martes, 26 de abril de 2011

CLARICE LISPECTOR [3.751]


CLARICE LISPECTOR

Clarice Lispector (Chechelnyk, Ucrania 10 de diciembre de 1920 - Río de Janeiro, 9 de diciembre de 1977) fue una escritora brasileña.

Clarice Lispector es considerada una de las más importantes escritoras brasileñas del siglo XX. Pertenece a la tercera fase del modernismo, el de la generación del 45 brasileño. De difícil clasificación, ella misma definía su estilo como un "no-estilo". Aunque su especialidad ha sido el relato, dejó un legado importante en novelas, como La pasión según G.H. y La hora de la estrella, además de una producción menor en libros infantiles, poemas y pintura.

De origen judío, sus padres emigraron a Brasil, a la ciudad de Recife, Pernambuco, cuando Clarice contaba tan sólo con dos años de edad. A la edad de diez años, Clarice perdió a su madre. Escritora desde edad temprana, envió varios cuentos al Diario de Pernambuco, que rechazó su publicación en una sección de contribuciones infantiles porque, mientras las historias de los demás niños poseían algún tipo de narrativa, los textos de Clarice no describían más que sensaciones.

Una de sus primeras influencias fue el escritor paulista Monteiro Lobato, creador de un universo literario de tintes regionalistas. Sobre el libro El reinado de Narizinho, Clarice escribió:

Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí algunas líneas maravillosas, lo cerré de nuevo, me fui a pasear por la casa, lo postergué aún más yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. (en: Felicidad Clandestina, cuento)

Cuando tenía 14 años, se mudó a Río de Janeiro con su padre y una hermana. Allí, la muy joven Clarice empezó a leer libros de autores nacionales y extranjeros de más relevancia como Machado de Assis, Rachel de Queiroz, Eça de Queiroz, Jorge Amado y Dostoievski. Ingresó en la Facultad Nacional de Derecho en 1939 a la vez que escribía pequeñas contribuciones para periódicos y revistas de la época. A los 21 años logró publicar el libro Cerca del corazón salvaje, que había escrito a los 19. Este libro recibió el premio Graça Aranha para el mejor romance publicado en 1943.

Cursando la carrera de derecho conoció a su esposo, el diplomático Maury Gurgel Valente, con quien acompañaría a menudo de país en país, hasta la separación en 1959. Los constantes viajes fue uno de los conflictos de la vida de Clarice, quien seguía al marido dejando detrás familia y amigos. En su primer viaje a Europa, a Nápoles en 1944 durante la II Guerra mundial, Clarice Lispector confesaba “En realidad no sé escribir cartas de viajes, en realidad siquiera sé viajar.” Durante la guerra, prestó auxilio en hospitales a soldados brasileños heridos.

En un periodo de 5 años Clarice se trasladó repetidamente, yendo de Inglaterra a París y finalmente a Berna, donde tuvo su primer hijo, Paulo. Mientras vivía en estos países, profundamente nostálgica de Brasil, intercambiaba cartas casi a diario con el escritor y amigo Fernando Sabino que redactaba con la máquina de escribir sobre las rodillas para así poder sujetar a su hijo. En 1945 publicó su segunda novela, O lustre, escrita durante esta fase.

De vuelta a Río en 1949, Clarice Lispector retomó su actividad periodística, firmando con el seudónimo Tereza Quadros una columna en un periódico local. En septiembre de 1952 volvía a dejar Brasil, desplazándose con el marido a Washington, DC. En febrero de 1953 dio la luz a su segundo hijo, Pedro. En 1954 se publicó la primera traducción de un libro suyo: Cerca del Corazón Salvaje en francés, con portada de Henri Matisse. En la capital estadounidense vivió ocho años, desarrollando una gran amistad con el escritor brasileño Érico Veríssimo y su esposa Mafalda. Desde allí logró publicar cuentos en revistas brasileñas y mantuvo una gran actividad epistolar con el escritor Otto Lara Resende.

En 1959 rompió con su marido para regresar a Río de Janeiro, donde volvió a la actividad periodística, escribiendo artículos en los medios para conseguir el dinero necesario para independizarse. En 1960 publicó su primer libro de cuentos, Lazos de familia, con relativo éxito. En 1961 salió al público la novela La manzana en la oscuridad, más tarde convertida en obra de teatro. En 1963 publicó la que es considerada su obra-maestra, la novela La pasión según G.H., escrita en tan sólo algunos meses.

