domingo, 10 de abril de 2011

3693.- REBECA ETHEL BECERRA LANZA


Rebeca Ethel Becerra Lanza (poeta, narradora y ensayista) nació en Tegucigalpa, Honduras en el año de 1970. Licenciada en Letras con Orientación en Literatura. Realizó estudios de teatro en la Academia Nacional de Arte Dramático. En el año de 1992 recibió el Premio Único de Poesía Centroamericana “Hugo Lindo” en la ciudad de San Salvador, El Salvador. Ha sido antologada en: Antología Hondureña de Poesía Escrita por Mujeres “Honduras Mujer y Poesía” Licda. Ada Luz Pineda de Gálvez. Año 1998. Poetry by Contemporary Honduras Women Dra. Amanda Castro, New York, abril de 2002. LA HORA SIGUIENTE: poesía emergente de Honduras (1988-2004), Salvador Madrid. Memoria/Antología Jornadas para las Mujeres. Ixbalam Editores. 2005. Memoria/Antología del I Festival de Poesía de Granada, Nicaragua. Año 2006. “Literatura Hondureña”. Helen Umaña. Armar Editores, Guatemala, 2004.

Sus trabajos literarios (poesía, cuento y ensayo) han sido publicados en revistas nacionales y extranjeras. Dirige la Revista Ixbalam: estudios culturales y literatura. Actualmente reside en México, D. F.

Libros de poesía inéditos: Las palabras del aire prologado por Helen Umaña. Tiempo adentro y El fondo de las cosas.






Mientras el tiempo ronde el reloj

Percibo, el mundo se acumula en mis ojos
-Un mar acorralado por sus propias olas-
Percibo, el hombre avanza
-Sale del fuego y entra en la tierra;
sube el aire y anochece en el agua-
Percibo, debajo de mis ojos crece la vida
-Luna penetra mi boca-
Acércame espiga del espacio a otro espacio,
a otra órbita,
al paso del zumbido que habita la semilla.
Acércame a la hora exacta,
mientras el tiempo ronde el reloj.








Siluetas

Todos caminan apresurados
sin tiempo para las aceras
y los parques

No olvidan
porque no han vivido
pasan...
como un simple viento de muerte.








Sola a La mesa

No me gusta
sentarme sola a la mesa
no encuentro palabras para los cuchillos
si le digo al mantel que está elegante
miento:
no tengo manteles bonitos

Soy materia entre materia
y aún no me acostumbro
me da pena sentarme sobre una silla
saludar con ojos al tiempo
cuando ya se ha marchado
o caminar despacio por las calles
dejando a mis espaldas
el vaho silencioso de los perros

Lentamente cruzo a través de este tiempo
ocupando espacios que tal vez
no me pertenecen
arrebatando días que esperan sentados
en el umbral de una puerta
acumulando de esta tierra
el polvo que se levanta sobre las cabezas

Todo esto es una fiesta
donde no he sido invitada

Un ir y venir de soledades
donde el címbalo de mi cuerpo
golpea con su eco
este mar infinito.








El corazón en la tierra

Vuelvo a esconder
el corazón en la tierra
esta vez no quiero que nazca
déjenlo
que se alimente de piedras
que viva atado entre las raíces
que conozca la dureza de los metales
que sepa dónde nace el agua
y dónde se esconde su furia

Todos tenemos una parte oscura
necesito algo de infierno
en los ojos.









Distanciamiento

Hoy quiero descansar
bajo la sombra de un almendro
pero los que conozco
están derramando lágrimas
y no me gustan las sombras tristes
tal vez los hombres tristes
tal vez las mujeres tristes

Hoy mi ser no tiene territorio
vivo en un paraíso de metales
no hay dioses
no hay hombres
sólo mi pensamiento sin frontera
nadie puede llegar si no es por mi camino
nadie puede tocarme si no me ha tocado antes.









Tal vez

Tal vez
los puentes nos conduzcan
hacia otra orilla
hace falta un árbol
para descansar en este camino

Hablo de los pies
que merecen lavarse
en un claro río.









El color de la madera

Llego
Encuentro las sombras
aferradas a las cosas desesperadamente
hurgando su centro
su esencia
queriendo arrancarles
lo que no llevan adentro

-Ya no determino
cual es el principio y el final
de cada una-

Desaparece
la última vocal de nuestros poros


El último grito

La última palabra

El último dolor de hombre
queda sumergido
en el hermoso color de la madera







Yo sabía que dios era bueno
por eso lo tomé de las manos
y lo llevé de paseo
Le enseñé las montañas
las piedras
y los ríos

Bajo la impenetrable sombra del mediodía
descansamos

El día avanzaba con pies de paloma

Luego partimos hacia las ciudades
conoció las sillas
las camas
la mesa vacía
las ventanas

Entonces
me peguntó por el hombre
yo callé
lo invité a morir









Hace falta

Cierro la puerta
la casa se amará en silencio
A cada paso el sol me aguarda
bajo mis pies no puede tocarme
Voy naciendo
palpo el polvo de mi cuerpo
cavo surcos con mis dedos
el hombre aún no me conoce
no se conoce
no es tiempo
Hace falta llegar al mar
y despedirse
traspasar
dejar huella
volver a cavar surcos
hacer un hueco para que crezca un ojo
que observe el otro lado de la vida.











También la muerte

También la muerte
se convierte en rutina
limpiamos el cuchillo
lo volvemos a ensuciar

Hora tras hora cae
en cada esquina
un hombre
una mujer
un niño
un viejo
uno que otro árbol


La sangre es como el amor
busca un hueco
en donde anidar.









Ojos como ventanas

Veo tantas cosas
las cosas me ven a mí
nos ven a todos
y todos nos vemos
como cosas y nos olvidamos

Nos olvidamos de ser hombres
convidarnos a caminar
en silencio
a despedirnos de los crepúsculos

Ya nadie me invita a su casa

Nadie siente el miedo de otros ojos
y desea tocar
lo que ha tocado mi boca

Nos parecemos
tanto el uno con el otro
que cuando ando
ya no sé
si las casas tienen ojos
o los hombres tienen ventanas.









Hacía la nada

Los hombres avanzan
las cosas penetran por sus zapatos
salen por sus ojos
como espadas
como mujeres que no regresan nunca
El brillo de su piel es un muslo
es una pierna
es un pecho que se derrama y cae en su boca
mientras un niño llora
Los días que los esperan son iguales
salir y entrar
saludar y despedirse
definir su existencia
redondear la vida con el trabajo
esperar que la ciudad crezca
y rondar por siempre

Polvo que se lleva el viento.







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