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miércoles, 15 de febrero de 2017

JUAN CARLOS QUINTERO HERENCIA [19.948]


Juan Carlos Quintero Herencia

Fecha de nacimiento: 1963, Santurce, San Juan, Puerto Rico

Reside en Maryland desde 2001. Ha publicado los libros de poesía: La caja negra (Editorial Isla Negra 1996) "El hilo para el marisco/Cuaderno de los envíos" (2002), Libro del sigiloso (Terranova Editores, 2012) y El cuerpo del milagro (Bokeh, 2016).

Esta colección de poemas de juventud recibió el Premio de Poesía del Pen Club de Puerto Rico de ese mismo año. Ha publicado también dos libros de ensayos críticos: "Fulguración del espacio. Letras e imaginario institucional de la Revolución cubana" (2002) y "La máquina de la salsa. Tránsitos del sabor" (2005). Recibió en 2009 la beca John Simon Guggenheim Memorial Foundation para analizar su estudio  titulado "La escucha transeúnte: Poéticas y políticas en el archipiélago caribeño". El manuscrito del "Libro del sigiloso" recibió en 2006 el premio Creative and Performing Arts (CAPA) de la Universidad de Maryland.



Caballo de Troya

En las profundidades,
donde la zanja frente al Morro
es Medusa negra,
donde el negro se traga al negro,
un enorme pez ciego y
sin escamas
levanta un arco,
aleta membranosa
labia fluorescente

Perdidos por este fulgor tenue,
atraídos por la candelilla,
extendido pene
prensil carboncillo
efectivo lazo
bastón blando nadador,
arpón escondido que es toda luz,
pequeños peces en su boca sucumben

En las profundidades,
el pez desarruga su órgano,
lo pasa sereno
tardo cual melaza
sobre una escultura que tocada ahora
echa a la corriente inmóvil su detritus depositado

De madera desusado
negro otra vez,
sepultado hasta las rodillas
el caballo relincha

En las profundidades del Atlántico,
un pez de los mil demonios
deja caer su sexo basto
sobre el caballo de Troya

Descendiente
tras sus cuartos traseros,
el pez despeja la cola de una sola mordida,
el trazo que las ruedas olvidaran sobre la arena
un oleaje secreto
de cuando en vez
la mar de ocasiones
lo borra y lo escribe,
avanza retrocediendo

Es posible imaginar a los aqueos
suspendidos en aquella marcha,
sin embargo por allí no se los ve

¿Cuál es tu guerra, mijo?
¿Qué has hecho para estar aquí sumergido
y con el mar adentro?
¿Quién te imaginará ahora como el golpe sigiloso de la muerte?
Quién iba a decir que está sería tu mejor batalla,
cara a cara con tu doble vivo
bellaco y terso

En esta lejana balsa,
tumba abierta,
náufrago sin isla,
caballo sin palo,
sordo sin procesión
ni a rebato,
sin bullicio
el caballo de Troya
anuncia en la eternidad un paso
que nunca habrá de dar

En las profundidades,
donde la alharaca nunca ha tenido asiento,
allí: bóveda oscura
bóveda en la bóveda
(paréntesis de titanio negro)
la cabeza los belfos
el copete las crines
la tensión hermosa del cuello,
esperan por siempre lo que ya les pertenece

El pez auspicioso,
primero de su estirpe
aletea violento su velocísima despedida,
una flecha de sombra oscurece la penumbra

Bajo el hongo de las arenas alzadas,
ya sin quites
sin cuerpo,
in-proceloso
un caballo congelado por la tiniebla
no se cansa de esperar

1ero de septiembre de 2010, 18-19 de diciembre de 2012, Córdoba, Argentina y Silver Spring





Siempre Ciempiés

Enemigo tú: Gongolón,
cuando de madera acercas
para que me sirva de asiento
taimado don escalón

Capricho el tuyo: Ciempiés
que malgastas la librea
cuando ojeroso ante libros
se te caen los elepés

En dos patas tambalease Ciempiés,
-ñángotese- dice raudo Gongolón,
-leche, arrocito- pide y aúlla Ciempiés

Nariz que se hunde entre las páginas
se agarra el bulto,
el mismísimo se da lengua

¡Coño! persistencia tuya: Gongolón,
bollo comisura y dragoncilla,
gallerín repesa escudilla,
nada cabe entre nosotros,
nada serpea entre bajeles
echapallá don babeles

Enemigo tú: Gongolón.

18- 19 de diciembre de 2012, Silver Spring





Me tocó vivir

Me tocó vivir en un puente de arena,
mi vida es esta meseta tensada por una liana de mangle y
las manos de mi padre muerto.

Mi vida tiene la consistencia del miasma,
la misma duración,
el mismo descoyuntarse de la era,
los mismos proyectos
enrolados con la consistencia del ajonjolí
y el trombón de Barry Rogers.

Cuando el puente se eleva
lo impulsa un tendón traslúcido,
dardo en metamorfosis,
su condición granular
seca o húmeda
es la misma cosa blanda.

