jueves, 28 de abril de 2011

3768.- CARMEN VILLORO


Carmen Villoro (Ciudad de México, 1958) participó en los talleres de poesía de Juan Bañuelos (UNAM, 1975), Raúl Renán (INBA, 1984) y Vicente Quirarte (INBA, 1984 y FONCA, 1990). Ha publicado los libros de poesía Barcos de papel (colectivo Por la piel, Punto de Partida, 1986); Que no se vaya el viento (UNAM, 1990); Delfín desde el principio (UAM, 1993); Herida luz (Hernández y Ramírez, 1995), los libros de cuentos La media luna (CONACULTA - Corunda, 1993); Amarina y el viejo Pesadilla (Universidad de Guadalajara, 1994); Amarina y el viejo Pesadilla y otros cuentos (Norma, 1996), el ensayo El oficio de amar (Pax, 1996), y el libro de prosa poética El habitante (Cal y Arena, 1997).
Su obra ha sido antologada en México, Estados Unidos y Paraguay. Ha publicado sus poemas en los principales suplementos y revistas culturales del país.
Fue becaria del INBA-FONAPAS (1984), del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Jóvenes Creadores, 1990), del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (Autores con Trayectoria, 1998).
Ha recibido los siguientes premios: Mención Honorífica para Cuento Infantil y Primer Lugar para Ensayo sobre Literatura Infantil y Juvenil en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) 1993, México, D.F.
Elaboró cápsulas radiofónicas para Radio Universidad de Guadalajara, con las cuales se produjo el audiocassette Luz de buró. Ha sido colaboradora de los periódicos Siglo 21 y Público de Guadalajara. Imparte talleres y cursos independientes de poesía y ha escrito los textos para catálogos de diversos artistas plásticos de Guadalajara. Es becaria del Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.





El caracol es mujer

El caracol es mujer,
lo digo por la humedad
y porque lleva en su cuerpo
la escalera de los sueños,
¿a dónde va la escalera
mujer, a dónde lleva?
a una frontera delgada
entre dos mares que juntan
olas tibias, labios blancos;
por el recuerdo del mar,
por la huella de una mano
bajo la noche
y porque lleva en su vientre
el sonido de la espuma,
el caracol es mujer,
carne, humedad, beso y luna.





Bajo amorosa sombra

Cúrame con tus manos,
toca de mí el olvido
que se fue acomodando entre los pliegues.
No venga la tormenta a amordazar mis sueños,
sólo esta lluvia suave, vespertina
despierte en mí los pétalos dormidos.
Desnúdame en silencio,
hoja por hoja
hasta dejar al descubierto el punto
del estremecimiento.
No debe haber estrépitos
que vulneren la calma de mi piel
tendida para ti como un estanque
en donde sólo el toque de tus labios
perturba la quietud.
No quiero los platillos
festejando con notas deslumbrantes
la pasión de los cuerpos,
ni los timbales ebrios
apurando la noche;
sólo la melodía de una flauta
tenue pero sinuosa
que adormezca con ritmo acompasado
estos miedos que vas quitando al paso.
Disuelve con tus dedos
el dolor y sus máculas guardadas
en rincones ocultos;
que se adelgace el tiempo
con tu humedad benigna
hasta llegar al límite de lo que no ha sufrido
magulladura alguna.
Devuélvele la paz a mis palabras
deseosas de ser playas
donde arriben tus barcas sigilosas.
Este amor en penumbra
aluza más que el sol
la gruta en que se había escondido
una parte de mí,
tal vez la más secreta.
Acerca con prudencia
toda tu voz, tus años, tu tibieza
y cuídame despacio
como una flor quebrada
que revive por fin
bajo amorosa sombra.






Amatorio

Desnuda
me miro en el espejo perturbable.
No tengo rostro
mi signo del zodiaco es el desorden.

Sola estoy
cuando podría ser otra vez el lento
obstinado presagio de tus dedos.

Este es sólo el exordio del placer.
Después vendrá la imagen de tu boca
atravesando un claro en la arboleda.

Vendrá la llama tibia como el gato.

Oscura la garganta se tragará tu nombre
oscuro de saliva.
Vendrán la lengua y tus rodillas.

Escucha cómo suena el otoño en las ingles:

gástame el vientre
exacerba mi boca
altera mi silueta
rasga esta tarde hasta la pura muerte
degrada este silencio
denso como una zorra
devasta quiebra
asola mi virtual desatino.

Sólo imaginación.

Sólo un espejo.
La humedad que te grita desde el bosque.







Ulises cotidiano

Traes en tu cuerpo la leyenda
de un navegante cansado.
Es tan grato, en silencio,
descalzarte de barcos,
recoger de tus ojos
las sirenas perdidas,
las redes enlamadas,
los sonidos ocultos de las olas.
Te espero cada noche
cuando levantas anclas en mi espacio
y una lluvia de estrellas
te hace perder el rumbo
y un enjambre de peces y caricias
nos recobra el naufragio tan deseado.
Cómo darte las gracias
por la luz palpitante de aquel faro,
por el sonido suave de los remos
en esta noche grande.
Es más amplio mi pecho.
Hoy le caben los puertos,
hoy que encallas
tibiamente
junto a mí.






