lunes, 30 de septiembre de 2013

ANY CARMONA [10.594]



Any Carmona 

Poeta, ensayista y novelista argentina
Ana Alejandra Carmona es Profesora y Licenciada en Historia recibida en la Universidad Católica de Salta y en la Universidad Nacional del Sur. Comenzó su carrera de docente en el pequeño pueblo de Sierra Grande en la provincia de Río Negro donde enseñó Historia y Educación Cívica en todos los colegios secundarios y desarrolló dos programas radiales de corte cultural, en la radio local.
Trasladada a la ciudad de Salta en el año 1992, trabajó en la Universidad Católica como Asesora y en la Universidad Nacional de Salta como Profesora e investigadora de la cátedra Historia de la Educación. También ejerció la docencia a nivel secundario y terciario e inició su nueva carrera en Periodismo. 
Publicó numerosos artículos en revistas locales y en dos periódicos de la provincia. Continuando con su amor por la radio, realizó el programa radial “Vivir Mejor” en FM Pacífico. 
En 2007 se trasladó a la ciudad de Buenos Aires donde hoy reside y desarrolla su labor cultural y literaria: Participa de varias asociaciones del arte y la cultura como SADE (Sociedad Argentina de Escritores), APOA (Asociación de Poetas de la Argentina) y FACRA (Federación del Arte y la Cultura de la República Argentina) 
Es miembro de la Sociedad Argentina de Historiadores de la Patagonia, Río Negro, Argentina, integrante de la planta permanente del CEFAP: Centro de Formación y Actualización Profesional de Salta y miembro de la Sociedad Argentina de Historia de la Educación, Luján, Provincia de Bs. As. 

Sus libros publicados son: 
1. Sierra Grande, breve historia de un pueblo patagónico. Editora Flash, Sierra Grande, Río Negro, 1991. 
2. La Escuela en Salta: Cambios y Permanencias. Colaboradora. En: Proyecto APPEAL (Alternativas Pedagógicas y Prospectiva Educativa en América Latina), Buenos Aires, Galerna, 2001. 
3. Luz de soledad (Poesías y cuentos cortos), Editorial Dunken, Buenos Aires, 2009. 
4. La mujer argentina desde fines del siglo XIX hasta principios del XX. En: Antología de Ensayos “Bicentenerio de la Patria”, Editorial de las Tres Lagunas, Junín, Buenos Aires, 2010. 
5. Mujeres Fieras (Historias de género), Editorial Emooby, www.amazon.com, 2011. 
6. Neruda y yo, Mesa Editorial, Buenos Aires, 2011. 
7. Impulso. Poemas sensuales a la hora del té, Editorial Prosa, Buenos Aires, 2013.

Fue galardonada con diversos premios literarios: 
3º Premio en Poesía Concurso SADE/2007 por su obra Aleteo
Mención de Honor en Relatos de viajero en Certamen Literario Metrovías/2008 por su obra Casi una sueca en Europa.
Mención de Honor en Poesía en certamen Junín-País/2009 por su obra Sed
2º Premio en Ensayo corto en Certamen Junín-País/2010 por su obra La mujer Argentina desde fines de siglo XIX a principios del XX.
Mención de Honor en Poesía Concurso SADE/2011 por su obra Navegante.
Mención de Honor en Narrativa en Certamen Mis escritos/2012 por su obra Tristeza bajo la lluvia.
2º Premio en Novela corta en Certamen Mis Escritos /2013 por su obra El último regreso.
Participó además, en varias Antologías. 
Actualmente ejerce el periodismo a través del Periódico cultural, cuentario y poemario La Cruda Verdad del Alma. Coordina el grupo virtual Poetas Inolvidables (en blogspot y en Comunidad de Google y desarrolla el Taller Literario ASOMBRO (presencial y online).