Quién lo duda
por doquier maestros, jefes de agencia,
trabajadores sociales, gestores culturales,
psiquiatras, alcaldesas
abogados, poetas, poEGOS,
neo-patriotas,
charlatanes
cínicos vulgares,
cínicos sofisticados,
cínicos desempleados,
desempleados sinceros,
desempleados cínicos,
cínicos de closet,
closet de cínicos,
profesores sin libros,
libros sin profesores,
perros satos,
perros falderos,
¡oh tiradores de droga
cuánto nos han ayudado!
un litoral asqueroso
entusiasmado con el olor de la brea
todo eso y más
tenemos.

Hay incluso un amanecer olvidado
para siempre por su propia belleza,
el escándalo de su silencio lleno de luz
asediado por el ruido de tantos feligreses,
el silencio vaporoso de las criaturas
que lo vegetan
cercado
por las guturaciones alargadas del sebo de los sexos.

Aletargado por las sombras que ya trepan
me subo a los órganos de mis días,
me toco el cuerpo,
un montículo de arena y espuma,
el regazo de mi madre
apenas.

En la noche pude enfocarme
gracias a los aparatos
a las pantallas
Nítidas, nitidísimas veloces
como un parpadeo,
las quise mucho.
El puente se sumerge conmigo,
en su forma mudo el carapacho.

29 de septiembre y 12 de octubre de 2009, 10 y 30 de marzo de 2014 y 28 de abril de 2015, Silver Spring.





sábado, 11 de febrero de 2017

MARÍA JULIANA VILLAFAÑE [19.935]


MARÍA JULIANA VILLAFAÑE

María Juliana Villafañe, nació en Santurce, Puerto Rico. Es poeta, narradora, guionista, dramaturga y compositora de música popular. Ha publicado los poemarios Dimensiones en el amor (Ramallo Brothers Publications, Puerto Rico, 1992), galardonado en Nueva York con el Premio “Palma Julia de Burgos”, Entre Dimensiones (Editorial Isla Negra, Puerto Rico, 2002), el cuento juvenil Aurora y sus Viajes Intergalácticos (Planeta, 2003) y el poemario Volar Sin Alas (Ediciones Baquiana 2012).

El fenecido jazzista Jon Lucien incluyó sus letras en varios discos: Mother Nature´s Son (1992), Man From Paradise (1993), Endless is love (1997) y Jon Lucien by Request (2003).

Recibió el Primer Lugar con la letra de la canción “Vive Hoy” en el III Festival Iberoamericano de la canción de Puerto Rico y Argentina. Premio de Lírica Popular del Instituto de Puerto Rico en New York (1995).

Su nombre fue incluido, como parte de los escritores puertorriqueños que residen en los EE.UU., en la Enciclopedia del Español en Los Estados Unidos – Anuario del Instituto Cervantes (Editorial Santillana, 2008).

Sus poesías y textos han sido publicados en múltiples antologías y publicaciones colectivas en Argentina, España, Estados Unidos, México, Perú, Brasil, Puerto Rico y Venezuela. 


QUIERO VOLAR

Quiero volar al infinito
desde los nevados picachos
a través de las nubes
sentir la humedad en el rostro
cruzar vientos de tormenta aplacada
palpar el desafío de la naturaleza
que puede lanzarme a pedregales
vivir la libertad del cóndor
sobre un mundo que no necesita rescate.

Quiero volar al infinito
sentir que nada hace falta
con esa libertad de soledad
majestuosamente voluntaria
acompañada del grandor
que otorga la naturaleza.

Quiero alejarme de todos
olvidar lo cotidiano
urdir mi vuelo más lejano
dejar atrás la noción de que he amado
quiero volar y escuchar el silencio del vuelo
para olvidar
mientras vivo de los recuerdos.



ME PIENSA

Me piensa piedra dura, inquebrantable
me baña limo, resbala
me baña río, agua mutable
me abandona para vivir mares.

Me deja presa de arena
al final de su cauce
Me piensa piedra
y soy luz que se cuela en manantiales.

Me cree fuerte y soy fiera herida
en el valle que descansa
en el frescor de sus aguas
voluntarias

desniveles que me bañan.

Me piensa piedra
me piensa arraigada

¿Me piensa?



Caen las Hojas

Caen las hojas lentamente
Una se detiene a mis pies
La tomo en mi mano para guardarla
Recuerdo de un otoño en Madrid
Salimos de una tasca cualquiera de la ciudad
Risas, algarabía, burlerías
Amigos disfrutando la noche
Cruzábamos la calle casi con premura
Tenía que partir al otro día
Sobrevolar el mar para el regreso
Me despedí a la salida del metro
Con nostalgia presentida

Ya casi amanecía al acercarme
al hotel
Un camión se detuvo delante
Dos puertas enormes se abrieron 
Asustada me detuve
Un presagio fuerte inundó mi alma
Presentí que algo no andaba bien
Entonces las vi
Las bajaban del camión una a una
Mujeres a las que les colocaban en brazos
Niños inertes que no protestaban

Niños que no lloraban
Muñecos enajenados, narcotizados
Parecía un acto normal
Comienzo de una nueva jornada
Ante mis ojos pasaban 
Mendigos silentes, indefensos

Yo, imantada a la pared de un edificio
Impotente, asustada 
Sintiendo la luz del nuevo día
Iluminar la escena
Cubierta por una sombra
Tinieblas que a la luz del día 
Causan 
Mi rubor infinito

Siguen cayendo las hojas!