Zona de fumar

El cigarro es la soledad
que uno elige.
César Luis Menotti



Miro a esas mujeres que fuman sus cigarros
como si hicieran el amor.
Una de ellas desprende la cintilla de celofán
con la gravedad de quien desabrocha un cinturón
o desanuda una corbata.
Otra acaricia con tres dedos la lisura blanca
anticipando un fuego conocido,
queriendo retrasarlo.
Hay la que lo detiene con los labios
disfrutando su peso,
su seca desnudez
y después lo humedece para volverlo propio.
La primera lo absorbe hasta el abismo,
se hace un poco de daño
para sentir que existe.
La segunda lo mira iluminarse
y consume en secreto sus recuerdos.
La tercera sacude la ceniza,
mira el humo
como quien se despide en una calle solitaria.
Una lo apaga con pequeños golpes,
sabe de espasmos.

Otra lo tira al piso, lo tritura
y esa violencia la desquicia suavemente.
La tercera lo deja consumirse
porque no le gusta apresurar ningún desprendimiento.
Parece que platican,
desayunan en este restorán,
piden la cuenta, así, como si nada.
Pero sus cuerpos habitan otra realidad,
sus almas vibran,
su soledad salvaje las denuncia.












3767.- BEATRIZ ZULUAGA


Poeta colombiana nacida en Manizales en 1934.
Su poesía es voluptuosa, cálida, erótica, y a veces agresiva.
Ha publicado varias libros entre los que se destacan, «La ciega esperanza» y «Definiciones».







Cambio la soledad

Cambio la soledad
por un crepúsculo
y una espina
por una rosa roja.
El alma
por dos almas
y el cansancio
por la suave fatiga
de los besos.
Hasta el agua la trueco
por una gota concentrada
en el vidrio de espera
de mi casa.
El bosque
por la sombra de un árbol,
la grandeza
por lo pequeño cálido
que puedo guardar
en el puño de mi mano,
los manjares
por un poco de pan
humedecido en vino,
la vigilia ambiciosa
por la suave clausura
de mis ojos.
Cambio la casa grande
por el íntimo cuarto
de mis sueños
y el mundo
por el pequeño universo
de mi patria.
Cambio mi angustia soterrada
por un grito,
mi vestido
por un asta de viento
con banderas.
Cambio los mercaderes
por un Cristo
y trueco por campanas
el asmático pito
de las fábricas.







Cómo duele ese amor

Cómo duele ese amor
que se aposta en la esquina
y se pinta la boca
se menea, pide y discute,
pone precio
y llora todas las mañanas
sin que nadie lo sepa.







Cómo quiero la grandeza...

Cómo quiero la grandeza
de las cosas simples.
Por eso vuelvo hoy
al principio
en busca de ese génesis
con aroma de leche y estiércol.
Suavidad de la guama
esbeltez de espartillo
humedecidos pies de bosque
complejidad amorosa de la noche
al calor de la leña
paredes dibujadas con humo
paseo de cocuyos
tibio lecho con olor
de arrayanes.
Principio del amor
alfabeto de sexo
aprendido
en el arrullo fresco de palomas
en el relincho recio
de un caballo
en el temblor de ancas
soberbia de la sangre
en crines desbocadas.

Milagro de los cuentos
en la voz ancestral de los abuelos,
castillos y palacios,
duendes y hadas,
puente de los fantasmas,
musgo para los sueños,
armonía de un tiple
junto al pilón
tierno maíz
dorada redondez de los buñuelos.
Implacable reloj
que me lanzó de pronto
a ser grande,
así sin previo aviso,
sin tiempo de ordenar
la valija
para ese itinerario de la vida








Cuando llegues

Cuando llegues...
habrá un florecimiento de amapolas.
Un himno nuevo entonará la sangre;
y al sentir el milagro de tus manos,
brotarán de mi canto lirios blancos.

Me vestiré los tules nupciales de la aurora.
Bañaré mis cabellos con reflejos de sol;
habré puesto a mi boca el dulzor de las mieles,
y a mis senos, arrullos con preludios de amor.

Cantarán los minutos mis arterias cansadas.
Ya mi espera se tiende con caminos de luz;
pon a tus pies sandalias tejidas de ilusiones,
que hallarán primavera cantando plenitud:

Cuando llegues...
habrá germinación en los vergeles
al abrirse mi carne en floración;
y en el dulce cansancio de la entrega,
se mecerá una cuna y una flor.







Déjame recostar mi sed

Déjame recostar mi sed
junto a tu boca.
Deja la quietud de mis pies
al borde de tus poros
Déjame con esa voz que sólo yo conozco
descansa ya, detente
no es posible seguir
en busca de más llanto.
Sí, quiero una paz
que se levante diaria
junto a mi sombra,
que vuelvan a mi mesa
el vino, el pan
y a mi lecho el amor.
Desde ahora descansará mi arco,
no más flechas de guerra
en los atardeceres solos.
No más la inútil impaciencia
de rogar un verano,
ni las manos a tientas
buscando recelosa mi propia piel.
Devuélveme en tu rostro
la verdad de mis ojos
y empieza a recorrer mi sangre,
en un solo latido,
como cuando se piensa un hijo.
Dame el asombro renovado
de tu palabra y también
el silencio que clausura la angustia.
Levántame el milagro del olvido!







Eres Eros

Estoy tan liviana sin ti
que necesito el peso de tu cuerpo
como la rama del puñado de plumas
para poder cantar.
Por eso frágil ahora, inicio el vuelo
del arrullo hacia el encuentro.
Necesito el peso de tu cuerpo
para la danza genital que hace crujir
la quilla de mis huesos y me desarticulo
porque sólo perdiéndome en ti
logro encontrarme.
Sí, eres el eco de mis nuevos deseos.
El más antiguo calendario del amor
se repite en nosotros
y por eso sabemos que esta muerte
es una resurrección ya padecida.
Sálvame de la fragilidad de mi cuerpo
con el huracanado acento de tus músculos.
Entre tanto tapo la boca a los relojes
y me ovillo a la orilla de tus sueños.