En la madrugada de 1966 la escritora durmió con un cigarrillo prendido, provocando un incendio que destruyó completamente su dormitorio. Con quemaduras en gran parte del cuerpo, pasó algunos meses en el hospital. Su mano derecha, muy afectada, casi tuvo que ser amputada por los médicos y jamás recuperó la movilidad de antes. El incidente repercutió profundamente en su estado de ánimo, y las cicatrices y marcas en el cuerpo le causaron frecuentes depresiones, a pesar del amparo de amigos. Entre el final de la década de 60 y principio de los años 70 publicó libros infantiles y algunas traducciones y adaptaciones de obras extranjeras, obteniendo un rampante reconocimiento e impartiendo charlas y conferencias en distintas universidades de Brasil.

Murió en Río de Janeiro el 9 de diciembre de 1977 a los 56 años, víctima de un cáncer de ovario, algunos meses después de publicarse su última novela La hora de la estrella.


Estilo

Clarice Lispector ha sido muchas veces comparada a sus contemporáneos Virginia Woolf y James Joyce por compartir el uso del flujo de conciencia, aunque Lispector no los hubiese leído todavía al publicarse sus primeras novelas, donde ya adoptaba la técnica. Clarice Lispector ha sido vinculada por algunos críticos y biógrafos a una literatura de fuerte carácter femenino y feminista, tratando siempre de temas intimistas y de profundo carácter psicológico.

Bibliografía

Perto do Coração Selvagem (Cerca del Corazón Salvaje)(1944)
O Lustre (1946)
A Cidade Sitiada (La ciudad sitiada) (1949)
Alguns Contos (1952)
Laços de Família (Lazos de Familia) (1960)
A Maçã no Escuro (La Manzana en la Oscuridad)(1961)
A Legião Estrangeira (La legión extranjera) (1964)
A Paixão segundo G.H. (La Pasión según G.H.) (1964)
O Mistério do Coelho Pensante (1967)
A mulher que matou os peixes (1968)
Uma Aprendizagem ou O Livro dos Prazeres Aprendizaje o El Libro de los Placeres)(1969)
Felicidade Clandestina (Felicidad Clandestina) (1971)
A imitação da rosa (La imitación de la rosa) (1973)
Água Viva (Agua Viva) (1973)
A Vida Íntima de Laura (1974)
A Via-crucis do Corpo (1974)
Onde estivestes de Noite (1974)
A hora da Estrela (La Hora de la Estrella)(1977)
Para não Esquecer (1978)
Quase de Verdade (1978)
Um Sopro de Vida (1978)
A Bela e a Fera (1979)
A Descoberta do Mundo (1984)
Como Nasceram as Estrelas (1987)
Cartas perto do Coração (2001) (cartas intercambiadas con Fernando Sabino)
Correspondências (2002)

Traducciones al Español

Cerca del corazón salvajeSiruela
Lazos De Familia. Trad. Haydée M. Jofre Barroso - Buenos Aires. Editorial Sudamericana, 1973. 157 p.
Silencio. Traducción y Prólogo de Cristina Peri Rossi - Barcelona. Grijalbo Mondadori, 1988. 174 p.
Felicidad Clandestina. Trad. Marcelo Cohen - Barcelona. Ediciones Grijalbo, 1988. 190 p.
Aprendizaje o El libro de los placeres. Trad. Cristina Sáenz De Tejada y Juan García Gayo - Madrid. Ediciones Siruela, 1994. 140 p.
Un soplo de vida (Pulsaciones). Trad. de Mario Merlino - Madrid, Siruela, 1999, 160 pp.
La hora de la estrella. Trad. Ana Poljak - Madrid. Ediciones Siruela, 2001. 81 p.
La Araña. Trad. Haydée M. Jofre Barroso - Buenos Aires, Ediciones Corregidor, 2003, 312p.
Revelación de un mundo. Trad. Amalia Sato - Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2004, 330p.
La manzana en la oscuridad Siruela"
La Pasión según G.H, Trad. Juan García Gayo-Monte Ávila Editores, Caracas, 1969, 217 p.



De Sólo para mujeres. Consejos, recetas y secretos. Ed. Siruela, 2006.
Traducción del portugués de Elena Losada


Apariencia: todo tiene remedio

¿Eres «moralmente» tan anticuada que consideras la vanidad femenina una frivolidad? Ya deberías saber que las mujeres quieren sentirse guapas para sentirse amadas. Y querer sentirse amada no es una frivolidad.
Si piensas que «has nacido» así y que no tiene remedio, ten la seguridad de que estás desistiendo de algo muy importante: de tu propia capacidad de atraer. ¿Quieres saber algo? La obesidad tiene remedio. El pelo sin vida tiene remedio. Una cara sin gracia tiene remedio. Todo tiene remedio.
¿La solución? La solución es no ser una mujer desanimada y triste. Y la otra solución es tener como objetivo ser «tú misma», pero más atractiva, y no alcanzar un tipo de belleza que nunca podría ser el tuyo.


