse en su lugar de trabajo a la una de la madrugada. Cuando llegó a su oficina, un convoy le estaba esperando para su traslado a una «estación de primera clase», reservada para el uso exclusivo de la familia Kim. A continuación viajaron durante tres horas en un tren con las puertas selladas hasta llegar a un puerto de mar, donde una lancha rápida los trasladó a una isla. 

Fue allí, bajo una carpa color blanco, donde Jang descubrió que el hombre al que todos creían con origen divino era en realidad un excéntrico bocazas que lloriqueaba al escuchar embelesado a un cantante folclórico ruso. Como segunda recompensa por su poema, Jang fue autorizado a volver a visitar su ciudad natal, Sariwon, al sur de la capital. Era la primera visita que realizaba después de una terrible hambruna de cinco años que acabó con la vida de dos de los 24 millones de habitantes del país. Jang vio cadáveres en las aceras y una «brigada de los fiambres», encargada de amontonar los esqueletos semidesnudos en un carro para después cubrirlos con heno. En la casa de un viejo amigo de su familia sufrió la vergüenza de ser invitado a una comida consistente en medio cuenco de arroz para compartir por todos. 

Él era el hijo pródigo de la ciudad al que nunca le faltaba de nada. Mientras volvía a la estación del tren presenció el juicio y la ejecución pública de un campesino acusado de haber sustraído arroz (véase el recuadro Un día cualquiera en Corea). «Yo había presenciado otras ejecuciones antes, pero esta me abrió los ojos dice Jang. Había llegado todo lo alto que uno puede llegar en Corea del Norte y, cuando alcanzas esa posición, tan solo puedes mirar hacia abajo. Al hacerlo, me di cuenta de que el pueblo más pobre del mundo estaba gobernado por el líder más rico del planeta: ese hombre tenía acceso a todo cuanto quería mientras que el resto de la población no tenía nada en absoluto. Y comencé a dudar de nuestro líder». 

De hecho, Jang por entonces disfrutaba de unas asignaciones alimentarias mensuales tan solo al alcance de un puñado de escogidos. Desde su pedestal de privilegio, otro día presenció una escena tan angustiosa como la de la ejecución: en un barrio miserable de Pyongyang, un grupo de vecinos se arremolinaban en torno a una mujer que estaba vendiendo a su hija de siete años de edad por 100 won, menos de 50 céntimos de euro. La mujer encontró un comprador y utilizó el dinero para comprarle a su niñita una última comida: algo de pan adquirido de estraperlo.

Para Jang, el final de la dictadura en Corea del Norte está cerca

Durante décadas, los pocos que lograron escapar de Corea del Norte mantenían un perfil bajo para salvaguardar a sus familiares. Pero eso está cambiando. La tecnología está haciendo que la coraza coreana sea cada vez más porosa. Para Jang, el régimen no puede durar mucho más tiempo. Cree que Kim Jong-un hace lo posible por mantener una autoridad en la que ya pocos creen, y la dramática purga de su tío es la confirmación de su debilidad. El último de los Kim no es un psicópata, dice Jang. «Es un chaval que no puede llevar una vida normal y que seguramente preferiría ir de visita a Disneylandia». Si está en lo cierto, se trata de otra razón para suponer que el hundimiento del régimen es solo cuestión de tiempo. 
Hasta que llegue ese momento, Jang sigue llevando varias vidas paralelas. Una es la existencia tranquila de un hombre de familia, casado con una mujer surcoreana con la que tiene dos hijos. La otra, su vida como activista político que se inició en 2007, cuando un periodista de Seúl lo señaló como originario del Norte y el Gobierno norcoreano inició una cadena de amenazas contra su persona. Jang decidió entonces plantar cara. «Cuanto más me amenacen, más en público debo mostrarme», asegura. En parte por cuestión de supervivencia, pero también por una razón de honor. «Ahora que la batalla es pública, no puedo mostrarme débil. Si me mostrara débil, sería la peor traición a quienes no han sobrevivido». 