Esta piel que yo estrecho

Esta piel que yo estrecho
como mi propio nombre
tiene el sabor lejano
de las cosas sabidas.
Por eso me pregunto:
¿Dónde el cristal que siga
repitiendo el abrazo
hasta doblarme en dos, multiplicada?
Amar ya no es batalla
al filo de la noche.
Es juntar rosas
para que crezcan rosas
y después inventar un silencio
callando los relojes,
tapándole la voz a los murmullos,
una aurora desnuda
como la carne próxima al abrazo.
Dame tu piel como un vestido
para un viaje de amor.
Yo extenderé mi cuerpo
camino-piel para tu paso.
Toda soy
mi cintura y mi seno
un redondo equipaje de deseo.
El mundo puede ser
un pequeño lugar para los sueños
o un universo abierto para multiplicar
la vida.
No lo olvide,
lo recuerde mi sangre,
que oyó en un junio de manzanas:
¡esta es la luz!







Gnosis

¿Conoces el olvido?
Es blanco, dolorosamente blanco.
Acaso en un instante
se descorra un horizonte rojo,
y corramos tras él,
para sumir el blanco que nos pesa

y nuevamente es níveo el camino;
en las manos se prende la agonía
y dobla en las arterias la campana.
Quizá nos arrastramos...
porque es lento el camino y es tan blanco,
que se pierde el contacto con la vida.

¿Conoces el olvido?
Mira mis manos blancas, mi cabello,
la sangre que no tiñe,
el pulso que repite horas vacías,
y este grito callado en la garganta.

¿Conoces el olvido?
Mira mi sombra blanca...
y este lento camino hecho de nieve.







Había olvidado las cosas simples...

Había olvidado las cosas simples
como decir hola y sonreír
mirar a través de las vidrieras
y buscar golondrinas de verano,
tomar los parques de la mano
y vestirme de muselina blanca
así transparente como el aire.
Había olvidado el olor
de la mañana,
el chocolate y su espuma
del cielo de colores
y ese empezar el día
con alas y canciones.
Vuelvo a sentir la tentación
de mirar a los hombres
descubrir que tienen pasos largos
una barba con sueños,
que pueden inventarnos palabras
como arrullos
y ser una luz placentera entre los poros.
Vuelvo a encontrar esa dulce pereza
de entretener el ocio con gaviotas,
un castillo que trepe hasta mi alma
y ese violín detenido en una nota larga,
vibrante, elástica, como una piel enamorada.
Quiero el agua del grifo,
verla correr, dejar que dance su humedad en mis manos,
el olor del jabón y esa espuma que hace globitos
y me tienta a imaginar planetas transparentes
con hombrecitos pequeñas
de orejas largas y pupilas moradas.
La noche es una cama con almidón de sueños
y un amor vertical que me acompaña.







La carne hecha verdad

Como la araña hembra devora al macho
en la noche tejida,
así quisiera que cayeras
a la hora exacta del deseo.
Y así solos haremos el rito dionisíaco del amor
sin importarnos que las campanas callen,
que el viento gima con su quilla quebrada,
que las gaviotas pierdan su brújula en los mares
y la noche se estrelle en un alba imprevista.
Nosotros entre tanto
estaremos levantando un mundo tejido a besos
bebiendo a bocanadas tú mi azúcar
yo tu sal,
para después en la húmeda arena del placer
reinventar el deseo
porque siempre habrá una piel nueva,
otra saliva dulce para beber los labios
y la verdad de la carne hecha verbo
en la palabra amor.







Si preguntan por mí

Si preguntan por mí...
diles que salí a cobrar la vieja deuda
que no pude esperar que a la vida
se le diera la gana de llegar
a mi puerta.
Diles que salí definitivamente
a dar la cara sin pinturas
y sin trajes el cuerpo.
Si preguntan por mí...
diles que apagué el fuego,
dejé la olla limpia y desnuda la cama,
me cansé de esperar la esperanza
y fui a buscarla.
Diles que no me llamen...
Quité el disco que entretenía en boleros
el beso y el abrazo
la copa estrellé contra el espejo
porque necesitaba convertir
el vino en sangre
ya que jamás se dio el milagro
de convertirse el agua en vino.
Si preguntan por mí...
diles que salí a cobrar la deuda
que tenían conmigo el amor,
el fuego, el pan, la sábana y el vino,
que eché llave a la puerta
y no regreso.
¡Definitivamente diles
que me mudé de casa!







Te amo por lo que eres

Un huracán de trópicos,
un campo impredecible
una luz que baja ansiosa
a fundirse en el rayo
del deseo.
Tú moldeas mi carne
y soy brizna leve que se mece
al poder de la música en tus dedos.
Mi hombro, palomar
para tu arrullo,
mi voz una plegaria de la sangre
y tú, brujo del amor, llegas
al aquelarre con la pócima
agridulce de los besos
malabarista para la vibrante
cuerda del amor.
Rito viejo como el tiempo,
como el mundo,
pero siempre deslumbrante
en la palabra cuando dices:
hágase la luz
y yo inauguro el sol
en mitad de mi sexo
y me decido a reinventar el mundo
o lo que es más: a desafiar a la muerte.

Te amo por lo que eres
me amo por lo que soy
cuando estoy contigo.


3766.- SARA TORO BALLESTEROS



Sara Toro Ballesteros. (Córdoba, 1984). 

Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, ciudad a la que se trasladó en 2004 y donde actualmente escribe su tesis doctoral. Ha publicado el libro de poemas Souvenir (La Bella Varsovia, 2009) y la plaquette La escombrera (Diente de Oro, 2010).

Ha participado en el pliego número 8 de la colección Venera promovida por la Casa del Ciprés así como en las antologías Radio Varsovia, Tod@s somos Frida y en las revistas Bar Sovia, Tres orillas y PDA y Juglar. Asimismo, ha publicado con La bella Varsovia en Ropopompom y Como yo te amo. He sido premiada en el V Certamen de relato breve de la Universidad de Córdoba y finalista en el I certamen Alea Blanca del café Anaïs.



GALERÍA COMERCIAL

Galería comercial
amplia y lúdica
propicia para gastar el tiempo
TU BOCA. Comedias
de Hollywood
en tus pupilas proyectas
-más ligero que la cola del fast-food 
tu ingrávido parpadeo-.
¿Helado de stracciatella
TU ESPALDA 
o virginal paredón que en la canícula ofreces
a las salamanquesas?
Quizá la asepsia de tu uniforme,
la estrecha tela
de tu acceso restringido,                  
esconda
           una escalera
                              hacia el incendio
o una cicatriz de inminente
y necesaria
rehabilitación humana.
Conducir por los suburbios compensa
si hay aparcamiento seguro
entre tus dientes.





ENFERMEDAD HEREDITARIA

Mi abuelo caminó descalzo
cuando ellos estaban ahí. Caminó a pesar
de las alpargatas nuevas
que guardaba en el altillo. Mi padre
trabajó desde los catorce
para comprarse una comodidad
rematada en piel.
Cordones de rutina. Par único.
Mi presunción de pie breve
se torturaría:
horma imposible, lúnula encarnada,
falange que se disloca.

Tacones telegrafiando un dolor
que no aprende
de sus pasos.







A mi enfermera y mis sopladores en Malta.

Plancton náufrago a la deriva
la epidermis de mi cuerpo seccionada;
costra fósil, sangre coagulada,
rioja tibio para las aguas vivas.

Las cicatrices que las olas me dejan
supuran como un recuerdo triste
y crónico al que la marea embiste
perforando hasta el eco de las quejas.

Un farol, te prendería en la noche
si fueses Leandro y, por fortuna,
sorteases anémonas y mar

para acallar con besos mis reproches
y aullidos licántropos a la Luna
y suave sobre las heridas soplar.







Para Gianni Sarti

Quiero hacer un zumo
con los limones que usas por ojos.
Te torturaré, si es preciso,
con los peores chistes de mi repertorio.
Si no funciona, te recordaré
que en dos semanas tú partes a Italia
para siempre.
Y si me quieres, aunque sea un poco…
recogeré el aljófar que destilas

mejilla

abajo

para servirme un combinado
con el amargor que me dejas.







El imbécil

Era una criatura detestable
en el plano moral, un ser abyecto,
una abominación lovecraftiana
Luis Alberto de Cuenca

Érase un príncipe batracio,
un convertidor de antiprincesas,
la bacteria en el cetáceo
que no logró digerir a Jonás.

Una complicada tesis doctoral,
una palatal en el sistema de la lengua,
el rey Midas de la decrepitud,
una fosa séptica hecha hombre...

Érase yo, la criatura infame
que lo acogió y amamantó en su lecho.







Un SMS de ánimo»

«No te preocupes,
nadie ha preguntado por ti».

De Sara Toro, Souvenir (La Bella Varsovia, 2009).







ELENA ROMÁN [3.765]



ELENA ROMÁN



Córdoba, 1970, aunque reside en Toledo, escribe relato y poesía desde que tiene uso de sinrazón. 



Tiene publicados los libros:  Diario de un ascensor en un bloque de dos plantas con azotea (2010, XXV Certamen de poesía Villa de Peligros, Diputación de Granada), Ocho paradas en la arena (2009, XIV Certamen de poesía María del Villar, Tafalla), Lo circense (2008, V Certamen de poesía Nené Losada Rico, Editorial Universos, Mieres), A propósito de los cuerpos (2008, Littera Libros, Villanueva de la Serena), Veintiún bisontes (2008, Edit. La Bella Varsovia, Córdoba), La ciudad girándose (Ediciones de Baile del Sol, 2015) y el e-book Zaquizamí (2011, Descrito Ediciones, Toledo) , y ha sido premiada en varios certámenes literarios.





Mary P. a la hora del té

Un cañonazo: La hora del té. Mary P. aprovecha el estruendo para amortiguar un eructo tras sus dedos de canción. Desde una postura obscena, se relame la gota del último té que rozó sus labios. Sale al balcón. Del bolso saca un tiovivo, una fusta y un paraguas, con cuya punta atraviesa una nube que le conduce hasta el parque, esquivando tejados. Mary P. se deja caer, erecta y vertical, sobre el dibujo de un harén de fornidos deshollinadores grises que la cogen al vuelo. Mary P. no saldrá del dibujo. Mary P. nunca debió salir del dibujo.


Trilobites no

Yo no he pedido trilobites.
Hace horas que espero mi turno.
He visto, trabajando, a un hombre feliz.
Han pasado las virtudes de la cera.
Me ha salido una cana en el pie.
En fin, que he tenido suficiente tiempo,
y creo que paciencia, para pensar lo que quería.
Quiero una loncha de charco con vistas al sol.
Nada de trilobites, qué asco...
Soy una persona seria, formal.
Llevo horas esperando, horas.
Los he visto más rápidos.
Trilobites no: ¡loncha de charco al sol!
A este paso, me va a pegar usted
(¿y son de hoy, dice?) su inseguridad.