WEBS DE ANY CARMONA, SUS LIBROS Y COMO COMPRARLOS:

www.desdemiplexo.blogspot.com


www.poesiainolvidable.blogspot.com


SELECCCIÓN DE POEMAS  DE 
ANY CARMONA


MARIPOSA DE LUZ

Algunos días,
como hoy,
me despierto llena de grises,
sin color alguno sobre las cosas.
El cielo encapotado y oscuro,
está cargado de nubes.
Mi cara no tiene esos destellos de vida
que centellean en el espejo.
Las violetas del cantero
están levemente inclinadas
como pidiendo disculpas.
El mate no espuma borboteante,
ni la bombilla chistea su sonrisa.
Y la radio,
en mañanas como estas,
no da noticias buenas
ni entrevistas rutilantes.
Sino esa música metálica
que me crispa aún más la piel.
Es entonces cuando busco
mi mariposa de luz.
Bajo el agua tibia,
en la dulce taza,
en la hoja en blanco.
Pero no la encuentro.
Luego me siento
en el umbral de mis poros
a esperar que llegue.
Con los ojos muy abiertos
y el corazón en paz.
Ella siempre llega despacio,
aleteando sobre mi frente
e iluminando mi nariz.
¡Mariposa de luz,
todo lo enciendes!





EL VIENTO Y LA BAILARINA

Danzaron por los tejados
en puntas de pie,
como dos sombras nocturnas,
el viento y la bailarina.
 El viento la amarró de una nube,
la soltó a su destino
en la tarde urbana.

Por los tejados rodaron
como náufragos sedientos.
 Ella fue el agua y él el madero
en un baile pendular
de ausencia y cuerpo.
Latiendo al unísono
entre mundos paralelos.

¡Oh, la otredad ardiente!
¡Oh, los deshojados pechos!
¿Cuándo se encenderá  la luna
en otra tarde atardeciendo?

Escurran las briznas de arena
sus movimientos ágiles…
Para que sea el aire un remolino
y la bailarina,
su hoja al viento.




EL ÁNGEL NEGRO

Las manos tibias
de un ángel negro
apretaron con sus caricias,
las blanduras de mi cuello.
Sus plumas tenues
rozaron apenas
perceptibles,
los orificios de mi nariz.
Su cálido aliento
sopló en mi oído
hasta irrumpir
mi sueño.

Hoy el ángel se posó
sobre la curvatura
de mi hombro izquierdo
y no desea irse.





POESÍA PINTADA

¿Por qué, por quién
o por qué ahora,
te he perdido?
Tal vez te he dejado
en algún renglón olvidada
y sea yo la culpable.
¿O tú huiste de mí,
 mi palabra?

En tu lugar  está el lápiz,
los colores y formas
acariciadas.
La línea precisa
que me halló desnuda.
Ella dibuja sus sonrisas
y la mía propia
a esta hora del alba.

De pronto una carbonilla
hace brotar del blanco
la poesía pintada.
Como si un don oculto
me habitara
y cual ovillo esperando
ser desatado,
se desplegara desde mis dedos,
la imagen encontrada

¿Pero dónde estás tú?
Te busco, te deseo,
te necesito, mi palabra.
Entre el azul metafórico
de los sueños
 y las caricias tenues
de la aguada.

Tal vez sean las acuarelas
como sensuales velos transparentes,
las aperturas que hoy
desatan mi sentir en vuelo.
Sombreados indelebles
que diluyen tus pasiones,
tu drama,
tus dolores.

Y mi verbo en suspenso,
plasmado en el plano,
tal vez sea un canto de superficie
en búsqueda del ser,
en espera de ser hallada.

No lo se, palabra amada
pero sin duda es a ti
a quien hace el amor
mi alma.





PRISIONERA

No queda nada
de nuestro amor.
Solo el hilo del discurso
hecho hilachas
sobre la cama,
campo devastado.
Y mi ojo clavado
en tu rastro,
epílogo fatal en retirada.
Estoy sola,
soy como el punto final,
la última huella,
lo que quedó
después de la batalla.
Prisionera,
te pertenezco,
hasta el tratado de paz
o la amnistía.   





ELLOS Y YO

Ellos buscan cielo
yo ofrezco camino.
Ellos buscan razón
yo ofrezco luz.
Ellos buscan sexo
yo ofrezco pasión.
Ellos buscan pequeñez
yo ofrezco vuelo.
Ellos buscan ángel
yo ofrezco belleza.
Ellos buscan juventud
yo ofrezco adolescencia.
Ellos buscan miel
yo ofrezco sal.
Ellos buscan femineidad
yo ofrezco humanidad.
Ellos,
yo.
¿Alguna vez
podremos encontrarnos?





SIN REMEDOS

No moriré  por ti
en el umbral de ninguna iglesia
ni contigo por tus banderas.
No sucumbirá mi alma a tus urgencias.