Un día cualquiera en el infierno

Jang ha escrito un libro donde describe la vida en Corea del Norte. Por su interés reproducimos un extracto del mismo. El escritor regresa a Sariwon, su ciudad natal, autorizado por el régimen como premio a sus poemas a favor del dictador. Allí habla con un amigo de la infancia y descubre el horror...

Al ver los zapatos destrozados de mi amigo Young-Nam, me propuse comprarle un par nuevo antes de mi regreso a la capital. Sugerí que nos acercáramos al mercado. «No lo entiendes, ¿verdad? me dijo. Yo no tengo un futuro. Tú por lo menos estás en la capital, donde tu vida puede mejorar si trabajas duro. Aquí, yo no puedo hacer más que arreglármelas para conseguir algo de comida. Desde que me despierto no hago más que preguntarme si volveré a comer algo. Nuestras vidas no son mejores que las de los animales. Te acordarás del antiguo saludo: '¿Has comido ya?'. Hoy, nadie se saluda así porque ¿qué les vas a responder? 'No, ¿y qué coño piensas hacer al respecto?'».

En las paredes del mercado había lemas en letras mayúsculas en color negro donde antes estaban los precios de los artículos en venta: «¡Muerte por fusilamiento a quien cometa una infracción de tráfico!». «¡Muerte por fusilamiento a quien acapare alimentos!». «¡Muerte por fusilamiento a quien malgaste electricidad!». «¡Muerte por fusilamiento a quien difunda la cultura extranjera!». No me había dado cuenta de cuántas normas nuevas se habían implantado en nuestra nación. Decidí comprar los zapatos y salir de allí en cuanto pudiera. Pedí a Young-Nam que escogiera un par. Se resistió. Al final seleccionó un modelo barato. Pedí al vendedor que sacase el más caro de la tienda. Pero hasta ese par, hecho en China, resultaba miserable. Le metí a Young-Nam en el bolsillo el cambio y el resto del dinero que me quedaba en la billetera. Pero antes de que pudiéramos salir de allí, una sirena empezó a sonar. «¿Qué es lo que pasa?», pregunté. Young-Nam había cerrado los ojos.

Su expresión era de exasperación. «La puta que los parió», musitó. Era una ejecución, me dijo. «¿Cómo?», contesté yo. El vendedor dejó de lustrar un zapato y me comentó: «Usted no es de por aquí, ¿verdad? Pues ha tenido mala suerte, eso es todo. Van a celebrar un juicio popular. Nadie puede salir del mercado hasta que haya terminado». Young-Nam me aseguró que estas ejecuciones tenían lugar a un ritmo casi semanal. Me estremecí al ver que el reo no vestía uniforme carcelario, sino ropas de paisano. Era una forma de mandar un mensaje a los vecinos: cualquiera de ellos podría encontrarse en la misma situación. Bajo los párpados caídos y las cuencas huesudas, los ojos del hombre miraban aterrados. Tenía los labios manchados de sangre. 

El juicio popular terminó en menos de cinco minutos. En realidad no fue un juicio. Un oficial militar se limitó a leer la sentencia. El crimen del reo fue descrito como el robo de un saco de arroz. Como el país entero estaba sujeto a la doctrina Songun por la cual el estamento militar tiene prioridad absoluta, todo el arroz de la nación era propiedad de los militares, por lo que incluso los delitos menores eran castigados con la ley marcial. «¡Muerte por fusilamiento!».

Tan pronto como el juez pronunció esta frase, uno de los dos soldados metió algo en la boca del condenado. Se trataba de un muelle en forma de V que se expandía en el interior de la boca, impidiendo que el reo hablara de forma inteligible. Este aparato era de uso oficial en todas las ejecuciones públicas, para que los condenados no pudieran expresar proclamas subversivas en los momentos finales de su vida. 

¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! La sangre se me heló en las venas. Sin atreverme a mirar al condenado en el momento de su muerte, elevé los ojos al cielo. No se veía una sola nube. Pero los rostros de los vecinos obligados a presenciar la ejecución no podían ser más sombríos.