Para no «parecer boba»

¿Nunca leíste de pequeña el cuento de una princesa muy guapa pero que –por la maldición de un hada malano podía abrir la boca sin que le saliesen sapos, lagartos y ratones?
Pues la manera moderna de que salgan «sapos y culebras» de la linda boca de una joven es decir muchas tonterías con los labios perfectamente maquillados. Pero esto no sucede por la maldición de un hada mala, sino por ignorancia, por falta de cultura. Una de esas «princesas» modernas, al escuchar una conversación sobre Hemingway, preguntó:
«¿Cuál es la última película que ha hecho?».
Leer es una costumbre que todo el mundo debería tener. No queremos decir con eso que todos lean «cosas difíciles».
Incluso una revista bien informada –y bien leída– puede ser una fuente de cultura que al menos evite «sapos y culebras».


¿Se puede amar sin admirar?

Se puede dar un amor natural, común. Se puede sentir pena por una persona o atracción física hacia ella y enga­ñarse pensando que esa reacción es amor. Pero para que exista el amor real es necesario admirar alguna cosa en él o en ella. Theodore Reik cree que el «amor sólo es posible cuando atribuyes un valor más alto al otro que a ti mismo, cuando ves en ella o en él una personalidad que, por lo menos en algún sentido, es superior a la tuya».


Fotografiamos para ti. La excéntrica

La vida no es cine, y es muy difícil «usar» la excentricidad.
La excentricidad es un deseo desesperado de agradar.
El instinto de las mujeres las avisa de «hasta dónde pueden llegar» en su deseo de agradar. ¿Has pensado alguna vez en el esfuerzo enorme que la excentricidad exige de una mujer?
Casi un esfuerzo físico para mantener algo antinatural.
Después de algunas horas se ve en el rostro de la excéntrica su enorme cansancio, sus ganas de volver a casa…
¿Qué es la excentricidad? De manera general, la exageración.
¿A los hombres les gusta el perfume? La excéntrica se baña en perfumes… ¿El escote es bonito? Ella entonces se desnuda. ¿Entrar con seguridad en una sala es elegante?
Entonces vamos a hacer una entrada teatral. ¿La naturalidad es agradable? Entonces vamos a fingir naturalidad confundiéndola con la vulgaridad. ¿A los hombres les gusta el «compañerismo»? Entonces vamos a beber como un hombre, a decir palabrotas y a demostrar que estamos por encima de esa cosa ridícula que es una mujer educada. La excentricidad es un esfuerzo que termina en tristeza.


Hora y tiempo para todo

¿Por qué hay mujeres que nunca se acuerdan de mirar el reloj cuando van a salir? Por eso es normal verlas, por la mañana temprano, camino de la oficina, ya cargadas de pinturas, joyas y perfumes, ostentando vistosos atuendos.
No notan el ridículo que hacen. Otras, exagerando lo que pretenden que sea su «sencillez», se presentan en cualquier lugar, en horario nocturno, a veces incluso en reuniones en casas particulares, con sandalias, faldas y blusas deportivas, cuando no con pantalones y los peinados menos indicados.
Una mujer elegante no hace esto. Para ésta el lugar y la hora son factores importantes para la tarea de «vestirse bien» y «presentarse bien». Tan importantes como la edad en relación con la moda, el maquillaje y el peinado.
Si no quieres ser objeto de críticas irónicas, de risitas, antes de empezar a arreglarte, antes de elegir el peinado y el vestido que vas a llevar, mírate primero a ti misma: «¿qué edad aparento?». Después tu tipo: «¿no estaré un poco gorda (o delgada) para llevar esto?». Después el reloj. Todo esto, claro, después de haber decidido si vas a un lugar donde se exige ropa deportiva o traje de vestir.



Quien mucho agrada, desagrada

Nunca he oído este proverbio, creo que acabo de inventarlo.
Pero vas a ver cómo este proverbio, inventado o no, se aplica a las personas que conoces: las que quieren agradar a cualquier precio. Entonces se vuelven «encantadoras».
Intentan adivinar los mínimos deseos de los otros.
Intentan elogiar de cualquier forma. Empiezan también a mostrar que se sacrifican a cada momento. Este tipo encantador pesa en el alma de los demás. En una palabra: desagrada.
Si se consigue ser uno mismo y estar a gusto, se permite a los otros ser ellos mismos y estar a gusto.