No pasará el viento a  mi lado
sin que lo oiga
ni dejaré de sentir el agua por mi cuerpo
en la cascada,
detrás de cada gota.

No te seguiré.
No me postraré más que a los deseos
ancestrales de mi historia
más  seré una hembra derrotada
cuando el instinto me postre a tus pies.

No lloraré si no me amas
pero te llenaré de lágrimas secas
para que me conozcas.
Ni dejaré de renacer
con la mirada rota,
cada vez que tú te vayas.

No copiaré de nadie las ideas
ni  me avergonzaré de mi decir
sin remedos,
con sal en la boca.
No miraré la vergüenza de las otras
ni la saliva de los que desean someterme.

No haré por ti lo que no hagas por mí.
Por eso, si caminas conmigo
y no delante de mí,
cuida mi frágil corazón
para que no se rompa.





AGUJEROS NEGROS

Te quedaste mirando la luz,
toda ojos y corazón,
toda imagen.
No sentiste llegar la primavera,
no escuchaste el trinar
de la mañana.
Sólo la pantalla
y con ella, tus latidos,
tu pequeñez.
En el sitio
de los túneles
y las redes.
(Soledades compartidas/
Agujeros negros/
Abstracciones)
De voces contenidas
y miembros castrados.
Mientras a tu lado
se marchitaron los claveles,
se distorsionó el cielo y las horas
te fagocitaron.
Pero te escapaste igual
aunque no sabes adónde
ni con quién.
Solo sentiste su amor,
desde el espacio infinito,
inconmensurable.





SUBLIMAR

Aquella herida intensa, negra
como la daga de mi propio ángel de la guarda
clavada en mi pecho izquierdo,
la convertí en paloma, 
la hice de mazapán,
le puse alas para que partiera
hacia misiones secretas.

Aquella pasión de Peter Pan
envuelta en juegos de mariposas
que perdí entre los bosques del desconsuelo,
la envié a la luna brillante
besándole en sus mejillas
toda la ternura de aquellos amantes.
Quería tenerla en mi hueco
para que no me falte.

Y esa tormenta  triangular 
que me devastó la juventud 
hasta purificarme,
La transformé en obra prima
para no olvidar nunca.
Nunca dejar de saberla mía 
por llevarla entre mis células
hasta desangrarme.

Más toda la serenidad de la poesía,
todas las hojas otoñales
y las lágrimas escritas.
Todo aquel bordado de palabras
pegado a mi espalda adolorida,
¿dónde fue?
¿Estará esperando junto a mi cielo
para ser sublimado 
por mis caricias?




MUJER DE ARENA

Copito, grano, terrón, brizna, punto.
Eso soy. Nadie.
Tal vez una pieza del engranaje.
Alguien parecida a una hormiga.
¿Una miga?
¿Un soplido?
¿Una gota que baila en la lluvia?

Quise amasar un castillo,
lo quise de piedra
pero lo esculpí en arena.
Arena que la brisa mece.
Fue como un espejismo,
una nada entre quimeras.

La arena besa rauda,
el tiempo de las cerezas.
Es el ave migratoria,
es la caricia de céfiro.
Y mi vida va tras ellos.

Mujer de arena
que se esfuma, pasa, vuela.
Pero mi alma no,
mi alma quedará,
a pesar de los relojes
y las olas,
grabada en piedra. 





LLUVIA DE ROSAS

Me asomo  al balcón y allí están:
Multitud de rosas rosadas, amarillas y liláseas,
en guirnaldas de ramilletes,
cayendo por mi ventanal abierto.
Llueven hortensias azuladas
y margaritas blancas del cielo.
Son capullos de primavera
que les dan calma a mis sueños
mientras su aroma salvaje
aprisiono en esencias del huerto.
¿Dónde están las amapolas
y los lirios del lejano campo?
¿Dónde las mariposas lunares
susurrando sus aleteos?
¿Y las lavandas envueltas
en rocíos de azahares añejos?
Todas vinieron a mí
para llenar una cesta
que cubierta de tules y moños
encerró escondidos,
los besos.
Secretos de amor futuro,
regalos de cosechas plenas,
perfumes de íntimos deseos.





domingo, 29 de septiembre de 2013

KADYA MOLODOWSKY [10.593]


Kadya Molodowsky

(Bereza Kartuska, Rusia Blanca [ßielorrusia], 1894-Filadelfia, Pensilvania, 1974) fue una poeta y escritora judía. En 1935 emigró a Estados Unidos.