Condena

Tenía todo listo
para embrujarle, hacer 
que me amara más
cada dia
el lápiz rojo de madera,
la vela rosa
aquellas más pequeñas azul y verde
su fotografía
y aquel objeto que dejó atrás
o tal vez olvidase
tenía las tres rosas blancas
todo el conjuro para atraparle
en esa habitación de una sola puerta
con una ventana a la luz de la luna
tal vez importaba su fase
era la media noche de un viernes impar
complementé todo con un perfume aromático
sólo
para condenarme!


QUEBRADA MUJER

Yo, quebrada 
riachuelo que se pierde en medio de la montaña
escondida bajo el follaje, entre alimañas y piedras
esperaba llegara, quien mi corriente disfrutara

Te acercaste tú, hombre solitario
te posaste a mi orilla
tus manos acariciaban mi costado 
yo enmudecida, no permití que mis aguas crecieran
y olvidaras que en ese rincón de selva
existía, plácida, dormida

Siempre, a la misma hora sentado a mi orilla 
escuchaba el latido interno
el lamento sordo de mirada perdida 
en mis aguas estancadas
rostro de nombre secreto 
despertabas mis claros de luna
deseaba penetráras mis aguas 
para lamerte el cuerpo, con mi corriente cristalina
pero te marchabas y quedaba sumida 

Un día tú, hombre tímido, te desnudabas
se agitaron mis aguas cuando penetrabas mi mundo
y crecí bravía deseando ser río
te arrastré en mi corriente sintiéndote nadar mis adentros
me moldeaban tus manos, respirabas por mis poros
y sólo aquel paraje del bosque conoció 
como las aguas de una quebrada
se convierten en río y se desbordan.


Silueta

Miro la foto en la mesa
mi silueta cincelada
en una piedra
sueño
Machu Pichu detrás
lleno de antigüedad
medito
respiro hondo
y veo tus ojos
mirándome
a través del lente
de la cámara
lloro
no estás.



Damas de la noche

Trascendida por la realidad
hoy, Madrid me sabe a lágrima
imantada en el dolor
cae la tarde
desde mi ventana del Meliá
veo aparecer
las damas de la noche
tristes
sonreídas
tiritando de frío
proyectando vuelos imaginarios
yo, una sombra en el encuadrado
de una ventana entre mil
testimoniando
su falsa verdad.



TU AUSENCIA

Las imágenes de tu ser
me iluminan
irrumpen mis espacios
te presiento cerca

               obsesión de tenerte
cuando estás lejos.

En esta noche en que te pienso

se hace nuevo el lenguaje
aprendido en tu piel

invento nuevas maneras
de amar
                con fuerza incontenible

tu recuerdo excita mi ansiedad
para albergar tu ausencia.


Entre dimensiones. San Juan, Puerto Rico: Isla Negra Editores, 2002. 80 p. Prólogo de Francisco Matos Paoli. 


Fin o comienzo

Ese cristal 
encuadrado de negro
como si vertiera luto
sigue adornando
los espacios
vacíos
de mi estancia

En él descansa
la figura de ese ser etéreo
que puebla mi existencia
ahí están los colores
que faltan
ahí está tu imagen
perdida en el comienzo
del fin



Latido interno

La ventana del interior se abre
me asomo y veo
lo que deseo ver
una voz se levanta y advierte
que es una insensatez
escuchar el latido interno
miro y veo la felicidad
construída en ese mundo en que a escondidas
se advierte la soledad del pasado
siento el privilegio del futuro imediato
comienzo a meditar
se cierra la ventana.



Volar sin alas.  Miami, Fl.: Ediciones Baquiana, 2012.  106 p.  ISBN 978-2-93664707-1 


JUEGO DE CUARTOS

Desde mi ventana veo la luz
todavía encendida en el otro cuarto

le imagino
sentado frente a su caja de palabras

yo
          leyendo un libro
                              somos tan iguales
mi alma ya no aferra a su amor
          se desgarra
                              por el desasosiego
de dejar ir
          a un ser que se ama
vivirá otra ilusión
                      otro amor
tendrá hijos
                      será feliz

yo
          un ser en su vida
que ve
            como los años
deforman su sombra.



AÚN RESPIRO                                                

                      En memoria a los compañeros del 
                      vuelo AF447.


Salí al pasillo de aquel cuarto pequeño 
de cuatro literas
choqué con cuerpos inertes

un niño flotaba en el techo
quise alcanzarle
toqué su manita fría
un temblor convulso me arropó.

¿Que hacía yo allí 
         en aquel avión que 
navegaba lo profundo del mar?

¿Será que me miré cara a cara con la muerte 
y vi su reflejo?

Desperté
era una escena tan real 
como la de una de las mejores proyecciones fílmicas
yo viva 
construyendo sueños fantasiosos
Con la realidad.

¿Que busco?
            ¿A dónde voy?

Tal vez la respuesta está en el hoy
en este sublime momento 
donde agradezco
que aún respiro.