Los espejos del alma

Desde la más remota antigüedad, los ojos han servido de tema para poemas, ensayos, proverbios, leyendas, etcétera.
Los de Cleopatra (que se los maquillaba mucho, como las elegantes modernas) eran tan célebres como su nariz y deben de haber desempeñado también un papel importante en el cambio de destino de la humanidad.
La moda actual –insensata en tantos aspectos–, al menos por lo que se refiere a los ojos, demuestra haber comprendido su importancia para destacar la belleza de un rostro.
En efecto, nunca ha habido tanto refinamiento en el maquillaje de los ojos como ahora. Su forma es subrayada y alargada con trazos de lápiz; el rímel, que hasta hace bien poco tiempo se limitaba al negro y al marrón, hoy se encuentra en los más variados matices de verde, azul, violeta o gris, y un muestrario de sombras para ojos recuerda la paleta de un pintor abstracto.
Pero no sólo eso. Recientemente en París han salido sombras doradas y plateadas para la noche. Y Josephine Baker, la famosa cantante y bailarina «café au lait», ha lanzado la moda de pegarse sobre cada párpado una pequeña piedra preciosa. De esta manera, cualquiera que quiera tomarse esa molestia (un trabajo casi de orfebre) podrá exhibir una mirada refulgente...
En cuanto a las pestañas postizas, en otro tiempo usadas sólo por las actrices en el escenario o en la pantalla, su uso se está difundiendo cada vez más, incluso de día.
Para que los ojos sean bellos, no basta, sin embargo, que sean grandes, que tengan un color especial o que estén maquillados con cuidado. Es necesario que en ellos haya algo más. Porque, al ser «los espejos del alma», deben reflejar dulzura, comprensión, inteligencia.
En resumen, más importante que los ojos es la mirada.


El paraguas-sombrilla

Nuestras abuelas consideraban la sombrilla un elemento de coquetería. Además, nadie quería manchar con el sol una piel radiantemente blanca. Hoy preferimos el bronceado en verano, pero podemos usar la gracia de un paraguas decorado, estampado y alegre como una sombrilla. Sobre todo porque las lluvias de verano son lluvias alegres…



Quien no tiene rostro

Hay mujeres de quienes podríamos decir: no tienen rostro.
Realmente es así, pues su fisonomía está «sumergida» de tal manera, con rasgos indecisos y colores apagados, que recuerdan un cuadro sólo esbozado y nunca terminado.



Despierta un rostro apagado

¿Sabrías «crear», sobre un rostro apagado, tu verdaderorostro? ¿Despertar la expresión? ¿Subrayar los rasgos? ¿Dar sal y gracia a una fisonomía dormida?
¿Sabes, por ejemplo, encender en una mirada mortecina una leve llama de vivacidad?
Supongamos que eres rubia –o que, a pesar de ser castaña, tienes aquellos ojos medio apagados que a veces se ven en las rubias–. No es necesario abusar del maquillaje.
Primer trabajo: sombras, destinadas a definir, acentuar y subrayar (sin sobrecargar) la forma del párpado. Después: con trazos del lápiz apropiado subraya la línea de las pesta­ñas superiores y acentúa la línea inferior, a partir del centro del párpado en dirección al ángulo externo del ojo. Y, para acabar, rímel en las pestañas y lápiz en las cejas (para igualarlas y acentuar su forma).



¿A quién debes imitar?

Ésa es la cuestión: debes imitarte a ti misma. Es decir: tu trabajo es descubrir en tu propio rostro la mujer que serías si fueses más atractiva, más personal, más inconfundible.
Cuando «creas» tu rostro, teniéndote a ti misma como base, tu alegría es la de un descubrimiento, la de una revelación.



Estar ocupada

Si te sobra demasiado tiempo, hasta el punto de conocer una de las peores cosas de la vida –el tedio–, piensa en estas posibles ocupaciones:
–Explotar las aptitudes con las que has nacido o las que has adquirido y que podrían desarrollarse.
–Hacer de algunas de tus aptitudes un medio de trabajo regular, remunerado.
–Aplicar tu bondad a servir a cuantos la necesiten.
–En vez de comprar todas las cosas que tú o tu familia necesitáis, hazlas tú misma.



¿La casa propia aumenta la felicidad?

Tener una casa en propiedad, donde pueda hacer mejoras y cambiarla a su gusto, es el sueño de toda mujer. Con raras excepciones, una esposa preferirá una casa propia a un coche. Un hogar –si la casa es propia– aumenta la sensación de seguridad de una esposa y da al hombre una satisfacción muy parecida a la del deber cumplido ante su familia. Saber que los suyos tendrán un techo, que él les ha dado a costa de su sudor y de su sufrimiento, contribuye a reforzar el carácter ya formado de un hombre. Estrecha los lazos y naturalmente contribuye mucho a la felicidad completa de una pareja. Decimos contribuye, porque una casa por sí sola no da la felicidad a nadie, pero ayuda a encontrar o a reforzar la felicidad existente.
Aciertan las parejas que hacen sacrificios enormes para adquirir su casa, porque en la lucha en común y en las privaciones de pequeños placeres y alegrías, se encuentran maduros para la vida y más dispuestos a comprenderse mejor.