Ya no tenemos sangre
para ofrecernos en sacrificio,
Nuestra casa se convirtió en desierto.
Ya no alcanza la tierra para nuestras tumbas.

Kadya Molodowsky




Dios misericordioso

Dios misericordioso,
escoge a otras personas,
elige a otros más.
Nos encontramos cansados de la muerte y de morir.
Ya se nos terminaron las plegarias.
Escoge a otras personas,
elige a otros más.
Ya no tenemos sangre
para ofrecernos en sacrificio.
Nuestra casa se convirtió en desierto.
Ya no alcanza la tierra para nuestras tumbas.
No más lamentación para nosotros,
no más endechas
en los libros antiguos y sagrados.

Dios misericordioso,
santifica otro país,
otra montaña.
Hemos regado todos los campos y las piedras
con ceniza, con sagrada ceniza.
Con ancianos,
con jóvenes
y con recién nacidos, pagamos
cada letra de tus Diez Mandamientos.

Dios misericordioso,
alza tu fiera frente
y mira a las personas de este mundo;
dales las profecías, los Días del Temor.
Cada lengua balbuce Tu palabra.
Enséñales los hechos milagrosos
y los caminos de la tentación.

Dios misericordioso,
danos prendas sencillas
de pastores que están con sus ovejas,
de herreros que trabajan con martillos,
de lavanderas y desolladores,
y hasta de alguien inferior, incluso.
Y haznos un favor:
Dios misericordioso,
despójanos del genio y su Divina Presencia. ~

[Versión de Hernán Bravo Varela}







Translated by Kathryn Hellerstein


Brownsville 

Prelude 

Take, begging your pardon, all the instruments,
Perk up the ear, the eye,
Take the lovely, old fife
And the resounding drum,
The huge bass drum with its thunder,
The barrel organ with a creak,
Brownsville comes across—first number,
In a torn kaftan,
With a little lipstick on the lips.
The young tap their heels—
Tip-drip! Tip-drip! Tip-chop!
And even the dogs across the street
Wag their tails to the beat.
So grab the slender flute,
And summon the lively young klezmer,
Let there be a prelude for the Nation of Brownsville,
And let him tell us what he has seen.




Sabbath Arrives in Brownsville 

Chopping knives knock out an old, old melody
From Berditshev, from Berezne, from Demir,
And the radio sings: “Oh come already, my sweet life,
Your true Tsipele awaits you, dear.”

The card tables stand, festive and holy,
Candles are already lit, the floors waxed,
Lips rouged, and Brownsville sparkles,
And the Sabbath Queen comes in velvet slacks. 

“Ah, Lekho dodi likras kale,” 
An old man sings with a sorrowful beard,
“Forgive, my children profane the Sabbath,
And sorrow lies upon the whole wide world”

Oh, Lekho dodi likras kale,
Come on tiptoes, your path is narrow,
I wait for you, luminous, holy bride,
For the last, for the very last time.”

The young folks near the candy store
In honor of the Sabbath all “campaign.” 
They sing loudly, with pure voices, 
“Oy, bay mir bistu sheyn, Oh, let me explain…” 

And the Sabbath Queen comes to them, young,
On high heels, like a cedar tree,
And sways with them near the candy store
And sings with them, “Oh, let me explain.”

The “Anshey Tsedek”— Jewish shopkeepers, no evil eye—
Delight in their own sound—cantorial singers—
And the Sabbath Queen floats above Brownsville,
Smiling quietly through outspread fingers.

The market is quiet, the uproar has fled,
The Jew with his hoarse voice has vanished, 
And the wheeled pushcart has hidden away 
In the clefts of the rocks,
In the stony cracks.

The boxes are veiled and covered,
A holy, mute city,
A dream descends, overspreads everything,
And Brownsville reflects upon God.

And Queen Sabbath shines into the windows:
—“Where are you, Elinor?”
In the candy story, jazz plays and laughs,
—Where are you, Elinor?
I'm floating here now, 
And Brownsville is fragrant with lilac.

The young boys tap their heels,
Joy shines in the hair of young girls,
—Where are you, Elinor?
What do your lips whisper?
Your fingers outspread on your face?