MILAGROS INEXPLICABLES

Te veo en la distancia
como en escena cinematográfica
tu respiración cerca
en este pensamiento 
que no logra apartarme de ti
veo tu sonrisa
la de siempre
profundos ojos hablan 
de vivencias 
amortiguadas por el tiempo
vida plena
experiencias que hago mías
el amor a la tierra que haces tuyo
aire desde el norte sopla
con visos de brisa fresca.

Vivo esa vida que no compartí
Como adivina que se cuela en el ser
el latir de tu cuerpo
corazón desbocado
para amar intensamente.

Siento, como la mujer que te recibe
arrastrándome a tu mundo de placer desconocido
despierto a la vida que me privó tenerte
esclavizándome 
a buscarte en cada cuerpo
en que me perdí
sabiéndote más allá de la vida
acrecentando la espera 
en mi mundo interior
sueños inventados
hambrienta al saber
que aquella mi emoción de niña-mujer 
despertó
con aquel primer beso de amor
que no trascendió.

Percepciones sensoriales
se expanden por todas las edades 
latidos de vida
milagros inexplicables
estar para siempre en el centro de la llama.



EN VIENTRE AJENO

El micrófono en la habitación
emite el sonido campanario
el martilleo constante de la máquina que alimenta
los últimos aires que respira
El padre se desprende lentamente

Desde muy joven no dormía en esa casa
tan extraña y a la vez tan familiar
Cada golpe de ruido en esa otra habitación
despierta el presagio de una vida que se apaga
el padre ya no abre los ojos
No te mira
pero sabes que te escucha
y te silencias para escucharle también
pides, rezas para que se apiade quien sea
que esté a cargo de ese menester
y le acompañas a despertar en otros parajes
mas nobles que éstos que hoy deja
El padre ya dijo que te amaba
se despidió, rogó le llevaran

Hoy en el silencio sepulcral que no se escucha
por los sonidos de la máquina
la hija y el padre 
se dicen tantas cosas
así como cuando él le hablaba estando
en el vientre de la madre

El padre ahora es niño en otro vientre
querido por siempre.



CIEGA

Me he mirado a través de sus ojos
soy una mujer orientada
casi loca
que intenta contagiar su locura
soy una ajustada
que habla con las estrellas
comunica con los astros
a la que visitan entes
de otros universos
me miré a través de sus ojos
y sólo vi
unos ojos terriblemente
ciegos




-

miércoles, 11 de enero de 2017

MARGARITA PINTADO [19.850]



Margarita con Lorenzo García Vega. Foto de Pedro Portal


Margarita Pintado

Margarita Pintado (Bayamón, Puerto Rico, 1981), es poeta y ensayista. Se graduó de la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico en el 2004. Obtuvo su maestría y doctorado en la Universidad de Emory, en Atlanta. Sus textos han aparecido en distintas revistas impresas y electrónicas de Puerto Rico, Cuba, México, Chile, y US. Publicó en el 2012 su primer libro de poesía, Ficción de Venado.

Su primer libro de poesía de próxima publicación saldrá con la editorial puertorriqueña La Secta de los perros. Enseña literatura y cultura hispanoamericana en la Universidad de Ouachita, en Arkansas. Obtuvo su maestría en la Universidad de Emory (Atlanta). Se pepara para defender su disertación doctoral, Lorenzo García Vega: Poeta sin paisaje, en la misma institución. En El Roommate ha reseñado a los siguientes autores: Luis Negrón, Antonio José Ponte y a Chiara Merino, entre otros.





Un efecto de mar

Recorto la tarde.
Difumino opacidad.
Busco claridades, busco
Tramo de luz.

Te coloco dentro de un cuadrado
Azul.
Duermes. Agito los colores del cielo.
Teorizo: nubes, posibles truenos,
Aguacero.

Todo llega tarde y sereno…
Fondo blanco, rastro azul
A lo lejos se crea

Un efecto de mar.




Um efeito de mar

Recorto a tarde.
Dissipo a opacidade.
Procuro a clareza, procuro
O rastro de luz.

Coloco-te dentro de um quadrado
Azul.
Dormes. Agito as cores do céu.
Teorizo: nuvens, possíveis trovões,
Aguaceiro.

Tudo chega tarde e sereno…
Fundo branco, rastro azul
Ao longe se cria

Um efeito de mar.