La carrera para «llegar a la hora»

La puntualidad es una costumbre que descansa. Si estás siempre corriendo para llegar a la hora, estarás en continuo estado de tensión.
Saber que llegas «a la hora» te dará una sensación de calma y de seguridad. Pero mira lo que sucede cuando de repente miras el reloj y descubres que llegarás muy tarde. El pequeñísimo shock hace que tenses los músculos. Quien llega siempre tarde, paga, sin saberlo, un precio: una constante, aunque leve, insatisfacción consigo misma.
Por no hablar del cansancio que da tanto correr «para apagar el fuego». Y sin hablar del aspecto jadeante y desagradable para los otros.
Y todo eso porque algunos minutos no te parecieron importantes y de repente te parecen importantísimos…



Poema

Mi vida no tiene más remedio
Estaré engañándome diciendo que
Todavía es posible el futuro que soñé
Tengo absoluta certeza que
Nada de lo que aprendí fue en vano
Siento dentro de mí que
Tener un sueño no significa nada
No podría decir jamás que
Mi futuro puede ser brillante
Siento cada vez más que
Ya no tengo esperanza
Y jamás volveré a mentir que
La vida es una gran fiesta
Hoy reconozco que es verdad que
Vivir es no dejarse llevar por la ilusión...



Silencio

Versión de Hilda Figueroa

Es inmenso el silencio de la noche en la montaña. Es tan yermo. En vano se intenta el esfuerzo para no escuchar, pensar aprisa para disfrazarlo. O inventar un plan, frágil punto que mal nos une al súbitamente improbable mañana. Cómo trascender esa paz que nos acecha. Tan gran silencio, que la desesperación tiene pudor. Montañas tan altas, que la angustia siente pudor. Los oídos se afinan, se inclina la cabeza, el cuerpo todo escucha: ni un solo rumor. Ni un gallo. Estar al alcance de esa profunda meditación del silencio. De ese silencio sin memoria de palabras. Si es muerte, cómo alcanzarte...

Es un silencio insomne, inmóvil, mas insomne; y sin fantasmas. Es terrible —Sin un solo fantasma. Inútil provocarlo con la posibilidad de una puerta que crujiente se abra, de un velo que al abrirse pronuncia alguna cosa. Él es vacío, sin promesa. Si al menos hubiese aire. Viento es ira, ira es vida. O nieve. Que es muda, mas deja rastro —todo blanquece, los niños ríen, los pasos crujen y marcan. Hay una continuidad que es vida. Mas este silencio no deja testimonio. No se puede hablar del silencio como de la nieve: ¿Sentiste el silencio de esta noche? Quien escuchó, calla.
    
La noche, desciende con las pequeñas alegrías de quien enciende lámparas con el cansancio que tanto justifica al día. Los niños de Berna dormitan, se cierran las últimas puertas. Brillan las calles en las piedras del suelo, brillan vacías. Y finalmente las luces más distantes se extinguen.
    
Mas este primer silencio aún no es el silencio. Que se espere, pues las hojas de los árboles van a acomodarse mejor todavía. Tal vez algún tardío paso, con esperanza se atreva por los peldaños.
    
Mas hay un momento en que se yergue el espíritu atento del cuerpo descansado, y de la tierra, la alta luna. Entonces él, el silencio, aparece.
    
Late el corazón al advertirlo.
    
Se puede pensar aprisa en el día que pasó. O en los amigos que pasaron y se perdieron para siempre. Mas es inútil desdeñarlo: hay silencio. Aún el peor sufrimiento, que es el de la amistad perdida, es apenas fuga. Pues si al comienzo, el silencio parece aguardar una respuesta —Cómo ansiamos ser llamados a responder— pronto se descubre que de ti, nada exige, apenas tal vez tu silencio. Cuántas horas se pierden en la oscuridad suponiendo que el silencio te sentencia —como esperamos en vano ser juzgados por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forjadas, humildes disculpas hasta la dignidad. Es tan delicado para el ser humano mostrar al fin su indignidad y ser perdonado con la disculpa de que se es un ser humillado de nacimiento.
    
Hasta que descubre que ni su indignidad quiere él. Él es el silencio. Se puede intentar también engañarlo. Dejar caer al suelo el libro de cabecera como por acaso. Mas, horror —El libro cae dentro del silencio y se pierde en él, en su abismal y muda pausa. ¿Y si cantara enloquecido un pájaro? Inútil esperanza. El canto cruzaría apenas el silencio, como una leve flauta.
    