Los campos de la barbarie 

Unos 80 testigos y víctimas de los campos de concentración de Corea del Norte describieron para un informe de la ONU unas escenas de barbarie nunca vistas en un gulag soviético: niños obligados a delatar a sus padres y a presenciar sus ejecuciones; hileras de presos agonizantes de hambre y con pústulas confinados en celdas más pequeñas que la caseta de un perro. Algunos realizaron estos dibujos para mostrar el terror.



The Corsair

‘I Am Selling My Daughter for 100 Won.’

With that placard on her neck
with her daughter by her side
the woman standing in the market place –
she was mute.
People looked at the daughter being sold
and the mother who was selling.
The people cast their curses at them
but keeping her eyes downcast
she was tearless.
Even when the daughter
wrapped herself
in her mother’s skirt
shouting, screaming
that her mother was dying
the woman kept her lips
tight and trembled –
she did not know how to be grateful.
‘I’m not buying the daughter
I want to buy the mother.’
That soldier came by
with a 100 won note in his hand.
The woman who ran off with the money,
she was a mother.
With the money
she got for her daughter
she bought a loaf of bread
and put a chunk of bread
in her daughter’s mouth
as they said goodbye.
‘Forgive me,’ she cried.
She was desolate.

Translated by Shirley Lee. By kind permission of Asia Literary Review



sábado, 12 de mayo de 2012

KIM SOWOL [6.797]



KIM SOWOL

Nacido en Kwaksan, provincia de Nord-Pyongyang. Corea del Norte.
Kim Sowol (1902-1934) es el más famoso poeta de Corea del Norte por sus contribuciones a la modernidad de la poesía coreana.

Publication:

Kim, J., 1975 Lost Love: 99 Poems by Sowol Kim Pan-Korea Book Corporation: Seoul.




Versiones de Leandro Arellano.


El camino

Anoche todavía,
en una posada del camino,
croac, croac, crascitaban las urracas.

Hoy, de nuevo,
¿cuántos kilómetros?
¿que conducen a dónde?

¿A las montañas?
¿A la campiña?
Sin un lugar que me reclame, no tengo a dónde ir.

Mi hogar, Kwaksan, en Chongyu,
adonde arriban buques y trenes,
ni recordarlo.

Gansos silvestres en el cielo,
que vuelan tan campantes,
¿es confiable el camino del cielo?

Gansos silvestres en el cielo,
escúchenme,
estoy en medio de una encrucijada.

En todas las direcciones
se ramifican los caminos,

mas no hay uno para mí.



Niebla de seda

Cuando la nieve envuelve la niebla sedosa,
ese momento es imborrable.
Un día así nos conocimos y lloramos.
Un día así, cuando nos dominaba la locura.

Cuando la nieve envuelve la niebla sedosa,
ese momento es insoportable de recordar a solas.
Fue un instante así cuando la moza ató a su cuello
el fajín de su vestido,
pendiente de un árbol cuyos retoños apenas
despuntaban.

Cuando la nieve envuelve la niebla sedosa,
es el tiempo cuando la alondra remonta el vuelo
por el campo, sobre el mar, en el cielo...
y el espíritu se embriaga de contento.

Cuando la nieve envuelve la niebla sedosa,
ese tiempo es imborrable.
Un día así nos conocimos,
un día así nos despedimos para siempre.


Aroma de mujer

Aroma de luna, vestido de nubes azuladas.
Aroma de sol, vestido de nubes carmesí.
Aroma de sudor, ¡ah!, transpiraciones,
fragancia de su piel y de vestidos empapados por la
lluvia.

Azul el mar, la barca bamboleante,
jadeos afanosos,
gemidos leves,
su desvanecimiento, unidos los cuerpos.

El aroma de un prado en luto,
aroma de una barca como balancín mecida,
aroma del mar y de los peces,
fragancia de fin de primavera atraída por el cielo.

El viento barre las dunas y arrastra la neblina.
La luna resplandece suavemente, como destellos en
lontananza.
Colmado de aroma, qué grato era su cuerpo.
Qué grato era su cuerpo, colmado de aroma.