Entonces se abría el cielo

Entonces se abría el cielo en líneas verticales pájaros y números rodaban por el firmamento ardía la distancia del día galopando duro en los cristales lo amarillo las semillas las raíces la tierra de pronto salpicada por la lluvia detrás del trueno en los techos de las casas crece la sombría alucinación de lo distante arriba el manto negro titila sed de plata detrás de las ventanas animales cariñosos duermen debajo del reflejo de una luna opaca jardín anestesiado de flores como espadas como costas o cuchillos cuando la tarde cae redonda el horizonte es una línea que descose su raíz el mar se precipita sobre todas estas cosas el cielo arrebatado en hondas superficies el aullido de los perros apretado en las esquinas de la noche es una boca de lobo es un cristal que se nos rompe es un éxodo violento de barcos que naufragan debajo de tus pies hay sed en las aceras alguien dice algo en voz muy baja yo le tuerzo el cuello al cielo para ver si te apareces se callan las cosas los platos y los vasos la habitual cortesía de mis utensilios la casa me ama con una devoción sobrecogedora me he sentado a llorar un poco delante del televisor tan triste tan como castigado cuando está apagado la nostalgia se ha domesticado bien esta mañana me he sentado en todas las butacas para ver la nieve caer no hace falta la destreza de tus manos ni el ruido de los carros no hace falta la mirada endurecida de un testigo un claro de espiral viene a buscarme yo me alzo en honda rebelión manipulo cada sombra cada desliz de sombra que se posa en los balcones dormidos tu dolor de luces y de triángulos tejido violento vértice curva muerde agujas se devasta cada vuelco se sostiene en pequeños interludios la tarde se serena un poco el vuelo de mi falda oculta la clarividencia de este mediodía afuera llueve con los ojos cerrados pero llueve te preguntan no contestas pero la lluvia ya es un hecho irrevocable dices ciertas cosas miras con una delicadeza que es alarma tanta es la espera y tan grande es mi deseo los días siguen deslizándose abatidos y culpables las interrogantes hojas yo salí un momento a la eternidad salí sin saberlo me puse delante de una lluvia suave mi cuerpo doblado sobre la baranda mi cara como de piedra envuelta de pronto en una niebla fría sentí que todos éramos la noche soñé que anochecíamos juntos serenos y felices yo salí un momento la noche era ya solo un recuerdo posado en tu cabeza mariposa o broche de oro he recorrido tantas veces tu frente con mis dedos envueltos en esa dulce timidez para buscarte he tenido que sembrarte tantas veces en papel porque es verdad que hay amores que duelen en la piel pero es que hay otros, oye, que duelen mucho más: ...

     Este poema pertenece al libro inédito Frágil y perpleja.




Tiempo de bosque

No se puede decir
"era la mañana en el bosque".
No existe el tiempo en el bosque. Existen
el color, la luz, la textura. 
El bosque está rosado. O el marrón ha entrado 
en su fase de fuego o
el bosque está azul. 
Y así, sucesivamente.

Todo de pie. 
Los árboles me recuerdan a él. Largos y afilados. 
Tratando de ascender, rasgando sin saberlo
el cielo con su mano. Plena mansedumbre. 
Los árboles son como muchachos bien criados.

El llanto de un árbol consuela los esfuerzos de mi fe.

     Este poema pertenece al libro inédito Frágil y perpleja.




Vístete que...

Manejamos. Qué país tan grande, le digo. Qué país tan vacío, me dice. A lo lejos hay una línea entrecortada, un reguero de puntos sincronizados marchando a otro cielo. Se acercan. Nos acercamos. El misterio del espacio. El misterio de la forma cuando se pierde en el viento.

Qué país tan grande y tan vacío. Todo asume una tristeza tan pequeña, tan idiota, tan en medio de la inmensidad. Tan que nadie ve. ¿Es eso la tristeza? ¿Lo bello que no se ve?

"Vístete que nos vamos" es una frase un tanto absurda dentro de este texto. Pero es que a veces, cuando estoy metida en un país tan grande y tan vacío, extraño a mi mamá. Es de humanos extrañar a la mamá. Y el recuerdo materno se manifiesta en ciertas frases.

"Vístete que nos vamos."

Todas las mañanas yo me visto para irme. Yo me pongo bonita, para irme. Pero casi siempre me quedo en la casa. Vestida y alborotada. En este país tan grande y tan vacío, a veces no hay a dónde ir.

Entonces, él llega y me dice: biteste que nossss vamouss.

Y yo me visto. Y yo me pongo bonita. Y nos vamos.

     Este poema pertenece al libro inédito Frágil y perpleja.



Bodegón de fin de mundo

La fruta que está en la canasta en donde siempre ha estado la fruta ha desatado en estos días una inmensa tristeza. No se sabe la razón de este como padecimiento que quizá esté vinculado a algún malestar del alma. Hay, por supuesto, momentos más difíciles que otros. Sobretodo por la tarde, la fruta parece querer marcharse. Como si estuviera aburrida de nosotros, o como si quisiera llorar, esta fruta malagradecida. También está el componente de la luz, que depende de la hora del día aumenta esta sensación un poco de terror, un poco de llanto, un poco de compasión (estos tres ocurren en distintos estadios del día y de la conciencia) que rodea a la fruta. No hemos hablado, él y yo, de esta situación, la situación de la fruta, de la tristeza que ha desatado la fruta, pero sé que él también lo siente. Cada vez es más difícil, por ejemplo, ir al mercado, contemplar la fruta con cara de perplejo, sentirla en nuestras manos, enojados y melancólicos, regresar a casa cargados de fruta, como si planificáramos una venganza o una tortura. Contra nosotros o contra la fruta, da igual. Ya se nos pasará, digo yo. Ya volveremos a estar bien con la fruta, pensará él. Yo ya he comenzado a perder la fe en esta batalla diaria entre la violencia de nuestra calma y la tristeza que se ha apoderado de la fruta.

     Este poema pertenece al libro inédito Frágil y perpleja.