Entonces, si hay osadía, no se lucha más. Se entra en él. Se va con él. Nosotros, los únicos fantasmas de una noche de Berna. Que se entre. Que no se espere el resto de la oscuridad delante de sí, sólo a él. Será como si estuviéramos en un navío tan descomunalmente grande que ignoráramos estar en una nave. Y que ésta navegara de tal modo que ignorásemos estarnos yendo. Un hombre no puede más que eso. Vivir en la orilla de la muerte y de las estrellas es vibración, pero más tensa de lo que las cuerdas de las venas podrían soportar. No hay siquiera un hijo de astro y de mujer como piadoso intermediario. El corazón tiene que presentarse solo frente a la nada y solo golpear alto en las tinieblas. Solo se siente en los oídos el propio corazón. Cuando éste se presenta al desnudo, no es comunicación, es sumisión, pues no fuimos hechos sino para el pequeño silencio.
    
Si no hay valor, que no se entre. Que se espere el resto de la oscuridad frente al silencio. Con sólo los pies mojados por la espuma de algo que se extiende dentro de nosotros. Que se espere. Uno indisoluble por el otro. Uno al lado del otro. Dos cosas que no se ven en la oscuridad. Que se espere. No el fin del silencio, sino el bendito auxilio de un tercer elemento, la luz del alba.
   
Después nunca más se olvida. Inútil huir a otra ciudad. Pues cuando menos se espera se le puede reconocer —de repente. Al cruzar una calle en medio de las bocinas de los coches. Entre una y otra carcajada fantasmagórica. Después de una palabra dicha. A veces en el mismo corazón de la palabra. Los oídos se asombran, la mirada se desorbita. Desde entonces es fantasma.







Siento ahora mismo el corazón latiendo desordenadamente dentro del pecho. Es una reivindicación porque en las últimas frases he estado pensando solamente en el nivel de mi superficie. Entonces las profundidades de la existencia se manifiestan para bañar y borrar las huellas del pensamiento. El mar borra las huellas de las olas en la arena. Oh Dios, qué feliz soy. Lo que estropea la felicidad es el miedo.Todavía tengo miedo. Pero el corazón late. El amor inexplicable hace que el corazón lata más de prisa. La única garantía es que he nacido. Tú eres una forma de ser yo y yo una forma de serte, éstos son los límites de mi posibilidad.Pero qué hacer si no te enterneces con mis defectos, mientras yo he amado los tuyos. Mi inocencia fue humillada por ti. No me amaste, eso sólo yo lo sé. Estuve sola. Sola de ti. Escribo para nadie y se está creando una improvisación que no existe. Me he despegado de mí.

de "Agua Viva"




Estuve sola todo un domingo. No telefoneé a nadie ni nadie me telefoneó. Estaba totalmente sola. Me quedé sentada en un sofá con el pensamiento libre. Pero en el transcurso de ese día, hasta la hora de dormir, tuve tres veces un súbito reconocimiento de mí misma y del mundo que me asombró y me hizo sumergir en profundidades oscuras de donde salí hacia una luz de oro. Era el encuentro del yo con el yo. La soledad es un lujo.

de "Un soplo de vida"




Más allá de la oreja existe un sonido, 
en el extremo de la mirada un aspecto, 
en las puntas de los dedos uno objeto: es allí adonde voy. 
En la punta del lápiz el trazo. 
Donde expira un pensamiento hay una idea, 
en el último suspiro de la alegría otra alegría, 
en la punta de la espada la magia: es allí adonde voy. 
En la punta del pie el salto. 
Parece la historia de alguien que fue y no volvió: 
es allí adonde voy. ¿O no voy? Voy, sí. 
Y vuelvo para ver cómo están las cosas. 
Si continúan mágicas. ¿Realidad? Yo os espero. 
Es allí adonde voy. En la punta de la palabra está la palabra. 
Quiero usar la palabra "tertulia", y no sé ni dónde ni cuándo. 
Al borde de la tertulia está la familia. 
Al borde de la familia estoy yo. 
A la orilla de mí estoy yo. 
Es hacia mí adonde voy. 
Y de mí salgo para ver. 
¿Ver qué? Ver lo que existe. 
Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. 
Mientras tanto, lo que hay es el sueño. Sueño fatídico. 
Pero después, después todo es real. 
Y el alma libre busca un rincón para acomodarse. 
Soy un yo que anuncia. 
No sé sobre qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. 
Yo soy nada. 
Después de muerta me agrandaré y me esparciré, 
y alguien dirá con amor mi nombre. 
Es hacia mi pobre nombre adonde voy. 
Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado 
y de los hijos. 
Ellos me responderán. 
Al fin tendré una respuesta. 
¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo amo tanto. 
Yo amo el amor. 
El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. 
Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. 
Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. 
En el extremo de mí estoy yo. 
Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, 
la que llora, la que se lamenta. 
Pero la que canta. La que dice palabras. 
¿Palabras al viento? 
Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo. 
Yo a la orilla del viento. 
La colina de los vientos aullantes me llama. 
Voy, bruja que soy. Y me transmuto. 
Oh, perro ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo?
Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente. 
¿Qué estoy diciendo? 
Estoy diciendo amor. 
Y cerca del amor estamos nosotros.



