sábado, 3 de septiembre de 2011

4555.- CÉSAR BISSO


César Bisso Santa Fe, Argentina 1952

Publicó Poemas del taller (Colmegna, Santa Fe, 1975); La agonía del silencio (Colmegna, Santa Fe, 1976); El límite de los días (Ediciones Lux, Santa Fe, 1986); El otro río (Calle Abajo, Buenos Aires, 1990); A pesar de nosotros (Correo Latino, Buenos Aires, 1991); Contramuros (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1996); Isla adentro (Ediciones Culturales Santafesinas, Santa Fe, 1999, premio José Pedroni); De lluvias y regresos (Ediciones Juglaría, Rosario, 2006). La Universidad Nacional del Litoral ha publicado en el 2005 Las trazas del agua -poesía escogida-, y la editorial Arquitrave (Bogotá, Colombia) editó al año siguiente una selección de poemas éditos e inéditos bajo el título de Coronda. Ha participado en varias antologías poéticas y libros colectivos. Colabora en diarios y revistas nacionales y extranjeros. Algunos de sus textos poéticos fueron traducidos al inglés y al italiano. Entre 1991 y 1995 fue coordinador de talleres de escritura en el Rectorado de la Universidad Tecnológica Nacional. En 1998 obtuvo el Premio de Poesía “José Pedroni”. Actualmente está radicado en la ciudad de Buenos Aires, ejerciendo la docencia en la Universidad de Buenos Aires. Como sociólogo es autor de ensayos publicados e inéditos en su especialidad.





La faena

Aquello de que huyes es el poema.
Aquello que te detiene y te espanta, es el poema.
Raúl Gustavo Aguirre



uno

Acorazado en voces que sangran
espero la tempestad.
Miro alrededor de la lámpara.
Cada rincón es un puñal erguido.
Leve aire permanece
sobre papeles desvelados.
Abandonado en medio de mí
intuyo el límite.
Pujo sobre la herida
y duelo en busca de luz.
La noche se desnuda,
tiembla
en el hueco del ansia.







dos

La casa hospeda el grito.
Entre sus paredes empañadas
desando viejos cuadernos
de escritura.
Nombres sin rostro
presagian el goce de no ser.
¿El olvido nos vuelve inocentes?
Sigo perplejo frente al pasado
donde aún existo.
Una foto borrosa cosquillea fugaz
los rasgos de la ausencia.
¿Eres tú, madre sin regreso?
Detengo el pulso de otro despertar.
Ensombrezco.
Desboca la luna contra mi ventana.







tres

Bajo el umbral del silencio
indago a puño firme.
Cada golpe de sombra
acecha desde adentro.
Cavilo en soledad.
Vuelvo a penetrarme
como una linterna ciega.
Resisto la pasión.







cuatro

Habito la ciudad sumergida
en cenizas de otro viento.
Recorro calles deshabitadas
narrando la historia al revés.
La muerte nace de repente.
Furia cautiva
en bolsones de plástico,
sexo iracundo
en zaguanes ennegrecidos,
labios furtivos
entre adoquines de humo.
Camino sin premura.
Celebro la lluvia.
Quizás el asesino borre
las huellas de mi mano.







cinco

El deseo venga la herida
de quien espera, ya perdido.
Lenguas esteparias
absorben la última gota.
Sólo sed para quien escribe.
Una voz penitente susurra
entre sordos postigos.
Perdura el asombro,
hórrido descenso al vacío.







seis

Toco el filo del ayer.
Otras vivencias añosas
espían el reverso de la culpa.
¿Dónde está el amante
convertido en villano?
¿Por qué extraviamos
aquel puñal en el cielo?
¿Quién conserva para mí
el beso del dolor?
Como una lápida hundida
sobre el sillón de mi madre
punzo en memoria errátil.







siete

Por hendiduras de tinta
estrepita el ocaso.
Abatida en mí,
ausente de luz interior,
la mano rechaza
cada instante
de un reloj sin aliento.
Epígrafe de hielo
escrito lentamente.
Sobre el pastizal azulado
naufraga el relámpago.
Dentro, un papel desnudo,
otra tempestad.







ocho

El grito es criatura del sueño.
Lo escucho andar
sobre cáscara de cemento
cruzando borrascas,
jardines, calles,
breves peldaños de vida.
Al caer los cerrojos
grita el río y arremolina
libros ocultos en ataúdes,
arrabales de hambre,
pájaros vulnerados
bajo una lluvia de óxido.
Sumergida en otro círculo
reside la palabra.
Abro el cuaderno,
aplaco la piel ajada.
Imagino sobre un muelle
mi cuerpo ensombrecido.
El agua roza el devenir
y la ciudad del mal enmudece.







nueve

¿Es hora de quitarme
esta ruinosa vestidura?
Invoco la corona del alba.
Mi casa desangra
al margen de la estepa.
El ansia expira
sobre una página turbia.
Donde zozobra la culpa
ahora ondula el misterio.
Regreso al hueco, sin nadie.







diez

¿Estuve aquí o nunca he sido?
¿Adónde vuela el sueño?
¿Es refugio la memoria?
Mi faena ha terminado.
Otra voz despierta.
El puñal aún esplende.
No hay dolor.
Luz surgente del poema
trasvasa la noche.





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