Tú, bosque pálido...

Tú, bosque pálido,
suéñame una casa alegre.
Con ventanas que se abran siempre
cuando lluvia, o trueno, o mirada de un extraño
se desate.

Deja, amor mío, que el viento entre.
Que nuble papeles, que traiga peligros, que traiga
maldades. Que las nubes bajen todas,
que los gatos ya no tengan miedo 
del reflejo oscuro en los cristales.

     Este poema pertenece al libro en preparación Un efecto de mar.



Lo que

¿Qué es lo que buscas 
Cuando

Detenido por un viento 
Quedas
Estremecido

Por el disparate de un pájaro?

Rescatas, claridad de mediodía, 
Las cosas que se quedaron 
Olvidadas

A medio camino
Sin camino.

Las cosas, tus cosas, se llenan de ese olvido 
Que presientes

Araña la raíz

De lo que
Siempre ha estado 
Como

Perdido.

Tus cosas guardadas dentro de otras cosas. 
Tus cosas, en silencio, bajando la cabeza. 
Y tú sientes
        (¿Lo sientes?) 
Que todo te perdona
Que todo te lastima en clave de caricia 
Que todo te persigue

Sonámbulo.

Íntegra sombra de tu sombra 
Despierta
En medio de la noche 
Temblorosa.

Pides silencio y renuncias 
A la idea
A la sola idea

De una palabra

Sola

Que redima

Que destruya

La eternidad de tu ceniza

Dime

¿Qué se calla 
Cuando hablas 
Tan tímidamente 
Tan escasamente 
De lo que se ha ido 
De lo que

Pasa

Como

Sino

(como un sino) 
Pasara nada?

Queda lo que queda.

La Nada en la que te desorbitas. Eso queda. 
Lo desenterrado para siempre.

Queda. El viento que se le escapó a la resta. 
La espada y la pared, quedan.

La cifra, para ser exactos.

Queda.

Ficción de venado (La Secta de los Perros, San Juan, 2012), del cual procede este poema, es su primer libro publicado. Trabaja en un libro sobre la vida y la obra de Lorenzo García Vega.




Luis Othoniel Rosa reseña a Margarita Pintado (Puerto Rico)

Margarita Pintado. Ficción de venado. Río Piedras, PR: La Secta de los Perros, 2012. 

Adentro nos esperan los mayores.
Pero nosotras ¿a qué hora llegaremos?

Margarita Pintado, Ficción de venado

Las personas mayores
¿a qué hora volverán?
César Vallejo, Trilce

Prólogo
Unos playeros sorprendidos logran grabar en vídeo el momento justo en el que un venado sale nadando de la playa Flamingo en la isla de Culebra, al este de Puerto Rico. El inverosímil vídeo circula en la web en el 2010, y se convierte en la imagen condensadora de éste, el primer poemario de Margarita Pintado. Hay algo en nuestros modos de construirnos una subjetividad que nos lleva a la zoología, a la manera en que nos identificamos con ciertos animales, sus movimientos, sus diferencias. Esta imagen de ese venado fuera de lugar, de ese venado viajero delicado que tiene calor y se va a nadar a las playas cristalinas de Culebra (otro animal!), tan sensible al clima, tan dispuesto a la readaptación geográfica a la que ha sido forzado, condensa este poemario, que según la autora, es tres.

Ficción-de-venado“En secreto y como en fuga
Corroborando cuentos chinos
De niños isleños
Melancólicos siempre
[…]
Fue verlo salir
Y saber que era
Pues los cuentos
Siguen siendo cuentos
[…]
Que no hubo nunca
Un venado mojado,
Inquieto y como desnudo
Saliendo de ningun
Playa” (8-10)

Hay sólo un puñado de escritores que me generan expectativa, y a quienes les sigo el paso, ansioso por leer el próximo proyecto, y Margarita Pintado es una de ellos. A cada paso podemos ver cómo se reformula, no sólo su proyecto poético, sino su concepción misma de la literatura, que cambia y se agiganta. Si bien Ficción de venado es su primer libro, no es para nada su debut literario. Quizá por la misma condición de exiliada, quizá por su concepción de la literatura como algo de pasada, algo que sucede y se va, efímero y superficial, Margarita Pintado ha invertido la mayor parte de su trabajo literario en tres blogs prolíficos: Desvalijadas (2007-2012, 150 entradas), que puede leerse como poesía en crónica y del que salen muchos de los poemas de este poemario, 2) Ping-Pong Zuihitzu (2010-2011, 243 entradas), que reseñé hace unos años aquí, un blog que comienza como una novela a cuatro manos junto al escritor cubano Lorenzo García Vega y se convierte en una alucinante correspondencia poética, y ahora 3) Ave de paso (en curso) que hace un corte con el primer blog e inicia una segunda etapa en el trabajo literario de la autora, que podemos preveer, nos traerá otro poemario. Lo que une tanto los blogs, como Ficción de venado, es el concepto que se tiene de la literatura. Al leer a esta autora, parecería que la literatura es algo con lo que uno se tropieza, que uno se lo encuentra (ready-made/étant-donnés, diría Duchamp, pero no es lo mismo). La voz poética se aleja del lugar autoral y es más bien como una cronista de lo literario, una testigo de cómo lo poético sucede, y es necesario reportarlo.