The pushcarts rest on their wheels,
The market is an old, mute city,
The children dream in their little beds,
And Brownsville reflected upon God.”

Oh, Elinor,
Young, beautiful Elinor,
Soft, brown silk, your hair.
In your little hat, the feather, light and mild,
Trills like a little bird in the wind.

Oh, Elinor,
Your mouth hums a little song,
The sadness in your eyes, tell, how does it come there?
The sadness in your eyes,
Dim, deep,
Read out from an old letter?
Oh, Elinor,
How does sadness come to your nineteenth year?

In Father's chair,
The wide, sagging chair,
Sits Elinor—as like Nathan as two drops of water.
Her eyes shut,
Biting her lip,
Her head of brown hair
Stretched into the support of the chair.

In exactly the same place
She once saw her father sit,
In the middle of the night—
Through the window, lightning breaking.

Outside, hard rain drops sifted,
Her father held his hands on his knees,
And his lips whispered quietly.
—You were a fool, Nathan!
What on earth are you doing?
Where have you dragged your tailor's bones?
Already rushed through a week at the machine,
What do you yourself have to say at night?
Where in the world are you?

And her father, with a weird tune,
Sang to himself in the night,
And Elinor, with closed eyes,
Heard her father's tune and awoke.

After that, she, with barefoot, knocking steps,
Ran down to her father and began to ask:
—What are you singing, Father?
Are you crying? Or reciting a song with the rain?

Her father took the child in his lap,
Counted off her small fingers,
Her father pressed her small, brown head,
And told a story to his little Elinor:

“Once there was a person 
Named Nathan, a tailor-boy.
This fine lad could stand no wrong, 
He was such a good boy.

When he sewed, he sang his songs—
He loved the needle, he loved the sky, 
He sang that all people are brothers
And that all the birds can fly.

But then came a wicked, wicked man,
A chairman, my daughter dear and little.
The big shot took away the sky
And left the boy the needle.

The tailor boy forgot his song.
He sewed in silence, glum and glummer,
The birds all flew away from him
And never returned in the summer.”

Her little heart understood her father's voice,
Saw her father standing above her head,
The lightning lit him up like flames,
And hot drops fell upon her face.

Afterwards, the child saw everything in her dream,
The needle and the sky lying near her little bed.
It was a long time ago, early in her childhood,
But sometimes her father's melody returns. 





“Froyen-Lider”, poema en Yiddish de Kadya Molodowsky


איז געבױרן געװאָרן אין קאַרטוז־בערעזע, װײַסרוסלאַנד. נישט געקוקט אױף דעם װאָס זי איז געװען אַ מײדל האָט זי געלערנט חומש בײַם טאַטן װאָס איז געװען אַ מלמד, און שפּעטער גמרא און רוסיש מיט פּריװאַטע לערערס. אין די 1920ער יאָרן האָט זי זיך באַזעצט אין װאַרשע און האָט געאַרבעט בײַ טאָג װי אַ לערערין אין די ייִדישיסטישע סאָציאַליסטישע צישאָ־שולן און אין אָװנט אין אַ העברעיִשער שול פֿון דער קהילה. אירע תּלמידים האָבן געדינט װי אַן אינספּיראַציע פֿאַר אַ סך פֿון אירע קינדערלידער. אַלײן אַ הײסע ציוניסטקע האָט זי חתונה געהאַט מיט אַ קאָמוניסט, דעם היסטאָריקער און ליטעראַטור־קריטיקער שׂימחה לעװ, און פֿון 1935 האָבן זײ געװױנט דער עיִקר, אַחוץ 3 יאָר, אין אַמעריקע. קײן קינדער האָבן זײ ניט געהאַט.

„קאַדיע” װערט באַטראַכט װי די װיכטיקסטע שרײַבערין אין דער מאָדערנער ייִדישער ליטעראַטור און אַן ערשטקלאַסיקער און פּראָדוקטיװער פּאָעט לױט אַלע סטאַנדאַרדן, נישט געקוקט אױף איר געשלעכט. זי האָט אַרױסגעגעבן אַכט בענד לידער, אַ זאַמלונג דערצײלונגען, עטלעכע ראָמאַנען, און אין ניו־יאָרק האָט זי אױך רעדאַקטירט אַ ליטעראַריש־קולטורעלע צײַטשריפֿט, סבֿיבֿה.