Zapato de hombre

Zapato de hombre
pisa la colilla de un puro
en el camino embarrado de corcho
que lleva al Castillo.
Chaqueta de pana de hombre
atrae a almendras y a nueces.
Maleta de hombre se abre:
Octubre llora con bozal, amarrado con correas.
Gafas de pasta de hombre
enfocan una aldea de casitas de chocolate espeso
en la que no se detendrá, para no
disiparse. Reloj de hombre se ha detenido en la vejez,
como la piel de los árboles.

Deambulan solas las pertenencias de un hombre desnudo
que merienda
café con galletas
en la hora mulata de la tarde.

(De Colorario, 2003)


Centinelas

Mientras sea de día
las batallas se librarán con tostadas,
la verdadera hipnosis tendrá lugar en la pinacoteca,
las langostas no roncarán en los túneles del tiempo,
los prolegómenos influirán en el nivel de las lagunas.
Aprenderemos qué significa todo esto y todo aquello
pero sólo durante el día, porque de noche
desgajaremos, por ejemplo, tu vena aorta.
Lo que sea, con tal de desgajar.



Ahumados

Les molesta el humo,
entiendo.
Apagaré el cigarro.
Abriré la ventanilla.
Y
nada
más, porque
no pienso desprenderme
de ésta mi incineración,
que me consume.


En la taquilla

Los adultos pagan el doble
o los niños pagan la mitad,
como ustedes prefieran.
Los bebés y los llaveros no pagan.
Silencien sus móviles, piensen en esto.
Límpiense los ojos antes de pisar la arena.
Prohibido echar comida a los animales,
prohibido echar bebida a sus dueños.
Paguen al contado, por favor:
Los niños la mitad,
los adultos el doble,
los llaveros y los bebés no pagan.
¿Es que no piensan en esto?
Movilicen sus silencios.
Sepan que no les aguanto.
Paguen. No soy amable. Circulen.

De Lo circense






NOTA RÁPIDA

Cariño, te he dejado en la nevera un poco de pavo
y una metralleta por si lo notas crudo.
No sé si he cerrado el grifo del lavabo después de nadar:
por favor, compruébalo, y si se te olvida,
concedámosle al cuarto de baño su derecho a ser isla.
Aprovechando que no estoy, irás a por las castañuelas,
pero me las he llevado yo para regalárselas a alguna lumbre,
que, seguramente, las tratará mejor. Ah, anoche casi no dormí
por culpa de las cebras (una cosa es el afecto y otra cosa es
que se metan en la cama); habla con ellas, a mí no me hacen caso.
Si no vuelvo de aquí a mañana, ven a buscarme,
tráete la excavadora y, por supuesto, la ducha.
Y si vuelvo, da igual, ven, ven a buscarme,
estaré preguntándole por ti a algún megáfono cerca del río,
operando peces para apuntar en sus tripas por ejemplo esto.
De Diario de un ascensor en un bloque de dos plantas con azotea

(Diputación de Granada, 2010)



FUJITA, ESCALA DE

Si vas dejando vendavales,
cómo quieres que no me despeine,
si me los encuentro cada vez que abro
este cuaderno, armarios, esa ventana,
cajones, precintos de seguridad.
Cómo no quieres que me despeine,
que se me vayan las piernas para arriba,
que gire en medio de las fuerzas invisibles
que componen temporales no declarados,
que atraviese las paredes y los caminos.
Si vas dejando vendavales por mi cuerpo,
cómo quieres que no ande desnuda,
si me abren el alma y, al abrirla,
me los encuentro dentro, abriéndome.
Cómo no quieres que ande desnuda
buscándote por las paredes y los caminos
para devolverte los vendavales de mi ventana,
cajones, armarios, cuaderno, precintos de seguridad.
Si vas dejando vendavales en los vendavales
que vas dejando en mis piernas, cómo quieres
que no gire hacia ti en medio de fuerzas invisibles.
Cómo no quieres que me abra el alma si me la abres tú,
despeinándomela, desnudándomela, no declarándomela
ni temporal ni compuesta, cómo sujetármela a tu paso.
De Diario de un ascensor en un bloque de dos plantas con azotea

(Diputación de Granada, 2010)



POR EL BIEN DE LOS JARDINES

Prohibido arrancar flores.
Pueden acariciarlas, despeinarlas,
dibujarlas en un cuaderno si lo desean,
pero sin arrancarlas del papel después.
Pueden inventarles pétalos, espinas,
vaporosos mamuts polinizadores alrededor,
pero no golpes de viento ni cortacéspedes
que pongan en peligro su existencia.
Prohibido darles de comer a las flores
porque pueden ponerse grandes y cariñosas,
seguirles a sus casas, dormir en sus puertas, ladrar casi
hasta que les dejen entrar y llenárselo todo de colores,
y eso, señores topos, está terminantemente prohibido,
al igual que robar motas de polvo con los ojos para llorar.



PARQUE DE JUEGOS

Al final de mis manos he encontrado el final del túnel
que he encontrado al final de mis manos.
Masticando erizos he aparecido, marrón y arisca,
en el parque de juegos, terroarenoso.
Unos niños me pisotean la cabeza sin querer.
Pienso pasar la noche, cuando todos se marchen,
tirándome por el tobogán hasta que me duela un diente.