“Qué tierno lo que no llega, lo que no se cumple, lo que
no se pudo. Qué delicado este proyecto inacabado de la ruina
por donde siempre aparecen unas manos como antiguas
buscando florecitas, buscando, como Lorenzo,
unos cristalitos rosados por donde mirar la ciudad” (Ficción de venado, 5).

Si bien su escritura es extremadamente delicada, lo realmente fino en su apuesta se encuentra en la mirada, en los “cristalitos” por donde mirar la realidad, y es importante recordar a Lorenzo García Vega aquí. No me parece que se tome como ofensa decir que el trabajo poético de la autora puede funcionar como una variación de la monumental obra del recién fenecido discípulo de Lezama. El estilo de Margarita toma prestada la mirada de Lorenzo, como si fuera una cajita o un calidoscopio para observar la vida o los movimientos o las superficies. Ya sabemos que la originalidad no sólo está sobrevalorada, sino que tiene un valor negativo, que legitima una concepción dañina de la literatura como individualismo, como competencia. En la escritura de esta autora, no espacio para esas boberías.

“Avanzar la idea de la lluvia antes de que. El aguacero siembre
todas sus dudas.
Lloverse sobre el llover. Dejarse llover” (4)

Y quizá es una mentira también decir que esto es un poemario. La autora nos llena de escenas, de historias compactas, impresionistas, que se juntan para contarnos algo. La clave está en encontrar su denominador común. Lanzo tres posibles denominadores comunes: 1) la sospechosa quietud de las superficies, lo que no sucede, lo que no cambia, lo que miente, lo que está fuera de lugar, lo que “está bien” aunque ni lo entiendo ni lo comparto, lo contingente, 2) lo que permanece (ruina) en el movimiento de los trabajos y las distancias, de un exilio que es más manada, jauría, que desterritorialización y 3) la solidaridad con las compañeras de viaje. Por supuesto, que estas tres formas que destaco se contagian.

1.  Lo contingente
“y eso está bien. que los pájaros canten. está bien.
pero yo no lo entiendo. cómo se rompe el silencio
de todas mis palabras con ese canto, con esa como
canción de pájaros.
no lo entiendo.
pero está bien” (16)

La cita de arriba me parece que marca uno de los más fascinantes aspectos de este poemario, y de la voz poética que la autora se ha construido con los años, eso que uno no entiende muy bien pero que uno acepta, aceptar lo que no se puede controlar, construir una tranquilidad que observa pero no se entromete, no asesinar al elefante blanco, más bien ser hospitalario con él aunque nos ocupe la mitad de la casa. El “está bien” no es un endoso, pero presupone que hay algo en lo contingente, en lo que no podemos controlar pero que nos llega, que nos nutre, que nos hace falta, que es necesario para ver cómo el tiempo también pasa cuando no hacemos nada.

“Nada ha cambiado y sin embargo […]
Como, bebo, duermo. Todos los días se parecen.
Y sin embargo” (38-39)

“Tomar agua no es una actividad transcendental, pero cuando
una ha decidido inmovilizarse delante de una ventana para
presenciar de lleno lo espeso de un aguacero, tomarse un vaso
da agua adquiere cierto relieve. Es verdad que ‘una cosa
pequeña, y una cosa pequeña puede tocar otra cosa pequeña’” (57)

Eso, hay instancias en que la contingencia “adquiere cierto relieve”, se convierte en superficies que podemos tocar. En el “está bien” de Margarita es donde encuentro el origen de su escritura. Su escritura surge de la necesidad de relacionarse con aquello que no se puede controlar, y es una relación viscosa, es lo que se queda pegado a pesar del movimiento.

“La escritura es una enfermedad de superficies. Un borde herido
y mojado.
Orilla de playa.

Todo está resbalando. Todo. Rebotando. Tu voz
que se quedó atrás, yo la siento pegada en mi frente.” (3)

Y es que la literatura misma se parece a lo contingente, es una marea inmensa y caótica, incontrolable, en la que los autores somos tan sólo la espuma efímera de la ola. La espuma que es la escritura de Margarita Pintado es tan refrescante como ese vaso de agua en la lluvia, desde la escritura de esta autora, dan risa esos que ven a la literatura todavía como una oportunidad para la fama o la vanidad. La literatura es su propia diva, y ningún autor puede rivalizar con su inmensidad, atraparla, contenerla, hacerla su sirvienta. Y eso está bien.

2. Manada/exilio
El segundo denominador común que encontramos en Ficción de venado es uno que me parece, se extiende a otros escritores puertorriqueños contemporáneos con domicilios movedizos. Es una lectura que toma en cuenta las condiciones materiales que han generado, a partir de la crisis económica del 2004 en Puerto Rico (2008 en el resto del mundo), que cerca de un quinto de la población del país se haya exiliado. Es un exilio raro, más de ola que retorna que de barco, y que contagia con sus crisis de economía neoliberal a la literatura misma, a la manera en que la reproducimos, la circulamos, la leemos. La literatura se convierte en una economía de subsistencia, lector-editor-distribuidor-autor se van convirtiendo en la misma persona, y se simplifican las relaciones de lo literario. “Los trabajos y los días” que fuerzan ese exilio, sin embargo, fuerzan a muchos más, son toda una manada internacional la que se mueve en este mundo neoliberal de políticas de austeridad, crisis de vivienda y desempleo. Es decir, no es un exilio en soledad, porque son muchos los exiliados de todas partes.