Ya grité cuando debía callar, ya callé cuando debía gritar

Ya escondí un amor con miedo de perderlo, ya perdí un amor por esconderlo.
Ya estuve en manos de alguien por miedo, ya tuve tanto miedo al punto de ni sentir mis manos.
Ya expulsé de mi vida a personas que amaba, ya me arrepentí por eso.
Ya pasé noches llorando hasta caer de sueño, ya me fui a dormir tan feliz al punto de no conseguir cerrar los ojos.
Ya creí en amores perfectos, ya descubrí que no existen.
Ya amé a personas que me decepcionaron, ya decepcioné a personas que me amaron.
Ya pasé horas frente al espejo intentando descubrir quién soy, ya tuve tanta certeza de mí al punto de querer desaparecer.
Ya mentí y me arrepentí después, ya dije la verdad y también me arrepentí.
Ya fingí no dar importancia a las personas que amaba, para más tarde llorar silenciosa en mi canto.
Ya sonreí llorando lágrimas de tristeza, ya lloré de tanto reír.
Ya creí en personas que no valían la pena, ya dejé de creer en las que realmente valían.
Ya tuve crisis de risa cuando no podía, ya quebré platos, copas y vasos de rabia.
Ya eché de menos a alguien pero nunca se lo dije.
Ya grité cuando debía callar, ya callé cuando debía gritar.
Muchas veces dejé de decir lo que siento para agradar a unos, otras veces dije lo que no pensaba para lastimar a otros.
Ya fingí ser lo que no soy para agradar a unos, ya fingí ser lo que no soy para desagradar a otros.
Ya conté chistes y más chistes sin gracia solo para ver a un amigo feliz.
Ya inventé historias con final feliz para dar esperanza a quien lo necesitaba.
Ya soñé demasiado, al punto de confundir con la realidad
Ya tuve miedo de la obscuridad, hoy en la obscuridad "me encuentro, me agacho, me quedo ahí".
Ya caí innumerables veces pensando que no me iba a levantar, ya me levanté innumerables veces pensando que no caería más.
Ya llamé a quien no quería sólo para no llamar a quien realmente quería.
Ya corrí tras un carro, porque se llevaba a quien yo amaba.
Ya llamé a mi madre en el miedo de la noche huyendo de una pesadilla, mas ella no apareció y la pesadilla fue aún mayor.
Ya llamé "amigo" a personas cercanas y descubrí que no lo eran, algunas personas nunca necesité llamarlas nada y siempre fueron y serán especiales para mí.
No me den fórmulas exactas, porque no espero acertar siempre.
No me muestren lo que esperan de mí, porque voy a seguir mi corazón.
No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual, porque sinceramente soy diferente.
No sé amar a medias, no sé vivir de mentiras, no sé volar con los pies en la tierra.
Soy siempre yo misma, mas ciertamente no seré la misma para SIEMPRE!
Gusto de los venenos más lentos, de las bebidas más amargas,
de las drogas más poderosas, de las ideas más locas,
de los pensamientos más complejos, de los sentimientos más fuertes
Tengo un apetito voraz y los delirios más locos.
Me puedes hasta empujar de un acantilado que yo voy a decir:
-¿Y qué? ¡AMO VOLAR




SOLIDÃO

Que minha solidão me sirva de companhia.
que eu tenha a coragem de me enfrentar.
que eu saiba ficar com o nada
e mesmo assim me sentir
como se estivesse plena de tudo.




NOSSA TRUCULÊNCIA

Quando penso na alegria voraz
com que comemos galinha ao molho pardo,
dou-me conta de nossa truculência.
Eu, que seria incapaz de matar uma galinha,
tanto gosto delas vivas
mexendo o pescoço feio
e procurando minhocas.
Deveríamos não comê-las e ao seu sangue?
Nunca.
Nós somos canibais,
é preciso não esquecer.
E respeitar a violência que temos.
E, quem sabe, não comêssemos a galinha ao molho pardo,
comeríamos gente com seu sangue.

Minha falta de coragem de matar uma galinha
e no entanto comê-la morta
me confunde, espanta-me,
mas aceito.
A nossa vida é truculenta:
nasce-se com sangue
e com sangue corta-se a união
que é o cordão umbilical.
E quantos morrem com sangue.
É preciso acreditar no sangue
como parte de nossa vida.
A truculência.
É amor também.