Cojo una pelota, un botón, un zapato, un muñeco, un catarro.
De Ocho paradas en la arena

(Fundación María del Villar, 2009)




RETRATO FAMILIAR CON PADRE AL FRENTE

Retrato familiar compuesto por:
padre al frente sentado en trono de laurel,
hijos al fondo sosteniendo sendos racimos de uvas,
madre en la penumbra con una manzana en la boca,
telaraña sin araña en una esquina,
perro royendo hueso humano junto a chimenea apagada
y mosca paseándose por bastón señorial
empuñado por padre al frente.
Destaca la profunda gravedad de su semblante,
el trazo más firme en sus arrugas,
la fuerza y habilidad de sus ojos rasgados
para clavarse en los de quien examine
-no importa desde qué ángulo-
el retrato familiar con padre al frente.
La figura central hace que todo lo demás
(hijos, madre, perro, mosca)
no exista y sí exista, gracias a los finísimos hilos
que nacen de los dedos de padre al frente,
cuya sombra es
telaraña sin araña en una esquina.





DEL CUELLO A LA NUCA HAY UNA SOMBRA

La sombra del cuello es una nuca. La sombra de una nuca es la sombra de una nuca. El cuello que se gira obedece a los ojos. El cuello que se estira obedece al ego. El cuello que vibra obedece a la sequedad. La sombra del cuello es, realmente, el tiempo perdido; metafóricamente, es un artículo descatalogado, o más metafóricamente aún, el pomo debajo de la puerta. En casa del asesino no se puede mostrar la yugular ni el afecto. Un collar es fría caricia que decora. Una nuca nunca anuncia nada nuevo. Rezagada, detrás de la idea, se consuela pensando que, al menos, tiene sombra propia.

De A propósito de los cuerpos
(Littera Libros, 2008)






La ciudad girándose. Ediciones de Baile del Sol, 2015. Ilustración de cubierta: Conchy Franchy.





Un edificio extraño que en estos momentos pasaba por aquí


El edificio extraño que en estos momentos pasaba por aquí, aquí se ha quedado, pero dentro de una semana podría salir botando hacia la costa, o hacia otros lugares de interior, o junto a una catedral aprovechando un hueco, o a los pies de un río. El edificio no tiene un domicilio fijo, pero sí una compañera fija: la brisa. No es demasiado alto ni demasiado grande. En todas las plantas hay balcones y desde cualquier punto puede atisbarse la azotea de los valientes. No se nota a simple vista que sus ladrillos son de goma. Hay veces que quisiera tocarse los cimientos que no tiene y se dobla, y se retuerce, pero no lo consigue. Los que presencian tamaña contorsión desde la azotea son unos valientes. Para evitar rupturas con tanto movimiento, todos los enseres de cada vivienda de este edificio son de plástico. Incluso la comida. Incluso los abrazos.




EL CINE


En el cine puedo uno quitarse los zapatos, comer palomitas y dormirse incluso, si es que la película proyectada es de algún director de apellido incompleto condenado a morar rincones oscuros. En el cine los personajes son enormes, y los paisajes y los disparos y las bombas y los teléfonos móviles y los besos son enormes, y siempre se sienta en la primera fila el que más mueve la cabeza. Cuando se termina la historia, continúan las otras.




EL JUZGADO



Al juzgado va la gente después de pelearse, para que otros se peleen por ellos. Un juez da golpes con la maza como sinónimo de autoridad y se alisa la toga como señal de beneplácito. Los abogados llevan en sus maletines leyes y billetes. Los inculpados estudian baldosas si se habla de ellos. Cuando hay niños en los pasillos, todos dicen apenarse mucho, pero no tanto como los niños, no tanto como los pasillos.







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MONTSERRAT ABELLÓ I SOLER [3.764]



Montserrat Abelló i Soler 


(Tarragona, 1 de febrero de 1918 − Barcelona, 9 de septiembre de 2014)

Fue una poeta de Cataluña, España, en lengua catalana.


Pasó la infancia y la juventud entre diversas localidades (Tarragona, Cádiz, Londres y Cartagena), siguiendo los traslados de su padre por motivos laborales. Estudió en Barcelona donde, en la Facultad de Filosofía y Letras, conoció Carles Riba. En 1936 era profesora de inglés en Valencia. Tras la Guerra Civil, en 1939 se ve obligada a exiliarse a Francia y, más tarde, a Chile, donde vivirá cerca de veinte años.


Volvió a Barcelona en 1960. Además de escribir, en estos años se dedica a traducir obras de Agatha Christie, Iris Murdoch, E.M. Forster y, sobre todo, Sylvia Plath, de quien recibirá una fuerte influencia. En aquellos momentos comienza a publicar sus poemarios. También ha traducido al inglés las obras de clásicos catalanes como Salvador Espriu, Mercè Rodoreda, Maria Àngels Anglada, Maria Mercè Marçal y Olga Xirinacs.

En 1988 le fue concedida la Creu de Sant Jordi.

El cantaor de flamenco catalán Miguel Poveda ha cantado su poema "Al meu pare".

Obra

1963 Vida diària
1981 Vida diària. Paraules no dites
1986 El blat del temps
1990 Foc a les mans
1995 L'arrel de l'aigua
1995 Són màscares que m'emprovo...
1998 Dins l'esfera del temps
2002 Al cor de les paraules. Obra poètica 1963-2002

Premios

1999 Premio de la Crítica Serra d'Or por Dins l'esfera del temps
2003 Premio Cavall Verd-Josep M. Llompart por Al cor de les paraules. Obra poètica 1963-2002
2003 Premio Lletra d'Or por Al cor de les paraules. Obra poètica 1963-2002
2008 Premio de Honor de las Letras Catalanas




EN UNA CRIBA…

En una criba
lanzo palabras.
Las más bellas
nunca podré tenerlas.
Por siempre perdidas
entre las finas mallas
de la vida.