Ficción de venado está lleno de relatos de amigos, de encuentros con snobs de otras culturas, de reuniones de exiliados, de regresos desfamiliarizados, de amigas mediatizadas, de compañeros de viaje, y cómo no decirlo, de roommates 😉

“Dice Ana
que hoy hace mucho frío. Yo le dije que no, que no era para
tanto.
Ella me miró, muy madura, sabiendo que lo que quería era
contradecirla. Me cedió la batalla. Yo dije que había salido
y que me parecía buena la noche.
[…]
‘No sé si me expreso bien’, dijo con poca fe, creyendo que
no decía nada, ablandando sus hombros en la butaca que
nunca uso porque es la butaca de la visita.
Y aquí siempre hay visita.
Lo admito. Esta noche hace mucho frío.
Espero que Ana no lea esto” (35-36)

Nos parece que el venado perdido en Culebra no es una metáfora del exilio. La inestabilidad laboral que genera la crisis en esa clase media global produce un exilio manada, siempre en movimiento en el que uno nunca está sólo, pero, como nadie para de moverse, uno se encuentra siempre con gente nueva y les pregunta sobre los amigos, amores de aeropuerto, apartamentos de futón, intensas solidaridades de mochila. El venado no es un descarrilado de la manada, es más bien el cuento que nos llega, las historias que nos alcanzan en nuestro movimiento, la ficción y lo inverosímil de nuestras distancias. Si pagar las “cuentas” es lo que determina los “trabajos y los días” de ese movimiento dispersante, es el “vivir del cuento” lo que nos mantiene manada.

“Pero ella siempre me manda fotos, o chistes por text.
Y yo la quiero. Porque rompe mi paisaje, lo jode cuando
yo no me atrevo. Lo quiebra, y quebrándolo me rescata de
algo, como de la intuición de un pozo, o de la ternura de los
hornos de los que hablaba Mara.” (44)

Como siempre, los dejo con una cita larga, de un poema en prosa que me conmueve muchísimo. No sin antes añadir una tercera fuerza que existe en este poemario, y que para algunos lectores parecerá central. Y es que a la fuerza de la contingencia y a la de las historias de los amigos, se añade una tercera que no puedo denominar de otra forma que como una mezcla entre deuda y rencor con el pasado, con lo que se dejó atrás y a lo que el viaje no permite volver. Y es que “los trabajos y los días” que nos lanzan a una vida de maletas, también producen fantasmas pegajosos del pasado. No cito ni abundo sobre este aspecto, porque me parece que la manada en el poemario salda esa deuda/rencor de lo que se dejó atrás con un elemento muy poderoso que es la solidaridad con las mujeres, con las compañeras de viaje que, como la voz poética, también abandonaron un tipo de vida que a veces las acecha. Un tipo de feminismo subterránea el poemario y desencaja esa doble moral de género en la modernidad sobre la que podríamos extendernos, pero mejor se lo dejamos al lector.

déjala que encienda otro, no le preguntes del hielo, dale

fuego, dale luz, dale viento, que a veces el hálito de vida viene envuelto en humo, déjala que baile, que se pierda entre esos      hombros, que salte sobre una mesa, sí, déjala que baile, ayúdala a cansarse, espántale el insomnio, arrópala un poco, pero déjala, como una flor lunar abierta al frío, que suba, que baje, déjala que se pierda, pero pídele que vuelva, déjala que siga con su ritual de pestañas quemadas frente a la pantalla, y déjala que cante, y que se sirva otra copa, mientras pinta ángeles, como ella, tan caídos, ángeles cansados de cielo, y no le digas, no le grites, no le muerdas las ideas con tu calma, no le estrujes el vestido con consejos, no la jodas, loco, no la jodas, y déjala que sea la que siempre te desea, que se desgaste entre tus dedos como arena, como playa de bolsillo: pedacito de sol, ella, y déjala, que siga recogiendo pájaros muertos por la mañana, y que se queme los dedos si quiere, que escupa ceniza, déjala, si es linda, déjala que se embellezca, y que destruya todo lo que pueda, dale vidrio, dale porcelana, y déjala, que maneje como quiera, dentro de las líneas casi siempre, bordeando el camino que se inventa, déjala que sea mapa, que sea ruta, atajo, o barranco, si después de todo,

Ella siempre llega (19).

PS: No soy partidario de las reseñas con criterios valorativos, porque me parece que los valores no son fijos y se construyen según las perspectivas de las comunidades de lectores. Y además, siempre digo que las reseñas son el género de la generosidad. No obstante, por esta ocasión me tomo la licencia de decir que Margarita Pintado escribió un poemario extremadamente sofisticado y conmovedor, una verdadera delicia poética, y no puedo esperar a que salga el próximo.


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