אין איר שרײַבן אַנטפּלעקט זיך אַ פֿרױ װאָס האָט געשטרעבט צו מאַכן שלום צװישן די אַנטקעגנדיקע כּוחות פֿון רעליגיע און מאָדערנקײט, אַ רעאַליסט און אַ סקעפּטיקער װאָס האָט געבענקט נאָך נסים, אַ פֿילאָסאָפֿישע דענקערין בײַ װעמען די טיפֿסטע טראַגעדיע איז אַלע מאָל געװען געמישט מיט איראָניע און הומאָר, און אַ גײַסטיקע זוכערין װאָס האָט זיך מיאש געװען אין גאָט און אין דער מענטשהײט. פּאַפּירענע בריקן, 1999 פֿון קעטערין העלערסטײן ברענגט אַ כּוללדיקע זאַמלונג פֿון אירע בעסטע פּאָעטישע װערק אױף ענגליש.
‏

פֿרויען־לידער
‏

עס װעלן די פֿרױען פֿון אונדזער משפּחה בײַ נאַכט אין חלומות
מיר קומען און זאָגן:
מיר האָבן אין צניִעות אַ לױטערע בלוט איבער דורות געטראָגן,
צו דיר עס געבראַכט װי אַ װײַן אַ געהיטן אין קױשערע קעלערס
פֿון אונדזערע הערצער.
און אײנע װעט זאָגן:
איך בין אַן עגונה געבליבן װען ס’זענען די באַקן
צװײ רױטלעכע עפּל אױף בױם נאָך געשטאַנען,
און כ’האָב מײַנע צײנער די װײַסע צעקריצט אין די אײנזאַמע נעכט פֿון דערװאַרטונג.
און איך װעל די באָבעס אַנטקעגנגײן זאָגן:
װי הערבסטיקע װינטן יאָגן נאָך מיר זיך
ניגונים פֿאַרװעלקטע פֿון אײַערע לעבנס.
און איר קומט מיר אַנטקעגן,
װוּ די גאַס איז נאָר טונקל,
און װוּ סליגט נאָר אַ שאָטן:
און צו װאָס אָט דאָס בלוט אָן אַ טומאה
ס’זאָל זײַן מײַן געװיסן, װי אַ זײַדענער פֿאָדעם
אױף מײַן מוח פֿאַרבונדן,
און מײַן לעבן אַן אױסגעפֿליקט בלאַט פֿון אַ ספֿר
און די שורה די ערשטע פֿאַרריסן?

VIII

אין נעכט װען איך בין װאַך,
און ס’קומען צו מיר טעג מײַנע פֿאַרגאַנגענע
זיך פֿאַר די אױגן שטעלן,
קומט פֿאַר מיר מײַן מאַמעס לעבן.
און אירע אױסגעדאַרטע הענט
אין צניעותדיקע אַרבל פֿון נאַכטהעמד אײַנגעהילט
װי אַ גאָטספֿאָרכטיקע שריפֿט אין װײַסע גוילים
און ס’בײזערן זיך װערטער פֿון המפּיל,
װי פֿײַערדיקע קױלן געלאָשן פֿון איר שטיל געבעט
און אױסגעטריקנט איר דאָס מױל
װי אַ פֿאַרדאַרטע פֿלױם.
און ס’קומען אירע טרערן װי אַ קאַרגער־אײנציק־טראָפּנדיקער רעגן,
און ערשט, אַז כ’בין אַלײן אַ פֿרױ
און גײ אין ברױנעם זײַד געקלײדט
מיט בלױזן קאָפּ
און נאַקעט האַלדז,
און ס’האָט דער אומגליק פֿון מײַן אײגן לעבן מיך דעריאָגט
און װי אַ קראָ,
אױף אַ קלײן הינדעלע אַרויפֿגעפֿאַלן,
איז אָפֿט באַלױכטן העל מײַן צימער אין די נעכט,
און כ’האַלט די הענט איבער מײַן קאָפּ פֿאַרװאָרפֿן
און ס’זאָגן מײַנע ליפּן אַ שטילן אײנפֿאַכן געבעט צו גאָט
און ס’קומען טרערן, װי אַ קאַרגער־אײנציק־טראָפּנדיקער רעגן.
חשוונדיקע נעכט, ווילנע, 1927