Larga como un hilo, la aguja
de puntada áspera, insegura.
Coso esperanzas muertas
en sacos extraños, manchados,
de formas alargadas.

Vida diaria, 1963. Traducción de Neus Aguado.



TIÑE DE AZUL EL TIEMPO…

Tiñe de azul el tiempo:
transfigura el sueño,
subvierte las palabras.

Haz que sus colores estallen
en el chorro de la fuente.
Que el agua humedezca los ojos.

Que su frescura helada
atempere el fuego de estas manos
que arden.

Apodérate de este deseo.
Y adéntrate en el corazón
de las palabras.

Fuego en las manos, 1990. Traducción de Neus Aguado.




Hablan las mujeres

Hablan las mujeres,
su poesía
tierna y fuerte

Muy pocos se detienen
a escuchar estas voces,
que, trasegadas,
un nuevo lenguaje dicen
nacido en el principio de los tiempos.



Y aprendo de a decir que no

Y aprendo a decir que no

Dejo ir en la noche
la voz amarga o
la voz esperanzada.
Y aprendo a decir que No.

Que no es tiempo de llorar
ni de lamentarse, ni tampoco
de buscar excusas fáciles.

Y aprendo a decir que No.






Desaparecida recientemente. Además de poeta, fue traductora. En 2002, recopiló  su obra en el volumen Al cor de les paraules. Las versiones de los poemas que aquí presentamos son de Mireia Bofill Abelló y la propia autora.


Aquest és el millor moment

Aquest és el millor moment
del dia, quan la
casa ja dorm. I

jo estic sola.
Aquest és el millor
moment, quan la nit

ve i estem sols;
però tu no ho voldries.
I em pregunto si

tens por de la fosca
o d’estar ajagut vora meu
amb els ulls oberts.




Este es el mejor momento

Este es el mejor momento
del día, cuando la
casa ya duerme. Y

yo estoy sola.
Este es el mejor
momento, cuando la noche

llega y estamos solos;
pero tú no lo querrías.
Y me pregunto si

temes la oscuridad
o estar tendido junto a mí
con los ojos abiertos.




Dins l’esfera del temps

Dins l’esfera del temps
contemplo sempre la mateixa imatge
que esquiva de mi se’m perd
entre fulls de quaderns inacabats,
on un i un altre cop hi veig escrit
el meu amor de tu.

Tu que no t’has volgut lliurar
mai al plaer dels mots, i t’has
endinsat en el silenci.




Dentro de la esfera del tiempo

Dentro de la esfera del tiempo
contemplo siempre la misma imagen
que, esquiva de mí, se me pierde
entre hojas de cuadernos inacabados,
donde una y otra vez veo escrito
mi amor por ti.

Tú, que no has querido entregarte
jamás al placer de las palabras, y te has
adentrado en el silencio.




Vine, et vull veure

Vine, et vull veure
davant meu.
No como pretenies
sinó tal com ets.

Ja res no desfarà
aquesta imatge perfeta,
que ha quedat clavada
en mi.

I d’allò que tant
volies que fos,
ja no me’n queda ni
el més lleu record.

I ara se’m fa més dolça
la certesa
que aquell altre tenir-te
a prop de contracor.




Ven, quiero verte

Ven, quiero verte
frente a mí.
No como pretendías
sino tal como eres.

Ya nada disolverá
esta imagen perfecta
que ha quedado clavada
en mí.

Y de eso que tanto
querías que fuera,
ya no me queda ni
el más leve recuerdo.

Y ahora se me hace más dulce
la certeza
que aquel otro tenerte
cerca a desgrado.






3763.- SILVIA CUEVAS MORALES


Silvia Cuevas-Morales nació en Santiago de Chile en 1962. En 1975, a raíz del sangriento Golpe Militar en Chile, su familia emigró a Australia donde vivió hasta 1998. En Australia completó sus estudios, licenciándose con una Maestría en Filología Hispánica por la Universidad de La Trobe (Melbourne). Durante ocho años dictó clases de lengua y literatura en diversas universidades y academias australianas, trabajo que complementó con su otra pasión – la poesía, la música y el periodismo.

En 1994 conoció a la editora Elvira Siurana y en 1997 decidió emigrar por segunda vez. Tras varias denegaciones, y muchas idas y venidas, por fin se pudo establecer en Madrid donde trabaja como editora y traductora literaria.

Sus artículos, poemas y cuentos han sido publicados en Australia, los Estados Unidos y en España. Su poesía ha sido publicada en diversas revistas (en inglés y en español) y en los libros: "Purple Temptations", Melbourne, 1994; "She’s a train and she’s dangerous", Western Australia, 1994; "Amor y sombra. Antología de poetas hispanos en Australia", Sydney, 1995; "Respiro de arena", Madrid, 1996; "Sur/South Poem(a)s", Madrid/ Melbourne, 1998; "Sobre el horizonte. Antología bilingüe de poetas hispanoamericanos/as en Australia", Madrid/ Melbourne, 1998; "Al filo de la memoria/At memory’s edge", Madrid, 2001; "Sappho’s dreams and delights", Sydney, 2001; "Canto a Némesis: poemas de una extranjera", Madrid, 2003; "Rodaré maldiciendo: poemas y arte callejero", Ed. Cambalache, Oviedo, 2008.

También es autora del extenso estudio bio-bibliográfico De la “A” a la “Z”: diccionario universal de autoras que escriben en castellano, siglo XX y del libro de fotografías de dramaturgas españolas Vínculos teatrales.










