miércoles, 20 de abril de 2011

3724.- ALBERTO FRITZ

ALBERTO FRITZ
Nació en 1962 en Viedma (Rio Negro) Argentina, donde reside. Ha publicado "Animal Sumergido" (1989) y "Los Juegos Menores" (1996). Editó el periódico mural "Cavernícolas" (1989 a 1994). Dirige desde 1997 el periódico cultural "El Río Invisible". Co-dirigió la revista digital Revuelto Magallanes junto a Cristian Aliaga. Docente, coordina talleres de escritura. Tiene inéditos los libros: "Los contornos rebeldes"; "La Construcción del País" y "Poema-prefacio para una novela". Su obra ha sido incluida en distintas antologías y publicaciones, como Poesía/Río Negro (volumen I), compilación de Raúl Artola; Fondo Editorial Rionegrino, Viedma, 2007.


ANIMAL SUMERGIDO / POEMAS


Las primeras voces

Entre la náusea de mi padre y el viento
sucedían las mañanas
siempre así
durante veinte años:
Aquél del nacimiento y éste
donde flota un respeto secreto
que dicta: Llora por tus muertos.

Entonces todo pasa en el vacío,
hasta el delicado gesto con que dejo ir estas líneas,
allí donde la madre pese a la ausencia
acomoda su frente nupcial.

Entre la dicha y la oscura explicación
pavo real, el vacío.

Que esta mano de prisa, dedique su tiempo a recordar,
no significa que haya unido eso invisible.

Viene la noche y afuera pasan cosas:
¿movimientos reales,
sopor sus sueños?

Ya desde la niñez sucedían, siempre así:
manos, figuras flotantes, caras.

Fantasmas de un mundo sin palabras,
atadas al tiempo de su silencio.








Pictórico

De todas mis maneras de estar,
la primera
(pictórica por supuesto)
se realiza en el desierto.
Después,
miniatura de un siglo envuelto
en su nostalgia,
paseo las perras palabras
sin otro deseo que el de escuchar
la escritura de los meses.
En la opinión de los demás
no florezco más que lo que un loco puede florecer,
desterrado hasta de su boca.
Pese a esto,
camino de la mano de la sombra de mi muchacha
hasta cumplir la ilusión.
Las palabras,
siempre se publican solas.









Animal sumergido

A estas horas un animal vagabundo
sumerge en el pincel su instinto,
y deja aparecer figuras de un azul riguroso:
Fantasmas que te abrigarán y vivirán
desde su más tierna infancia.
Será imposible precisar
si en otro lado de esta ciudad inventada,
luces iluminan destinos parecidos o caras
que al borde de los espejismos se sueñan.
He llegado y preguntado
(pero quién puede responder al intruso
que ha violado su propia intimidad)
¿Dónde queda el porvenir?
Y veo en tornasol imágenes desprendidas de su afán,
objetos que adheridos al silencio
claman por sus posturas.
En este instante madre y padre se llaman,
entregan sus desiertos.
En lazos hablan del hijo,
postración futura.










El azar

Aquí
al azar,
eres tú mismo:
sombra entre las sombras,
agua de la noche.

Y casi al borde bocas o
palomas pintadas.
Y este caer de flores,
este llamado a la puerta.
Trama peligrosa que sobre los cuerpos
inventa su máscara,
desde su centro
copia la vida.
Vacío, la eternidad,
para irse.











FRAGMENTOS DE UN DIARIO DE MAR / POEMAS


La canción del mar

El mar
La triste sombra del lobo
A la vanguardia el arco y de la roca
El mar
Con el león en venas
Se regresa
Para interpretar al ser ajeno
Que atrasa el centro de la vida
La mesa en medio de las olas
La madre ajustando los pómulos
El mar
Lágrimas de un dios caído y remolino
Tu costumbre Tiamat
Y no existe atrevimiento al decir
Mi lágrima culebra mi credo
Los pies desnudos como naves
Antes que entiendas
El mar es una lágrima
Antes que ames y te destruya el corazón
El mar es una lágrima
Y del remolino a la costumbre
La vértebra es una lágrima
Que lloran tus ojos.