El canto del gallo

Es por tu partida,
con el alma en pena, que escucho el canto del gallo.

Cuando la noche se ahonda
y duermo profundamente
¡qué difícil es soñar!

¡Ah, martirio y pesadumbre!
¿Por qué la vida aflige tanto?

Entre el verdor de las sombras matinales,
Voy andando a solas.



El búho

Anoche,
un búho se ha posado, ululando,
por la ventana trasera
y durante el día completo, nubes oscuras sobre el
mar.
Sin sol a la vista hoy, de nuevo anochece.


La gran muralla

Noche tras noche,
la noche entera,
construyo y demuelo
la gran muralla.



Honor, fama, fortuna...

Mi cara reflejada en el espejo...
Si la hubiese conocido un poco antes.
El hombre ignora todo
del día que envejece, del día que ha de morir...
¡Ah!, si tan sólo en eso consiste la verdad
entonces, ¿qué ha sido de mi vida?
Dieciséis, parece conveniente en este instante.
A esa edad ¿podría yo ser más que antes?
¿tan sólo un poco más
Debí saber que vivir es la vida verdadera.
Mi cara reflejada en el espejo...
si la hubiese conocido un poco antes.


Si el mar se convirtiera en campo de moreras...

Este penar mío, que no conoce fin...
Pétalos que caen una tarde de fin de primavera,
pétalos que caen mecidos por el viento.
Dice el refrán antiguo:
Si el mar se convirtiera en campo de moreras...
Así de hermosa es esta época de primavera
en la que todo luce novedoso a la vista
y nada parece familiar.
¡Qué tristeza, con todo, qué tristeza!
Un día de primavera, transcurrido marzo ya,
se derramaban como sangre púrpura
¡aquellos pétalos, aquellos pétalos!




AZALEAS

Cuando tu me abandones,
cansada de mí,
te haré una oferta de adiós silencioso.
Un ramo de azaleas
entresacado de la colina
derramaré sobre tu trayecto

Un paso tras otro
sobre las flores
pisaré ligeramente según tu caminar

Cuando tu me abandones
cansado de mi
No verteré una gota de lágrima



진달래꽃

나 보기가 역겨워
가실 때에는
말없이 고이 보내 드리우리다
영변에 약산
진달래꽃
아름 따다 가실 길에 뿌리우리다

가시는 걸음걸음
놓인 그 꽃을
사뿐히 즈려밟고 가시옵소서

나 보기가 역겨워
가실 때에는
죽어도 아니 눈물 흘리우리다.




Jindaelraekkot

Na bogiga yeongyeowi
Gasil ttaeeneun
maleopsi goi bogae deuriorida
Yeobyeo e yeonsan
Jindalraekkot
areumttada gasil gile ppuriorida

gasineun geoleumgeoleum
nutingeu kkoteul
sappunhi jeuryeo balpgo kasiupsoseo

Na bogiga yeongyeowi
gasil ttaeyeneun
jukeodo ani nonmol heulriorida




En un día lejano

En un día lejano, cuando tu vengas a mí
entonces diré "te he olvidado".
Si me reprochas silenciosamente, diré
"lo mucho que te he he añorado hasta olvidarte"
Si aún me reprochas, diré
"He tenido que olvidar, para no poder creer"
Ni hoy ni ayer te he olvidado,
pero en un día lejano diré "te he olvidado".



먼 후일

먼 후일 당신이 찾으시면
그 때에 내 말이 잊었노라
당신이 속으로 나무라면
무척 그리다가 잊었노라
그래도 당신이 나무라면
믿기지 않아서 잊었노라
오늘도 어제도 아니잊고
먼 후 그때에 잊었노라




Meon huil

meon huil dangsini chaseusimyeon
geu ddaee nae mali iseottnora
dangsini sokeuro namuramyeon
macheok geuridaga iseottnora
geuraedo dangsini namuramyeon
midgiji anaseo iseottnora
oneuldo eojedo aniitgo
meon hu geoddaee iseottnora