Mujer mutilada

Nos cortaron la cabeza
por ser insumisas.

Las manos, ya que armas
no sabíamos manejar.

Nos extirparon el clítoris
para que no pudiéramos gozar.

La lengua
para no poder denunciar.

A algunas nos quemaron con ácido
por no querer ser propiedad.

Nos cosieron los labios
para que mantuviéramos la virginidad.

Nos dejaron rajarnos hasta el ano
en el famoso parto natural.

Y así nos han ido mutilando poco a poco
¿Y todavía hay algunos que osan decir
que existe la igualdad?



Fernando Sabido Sánchez con Silvia Cuevas Morales





A veces sucede...

Que me canso,
me canso del hombre feo y gordo,
con un dedo en la nariz
que me mira insinuante
al creerse que lo miro por su belleza y
no porque sencillamente
tiene el dedo en la nariz.

Me harto de los viejos verdes
que acuden al Rastro, no para mirar el arte
sino para tocar traseros y frotarse contra el pecho
de jóvenes descuidadas.

Hay días que al ver un cura le daría un puntapié
o lo haría bailar salsa con la monja
para que ambos olvidaran el hábito
de ir por el mundo con mentiras.

Y días que le arrancaría los ojos
a aquellos policías que vigilan
pero que no cuidan,
aquéllos que escudriñan con la mirada
al árabe, al negro, al sudaca, al gitano...
Aquéllos prepotentes impotentes
que sueñan con el Viagra.

Pero también a veces sucede que me entristezco
al no ver a mi amigo “loco”, él del metro,
al ver al toxicómano, sentado en su lugar
con la jeringuilla en la mano, y los ojos idos.

Y miro a las ecuatorianas,
con sus niños a cuestas y sus hermosas trenzas
corriendo de los uniformados que intentan confiscar
su único modo de supervivencia.

Y a cada rato tropiezo con una mano extendida,
un cuerpo tirado en medio de la acera...
y me avergüenzo de ser persona
y a veces sucede que me canso
de tener que oír esa palabra
¡EXTRANJERA!






Mientras los pro-vida...

Mientras los pro-vida luchan por la vida
de los no nacidos,
los recién nacidos luchan por vivir
y no morir de hambre en este mundo mal parido







primer mundo

Aquí, en el “primer mundo”
donde hasta los sordos
escuchan los bocinazos.
Donde los ciegos tropiezan
con vallas y andamios.
Donde los parapléjicos
en jaulas viven obligados.
Donde los ancianos piden limosna
a las puertas del supermercado.
Donde los inmigrantes como bestias
cargan bombonas de butano,
y los parados sólo consiguen contratos basura
y las prostitutas son apaleadas
en la Casa de Campo.
Aquí, donde enviamos caridad
al “tercer mundo”
para que no crucen nuestras fronteras...
Aquí, donde pisoteamos mierda
y los borrachos se orinan en los rincones
y los drogadictos se pinchan
infectándose de cualquier manera.
Aquí, en este país donde vivo
donde no quieren pateras
ni chilenas extranjeras.
Donde invaden la isla Perejil
y sueltan al otro Gil.
Donde todavía existe el Valle de los Caídos
mientras los caminos están llenos de fosas
con los valientes vencidos.
Aquí, donde todo va bien
porque no va para ningún lado.
Ni a la izquierda
ni a la derecha
sólo al centro
para mirarse el ombligo.
Y la tele nos emite
farsas en mil actos
y nosotros andamos furibundos
en éste, el tan mentado
“primer mundo”.






He perdido el apetito

Y masticamos lágrimas
sofocándonos de calor.
Pedacitos de palabras
se nos adhieren a los dientes,
y en vano tratamos de escupirlos
y caen de nuestra boca torpemente.
Las sílabas corren de comienzo a final.
Se tropiezan y caen,
y las vomitamos
hasta que yacen confundidas,
perdidas en todo sentido.
Palabras decapitadas.
Mutiladas.
Torturadas.
Todas visten uniforme,
y se ocultan detrás de un antifaz.
Caen silenciosamente sobre orejas muertas.
Se nos escapan de nuestras lenguas,
y las cuerdas vocales ya no significan nada.
Meros trocitos de carne insípida
que ahogan el lamento del necio.
Las preguntas no cesan,
pero la maquinaria se oxida
y cuando lentamente deja de funcionar,
sólo se escucha un grito sordo
interrumpiendo el silencio de la noche.
La gente se despierta atemorizada,
se abraza a sus seres queridos.
La mujer trastornada no tiene a nadie.
Sólo se tiene a sí misma para abrazar.
Y su temor es de doble filo,
ya ha oído aquel grito en otra ocasión...










Mentiras piadosas

Te mentí cuando te dije
que buscaba sexo sin complejos
cuando dije
“no te quiero”
Cuando cerré los ojos
para que no vieras
mis sentimientos
Cuando casualmente
recogí mi ropa
y aspiré muy hondo
tu perfume para
llevarlo muy dentro
Cuando dije no a las ataduras
y sin embargo por dentro
temblaba con tus besos
Cuando me despedí
con un beso ligero
cuando quería aferrarme
a tus labios
y acariciar tu lengua
sin soltarte jamás
hasta el próximo encuentro
Te mentí cuando dije
que no era nada
que el sexo era sólo eso
Sexo
Te mentí cuando la realidad
es que ya formabas parte
de mi universo
Te mentí
con descaro
con todos mis miedos
Te mentí
Te mentí cuando te dije
que quería sexo sin complejos