Arpía

Toda la poesía la noche
la sirena con la boca cerrada
esta transición de bebedor a hombre sentado
toda la noche el fuego
monstruo altivo que descansa entre solapas que nunca tuvo
siéntate o ronda el vino
toda la poesía

hay una mujer demasiado histérica para el verso

no recuerdo
toda la poesía
la noche incendiada como una puta
todo el ser
en la línea perseguida
el número esquivo de la rebelión
revolución a puertas abiertas
la saliva de los pobres
esa clara e inmensa turbina que lanza estelas
y convierte a los hombres en estatuas y mitos

toda la poesía la noche
los almanaques del recogimiento
las ventanas con duraciones interminables
donde vienen a morir
una a una
las brújulas.








Trazos I

Este trazo
Que acompaña la noche.
Pájaro en el aire
Tramo tu boca y quedo ala.








Trazos III

Está claro que para morir no necesitamos
de nadie.

Y cuánto dolor en nadie.

¿Y a quién beber de miedo, la frente, la voz,
el mar asesinado de los días?

Queda claro que para morir, tampoco alcanzan los recuerdos.









Ocre

Es cierto el olor de las tardes
El ocre
Cierto el sentimiento
Este consuelo que provoca el tacto.
Fatal y cierto
El latido los días el amor
Fatal y cierto lo que murmuro.
Lo demás,
Lo innumerable.









Los juegos menores

a jugar como niños
los mares
apretemos como locos
las bujías de la casa
escondrijos de agua
cetonia en carnes por donde corre tinta
un simulado aguacero de palabras bonitas
verticales
elocuentes
pero prestadas
todas prestadas.

(De Los juegos menores)









Como un cometa

De hecho estos días resuelven algo:
no corregir más.
Lo que se escriba permanecerá entre los restos
de miles de páginas, bajo una lluvia de cenizas,
en el corazón de las tinieblas.
Y así es como debe ser.
Seguir la estela del silencio como un cometa
que no sabiendo su trayecto lo cumple.
La precisión de un clásico del hambre.
Un hombrecito circunspecto,
aterrado ante el lenguaje,
que busca en el poema
algo que se le dijo en voz baja,
y no entendió, pero insiste.








Los hechos

Tres días en una casa frente al mar
para finalmente aprehender
un conocimiento rancio de lo visible.
Golpearon a la puerta para decirme
que detrás de la casa, en el tunal,
la luz había variado infinitas veces
desde el amanecer, y que las olas del océano
jamás responderían a lo buscado.
Este es el caso, que todo ocurra a tus espaldas,
que tengas que usar el beneficio de largos paseos
para hallar lo vaciado, que mientras eso ocurre
todo suceda atrás, en el tunal.
Y que gire el lenguaje como una cámara
en manos de un director desesperado
en busca del hecho, y con el caer
del último haz de luz, estas líneas,
los títulos impresos.









Como los árboles

Somos como árboles devastados.
Pero nuestra obra no culmina
en la página impresa, donde un ojo
inquiere sobre el sentido del mundo.
Volátiles páginas, ecuación profana
de silencio apenas cuantificado.
Acogerse a los beneficios de la duda
desde el fuego al cuarzo líquido,
parece ser la ofrenda.
Una sutilidad,
que en nada ayuda a la ceguera.

(De Ecología del amor)







I

Llegué al mar
hacia los treinta años.
Quería saber
(necesitaba saber),
de mí.
Hasta ese momento
mi cabeza se desdecía,
obedecía a este retrato:
tres lunas de aire y un animal
poco dispuesto al azar.



VII

Habitantes del mar,
inmovilizan sus semejanzas
hacia el anochecer,
ante un vaso de vino
y una rodaja de pan.
Se extrañan de los silbidos del tero
y de los movimientos de las garzas,
adhiriendo todavía,
a los colores de la tierra.



VIII

Callar.
No existe mejor método
para conocer cada
palmo de esta tierra.

Y comprender
que el amanecer
es tan sólo
el claro espacio
en el que transcurren
los pájaros.



IX

Lo que conmueve
todo
con el tiempo
se vuelve amarillo

pedir prestadas
ciertas palabras
es tomar de otra visión
el gozo

ciertas palabras
y la puerta
se abre

ciertas palabras
y asciende la tierra al cielo

sin embargo
lo que conmueve
todo
con el tiempo
se vuelve amarillo.



XIX

Un rayo de luz en la luz.
Espíritu temblando materia.


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