RIFA

Rifa-se um coração quase novo.
Um coração idealista.
Um coração como poucos.
Um coração à moda antiga.
Um coração moleque que insiste em pregar peças no seu usuário.
Rifa-se um coração que na realidade
está um pouco usado, meio calejado, muito machucado
e que teima em alimentar sonhos, e cultivar ilusões.
Um pouco inconseqüente
que nunca desiste de acreditar nas pessoas.
Um leviano e precipitado,
coração que acha que Tim Maia estava certo
quando escreveu... "não quero dinheiro,
eu quero amor sincero, é isso que eu espero...".
Um idealista...
Um verdadeiro sonhador...
Rifa-se um coração que nunca aprende.
Que não endurece,
e mantém sempre viva a esperança de ser feliz,
sendo simples e natural.
Um coração insensato que comanda o racional
sendo louco o suficiente para se apaixonar.
Um furioso suicida que vive procurando relações
e emoções verdadeiras.
Rifa-se um coração que insiste
em cometer sempre os mesmos erros.
Esse coração que erra, briga, se expõe.
Perde o juízo por completo em nome de causas e paixões.
Sai do sério e, às vezes revê suas posições
arrependido de palavras e gestos.
Este coração tantas vezes incompreendido.
Tantas vezes provocado. Tantas vezes impulsivo.
Rifa-se este desequilibrado emocional que,
abre sorrisos tão largos que quase dá pra engolir as orelhas,
mas que também arranca lágrimas e faz murchar o rosto.
Um coração para ser alugado,
ou mesmo utilizado por quem gosta de emoções fortes.
Um órgão abestado
indicado apenas para quem quer viver intensamente e,
contra indicado para os que apenas pretendem passar pela vida
matando o tempo, defendendo-se das emoções.
Rifa-se um coração tão inocente
que se mostra sem armaduras e deixa louco o seu usuário.
Um coração que quando parar de bater
ouvirá o seu usuário dizer para São Pedro na hora da prestação de contas:
" O Senhor poder conferir", eu fiz tudo certo,
só errei quando coloquei sentimento.
Só fiz bobagens e me dei mal
quando ouvi este louco coração de criança
que insiste em não endurecer e, se recusa a envelhecer".
Rifa-se um coração, ou mesmo troca-se por outro
que tenha um pouco mais de juízo.
Um órgão mais fiel ao seu usuário.
Um amigo do peito que não maltrate tanto o ser que o abriga.
Um coração que não seja tão inconseqüente.
Rifa-se um coração cego, surdo e mudo,
mas que incomoda um bocado.
Um verdadeiro caçador de aventuras que,
ainda não foi adotado, provavelmente,
por se recusar a cultivar ares selvagens ou racionais,
por não querer perder o estilo.
Oferece-se um coração vadio, sem raça, sem pedigree.
Um simples coração humano.
Um impulsivo membro de comportamento até meio ultrapassado.
Um modelo cheio de defeitos que,
mesmo estando fora do mercado,
faz questão de não se modernizar, mas vez por outra,
constrange o corpo que o domina.
Um velho coração que convence seu usuário
a publicar seus segredos e, a ter a petulância
de se aventurar como poeta.




SAUDADE

Saudade é um pouco como fome. 
Só passa quando se come a presença. 
Mas às vezes a saudade é tão profunda 
que a presença é pouco: 
quer-se absorver a outra pessoa toda. 
Essa vontade de um ser o outro 
para uma unificação inteira 
é um dos sentimentos mais urgentes 
que se tem na vida.




FILHA DA NATUREZA

Sou uma filha da natureza:
quero pegar, sentir, tocar, ser.
E tudo isso já faz parte de um todo,
de um mistério.
Sou uma só... Sou um ser.
E deixo que você seja. Isso lhe assusta?
Creio que sim. Mas vale a pena.
Mesmo que doa. Dói só no começo.




DÁ-ME A TUA MÃO

Dá-me a tua mão: 
Vou agora te contar 
como entrei no inexpressivo 
que sempre foi a minha busca cega e secreta. 

De como entrei 
naquilo que existe entre o número um e o número dois, 
de como vi a linha de mistério e fogo, 
e que é linha sub-reptícia. 

Entre duas notas de música existe uma nota, 
entre dois fatos existe um fato, 
entre dois grãos de areia por mais juntos que estejam 
existe um intervalo de espaço, 
existe um sentir que é entre o sentir 
- nos interstícios da matéria primordial 
está a linha de mistério e fogo 
que é a respiração do mundo, 
e a respiração contínua do mundo 
é aquilo que ouvimos 
e chamamos de silêncio.





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